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    <body> Alguna vez he contado que cuando conoc&#237; a Nuria en Madrid, un junio ardiente, terminamos la tarde trenzadas en una larga conversaci&#243;n sobre nuestros mundos, nuestras pasiones, la literatura, los viajes, los deseos, el inasible amor, la insensata alegr&#237;a y hasta los &#250;ltimos recovecos de la moda. A las cuatro de la ma&#241;ana nos separamos dej&#225;ndonos con la certeza y el regocijo de que hab&#237;amos encontrado una amistad. Desde entonces, siempre que la recupero o que al menos se cruza el correo entre nuestras vidas, vuelvo a sentir que no he dejado de verla, que est&#225; cerca siempre, con su elegancia de alma, con su ingenio sofisticado, con su sencilla sabidur&#237;a.  
Nuria es una mujer t&#237;mida, de ojos intensos. Tiene una voz como su palabra: cifrada, intensa. 
Desde siempre, pero con m&#225;s fuerza que nunca en este libro, Nuria es una mujer cuyo voz literaria guarda el ardor y los arrebatos de una criatura, de una creadora, empe&#241;ada en conocer su pasado y adivinar su futuro. Y para eso escribe. Y para escribir vive. Para reconocerse, para hurgar, para saber de qu&#233; mundos viene y en qui&#233;nes se cobija la esencia de su vocaci&#243;n y su destino. 
Con toda la sencillez y la suavidad que le acompa&#241;an siempre, Nuria me invit&#243; a presentar este libro. Un libro que como todo buen libro no puede contarse, m&#225;s bien se bendice y se entrega con todo y su historia y sus delirios a otros lectores. Eso quiero hacer hoy, contagiar el fervor que me provoc&#243; este libro que le&#237; al principio entre asustada y triste, luego rendida a la fuerza de sus palabras precisas empe&#241;adas en contar una historia de la que no se puede huir. 
Se lo dije hace dos d&#237;as, mientras est&#225;bamos suspendidas en la punta de un castillo al que se llega subiendo una pendiente y luego cuatrocientos escalones. Su libro estaba haci&#233;ndome temblar, iba yo acompa&#241;&#225;ndola en busca de su madre y no pod&#237;a yo hacerlo en la noche, porque me mor&#237;a de tristeza. Y la memoria de sus frases tajantes me despertaba de repente, asustada. &#191;Qu&#233; va a hacer de esta ni&#241;a enamorada de su padre viudo? Lo quiere tanto, lo conoce y no sabe qui&#233;n es. Vive como una ni&#241;a tr&#233;mula la desolaci&#243;n, la p&#233;rdida y como una gran escritora la contagia. No quiero seguir leyendo y quiero con toda mi alma que llegue la noche para volver a esa sensaci&#243;n incr&#243;spida de la que no puedo escaparme. &#191;Es Nuria su personaje? Quiero adivinarlo. No es su personaje. Es su voz. El personaje de este libro es la voz de Nuria. Todos los escritores  estamos en nuestros personajes, Nuria va m&#225;s all&#225;, ella est&#225; en todas su palabras, en el modo en que las pone juntas, las desgrana, la mide. Desde la pasi&#243;n con que venera las palabras nos cuenta una historia que importa por muchos motivos, pero sobre todo por c&#243;mo suena. Nos cuenta una historia que duele y fascina porque es tan triste como hermosa y porque la escritora se hace cargo de que as&#237; suene. Esta es una novela valiente. Uno sabe que Nuria la entrega, como ha hecho con otros libros, sin duda con &#8220;el Pa&#237;s del alma&#8221;, como se entrega una clave para descifrar y entender cosas de un mundo que ella no cuenta en cualquier mesa por m&#225;s que est&#233; subida en un castillo, no dilapida en conversaciones, pone en palabras escritas porque a las palabras bendice y de ellas vive. 
Con un tono audaz y delicado como los misterios, la voz narrativa de "Deja que la vida llueva sobre m&#237;" empieza por ser ardua, y retra&#237;da para en poco tiempo seducirnos y acompa&#241;arnos a lo largo del libro, con una irrebatible limpidez.  
Escribir, lo sabemos de siempre, es rogar por un milagro. Nuria lo consigue tejiendo despacio la historia de una mirada, de su mirada pasando por el mundo primero con temor, despu&#233;s con curiosidad, y sobre todo con valent&#237;a, inteligencia y humor. No se sabe al principio, por eso yo le tem&#237;a al libro, pero al poco rato la escritora va haci&#233;ndose acompa&#241;ar por una mirada ir&#243;nica y brav&#237;a que empieza por burlarse del mundo que la acosa y acaba acosando y ri&#233;ndose de un mundo al que acosa con su memoria &#237;ntegra empe&#241;ada en recuperar lo mejor de su vida y la de sus amores.
Como siempre est&#225;n en este libro Barcelona, sus h&#225;bitos, su lengua, su paisaje, su familia. Ahora su madre, sus hijas, su padre. Sus amigos. Los de ella o los de su personaje que tanto es ella como no. &#8220;Cuando lee un libro siente nostalgia de una p&#225;ginas que nunca ser&#225;n suyas&#8221;, dice de su personaje. Como s&#243;lo en ese libro su desmesura recorre y acompa&#241;a la historia. Est&#225;n tramadas en ella. El peque&#241;o pa&#237;s llama Nuria a Barcelona y ah&#237; mismo deja que a sus personajes los sitie el tedio o los liberen los libros. &#8220;Al destino lo llaman literatura&#8221; dice.  
La impenetrable fortuna dir&#237;a que la voz con que narra Nuria Amat es un don, tocado por la belleza y el azar, como todo buen don. Sin embargo, aceptando que el acaso ha sido pr&#243;digo, hay que decir que la voz de Nuria es tambi&#233;n fruto de una devoci&#243;n incansable y de un apasionado trabajo. 
Como cualquier tesoro, el de quien escribe como ella crece cuando la escritora se hace fuerte, aprende de sus emociones y sus abismos, se nutre de su pesares y sus dichas, de la sabidur&#237;a y las audacias que la vida suele exigir sin m&#225;s, a quienes se proponen escribirla con dignidad y riesgos. 
&#8220;Deja que la vida llueva sobre m&#237;&#8221; es un libro que nos habla de todo este trabajo. Y que tratando de encontrar una respuesta, como dir&#237;a ella de su personaje, lo cuenta todo: los sentimientos que m&#225;s duelen, las emociones m&#225;s absurdas, los pensamientos m&#225;s arriesgados.
Se adue&#241;an del libro hombres y mujeres que son todo menos comunes y corrientes, por eso encontrarlos al principio de la lectura casi asusta, luego ella los va mostrando una y otra vez desde distintos lados, desde actitudes inauditas y, sobre todos los ojos de una narradora incapaz de rendirse, acompa&#241;ada siempre por la suave e implacable ayuda de la inteligencia, el sentido del humor, la certidumbre de que toda jornada debe ser memorable y de que no hay dignidad sin valent&#237;a. 
&#8220;Deja que la vida llueva sobre m&#237;&#8221;, es la s&#237;ntesis de lo que uno encuentra en la voz y los deseos de la narradora, una mujer que eso quiere por sobre cualquier cosa: dejarse empapar por la vida. Empaparse hasta las entra&#241;as con la pena y las dichas que puede dar la vida. Y hacer de las palabras la lluvia bajo lo que busca su cobijo. 
La felicidad, sabe la narradora es, aunque a veces parezca una quimera, lo &#250;nico en verdad inevitable. Y la pena es un aforismo que no puede sustraer su esencia de la dicha, su contraparte.
Toda la novela se empe&#241;a en acentuar esta clase de contrastes. Y estos contrastes enriquecen la narraci&#243;n y la llenan de atisbos m&#225;gicos y de momentos sabios.  Mientras, por todo el libro impera la ley y la devoci&#243;n por la escritura. La escritura casi como &#250;nica posible redenci&#243;n.
Conmovida, pero suspensa, sin alardes ni autocompasi&#243;n, mucho menos piedad f&#225;cil, Nuria evoca el espanto y lo pone boca arriba con delirio, con ganas de mostrarlo para ver si lo olvida. Pero al mismo tiempo descubre y valora las m&#225;s peque&#241;as alegr&#237;as e incluso frente a la separaci&#243;n, el enga&#241;o, el fracaso y la  muerte, hace predominar la esperanza hasta el final del libro. 
Como queda claro con todo esto que digo hay muchas cosas que me fascinan en la literatura de Nuria, pero me gusta enfatizar una, porque es una cualidad tejida como a contracorriente. Nuria no antepone la eleg&#237;a de lo femenino a su deber de escribir bien. No le importa contar la historia de una mujer porque lo es, sino porque vale la pena contarla y contarla bien. Por eso se cuida de escribir ce&#241;ida al lujo de correr riesgos y lo hace con un esmero y un respeto por las palabras, con un gusto y una responsabilidad con su profesi&#243;n, que emocionan. 
Las mujeres de Nuria, en este caso la narradora de &#8220;Deja que la vida&#8230;&#8221; no son ni abnegadas ni sumisas, pero tampoco son hero&#237;nas indelebles ni se pretenden diosas. Son personajes que crecen en el &#225;nimo de quien los mira vivir d&#225;ndose el lujo de ser quienes debieron ser, personas incapaces de poseer un fuego destinado a consumirse sin deslumbrar a nadie. A&#250;n cuando est&#225;n tristes, lo que no es raro, sus personajes siempre est&#225;n encendidos por dentro. Y salen con bien de sus batallas, ni se diga las de la narradora que en este libro es de una vehemencia s&#243;lo propia de quien ha sufrido. 
&#8220;Son pocas las veces en que lo que decimos equivale exactamente a lo que pensamos. Salvo en el grito, &#250;nica voz sincera. En el grito es donde expresamos sin evasi&#243;n alguna la verdad de nuestras emociones.&#8221;, dice la narradora. Y justo lo dice desminti&#233;ndose, porque muchas a lo largo del libro, sin gritar, con la intensa devoci&#243;n por las palabras expresa a cabalidad y contagia emociones irrevocables. 
Nuria Amat es una escritora cuya pasi&#243;n esencial est&#225; en el acto de escribir. Esta convicci&#243;n obsesiva, que tan bien se reitera en sus libros, es lo que la mueve a vivir. Buscar y asirse al oro de las palabras es su raz&#243;n de ser. Nuestra raz&#243;n para quererla es &#233;sa. Bienvenida Nuria. Gracias por traer contigo este libro triste con el que uno puede ser tan feliz.
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    <title>Nuria Amat, escribir con riesgo</title>
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