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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_4 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/286637_Tatuajemalayofir.JPG"&gt;

Desde &lt;STRONG&gt;Kapit&lt;/STRONG&gt; en &lt;STRONG&gt;Borneo&lt;/STRONG&gt;, cogimos una canoa por el r&#237;o &lt;STRONG&gt;Batang Rejang&lt;/STRONG&gt;. Nuestro barquero se llamaba Aki y ten&#237;a setenta a&#241;os. Era &#225;gil, peque&#241;o, delgado y fibroso. Pertenec&#237;a a la minor&#237;a &#233;tnica de los &lt;STRONG&gt;Iban&lt;/STRONG&gt;. Luego nos metimos por el afluente &lt;STRONG&gt;Batang Balleh&lt;/STRONG&gt;. En las orillas ve&#237;amos dos paredes impenetrables de vegetaci&#243;n. Ramas y hojas formaban una b&#243;veda por encima de nuestras cabezas. 

 
A las dos horas llegamos a la "&lt;EM&gt;longhouse&lt;/EM&gt;" en la que dormir&#237;amos. Las llamadas "&lt;EM&gt;longhouses&lt;/EM&gt;" eran &lt;STRONG&gt;casas comunales&lt;/STRONG&gt;, donde viv&#237;an varias familias. Eran palafitos como los otros pero alargados. En Myanmar tambi&#233;n hab&#237;amos visto otras casas comunales.
Los hombres de la aldea ten&#237;an tatuajes por todo el cuerpo, en brazos, piernas y espalda, con flores y p&#225;jaros. Hasta en el la parte delantera del cuello, adornando la nuez. En todos los pueblos los tatuajes han tenido motivaciones est&#233;ticas, de diferenciaci&#243;n o se&#241;al de identidad y la voluntad de perdurar en el tiempo.

 
 

&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Tatuajemalayo300fir.jpg"&gt;

&lt;IMG class=imgcen id=img_3 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Tatuajemalayo3fir.JPG"&gt;

De aquellos d&#237;as en las &lt;STRONG&gt;selvas de Malaysia &lt;/STRONG&gt;recordamos los sonidos de la jungla, los gruesos troncos de &#225;rboles centenarios, las ra&#237;ces entrelazadas, las alfombras de hojas ca&#237;das, la mara&#241;a de lianas, los insectos, las zonas pantanosas, los rostros y tatuajes de los hombres Iban...y muchas cosas m&#225;s.

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;&lt;/FONT&gt;



&lt;IMG class=imgcen id=img_5 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Tatuajemalayo1fir.JPG"&gt;

&#169; Copyright 2009 Nuria Millet Gallego







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    <nicetitle>los-tatuajes-malayos</nicetitle>
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    <title>LOS TATUAJES MALAYOS</title>
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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/226915_Laosredfir.JPG"&gt;

La aldea estaba a &lt;STRONG&gt;orillas del Mekong&lt;/STRONG&gt;, llegamos hasta all&#237; en canoa desde &lt;STRONG&gt;Luan Phabang&lt;/STRONG&gt;. Estaba formada por unos cuantos &lt;EM&gt;palafitos&lt;/EM&gt;, las casas elevadas sobre pilotes de madera, t&#237;picas de todo el sudeste asi&#225;tico. La altura les proteg&#237;a de la humedad, de las crecidas y de los bichos y animales. 

La gran tinaja estaba en el centro del pueblo. Cuando preguntamos a los ni&#241;os, nos dijeron que serv&#237;a para recoger el agua de lluvia. Todos aquellos pueblos carec&#237;an de sistemas de canalizaci&#243;n de agua potable y de cloacas. Lo que sobraba iba a parar al r&#237;o, que todo lo arrastra. Tengo un amigo ingeniero que ha trabajado muchos a&#241;os en ONGs y siempre comenta que el sistema de canalizaci&#243;n de residuos y el del agua es lo m&#225;s importante de cualquier poblaci&#243;n. Construirlos es construir el futuro. Son &lt;STRONG&gt;las arterias de la vida.&lt;/STRONG&gt; 


&lt;STRONG&gt;Laos&lt;/STRONG&gt; ocupa un territorio tan grande como &lt;STRONG&gt;la mitad de Espa&#241;a&lt;/STRONG&gt;, pero su poblaci&#243;n es comparable con la de la ciudad de Barcelona. Sin salida al mar y rodeado por cinco fronteras, con Myanmar, China, Vietnam, Camboya y Thailandia, el r&#237;o Mekong ha sido desde siempre una v&#237;a de comunicaci&#243;n importante, y fuente de vida.

En la aldea elaboraban el &lt;STRONG&gt;licor de arroz&lt;/STRONG&gt;, nos ense&#241;aron otras tinajas de barro en las que fermentaba el arroz. Probamos el licor, que ten&#237;a un punto dulz&#243;n. Despertamos una expectaci&#243;n enorme en el pueblo, sobre todo entre los ni&#241;os, que nos rodearon enseguida. Nos ba&#241;amos con ellos, junto a un peque&#241;o entarimado, jugando a salpicarnos, les ense&#241;amos canciones que ellos coreaban en voz bajita, o entre risas y gritos. Repet&#237;an todos los sonidos y palabras que dec&#237;amos, aunque no las entendieran. Los bueyes saciaban su sed en las aguas fangosas, y alg&#250;n pescador lanzaba sus redes que se desplegaban en el aire por unos instantes. Y as&#237;, entre canciones, ni&#241;os, bueyes, pescadores, y sin sentir el tiempo, contemplamos la puesta de sol en aquella aldea laosiana. 


&#169; Copyright 2008 Nuria Millet Gallego








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    <nicetitle>una-aldea-laos</nicetitle>
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    <title>UNA ALDEA DE LAOS</title>
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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/CoralesA-B.jpg"&gt;

Nuestro viaje fue a Guatemala, y decidimos acercarnos unos d&#237;as a &lt;STRONG&gt;Belize&lt;/STRONG&gt;. Seg&#250;n hab&#237;amos le&#237;do Belize era un pa&#237;s peque&#241;o y encantador, con democracia y que nunca hab&#237;a sufrido un golpe de estado. No ten&#237;a ej&#233;rcito; s&#243;lo un peque&#241;o cuerpo de fuerzas de defensa. La &#250;nica pega era que era m&#225;s caro que &lt;STRONG&gt;Guate&lt;/STRONG&gt;.

Desde Flores, en Guatemala, cruzamos la frontera en bus. Atravesamos la capital &lt;STRONG&gt;Belmopan&lt;/STRONG&gt;, de casas de colores de dos plantas, y seguimos hasta Belize City. Tardamos cinco horas en llegar. Desde all&#237; una lancha nos llev&#243; hasta Cayo Caulker en unos cuarenta y cinco minutos.
El pueblo de &lt;STRONG&gt;Cayo Caulker &lt;/STRONG&gt;estaba formado b&#225;sicamente por dos calles paralelas. Eran calles de arena, sin pavimentar, y los &#250;nicos veh&#237;culos eran bicicletas y buggies el&#233;ctricos y silenciosos. Algunos hablaban &lt;STRONG&gt;castellano con acento cubano&lt;/STRONG&gt;. Hab&#237;a una comunidad de poblaci&#243;n negra con &lt;STRONG&gt;rastas&lt;/STRONG&gt;, con su estilo inconfundible, con gorros coloridos abultados por las trenzas.

Los &lt;STRONG&gt;Cayos&lt;/STRONG&gt; son islas dentro de la barrera del arrecife. Cuando llegamos desde la playa se ve&#237;an a lo lejos las crestas de espuma blanca y se o&#237;a el rugido de las olas. El color del &lt;STRONG&gt;Mar Caribe &lt;/STRONG&gt;alternaba franjas verdes y azul turquesa. Toda la l&#237;nea de playa ten&#237;a embarcaderos con pasarelas sobre postes de madera, que se adentraban en el mar, ya que la marea bajaba mucho. Nos alojamos en unas &lt;STRONG&gt;caba&#241;as-palafitos &lt;/STRONG&gt;pintadas de color lila. Nos dimos una merecida ducha y salimos a explorar el Cayo. En la primera l&#237;nea de la costa hab&#237;a construido demasiado para nuestro gusto. Fue curioso encontrar tambi&#233;n en primera l&#237;nea un &lt;STRONG&gt;cementerio&lt;/STRONG&gt;. Deb&#237;a ser el cementerio con mejores vistas. La mejor zona para ba&#241;arse estaba a la derecha del muelle. All&#237; nos remojamos.

Contratamos una excursi&#243;n para hacer &lt;STRONG&gt;snorkelling&lt;/STRONG&gt;, con Carlos y Oswaldo, un chileno de larga melena como gu&#237;as. Hicimos dos inmersiones en lugares diferentes y comimos en &lt;STRONG&gt;Cayo San Pedro&lt;/STRONG&gt;. Carlos se sumergi&#243; con nosotros con traje de neopreno y una vara larga que utilizaba para hacer salir a los peces de sus escondites. Vimos una &lt;STRONG&gt;morena&lt;/STRONG&gt;, alargada y sinuosa como una serpiente, de un color verde oscuro. Las rayas, de cuerpo plano y cola afilada, iban en parejas. Eran de color gris oscuro, aunque tuvimos la suerte de ver una &lt;STRONG&gt;raya &#225;guila&lt;/STRONG&gt;, un poco m&#225;s ancha y con manchas en su piel. En la primera inmersi&#243;n encontramos una gran &lt;STRONG&gt;tortuga &lt;/STRONG&gt;marina a pocos metros de nosotros. Flotaba ligera en el agua, moviendo la cabeza y las patas. Ten&#237;a un bonito caparaz&#243;n. 

&lt;IMG class=imgcen id=img_2 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/bel.jpg"&gt;

Adem&#225;s vimos &lt;STRONG&gt;an&#233;monas de mar&lt;/STRONG&gt;, corales con surcos como laberintos, &lt;STRONG&gt;corales ramificados &lt;/STRONG&gt;como uno de color lila que llaman &#8220;abanico real&#8221;, y tubulares con forma de dedos que se mov&#237;an con la corriente. Hubo un momento en que est&#225;bamos rodeados de &lt;STRONG&gt;grandes peces&lt;/STRONG&gt;, que se cruzaban entre nuestras piernas. Vimos peces amarillos, rayados, azul el&#233;ctrico, peces trompetas, alargados y con la forma de la boca que realmente recordaba a ese instrumento. Un peque&#241;o &lt;STRONG&gt;tibur&#243;n&lt;/STRONG&gt; con las aletas dorsales pas&#243; cerca y se perdi&#243; en el l&#237;mite del abismo de la &lt;STRONG&gt;barrera de coral&lt;/STRONG&gt;. &#205;bamos nadando bordeando el l&#237;mite de ese abismo, envueltos en ese silencio acu&#225;tico que nos impresionaba.

&lt;IMG class=imgcen id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/bel2.jpg"&gt;

Como despedida cenamos en &#8220;Los Habaneros&#8221; en un porche a la luz de un quinqu&#233;. Pescado al grill con acompa&#241;amiento de fr&#237;joles, y pur&#233; de papas con ajito. Riqu&#237;simo. El cielo estaba repleto de &lt;STRONG&gt;estrellas &lt;/STRONG&gt;que se distingu&#237;an con una nitidez especial. Reconocimos a &lt;STRONG&gt;Ori&#243;n&lt;/STRONG&gt;.

Al d&#237;a siguiente volvimos en lancha a Belice City, y all&#237; cogimos un bus a &lt;STRONG&gt;Punta Gorda&lt;/STRONG&gt;, en el extremo sur, para cruzar de nuevo a Guatemala. Tardamos unas nueve horas en hacer el trayecto. La inmersi&#243;n en los cayos nos hab&#237;a dejado un recuerdo inolvidable. Pero el viaje segu&#237;a...

&#169; Copyright 2008 Nuria Millet Gallego</body>
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    <title>LOS CAYOS DE BELICE</title>
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    <body>&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Ni&#241;osfilipinas.jpg' id='img_0' class='imgcen'/&gt;
Aunque los espa&#241;oles disfrutaron de las maravillas de &lt;strong&gt;Filipinas&lt;/strong&gt; durante &lt;strong&gt;cuatro&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;siglos de colonialismo&lt;/strong&gt;, no es un destino tur&#237;stico habitual. Este archipi&#233;lago conserva toda la magia de Asia y ofrece paisajes muy variados: junglas boscosas habitadas por minor&#237;as &#233;tnicas, cinturones coralinos donde hacer submarinismo, cataratas y parques nacionales, y &lt;strong&gt;treinta y siete volcanes&lt;/strong&gt;; la &#250;ltima erupci&#243;n de uno de ellos fue en 1988.

El transporte m&#225;s popular es el &lt;em&gt;jeepney&lt;/em&gt;. Son peque&#241;as furgonetas pintadas de colores y adornadas seg&#250;n el gusto del conductor. Parten cuando est&#225;n llenas de pasajeros y bultos, y paran en cualquier lugar. Las pistas que se adentran en la jungla est&#225;n bordeadas por dos muros verdes de espesa vegetaci&#243;n.    
	
&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/tatuajefilipinas.jpg' id='img_0' class='imgcen'/&gt;

En los &lt;em&gt;trekkings&lt;/em&gt; por la zona monta&#241;osa del norte de &lt;strong&gt;Luz&#243;n&lt;/strong&gt; nos encontramos con los  Ifugao y los &lt;strong&gt;Kalingas&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;antiguos cazadores de cabezas &lt;/strong&gt;(lo fueron hasta principios de siglo). Los Kalinga tienen &lt;strong&gt;tatuajes azules &lt;/strong&gt;en brazos y t&#243;rax, y sus ancianas fuman en pipa, mascan &lt;strong&gt;nuez de betel&lt;/strong&gt;, que deja sus bocas rojas, y usan como diadema una piel de serpiente disecada.

El paisaje caracter&#237;stico son las &lt;strong&gt;terrazas de arroz escalonadas&lt;/strong&gt;, en &lt;strong&gt;Banaue&lt;/strong&gt;. Algunos arrozales est&#225;n inundados de agua y brillan como espejos al sol; otros tienen el tallo crecido y son de un color verde intenso. Entre las verdes terrazas se vislumbran los palafitos, las casas construidas sobre pilotes, con gallos, gallinas, cerdos, b&#250;falos de agua y ni&#241;os, muchos ni&#241;os. Los filipinos bromean con la alta tasa de natalidad diciendo que el lugar de &#8220;planificaci&#243;n familiar&#8221; tiene &#8220;plantaci&#243;n familiar&#8221;.

&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/playafilip.jpg' id='img_1' class='imgcen'/&gt;

La isla de &lt;strong&gt;Palawan&lt;/strong&gt;,  conocida como &#8220;&lt;strong&gt;la &#250;ltima frontera&lt;/strong&gt;&#8221;, merece por s&#237; sola el viaje. Ofrece densas junglas con lianas y &#225;rboles de ra&#237;ces gigantescas, r&#237;os subterr&#225;neos que transcurren por grutas naturales repletas de murci&#233;lagos, y las mejores playas (&lt;strong&gt;El Nido&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Port Burton&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Sabang&lt;/strong&gt;) de aguas verdeazuladas y arenas blancas como las de la preciosa isla de &lt;strong&gt;Boracay&lt;/strong&gt;. En esas zonas el viajero independiente puede encontrar alojamiento barato en encantadores bungalows de madera, con hamacas en el porche, desde donde contemplar el brillo de estrellas y luci&#233;rnagas.

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