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    <body>Al fin se ha escenificado el primer acto de apoyo de los lobbys mediaticos neo-liberales al partido llamado a suceder al PP en la 'lucha' por la uniformidad de Espa&#241;a. UPyD (dirigido por Rosa Diez) ha presentado el '&lt;a href="https://www.upyd.es/modulo-web/modules/recogida_firmas/manifiesto.pdf" title="https://www.upyd.es/modulo-web/modules/recogida_firmas/manifiesto.pdf" id="link_0"&gt;Manifiesto por la lengua com&#250;n&lt;/a&gt; ', otra lucha perdida por concentrar todos los esfuerzos en levantar el &#225;nimo patriotico espa&#241;olista frente a las agresiones y 'persecuciones' del castellano en la 'periferia'.

La puesta en escena, no se enga&#241;en, era un acto calculado para coincidir con un 16o Congreso del Partido Popular en donde el llamado 'sector duro' encarnado poc Esperanza Aguirre, saldr&#237;a muy debilitado, y en donde los 'Marianistas' (m&#225;s partidarios del pacto con los nacionalistas moderados catalanes y vascos y del dialogo) ganar&#237;an terreno.

El antiguo 'pesebre' de intelectuales de izquierda, que otrora fueron llamados a ser la &#233;lite pensadora de esta, Nuestra Espa&#241;a (Sabater, Pombo, Espada, Az&#250;a, Boadella...), pon&#237;an de nuevo las cartas sobre la mesa y reclamaban con otro manifiesto (el en&#233;simo) la atenci&#243;n mediatica y el respaldo del diario sensacionalista 'El Mundo', la Cadena Cope y el canal pol&#237;tico-pornogr&#225;fico Libertad Digital. Ninguno de ellos se acuerda ya de 'Ciutadans' y su intento de ser un partido realmente de izquierdas.

UPyD por desgr&#225;cia ha virado desde una izquierda-liberal en sus primeros d&#237;as, a estar a la derecha del PP. S&#243;lo hay que echar un vistazo a su programa electoral para darse cuenta que si bien su antecesor, y primer experimento, el agonizante 'Ciutadans' supo posicionarse a la izquierda, UPyD pese a la fachada abraza el neo-liberalismo e ideas tan radicales que los convierte en el negativo fotografico de ERC en la viceralidad de la p&#225;tria o en la par&#243;dia moderna del PP de Aznar. El detalle&lt;img class="imgdcha" src="http://bp2.blogger.com/_hvFsyM4tV70/R4qKVbYlKSI/AAAAAAAAAUA/umZtUDFwQoQ/s400/foto+upyd.jpg" id="img_0"&gt; que no se nos debe escapar es que Rosa Diez tiene, ahora, la gracia de don Federico y de Pedro J. s&#243;lo porque el PP se acerca al centro pol&#237;tico y ya no repite las consignas pol&#237;ticas que les mandan en la COPE y que les dej&#243; una legislatura m&#225;s en la oposici&#243;n. UPyD crecer&#225; a lo largo de esta legislatura en todo el territorio nacional, y ser&#225; en las elecciones vascas donde veremos si UPyD se puede convertir en el partido de derechas que le falta a Espa&#241;a. Fede y Pedro J. se empe&#241;ar&#225;n en que as&#237; sea y que si finalmente el PP no hace lo que ellos dicen, puedan apoyar una alternativa a su gusto.

El manifiesto s&#243;lo es una escenificaci&#243;n. Por mucho que lo intente el PP, UPyD o las miles de asociaciones m&#225;s o menos transparentes 'en defensa de la Unidad de Espa&#241;a', la ley de Inmersi&#243;n Ling&#252;&#237;stica en Catalunya tiene el respaldo del Constitucional, y las competencias de educaci&#243;n estan transferidas a las comunidades y recuperarlas requiere un esfuerzo legislativo que en un momento de crisis eso es algo altamente prescindible.

Certificamos una vez m&#225;s que el rompeolas de las Espa&#241;as, Madrid, se convierte en el altavoz del centralismo m&#225;s rancio, de una Espa&#241;a que reconoce como propias el catalan o el vasco pero las prefiere en un museo o en una 'tarde folcl&#243;rica', que pone mala cara a que un espa&#241;ol que vive en Catalunya hable y defienda su cultura propia y su lengua tambi&#233;n propia y com&#250;n de todos los Espa&#241;oles. Resumir Espa&#241;a en 'una lengua, una cultura' es el mismo ejercicio de provincianismo que ejercen los partidos nacionalistas m&#225;s radicales en Espa&#241;a, y desconectan a un gran sector que vive Espa&#241;a en catalan sin sentirse por ello fuera de Espa&#241;a de iniciativas pol&#237;ticas escenificadas para ser el altavoz de la nueva derecha, UPyD, encarnada en la socialista renegada Rosa Diez y su coro de vendedores de humo y libros de filosof&#237;a barata que se mueren de ganas por seguir chupando del herario p&#250;blico. Para esto Esperanza ya les ha ofrecido considerables subvenciones de la Comunidad de Madrid.
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    <title>Provincianismos en lo pol&#237;tico y lo social</title>
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28 de febrero de 2004

Querida Graciela: 

Ma&#241;ana cuando amanezca se habr&#225;n cumplido ya cuatro largos a&#241;os desde que nos vimos por &#250;ltima vez. Fue un 29 de febrero de 2000, en aquella maldita sala de los Juzgados de Coru&#241;a, en aqu&#233;l fat&#237;dico d&#237;a en el que a Garc&#237;a Adarve, a Dolores, y a ti, os dio por intentar fastidiarme la vida, un poco m&#225;s de lo que por aquellos tiempos la ten&#237;a; pero actualmente todo eso est&#225; olvidado, perdonado, y zanjado, al menos por mi parte. De esta manera no te escribo con el &#225;nimo de resucitar rancios fantasmas, ni rememorar tan tenebrosos sinsabores, si no m&#225;s bien para saludarte una vez m&#225;s, y en vista de que mi anterior carta no tuvo respuesta alguna por tu parte, poder tener la oportunidad de decirte que aun sigo ech&#225;ndote un poquito de menos. Qui&#233;n sabe si as&#237;, al evocarte en el pasado y en la distancia, sin m&#225;s pretensiones, me sienta un poco m&#225;s cerca de permitirme volver a acariciar todos aquellos venturosos momentos que pasamos juntos, y que con perd&#243;n, aun me niego a soterrar. Qui&#233;n sabe si as&#237;, al fin logre de esta suerte eludir aqu&#233;l miedo que ya te detall&#233; en otra carta hoy muy lejana... &#191;Te acuerdas? Aqu&#233;l miedo a no conseguir pasar cerca de tu alma... 

Resulta considerablemente embarazoso redactar una carta dirigida a una persona a la que se ha amado tanto, a la que se extra&#241;a tanto, y a la que hace tanto tiempo que no se ve; pero esa debe ser mi providencia: luchar hasta la extenuaci&#243;n por aquello que se quiere, perderlo a continuaci&#243;n, y verse m&#225;s tarde exiliado al acerbo confinamiento del desamor m&#225;s injusto. No, no quiero ni pretendo ponerme en exceso melodram&#225;tico, pero es en estos serenos instantes de mi cotidaneidad m&#225;s aburrida, cuando me resulta crecidamente relajante apagar la luz, encender una vela, y permitir volar en libertad a mis pensamientos que, forzosamente, m&#225;s tarde o temprano siempre acaban top&#225;ndose con la luz de tu recuerdo, como lo har&#237;a un barco con el centelleo de un esbelto faro m&#225;s all&#225; de la niebla. 

Con todo el tiempo transcurrido a&#250;n no se han esfumado mis idealistas sentimientos, a&#250;n no se han acabado mis cari&#241;osos deseos. Todav&#237;a no se han cumplido mis inaccesibles sue&#241;os, pero tampoco aun me he despertado de ellos. Y por supuesto, incluso no he conseguido acostumbrarme a tu letal ausencia en mi forzoso destierro. A veces sigo despert&#225;ndome en mitad de la noche, con la rid&#237;cula sensaci&#243;n de que todo lo ocurrido no haya sido m&#225;s que una disparatada pesadilla. Me levanto por la ma&#241;ana suponiendo que tras la ducha y el caf&#233; me echar&#233; a la calle, y tras el atasco diario, ser&#225; tu voz la primera que pueda escuchar al llegar a la oficina; pero en el mismo instante en el que me siento al volante de mi coche, comprendo en toda su extensi&#243;n, y con toda su brutalidad, la evidencia de que esa oficina ya no existe, que el monumental atasco de tr&#225;fico no me lleva a ninguna parte, y desde luego, que tu voz ya no est&#225;... 

Sospecho que podr&#237;a llegar a ser sobradamente f&#225;cil extirparte de mi memoria. Ser&#237;a muy f&#225;cil si es que yo mismo lo desease; pues aunque no conozco exactamente el porqu&#233; de tan masoquista pretensi&#243;n, me niego a olvidarte, y olvidar as&#237; todo lo que una vez significaste en mi vida. En no pocas ocasiones, cuando todo se obscurece a mi alrededor, ya sea porque cae la noche sobre Madrid, o simplemente por que el fr&#237;volo devenir me regale alg&#250;n azaroso estremecimiento de esp&#237;ritu, s&#243;lo es pensando en ti, cuando vuelvo a recuperar la quietud m&#237;nimamente perdida. 

No creo que puedas llegar a imaginar cuan duro me sigue resultando, aun hoy, conocer de antemano esa miserable certeza de que jam&#225;s volver&#233; a verte, o ha escuchar tu delicada voz habl&#225;ndome. Saber de antemano que nunca podr&#233; volver a contar contigo para que me alientes en mis proyectos, o para que ofrezcas coherencia a mis excentricidades, y lo m&#225;s doloroso, saber que yo tampoco podr&#233; estar ah&#237; para mimarte, darte aliento, o simplemente prestar o&#237;dos a tus malos momentos. Y es que precisamente esas cosas, a pesar de otras consideraciones menos eleg&#237;acas que tambi&#233;n tuvimos, resultan ser lo que m&#225;s me hechizaba de esa conexi&#243;n que hubo entre nosotros, durante aquellos casi cuatro a&#241;os velados de esplendores y umbr&#237;as. Saber que estabas ah&#237;, aunque en realidad no llegases nunca a estarlo del todo, fue lo mejor que ocurri&#243; en mi hasta entonces des&#225;ngelada vida, y el &#225;ngel viniste a ponerlo t&#250;, aun hoy, mi &#225;ngel sigues siendo t&#250;... 

Se me antoja que durante estos a&#241;os de inclemente alejamiento, quiz&#225; haya tenido la oportunidad de hacer un sinf&#237;n de cosas que hubiera preferido compartir contigo. Son tantos los cines que me han visto asistir solo a pel&#237;culas que me hubiese gustado ver a tu lado. Son tantas las monumentales fiestas que a la postre se convert&#237;an en cicl&#243;peas resacas de hast&#237;o, por no tener tu compa&#241;&#237;a al volver a casa. Son tantos los a&#241;os consumidos, y tantos son los hechos vividos en los que me falt&#243; sentir el placentero calor de tu mano y de tus gestos, que a veces llego a creer que jam&#225;s hayas existido m&#225;s all&#225; de mi imaginaci&#243;n. He llegado a sentir que tu recuerdo no era m&#225;s que la reminiscencia de alguna seductora alucinaci&#243;n. He llegado a creer que no eras m&#225;s que un delicado sue&#241;o que se me repet&#237;a cada noche, y que al despertar dejaba en mi &#225;nimo ese agridulce sabor de boca que producen los onirismos m&#225;s placenteros. Y es que haber compartido una parte de mi vida contigo, y de pronto, de la noche a la ma&#241;ana, ver sanguinariamente mutilado ese mismo fragmento de vida al verme forzado a estar lejos de ti, resulta hoy ser tan absurdo como la desalmada distancia que nos separa; y no me refiero s&#243;lo a los 623 kil&#243;metros f&#237;sicos que substraen tu vida de la m&#237;a, si no a todo lo que ello conlleva... 

Sabes... Debo ser idiota, pero seis a&#241;os despu&#233;s, aun consigo evocar con apego hasta el ultimo detalle del d&#237;a en el que nos conocimos. Recuerdo la fecha, la hora, el lugar, las circunstancias que concurrieron para que lleg&#225;semos a vernos, incluso recuerdo la ropa que llevabas, el fresco perfume que desprend&#237;a tu cuerpo, o la fascinante timidez con la que tus preciosos ojos apenas me miraron en ese primer contacto. Todos los astros se conjuraron aqu&#233;l d&#237;a para que por fin apareciese ante mi el ser m&#225;s delicioso del planeta, y como no pudo ser de otra forma, creo que en ese preciso y precioso instante me enamor&#233; de ti; pero no fue hasta un mes despu&#233;s de aquello, y al encontrarnos por pura casualidad en la calle camino del trabajo &#191;Recuerdas?, cuando realmente comprend&#237; que hab&#237;a quedado prendado de tu candoroso embrujo. 

Casi todas las cosas que sobrevinieron a partir de aqu&#233;l primer d&#237;a, no fueron m&#225;s que ayudando al tiempo a reafirmar mis indicios, acerca del supuesto camino que habr&#237;a de seguir desde de ese instante. Dadas las circunstancias profesionales y personales que oficiaban en tales momentos, no pod&#237;a, por mucho que yo lo anhelase, y te juro que realmente me mor&#237;a de ganas por hacerlo, no pod&#237;a lanzarme a pecho descubierto hacia la desfachatez omn&#237;moda de intentar conquistarte; pero ya desde ese primer minuto supe que ibas a ser la mujer m&#225;s importante en mi vida, y no quer&#237;a que cualquier convencionalismo, error, o displicencia por mi parte, arruinase el sue&#241;o que tantas veces hab&#237;a tenido: La mujer ideal, y desde que te conoc&#237;, supe a ciencia cierta que la m&#237;a eras t&#250;. Incluso hoy, y a pesar de todo, aun lo creo... 

Cuando por fin todos los componentes de la historia, comenzaron a encajar de una forma m&#225;s o menos adecuada en los acontecimientos diarios, me sent&#237; por momentos como si no existiese sobre la tierra nadie m&#225;s bienaventurado que yo. Decid&#237; asumir con todas sus consecuencias la audacia de declararme a ti de una forma temeraria, ocurrente, sincera, clara y concisa. Con luz y taqu&#237;grafos para evitar cualquier tipo de malentendido. No encontr&#233; entonces otra conspicua forma de hacerlo que durante la ultima semana de tu C.M.I. Estaba resuelto. Era mi ultima oportunidad de abordar ese tren que se pod&#237;a escapar a toda maquina, a la m&#237;nima que yo no me encontrase lo suficientemente despierto, y creo que la maniobra sali&#243; bien, o por lo menos eso me pareci&#243; en aquellos instantes. La suerte estaba echada. Ahora s&#243;lo quedaba esperar para comprobar tus niveles de inter&#233;s por mi y de compromiso con la aventura que se te propon&#237;a. Recuerdo que cuando termin&#233; de soltar aquella parrafada que supuestamente deb&#237;a dejarte claro mi inter&#233;s por ti, sent&#237; tanto miedo que mis piernas temblaban sin control. Nunca me arrepent&#237; de aquello, es m&#225;s, creo que es lo m&#225;s bonito que jam&#225;s haya hecho por conquistar a una mujer; pero hoy ya no s&#233; juzgar si mis palabras y mis actos fueron lo suficientemente atinados y esclarecedores para ti. Tuve dudas. Me asust&#233;. Tem&#237;a que recibieses todo aquello como el intento del jefe por seducir a la compa&#241;era de trabajo; pero te juro que mis intenciones en aqu&#233;l momento no pod&#237;an estar m&#225;s entregadas, si no al sentimiento de ese amor honesto que comenzaba por momentos a cambiarme la vida... 

En ese primer delicioso verano, y una vez iniciado el supuesto coqueteo entre ambos, me preguntaste una vez cu&#225;les eran las cosas que m&#225;s me gustaban de ti... No s&#233; si recordar&#225;s ese d&#237;a... Fue un m&#225;gico atardecer mientras camin&#225;bamos por una playa desierta de la cual ya no recuerdo el nombre; pero lo que s&#237; recuerdo entre innumerables detalles de aquella tarde, es que llevabas puestos unos pantalones vaqueros de tono rojizo, con unas florecitas pintadas que te encantaban, y que se te rompieron al rozarse con unas rocas en las que nos sentamos a charlar. Pues bien. Aquella tarde, ante la quietud de esa playa, la complicidad de alguna gaviota que traveseaba a nuestro alrededor, y la turbaci&#243;n que creaba en mi conciencia el solo hecho de intuir tus l&#237;neas bajo aqu&#233;l pantal&#243;n, recuerdo que para contestar a tan complicada pregunta, de mis labios s&#243;lo acertaron a salir unas pocas ambig&#252;edades sin un valor cierto; pero que parad&#243;jicamente hoy forman el pre&#225;mbulo a todo lo que recuerdo de ti, que por ende, resulta ser la respuesta a tu tan miscel&#225;nea interrogaci&#243;n. 

En otra ocasi&#243;n, y en la fiesta que Dolores organiz&#243; en su casa de Sanxenxo, llegaste a preguntarme tambi&#233;n si de verdad te quer&#237;a o no, y dado que tu tono de voz me result&#243; sorpresiva y cuantiosamente inopinado, adem&#225;s de que la pregunta se produjo en una conversaci&#243;n de otra suerte, y delante de alguna de tus amigas, no pude contestar como yo hubiera querido. 

Hoy s&#237; puedo contestarte. Aunque amparado en la mansedumbre que ofrecen el tiempo y la p&#233;rdida, y con la precisa recolecci&#243;n de esa capacidad suficiente para saber reconocerte en la distancia y en el eje de mis desvelos, por fin puedo contestarte sin el m&#225;s m&#237;nimo miedo al error... 

Por supuesto que te quer&#237;a, y seguramente m&#225;s que a mi propia vida... Incluso en algunas ocasiones me asusto al pensar que aun te quiero lo suficiente como para llorar tu desd&#233;n. Por eso escribo esta carta, a la que si pudiera hacerlo, le a&#241;adir&#237;a una hermosa banda sonora que resaltase cada una de las palabras vertidas en ella, y se me ocurre, as&#237; a bote pronto, que la canci&#243;n &#8220;Sin ti no soy nada&#8221; de Amaral, encaja a la perfecci&#243;n entre estos t&#237;midos renglones, y podr&#237;a servirte de prueba sonora para confirmar todo lo que aqu&#237; leas, y seas capaz de interpretar entre l&#237;neas... 

En cuanto al asunto de cu&#225;les cosas me gustaban de ti. Decirte que adoraba tu pelo, endrino como el &#225;mbar negro. Me gustaba tu forma de caminar con pasos fr&#225;giles pero constantes y decididos. Me gustaban tu voz y tus gestos, sobre todo ese tan costumbrista de lamiscar con tu lengua, el lugar de la taza por el cual acababas de darle un sorbo al caf&#233;. Me entusiasmaba o&#237;rte hablar de cualquier cosa, por ingenua que esta resultase. Me enamoraban irremediablemente tus maneras a lo &#8220;Lolita&#8221;, como si cuando Nabokov escribi&#243; su novela hubiera estado pensando en ti. Me embriagaban tus continuas preguntas sobre este o aqu&#233;l tema. Y es que eras tan dulce que uno pod&#237;a enfermar de hiperglucemia con s&#243;lo mirarte; pero sobre todas las cosas, lo que m&#225;s a&#241;oro, lo que consigue al fin terminar de esbozar en mi mente, ese lienzo cuasi perfecto que ante mis ojos formaba tu persona en general, sin duda era, y es: tu cuerpo. 

Aun sue&#241;o y recuerdo cada cent&#237;metro de tu lujuriante piel. Si cierro los ojos todav&#237;a casi puedo con total acierto recorrer una a una, mentalmente, todas aquellas curvas que conformaban el mapa de tu talle. Desde tus menudos pies, hasta tu naricilla respingona. Desde tu vientre extraordinariamente terso, hasta tus escuetos pero precisos y ajustados senos, que se coronaban con dos sutiles y sonrosadas guindas, por si solas capaces de ornar tan sublime obra. Tus piernas moldeadas con prolijo misticismo. Tus brazos. Tus manos de inquietos y regordetes dedillos. Tus ojos. Tus suculentos labios. Tu apasionante ombligo. El deleitable y excitante aroma de tu sexualidad... Tu exquisita y azorada desnudez... El deslumbrante disimulo de todo tu cuerpo bajo la tela de raso de aqu&#233;l pijama que te regal&#233;, y que a los dos tanto nos gustaba. Tu forma de hacer el amor, a medio camino entre la inexperiencia real y la fingida. Todo lo rememoro hoy como la rutina m&#225;s fant&#225;stica y gozosa, que nadie haya podido disfrutar jam&#225;s. 

Por todos estos intemperantes motivos, y por muchos otros menos procaces, durante todo el tiempo en el que se sostuvieron nuestros v&#237;nculos, y aunque t&#250; no lo creas, fuiste esa bocanada de aire fresco y limpio que inund&#243; mi vida, llenando cada uno de mis minutos con una milagrosa y fascinante algazara. S&#243;lo mirarte era para mi como peregrinar a una bendita tierra lejana y bella, en la que mis parvos complejos quedaban olvidados y casi ridiculizados, al mismo tiempo que tu pujanza, tu lozan&#237;a, y tu sugerente proceder, me obligaban a esforzarme en ser cada d&#237;a mejor, ser cada d&#237;a un poco m&#225;s merecedor de tu infinita ternura, de tu m&#225;s ciega confianza, de tu total aquiescencia, y porque no, de tu m&#225;s inagotable amor... 

A veces aun me sorprendo a mi mismo habl&#225;ndole a alguien de ti, y no creas, no resulta f&#225;cil explicarle a qui&#233;n pueda preguntarme, qu&#233; fue realmente lo que pas&#243; entre nosotros, antes, durante, y despu&#233;s de la absurda cruzada que mantuvimos, al finalizar nuestra m&#225;s o menos rubicunda relaci&#243;n. Es m&#225;s, si yo mismo me paro a pensar, no sabr&#237;a convenir a ciencia cierta cuales eran tus sentimientos reales hacia mi. Sigo sin saber si manten&#237;amos una infausta relaci&#243;n de pareja, una tenue relaci&#243;n de amistad, una ardorosa relaci&#243;n sexual, o una extraordinaria relaci&#243;n profesional, por que las cuatro opciones llegaron a convivir de una forma tan estrecha, que a veces resultaba f&#225;cil confundirlas. No obstante, por mi parte, cada una de ellas por separado conformaba un colosal puzzle que aunque a veces me sacaba de quicio, en otras muchas y en su conjunto, me transmit&#237;an la desmedida fe que siempre he tenido en ti, y la humilde enso&#241;aci&#243;n de la felicidad. 

En ning&#250;n tiempo he disfrutado tanto trabajando con alguien, como cuando t&#250; y yo, codo a codo, luch&#225;bamos por sacar adelante nuestros objetivos. Jam&#225;s he sido m&#225;s feliz, que cuando sin prisas, sabore&#225;bamos nuestros paseos cogidos del brazo, o nuestros respectivos caf&#233;s en alg&#250;n sugestivo bar. Y por supuesto, nunca he sido, ni ser&#233;, m&#225;s dichoso y afortunado que cada una de las veces en las que al despertar, te sent&#237; en la cama junto a mi. &#191;Trabajo, amistad, sexo, amor? La verdad es que ya hoy apenas importa responder a esta pregunta. Incluso aunque en este instante todav&#237;a tuvi&#233;semos capacidad para poder argumentar una u otra alternativa no servir&#237;a de nada, ya que lo m&#225;s importante no est&#225;, y esto es nuestra confianza mutua, nuestra lealtad para con el otro, y nuestro d&#237;a a d&#237;a. 

No quisiera sin embargo que mis palabras te llevasen a componer una idea equivocada de la situaci&#243;n que atravieso al presente. Quiz&#225; podr&#237;a parecer que estoy mortificado, roto, y tal vez humillado en alg&#250;n escondrijo secreto; pero nada m&#225;s lejos de la realidad. La verdad es que hoy por hoy por fin me encuentro en uno de mis mejores momentos, tanto a nivel profesional como personal; ahora, no nos enga&#241;emos, mi vida afectiva ya no es lo mismo desde que t&#250; no est&#225;s aqu&#237; para insurreccionar mi lado m&#225;s pasional. No encuentro ya en el marchito escaparate de mi vida ninguna mujer con capacidad para sustituirte, y lo m&#225;s irritante no es que no aparezca, si no que no quiero ni deseo suplantarte. Me niego terminantemente a que mi coraz&#243;n vuelva a abrirse para nadie, que no seas t&#250;... 

Nos conocimos en 1996. La ultima vez que nos vimos fue en 2000, y ahora 2003 transcurre inquebrantable. El 20 de julio voy cumplir los treinta y seis, t&#250; cumplir&#225;s treinta y dos el 7 de septiembre, aun lo recuerdo con afecto. Supongo que toda esta suma de a&#241;os nos habr&#225;n encarrilado, tanto a ti como a mi, hacia la madurez y la experiencia, y es por eso que de una vez por todas me atrevo a explicar en esta carta cuales son mis evidentes sentimientos hacia ti. Espero y deseo, como siempre lo he hecho, no apesadumbrarte ni con mi sentir, ni con mi forma de explicarlo, no hay nada m&#225;s lejano a mis verdaderas intenciones. Tan s&#243;lo quisiera, si es que todav&#237;a pudiera pedirle un deseo a mi hada madrina, gozar de la certitud de que el insondable b&#225;ratro del olvido no nos va a acabar devorando, y que todo lo m&#225;gico que hay en ti, en mi, y que hubo en los dos, se pierda para siempre con un inicuo &#8220;hasta nunca&#8221; , con un insidioso &#8220;hasta siempre&#8221;, o simplemente con el desmedido vac&#237;o que hoy sufre mi coraz&#243;n... 

La verdad, es que minuto a minuto me voy sintiendo m&#225;s c&#243;modo ante el teclado del ordenador en el que estoy extractando todos estos pensamientos. Supongo que muchos de ellos ya los conocer&#237;as, los intuir&#237;as, o quiz&#225; los dar&#237;as por sabidos. Incluso es m&#225;s que probable que los hayas olvidado ya, en el mismo tiempo y medida que me hayas olvidado a mi; pero necesitaba imperiosamente verter todas mis pesadumbres en un recipiente id&#243;neo, am&#233;n de aferrarme a ese eterno clavo ardiendo, y que pueda facilitarme la ultima posibilidad viable, si es que existe, de no perderme en las nauseabundas tinieblas de todo el resto de mi vida sin ti. Por si no ha quedado aun excesivamente claro, no quiero perderte m&#225;s de lo que ya lo estas para mi vida, y esta carta no deja de ser una mansa y honesta declaraci&#243;n de intenciones, en un denodado y ultimo intento por recuperarte, y recuperar as&#237; todo aquello que el tiempo, la distancia, los errores, o las omisiones, no hayan conseguido pudrir aun... 

Dar&#237;a cualquier cosa por que todo entre t&#250; y yo volviese a ser como lo so&#241;&#233; en un primer instante. Me encantar&#237;a poder volver a verte. Cruzar&#237;a mil y un oc&#233;anos s&#243;lo por poder sentirte a mi lado, aunque fuese durante un breve minuto. Cambiar&#237;a casi todos mis err&#225;tiles planteamientos acerca de la vida y del amor, en el mismo instante en el que pudiera volver a sentir un beso tuyo. Volver&#237;a a creer en Dios, si El consiguiera traerme tu querer. Ser&#237;a capaz de bajarte la luna si t&#250; me la pidieses, y me ofrecieses a cambio una delicada y sincera caricia. Podr&#237;a terminar de reconstruir mi nuevo mundo, justo a la ma&#241;ana siguiente de esa noche en la que hubi&#233;semos vuelto a hacer el amor. Me dejar&#237;a matar por despertar ese mismo d&#237;a antes que t&#250;, y quedarme casi hechizado al contemplarte durante horas mientras duermes serenamente, como ya tuve la oportunidad de hacer en tiempos pasados. Ser&#237;a un algo casi m&#225;gico el poder volver a verme impregnado de tu savia. Ser&#237;a lo m&#225;s hermoso del mundo si volvieses a ocupar el centro de mi vida; pero me har&#237;a mucho m&#225;s dichoso, si volvieras a ella para quedarte... 

&#161;Uf...! Esta carta va por momentos tomando unos caminos que me asustan. Y es que son tantas las cosas que aun me haces sentir, que no estoy seguro de poder plasmarlas sin desacierto, y sin llegar a asustarte a ti tambi&#233;n. Quiz&#225; todo esto ya se encuentra tan fuera de lugar, como intentar atestiguar a estas alturas de nuestra historia, cuan fam&#233;lico resulta ser ese obstinado fantasma que ans&#237;a arrancarme el alma de una dentellada, y aposentar en su lugar la vacuidad m&#225;s inmunda de tu maldecida ausencia. En este instante s&#243;lo se me ocurre compararme con aqu&#233;l furioso mar, que aparece dantescamente acromeg&#225;lico ante unos retra&#237;dos ojos, y que a fuerza de estrellarse contra las impasibles rocas se convierte en ef&#237;mera resaca por unos breves instantes, hasta que otra atrevida ola recoge aquella espuma, y vuelve a estrellarla contra el mismo e inalterable arrecife. Y as&#237; ola tras ola, hora tras hora, d&#237;a tras d&#237;a, vida tras vida... 

Como siempre que me empe&#241;o por embeberme en estos asuntos de los cuales t&#250; eres el n&#250;cleo principal de mi sentir, no s&#233; si al dar por concluida esta carta ser&#233; capaz de reunir el coraje suficiente para echarla al correo. Seguramente me llevar&#225; semanas de duda entre el quiero, puedo y debo, y el puedo, quiero, pero no me atrevo. Ahora mismo desconozco cual ser&#225; el dictamen adoptado; pero si est&#225;s finalmente leyendo estas torpes palabras, eso significar&#225; que mi coraz&#243;n le gan&#243; la batalla a mi cerebro, o signifique quiz&#225; que los dos por fin se han puesto de acuerdo para trabajar juntos en pos de lograr volver a traerte a mi vida. S&#243;lo el tiempo dir&#225;... Al fin y al cabo, y como t&#250; misma escribiste de pu&#241;o y letra en una peque&#241;a misiva que aun guardo como parte de un preciado tesoro: pase lo que pase, ya siempre ser&#233; tuyo... 

No obstante, ojal&#225; esa misma vida que hoy nos separa, nos guarde ma&#241;ana la sorpresa de una nueva partida con cuatro ases escondidos en la manga, y nos conceda otra oportunidad de volver a jugar sin asechanzas. Desear&#237;a tener el valor preciso para llamarte. Ojal&#225; sintieras t&#250; la bienquerencia adecuada para poder escribirme. Ojal&#225; nada de lo que pas&#243; anta&#241;o hubiese sido real, excepto la milagrosa aventura de haberte conocido... 

Para despedirme, y por lo que a mi respecta, decirte que yo te recordar&#233; como hasta hoy lo he lo he hecho. Es de tal manera que por siempre y hasta el ocaso de mis d&#237;as, persistir&#225;s en mi coraz&#243;n, en mis pensamientos, y en mis sue&#241;os, ocupando en ellos el lugar que te corresponde por derecho propio, como la mujer m&#225;s hermosa, dulce, delicada, exquisita, sensual, y fascinante, que alguna vez haya llegado a recorrer con su encanto, las ya hoy envejecidas y maltrechas orillas de mi alma... 

Brindo por ti... 







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    <title>CARTA A GRACIELA CONS POMBO</title>
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