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    <body>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_XEcQn0ksucU/Ssjf0hN5zuI/AAAAAAAAB0U/utGG4WZE_co/s1600-h/NEUMATICOS.GIF"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 124px; height: 350px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_XEcQn0ksucU/Ssjf0hN5zuI/AAAAAAAAB0U/utGG4WZE_co/s400/NEUMATICOS.GIF" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5388803047511674594" border="0"&gt;&lt;/a&gt;

&lt;p style="text-align: justify; padding-left: 150px;"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;el d&#237;a 21 de octubre de 2009 es una fecha tan buena como cualquier otra para morirse y cabe la posibilidad de que dentro de cuarenta a&#241;os alguien se acuerde de ti y escriba unas cuantas l&#237;neas para hacerte un homenaje como esta carretera sin curvas que yo le dedico hoy al buenazo de jack por haber tirado la botella y estirado la pata el veintiuno del diez del sesenta y nueve. si por fin no te mueres antes de alcanzar mis ochenta y ocho tacos puede ocurrirte que para entonces no te acuerdes de nada o por el contrario que lleves en la cabeza grabados a sangre y fuego todos los acontecimientos de tu vida. en la m&#237;a se cruzaron dos tipos raros un s&#225;bado por la ma&#241;ana hace sesenta a&#241;os y pronto me di cuenta de que era un testigo privilegiado del nacimiento de una palabra que cambi&#243; el mundo. no ser&#233; yo quien te solucione el dilema de si el pensamiento se encuentra determinado por el habla o es el habla la que se encuentra determinada por el pensamiento pero voy a decirte una cosa: en estos momentos el pensamiento moderno y la historia de los &#250;ltimos sesenta a&#241;os habr&#237;an transcurrido de una manera muy diferente si en am&#233;rica no se hubieran acu&#241;ado los t&#233;rminos &lt;em&gt;bebop&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;beat&lt;/em&gt;. lo que yo digo es que en el fondo somos animales simb&#243;licos que vivimos en un cosmos simb&#243;lico equivalente a un universo edificado con palabras que se comportan como los bloques de lego y crean un mundo con un orden y un desorden simb&#243;licos. ladrillos virtuales. aut&#233;nticos p&#237;xeles que contribuyen a un grado concreto de resoluci&#243;n. irrealidades poderosas. vamos a aclarar este embrollo en honor de los huesos del viejo zorro intentando no citar a ginsberg ni a la destrucci&#243;n ni a la locura. al carajo las poderosas mentes. viste c&#243;mo richard rolling convirti&#243; a su padre en chocolate sin temblarle el pulso al liarlo en papel de fumar y sin que el fbi ni los bobbies le molestaran en lo m&#225;s m&#237;nimo como en los viejos tiempos. &lt;em&gt;bebop&lt;/em&gt;. a principio de la d&#233;cada de mil novecientos cuarenta la palabra bebop designaba el ruido que produce la porra de un polic&#237;a blanco cuando alcanza la cabeza de un negro. el t&#233;rmino &lt;em&gt;bebop&lt;/em&gt; fue utilizado en esa misma d&#233;cada por el saxofonista charlie parquer y por el trompetista dizzy gillespie para nombrar un nuevo estilo de jazz que se construy&#243; con improvisaciones sobre ritmos complejos y armon&#237;as disonantes. ahora es f&#225;cil imaginarlo porque casi todo es disonante pero entonces s&#243;lo asonaban y disonaban los cantadores de tajaraste o los dodecafonistas seguidores de un tal arnold schoenberg que trabaj&#243; en un banco en praga hasta que empez&#243; a dar conciertos en berl&#237;n y vino a los &#225;ngeles y compuso hacia 1947 &lt;em&gt;un superviviente en varsovia&lt;/em&gt;. naturalmente no fui testigo directo del momento en que el t&#233;rmino &lt;em&gt;bebop&lt;/em&gt; adopt&#243; el nuevo significado porque yo nac&#237; al lado de nueva orleans y la adopci&#243;n tuvo lugar en nueva york a muchos kil&#243;metros de distancia por personas ajenas a mis relaciones sociales y se desarroll&#243; mientras yo me encontraba tumbando nazis en el viejo continente. tampoco s&#233; si arnold lleg&#243; a tomarse unas copas en compa&#241;&#237;a de parker cuando &#233;ste visitaba california. lo que puedo decir es que la fortuna quiso que yo s&#237; estuviera presente cuando naci&#243; la palabra &lt;em&gt;beat &lt;/em&gt;que tambi&#233;n tiene una relaci&#243;n muy estrecha con el jazz y los golpes en la cabeza. &#191;cu&#225;ndo sucedi&#243; eso? ver&#225;s. yo regres&#233; a am&#233;rica en 1946. volv&#237; a mi casa en delacroix island: una aldea de san bernardo parish: junto a nueva orleans, la recordar&#225;s porque all&#237; fue donde se rodaron las escenas de las gambas de la pel&#237;cula forrest-gump. hab&#237;a estado luchando en europa desde los veinti&#250;n a&#241;os de edad. mi infancia y mi adolescencia transcurrieron entre pescadores cazadores y tramperos y por qu&#233; no decirlo entre fabricantes clandestinos de bebidas alcoh&#243;licas. mis juegos tuvieron lugar en las orillas pantanosas de los canales del r&#237;o misisipi y asist&#237; poco a clase porque el hurac&#225;n de 1917 desarm&#243; la escuela y la maestra desapareci&#243; con la gripe espa&#241;ola de 1919 y no enviaron otra hasta muchos a&#241;os m&#225;s tarde.
aquella ma&#241;ana de 1949. ver&#225;s. aquella ma&#241;ana yo ten&#237;a el trasero apoyado contra el muro de un jard&#237;n en la esquina de la avenida st claude con la calle france esperando que pasara un coche para hacer auto-stop hacia san bernardo. vi cruzar el chevrolet del juez p&#233;rez pero no me atrev&#237; a poner el dedo. no gracias. no quer&#237;a l&#237;os con esa clase de gente que casi siempre est&#225;n buscando chivos expiatorios para colgarles cualquier delito que han cometido ellos mismos. as&#237; que continu&#233; all&#237; pensando en la vida que hab&#237;a llevado mientras formaba parte de una comunidad muy peculiar. en esta parte del delta del misisipi viv&#237;an cayunes e isle&#241;os pero ambas comunidades no se mezclaban. ellos hablaban su franc&#233;s del demonio y nosotros segu&#237;amos con el dulce espa&#241;ol que nuestros antepasados hab&#237;an tra&#237;do de las islas canarias en el siglo dieciocho. con las comidas suced&#237;a los mismo: nuestro caldo isle&#241;o cocinado a base de verduras mezcladas con diversos tipos de carne y papas les resultaba extra&#241;o a ellos mientras que nosotros torc&#237;amos el gesto cuando nos hablaban de su gumbo tan picante como si lo hubiera preparado el mismo demonio. ellos no ven&#237;an a nuestras fiestas ni les gustaba cantar d&#233;cimas y tampoco nosotros merode&#225;bamos por sus bailes desabridos con violines que hac&#237;an &#241;iqui&#241;iqui y donde no se pod&#237;a dar ni un mal pu&#241;etazo los s&#225;bados por la noche. ellos pensaban que nos llam&#225;bamos isle&#241;os porque viv&#237;amos en delacroix island y nosotros no sab&#237;amos que el t&#233;rmino cay&#250;n proven&#237;a del gentilicio acadiano. tales para cuales.
el sol empezaba a calentarme la cabeza m&#225;s de la cuenta. pas&#243; un cami&#243;n pero llevaba una familia entera en la cabina y era l&#243;gico que no se detuviese. me dio sed. mi t&#237;a le enviaba una botella de licor a mi viejo y decid&#237; echarme un trago antes de que el l&#237;quido se calentara. como te dec&#237;a: hasta que me alistaron para la segunda guerra mundial casi no me aventur&#233; m&#225;s all&#225; de san bernardo parish. quiz&#225;s hab&#237;a hecho alguna salida espor&#225;dica a nueva orle&#225;ns pero nunca m&#225;s lejos que la casa de mi t&#237;a en el french quarter a doscientos metros de la calle borbon. en europa logr&#233; sobrevivir a las balas nazis y a las chuler&#237;as de mi sargento texano e incluso a la gonorrea de unas gemelas de la gestapo a las que encontr&#233; cantando entre las ruinas de una iglesia en bremen. cr&#233;eme que el regreso a casa no fue f&#225;cil. la actividad como trampero se hab&#237;a convertido en poco rentable y para quienes no ten&#237;amos embarcaciones adecuadas la pesca tampoco era buena salida econ&#243;mica. a mi regreso ya hab&#237;a cumplido los veinticuatro a&#241;os de edad y estaba soltero. mis padres ten&#237;an asegurada su manutenci&#243;n de manera que nada me ataba a aquellos pantanos y aprovech&#233; la oportunidad que ofrec&#237;a el gobierno a los soldados licenciados para adquirir algo de formaci&#243;n. esta es la raz&#243;n por la que me traslad&#233; a vivir a nueva orleans. una hermana de mi madre se hab&#237;a casado con un hombre del barrio franc&#233;s y me ofreci&#243; una habitaci&#243;n en su casa durante el tiempo que permaneciera en la ciudad. sin dudarlo acept&#233; su invitaci&#243;n. ya llevaba casi tres a&#241;os asistiendo a clase a punto de lograr un t&#237;tulo de peritaje en refinado de petr&#243;leo cuando conoc&#237; a neal y a jack. fue aquel s&#225;bado por la ma&#241;ana. ya les coment&#233; que me hab&#237;a colocado en la avenida st claude acechando cualquier veh&#237;culo que se dirigiera a san bernardo parish con la intenci&#243;n de hacer auto-stop e ir a visitar a mi familia durante el fin de semana. por esa &#233;poca hab&#237;a poco tr&#225;fico hacia mi pueblo pero por fin hacia las once y media se detuvo un impresionante hudson sedan con dos j&#243;venes dentro.
&#171;&#191;vais a san bernardo? &#171;s&#237; sube te llevamos&#187; el que iba al volante era un tipo rubianco larguirucho con el pelo largo y la barba sin afeitar. ocultaba los ojos con gafas de sol y la mitad de la barriga con una camiseta sucia. su acompa&#241;ante tambi&#233;n era blanco: vest&#237;a con descuido y el pelo le cubr&#237;a las orejas. la edad de ambos estar&#237;a entre los veinticinco y los veintiocho a&#241;os. probablemente se me reflej&#243; la desconfianza en la cara cuando pens&#233; que aquellos presuntos vagabundos podr&#237;an haber robado el coche. el conductor inici&#243; una mueca al tiempo que mov&#237;a su mano hacia el freno en un  gesto que parec&#237;a indicar que mis oportunidades de viajar en aquel lujoso auto se estaban terminando. abr&#237; la puerta trasera y sub&#237; justo cuando las ruedas empezaban a girar. &#171;oye jack&#187; dijo el del volante con tono despreocupado sin dignarse a mirarme &#171;pon un poco de m&#250;sica&#187; el otro encendi&#243; la radio y comenz&#243; a buscar una emisora. despu&#233;s de un predicador que s&#243;lo tuvo tiempo de pronunciar &#171;a las llamas del infierno...&#187; y de la voz mon&#243;tona del presidente del senado de baton rouge pidiendo calma a la gente de napoleonville por la plaga de mosquitos son&#243; el saxo alto de charlie parker. de inmediato surgi&#243; la trompeta de miles davis con un tatarat&#225;-tarat&#225;-tarar&#225; que actu&#243; como viento del desierto entrando por la ventanilla del conductor abras&#225;ndonos los t&#237;mpanos. aunque nosotros no lo sab&#237;amos era la primera vez que sonaba &lt;em&gt;a night in tunisia&lt;/em&gt; en una emisora de nueva orleans interpretada en directo por davis y parker los cuales a aquellas horas de la ma&#241;ana ya estaban colocados hasta las orejas resoplando y dando traspi&#233;s por el estudio de la emisora frente a la segunda parada del trav&#237;a en la calle canal. los dos locos que ven&#237;an en el coche parec&#237;an haberse olvidado de m&#237; y mov&#237;an las manos y la cabeza como si todo el alcohol revuelto con la marihuana y la hero&#237;na que llevaban encima aquellos chiflados m&#250;sicos les hubiera sido inyectada por v&#237;a radiovenosa. el hudson atraves&#243; el peque&#241;o puente de hierro a una velocidad endiablada armando un esc&#225;ndalo de mil pares. ahora sonaba el saxo de parker saltando sobre los compases de la bater&#237;a y sobre los rebencazos del coche desbocado como una locomotora descarrilada que se lanzara a un paseo por el campo atropellando las piedras y los conejos. ya s&#233; que ahora nadie recuerda aquella actuaci&#243;n pero les aseguro que todo esto ocurr&#237;a cinco a&#241;os antes de que dizzy gillespie interpretara con charlie &lt;em&gt;el p&#225;jaro&lt;/em&gt; la misma pieza en el massey hall de toronto.
as&#237; fue como conoc&#237; a aquellos tipos que parec&#237;an sacados de una trinchera griega media hora despu&#233;s de un bombardeo alem&#225;n. el locutor quiso decir algo pero parker y davis le arrebataron el micr&#243;fono y continuaron tocando sin soluci&#243;n de continuidad. ahora el saxo de charlie parker gem&#237;a &lt;em&gt;my old flame&lt;/em&gt; sobre un pentagrama de terciopelo rojo. la trompeta de miles davis parec&#237;a limitarse a colocar puntos y comas. a medida que se aminoraba el &#237;mpetu de la m&#250;sica disminu&#237;a la velocidad del sed&#225;n. est&#225;bamos cerca de chalmette. jack se gir&#243; hacia atr&#225;s y me extendi&#243; la mano para presentarse. &#171;soy jack kerouac&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt; y cuando no estoy en la carretera vivo en nueva york. &#233;ste es neal cassady due&#241;o de esta m&#225;quina maravillosa y de profesi&#243;n... beat. &#171;&#191;beat?&#187; exclamamos neal y yo al mismo tiempo. &#171;beat s&#237; beato igual que yo. el beato neal cassady&#187; neal aminor&#243; a&#250;n m&#225;s la marcha del coche mientras esperaba mi reacci&#243;n espi&#225;ndome por el espejo retrovisor. en un instante decid&#237; colocarme a la altura de la circunstancias y demostrar a aquel par de paletos que no se pod&#237;a vacilar tan f&#225;cilmente a la gente que ha crecido con los pies hundidos en las aguas del misisipi. &#171;encantado de conocerlos amigos. mi nombre es alan gonz&#225;lez. de profesi&#243;n... saint. &#171;&#191;saint?&#187; los beatos palurdos cayeron en la trampa. &#171;saint s&#237;. soy san alan gonz&#225;lez&#187; afirm&#233; con cara seria mientras en mi mano aparec&#237;a la botella de licor de ciruelas y les invitaba a echar un trago. los isle&#241;os siempre damos una de cal y otra de arena: no podemos evitarlo. cassady peg&#243; los labios al gollete de la botella y se ahog&#243; porque la risa le lleg&#243; con retraso. casi nos vamos fuera de la carretera. no volcamos gracias a que jack sujet&#243; el volante. neal sin soltar el pedal del acelerador daba fuertes golpes con las manos en el salpicadero debati&#233;ndose entre la tos y la risa con los ojos cerrados sin pensar por un segundo que podr&#237;amos matarnos all&#237; mismo. cuando se repuso kerouac me se&#241;al&#243; con el dedo pulgar e hizo un comentario que volvi&#243; a dejar las cosas en su sitio. &#171;el santo est&#225; p&#225;lido. crey&#243; que se iba al infierno con los dos beatos&#187;. esta vez neal pis&#243; el pedal del freno a fondo y nos fuimos hacia delante y sus carcajadas lo llenaron todo. &#171;&#161;santos y beatos jajajajaja!&#187; aullaba &#171;&#161;saints y beats!&#187;. cuando se calm&#243; un poco yo tambi&#233;n estaba ri&#233;ndome a carcajadas y me atrev&#237; a preguntarles &#171;&#191;saints o beats? &#191;cu&#225;l de las dos profesiones elegimos muchachos? &#171;&#161;beats!&#187; respondieron a coro. est&#225;bamos a doscientos metros del lugar en que se desarroll&#243; la batalla de nueva orleans en 1812. desde la radio se deslizaba el sonido de una trompeta fabricando un laberinto sonoro para cercar las notas beat&#237;feras de un saxo que parec&#237;a morir de amor entre las manos de un genio negro. beat. la palabra m&#225;gica fue inventada en ese lugar y con esa m&#250;sica. soy testigo. alguien deber&#237;a colocar all&#237; una placa con una sola palabra: &lt;em&gt;beat&lt;/em&gt;.&lt;/span&gt;









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    <title>historia ap&#243;crifa del beato Kerouac</title>
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    <body>&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img class="aligncenter" alt="" src="http://lh5.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn6-FqfUt5I/AAAAAAAAA2k/qAF8KTg4Qh4/s400/crisis.jpg"&gt;




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&#201;ste es un relato sobre c&#243;mo puede uno empezar a leer un libro que trata de un jud&#237;o nacido en una isla griega, encontrar despu&#233;s un acumulador de orgones en un patio de Nueva Orle&#225;ns y terminar corriendo detr&#225;s de un alem&#225;n que ten&#237;a m&#225;s de L&#225;zaro que de ciego. S&#237;ganme y ver&#225;n que es cierto lo que les digo.&lt;/strong&gt;





 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;A veces, cuando leo un libro, siento la necesidad de releer, de manera simult&#225;nea, otro ya casi olvidado, bien sea porque me lo evoque alg&#250;n pasaje o por otras razones, a veces misteriosas razones. Lo cierto es que volver a esa segunda obra me potencia el &#8220;sabor&#8221; de la primera, realizando la misma funci&#243;n que un poco de sal sobre un huevo frito o un mojo pic&#243;n en unas papas arrugadas. O un calzo en la pata de una mesa que se tambalea. As&#237; fue como tuve la necesidad de ir a una biblioteca cercana para buscar la novela &lt;em&gt;En el camino&lt;/em&gt;, de Jack Kerouac.
Antes de mi visita a la biblioteca, llevaba un par de d&#237;as entusiasmado con la novela&lt;em&gt; Solal&lt;/em&gt;, de Albert Cohen. Una aut&#233;ntica delikatesse, publicada en la d&#233;cada de 1930, salpicada de sabidur&#237;a, sandeces y ocurrencias. Nada mejor para penetrar en los secretos de la conducta humana que un poco de humor bien administrado por un autor perspicaz que sabe meter la pata en el momento preciso. Si la lectura se realiza durante los rigores del verano, estas cualidades literarias se agradecen a&#250;n m&#225;s. Y yo estaba encantado.




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img class="aligncenter" alt="" src="http://lh5.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn644gF8SlI/AAAAAAAAA2U/Ah2n1hTiwmE/s400/cohen.jpg"&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Albert Cohen (1895-1981) y dos portadas de ediciones francesas de&lt;/em&gt;&lt;em&gt; su &lt;/em&gt;Solal.&lt;/strong&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;





 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Cuando iba por la mitad de la obra, se present&#243; sin avisar la necesidad de buscar&lt;em&gt; sal &lt;/em&gt;para la &lt;em&gt;yem&lt;/em&gt;a. Ya me entienden, un calzo. No es que me aburriera la lectura de &lt;em&gt;Solal&lt;/em&gt;, al contrario; pero necesitaba tener a un viejo conocido al alcance de la mano, un copiloto. Las peripecias de Solal, el protagonista de la novela de Cohen, se mezclaban con mis recuerdos de Sal, el protagonista-narrador en primera persona de &lt;em&gt;En el camino&lt;/em&gt;. Lo cierto es que son pocas las cosas de una historia que recuerdan a la otra, exceptuando que:
a. Ambos relatos son protagonizados por un joven que anda dando tumbos de ac&#225; para all&#225; &#8211;uno en Europa y otro en Am&#233;rica&#8211;;
b. Algunos personajes suelen leer con el libro en las rodillas; y
c. La comida falta de vez en cuando.




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Los cr&#237;ticos hablan de que Solal busca profundas respuestas a preguntas existenciales profundas y achacan al protagonista de En el Camino id&#233;ntico delito. No lo creo. Basta que una obra se haga famosa para alguien comience a pregonar estas mismas majader&#237;as sobre su protagonista: desde El Alonso Quijano de Cervantes hasta la Madame Bovary de Gustave Flaubert, desde el Aureliano Buend&#237;a de Gabriel Garc&#237;a M&#225;rquez hasta el viejo Santiago de Ernest Hemingway. &#161;Qu&#233; man&#237;a trascendentalista!




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;





 













&lt;h2&gt;&lt;strong&gt;HENRY JAMES Y COHEN VS. HENRY MILLER Y KEROUAC&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
 &lt;p style="text-align: justify;"&gt;El empleo del humor s&#237; podr&#237;a ser coincidente, pero las t&#233;cnicas narrativas empleadas envuelven lo c&#243;mico en papeles de regalo diferentes: la psicolog&#237;a de sus personajes es revelada por Kerouac a trav&#233;s de una prosa que batalla de manera vana y espl&#233;ndida contra lo mejor de Ernest Hemingway o fisgonea por los ojos de las cerraduras en las pensiones del Montparnasse golfo de Henry Miller. En cambio, Cohen est&#225; m&#225;s cercano a Henry James cuando se trata de apretar las tuercas narrativas en los malos pensamientos de cualquier personaje.
Lo cierto es que esta lectura conjunta, puede que hasta estereosc&#243;pica, me ha proporcionado buenos ratos, mientras hu&#237;a del calentamiento insular. Me goc&#233; en Cohen, por sus juegos malabares que despliegan la vers&#225;til mentalidad mediterr&#225;nea entre las g&#233;lidas nieblas del protestantismo europeo; en Kerouac, por su implacable demolici&#243;n del embrutecimiento sedentario, usando como arma un nomadismo motorizado y delirante, bendecido con unas gotas de channel existencialista que se convierte en detonador y combustible del sed&#225;n literario que arrastra al lector sin mojigater&#237;as, sin concederle un minuto de tregua.




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img class="aligncenter" alt="" src="http://lh4.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn6rht9rN5I/AAAAAAAAA2A/lZ024l4quqs/s400/Hudson_sedan_1949.jpg"&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Hudson sedan 1949, el mismo modelo que conduce Dean Moriarty en la novela de Kerouac.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;





 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;
&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;




 













&lt;h2 style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;SOLAL, EN EL CAMINO&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
 &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Estoy cayendo en la cuenta de que ser&#237;a conveniente informar de su contenido a quienes no hayan le&#237;do alguna de estas dos obras o refrescar la memoria a los que ya las conozcan.
La novela Solal relata las andanzas y amor&#237;os del chiflado joven Solal, un jud&#237;o nacido en una isla griega a principios del siglo XX o finales del siglo XIX, como el propio Albert Cohen. Una de sus primeras acciones, cuando contaba con s&#243;lo diecis&#233;is a&#241;os, es fugarse de su isla con la esposa del C&#243;nsul franc&#233;s, convertirla en su amante y abandonarla a las veinticuatro horas. A partir de aqu&#237;, su vida se vuelve una ca&#243;tica sucesi&#243;n de aventuras que le conducen a Par&#237;s, a Barcelona, a Londres, a..., Todo ello imbuido y propiciado por la imprevisi&#243;n y la despreocupaci&#243;n total de Solal, perfecto ejemplo de la cigarra frente a la hormiga. A su vera, encontramos a personajes tan amenos como el tunante Comeclavos, su mentiroso t&#237;o Saltiel o el aguador Salom&#243;n, gordo y simple como un cura. Tampoco faltan los esperp&#233;nticos Maussane o Lord Rawdon, altos cargos pol&#237;ticos de Francia y Gran Breta&#241;a, retratados con fina iron&#237;a por Cohen.
La obra principal de Jack Kerouac est&#225; referenciada en Wikipedia, obra digital comunitaria que todo intelectual de val&#237;a debe despreciar, nunca citar y siempre consultar:





 













&lt;p style="padding-left: 60px; text-align: justify;"&gt;&#8220;El libro comienza presentando al impulsor de la mayor&#237;a de las aventuras que tienen lugar a lo largo de la novela, Dean Moriarty, pseud&#243;nimo de Neal Cassady, quien fuera el alocado hipster que se convirti&#243; en h&#233;roe de todos los beats. El narrador es Sal Paradise, &#225;lter ego de Kerouac, fascinado por su ecl&#233;ctico grupo de amigos, por el jazz, por los paisajes de Norteam&#233;rica y por las mujeres. En el primer p&#225;rrafo de la novela se puede leer&lt;em&gt; Con la aparici&#243;n de Dean Moriarty comenz&#243; la parte de mi vida que podr&#237;a llamarse mi vida en la carretera&lt;/em&gt;, en el que Moriarty ya es presentado como el instigador e inspirador de muchos de los viajes de Sal.
La ciudad de Nueva York es el punto de partida de la aventura, donde poco antes de la llegada de Moriarty, Kerouac/Paradise conocer&#237;a a Carlo Marx (sobrenombre de Allen Ginsberg), quien pronto se convertir&#237;a en su mejor amigo en la ciudad. Sal define a Dean como el estafador santo de mente brillante y a Carlo como el estafador po&#233;tico y doloroso de mente oscura. Carlo y Dean hablan de sus experiencias con sus amigos por todo el pa&#237;s y Sal se queda fascinado con ellos y con otros que ir&#225; conociendo m&#225;s tarde en sus viajes.&#8221;




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;





 













&lt;h2&gt;&lt;strong&gt;EL SOL NACIENTE HA SIDO LA RUINA DE MUCHAS POBRES CHICAS&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
 &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Durante el tiempo transcurrido entre las dos veces que he le&#237;do &lt;em&gt;En el camino&lt;/em&gt;, tuve ocasi&#243;n de visitar algunos de los escenarios donde se desarrolla la obra. En realidad, si se viaja a los Estados Unidos, lo dif&#237;cil es no pasar por alguno de esos lugares, porque la novela no deja carretera sin recorrer, entre Nueva York y Luisiana, entre Nueva York y California, entre Nueva York y Texas,&#8230;




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;img alt="" src="http://lh5.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn6wwWONwaI/AAAAAAAAA2M/pNjykyIyfTs/s800/En%20el%20camino.jpg" width="591" height="127"&gt;




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;La primera vez que fui a Nueva Orle&#225;ns, llevaba en la cabeza los vapores de Mark Twain combinados con la id&#237;lica descripci&#243;n de una casa que aparece en la obra de Kerouac. Supongo que tambi&#233;n habr&#237;a alg&#250;n retazo de &lt;em&gt;La casa del Sol Naciente&lt;/em&gt;, en la tard&#237;a versi&#243;n de The Animals, canci&#243;n muy adecuada para acompa&#241;ar a Dean y Sal en alguna de sus correr&#237;as por los alrededores de la calle Canal.





 













&lt;p style="padding-left: 90px; text-align: justify;"&gt;Hab&#237;a una casa all&#225; en Nueva Orle&#225;ns,
la llamaban El Sol Naciente.
Ha sido la ruina de muchas pobres chicas
y yo, oh Dios, soy una.
Mi madre era costurera
ella cosi&#243; estos pantalones vaqueros nuevos
mi amante era un vagabundo, Se&#241;or,
all&#225; en Nueva Orle&#225;ns.
Ahora la &#250;nica cosa que un vagabundo necesita
es una maleta y un ba&#250;l
y el &#250;nico momento en que est&#225; satisfecho
es cuando est&#225; bebido.




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;De modo que esperaba encontrar, en las riberas del r&#237;o Misisipi, una multitud de chicas en jeans, paseando junto a largas hileras de casas pintadas de colorines, a semejanza de las que hay en Cura&#231;ao o las que enga&#241;an a los turistas en el barrio bonaerense de La Boca. Sin embargo, la realidad era muy distinta: resultaba imposible aproximarse al r&#237;o por otro lugar que no fuese el embarcadero donde amarran el Natchez y el resto de los vapores tur&#237;sticos con ruedas de palas: mi primera noche en la ciudad del jazz tuve que pasarla durmiendo sobre una maleta para impedir que me la robaran en una habitaci&#243;n con la puerta forzada centenares de veces: en un hotel de mala muerte, ubicado m&#225;s en el intestino que en el coraz&#243;n del Barrio Franc&#233;s: lejos del Hilton de la calle Canal, lejos de la calle Bourbon, lejos del parque Louis Armstrong y lejos de los pringosos macdonalds junto a las paradas del tranv&#237;a. Aquel hotel era uno de esos sitios donde tanto le encantaba a Norman Mailer situar a Lee Harvey Oswald, el asesino oficial de John Kennedy, el cual siempre he pensado que ten&#237;a, mira qu&#233; casualidad, un sorprendente parecido f&#237;sico con el autor de &lt;em&gt;On the Road.&lt;/em&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img alt="" src="http://lh5.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn2_vD1HX8I/AAAAAAAAA1I/Udu2AO5BdQE/s400/KEROUAC%20Y%20OSWALD.jpg" width="374" height="308"&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Jack Kerouac y Lee Harvey Oswald. &#191;Se parecen f&#237;sicamente?&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Uno de los personajes de &lt;em&gt;En el camino&lt;/em&gt; vive en la orilla opuesta del Misisipi, en direcci&#243;n a Barataria, en una vieja y bella casa, donde hay un acumulador de orgones. En el p&#225;rrafo siguiente, finalic&#233; mi lectura ese d&#237;a. Justificadamente, porque era cerca de la tres de la tarde y me entraron ganas de comer. Fue en ese instante cuando me invadi&#243; una tremenda a&#241;oranza por la comida cay&#250;n de Nueva Orle&#225;ns y, a falta de la sabrosa carne de caim&#225;n, me prepar&#233; un gran gumbo con pollo, tan picante que todav&#237;a lloro de s&#243;lo recordarlo. Despu&#233;s, me sent&#233; a la mesa y con el libro sobre mis rodillas evoqu&#233; el memorable desencuentro que tuve con los acumuladores de orgones de la mano de un ciego que val&#237;a su peso en oro alem&#225;n.




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;





 













&lt;h2&gt;&lt;strong&gt;EL CIEGO EN EL CUATRO LATAS&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
 &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Sucedi&#243; en Alemania, en el a&#241;o 1984. Iba con una amiga desde Bremen hasta Berl&#237;n. Ten&#237;amos coche, pero si encontr&#225;bamos gente que quisiera viajar con nosotros, la gasolina nos saldr&#237;a gratis. El mismo Kerouac hab&#237;a utilizado este m&#233;todo unos treinta a&#241;os antes. Por medio de una agencia de auto-stop, aparecieron dos personas: una estudiante que iba a pasar el fin de semana corri&#233;ndose una juerga en los subvencionados territorios que encerraba el Muro y un ciego joven, rubio y sonriente.
Llegado el d&#237;a, recogimos a ambos. Siento no recordar demasiado de la chica. Del invidente s&#237;: iba vestido con un elegante traje blanco, unas gafas negras y un bast&#243;n que mov&#237;a incesantemente, aunque no estuviera caminando. En realidad, el bast&#243;n parec&#237;a vestirlo m&#225;s que la chaqueta. Mi amiga y yo entendimos que se dirig&#237;a a Berl&#237;n para recoger un &#243;rgano que le hab&#237;an fabricado. Le pregunt&#233; si pretend&#237;a traer el &#243;rgano en el coche, un peque&#241;o Renault 4 latas. Respondi&#243; que s&#237;. Las medidas era, aproximadamente &#233;stas: 1,50 m x 1,00 m x 1,30 m. A m&#237; me parec&#237;a mucho bulto para tan poco coche, pero como el veh&#237;culo no era m&#237;o, opt&#233; por cerrar el pico.
Por su parte, el ciego no daba pie con bola. Durante el viaje, cada vez que nos deten&#237;amos, el hombre se iba golpeando en todos los postes, mesas, sillas, puertas, ni&#241;os y ventanas que hubiera a su paso. A veces, no parec&#237;a sino que se desviaba de su camino para ir a tropezar con algo. Nos ten&#237;a el coraz&#243;n encogido.




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img class="aligncenter" alt="" src="http://lh3.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn6zMkcGshI/AAAAAAAAA2Q/nv1MJXk8HyM/s400/4l.jpg" width="338" height="225"&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Yo me preguntaba c&#243;mo cargar&#237;amos el &#243;rgano en el 4 Latas...&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;





 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Adem&#225;s, como nunca encontraba su cartera, me vi en la obligaci&#243;n de pagar sus comidas y bebidas con mi dinero. No com&#237;a poco el caballero, pero yo no quer&#237;a ser desconsiderado con una persona tan desvalida como parec&#237;a aquel presunto Jos&#233; Feliciano criado en la nieve. Qui&#233;n sabe si alg&#250;n d&#237;a me dedicar&#237;a una canci&#243;n, rememorando un h&#250;medo viaje en que no dej&#243; de llover ni un solo minuto. Incluso, tuve la delicadeza de ponerle una moneda cuando se detuvo a jugar a las m&#225;quinas tragaperras en una zona de descanso. Siempre fui muy atento&#8230;
Llegamos a Berl&#237;n sin que parase de llover. Dejamos a los pasajeros en sus respectivos destinos y nosotros fuimos a un apartamento en el elegante barrio de Kreutzberg. Afortunadamente, cuando llegamos todav&#237;a no hab&#237;an derribado aquel edificio en ruinas y pudimos pasar all&#237; dos noches sin mojarnos.




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;





 













&lt;h2&gt;&lt;strong&gt;UN ACUMULADOR DE ORGONES Y UN MILAGRO&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
 &lt;p style="text-align: justify;"&gt;El domingo por la tarde, nos dirigimos a recoger al ciego en una direcci&#243;n de Charlottenburg. Pese a que la lluvia era d&#233;bil, no hab&#237;a cesado de caer agua. Aparcamos en Kastanienallee, aunque m&#225;s propio ser&#237;a decir que atracamos. All&#237; estaba el hombre de las gafas negras y el vestido blanco, sonriendo beat&#237;ficamente debajo de un inmenso paraguas. Su traje continuaba inmaculado, pese a la que estaba cayendo.




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img class="aligncenter" alt="" src="http://lh4.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn67dBSF9MI/AAAAAAAAA2Y/BT_mUIeHbbU/s800/kastanienallee.jpg"&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Kastanienallee, una avenida de Charlottenburg, un barrio se&#241;orial de Berl&#237;n.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;





 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Nos hizo se&#241;as de que entr&#225;ramos en un portal. No hab&#237;a ascensor. Comenzamos a subir escaleras. Los pisos de esta zona berlinesa poseen una altura considerable. En la cuarta planta, ten&#237;amos que recoger el encargo. Lo que yo me pregunta era: &#191;C&#243;mo rayos vamos a bajar el &#243;rgano por estas escaleras, sabiendo de antemano que el muchacho no va a ser de gran ayuda?
&#8211;&#191;No pesar&#225; demasiado? &#8211;le pregunt&#233;.
&#8211;No hay problema, lo llevaremos desarmado.
&#8211;&#191;Desarmado? &#191;C&#243;mo vas a desarmar un &#243;rgano?
&#8211;&#191;Un &#243;rgano? &#8211;se asombr&#243; mi ciego&#8211; &#191;Qu&#233; &#243;rgano?
&#8211;&#191;No es un &#243;rgano? &#191;Entonces, qu&#233; es, una guitarra?
&#8211;Es un org&#243;n.
&#8211;&#191;Un org&#243;n?
&#8211;Una m&#225;quina acumuladora de orgones.
&#8211;&#191;Como las de Wilhem Reich?
&#8211;Una de esas, pero modernizada y mucho m&#225;s potente.
Pens&#233; que quiz&#225;s el pobre muchacho ten&#237;a esperanzas de recuperar la vista meti&#233;ndose dentro del acumulador. No quer&#237;a ser descort&#233;s, pero mov&#237; la cabeza y exager&#233; la cara de asombro, sin poder evitarlo. Al fin y al cabo, no podr&#237;a verme.
&#8211;Bueno &#8211;coment&#233; en un tono que debi&#243; sonar muy falso, sin poder sospechar que estaba pronunciando la profec&#237;a de un milagro&#8211;, supongo que con ese aparato uno se cura de cualquier cosa.
Tocamos en la puerta durante diez minutos. No se abri&#243;. Esperamos casi una hora m&#225;s en el rellano, pero tampoco apareci&#243; nadie por all&#237;.





 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img class="aligncenter" alt="" src="http://lh3.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn2_LE3JHfI/AAAAAAAAA0s/-nBa7IGZSic/s800/ACUMULADOR.jpg"&gt;
&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Wilhem Reich sentado en su acumulador de orgones.
&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;





 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;El ciego se lamentaba. Nosotros trat&#225;bamos de consolarlo. Finalmente, lo convencimos para regresar a Bremen. La chica hab&#237;a llamado por la ma&#241;ana, diciendo que el resac&#243;n le aconsejaba no moverse durante unos d&#237;as de Berl&#237;n.
El viaje de vuelta fue igual que el de ida, con el a&#241;adido de algunos ignorantes comentarios sobre Reich, el m&#225;s pintoresco psicoanalista alem&#225;n: impresionante ejemplo de c&#243;mo una persona inteligente y cuerda puede convertirse en un chivo loco si se le ocurre llevar las teor&#237;as psicol&#243;gicas a sus &#250;ltimas consecuencias.
Nos acerc&#225;bamos a nuestro destino. Segu&#237;a lloviendo. Yo pensaba que aquel viaje era para no olvidarlo. Pero todav&#237;a me esperaba la sorpresa m&#225;s grande.
Decidi&#243; apearse mi ciego en la estaci&#243;n de ferrocarril de un pueblo cercano a Bremen. Como su tren partir&#237;a desde el otro lado del and&#233;n, yo tambi&#233;n abandon&#233; el coche para ayudarle a bajar las escaleras del paso subterr&#225;neo. Justo cuando empez&#225;bamos a descender, los altavoces anunciaron la salida de su tren.
El ciego empez&#243; a correr como un loco. Bajaba los escalones de tres en tres. Pronto, me dej&#243; atr&#225;s. Pens&#233; que se matar&#237;a. Cuando sub&#237;a las otras escaleras, se le cay&#243; la bufanda y, antes de que yo llegara, el tipo dio media vuela, se quit&#243; las gafas, se fue hacia la bufanda sin titubear, la recogi&#243; del suelo y sali&#243; disparado escaleras arriba.
Yo me qued&#233; all&#237;, helado, parado durante varios minutos en mitad del subterr&#225;neo, sinti&#233;ndome el mayor pendejo del mundo, sin saber qu&#233; pensar ni poder entender las razones que tiene una persona para hacerse el ciego durante d&#237;as.




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;img class="aligncenter" alt="" src="http://lh3.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/SoDAJe95YKI/AAAAAAAAA3c/CfpP9UnHP-8/s400/TheManintheWhiteSuit-EalingStudios.jpg"&gt;




 













&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El ciego empez&#243; a correr como un loco. Bajaba los escalones de tres en tres. &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;





 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Regres&#233; por fin al coche y all&#237; entend&#237; el enigma: adem&#225;s de comer y beber a mi costa, tambi&#233;n se ahorr&#243; el precio del viaje porque mi amiga tampoco le hab&#237;a cobrado su parte para la gasolina: le hab&#237;a dado pena recoger el dinero de la escasa pensi&#243;n de un pobre muchacho invidente. &#161;Bastante ten&#237;a con vivir en la oscuridad, el pobrecito! Probablemente, el fabricante de orgones tuvo que olerse algo parecido y puso pies en polvorosa.
De sobra s&#233; que Reich no es culpable de este enga&#241;o, sin embargo nunca m&#225;s su obra, incluyendo su vistoso an&#225;lisis de los caracteres, ha gozado de mis enteras simpat&#237;as.
Lo que me resucit&#243; todos estos extravagantes recuerdos fueron los siguientes p&#225;rrafos del s&#233;ptimo cap&#237;tulo de &lt;em&gt;En el camino:&lt;/em&gt;





 













&lt;p style="padding-left: 60px; text-align: justify;"&gt;&#8220;De pronto se sinti&#243; cansado y entr&#243; en la casa desapareciendo en el cuarto de ba&#241;o para su fije antes de la comida. Volvi&#243; con los ojos vidriosos y muy tranquilo, y se sent&#243; bajo la l&#225;mpara encendida. La luz del sol se colaba d&#233;bilmente por las rendijas de la persiana.
&#8211;O&#237;dme, &#191;por qu&#233; no prob&#225;is mi acumulador de orgones? Dar&#225; sustancia a vuestros huesos. Cuando salgo de &#233;l siempre corro al coche y me lanzo a ciento cincuenta por hora a la casa de putas m&#225;s cercana. &#161;Jo, jo, jo! &#8211;Era su risa de cuando no se re&#237;a de verdad.
El acumulador de orgones es una caja normal y corriente lo bastante grande como para que un hombre se siente en una silla dentro de ella: una capa de madera, una capa de metal, y otra capa de madera recogen los orgones de la atm&#243;sfera y los mantienen cautivos el tiempo suficiente para que el cuerpo humano absorba m&#225;s de la dosis usual. Seg&#250;n Reich, los orgones son &#225;tomos vibratorios de la atm&#243;sfera que contienen el principio vital. La gente tiene c&#225;ncer porque se queda sin orgones. Bull pensaba que su acumulador de orgones mejorar&#237;a si la madera utilizada era lo m&#225;s org&#225;nica posible, as&#237; que ataba hojas y ramitas de los matorrales del delta a su m&#237;stica caja. Estaba all&#237;, en el caluroso y desnudo patio: era una absurda m&#225;quina disparatada cubierta de hojas y de mecanismos de mani&#225;tico. Bull se desnud&#243; y se meti&#243; en ella, sent&#225;ndose a contemplar el ombligo.&#8221;*





 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Si no fuera tan mal pensado, yo deber&#237;a haberme preguntado si mi ciego recobr&#243; la vista debido a alguna misteriosa conjunci&#243;n entre el cuatro latas y la misteriosa m&#225;quina que le hab&#237;a construido y sustra&#237;do el i&lt;em&gt;ngeniero&lt;/em&gt; berlin&#233;s. Tal vez influyera la humedad, qui&#233;n sabe.
Y si no fuera tan bien pensado, yo deber&#237;a creer que al traductor de esta edici&#243;n espa&#241;ola de 




 













&lt;p style="text-align: justify;"&gt;





 













&lt;h2&gt;&lt;strong&gt;POSTDATA&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
 &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;img class="alignleft" alt="" src="http://lh3.ggpht.com/_y7p5ps8SYe8/Sn8WnfXeYdI/AAAAAAAAA3A/EDnZ8zHK0Dg/s800/kerouac100.jpg" width="108" height="164"&gt;





 


 



&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;On the Road &lt;/em&gt;se tradujo al espa&#241;ol dos a&#241;os despu&#233;s de su publicaci&#243;n en los Estados Unidos, con el t&#237;tulo de &lt;em&gt;En el camino&lt;/em&gt;. La primera edici&#243;n espa&#241;ola se hizo en Argentina, en 1959. En Alemania se titul&#243; &lt;em&gt;Unterwegs&lt;/em&gt; y en Holanda, &lt;em&gt;Op Weg&lt;/em&gt;. Otras traducciones de sus t&#237;tulo son &lt;em&gt;Sur la route&lt;/em&gt;, en franc&#233;s; &lt;em&gt;Sulla strada&lt;/em&gt;, en italiano; &lt;em&gt;Pela estrada fora&lt;/em&gt;, en portugu&#233;s; &lt;em&gt;A la carretera&lt;/em&gt;, en catal&#225;n; etc.
En 1975, apareci&#243; en Espa&#241;a una versi&#243;n en c&#243;mic llamada &lt;em&gt;En la carretera&lt;/em&gt;, editada por Star Books.
En este mismo a&#241;o (2009), Anagrama ha publicado bajo el t&#237;tulo &lt;em&gt;En la carretera. El rollo mecanografiado original&lt;/em&gt; la traducci&#243;n de&lt;em&gt; On the road. The original scroll&lt;/em&gt;, editada por la editorial Viking a partir del manuscrito original de Kerouac, con los nombres reales de los personajes que intervienen en los viajes descritos, sin las censuras que se hab&#237;an practicado en algunas escenas homosexuales o en la suprimida escena del mono sodomita. Igualmente, esta edici&#243;n pseudofacsimilar parece que respeta la puntuaci&#243;n original del autor, que no ten&#237;a puntos-aparte ni demasiadas comas. Todav&#237;a no he recorrido este libro que merece, al menos, una lectura cuidadosa.
Como se aprecia en la foto, Kerouac escribi&#243; su novela en un largo rollo de papel, en alusi&#243;n a la Ruta 66. Lo hizo en s&#243;lo tres semanas, con la &#250;nica ayuda de una vieja m&#225;quina de escribir Underwood, una cafetera y la calidez de su segunda esposa.





&lt;p style="text-align: justify;"&gt;________________________________




&lt;p style="text-align: justify;"&gt;* Kerouac, Jack: &lt;em&gt;En el camino&lt;/em&gt;. RBA. Barcelona. 1995 (original: 1955 y 1957). P&#225;gina 175.

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    <title>LA MARAVILLOSA M&#193;QUINA DEL CIEGO SOLAL o unos comentarios ocasionales sobre una lectura bifocal de Jack Kerouac y Albert Cohen</title>
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    <body>&lt;img class="imgizqda" src="http://www.latiendadelmago.com/mitosyleyendas/wp-content/uploads/2009/05/piedraorlena.jpg" id="img_0" width="306" height="195"&gt;Desde hace alg&#250;n tiempo se ven&#237;a repitiendo la historia de unas piedras aparecidas en la ciudad de Orleans.

Se trataban de cantos rodados blancos con una enigmatica inscripci&#243;n en negro, tal y como se aprecia en la fotograf&#237;a.

La curiosidad iba creciendo y nadie era capaz de encontrar una explicaci&#243;n l&#243;gica a esas "apariciones" hasta que hace poco se recibi&#243; una e-mail en la redacci&#243;n de un &lt;a href="http://www.wickedlocal.com/orleans/news/x126897414/Mystery-stone-painter-comes-forward" title="http://www.wickedlocal.com/orleans/news/x126897414/Mystery-stone-painter-comes-forward" id="link_0"&gt;diario local&lt;/a&gt;  en el cual lo explica todo:

La dos R separadas por tres barras significan "RECUERDA", y los s&#237;mbolos IXI equivalen a IX, nueve, y a XI, once, ambos en n&#250;meros romanos. Por lo que quiere decir "RECUERDA EL 9 - 11"

&lt;em&gt;(En Estados Unidos se suele poner el mes delante del d&#237;a a la hora de escribir una fecha, de ah&#237; que ponga 9-11 en lugar del 11-9)&lt;/em&gt;

El autor del email dice sentirse por la situaci&#243;n y por la perdida de los objetivos que les llevaron a Afganistan y la ineficacia en la captura de Bin Ladem.



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    <title>El misterio de las piedras de Orleans</title>
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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/cardenoli/Neworleans.jpg"&gt;Broadway, Beale y Bourbon o lo que viene siendo Nashville, Memphis y Nueva Orle&#225;ns, en el sur de los EEUU son la cuna de la m&#250;sica americana, un viaje a las entra&#241;as de sus ciudades nos muestra sus secretos, su historia y la leyenda de cada uno de los g&#233;neros musicales que acoge. Bienvenidos a la cuna del folk, del blues, del rock y del jazz, donde todo empez&#243; y nunca se acaba. 

El nacimiento de la m&#250;sica americana se asienta en la cuenca del r&#237;o Mississippi, desde los campos de algod&#243;n, que entre esclavos dio lugar a la aparici&#243;n del blues y el soul, al delta del r&#237;o donde el asentamiento franc&#233;s de Nueva Orle&#225;ns propici&#243; la aparici&#243;n del refinado jazz. Alej&#225;ndonos del Mississippi hac&#237;a el caudaloso r&#237;o Cumberland nos encontramos con Nashville, padre del folk y el country y lugar de peregrinaci&#243;n musical para todo el que fue o quiso ser algo en esto de la m&#250;sica. 

Nashville, en el estado de Tennessee, con un censo cercano a los seiscientos mil habitantes, es nuestra primera parada. Seg&#250;n entras en la ciudad, conocida en el pa&#237;s como la Music City, sientes que la m&#250;sica forma parte de la cultura de este peculiar lugar sure&#241;o. A pesar de ser la capital del estado, Nashville se presenta como una ciudad abarcable a pie y con una estructura bien diferente a la de las ciudades europeas. Broadway Avenue, en el distrito financiero es la arteria principal de esta ciudad de vaqueros y rascacielos y la calle con mayor n&#250;mero de bares e iglesias del sur de los EEUU. 
La entrada a todos los locales es gratuita y las bandas que act&#250;an en cualquier rinc&#243;n, lo hacen en pases de cuatro horas y &#250;nicamente a cuenta de las propinas de los parroquianos, que cada cinco temas se encuentran con un sombrero que llenar de billetes. En Broadway se escuchan versiones de Johnny Cash, Willy Nelson, Kriss Kristofferson o Chet Atkins, todos ellos veneradas estrellas country, que en alg&#250;n momento de su vida dejaron todo y vinieron a la Music City de Am&#233;rica. 

Para llenarte de la historia de esta ciudad vale uno de sus cientos de bares o una buena conversaci&#243;n con cualquiera de los afables habitantes de Nashville. Para quien quiera ir m&#225;s all&#225; debe visitar el Country Music Hall of Fame and Museum. Por unos 20&#8364; de entrada, el tour incluye una visita al m&#237;tico Estudio B, donde Elvis Presley grab&#243; el 75% de las canciones de su carrera sobre un viejo piano que a&#250;n se conserva intacto. El barrio de los estudios de grabaci&#243;n contiene parte de la historia musical de este pa&#237;s. 

De vuelta al museo, abarcable en dos horas de visita, te encuentras un paseo desde los inicios del g&#233;nero hasta los d&#237;as de hoy, pasando por trajes, instrumentos, videos, canciones, coches de &#233;pocas, fotograf&#237;as y una exposici&#243;n permanente sobre el fallecido Ray Charles, que incluye cartas, manuscritos, conciertos, su colecci&#243;n de gafas o incluso ediciones especiales en braille de "Reader Digest" o el "Playboy". 

&lt;STRONG&gt;La cuna vendida del blues&lt;/STRONG&gt;
A unos 350km oeste de Broadway Avenue por la carretera 40West llegas a Beale Street en Memphis, la cuna del Blues y emplazamiento del motel donde el Doctor Martin Luther King fue asesinado el 4 de abril de 1968, hoy en d&#237;a ese edificio acoge el Museo de la Lucha por los Derechos Civiles. 

Beale Street, famosa mundialmente para los amantes del blues y ensalzada por Richard Pearce en el documental The Road to Memphis, es un claro ejemplo de la comercializaci&#243;n por parte de los blancos de un producto de ra&#237;ces negras. Hoy en d&#237;a el ambiente de sus treinta locales queda reducido a las noches de los viernes y los s&#225;bados, con un cierre que var&#237;a seg&#250;n el bar entre la una y las dos de la madrugada. Los fines de semana la calle se corta al tr&#225;fico, los callejones y parques se llenan de m&#250;sicos, los locales de ruido y transito, tanto de turistas como de lugare&#241;os y s&#243;lo se oye blues. 

Memphis, famosa por distintas razones es tambi&#233;n un importante punto en la lucha por los derechos civiles, no en balde desde este lugar se produjo la primera emisi&#243;n de un programa de radio realizado por y para negros, cuna de primeros sellos discogr&#225;ficos donde gentes de ambos colores trabajaron al margen de los prejuicios de la &#233;poca. Lucha que queda magn&#237;ficamente expuesta en el Rock and Soul Museum, donde se muestra el vital papel de la m&#250;sica en esa conquista de la libertad y la igualdad. 

El Nueva Orle&#225;ns espa&#241;ol
Cumplida la experiencia de habitar Memphis por unos d&#237;as toca coger la autopista 10South. Unos 600km despu&#233;s nos encontramos con Nueva Orle&#225;ns. La ciudad fue fundada como colonia francesa en 1699, habit&#225;ndola con prostitutas, ladrones y vagabundos franceses. La colonia pas&#243; a ser de dominio espa&#241;ol por un pacto secreto del tratado de Fontainebleu en 1762, y se mantuvo durante cuarenta y un a&#241;os bajo los gobiernos de Don Antonio de Ulloa y el irland&#233;s al servicio de Castilla, General O&#180;Reilly. Cuando Espa&#241;a devolvi&#243; el control de Nueva Orle&#225;ns con cierta influencia arquitect&#243;nica, los franceses la mantuvieron hasta mediados de siglo XIX, dejando al marcharse un m&#225;s que notable afrancesamiento tanto en la poblaci&#243;n, sus h&#225;bitos como en la forma y esencia de la ciudad. 

En el barrio franc&#233;s, encontramos Bourbon Street, la esencia musical y espiritual de esta ciudad. All&#237; la m&#250;sica de los bares retumba en las hermosas casas mezclando sonidos y armon&#237;as con el bullicio de la gente que atesta la calle sin importar el d&#237;a de la semana o la hora de la madrugada. Los antiguos burdeles, hoy transformados en stripclubs, se alternan con restaurantes y locales de jazz y blues. No es dif&#237;cil encontrar m&#250;sicos callejeros, ni turistas de los m&#225;s remotos confines del mundo. 

Hacia el final de la calle se encuentran uno de los emblemas musicales de la ciudad, La Maison Bourbon mantiene una veterana plantilla de m&#250;sicos que se dedican a la preservaci&#243;n del jazz con m&#237;ticas actuaciones que congregan a decenas de personas en la puerta del diminuto local. 

Estas tres calles, Broadway, Beale y Bourbon, han cambiado, han perdido algo de la pureza y el alo de sus mejores d&#237;as, pero siguen representando la esencia de la m&#250;sica americana, de la forma de ser sure&#241;a y su transmisi&#243;n musical. Son testigos en la lucha por la igualdad entre blancos y negros, del nacimiento del rock y del auge y consagraci&#243;n del country. Son las ra&#237;ces de la evoluci&#243;n de la m&#250;sica del siglo XX y estar all&#237;, pasearse por esas ciudades es ser participe de su inabarcable leyenda. 



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    <title>Homenaje a la m&#250;sica, Nashville, Memphis y New Orleans</title>
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