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    <body>La expresi&#243;n &#8220;socialismo para ricos&#8221; se refiere al hecho de que, en el capitalismo, los beneficios se privatizan mientras que las p&#233;rdidas se socializan. No podemos, sin embargo, conformarnos con esta observaci&#243;n. Desde los inicios del capitalismo el Estado ha intervenido constantemente en la econom&#237;a; obviamente, en favor de los ricos, esos ricos que, hasta ahora mismo, profesaban una fervorosa adhesi&#243;n a la libertad de mercados y condenaban cualquier intromisi&#243;n del Estado. Una transmutaci&#243;n de valores de tal envergadura nos invita a reflexionar sobre las caracter&#237;sticas de la actual crisis m&#225;s all&#225; de los acontecimientos inmediatos. En este sentido, intentar&#233; argumentar c&#243;mo el capitalismo ha de entenderse en un contexto cultural m&#225;s amplio, el de la modernidad occidental; como es esencialmente inestable, como ya dijo Marx; que requiere la intervenci&#243;n permanente del Estado, como ya viera Adam Smith y teorizara con m&#225;s detalle y precisi&#243;n Keynes; y que a esta inestabilidad esencial se une ahora &#8211;aunque se trata de ocultar o minimizar- el agotamiento de recursos y la degradaci&#243;n ambiental; que todo ello hace imposible e indeseable la continuaci&#243;n del capitalismo; y que es el momento de preocuparse seriamente de encontrar alternativas.

&lt;em&gt;Econom&#237;a, capitalismo y crisis en e contexto de la modernidad&lt;/em&gt;

Para empezar, conviene que aclare en qu&#233; sentido utilizo las diferentes nociones que voy a emplear. En particular, entiendo por capitalismo el hecho de que la  modernidad se caracteriza, entre otras cosas por el hecho de que la econom&#237;a, es decir, el mercado autorregulado, se ha constituido en una esfera social separada, aut&#243;noma y dominante, en especial respecto de la esfera pol&#237;tica y de la &#233;tica, de modo que la l&#243;gica econ&#243;mica es la que impregna el conjunto de la sociedad. Esto se ha convertido en algo tan  evidente e incuestionable, que una afirmaci&#243;n como esta: &#8220;La econom&#237;a lo es todo. La econom&#237;a est&#225; por encima de cualquier otra consideraci&#243;n&#8221;, pudo ser pronunciada por Mariano Rajoy en su debate televisado del 3 de marzo de 2008 con Jos&#233; Lu&#237;s Rodr&#237;guez sin que &#233;ste, ni cualquier otro comentarista, hiciera ni tan siquiera menci&#243;n alguna, por lo que debe interpretarse, como acabo de se&#241;alar, que la frase expresaba una verdad indiscutible.
Otra manera de decir lo mismo, pero desde posiciones cr&#237;ticas, es afirmar que &#8220;todo es mercanc&#237;a&#8221;, cosa que ya se&#241;al&#243; Marx y, por lo cual, escribe en el primer p&#225;rrafo de El Capital: &#8220;Por eso, nuestra investigaci&#243;n arranca del an&#225;lisis de la mercanc&#237;a&#8221; ( p. 3)
Que todo sea, o tienda a ser, mercanc&#237;a, significa, fundamentalmente, que desaparecen las propiedades singulares y concretas de las cosas para convertirse en substancias abstractas. Una mercanc&#237;a es algo que se produce para ser intercambiado y, esencialmente, en el capitalismo para obtener un beneficio, de modo que se puede afirmar que la l&#243;gica econ&#243;mica se manifiesta, por una lado en la producci&#243;n de beneficio, es decir, en la obtenci&#243;n de esta abstracci&#243;n m&#225;xima que es el dinero; y por otra, y es lo que hace &#250;nica a la cultura occidental, en el de crecimiento ilimitado, es decir, la asunci&#243;n, igualmente indiscutida, de que crecer en bueno en s&#237; mismo.
Una econom&#237;a de mercado basada, hay que recordarlo, en la propiedad y la iniciativa privadas, lo que significa que est&#225; sometida a las decisiones individuales y no coordinadas de los individuos, subordinados a la l&#243;gica del crecimiento, es intr&#237;nsecamente inestable. De ah&#237; que siempre el capitalismo (el mercado capitalista)  ha podido funcionar gracias a la constante intervenci&#243;n por parte del Estado.

&lt;em&gt;Estado y capitalismo (Socialismo para ricos)&lt;/em&gt;

Ya lo dec&#237;a el propio Adam Smith:
&#8220;El gobierno civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableci&#243; realmente para defender al rico del pobre, o de quienes tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna&#8221; (&lt;em&gt;Investigaci&#243;n sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones&lt;/em&gt;. M&#233;xico ,FCE [1776], p. 633 ) 
Por otro lado, como se&#241;al&#243; Karl Polanyi ( &lt;em&gt;La grande transformation&lt;/em&gt;, Paris, Gallimard, 1983 (1944);hay versi&#243;n espa&#241;ola), el Estado es el que hizo posible, por un lado, la transformaci&#243;n en mercanc&#237;as de la tierra, el trabajo y el dinero y, por otro, mediante una continua intervenci&#243;n, evit&#243; la autodestrucci&#243;n a la que el mercado autorregulado le abocaba. O en otros t&#233;rminos, el Estado actuaba como capitalista colectivo, ya que la racionalidad individual &#8211;contra el mito liberal- se transformaba en irracionalidad colectiva. As&#237;, por ejemplo, la regulaci&#243;n del mercado de trabajo desde el siglo XIX, -que suscit&#243; las vehementes protestas de los capitalistas que ve&#237;an limitada su &#8220;libertad&#8221; de explotaci&#243;n- garantizaba a los mismos disponer de una mano de obra en condiciones adecuadas.
A pesar de todo, como sabemos ya por propia experiencia, el capitalismo, en la medida en que se debilita la regulaci&#243;n del  Estado, vuelve a caer en crisis m&#225;s o menos profundas y, a lo que se ve, inesperadas.&#191;C&#243;mo es posible que a estas alturas se est&#233; produciendo una crisis que ya se compara abiertamente con la de los a&#241;os 30? Para responder r&#225;pidamente y aparcar un tema que dar&#237;a para una amplia discusi&#243;n, puede decirse que la incorregible fe de los neoliberales en el mercado, la codicia, elevada a virtud por un capitalismo sin &#233;tica, y la absoluta falta de oposici&#243;n pol&#237;tica han cegado a unos y otros.

&lt;em&gt;El retorno de Keynes&lt;/em&gt;

Lo que se denomin&#243; &#8220;pacto keynesiano&#8221;, supuso la intervenci&#243;n del Estado en una doble faceta: por una lado, mediante la regulaci&#243;n de la demanda efectiva a trav&#233;s del presupuesto; por otro, mediante el Estado del Bienestar. Dicho pacto y, en general, el keynesianismo, funcion&#243; en un contexto de un crecimiento econ&#243;mico espectacular hasta la crisis del petr&#243;leo y, sobre todo, hasta los a&#241;os 80 y la ca&#237;da de la Uni&#243;n Sovi&#233;tica. A partir de ah&#237;, el triunfo del neoliberalismo es aplastante: avanza a grandes pasos la desregulaci&#243;n financiera; se ataca y se va desmontando el Estado del Bienestar y, como consecuencia, el crecimiento da lugar a un ampliaci&#243;n de la brecha entre pobres y ricos, tanto a nivel nacional como internacional. Las causas del pacto keynesiano dejaron de existir, en la medida en que, econ&#243;micamente, ya no hac&#237;a falta un suministro de mano de obra cualificada por parte del Estado, y, pol&#237;ticamente, porque hab&#237;a desparecido el peligro de que la clase obrera se entregara a veleidades socialistas. 
Tras la euforia neoliberal ha llegado la crisis y, con ella, el retorno de Keynes. 
No hace falta insistir en ello: los programas de todos los gobiernos, con  algunas y variaciones, se basan en dos tipos de medidas. Por un lado, un fuerte impulso al gasto p&#250;blico en inversi&#243;n productiva; por otro, un aumento significativo del gasto social, todo ello, en una muy keynesiana perspectiva de generar confianza.
Lo que se plantea desde todos los gobiernos, desde posiciones m&#225;s o menos keynesianas, no es m&#225;s que el intento de capear la crisis para volver a la senda del crecimiento sin l&#237;mites; en otras palabras, se trata de apuntalar el capitalismo y mantener en lo esencial las actuales estructuras de poder.
Por otra parte, desde posiciones de izquierdas se defiende  la intervenci&#243;n del Estado, centrado sobre todo en promover el consumo de los trabajadores y las medidas sociales, frente al apoyo a los bancos y al consumo de las clases medias altas. Este punto de vista finalmente propone una soluci&#243;n a la crisis en la que los sacrificios no recaigan sobre los trabajadores sino sobre los m&#225;s ricos. Sin embargo, el objetivo es el mismo: tras la crisis, restaurar el capitalismo y el crecimiento, aunque con un Estado del Bienestar reforzado y un consumo creciente de los trabajadores.

&lt;em&gt;Las alternativas: la perspectiva del decrecimiento&lt;/em&gt;

No parece que la actual crisis sea un fen&#243;meno casual y pasajero. Ya he se&#241;alado como la inestabilidad es cong&#233;nita al capitalismo, pero tambi&#233;n hay que insistir en el hecho de que este sistema econ&#243;mico es, sobre todo, explotador, depredador y productor &#8211;a trav&#233;s de la escasez- de la ilusi&#243;n de un bienestar para todos, a trav&#233;s de un consumismo exacerbado. 
Por otra parte, y a diferencia de las crisis anteriores, actualmente nos encontramos en un contexto nuevo y mucho m&#225;s grave: el derivado de la perspectiva a corto plazo del agotamiento de los recursos naturales, energ&#233;ticos y materiales y la destrucci&#243;n acelerada del medio ambiente cuya expresi&#243;n m&#225;s llamativa (aunque no la &#250;nica) es el cambio clim&#225;tico.
Aunque es comprensible que, desde las posiciones de la izquierda cl&#225;sica, se defienda al Estado del Bienestar, como si fuera &#250;nicamente una conquista de la clase obrera, no se sale con ello de la paradoja de que el crecimiento del nivel de vida de los trabajadores es, justamente, un elemento clave en el mantenimiento del capitalismo.
Para escapar esta contradicci&#243;n insoluble, la &#250;nica soluci&#243;n renunciar al mito del consumo creciente, no s&#243;lo por la perversidad que ello supone (y el espejismo que representa), sino porque, como se ha dicho, los l&#237;mites materiales, energ&#233;ticos y ecol&#243;gicos impiden ya considerar seriamente la perspectiva de un crecimiento ilimitado.
Es decir, se trata, en t&#233;rminos generales, de sustituir la l&#243;gica del crecimiento ilimitado por la del equilibrio, lo que significa subordinar ( o a&#250;n disolver) la econom&#237;a a los imperativos colectivos. Dicho de otra forma, en partir de lo concreto colectivo en vez de lo abstracto global: en definitiva, un cambio cultural que, desde hace unos a&#241;os, viene simbolizado por a consigna del decrecimiento.
Ya existe alguna bibliograf&#237;a sobre el tema, (por ejemplo,  Serge Latouche, &lt;em&gt;La apuesta por el decrecimiento&lt;/em&gt;, Icaria Editorial, Barcelona, 2008), que constituye una completa exposici&#243;n por parte de uno de los principales protagonistas de la formulaci&#243;n de este tema. A este libro, y a una posterior elaboraci&#243;n propia me remito para no alargar este escrito.

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    <title>La crisis: &#191;Socialismo para los ricos y capitalismo para los pobres?</title>
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    <body>Seguimos con la crisis. Hoy en El Pa&#237;s (suplemento para Catalu&#241;a) aparece un art&#237;culo de Ant&#243;n Costas titulado &#8220;Salvar al capitalismo de sus depredadores&#8221;, en el que argumenta lo siguiente:

&#8220;Hay que recuperar los valores b&#225;sicos del capitalismo primitivo, aquellos que le dan legitimidad social. Por una parte, la cultura del esfuerzo y del trabajo responsable y bien hecho, premiado con un salario adecuado y una jubilaci&#243;n digna. Por otra, el principio fundamental de que quien recibe los beneficios tambi&#233;n ha de correr con las p&#233;rdidas. Para ambas tareas, la mano visible del Estado, la regulaci&#243;n y el control p&#250;blico, es insustituible y urgente.&#8221;

Que la &#8220;mano visible&#8221; del Estado es imprescindible para el mantenimiento del capitalismo, como se&#241;ala el propio autor, es algo ya mencionado por Marx. Sin embargo, la intervenci&#243;n del Estado, contra lo que parece afirmar el articulista, no se realiza para retornar a ese m&#237;tico capitalismo primitivo, sino como explica Karl Polanyi en  "La gran transformaci&#243;n", para defender al propio capitalismo (entendido como una sociedad de mercado) de su din&#225;mica autodestructiva.

Ant&#243;n Costas se refiere a un &#8220;capitalismo primitivo&#8221; que tiene resonancias de una edad de oro (o de para&#237;so perdido). La degeneraci&#243;n se ha producido a causa del crecimiento de &#8220;una nueva casta de altos directivos y ejecutivos excepcionalmente bien retribuidos que, sin embargo, no se consideran responsables de las consecuencias de sus decisiones.(&#8230;) Esta nueva casta ha desarrollado un nuevo capitalismo cuyo rasgo cultural es la irresponsabilidad&#8221; Esta casta y sus actuaci&#243;n, este nuevo y mal capitalismo &#8220;se ha expandido como un virus que ha intoxicado al conjunto de la econom&#237;a, la depreda y amenaza con destruirla&#8221;.

El profesor Costas caracteriza este capitalismo primitivo como aquel en el que el trabajo responsable  y bien hecho era premiado con un salario adecuado y una jubilaci&#243;n digna. Me pregunto donde estuvo ese capitalismo primitivo: no ciertamente en la Inglaterra victoriana, en la que el Estado tuvo que poner freno a los instintos primitivos de los capitalistas mediante la limitaci&#243;n al trabajo de ni&#241;os y mujeres. La conquista de unas condiciones de trabajo dignas, y de un salario adecuado, y una jubilaci&#243;n igualmente digna, ha sido debida a la lucha y al sacrificio de los trabajadores,  que el Estado moderno ha protegido, hasta ahora, aunque, como es notorio, las condiciones de trabajo y las retribuciones, han empeorado en los &#250;ltimos a&#241;os. Por no hablar tampoco de ese capitalismo primitivo de los &#8220;pa&#237;ses emergentes&#8221;, que emergen, justamente, a trav&#233;s de la explotaci&#243;n despiadada de los trabajadores, como es particularmente notorio en el caso de China.

No existe, como afirma el articulista, un capitalismo bueno y otro malo. En sus propios t&#233;rminos:

&#8220;La historia financiera nos ense&#241;a que el capitalismo es como el colesterol: lo hay del bueno y del malo. El buen capitalismo es como el colesterol bueno, no hace da&#241;o; al contrario, fortalece mediante la creaci&#243;n de riqueza. Pero en las &#250;ltimas d&#233;cadas el colesterol malo del capitalismo se ha expandido como un virus que ha intoxicado al conjunto de la econom&#237;a, la depreda y amenaza con destruirla&#8221;.

Capitalismo no hay m&#225;s que uno, y si algo nos ense&#241;a la historia (y no s&#243;lo la financiera), es que se trata de un sistema depredador y autodestructivo y que las condiciones de los trabajadores s&#243;lo han podido acercarse a una m&#237;nima dignidad gracias a la acci&#243;n de los propios trabajadores. &#191;Los valores del capitalismo? El enriquecimiento, la b&#250;squeda del beneficio por cualquier medio. 

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    <title>A VUELTA CON LA CRISIS: EL MITO DEL CAPITALISMO PRIMITIVO</title>
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