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    <body>El tema sobre democracia directa &#8212;los ciudadanos deciden&#8212; respecto a democracia representativa &#8212;los ciudadanos deciden qui&#233;n decide&#8212; es un viejo debate. Su reinserci&#243;n en estos tiempos se asocia a la crisis de las instituciones representativas, los partidos y el parlamento. En esta circunstancia, se escucha sugerente invocar la consulta directa en lugar de remitir las decisiones a los legisladores. Sin embargo, la situaci&#243;n es mucho m&#225;s compleja y, en mi perspectiva, un gobierno sujeto a las veleidades de la opini&#243;n p&#250;blica nos puede llevar por una senda peligrosa. La consulta ciudadana es un mecanismo de decisi&#243;n que prev&#233; la Constituci&#243;n, pero s&#243;lo en los casos que la ley defina. El art&#237;culo 26 de la Carta Magna no es autoaplicable porque se refiere a atribuciones de &#243;rganos de autoridad, debe atenerse a la ley que establezca el Congreso para tales prep&#243;sitos. 

 La democracia moderna es la democracia representativa, su principal problema en la actualidad es la baja estima y credibilidad que tienen los partidos y los legisladores. Por esta raz&#243;n es fundamental que los partidos mexicanos se conduzcan con apego riguroso a la legalidad y a la democracia en sus procedimientos internos, pues la crisis de la democracia representativa se origina en la crisis de los partidos y esto ha llevado tambi&#233;n a la crisis del Congreso y a la baja estima y confianza de los ciudadanos en los legisladores.

 En estos d&#237;as, en todo el mundo, la democracia directa &#8212;la consulta popular&#8212;, se aplica s&#243;lo en forma extraordinaria. Lo regular y normal es que sean las instituciones representativas quienes tomen las decisiones. El plebiscito y el referendo funcionan como salvaguardas para ciertas decisiones cr&#237;ticas o fundamentales, cuando el tema por s&#237; mismo garantiza que la decisi&#243;n deba trascender el &#225;mbito natural de la democracia representativa &#8212;partidos y parlamento&#8212; para llevarlo a los ciudadanos.

 En esta circunstancia un procedimiento de democracia directa debe asegurar un elevado inter&#233;s de la poblaci&#243;n para evitar que una baja participaci&#243;n de la poblaci&#243;n en la consulta subvierta la voluntad mayoritaria. De otra forma, en una consulta popular, la minor&#237;a activa se impondr&#237;a sobre la mayor&#237;a silenciosa, la que ya se habr&#237;a expresado en otro momento, cuando se vot&#243; por un representante, a qui&#233;n corresponde asumir las decisi&#243;n en nombre de dicha mayor&#237;a.

 Por esta raz&#243;n las consultas no pueden ser invocadas con ligereza; da&#241;an en sus fundamentos la democracia representativa y propician que los representantes no asuman su responsabilidad, sino que trasladen el costo de sus decisiones a la sociedad misma. En otras palabras, la democracia directa, aplicada sin un sentido de su funcionalidad excepcional, bien puede ser la puerta grande al deterioro de las instituciones regulares de la democracia. Hay decisiones necesarias que deben tomar los representantes, no siempre c&#243;modas o agradables, pero eludirlas, no s&#243;lo los hace irresponsables, sino que a la larga minan las condiciones de su legitimidad y credibilidad. Por ejemplo, si los temas fiscales o los relativos al pago de servicios estuvieren sujetos a referendo, se vivir&#237;a en una situaci&#243;n de caos y descomposici&#243;n generalizada, toda vez que estos nunca se dar&#237;an, con las previsibles consecuencias del caso. 

 El buen gobierno, como lo se&#241;al&#233; en mi pasada colaboraci&#243;n, se asocia al equilibrio fiscal. Finanzas sanas requieren decisiones inc&#243;modas y, por lo mismo impopulares. Incluso, una de las amenazas m&#225;s serias que encara hoy el pa&#237;s, est&#225; en el frente econ&#243;mico si no se act&#250;a con contundencia y oportunidad. Desde ahora se requieren pol&#237;ticas de austeridad y de incremento en los ingresos del Estado. 

 La pluralidad del Congreso no garantiza buenas decisiones y esto debe preocupar, m&#225;s que al gobierno o a los opositores de la propuesta gubernamental de reforma energ&#233;tica, a la sociedad misma. Por ejemplo, la reforma fiscal qued&#243; muy por debajo de las metas y objetivos que fundaron el cambio legal. En lugar de modernizar al sistema recaudatorio y crear reglas para formalizar a una significativa proporci&#243;n de la econom&#237;a en la ilegalidad, se llev&#243; a medidas que gravan a los mismos de siempre y s&#243;lo marginal e indirectamente a nuevos causantes.

 De la misma forma, la reforma electoral, si bien es cierto que contiene avances valiosos y pertinentes, tambi&#233;n incorpor&#243; aspectos que da&#241;an el ejercicio de las libertades en aras de un incierto principio de equidad. Adem&#225;s, al IFE se le convirti&#243; en polic&#237;a para vigilar a los medios, en lugar de propiciar la confianza para que la gente haga uso de su derecho de asociaci&#243;n a trav&#233;s de los partidos pol&#237;ticos o de voto activo o pasivo (ser votado).

 La insuficiencia de nuestras instituciones representativas no debe llevar a su reemplazo a trav&#233;s del gobierno de la opini&#243;n p&#250;blica. El debate actual debe trasladarse a un tema fundamental: c&#243;mo tener mejores representantes populares y partidos que cumplan su funci&#243;n con la democracia y el buen gobierno. Los partidos pol&#237;ticos son insustituibles y son fundamento para una democracia eficaz y vigorosa. La cuesti&#243;n es que los partidos no pueden esperar ganar confianza p&#250;blica si no est&#225;n dispuestos a cambiar para representar mejor a los ciudadanos, sus anhelos y preocupaciones. Ninguno de los grandes partidos puede decir que est&#225; a la altura del desaf&#237;o. Incluso, en diverso grado, todos viven deterioro en su vinculaci&#243;n con la sociedad.

 Muy poco se ha hecho para actualizar a la democracia representativa. El Congreso ha pospuesto una y otra vez su reforma interna. Los partidos en lugar de someterse a la democracia, someten a la autoridad electoral y al &#243;rgano jurisdiccional. Nuestra joven democracia est&#225; enferma; en lugar de atenderla, se busca reemplazarla a trav&#233;s del gobierno de opini&#243;n p&#250;blica. El desaf&#237;o es aliviarla, la opci&#243;n de la consulta popular la puede poner en la morgue.

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    <title>Consulta ciudadana / Li&#233;bano S&#225;enz</title>
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    <body>&lt;em&gt;Por Leo Agusto

&lt;/em&gt;La pregunta para calificar al presidente en la Encuesta Nacional. Gobierno, Sociedad y Cultura fue as&#237;:

 Le voy a pedir que se imagine un presidente honesto, con liderazgo, carisma, buena presentaci&#243;n y tolerante a las distintas ideas que existen en M&#233;xico. Ahora, en una escala del cero al diez, donde cero es que no se parece nada y diez que es igual, &#191;qu&#233; tanto se parece el presidente Felipe Calder&#243;n a su presidente ideal?

 Y aqu&#237; viene el dato duro: La calificaci&#243;n de Felipe Calder&#243;n a nivel nacional es...
&lt;img src="http://lacolumna.files.wordpress.com/2008/06/calderon.jpg" id="img_0"&gt;

Pero no s&#243;lo le fue mal al Presidente, todos los gobernadores y/o jefe de gobierno o aprobaron con 6 de calificaci&#243;n o de de plano los ciudadanos los reprobaron. La clase pol&#237;tica nos est&#225; quedando a deber much&#237;simo.

Los detalles de esta encuesta en la p&#225;gina de &lt;a href="http://www.gabinetece.com.mx/encuesta-nacional/index.html"&gt;Gabinete de Comunicaci&#243;n Estrat&#233;gica&lt;/a&gt;





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    <title>Felipe Calder&#243;n reprobado en la encuesta nacional de Li&#233;bano S&#225;enz</title>
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