<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<posts>
  <post>
    <IP type="integer">0.0.0.0</IP>
    <author-id type="integer">3368</author-id>
    <blog-id type="integer">3488</blog-id>
    <body>Strat&#237;s Tsirkas es uno de los mejores narradores griegos de posguerra. Incomprensiblemente sus seis libros de cuentos siguen sin traducirse al castellano. Aqu&#237; os presento una peque&#241;a obra maestra, un cuento perfecto, uno de los mejores que escribi&#243;, en mi opini&#243;n mejor incluso que el que Natividad G&#225;lvez tradujo en su estupenda Antolog&#237;a del cuento griego (Alfaguara, 2005). La traducci&#243;n, in&#233;dita, es de Vasilik&#237; Kanelliadou. Ah&#237; va la segunda parte de "Calles dif&#237;ciles" (1946):

.

&lt;STRONG&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3366ff&gt;STRAT&#205;S TSIRKAS - &lt;EM&gt;CALLES DIF&#205;CILES (II)&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/STRONG&gt;

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;As&#237;, a ratos desesperada, a ratos sonriente, llegu&#233; sin darme cuenta a la iglesia del Profeta El&#237;as. Sub&#237; los escalones y encend&#237; una vela grande delante de San Esteban. Por si estuviera enfermo. Me santig&#252;&#233; y sal&#237; afuera. Atraves&#233; el patio, como me hab&#237;a explicado Vula, y encontr&#233; la puerta de atr&#225;s medio abierta.

Pero cuando pis&#233; aquella callejuela, empec&#233; a temblar con sudor fr&#237;o. Como si algo me dijera que iba a salir todo mal. Mi piel, que se hab&#237;a encendido con el sol, ahora se arrugaba. Desde los dos lados de la calle plantas y &#225;rboles sobresal&#237;an por las tapias de las huertas y se inclinaban. Enredaban como trenzas sus ramas arrugadas y formaban una c&#225;mara de hojas verdes y negras. Los gorriones piaban y de pronto se levantaban todos juntos batiendo las alas. La larga callejuela era atravesada por otras peque&#241;as que parec&#237;an alfombras de luz resplandeciente.

Empec&#233; a caminar. A mi izquierda, detr&#225;s de la tapia de un huerto, un perro me ladraba. Sent&#237; mis rodillas temblar. Siempre me han dado miedo los perros.

No me detuve. Cuando estaba ya a punto de llegar a la tercera callejuela a la derecha, vi la casa de la esquina con el tejado hundido. Mi coraz&#243;n lat&#237;a como si fuera a romperse y el perro ladraba detr&#225;s de m&#237;.

Intent&#233; disimular, caminando indiferente. En el balc&#243;n estaba su vieja. Llevaba un pa&#241;uelo nuevo en la cabeza pero sus gafas ten&#237;an un cristal roto de lado a lado. Detr&#225;s se le agrandaba un ojo salvaje, como si me acechara. Si se casa conmigo, pens&#233;, le comprar&#233; unas gafas con su montura de plata y con su funda.

&#161;Evangel&#237;a!, grit&#243; la vieja. Llamaba a su hija mayor, que se hab&#237;a quedado viuda y que viv&#237;a all&#237; con los hijos; St&#233;lena le dec&#237;a a Vula que no se lleva bien con la otra viuda, la nuera, la cotorra. Viv&#237;a all&#237; tambi&#233;n Giorgos, el hermano mayor, el carpintero. Hace a&#241;os eran una familia grande. Pero vino la muerte y seg&#243; a ciegas, desmont&#243; las parejas. &#161;Cuando llega la muerte...!

No sab&#237;a qu&#233; hacer. Detenerme y decir: Buenas tardes, qu&#233; les parece el tiempo, o hacer como que busco una casa. Me conoc&#237;an y les conoc&#237;a; pero hac&#237;amos como que no nos conoc&#237;amos.

Me acobard&#233; y pas&#233; de lejos. Escuch&#233; una ventana cerrarse. &#191;Ser&#237;a Evangel&#237;a?

&#161;St&#233;fanoos!, grit&#243; una voz como si hubiera incendio o se derramara la leche del fuego. Me mare&#233;. Era como si mi coraz&#243;n se hubiera descolgado y rodara por el suelo. Tropec&#233;. &#191;Qu&#233; pasar&#225;? &#191;Se asomar&#225; &#233;l por la ventana?

S&#237;&#237;&#237;, contest&#243; aburrido un chico. Era su sobrinillo, el hijo de Evangel&#237;a, que se llamaba St&#233;fanos. Yo ni siquiera gir&#233; la cabeza para mirar. Mi pierna se arrastraba y levantaba polvo. Y detr&#225;s de m&#237; me parec&#237;a que o&#237;a risas. 

A la izquierda vi una calle que conoc&#237;a. Llevaba a un descampado con edificios. En uno de ellos, en el &#225;tico, viv&#237;a una que antes trabajaba conmigo. Pero no gir&#233;. Pens&#233; ir hasta el final de la calle y volver de nuevo lentamente, para echar otro vistazo.

Un poco m&#225;s abajo hab&#237;a un chalecillo moderno, con rejas de hierro, sin &#225;rboles. S&#243;lo parterres con hierbas y unos pocos rosales, sillas, una mesita y encima un juego de t&#233;. &#191;Y a qui&#233;n veo sentado? Al se&#241;or Dimitris, mi cliente. Ven&#237;a a menudo, y siempre aparec&#237;a con una jovencilla morena, canija, llena de caprichos. Pero ahora estaba sentado all&#237; sin chaqueta, con el chaleco desabrochado, leyendo. Su mujer, una chica modosa, como de treinta y cinco a&#241;os, de brazos blancos, iba y ven&#237;a con el t&#233;. Qu&#233; pareja m&#225;s bonita, dir&#237;a quien no sabe. Me acord&#233; de la colonia que le est&#225;bamos echando aquel d&#237;a que se sinti&#243; mal, de sus tirantes, de su barriguita. Hasta le sacamos un mote. Le cant&#225;bamos:

&lt;EM&gt;No te queda bien el sobrepeso, Dimiiiiitri&lt;/EM&gt;.

Me vio con el rabillo del ojo. Dobl&#243; el peri&#243;dico y se puso a mirarme con la boca abierta. Yo segu&#237; caminando. Llegu&#233; hasta el final de la calle y di la vuelta. Despacio, para no cansar la pierna. Volv&#237; a pasar por delante del chal&#233;. Estaban bebiendo el t&#233; sentados los dos. &#201;l se incomod&#243; al verme. 

&#191;Qui&#233;n es?, o&#237; que le preguntaba a su mujer. Como si me dijera: no vengas. &#191;Ves? Hago como que no te conozco. Ni siquiera hab&#237;a pasado por mi cabeza tal cosa. &#191;Me iba a ense&#241;ar &#233;l mi trabajo? Pero ten&#237;a ganas de hacerle algo para que aprendiera, que parec&#237;a que ve&#237;a al diablo. Pero pens&#233;: ya llegar&#225; su hora.

Llegu&#233; a la casa del techo hundido. Vi al peque&#241;o St&#233;fanos trastear una bicicleta que ten&#237;a en el suelo. &#191;D&#243;nde est&#225; tu t&#237;o, mi vida?, le dec&#237;a en silencio.

El balc&#243;n estaba vac&#237;o, las ventanas cerradas. &#191;Me acechar&#237;a alguien desde dentro?

&#161;St&#233;fanos!, se oy&#243; de nuevo la voz, y volv&#237; a asustarme. Fui como borracha hasta la iglesia. Pero en vez de abrir la puerta e irme di la vuelta en la misma calle, cojeando. Algo me tiraba. Me mor&#237;a por verle, saber c&#243;mo estaba.

El peque&#241;o con la bicicleta hab&#237;a desaparecido. Solamente una ventana quedaba abierta y se ve&#237;a una cama de hierro con unas viejas s&#225;banas y un espejo deste&#241;ido con un marco de madera muy viejo. Pero, de repente, otra vez la voz: &#161;St&#233;fanoos! &#161;Echa a la mendiga que est&#225; sentada fuera!

&lt;/BLOCKQUOTE&gt;.

Strat&#237;s Tsirkas (El Cairo, 1911-Atenas, 1980) era hijo de emigrantes pobres en Oriente Medio. Trabaj&#243; de contable. En 1930 conoci&#243; a Kavafis, sobre el que escribir&#237;a una influyente biograf&#237;a. Fue poeta, ensayista, novelista, cuentista, traductor de Heine, Schiller, Lowry, Stendhal, Pavese. Desde muy joven fue miembro del Partido Comunista de Grecia. Su obra m&#225;s conocida es la trilog&#237;a novel&#237;stica &lt;EM&gt;Ciudades a la deriva &lt;/EM&gt;(&lt;EM&gt;Akib&#233;rnites polit&#237;es&lt;/EM&gt;), sobre la vida de las comunidades griegas en Oriente Medio, traducidas al espa&#241;ol en Buenos Aires, Emec&#233;: &lt;EM&gt;El c&#237;rculo en Jerusal&#233;n &lt;/EM&gt;(1975), &lt;EM&gt;Ariadna en El Cairo &lt;/EM&gt;(1976) y &lt;EM&gt;El murci&#233;lago en Alejandr&#237;a&lt;/EM&gt; (1977). El Partido Comunista lo expuls&#243; famosamente ante su negativa a renegar de la trilog&#237;a. Durante la dictadura de los coroneles (1967-1973) dej&#243; de publicar en protesta contra la censura y s&#243;lo public&#243; traducciones. Uno de sus libros de poemas se llama &lt;EM&gt;Oratorio espa&#241;ol&lt;/EM&gt;, y contiene homenajes a Federico Garc&#237;a Lorca.

.

&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;FONT color=#990000&gt;[&#931;&#964;&#961;&#945;&#964;&#942;&#962; &#932;&#963;&#943;&#961;&#954;&#945;&#962;, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&#932;&#945; &#948;&#953;&#951;&#947;&#942;&#956;&#945;&#964;&#945;&lt;/I&gt;. Ed. &#922;&#941;&#948;&#961;&#959;&#962;, Atenas, 2001. Traducci&#243;n de Vasilik&#237; Kanelliadou]&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/SPAN&gt;

.



















</body>
    <closed-comments type="boolean"></closed-comments>
    <closed-trackbacks type="boolean"></closed-trackbacks>
    <comments-count type="integer">12</comments-count>
    <created-at type="datetime">2009-05-26T05:50:39Z</created-at>
    <date type="datetime">2009-05-26T05:52:00Z</date>
    <id type="integer">327878</id>
    <last-comment-date type="datetime">2009-05-26T21:57:06Z</last-comment-date>
    <myfile-id type="integer"></myfile-id>
    <nicetitle>un-cuento-perfecto-stratis-tsirkas-ii-</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2009-05-26T05:50:39Z</published-at>
    <site-id type="integer">1</site-id>
    <status type="integer">1</status>
    <title>Un cuento perfecto de Strat&#237;s Tsirkas (II)</title>
    <updated-at type="datetime">2009-05-27T06:15:43Z</updated-at>
  </post>
</posts>
