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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;En su libro &#8220;Gentes del siglo&#8221; &lt;I&gt;Espasa&lt;/I&gt; el gran periodista italiano Indro Montanelli retrata, entre otros, a Federico Fellini:&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;&#8220;Fellini es uno de los m&#225;s deliciosos narradores que conozco. No se dir&#237;a viendo sus &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;films&lt;/I&gt; de corte impenetrable, donde cada personaje parece contemplar la vida con un ojo que r&#237;e y otro que llora y en los que destella la poes&#237;a entre &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;rodajas de vida&lt;/I&gt; de una potencia realista a menudo cruel. Ese mozall&#243;n desma&#241;ado, con su perfil de emperador romano de la decadencia y su mirada buena y sumisa, habla con un hilo de voz, quedamente y sin gestos, con el aire de quien teme no saber pronunciar m&#225;s que tonter&#237;as. No le ve&#237;a desde un par de a&#241;os atr&#225;s, y tem&#237;a que el &#233;xito le hubiera estropeado. No, no, gracias a Dios, sigue siendo el mismo, el ingenuo gigante de provincia, inseguro de s&#237; y cohibido por su propia mole, que conoc&#237; cuando empez&#243; a trabajar en la capital.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;El resto lo conoc&#233;is tambi&#233;n vosotros, lectores, que no le hab&#233;is visto nunca: es aquel protagonista secundario de su &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Vitelloni &lt;/I&gt;que al final del film, &#191;os acord&#225;is?, halla la fuerza suficiente para abandonar la peque&#241;a ciudad indolente y sin horizontes donde hasta entonces ha vegetado con sus compa&#241;eros, y se va en un vag&#243;n de tercera sin dinero ni prop&#243;sito fijo, espoleado no se sabe si por la esperanza o por la desesperaci&#243;n. No es que sea &#233;l, precisamente, f&#237;sicamente, el personaje que encarnaba el joven rebelde. Pero suya es la historia. &#201;l la hab&#237;a vivido como la hemos vivido un poco todos nosotros, los que venimos de la provincia. Y Dios sabe si hace falta coraje y voluntad, para aventurar ese paso. Los hero&#237;smos que m&#225;s tarde se llevan a cabo, cuando se logra realizarlos, son un juego de ni&#241;os comparados con el arranque que en determinado momento el terror a asfixiarnos nos obliga a mandar a paseo la casa paterna, ese mundo so&#241;oliento y acolchado de mediocre seguridad, el c&#237;rculo, el billar, las bromas de caf&#233;, la sobrentendida complicidad con la que cada cual justifica su propio fracaso con el de los dem&#225;s, elevando a regla moral y social, a la que es francamente indecoroso faltar, la pereza, la mezquindad y la cobard&#237;a.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;Fellini parec&#237;a el menos pertrechado para correr esa aventura&#8221;.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;Dedicado a los que, como yo, son &lt;EM&gt;de provincias &lt;/EM&gt;y se marcharon lejos, muy lejos.&lt;/FONT&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;IMG src="http://www.elpais.com/recorte/20070128elpdmgrep_6/LCO340/Ies/Fellini_casting_Casanova.jpg"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;

Fellini en un casting para "Casanova"





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    <nicetitle>montanelli-sobre-fellini-</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2009-01-14T09:40:24Z</published-at>
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    <title>MONTANELLI; Sobre FELLINI.</title>
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    <body>Este ensayo de Benjamin no se cierra nunca, no deja nunca de manar, de supurar ideas, exige leerlo despacio, traducirlo, desentra&#241;arlo, rebatirlo, contestarlo, adaptarlo al presente y volverlo a leer y volverse a empapar uno de &#233;l, y entonces surgir&#225;n ideas que no se hab&#237;an detectado en la anterior lectura, y as&#237; una y otra vez.

 He vuelto a meter el cedazo entre sus palabras y he sacado esto (todo oro, nada de arena):

 &lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;1. Novela y narraci&#243;n.&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt; Al estallar la novela, la narraci&#243;n se retrajo hacia lo arcaico. "Lo que distingue a la novela de la narraci&#243;n es su dependencia esencial del libro. Lo oralmente transmisible, el patrimonio de la &#233;pica, es de &#237;ndole diferente a lo que hace a una novela". Al no provenir de la narraci&#243;n oral, al no poder contarse de viva voz, la novela es diferente y contraria al cuento. "La c&#225;mara de nacimiento de la novela es el individuo en su soledad; es incapaz de hablar de forma ejemplar" sobre s&#237; mismo. Pues el individuo moderno no sabe dar consejos, no puede transmitir experiencia (suya o a su vez transmitida por otros). E incluso la novela a la que acude "informa sobre la profunda carencia de consejo, sobre el desconcierto del hombre". Tambi&#233;n el Quijote, tambi&#233;n el &lt;EM&gt;Bildungsroman&lt;/EM&gt;. El novelista asume desde Cervantes que la novela no resulta de ning&#250;n provecho para la vida real, aunque gran parte de la novela gira en torno al inalcanzable "sentido de la vida". En esto tambi&#233;n est&#225; enfrentada a la narraci&#243;n: el "sentido de la vida" frenta a la "moraleja del cuento". Dos conceptos completamente distintos. 

 &lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;2. Informaci&#243;n y narraci&#243;n.&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt; El nacimiento de una nueva forma de comunicaci&#243;n llamada "informaci&#243;n" en el siglo XVIII ha resultado, seg&#250;n Benjamin, una amenaza mucho mayor para la narraci&#243;n que la propia novela. "La escasez en que ha ca&#237;do el arte de narrar se explica por el papel decisivo jugado por la difusi&#243;n de la informaci&#243;n". La informaci&#243;n exige una inmediata verificabilidad. La narraci&#243;n recurre a menudo a los prodigios. La informaci&#243;n "cada ma&#241;ana nos instruye sobre las novedades del orbe. A pesar de ello somos pobres en historias memorables". Pues la informaci&#243;n exige ser nueva constantemente. Vive en el instante, se agota en el instante. La narraci&#243;n, sin embargo, no se agota nunca. La narraci&#243;n no explica, simplemente cuenta. Por eso sus relatos pueden provocar sorpresa y reflexi&#243;n siglos despu&#233;s de su primera formulaci&#243;n. &lt;EM&gt;Porque la mitad del arte de narrar radica precisamente en referir una historia libre de explicaciones. &lt;/EM&gt;

 &lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;4. Memoria y narraci&#243;n.&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt; &lt;/STRONG&gt;Cuantas menos matizaciones psicol&#243;gicas haga el narrador, m&#225;s posibilidades tiene la narraci&#243;n de encontrar un lugar en la memoria del oyente; m&#225;s posibilidades tendr&#225; a su vez de ser contada a otros. "Narrar historias siempre ha sido el arte de seguir cont&#225;ndolas, y este arte se pierde si ya no hay capacidad de retenerlas". Y a&#241;ade maravillosamente Benjamin: "Y se pierde porque ya no se teje ni se hila mientras se les presta o&#237;do". Pues cuanto m&#225;s olvidado de s&#237; mismo est&#225; el que escucha, m&#225;s profundamente se impregnar&#225; su memoria de lo o&#237;do. Y as&#237; es como se mantiene eternamente la red que sostiene el don de narrar. O&#237;r y contar. Contar y o&#237;r.

 &lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;4. Muerte y narraci&#243;n.&lt;/STRONG&gt; &lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt;Morir era anta&#241;o un proceso p&#250;blico. No hab&#237;a casa ni habitaci&#243;n en la que no hubiese muerto alguien alguna vez. Hoy la muerte es apartada discretamente en hospitales y tanatorios. "Pero es en el moribundo en quien el saber y la sabidur&#237;a y sobre todo su vida vivida adquieren de pronto una forma transmisible, y ese es el material del que nacen las historias". En las miradas y expresiones de los moribundos aflora de una vez lo inolvidable, "comunicando esa autoridad que hasta un pobre diablo moribundo posee sobre los vivos que lo rodean. En el origen de lo narrado est&#225; esa autoridad".

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 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;(Walter Benjamin, &#8220;El narrador&#8221;, en &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Para una cr&#237;tica de la violencia y otros ensayos.&lt;/I&gt; Madrid, Taurus, 1991. Traducci&#243;n de Roberto Blatt)&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;.&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;(Walter Benjamin, &#8220;El narrador&#8221;, en Nikol&#225;i Leskov, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Lady Macbeth de Mtsensk y otros relatos&lt;/I&gt;. Madrid, Alba, 2003. Traducci&#243;n de Roberto Blatt)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

   

  

  

  

  



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    <nicetitle>el-narrador-segun-walter-benjamin-ii-</nicetitle>
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    <title>El narrador seg&#250;n Walter Benjamin (II)</title>
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    <body>Como estoy adentr&#225;ndome en Nikol&#225;i Leskov, se hace imprescindible volver a leer el l&#250;cido y hermoso ensayo de Walter Benjamin a prop&#243;sito de "El narrador", porque de alguna manera ese ensayo y esos cuentos o novelas cortas han ido en mi imaginaci&#243;n siempre de la mano, como si no pudiesen entenderse del todo el uno sin los otros, y mira por d&#243;nde la edici&#243;n que en 2003 hizo Alba de los cuentos de Leskov los junt&#243;, pero no aqu&#237;, y ahora por fin los he juntado yo en mi lectura. 

 Cuando hace a&#241;os le&#237; por primera vez "El narrador" tuve unas ganas locas de zambullirme en el desconocido escritor ruso, de comprobar si era verdad lo que dec&#237;a Benjamin de sus artes de narrador, pero no hab&#237;a apenas nada en castellano por entonces (bueno, s&#237;, una edici&#243;n de Bruguera de &lt;EM&gt;Lady Macbeth de Mtsensk&lt;/EM&gt;, y gracias). El caso es que Alba repar&#243; el hueco veinte a&#241;os despu&#233;s, y el a&#241;o pasado Impedimenta tradujo y edit&#243; &lt;EM&gt;La pulga de acero &lt;/EM&gt;(no incluida en la edici&#243;n de Alba y considerada por Benjamin la obra maestra del ruso) con introducci&#243;n de Care Santos, con lo que de pronto he conseguido las tres ediciones y ya tengo Leskov fresco y abundante, reci&#233;n tra&#237;do de la lonja. Y si siempre necesit&#233; releer y comprender ese texto de Walter Benjamin, ahora m&#225;s.

 Benjamin dec&#237;a en 1936 que se estaba perdiendo el arte de narrar. Tras un siglo de primac&#237;a de la forma novela, cada vez era m&#225;s dif&#237;cil encontrar narradores antiguos, narradores orales o que, escribiendo, lo hicieran con fidelidad a las formas artesanas de esa tradici&#243;n, y vinculaba esta desaparici&#243;n con la p&#233;rdida de la facultad de intercambiar experiencias. Verdaderas experiencias. "La experiencia que se transmite de boca en boca es la fuente de la que se han servido los narradores. Y los grandes de entre los que registraron las historias por escrito, son aquellos que menos se apartan, en sus textos, del contar de los numerosos narradores an&#243;nimos". 

 Es como si Benjamin, cuya escritura en gran medida fue tambi&#233;n fragmentaria y dispersa, vinculara la p&#233;rdida de la narraci&#243;n con la p&#233;rdida de la visi&#243;n unitaria de la vida, como si previera la degradaci&#243;n general del "sentido de la vida" en la sociedad occidental, la mediatizaci&#243;n de la experiencia, la banalizaci&#243;n, la serializaci&#243;n, la fragmentaci&#243;n, el olvido de la &#233;pica, la desaparici&#243;n de los grandes relatos, la industrializaci&#243;n de la narraci&#243;n (el cine, la televisi&#243;n). Pero hoy hay m&#225;s narraciones que nunca, acribillamos y somos acribillados a narraciones por todos lados, no hay m&#225;s que abrir un peri&#243;dico o encender una televisi&#243;n o pasearse por Internet o ir a Chiclana a ver a los Howard, ninguna de ellas nos explica la vida en su totalidad pero no dejamos de contar y de o&#237;r cuentos. Tal vez son de otro tipo, tal vez obedecen a una experiencia distinta, a la mutaci&#243;n y a los b&#225;rbaros de que habla Baricco. Me pregunto qu&#233; dir&#237;a Benjamin de la proliferaci&#243;n actual de narraciones. De la necesidad actual de narraciones que nos lleven de la mano en mitad de la incertidumbre. Qu&#233; dir&#237;a Benjamin de Jorge Bucay o de Paulo Coelho. De Hollywood. 

 Benjamin distingue dos tipos b&#225;sicos de narrador cl&#225;sico: el que regresa de un viaje (Ulises, Simbad, Jon&#225;s, Marlow) y el campesino sedentario que conoce las historias de su lugar de origen (Macondo, Yoknapatawpha, Celama, Obaba). Si el narrador viajero (el marino) trae en su relato peripecias de los espacios lejanos, el narrador sedentario (la tejedora) conoce y transmite las peripecias del tiempo, el pasado.

 El marino y la tejedora son sabios, es decir, transmiten experiencia moral e indicaciones pr&#225;cticas sobra la vida. Pues el arte de la narraci&#243;n es un arte &#250;til. El que narra tiene consejos para el que escucha. "El consejo es sabidur&#237;a entretejida en los materiales de la vida vivida". El arte de narrar se aproxima a su fin "porque el aspecto &#233;pico de la verdad, es decir, la sabidur&#237;a, se est&#225; extinguiendo". Y Benjamin es tan l&#250;cido como para no ver en este proceso ninguna decadencia o ninguna nostalgia de los viejos tiempos: simplemente la narraci&#243;n se ha desplazado lejos y fuera de lo oral, haciendo sentir "una nueva belleza en lo que se desvanece".  

 &lt;EM&gt;Una nueva belleza en lo que se desvanece&lt;/EM&gt;.

 La tejedora, el marino, el maestro, el sabio, el artesano necesitaban del aburrimiento para transmitir experiencia. "El aburrimiento es el p&#225;jaro de sue&#241;o que incuba el huevo de la experiencia". Ya no hay narradores porque desapareci&#243; el aburrimiento, porque el aburrimiento fue sustituido por el entretenimiento constante, y silencio fue sustituido por el ruido de fondo, por el chisporroteo el&#233;ctrico, y el recogimiento se convirti&#243; en movimiento continuo. El narrador viejo, ese que Benjamin cre&#237;a perdido para siempre, recurr&#237;a a toda una vida, "una vida que no s&#243;lo incorpora la propia experiencia, sino tambi&#233;n la ajena. En el narrador, lo sabido de o&#237;das se acomoda junto a lo m&#225;s suyo. Su talento es el de poder narrar su vida y su dignidad: el narrador es la persona que permite que las suaves llamas de su narraci&#243;n consuman por completo la llama de su vida..."

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&lt;STRONG&gt; (WALTER BENJAMIN, "El narrador", en &lt;EM&gt;Para una cr&#237;tica de la violencia y otros ensayos&lt;/EM&gt;. Madrid, Taurus, 1991. Traducci&#243;n de Roberto Blatt)

 (WALTER BENJAMIN, "El narrador", en Nikol&#225;i Leskov, &lt;EM&gt;Lady Macbeth de Mtsensk y otros relatos&lt;/EM&gt;. Madrid, Alba, 2003. Traducci&#243;n de Roberto Blatt)

 &lt;/STRONG&gt;  

  

     

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    <title>El narrador seg&#250;n Walter Benjamin (I)</title>
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    <body>Dieciocho de septiembre, aeropuerto de Granada, exterior noche. Todas las personas importantes que han bajado del avi&#243;n nocturno de Madrid ya han tomado sus taxis. Se cierran los &#250;ltimos maleteros, arrancan los &#250;ltimos veh&#237;culos. La explanada del aeropuerto est&#225; casi vac&#237;a. El conductor del autob&#250;s que nos ha de llevar a la ciudad tira impaciente la colilla del cigarrillo. "&#191;Estamos todos?", grita ir&#243;nico mientras se sube al autob&#250;s.

Bajo la luz mortecina de las farolas, estamos todos: dos parejas cargadas de equipajes, algunos rubios turistas silenciosos, el juez Miguel &#193;ngel Torres, Vasilik&#237; y yo. "&#191;Pero ese no es el juez Torres?", oigo que susurra la mujer que acaba de meter sus valijas y regalos ex&#243;ticos en el portaequipajes del autob&#250;s. "&#191;Qui&#233;n?", dice el hombre que la acompa&#241;a. "El juez Torres, el de la Operaci&#243;n Malaya". El hombre baja la voz: "Ssst. Se le parece pero no es". 

Subimos y vamos pagando cada uno los tres euros del viaje. "Buenas noches", saluda el juez con un hilillo de voz. El conductor ni lo mira ni le responde. El juez paga y avanza por el pasillo para sentarse detr&#225;s de nosotros, cuidando de dejar en medio dos hileras protectoras de asientos vac&#237;os. Me doy la vuelta, interesado por la luna trasera del autob&#250;s, y me cercioro de que se trata del juez. Su cara es tan anodina que &lt;EM&gt;s&#243;lo se le parece&lt;/EM&gt;; que podr&#237;a parecerse en todo momento a &#233;l o a cualquier otro: un t&#237;mido empollon de expresi&#243;n neutra y rasgos desva&#237;dos. El demasiado sobrio terno azul, el mismo traje lavado y planchado una y otra vez o el mismo modelo comprado una y otra vez en la misma tienda. Con su aire de empleado de banca o de agente de seguros. Con los dedos &#237;ndice y coraz&#243;n puestos sobre los labios en actitud de reconcentrada melancol&#237;a. 

Me ha gustado mucho verlo tomar el barato y eficaz autob&#250;s del aeropuerto y no un taxi o un veh&#237;culo con ch&#243;fer, como las personas importantes. 

Porque el juez Torres es Proust, Faulkner, Conrad: un narrador descomunal. No s&#243;lo redact&#243; de su pu&#241;o y letra los miles de folios de que consta el sumario de la Operaci&#243;n Malaya, ese novel&#243;n de corrupci&#243;n e intrigas, sino que fue capaz de desentra&#241;ar y organizar el complej&#237;simo relato oculto en una trama inextricable, en una trama que hab&#237;a sido concebida por su malvado demiurgo para no ser desentra&#241;ada jam&#225;s. Juvenil narrador-detective, ingenua o fan&#225;tica encarnaci&#243;n de la Ley, el juez logr&#243; con muy poca ayuda convertir aquella trama herm&#233;tica en un argumento reconocible, en una novela-r&#237;o lineal, en un relato aristot&#233;lico con planteamiento, nudo y desenlace ordenados de principio a fin, un relato que fue dando a la prensa por entregas, como los folletines decimon&#243;nicos, al ritmo en que iba desclasificando (con astucia de verdadero narrador) las porciones de aquel sumario. Un relato que no est&#225; cerrado y que incluye ambig&#252;edades, preguntas sin respuesta, cabos sueltos, digresiones, personajes oscuros que desaparecieron sin dejar rastro, como sucede en las mejores novelas. Y que, al no tener derechos de autor, puede ser plagiado por cualquiera. 

Al otro lado del pasillo la pareja susurra y secretea sin dejar de lanzarle miraditas al juez. "Me da corte", escucho que le dice ella a &#233;l. A m&#237; tambi&#233;n me da corte. El viaje se me va en fantaseos. El juez Torres ha llegado a su parada. "Buenas noches", dice alto y claro con su vocecilla aflautada. Esta vez el conductor le responde. El juez baja, retira su maleta y se pierde en la noche. 



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    <title>Otros narradores: el juez Torres</title>
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    <body>Hay personas que tienen el don. Abren la boca para contar una historia y los r&#237;os dejan de fluir y los p&#225;jaros de volar y los planetas de girar con tal de no perderse el final del cuento. Una de estas personas es un viejo amigo, Jes&#250;s Ruiz Fern&#225;ndez. Llam&#233;mosle por el hipocor&#237;stico Chus. Los homenajes a los amigos se suelen hacer cuando est&#225;n muertos y ya no tiene gracia ni m&#233;rito el hacerlos. Mejor nos adelantamos cuarenta o cincuenta a&#241;os, dios mediante. Espero que Chus me lo perdone.

Qu&#233; distingue a un buen narrador de uno malo. No lo s&#233;. Creo que hay tantas clases de narradores como buenos narradores. Mejor trato de describir lo que veo en Chus, uno de los mejores que he conocido. Tal vez encuentre en &#233;l elementos comunes a los dem&#225;s. 

1. Que yo sepa, Chus no ha escrito una sola l&#237;nea. No hay relaci&#243;n necesaria entre contar y escribir. La pulsi&#243;n narrativa puede agotarse ante un vaso de vino y una chimenea. Y al rev&#233;s: es muy com&#250;n que buenos escritores de novelas y cuentos sean sin embargo p&#233;simos narradores orales. Quien quiera saborear los relatos de Chus tendr&#225; que estar ah&#237; al lado. 

2. Si no fuera porque detesto la expresi&#243;n, dir&#237;a que es un "narrador de raza". Prefiero decir que Chus tiene el don. Y que no hay relaci&#243;n entre capacidad narrativa y bagaje cultural entendido a la manera humanista o burguesa. Un buen narrador puede ser cualquier persona, se dedique a lo que se dedique, si tiene el don. Es m&#225;s, sospecho (pero no lo he confirmado) que la faramalla cultural a menudo dificulta m&#225;s que favorece la capacidad narrativa en las personas, como si Garc&#237;a M&#225;rquez, Isak Dinesen o Paul Auster fuesen buenos narradores a pesar de las novelas o cuentos que han le&#237;do, que han escrito. Jes&#250;s Ruiz Fern&#225;ndez pertenece al cuerpo de bomberos del Ayuntamiento de Granada. Por cierto: excelente profesional. Pero su desempe&#241;o no a&#241;ade ni quita nada a su capacidad narrativa, que parece aprendida en los arcanos fuegos de los primeros contadores de historias. 

3. Chus es un detector de historias. Su intuici&#243;n lo lleva a averiguar que algo est&#225; pasando o a punto de pasar all&#237; donde los dem&#225;s mortales no ven sino una situaci&#243;n roma, cotidiana, plana. Tiene la capacidad de sacar cuentos de la nada, tal y como ped&#237;a Ch&#233;jov. Mientras habla contigo en un caf&#233; est&#225; observando el drama que se desarrolla en la mesa de al lado, en el mostrador, en la acera de enfrente donde hay detenido un coche de color azul y... 

4. Chus no es un narrador-observador, uno de esos que se apartan de la vereda para ponerse a contemplar desde fuera y con resentimiento, melancol&#237;a o nostalgia la vida que pasa. No es un mir&#243;n, sino un narrador-vividor. Un im&#225;n de historias. Irse con &#233;l al kiosco de la esquina a comprar el peri&#243;dico garantiza al noventa por ciento la posibilidad de una aventura. 

5. Como Cervantes, como Mart&#237;n Gaite, como Aldecoa, nunca se coloca por encima de sus personajes. Debajo de sus historias sat&#237;ricas hay siempre un poso de compasi&#243;n, un fondo de comprensi&#243;n &#250;ltima de las debilidades humanas.

6. Cuando se incluye &#233;l mismo como personaje o protagonista de sus historias, no incurre en la deshonestidad de tantos narradores tramposos, que urden los relatos con el &#250;nico prop&#243;sito de quedar bien, de autojustificarse, de ser los h&#233;roes. Es m&#225;s: cuando en una de sus historias figura &#233;l mismo, suele ser en calidad de (ir&#243;nico) perdedor. Hilaridad garantizada.

7. Magistral en el tratamiento del tiempo, que acelera o ralentiza a discreci&#243;n en funci&#243;n de las necesidades del relato. Este punto es clave. La mayor&#237;a de nosotros nos equivocamos en el tratamiento del tiempo: no sabemos cu&#225;ndo cortar, cu&#225;ndo resumir, cu&#225;ndo incluir una elipsis oportuna. Hay gente que se pone premiosa hasta para dar la hora. 

8. Magistral en el trenzado de los elementos del relato (tono, punto de vista, tensi&#243;n, suspense, intensidad, final del cuento...). &#191;C&#243;mo lo sabe? &#191;D&#243;nde lo aprendi&#243;? &#191;Por qu&#233; un mismo suceso (pongamos un viaje a Marruecos) parece de pronto tan aburrido si otro toma la palabra, tan interesante si la retoma Chus?

9. Para que Chus destape el tarro de las esencias es preciso que no haya alrededor suyo la menor expectativa. Como intuya que hay p&#250;blico esperando o&#237;rle, cerrar&#225; la boca y el grifo de las historias. Los relatos tienen que surgir de manera casual, espont&#225;nea. Chus no es un profesional. No ejerce de narrador a sueldo. Detesta esa vanidad. No perder&#225; el queso, como en la f&#225;bula de Esopo, porque un adulador le haga abrir el pico. 

10. Trasladar aqu&#237; la maravilla de sus relatos es imposible. El mero trasvase a la palabra escrita ya es una p&#233;rdida de la expresividad de la voz, las imitaciones de voces de otros, los gestos, etc&#233;tera. &#191;Se perder&#225; con &#233;l su talento? Creo que no. El otro d&#237;a prohibi&#243; a su hija Candela, de cuatro a&#241;os, que cortase la &#250;nica rosa que quedaba viva en el jard&#237;n familiar. Candela ignor&#243; la prohibici&#243;n, y ante la reprimenda paterna contest&#243;: "Qu&#233; ganas tengo de ser mayor para no tener que cortar la rosa". 

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    <body>&lt;BIG&gt;&lt;SMALL&gt;&lt;/SMALL&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;DIV style="text-align:center"&gt;&lt;BIG&gt;&lt;EM&gt;Termine de leer en estos dias una brevisima novela :La felicidad de los muertos de Enrique Cortez . Un tr&#225;nsito de personajes grises y bastante desdichados.&lt;/EM&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;EM&gt;
 &lt;BIG&gt;El di&#225;logo entre la empleada penitenciaria y la madre del narrador transmite con contundencia una de las principales cuestiones del libro. 
&lt;/BIG&gt;(&lt;BIG&gt;La empleada)  cuenta  una an&#233;cdota de juventud que acab&#243; por salvarla del discurso revolucionario. Estando en el colegio se vio seducida por la solvencia de una profesora de historia lesbiana.  Se trata de un texto  inmovil  y por momentos aburrido  una obra en la que  no se logra discernir con &#233;xito qui&#233;nes son los vencedores y qui&#233;nes los vencidos. Un espacio de seres infelices  que buscan relacionarse con  el m&#225;s all&#225; . 
&lt;/BIG&gt;&lt;/EM&gt;
&lt;SMALL&gt;Autor: Enrique Cortez 
T&#237;tulo: La felicidad de los muertos 
Editorial: Mundo ajeno (79 pp.)
&lt;strong&gt;Por Daniel Balditarra&lt;/strong&gt;
&lt;/SMALL&gt;&lt;/DIV&gt;

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    <title> La felicidad de los muertos (sobre un Libro leido)</title>
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