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    <body>Estimado &lt;del&gt;XXXXX XXXXX&lt;/del&gt;,

En esta &#233;poca de Navidad he querido hacer de nuestra sesi&#243;n semanal de an&#225;lisis algo especial, por ello le env&#237;o este peque&#241;o extracto de una de mis operas favoritas, y le cuento en pobres palabras las ideas y asociaciones que me provoca. Espero que estas l&#237;neas lo muevan a reflexionar y a compartir conmigo y, especialmente, con usted mismo sus experiencias sobre el amor.

Fogoso aprendiz de poeta, Alfredo Germont es joven e ingenuo. Desde hace un tiempo frecuenta la sociedad parisina, c&#237;nica, salaz e hip&#243;crita. En este mundo de satines y oropeles encuentra a Violeta Valery, bella de la noche y efimera reina de este mundo nocturno, Magdalena decimononica sin esperanza de encontrar a su redentor. Y sin embargo, como un milagro de Navidad, lo imposible sucede.

Sucede de manera s&#250;bita y violenta, como a Alfredo en La Traviata &#8220;un d&#237;a feliz me apareciste&#8221;. El amor: un esplendor, un fulgor enceguecedor. Milagro, don del cielo, encantamiento, obsequio suntuoso e inesperado, encandilamiento. S&#243;lo los artistas y quiz&#225; los amantes, presas del divino furor, logran decir de &#233;l algo que valga la pena. Porque es una gloria tan exaltante como un encuentro inesperado, como un azar favorable, como la inmensa felicidad de recobrar algo que se ha perdido: un dracma, un ni&#241;o (Evangelio de San Lucas, 15: 3-32), la salud, el &#8220;tiempo perdido&#8221; de Proust, y al mismo tiempo se es consciente que es un hecho nimio e insignificante: &#8220;La mayor felicidad que pueda dar el amor, es estrechar la mano por primera vez a la mujer que se ama&#8221; (Stendhal, &#8220;Del amor&#8221;). Es tan subitaneo el placer y la iluminaci&#243;n que quedamos sin aliento, agotados, radiantes. &#8220;Todos los d&#237;as se elevan claros y serenos para ellos&#8221; dice Racine, en su Fedra.

En franc&#233;s, se suele hablar de &#8220;&lt;em&gt;coup de foudre&lt;/em&gt;&#8221;: resplandor viv&#237;simo e instant&#225;neo producido en las nubes por una descarga el&#233;ctrica, pero tambi&#233;n repentino fuego o resplandor. Se alude aqu&#237; a su cualidad subitanea. En efecto, ocurre de manera imprevista, como cuando dicen las abuelas y las t&#237;as solteronas de modo figurado &#8220;matrimonio y mortaja del cielo baja&#8221;; est&#225; ah&#237;, acechando, silencioso, y de repente, el golpe que congela, que quita el aliento. Choque electrizante, violento pasmoso, y luego antes que la feliz v&#237;ctima se pueda recuperar, el fulgor, encanto, y despu&#233;s por un tiempo m&#225;s o menos largo, la ceguera. Irrupci&#243;n, conmoci&#243;n: el enamorado est&#225; perdido, no sabe lo qu&#233; le sucede, finalmente, penosamente, se da cuenta que est&#225; herido. Demasiado tarde: la sensaci&#243;n &#8212;el dolor de la llaga o felicidad del subitaneo extasis&#8212; se asemeja a la herida producida por una afilada hoja que s&#243;lo se nota por la sangre que de ella mana y que, m&#225;s tarde duele, se inflama, se infecta y muchas veces &#8220;jam&#225;s cicatriza&#8221;, como lo proclama el Parsifal de Wagner.

El golpe, la llaga, la desaz&#243;n, la iluminaci&#243;n, el fuego: im&#225;genes inmemoriales y siempre recurrentes, eternamente nuevas como el mar. El choque provoca reacciones en cascada, llamados sentimientos, deseo, pasi&#243;n; es el impulso y la tensi&#243;n del amor y el deseo, ese esfuerzo (conato) que se transparenta por la impaciencia de los ojos, del coraz&#243;n, del oido, de todo el cuerpo, ese transporte por encima del espacio y el tiempo (ansiosos de apariciones, de cartas, atento al sonido del tel&#233;fono, la llegada de un mail, al sonido del SMS entrante en el mobil), esta concentraci&#243;n sobre un solo objeto, esta nostalgia de una Itaca de repente (o, finalmente) descubierta. 

Pero &#191;de d&#243;nde proviene esta atracci&#243;n hacia un ser que s&#243;lo un choque imprevisto hace descubrir como el bien, la patria, el centro de todo? Tocado, equivalente actual de &#8220;loco&#8221;. El impacto amoroso vuelve a alguien &#8220;loco&#8221; por alguien. El enamorado, como un loco, est&#225; tocado, manifiesta sentimientos inexplicables, de orden irracional o inconsciente, sufre sus emociones como si fueran corporales, y resiste mil martirios (a menudo injustificados), y se descubre victima de un choque, de una herida, recibida no se sabe de d&#243;nde o en qu&#233; momento, ni por qui&#233;n ni por qu&#233;, y que sin con raz&#243;n o no, pasa por su origen.

Inexplicable y por ende inefable, sino por los recursos l&#237;ricos de la poes&#237;a: im&#225;genes, figuras de estilo, met&#225;foras, juegos ret&#243;ricos y asociaciones de la imaginaci&#243;n, para los cuales todo amor que se quiere singular, excepcional, reconocible entre miles como un bella melod&#237;a, trata de salir de los lugares comunes, de las formulas buenas para todo y de los clich&#233;s que le imponen las costumbres, las leyes y las rutinas sociales. Un amor es absolutamente especial, idiom&#225;tico como un lenguaje. Nada menos exultante que un &lt;em&gt;&#8220;te amo&#8221;&lt;/em&gt; dulz&#243;n o un &#8220;te quiero&#8221; de tarjeta electr&#243;nica, encarnaci&#243;n inconsciente de un modelo convenido. Si es profundo, fuerte y verdadero, el amor inventa su lenguaje, a medida de su singularidad creadora, se hace artista, explora las seducciones infinitas del lenguaje y de sus formas, de los analisis literarios (cartas amorosas, cuentos, novelas, teatro, cine, representaciones en pintura, escultura: &#191;qu&#233; enamorado no tiene su obra fetiche?, sin olvidar, Becquer, Rousseau, Stendhal, Nietzche, Proust. 

Afecto, el amor es un problema vital, de orden sensible, est&#233;tico y po&#233;tico, no de conceptos. &#191;Por qu&#233; los filosofos se meten con &#233;l? &#191;No es el amor, por esencia, inefable y refractario a la conceptualizaci&#243;n?  Paradoja: en vez que la filosof&#237;a pueda explicar el amor, es &#233;l quien la fundamenta. Seg&#250;n Plat&#243;n, Spinoza, Schopenhauer, Nietzche y Freud, la filosof&#237;a no consiste solamente en el ejercicio de la raz&#243;n teorica procediendo por conceptos, sino que constituye tambi&#233;n una cierta forma de expresi&#243;n del deseo, es decir una cierta manera (perversa o rara) de amar, de &#8220;hacer el amor&#8221;, a&#250;n si habla de &#233;l por acercamientos, por negaciones, o trata de ir m&#225;s all&#225; para llegar a su verdad, a su sentido humano singular o absoluto trascendente &#8212;m&#225;s all&#225; de las ilusiones de las cuales se alimenta.

Proteico, sus formas y variaciones son infinitas: amor-pasi&#243;n de los amantes (el amor por excelencia), amor filial o parental, amor al arte, el amor por las cosas bellas, amor amistoso o &#8220;platonico&#8221;, amor hetero o homosexual, amor a Dios, de las mujeres, de los hombres o el amor de Dios, de los ni&#241;os o animales, el amor de &#8220;Saint-Simon por las espinacas&#8221; del cual nos cuenta Stendhal. &#191;D&#243;nde est&#225; la unidad conceptual del amor?

La declaraci&#243;n de amor que Alfredo le hace a Violeta ha terminado, pero nuestra discusi&#243;n sobre el amor queda abierta. &#191;Y usted, querido amigo y paciente, no teme enamorarse, una vez m&#225;s?

Cordiales Saludos,

Monteserrat Pi.

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    <nicetitle>carta-montserrat-pi-que-significa-enamorarse-</nicetitle>
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    <title>Carta de Montserrat Pi: &#191;qu&#233; significa enamorarse?</title>
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    <body>Estimada Doctora Pi,

Gracias por el cat&#225;logo del Museo de la Galeria de Pintura de Dresden, que me ha hecho llegar con el Dr. Bleuler. No sab&#237;a que usted tambi&#233;n hab&#237;a participado en el congreso sobre la &#8220;Locura en &#233;poca de crisis&#8221;. Me dice el Dr. Bleuler que las ponencias han sido interesantes, y que &#8212; Quiz&#225;s, pronto recibamos alg&#250;n paciente en intercambio de otras cl&#237;nicas psiqui&#225;tricas.
&#8212; &#191;Cree Usted que yo podr&#237;a ir de intercambio a Barcelona? El Dr. Bleuler con su habitual sentido del humor me ha dicho que lo discutir&#225; la pr&#243;xima vez que el Comit&#233; examine mi expediente, pero eso ser&#225; s&#243;lo hasta finales de a&#241;o. 

Entre la lluvia que no cesa desde esta ma&#241;ana y las pilas de libros que me quedan por indexar y fichar, su catalogo se me aparece como esa dosis extra de Prozac que nunca recibimos. Lo he abierto al azar, siguiendo su recomendaci&#243;n de no intentar leer las enciclopedias de la primera a la &#250;ltima p&#225;gina. He ca&#237;do sobre una &#8220;Magdalena&#8221; de Mengs.  Bajo la reproducci&#243;n una cita de Duby: 

&lt;blockquote&gt;&#8220;Desde finales del siglo XIII, pintores y escultores se afanaron en dar a la Magdalena esa imagen ambigua y turbadora. Sin cesar, incluso los m&#225;s austeros, incluso Georges de La Tour. Hasta C&#233;zanne&#8221;&lt;/blockquote&gt;.
 
Es un oleo de formato moderado de apenas 48 x 64 cms. Aunque no lo menciona el catalogo, por las costumbres de la &#233;poca, estar&#225; usted de acuerdo conmigo, que debi&#243; ser encargada para alguna capilla privada. Le cito este detalle ya que como dec&#237;a Panofsky &#8220;los errores de percepci&#243;n m&#225;s grandes en la historia del arte se han cometido por estudiar las obras en las Historias de Arte&#8221;. Adem&#225;s, siguiendo sus instrucciones he tomado nota de toda asociaci&#243;n libre que me despierte esta imagen, y a continuaci&#243;n se las transcribo.

&lt;img style="width: 619px; height: 467px;" class="imgcen" src="http://www.wga.hu/art/m/mengs/magdalen.jpg" id="img_0"&gt;

&lt;h3&gt;"As&#237; en el cielo como en la tierra..."&lt;/h3&gt;

&lt;em&gt;Me intriga esa mujer semi desnuda que aparece en la reproducci&#243;n. Seg&#250;n la Enciclopedia Biblica de la Trecanni, Magdalena es mencionada en dieciocho ocasiones, lo cual hace de ella la mujer m&#225;s visible de Los Evangelios. Ese cuerpo alabastrino y su furiosa melena son su escudo y su estandarte: &#8220;Mar&#237;a, llamada la Magdalena, de la que hab&#237;an salido siete demonios&#8221;, como dice Lucas. No conoce otra manera de mostrar su devoci&#243;n que utilizando su cuerpo, &#8220;Coloc&#225;ndose por detr&#225;s, llorosa, empez&#243; a regarle los pies con sus lagrimas y luego secarlos con sus cabellos, a cubrirlos de besos, a ungirlos con un perfume que llevaba&#8221;. Marco y Mateo transmiten la escena de similar manera: &#8220;con un frasco de alabastro, conteniendo un nardo precios&#237;simo; rompiendo el frasco, le derram&#243; el perfume sobre la cabeza&#8221;

A mi parece decirme, soy Magdalena, ac&#225; en mi refugio de Saint Baume, sigo leyendo sus palabras, en esta &#225;spera cueva donde he hallado recojo y consuelo. Ha sido un largo viaje desde Judea, he sido acompa&#241;ada por Maximo, uno de los 73 ap&#243;stoles. Nadie sabe a&#250;n de mi precaria existencia y vivo rec&#243;ndita y abocada a la lectura de sus palabras.  A veces caigo en ensue&#241;os, y cuando cierro los ojos me sigue el recuerdo de esa voz suave y decidida que sab&#237;a encender mis sentidos &#8220;&#225;breme, hermana, amiga m&#237;a, mi paloma, quitame con tus besos el fr&#237;o del relente de la noche&#8221; me dec&#237;a, y yo que me hab&#237;a entregado venalmente a miles de hombres, s&#243;lo con &#233;l aprend&#237; el placer de consagrarme por amor.

Oh, mi amado, c&#243;mo sab&#237;an sus besos hacer destilar esa mirra encendida desde mis m&#225;s rec&#243;nditas entra&#241;as, la sabidur&#237;a de sus dedos dulcemente me liberaban del desasosiego y mi cuerpo se desle&#237;a lentamente sobre el suyo noche a noche. Y me sonre&#237;a complacido, cuando yo extenuada en mi dulce martirio me sofocaba y no pod&#237;a ascender m&#225;s y descabalgando de mi placer, oh amor, descubr&#237;a los m&#225;s dulces sabores de miel y leche que s&#243;lo su cuerpo sab&#237;a prodigarme: con &#233;l aprend&#237; la dulce comuni&#243;n de los cuerpos.

Podr&#225; llegar la muerte, mas yo la espero gozosa porque nada cambiar&#225; nuestros encuentros. Noche a noche, en esta roca, mi amado me visita, y en la grave oscuridad, cuando el silencio a lo lejos es acompasado por el zureo de las palomas, mi cuerpo se eleva nuevamente y me convierto en estuche adamascado para su espada flam&#237;gera y liberadora.&lt;/em&gt;

Estimada Montserrat, espero que sepa usted ayudarme a entender estas im&#225;genes ciertamente inquietantes que esta pintura piadosa despierta en mi.

Atentamente,

Paciente &lt;del&gt;XXXXX&lt;/del&gt;&lt;del&gt;&lt;/del&gt;&lt;del&gt;&lt;/del&gt;
(a) Declarado Demente

Otros &lt;strong&gt;POST &lt;/strong&gt;sobre la &lt;span style="color: rgb(255, 255, 102);"&gt;Doctora Montserrat P&#237;
&lt;/span&gt;
&lt;a href="../demente/2008/9/24/sardana-ciegos-y-locos-ritmo-mozart" title="http://lacomunidad.elpais.com/demente/2008/9/24/sardana-ciegos-y-locos-ritmo-mozart" id="link_0"&gt;"Sardana de ciegos.."&lt;/a&gt; 
&lt;a href="../demente/2008/9/29/el-evangelio-segun-doctora-montserrat-pi-2" title="http://lacomunidad.elpais.com/demente/2008/9/29/el-evangelio-segun-doctora-montserrat-pi-2" id="link_0"&gt;"El evangelio seg&#250;n Montserrat P&#237;"&lt;/a&gt;
&lt;a href="../demente/2008/10/8/una-pregunta-sobre-amor" title="http://lacomunidad.elpais.com/demente/2008/10/8/una-pregunta-sobre-amor" id="link_0"&gt;"Una pregunta sobre el amor" &lt;/a&gt; 


&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;a title="free web stats" href="http://www.statcounter.com/" target="_blank"&gt;&lt;img style="width: 37px; height: 13px;" src="http://c.statcounter.com/4127158/0/1de2cca2/0/" alt="free web stats" border="0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;</body>
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    <title>Carta a la Doctora P&#237;: mis extra&#241;as asociaciones</title>
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    <body>Sus embates amorosos han debido durar buena parte de la noche. A la hora m&#225;s temprana del alba, rendida por los goces carnales, con las mejillas a&#250;n cubiertas del rubor del placer que apenas ha aprendido a dar y recibir, ella duerme con abandono. Su brazo ingenuo, buscando prolongar la cercan&#237;a con ese cuerpo ardiente que en la oscuridad le proporcion&#243; tanto placer, reposa inverecundo sobre el sexo de su amante. Su gentil y virginal aspecto, no obstante las llamaradas de pasi&#243;n nocturna que el espectador adivina, s&#243;lo destella inocencia.

El jovenzuelo con rostro de zascandil que se apresta a abandonar el amoroso lecho, sonr&#237;e con descaro y auto complacencia al espectador. Su mirada y su sonrisa dejan intuir que para &#233;l se trata de una conquista er&#243;tica m&#225;s y sin mayor consecuencia. En su arrogante impostura no parece darse cuenta que tiene un pie enredado en las s&#225;banas, y que su durmiente conquista reposa sobre una de sus alas, apres&#225;ndolo. De hecho, una segunda mirada sobre el cuadro revela un nudo amoroso hecho por los cuerpos de los amantes en el centro mismo de la pintura. Abri&#233;ndose la interrogante: &#191;se despertar&#225; la joven cuando Cupido &#8212;pues as&#237; se llama el personaje&#8212; abandone el lecho?

Es de Cupido el arco que descansa apoyado sobre el lecho y, son de Cupido las alas sobre las que reposa la doncella en gesto de abandono, quien por la mariposa que revolotea sobre su cabeza y el emblema que decora el lecho, los espectadores pueden deducir que se trata de Psique &#8212;que en griego tiene la doble significaci&#243;n de alma y mariposa&#8212;.

&lt;img class="imgcen" src="http://www.wga.hu/art/d/david_j/5/503david.jpg" id="img_0" height="393" width="539"&gt;

&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El asno de oro&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, considerada la primera novela de la cultura occidental, cuenta que Venus, celosa de la contumaz belleza de Psiche, envi&#243; a su hijo Cupido a la tierra para castigar a la bella y mortal Psique. El castigo consistir&#237;a en hacer que Psique se enamore del hombre m&#225;s feo y abyecto que existe en la tierra. En vez de llevar a cabo su cometido, Cupido al verla se enamor&#243; de Psique y gracias a la complicidad de Z&#233;firo, se la llev&#243; a un lejano palacio en el cual conviv&#237;an como amantes con la sola condici&#243;n de que Psique no lo vea durante el d&#237;a y, por tanto, desconociera la identidad de su misterioso y fogoso amante.

La historia original, recogida o inventada por Apuleyo en los libros centrales de su novela es mucho m&#225;s complicada: las hermanas de Psique, celosas de su fortuna amorosa, le aconsejan que viole su promesa y le dan la cera y el mechero para que cuando su amante est&#233; dormido, ella espie su rostro y descubra quien es tan fabuloso amante. En su desgraciado intento, Psique derrama un poco de cera sobre Cupido, &#233;ste se despierta presa de encono y la abandona inmediatamente. En una serie de pruebas y desgracias &#8212;dignas de un culebr&#243;n venezolano&#8212; Psique al final es perdonada y Zeus mismo interviene para que la pareja quede constituida oficialmente. Al final Psique y Cupido tienen una hija llamada Voluptuosidad.

El lienzo de Jacques Louis David &#8212;realizado en 1817 y que ahora cuelga en el Museo de Arte de Cleveland&#8212; presenta la historia en una forma tan poco ortodoxa que en su tiempo despert&#243; las cr&#237;ticas de la Academia. En la mayor&#237;a de las representaciones del mito, Cupido es un jovencito tan virginal como Psique, y es representado volando antes del amanecer. Por el contrario, David hace de Cupido el m&#225;s probable sospechoso de las vicisitudes que vivir&#225; Psique.

La mariposa que se cierne sobre el cuerpo de Psique, amenaza con perturbar su delicado sue&#241;o. David probablemente sab&#237;a que Psique alude, tanto a la mariposa como al alma, y, por tanto, el insecto tambi&#233;n alude a lo on&#237;rico, al esp&#237;ritu dormido que flota, separado de su cuerpo durante el sue&#241;o. La refundici&#243;n del mito de David deja al espectador en un estado de suspenso. &#191;Qu&#233; pasa si es Cupido quien despierta a Psique? &#191;Qu&#233; pasa si Psique domina su abrumador deseo de verlo, pero es la torpeza de Cupido la que hecha a perder los secretos de su amor? 

Y si hici&#233;ramos un salto cualitativo y nos pregunt&#225;ramos: &#191;Debe el amor enceguecer nuestro entendimiento para poder subsistir?  Yo &#8212;antes de tocar la puerta del estudio de Bleuler&#8212; tambi&#233;n sonr&#237;o con malicia ante la idea de hacerle esta pregunta a la Doctora Montserrat P&#237; en nuestra &#250;ltima sesi&#243;n.
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    <title>Una pregunta sobre el amor</title>
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    <body>&lt;img class="imgcen" src="http://www.wga.hu/art/b/bruegel/pieter_e/11/02parabl.jpg" id="img_0" height="389" width="465"&gt;Estamos sentados en el estudio de Maynard. Trato de descubrir en su mirada, en sus ojos oscuros, en ese rostro enmarcado en un pelo azabache recogido en un medio mo&#241;o, rastros de su historia. &#191;Perder&#237;a la vista en un accidente? Seguramente, perdi&#243; la vista no hace mucho tiempo. No tiene a&#250;n las facciones deformadas por la ceguera, esas peque&#241;as imperfecciones que vamos corrigiendo a lo largo de los a&#241;os gracias a los espejos y que en los invidentes lentamente se acumulan como heces de una belleza inalcanzable. En una suerte de compromiso con su no olvidada vanidad femenina, en los ojos y cejas lleva un maquillaje permanente que acent&#250;a sus rasgos vagamente orientales.

Sus manos reposan tranquilamente sobre el escritorio, a un lado una edici&#243;n en Braille del Seminario de Lacan, encima del libro un Ipod. El sentimiento de aprehensi&#243;n que normalmente me asalta en las sesiones semanales con el Dr. Bleuler no se presenta. Por el contrario, experimento una relajada expectativa, similar al de un jugador de ajedrez cuando su oponente ha llegado muy tarde o ha cometido un error en la apertura.

Sin embargo, el silencio se va apoderando de todo hasta invadir por completo la habitaci&#243;n. La doctora Montserrat Pi, impert&#233;rrita parece escrutarme con sus ojos oscuros. 
&#8212;&#191;Ha terminado de mirarme?. Me pregunta con una sonrisa que se me antoja no exenta de coqueter&#237;a.
&#8212; No la estaba mirando. No, especialmente. Mi mentira es tan descarada, que miro a mi espalda para asegurarme que Fritz no se ha colado en la oficina y va a delatar mi mirada imp&#250;dica.
&#8212; &#191;Qu&#233; est&#225; mirando? Me pregunta
&#8212; La reproducci&#243;n del Bruegel a su espalda. In&#250;tilmente se&#241;alo con la mano la placa met&#225;lica sobre el marco de la pintura &#8220;&lt;strong&gt;The Parable of the Blind&lt;/strong&gt;&#8221;.
&#8212;Ah, la pintura de los Ciegos. El resplandor de la luz de mediodia que se filtra por las cortinas de la ventana, no me impide percibir un liger&#237;simo rubor en ella.
&#8212;Tuve la suerte de verla en Napoles, en el &lt;strong&gt;Museo di Capodimonte&lt;/strong&gt;. &#191;Lo ha visitado?
&#8212; No. Nunca he pasado de Roma. Le digo
&#8212; Vis&#237;telo, lo dice de manera resuelta, como si estuviera prescribiendo alg&#250;n medicamento. &#8212; Lo har&#233; cuando salga. Respondo.
&#8212; Su alta es cuesti&#243;n m&#225;s legal que m&#233;dica. Me dice. &#8212; Por lo pronto, debe considerarse m&#225;s un colaborador especial del instituto que un paciente, y en alg&#250;n modo un recluso.
El silencio que lentamente se extiende entre nosotros es m&#225;s que elocuente. Ella no insiste en el tema y a&#241;ade.
&#8212; Perd&#237; la vista hace un a&#241;o. Fue un est&#250;pido y desafortunado accidente de fumador. Ocurri&#243; en la c&#225;mara oscura de la casa de mis padres. El extinguidor era muy antiguo y no adaptado a las nuevas normativa de la Uni&#243;n Europea. El l&#237;quido estaba compuesto por tetracloruro de carbono, as&#237; que al usarlo quede ciega.  Mi padre enjuici&#243; a la empresa que se ocupaba de la casa de Cadafel, pero lo &#250;nico que obtuvimos fue convertirme en pasto de la prensa amarilla. Lo &#250;nico positivo de todo fue que dej&#233; de fumar. Y abandon&#233; la fotograf&#237;a: de todas maneras era muy mala. No hay el menor atisbo de iron&#237;a o auto compasi&#243;n en sus palabras.
&#8212;Lo siento. Digo, para terminar. Tratando de ocultar la emoci&#243;n que me suscita su historia y la manera de reaccionar ante la adversidad. Al mismo, siento un placer enorme, casi er&#243;tico al poder contemplar con impudicia el rostro de una mujer tan bella.
&#8212;&#191;Sab&#237;a usted que Bruegel pint&#243; por lo menos tres tipos diferentes de ceguera en esta pintura? Su voz cobra esos matices de emoci&#243;n y entusiasmo que me impresionaron la otra noche en el auditorio del manicomio.
&#8212;La gente piensa en Bruegel como una especie de miniaturista, porque le gustaba pintar multitudes de personajes. En parte es la culpa del Corte Ingl&#233;s y sus ediciones de lujo de Tarjetas de navidad. En realidad fue un intelectual comprometido con las discusiones religiosas de su &#233;poca. Cuando Bruegel regresa de Italia a Antwerpen, estamos en plena &#233;poca de la Reforma en Europa.
Esfuerzo la mirada para distinguir los rostros de los ciegos de la pintura. Esas miradas deformes. El grupo est&#225; abandonando un poblado, pero obviamente han tomado el camino equivocado. Van unidos por sus b&#225;culos, de la misma manera que la otra noche la camarera del restaurante nos hizo ingresar al restaurante iglesia.
&#8212; Es una banda de ciegos un poco especial. No son unos desharrapados pidiendo limosna. Parecen romeros camino de Santiago o a alg&#250;n otro lugar de peregrinaci&#243;n. Digo.
&#8212; Es verdad, aunque los ciegos eran, entre los lisiados, a los que mejor les iba en t&#233;rminos de limosnear. Desde muy pronto en el medioevo se asociaron e hicieron actividades para fomentar su reinserci&#243;n en la sociedad. Defend&#237;an un lugar de privilegio a la puerta de las iglesias, muchas veces en desmedro de los cojos, mancos u otros tullidos. &#8212; Tengo una invalidez prestigiosa. Me dice con picardia y un asomo de sonrisa. &#8212;Pero eso es otra historia.
&#8212; Le quer&#237;a contar que un amigo m&#237;o, oftalm&#243;logo e historiador de arte, present&#243; hace un a&#241;o una ponencia sobre las enfermedades oculares en Bruegel. Su mirada se dirige hacia donde intuye que cuelga la pintura, pero falla en algunos grados. Yo la miro con ternura y me gustar&#237;a tocar su rostro y guiarlo con dulzura.
&#8212; &#191;Todos sus amigos estudian carreras que no tienen nada que ver unas con otras?. Le pregunto, tratando de que mi pregunta no suene a iron&#237;a.
&#8212; &#191;Qu&#233; mayor relaci&#243;n que la oftalmolog&#237;a y la historia del arte? No se deber&#237;a estudiar la una sin la otra. &#191;No cree?
&#8212; Mi ex-novia es historiadora del arte y adem&#225;s se conoce muy bien en Derecho penal, le contesto tratando de que se note el sarcasmo en mis palabras.
&#8212; D&#233;jeme que termine. Usted no quiso hablar de su caso al inicio. Ahora debe esperar.
Sus palabras me dejan alelado. Pero ella sin inmutarse siquiera, prosigue.

&lt;img class="imgizqda" src="http://www.wga.hu/art/b/bruegel/pieter_e/11/03parabl.jpg" id="img_1" height="431" width="364"&gt;

&#8212;El primero de los ciegos, tiene una ceguera causada por cataratas. El segundo visiblemente sufre de un leucoma de cornea. Era una enfermedad muy com&#250;n en el medioevo, probablemente causada por avitaminosis y falta de higiene. El tercero sufre de amaurosis o gota serena y al cuarto probablemente le han sacado los ojos en una reyerta o como castigo por &lt;strong&gt;&lt;em&gt;&#8220;voyeur&#8221; &lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;de alg&#250;n potentado. Aparentemente, en Florencia y otras ciudades era muy com&#250;n espiar a las parejas j&#243;venes mientras hac&#237;an el amor. Quiz&#225; sea una de las razones  por las que se invent&#243; el viaje de bodas. 

&lt;img class="imgdcha" src="http://www.wga.hu/art/b/bruegel/pieter_e/11/04parabl.jpg" id="img_2" height="189" width="274"&gt;

&#8212; Pens&#233; que la pintura representaba un vers&#237;culo del Nuevo Testamento. Digo un poco a la defensiva y para tratar de no pasar nuevamente por un retrasado mental.
&#8212; Tiene raz&#243;n: El evangelio seg&#250;n San Mateo, 15.7. &#8220;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Y si un ciego gu&#237;a otro ciego, los dos caer&#225;n en el hoyo&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&#8221;, en la traducci&#243;n de N&#225;car-Colunga.

Se ha puesto de pie, y mira sin ver la pintura de Bruegel. Es alta, su pelo sedoso est&#225; casi al alcance de mi mano. De pronto, el sonido de la puerta y la voz de Maynard detr&#225;s nuestro dan fin a nuestra sesi&#243;n.
&#8212;&#191;Interrumpo?`
&#8212;No, ya est&#225;bamos terminando. Dice Montserrat, su rostro ha cambiado y ahora es la Doctora Pi.
&#8212;&#191;Me va a recomendar alg&#250;n concierto? Pregunto, a la vez, que retrocedo un paso y esp&#237;o en la cara de Maynard si sabe lo que ha sido nuestra sesi&#243;n de 45 minutos.
&#8212;No. El Dr. Bleuler me ha contado de su pasi&#243;n por Cecilia Bartoli, a mi tambi&#233;n me gusta mucho su &#225;lbum sobre Vivaldi.
Afuera me espera Fritz leyendo una revista sobre coches.

&lt;div style="text-align: right;"&gt;&#191;Continuar&#225;?&lt;/div&gt;

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