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&lt;strong&gt;POR NUESTRA CUENTA&lt;/strong&gt;
Miriam Katin
Ponent Mon
Carton&#233;. 136 p&#225;g. B/N y color. 22,00 &#8364;
&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;

Una madre y su hija leen juntas un pasaje de la Biblia:
&lt;ul&gt;
- En el principio, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Y dijo Dios: H&#225;gase la luz. Y la luz se hizo... y era algo bueno. Y Dios dividi&#243; la luz de la oscuridad.

- En el principio Dios cre&#243; la oscuridad, luego la luz, luego a madre, a m&#237; y luego a los dem&#225;s. Y era algo bueno.&lt;/ul&gt;Pero contin&#250;a el libro: "Y entonces, un d&#237;a, Dios reemplaz&#243; la luz con la oscuridad" y una amenazadora bandera con la esv&#225;stica tapa la ventana de la habitaci&#243;n al exterior.

En 1944, los jud&#237;os h&#250;ngaros recibieron la orden de hacer un inventario de todas sus pertenencias y abandonar la ciudad para trasladarse a los guetos que les fueron asignados. Esther Levy hab&#237;a o&#237;do los rumores acerca del destino de quienes acababan en esos guetos y resuelve huir con su hija Miriam. No tiene m&#225;s opci&#243;n que fingir sus muertes, conseguir documentos falsos y escapar al campo, haci&#233;ndose pasar por una campesina y su hija ileg&#237;tima. "Sea astuta. Inteligente. Busque una forma de desaparecer", le aconsejan. Y as&#237; lo hace, dejando atr&#225;s todas sus pertenencias y recuerdos, pasto de un fuego purificador que limpia todo rastro de su vida pasada en Budapest. Los Levy ya no existen: la madre y la hija han muerto y el padre se encuentra desaparecido tras haberse enrolado en las filas del ej&#233;rcito h&#250;ngaro para luchar contra el invasor alem&#225;n.

&lt;center&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2387/1963734446_b7c86d0f96.jpg" vspace="5"/&gt;&lt;/center&gt;
As&#237;, Miriam y su madre emprenden una nueva vida en el campo, trabajando duro y ocultando su identidad a pesar de la proximidad de las fuerzas nazis. Tanto es as&#237; que incluso un comandante alem&#225;n llega a encapricharse de la sospechosa sirvienta de una familia campesina. Esther Levy debe someterse a la voluntad del soldado para complacerle y permanecer, tanto ella como su peque&#241;a hija, a salvo de posibles represalias. M&#225;s adelante llegar&#237;a la retirada de los cachorros de Hitler a favor de las fuerzas de liberaci&#243;n rusas. Un ej&#233;rcito bruto y &#225;vido de alcohol que no augura mejor suerte para los pobres h&#250;ngaros que sus predecesores alemanes. Esther contin&#250;a entonces ocultando su verdadera identidad y luchando por mantener &#237;ntegra la inocencia de la peque&#241;a Miriam.

&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Por nuestra cuenta&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; es el testimonio de la lucha de una madre por que su hija permanezca inocente a pesar de un entorno ca&#243;tico y brutalmente hostil. La Miriam ni&#241;a asiste ingenua a los horrores a los que debe enfrentarse su madre para salir con vida de un viaje al que se han visto abocadas tan solo por tener una fe. Miriam no comprende la vasta tragedia que se est&#225; produciendo. Es la madre, desesperada pero resuelta, la figura que protege la inocencia de una ni&#241;a que ve c&#243;mo el mundo se derrumba incomprensiblemente a su alrededor: c&#243;mo muere su perro, c&#243;mo deben abandonar su vida, c&#243;mo de repente pasan hambre, c&#243;mo la gente a su alrededor se comporta de forma extra&#241;a, c&#243;mo s&#243;lo algunas personas son buenas con su madre y con ella, pero, sobre todo, c&#243;mo un Dios benevolente puede permitir que ocurran todas esas desgracias. A pesar de todos sus esfuerzos, Esther Levy no consigue mantener intacta a su hija de las consecuencias de la guerra. La ventisca que oculta su hu&#237;da de los soldados rusos podr&#237;a entenderse como un milagro, una acci&#243;n de un Dios cuya voluntad es la de salvaguardar a los inocentes, pero Miriam no lo entiende as&#237;: la primera consecuencia ha sido ver abatida a su mascota, ahora pasto de los cuervos. La peque&#241;a Miriam ya ha sido testigo de demasiados episodios sangrientos. La pura y blanca nieve se ha tornado roja por la sangre derramada y su fe se ha ido desmoronando paulatinamente, empujada irremediablemente hacia un rencoroso ate&#237;smo.

&lt;center&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2158/1962912955_b62afd9323.jpg" vspacec="5"/&gt;&lt;/center&gt;
La relaci&#243;n entre la madre y la hija est&#225; coronada por una sobreprotecci&#243;n que no termina de cuajar en los frutos esperados. Es imposible que una ni&#241;a permanezca impasible a todo lo que sucede a su alrededor y, menos a&#250;n, cuando la tragedia se ceba con su destino. No es de extra&#241;ar que, pasados unos a&#241;os, una Miriam Katin madura sienta recelos de llevar a su hijo a un colegio hebreo y que los fragmentados recuerdos de una infancia convulsa le atormenten mientras ve caer la nieve al otro lado de su ventana. Para Miriam, una vida secular s&#243;lo conduce a las atrocidades que vivi&#243; junto a su madre.

&lt;center&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2361/1963745404_09b141b5a1.jpg" vspace="5"/&gt;&lt;/center&gt;
Pero no todo es oscuro y desolador en este libro. Esther y Miriam se cruzar&#225;n en su camino con personas de buen coraz&#243;n, que las ayudar&#225;n en la medida de lo posible. Es el contrapunto optimista a la barbarie que les asola en su peregrina vida, que culmina con el regreso del padre soldado. Todos estos episodios de contrastada piedad y bondad acent&#250;an el horror que padecen la madre y su hija, pero hace atisbar un peque&#241;o halo de esperanza en la humanidad.

&lt;strong&gt;Miriam Katin&lt;/strong&gt; realiz&#243; su primer trabajo gr&#225;fico para las Fuerzas Armadas de Israel. Ya en Nueva York, este curr&#237;culum le sirvi&#243; para entrar en el campo de la animaci&#243;n para la MTV y Disney. Esta experiencia se revela patente en varias de las escenas de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Por nuestra cuenta&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;: el dinamismo de muchas vi&#241;etas sugiere al lector la posibilidad de estar leyendo un extracto de un largometraje animado de aspecto a&#241;ejo y desali&#241;ado. A esta sensaci&#243;n ayuda tambi&#233;n el trazo, en ocasiones sucio o aparentemente desdibujado y poco cuidado, pero siempre aportando el punto justo de movimiento y expresividad. La estructura r&#237;gida de la p&#225;gina, acad&#233;mica en su composici&#243;n pero a la vez restringida por esta condici&#243;n, se rompe cuando los personajes quiebran sus l&#237;mites, huyen de las vi&#241;etas, imprimiendo de esta forma otra met&#225;fora visual m&#225;s que refleja inequ&#237;vocamente el sentimiento de desasosiego de las protagonistas y su tenaz necesidad de escapar de su destino.

Tenemos en este libro una combinaci&#243;n entre un estilo expresionista estrictamente contempor&#225;neo al contexto en que se desarrolla la historia y un dibujo bastante pr&#243;ximo al de la literatura infantil, g&#233;nero en el que la autora cuenta con una larga trayectoria profesional. El monocromo gris y oscuro refleja una Budapest inc&#243;moda y bajo una eterna penumbra, una ciudad que ha perdido su esplendor a favor de un ambiente de desesperanza y melancol&#237;a. Asimismo, el campo no se presenta muy acogedor, sino m&#225;s bien todo lo contrario: los refugios de Katin y su madre se presentan como reductos claustrof&#243;bicos, una desaz&#243;n que se amplifica con el comportamiento agresivo y desconfiado de sus gentes.

&lt;center&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2003/1963841422_b53cc0f87a.jpg" vspace="5"/&gt;&lt;/center&gt;
&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Por nuestra cuenta&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; presenta dos claras influencias. Por un lado, es un nuevo testimonio en primera persona de una autora atormentada por su pasado. Acaso en busca de una catarsis, &lt;strong&gt;Miriam Katin&lt;/strong&gt; se suma a la lista formada por &lt;strong&gt;Marjane Satrapi&lt;/strong&gt; (&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Pers&#233;polis&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, Norma), &lt;strong&gt;Bernice Eisenstein&lt;/strong&gt; (&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Fui hija de supervivientes del Holocausto&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, Mondadori) y &lt;strong&gt;Alison Bechdel&lt;/strong&gt; (&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Fun Home&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, pr&#243;ximamente en Mondadori). Todas ellas mujeres que nos abren las puertas de su infancia para que no olvidemos nuestra propia historia.

Como tampoco podemos olvidar el desgarrador testimonio del padre de &lt;strong&gt;Art Spiegelman&lt;/strong&gt; en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Maus&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (Mondadori), ineludible referencia en el mundo del c&#243;mic en cuanto al Holocausto se refiere. Si bien en el caso de &lt;strong&gt;Spiegelman&lt;/strong&gt; la fr&#237;a relaci&#243;n del padre y el hijo se estrecha precisamente durante la elaboraci&#243;n del libro, en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Por nuestra cuenta&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;Katin&lt;/strong&gt; nos evoca a su madre con mucha m&#225;s comprensi&#243;n; no en vano no es lo mismo ser un testimonio indirecto de los hechos como &lt;strong&gt;Spiegelman&lt;/strong&gt; que sufrirlos en la propia piel como &lt;strong&gt;Katin&lt;/strong&gt;. Ambos autores se ponen en el papel de sus antecesores y reviven el pasado en un ejercicio de suplantaci&#243;n para comprender mejor las decisiones de sus padres y que pretende, ante todo, mostrar un claro respeto hacia su figura.</body>
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