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    <body>Si tuviera que resumir en pocas palabras lo que significa la palabra Haza&#241;er&#237;a, dir&#237;a que es la arrogancia rid&#237;cula y jactanciosa, que se atribuyen las personas que presumen de ser mas de lo que son y que se esfuerzan en mantener este equivoco sobre su persona, adem&#225;s, encuentran en esta presunci&#243;n motivo de satisfacci&#243;n. No pretenden ser, les es suficiente con aparentar.
 
Confieso que no conoc&#237;a esta palabra, que me induce a reflexi&#243;n, y que adem&#225;s ha tenido un efecto doble ya que me ha llevado hasta Baltasar Graci&#225;n, hasta hoy, confieso, un gran desconocido para m&#237;. 

De su obra  &#8220;El Discreto&#8221;,  el Realce 20  es justamente una s&#225;tira contra la haza&#241;er&#237;a.  &#201;l mejor que nadie lo define.  Os dejo con Graci&#225;n.

&lt;div style="text-align:center"&gt;&lt;strong&gt;El Discreto:Realce 20
Contra la haza&#241;er&#237;a
S&#225;tira&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;

&#161;Oh, gran maestro aquel que comenzaba a ense&#241;ar desense&#241;ando! Su primera lecci&#243;n era de ignorar, que no importa menos que el saber. Encargaba, pues, Ant&#237;stenes a sus tirones desaprender siniestros para mejor despu&#233;s aprender aciertos.[1]
Grande asunto es el conseguir singulares prendas, pero mayor es el huir vulgares defectos, porque uno solo basta a eclipsarlas todas, y todas juntas no bastan a desmentirlo solo. Por una peque&#241;a travesura de una facci&#243;n fue condenado todo un rostro a no parecer, y toda la belleza de las dem&#225;s no es bastante a absolverle de feo.

Los defectos, que por descarados son m&#225;s conocidos, f&#225;cilmente los declina cualquier medianamente discreto, pero hay algunos tan disimulados, por revestidos de capa de perfecci&#243;n, que pretenden pasar plaza de realces, especialmente cuando se ven autorizados.

Uno de estos es la haza&#241;er&#237;a, que aspira, no a excelencia comoquiera,[2] sino de las muy plausibles, y halla favor para ello en grandes personajes, injiri&#233;ndose, ya en las armas, ya en las letras, hasta en la misma virtud; y aun se roza con casi h&#233;roes, pero verdaderamente no lo son, pues con poco se llenan la boca y el est&#243;mago, no acostumbrado a grandes bocados de la fortuna.[3]

Hacen muy del hacendado los que menos tienen, porque andan a caza de ocasiones y las exageran; ya que las cosas valen menos que nada, ellos las encarecen. Todo lo hacen misterio con ponderaci&#243;n, y de cualquier poquedad hacen asombro. Todas sus cosas son las primeras del mundo y todas sus acciones, haza&#241;as; su vida toda es portentos, y sus sucesos, milagros de la fortuna y asuntos de la fama. No hay cosa en ellos ordinaria; todas son singularidades del valor, del saber y de la dicha. Camaleones del aplauso, dando a todos hartazgos de risa.

Fue necio siempre todo desvanecimiento, mas la jactancia es intolerable. Los varones cuerdos aspiran antes a ser grandes que a parecerlo. Estos se contentan con sola la apariencia, y as&#237; en ellos no es argumento de sublimidad el querer parecer, antes bien, de una verdadera poquedad, que cualquiera cosa les pareci&#243; mucho.

Nace la haza&#241;er&#237;a de una desvanecida poquedad y de una abatida hinchaz&#243;n, que no todos los rid&#237;culos andantes salieron de La Mancha, antes entraron en la de su descr&#233;dito.[4] Parecen incre&#237;bles tales hombres, pero los hay de verdad, y tantos, que tropezamos con ellos y les o&#237;mos cada d&#237;a sus rid&#237;culas proezas, aunque m&#225;s la quisi&#233;ramos huir; porque si fue enfadosa siempre la soberbia, aqu&#237; re&#237;da, y por donde buscan los m&#225;s la estimaci&#243;n topan con el desprecio; cuando se presumen admirados, se hallan re&#237;dos de todos.

No nace de alteza de &#225;nimo, sino de vileza de coraz&#243;n, pues no aspiran a la verdadera honra, sino a la aparente; no a las verdaderas haza&#241;as, sino a la haza&#241;er&#237;a. De esta suerte hay algunos que no son soldados, pero lo desean ser, y lo afectan y lo procuran parecer. Buscan las ocasiones, y cualquiera ni&#241;er&#237;a que se les ofrezca la celebran; y meten m&#225;s m&#225;quina en una antojada aventura que el belicoso y afortunado Marqu&#233;s de Torrecusa en un romper las trincheras de Fuenterrab&#237;a, en un socorrer a Perpi&#241;&#225;n y desbaratar campalmente tantas veces los bravos y numerosos ej&#233;rcitos de Francia.[5]

Mu&#233;stranse otros muy ministros, afectando celo y ocupaci&#243;n, grandes hombres de hacer siempre negocio del no negocio.[6] No hay chico pleito para ellos; de las motas levantan polvaredas, y de pocas cosas mucho ruido; v&#233;ndense muy ocupados, hambreando reposo y tiempo. Hablan de misterio: en cada adem&#225;n o gesto encierran una profundidad entre exclamaciones y reticencias, de suerte que llevan m&#225;s m&#225;quina que el artificio de Juanelo, de igual ruido y poco provecho.[7]

Andan otros mendigando haza&#241;as, hormiguillas del honor; que con un solo grano, que a veces, m&#225;s ser&#225; paja, van m&#225;s afanados y satisfechos que las valientes p&#237;as que tiran el plaustro de Ceres, el carro del lucimiento;[8] y es muy de gallinas cacarear todo un d&#237;a y al cabo poner un huevo. Andan de parto, soberbios e hinchados montes, y abortan despu&#233;s un rid&#237;culo rat&#243;n.[9]
Gran diferencia hay de los haza&#241;osos a los haza&#241;eros, y aun oposici&#243;n, porque aquellos, 

cuanto mayor es su eminencia, la afectan menos; cont&#233;ntanse con el hacer y dejan para otros el decir, que, cuando no, las mismas cosas hablan harto. Que si un C&#233;sar se coment&#243; a s&#237; mismo, excedi&#243; su modestia a su valor; no fue afectar[10] la alabanza, sino la verdad.[11] Aquellos dan las haza&#241;as, estos las venden y aun las encarecen, inventando trazas para ostentarlas. Un acierto mec&#225;nico, despu&#233;s de mil yerros civiles[12] y aun criminales, lo blasonan, lo pregonan, y, no hallando hartas plumas en las de la fama, alquilan plumas de oro, para que escriban lodo, con asco de la cordura.

Pero que estos desvanecidos hagan haza&#241;er&#237;a de su nada, excusa tienen en su pasi&#243;n, que al fin ella y su necedad, todo se cae en casa;[13] pero que un gran necio de estos haga tantos y mayores, d&#225;ndoles a beber hasta hartar con sus disparates, y que estos id&#243;latras de ignorancia veneren sus desatinos, es una inexcusable vulgar&#237;sima poquedad. No digo ya de los que, pol&#237;ticos, violentados de la dependencia, no les entra de los dientes adentro la ignorancia, as&#237; como les sale de solos los dientes afuera la afectada alabanza, porque estos son lisonjeros de malicia, y como no procede de enga&#241;o, quedan absueltos de ignorancia, condenados a adulaci&#243;n. Pero que haya necios en causa y provecho de otro, es caerse la necedad en casa propia y la vanidad en la ajena.

No fueron triunfos los de Domiciano, sino haza&#241;er&#237;as;[14] de lo que no hicieran reparo un C&#233;sar, un Augusto, hac&#237;an aplauso Cal&#237;gula y Ner&#243;n; triunfaban tal vez por haber muerto un jabal&#237;, que no era triunfo, sino porquer&#237;a.[15]
Las plumas de la fama no son de oro, porque no se alquilan; pero resuenan m&#225;s que la sonora plata. No tienen precio, pero le dan a los m&#233;ritos de aplausos.
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Notas del editor:
1.	&#8593; Ant&#237;stenes de Atenas (449-399 a. C.) fund&#243; una escuela c&#237;nica que ense&#241;aba a sus disc&#237;pulos o tirones (tir&#243;n: Aprendiz, novicio. DRAE) que la ciencia m&#225;s importente era la de &#171;desaprender el mal&#187;.
2.	&#8593; comoquiera: De cualquier manera. (DRAE)
3.	&#8593; &#171;Est&#243;mago para grandes bocados de la fortuna&#187; es el t&#237;tulo del aforismo 102 del Or&#225;culo, y aparece en los Detti memorabili de Giovanni Botero atribuido a Felipe II. El dicho explica la necesidad de tener capacidad para asimilar grandes golpes de suerte o de adversidades.
4.	&#8593; Se trata de una clara alusi&#243;n al Quijote, y muestra la lectura que Graci&#225;n hac&#237;a de la obra m&#225;s difundida de Cervantes. Para el bilbilitano, que todo lo interpreta en clave de filosof&#237;a moral, don Quijote era personificaci&#243;n de la fanfarroner&#237;a o &#171;haza&#241;er&#237;a&#187; rid&#237;cula, lo que le manchaba (usando el doble sentido de su regi&#243;n de origen) con un com&#250;n descr&#233;dito.
5.	&#8593; Carlo Andrea Caracciolo, marqu&#233;s de Torrecusa (1590-1663) fue general en la Guerra de Catalu&#241;a. Venci&#243; a las tropas francesas en 1638 en Fuenterrab&#237;a y en 1639 en Perpi&#241;&#225;n. En 1641 fue derrotado en Barcelona, donde muri&#243;.
6.	&#8593; Comp&#225;rese con el Or&#225;culo, 121: &#171;No hacer negocio del no negocio. As&#237; como algunos todo lo hacen cuento, as&#237; otros todo negocio: siempre hablan de importancia, todo lo toman de veras, reduci&#233;ndolo a pendencia y a misterio.&#187;
7.	&#8593; &#171;El artificio de Juanelo&#187; era un sistema dise&#241;ado en 1565 por el ingeniero Juan Juanelo Turriano para subir el agua del Tajo a Toledo, que consist&#237;a en una noria con dos mil c&#225;ntaros.
8.	&#8593; El plaustro o carro de Ceres, diosa de la agricultura, era tirado por dragones y serpientes (y no &#171;p&#237;as&#187;, es decir no &#171;de piel manchada&#187;, pues este adjetivo se aplicaba a caballos y yeguas con ese pelaje, aunque tambi&#233;n Graci&#225;n juega con la dilog&#237;a del simbolismo poco piadoso de la serpiente).
9.	&#8593; Seg&#250;n la f&#225;bula de Fedro (III, LIX), un monte estaba de parto y daba grandes gritos, creando expectaci&#243;n, pero solo dio a luz un rid&#237;culo ratoncillo.
10.	&#8593; Aqu&#237;, &#171;procurar, buscar&#187;.
11.	&#8593; Alude a las obras de Julio C&#233;sar, donde relata sus batallas contra Pompeyo, sin exagerar sus haza&#241;as.
12.	&#8593; mec&#225;nico: Dicho de un acto: Autom&#225;tico, hecho sin reflexi&#243;n. Que exige m&#225;s habilidad manual que intelectual. Bajo e indecoroso.(DRAE). civil: Grosero, ruin, mezquino, vil. (DRAE).
13.	&#8593; Rehace Graci&#225;n el dicho &#171;todo se queda en casa&#187;.
14.	&#8593; Puesto que Domiciano fue a una guerra que estaba a punto de acabar, como refiere Suetonio.
15.	&#8593; Juega con el sentido de la ra&#237;z &#171;puerco&#187;, es decir cerdo, como el jabal&#237;, llamado tambi&#233;n &#171;cerdo salvaje&#187;.
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