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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/elgritodee.Munch.jpg"&gt;El Grito. E. Munch



&lt;BIG&gt;La felicidad es una argucia del sistema capitalista, el goce es una posibilidad del trabajo humano y en el sufrimiento siempre est&#225; implicado el sujeto.
Escribi&#243; el poeta cubano Jos&#233; Mart&#237; &#8220;La felicidad s&#243;lo puede encontrarse en el camino del trabajo&#8221;. Quiere decir que s&#243;lo despu&#233;s se produce el deseo, lo humano por excelencia, ya que desear, deseamos todos lo mismo. &#191;Y en qu&#233; nos diferenciamos? en la distintas maneras de renuncia, de postergaci&#243;n, de trabajo para conseguir lo deseado. En el sujeto ps&#237;quico hay una ley, un principio, el Principio de Placer, que le impone al sujeto, la tendencia a conseguir lo que fantasea del orden de la necesidad (sin realizar trabajo alguno) es una tendencia a lo inanimado, a un estado de tensi&#243;n cero, a evitar cualquier displacer o cualquier aplazamiento que la vida, la realidad le imponga.
Si solo existiera este principio, el sujeto alucinar&#237;a comer y esperar&#237;a, sin mediar actividad humana alguna, que se realizara &#8220;lo deseado&#8221;. Afortunadamente el aparato ps&#237;quico, le impone al sujeto, para su correcto funcionamiento el Principio de Realidad, una instancia que se&#241;ala los l&#237;mites, la ley humana que trabaja para que se pueda producir el deseo. Es decir no hay deseo de estudiar, de trabajar; sino que es estudiando, trabajando que se produce el deseo por leer, por trabajar. 


 &lt;DIV align=justify&gt;&lt;/DIV&gt;


 &lt;DIV align=center&gt;&lt;STRONG&gt;QUIEN TIENE L&#205;MITES, EXISTE.&lt;/STRONG&gt;&lt;/DIV&gt;


 &lt;DIV align=justify&gt;
De modo que la tendencia exclusiva al placer inmediato, es una alucinaci&#243;n (una fantas&#237;a) que no produce efectos sociales. El sujeto ps&#237;quico lo es si a su vez es sujeto social. Son los productos, los efectos producidos en la realidad, los que dan cuenta del sujeto. Sigmund Freud, escribi&#243; que un sujeto sano es aquel capaz de amar y trabajar.
Entonces una cuesti&#243;n es la felicidad, como argucia del sistema capitalista, el placer sin la temporalidad necesaria del proceso de trabajo y otra muy distinta es el goce, producto del deseo y del trabajo.
&#8220;Lo instintual&#8221; es del orden de lo animal, de lo primario, esa tendencia a un estado de Nirvana, esa ilusi&#243;n de haber conseguido, haber llegado, de ya poseer, lo que ignora y niega lo mortal, finito y caduco del sujeto. Sin embargo &#8220;lo pulsional&#8221; incluye no s&#243;lo al principio de placer, sino tambi&#233;n el principio de realidad, de modo que como el deseo no tiene objeto, como le sirve cualquier objeto, le permite al sujeto seguir deseando, seguir buscando, seguir viviendo.&lt;/DIV&gt;


 &lt;DIV align=center&gt;
&lt;STRONG&gt;EL DESEO DE VIVIR PRODUCE LA VIDA.&lt;/STRONG&gt;&lt;/DIV&gt;


 &lt;DIV align=justify&gt;
Del mismo modo, podemos decir que sin deseo, acontece la muerte, cuando el sujeto deja de desear (motor de la vida) enferma y si se mantiene en esa actitud puede morir, explicaci&#243;n para algunas dolencias como la Depresi&#243;n, de la que algunos pacientes se curan y otros vuelven a recaer peri&#243;dicamente, por no aceptar la doble carencia constitutiva y estructural humana (nacer de humanos y ser mortales).
Cuando se suspende el deseo, viene la muerte lo que no quiere decir que si se desea viene la felicidad, lo que adviene, si se produce es el goce. Goce que hace que todo sea destinto: lo que parec&#237;a negro, sea gris y lo monotem&#225;tico tenga color.
En cuanto al sufrimiento, al dolor del sujeto, como siempre est&#225; incluido en lo que pasa, decimos que en el sufrir siempre est&#225; implicado el sujeto de alguna manera. Es frecuente observar en consulta que el paciente se decepciona cuando lo que consigue, (aunque sea importante) no coincide con lo que deseaba previamente. Pudiendo incluso producirse una melanc&#243;lica (grave enfermedad). La decepci&#243;n es el desencuentro con esa tendencia a la completad y perfecci&#243;n del sujeto. La media naranja no existe.

&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 100%"&gt;&lt;SMALL&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 100%"&gt;Dr. Carlos Fern&#225;ndez del Ganso&lt;/SPAN&gt;&lt;/SMALL&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/DIV&gt;&lt;/BIG&gt;</body>
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    <title>EL PLACER, EL GOCE Y EL SUFRIMIENTO</title>
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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: center" align=center&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/308498_divanfreud.bmp"&gt;&lt;IMG id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/trunk/undefined"&gt;&#191;CU&#193;NDO CONSULTAR AL PSICOANALISTA?&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/SPAN&gt;He recibido algunas cartas que preguntan &#191;Cu&#225;ndo es el momento m&#225;s adecuado para consultar con un psicoanalista? Si lo pens&#243;, si se lo pregunt&#243; es por que lo desea, es el momento preciso y si espera, si renuncia es su deseo lo que posterga y de lo &#250;nico que se puede sentir culpable un sujeto es de ceder en el deseo. La vida son decisiones y el tiempo que lleva tomar una decisi&#243;n es siempre ps&#237;quico, una implicaci&#243;n del sujeto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;El inconsciente no tiene tiempo, dicho de otra manera: maneja todos los tiempos posibles y su suceder no es lineal, ni contin&#250;o, ni cronol&#243;gico. El tiempo ps&#237;quico funciona a saltos, es l&#243;gico, recurrente y paradojal. De modo tal que podemos ver a un ni&#241;o jugando a ser pap&#225; y a un adulto comportarse de manera infantil. Tambi&#233;n existe el &lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;concepto f&#237;sico de tiempo que, es medible, se puede calcular, es el tiempo convencional del reloj, el del calendario ya preestablecido, unidireccional, condena de lo que ser&#225; por ya haber sucedido. Con &#233;sta concepci&#243;n de tiempo f&#237;sico no se puede modificar el pasado, que ya pas&#243;. Por ejemplo un antes de C. y un despu&#233;s. Entonces hay diferentes conceptos de tiempo y el &#191;Cu&#225;ndo consultar? depender&#225; desde donde se piensa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;La ciencia ha develado diferentes cegueras del hombre, en cada descubrimiento, y eso nos permite decir a los ciudadanos del siglo XXI que: somos unos privilegiados. Disponemos de la ciencia f&#237;sica, las matem&#225;ticas, la qu&#237;mica, el materialismo hist&#243;rico, el psicoan&#225;lisis, la ling&#252;&#237;stica, el derecho, la informaci&#243;n&#8230;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;Todo ello permite que puedan convivir varias generaciones en un mismo lugar con diferentes pensamientos, culturas, tradiciones y religiones, ya que el hombre es tiempo y la humanidad que nos habita no es espacial sino pura temporalidad. Otra cuesti&#243;n es &#8220;la intolerancia&#8221; que el sujeto siente y padece, de modo tal que cada &#8220;otro&#8221; humano puede ser vivido como extranjero, al modo de los cuerpos extra&#241;os que fundamentan las reacciones ant&#237;geno anticuerpo del sistema inmunitario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;Ya el doctor Sigmund Freud, fundament&#243; que en la vida an&#237;mica individual aparece integrado &#8220;el otro&#8221; como: modelo, objeto, auxiliar o adversario. Por ello lo individual es al mismo tiempo social. Ya que uno s&#243;lo nada puede. Hasta el onanismo presenta dedicatoria. Y as&#237; como no habr&#237;a existido la f&#237;sica sin las matem&#225;ticas, no usufructuar&#237;amos los objetos tecnol&#243;gicos sin el pensamiento ps&#237;quico que permite la articulaci&#243;n de las diferentes pr&#225;cticas. Por ejemplo despu&#233;s del Banquete de Plat&#243;n, se puede hablar de un discurso del amor y aunque no se haya le&#237;do al autor, aunque se desconozca la ley, no queda eximido el sujeto de su padecimiento y cumplimiento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;Tambi&#233;n podemos decir que es el efecto el que produce las causas, que no hay causa del ayer, que ps&#237;quica y socialmente no es el pasado el que determina la acci&#243;n de cada sujeto. Es desde el efecto, desde la puntuaci&#243;n que se puede leer, desde el futuro se pueden reconstruir las operaciones y mecanismos que dan cuenta del proceso. Desde el capitalismo se pueden leer los instrumentos que intervinieron en el feudalismo. Es desde Cop&#233;rnico que se pueden leer e interpretar, lo anterior al descubrimiento cient&#237;fico de la teor&#237;a helioc&#233;ntrica, como hechos precient&#237;ficos (lo geoc&#233;ntrico) de una ideolog&#237;a donde el hombre y cada uno era el centro del universo, girando todo a su alrededor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;Los hechos existen despu&#233;s de ser interpretados, por eso, en cada vida humana, el sujeto atraviesa pensamientos donde cree, ser el centro de su madre, su familia, su pandilla. Y la vida que algunos dicen que es cruel, injusta, breve dicen otros&#8230;el poeta escribe: &#8220;en el ejemplo de vivir, vivir es el ejemplo&#8221;. &#8220;Vivir desde un principio es separarse&#8221;. Luego no es necesario estar enfermo, para psicoanalizarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 14pt; LINE-HEIGHT: 150%; mso-bidi-font-family: Arial"&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;Para comenzar una conversaci&#243;n con un psicoanalista, con un profesional especializado en la escucha po&#233;tica, es decir un lugar donde se puede hablar con la seguridad de que nada ni nadie podr&#225; tomar decisiones por uno mismo, un lugar donde poder hablar sin necesidad de cumplir con lo fantaseado, un lugar donde compro el silencio del otro por pagar con dinero, un lugar donde por psicoanalizar lo que no puede dejar de ser humano, por extra&#241;o y &#250;nico que parezca, ser&#233; semejante y diferente a todo otro y esa humanidad anidando entre las palabras, no har&#225; la vida m&#225;s sencilla, en todo caso la hace posible de ser vivida. Jugarse es vivir. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



Dr. Carlos Fern&#225;ndez del Ganso















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    <title>CONSULTAR AL PSICOANALISTA</title>
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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/goya2.bmp"&gt;Observamos, en primer lugar, la relaci&#243;n de los ni&#241;os con sus hermanos. No s&#233; por qu&#233; suponemos a priori que ha de ser cari&#241;os&#237;sima, no obstante los muchos ejemplos con que constantemente tropezamos de enemistad entre hermanos adultos, enemistad de la que por lo general averiguamos que comenz&#243; en &#233;pocas infantiles. Pero tambi&#233;n muchos adultos que en la actualidad muestran gran cari&#241;o hacia sus hermanos y los auxilian y protegen con todo desinter&#233;s vivieron con ellos durante su infancia en interrumpida hostilidad. El hermano mayor maltrataba al menor, le acusaba ante sus padres y le quitaba sus juguetes; el menor, por su parte, se consum&#237;a de impotente furor contra el mayor le envidiaba o tem&#237;a y sus primeros sentimientos de libertad y de conciencia de sus derechos fueron para rebelarse contra el opresor. Los padres dicen que los ni&#241;os no congenian, pero no saben hallar raz&#243;n alguna que lo justifique. No es dif&#237;cil comprobar que el car&#225;cter del ni&#241;o -aun el m&#225;s bueno- es muy distinto del que nos parece deseable en el adulto. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;El ni&#241;o es absolutamente ego&#237;sta, siente con m&#225;xima intensidad sus necesidades y tiende a satisfacerlas sin consideraci&#243;n a nadie y menos a&#250;n a los dem&#225;s ni&#241;os, sus competidores, entre los cuales se hallan en primera l&#237;nea sus hermanos. Mas no por ello calificamos al ni&#241;o de &#171;criminal&#187;, sino simplemente de &#171;malo&#187;, pues nos damos cuenta de que es tan irresponsable ante nuestro propio juicio como lo ser&#237;a ante los tribunales de justicia. Al pensar as&#237; nos atenemos a un principio de completa equidad, pues debemos esperar que en &#233;pocas que incluimos a&#250;n en la infancia despertar&#225;n en el peque&#241;o ego&#237;sta la moral y los sentimientos del altru&#237;smo, o sea, para decirlo con palabras de Meynert, que un yo secundario vendr&#225; a superponerse al primario, coart&#225;ndolo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Claro es que la moralidad no surge simult&#225;neamente en toda l&#237;nea y que la duraci&#243;n del per&#237;odo amoral infantil es individualmente distinta. Las investigaciones psicoanal&#237;ticas me han demostrado que una aparici&#243;n demasiado temprana (antes del tercer a&#241;o) de la formaci&#243;n de reacciones morales debe ser contada entre los factores constitutivos de la predisposici&#243;n a una ulterior neurosis. All&#237; donde tropezamos con una ausencia de dicho desarrollo moral solemos hablar de &#171;degeneraci&#243;n&#187; y nos hallamos indudablemente ante una detenci&#243;n o retraso del proceso evolutivo. Pero tambi&#233;n en aquellos casos en los que el car&#225;cter primario queda dominado por la evoluci&#243;n posterior puede dicho car&#225;cter recobrar su libertad, al menos parcialmente, por medio de la histeria. La coincidencia del llamado &#171;car&#225;cter hist&#233;rico&#187; con el de un ni&#241;o &#171;malo&#187; es harto singular. En cambio, la neurosis obsesiva corresponde a la emergencia de una supermoralidad que a t&#237;tulo de refuerzo y sobrecarga gravitaba sobre el car&#225;cter primario, el cual no renuncia jam&#225;s a imponerse. As&#237;, pues, muchas personas que en la actualidad aman a sus hermanos y experimentar&#237;an un profundo dolor ante su muerte, llevan en su inconsciente deseos hostiles a ellos procedentes de &#233;pocas anteriores, y estos deseos pueden hallar en sue&#241;os su realizaci&#243;n. Resulta especialmente interesante observar la conducta de los ni&#241;os peque&#241;os -de tres a&#241;os o a&#250;n menores- con ocasi&#243;n del nacimiento de un hermanito. El primog&#233;nito, que ha monopolizado hasta este momento todo el cari&#241;o y los cuidados de sus familiares, pone mala cara al o&#237;r que la cig&#252;e&#241;a ha tra&#237;do otro ni&#241;o, y luego, al serle mostrado el intruso, lo examina con aire disgustado y exclama decididamente: &#171;&#161;Yo quiero que la cig&#252;e&#241;a vuelva a llev&#225;rselo!&#187;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;A mi juicio, se da el ni&#241;o perfecta cuenta de todos los inconvenientes que la presencia del hermanito le ha de traer consigo. De una se&#241;ora a la que me unen lazos de parentesco y que en la actualidad se lleva a maravilla con su hermana, cuatro a&#241;os m&#225;s joven que ella, s&#233; que al recibir la noticia de la llegada de otra ni&#241;a exclam&#243;, previni&#233;ndose: &#171;Pero &#191;no tendr&#233; que darle mi gorrita encarnada?&#187; Si por azar se cumple cualquiera de estas prevenciones que en el &#225;nimo de los ni&#241;os despierta el nacimiento de un hermanito, ella constituir&#225; el punto de partida de una duradera hostilidad. Conozco el caso de una ni&#241;a de menos de tres a&#241;os que intent&#243; ahogar en su cuna a un hermanito reci&#233;n nacido, de cuya existencia no esperaba, por lo visto, nada bueno. Queda as&#237; demostrado por esta y otras muchas observaciones coincidentes, que los ni&#241;os de esta edad pueden experimentar ya, y muy intensamente, la pasi&#243;n de los celos. Y cuando el hermanito muere y recae de nuevo sobre el primog&#233;nito toda la ternura de sus familiares, &#191;no es l&#243;gico que si la cig&#252;e&#241;a vuelve a traer otro competidor surja en el ni&#241;o el deseo de que sufra igual destino para recobrar &#233;l la tranquila felicidad de que goz&#243; antes del nacimiento y despu&#233;s de la muerte del primero?. Naturalmente, esta conducta del ni&#241;o con respecto a sus hermanos menores no es en circunstancias normales sino una simple funci&#243;n de la diferencia de edad. Al cabo de un cierto espacio de tiempo despiertan ya en la ni&#241;a los instintos maternales con respecto al inocente reci&#233;n nacido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;De todos modos, los sentimientos de hostilidad contra los hermanos tienen que ser durante la infancia mucho m&#225;s frecuentes de lo que la poco penetrante observaci&#243;n de los adultos llega a comprobar. En mis propios hijos, que se sucedieron r&#225;pidamente, he desperdiciado la ocasi&#243;n de tales observaciones, falta que ahora intento reparar atendiendo con todo inter&#233;s a la tierna vida de un sobrinito m&#237;o, cuya dichosa soledad se vio perturbada al cabo de quince meses por la aparici&#243;n de una competidora. Sus familiares me dicen que el peque&#241;o se porta muy caballerosamente con su hermanita, bes&#225;ndole la mano y acarici&#225;ndola; pero he podido comprobar que antes de cumplir los dos a&#241;os ha comenzado a utilizar su naciente facultad de expresi&#243;n verbal para criticar a aquel nuevo ser, que le parece absolutamente superfluo. Siempre que se habla de la hermanita ante &#233;l interviene en la conversaci&#243;n, exclamando malhumorado: &#171;&#161;Es muy peque&#241;a!&#187; Luego, cuando el espl&#233;ndido desarrollo de la chiquilla desmiente ya tal cr&#237;tica, ha sabido hallar el primog&#233;nito otro fundamento en que basar su juicio de que la hermanita no merece tanta atenci&#243;n como se le dedica, y aprovecha toda ocasi&#243;n para hacer notar que &#171;no tiene dientes&#187;. De otra sobrinita m&#237;a recordamos todos que teniendo seis a&#241;os, abrum&#243; durante media hora a sus t&#237;as con la pregunta &#171;&#191;Verdad que Luc&#237;a no puede entender a&#250;n estas cosas?&#187; Luc&#237;a era una hermanita suya, dos a&#241;os y medio menor que ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;Contin&#250;a.&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;









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    <title>SUE&#209;O DE LA MUERTE DE PERSONAS QUERIDAS II</title>
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    <body>&lt;FONT size=4&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/goya1.bmp"&gt;Otros sue&#241;os que tambi&#233;n hemos de considerar como t&#237;picos son aquellos cuyo contenido entra&#241;a la muerte de parientes queridos: padres, hermanos, hijos, etc. Ante todo observamos que estos sue&#241;os se dividen en dos clases: aquellos durante los que no experimentamos dolor alguno, admir&#225;ndonos al despertar nuestra insensibilidad, y pose&#237;dos por una profunda aflicci&#243;n hasta el punto de derramar durmiendo amargas l&#225;grimas. Los primeros no pueden ser considerados como t&#237;picos y, por tanto, no nos interesan de momento. Al analizarlos hallamos que significan algo muy distinto de lo que constituye su contenido y que su funci&#243;n es la de encubrir cualquier deseo diferente. Recordemos el de aquella joven que vio ante s&#237; muerto y colocado en el ata&#250;d a su sobrino, el &#250;nico hijo que quedaba a su hermana de dos que hab&#237;a tenido. El an&#225;lisis nos demostr&#243; que este sue&#241;o no significaba el deseo de la muerte del ni&#241;o, sino que encubr&#237;a el de volver a ver despu&#233;s de larga ausencia a una persona amada a la que en an&#225;loga situaci&#243;n, esto es, cuando la muerte de su otro sobrino, hab&#237;a podido contemplar de cerca la sujeto, tambi&#233;n despu&#233;s de una prolongada separaci&#243;n. Este deseo, que constituye el verdadero contenido del sue&#241;o, no trae consigo motivo ninguno de duelo, raz&#243;n por la cual no experimenta la sujeto durante &#233;l sentimiento alguno doloroso. Observamos aqu&#237; que la sensaci&#243;n concomitante al sue&#241;o no corresponde al contenido manifiesto, sino al latente, y que el contenido afectivo ha permanecido libre de la deformaci&#243;n de que ha sido objeto el contenido de representaciones.

Muy distintos de &#233;stos son los sue&#241;os en que aparece representada la muerte de un pariente querido y sentimos dolorosos afectos. Su sentido es, en efecto el que aparece manifiesto en su contenido, o sea el deseo de que muera la persona a que se refieren. Dado que los sentimientos de todos aquellos de mis lectores que hayan tenido alguno de estos sue&#241;os habr&#225;n de rebelarse contra esta afirmaci&#243;n m&#237;a, procurar&#233; desarrollar su demostraci&#243;n con toda amplitud.

Uno de los an&#225;lisis expuestos en p&#225;ginas anteriores, nos revel&#243; que los deseos que el sue&#241;o nos muestra realizados no son siempre deseos actuales. Pueden ser tambi&#233;n deseos pasados, agotados, olvidados y reprimidos, a los que s&#243;lo por su resurgimiento en el sue&#241;o hemos de atribuir una especie de supervivencia. Tales deseos no han muerto, seg&#250;n nuestro concepto de la muerte, sino que son semejantes a aquellas sombras de la Odisea, que en cuanto beb&#237;an sangre despertaban a una cierta vida. En el sue&#241;o de la ni&#241;a muerta y metida en una caja (p&#225;g. 441) se trata de un deseo que hab&#237;a sido actual quince a&#241;os antes y que la sujeto confesaba ya francamente haber abrigado por entonces. No ser&#225; quiz&#225; superfluo para la mejor inteligencia de nuestra teor&#237;a de los sue&#241;os el hacer constar aqu&#237; incidentalmente que incluso este mismo deseo se basa en un recuerdo de la m&#225;s temprana infancia. La sujeto oy&#243;, siendo ni&#241;a, aunque no le es posible precisar el a&#241;o que, hall&#225;ndose su madre embarazada de ella, dese&#243; a causa de serios disgustos que el ser que llevaba en su seno muriera antes de nacer. Llegada a la edad adulta y embarazada a su vez, sigui&#243; la sujeto el ejemplo de su madre.

Cuando alguien sue&#241;a sintiendo profundo dolor en la muerte de su padre, su madre o de alguno de sus hermanos, no habremos de utilizar ciertamente este sue&#241;o como demostraci&#243;n de que el sujeto desea en la actualidad que dicha persona muera. La teor&#237;a del sue&#241;o no exige tanto. Se contenta con deducir que lo ha deseado alguna vez en su infancia. Temo, sin embargo, que esta limitaci&#243;n no logre devolver la tranquilidad a aquellos que han tenido sue&#241;os de este g&#233;nero y que negar&#225;n la posibilidad de haber abrigado alguna vez tales deseos con la misma energ&#237;a que ponen en afirmar su seguridad de no abrigarlos tampoco actualmente. En consecuencia, habr&#233; de reconstituir aqu&#237;, conforme a los testimonios que el presente ofrece a nuestra observaci&#243;n, una parte de la perdida vida an&#237;mica infantil. &lt;/FONT&gt;</body>
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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: center" align=center&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/267521_A7M3718CA5S0QFWCAPC9FSZCANCFVDUCAG26BY3CAD3A57QCAOVSJEWCAT0WYY7CAH5OXEVCAC5UJD5CA6PQIHQCA1P1GX0CADRHYENCAU1TS72CARAJ6DYCA8WZG8NCAOUALGUCAUR8PSD.jpg"&gt;  &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;El sue&#241;o de hallarnos desnudos o mal vestidos ante personas extra&#241;as suele surgir tambi&#233;n sin que durante &#233;l experimentemos sentimiento alguno de verg&#252;enza o embarazo. Pero cuando nos interesa es cuando trae consigo tales sentimientos y queremos huir o escondernos, siendo entonces atacados por aquella singular par&#225;lisis que nos impide realizar movimiento alguno, dej&#225;ndonos impotentes para poner t&#233;rmino a la penosa situaci&#243;n en que nos hallamos. S&#243;lo en esta forma constituye este sue&#241;o un sue&#241;o t&#237;pico, aunque dentro de ella puede el n&#243;dulo de su contenido quedar incluido en los m&#225;s diversos contextos y adornado con toda clase de agregados individuales. Lo esencial en &#233;l es la penosa sensaci&#243;n -del car&#225;cter de la verg&#252;enza- de que nos es imposible ocultar nuestra desnudez, o, como generalmente deseamos, emprender una precipitada fuga. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;No creo muy aventurado suponer que la inmensa mayor&#237;a de mis lectores conoce por su experiencia on&#237;rica esta desagradable situaci&#243;n. En casi todos los sue&#241;os de este g&#233;nero queda impreciso el grado de nuestra desnudez. Alguna vez oiremos decir al sujeto que so&#241;&#243; hallarse en camisa, pero s&#243;lo en muy raros casos presenta la imagen on&#237;rica tal precisi&#243;n. Por lo contrario, suele ser tan indeterminada, que para describirla es necesario emplear una alternativa: &#171;So&#241;&#233; que estaba en camisa o en enaguas.&#187; Asimismo, es lo m&#225;s frecuente que la intensidad de la verg&#252;enza experimentada sea muy superior a la que el grado de desnudez podr&#237;a justificar. En los sue&#241;os de los militares queda muchas veces sustituida la desnudez por un traje antirreglamentario. As&#237;, sue&#241;an haber salido sin sable, o sin gorra, hall&#225;ndose de servicio, o llevar con la guerrera unos pantalones de paisano y encontrar en la calle a otros oficiales, etc. Las personas ante las que nos avergonzamos suelen ser desconocidas, cuya fisonom&#237;a permanece indeterminada. Otro car&#225;cter del sue&#241;o t&#237;pico de este g&#233;nero es que jam&#225;s nos hace nadie reproche alguno, ni siquiera repara en nosotros, con motivo de aquello que tanto nos averg&#252;enza. Por lo contrario, la expresi&#243;n de las personas que en nuestro sue&#241;o encontramos es de una absoluta indiferencia, o, como me fue dado comprobar en un caso especialmente claro, estirado y solemne. Todo esto da que pensar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;El avergonzado embarazo del sujeto y la indiferencia de los dem&#225;s constituyen una de aquellas contradicciones tan frecuentes en el fen&#243;meno on&#237;rico. A la sensaci&#243;n del sujeto corresponder&#237;a, l&#243;gicamente, que los dem&#225;s personajes le contemplasen con asombro, se burlaran de &#233;l o se indignasen a su vista. Esta desagradable actitud de los espectadores ha quedado, a mi juicio, suprimida por la realizaci&#243;n de deseos, mientras que la no menos desagradable sensaci&#243;n de verg&#252;enza ha logrado perdurar, mantenida por un poder cualquiera, resultando as&#237; la falta de armon&#237;a que observamos entre las dos partes de este sue&#241;o. La forma en que el mismo ha sido utilizado como base de una f&#225;bula nos proporciona un interesante testimonio de que no se ha llegado a interpretar acertadamente su significado, a trav&#233;s de su expresi&#243;n deformada en parte por la censura. La f&#225;bula a que me refiero nos es a todos conocida por la versi&#243;n de Andersen&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;y m&#225;s recientemente ha sido poetizada por L. Fulda en su Talism&#225;n. En el cuento de Andersen se nos refiere que dos falsarios ofrecen al rey un traje cuya singular&#237;sima condici&#243;n es la de ser visible &#250;nicamente para los hombres buenos y honrados. El rey sale a la calle vestido con este invisible traje -o sea desnudo- pero no queriendo pasar nadie por hombre perverso y ruin fingen todos no advertir su desnudez. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Esta &#250;ltima es, punto por punto, la situaci&#243;n de nuestro sue&#241;o. No hace falta aventurarse mucho para suponer que del incomprensible contenido del sue&#241;o ha partido un impulso a inventar un disfraz mediante el cual adquiera un sentido la situaci&#243;n expuesta ante la memoria, quedando entonces despojada esta situaci&#243;n de su significaci&#243;n primitiva y haci&#233;ndose susceptible de ser utilizada para fines distintos. Ya veremos m&#225;s adelante que esta equivocada interpretaci&#243;n del contenido on&#237;rico por la actividad intelectual consciente de un segundo sistema es algo muy frecuente y debe ser considerado como un factor de la conformaci&#243;n definitiva de los sue&#241;os. Asimismo, habremos de ver que en la formaci&#243;n de representaciones obsesivas y de fobias desempe&#241;an principal papel an&#225;logas interpretaciones err&#243;neas, dentro siempre de la misma personalidad ps&#237;quica. Con respecto a estos sue&#241;os de desnudez, podemos indicar tambi&#233;n de d&#243;nde es tomado el material necesario para dicha transformaci&#243;n de su significado. El falsario es el sue&#241;o; el rey, el sujeto mismo, y la tendencia moralizadora revela un oscuro conocimiento de que en el contenido latente se trata de deseos il&#237;citos sacrificados a la represi&#243;n. Los contextos en que tales sue&#241;os aparecen incluidos en mis an&#225;lisis de sujetos neur&#243;ticos demuestran, sin lugar a duda alguna, que se hallan basados en un recuerdo de nuestra m&#225;s temprana infancia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;S&#243;lo en esta edad hubo una &#233;poca en la que fuimos vistos desnudos, tanto por nuestros familiares como por personas extra&#241;as -visitantes, criadas, etc.-, sin que ello nos causara verg&#252;enza ninguna. Asimismo, puede observarse que la propia desnudez act&#250;a sobre muchos ni&#241;os, aun en per&#237;odos ya algo avanzados de la infancia, como excitante. En lugar de avergonzarse, r&#237;en a carcajadas, corren por la habitaci&#243;n y se dan palmadas sobre el cuerpo hasta que su madre o la persona a cuya guarda est&#225;n encomendados les afea su proceder, tach&#225;ndolos de desvergonzados. Los ni&#241;os muestran con frecuencia veleidad exhibicionista. Rara es la aldea en que el viajero no encuentra a alg&#250;n ni&#241;o de dos o tres a&#241;os que levanta a su paso -y como en honor suyo- los faldones de su camiseta. Uno de mis pacientes conservaba en su memoria consciente el recuerdo de una escena en que, teniendo ocho a&#241;os, hab&#237;a intentado entrar en camisa, a la hora de acostarse, en la alcoba de su hermanita, capricho que le fue negado por la criada que de &#233;l cuidaba. En la historia infantil de los neur&#243;ticos desempe&#241;a la desnudez de ni&#241;os de sexo opuesto al del sujeto un important&#237;simo papel. La man&#237;a de los paranoicos de creerse observados cuando se visten o se desnudan debe ser enlazada a estos sucesos infantiles. Entre los perversos existe un grupo -el de los exhibicionistas- en el que el indicado impulso infantil ha pasado a la categor&#237;a de obsesi&#243;n. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Cuando, en la edad adulta, volvemos la vista atr&#225;s se nos aparece esta &#233;poca infantil en la que nada nos avergonzaba como un Para&#237;so, y en realidad el Para&#237;so no es otra cosa que la fantas&#237;a colectiva de la ni&#241;ez individual. Por esta raz&#243;n se hace vivir en &#233;l, desnudos, a sus moradores, sin avergonzarse uno ante el otro, hasta que llega un momento en que despiertan la verg&#252;enza y la angustia, sucede la expulsi&#243;n y comienza la vida sexual y la labor de civilizaci&#243;n. A este para&#237;so puede el sue&#241;o retrotraernos todas las noches. Ya indicamos antes nuestra sospecha de que las impresiones de la primera infancia (del per&#237;odo prehist&#243;rico, que alcanza hasta el final del cuarto a&#241;o) demandan de por s&#237; y quiz&#225; sin que en ello influya para nada su contenido, una reproducci&#243;n, siendo, por tanto, su repetici&#243;n una realizaci&#243;n de deseos. As&#237;, pues, los sue&#241;os de desnudez son sue&#241;os exhibicionistas&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;. El n&#243;dulo del sue&#241;o exhibicionista queda constituido por la propia figura del sujeto -no en su edad infantil, sino en la actual- y por el desorden o parvedad de su vestido, detalle este &#250;ltimo que, a causa de la superposici&#243;n de recuerdos posteriores o de imposiciones de la censura, queda siempre indeterminada. A este n&#243;dulo se agregan las personas ante las cuales nos avergonzamos. No conozco caso ninguno de que entre estas personas retornen las que realmente presenciaron las pret&#233;ritas exhibiciones infantiles del sujeto. El sue&#241;o no es, en efecto, casi nunca un simple recuerdo. En todas las reproducciones que el sue&#241;o, la histeria y la neurosis obsesiva nos presentan quedan siempre omitidas aquellas personas a las que hicimos objeto de nuestro inter&#233;s sexual en nuestra infancia. Unicamente la paranoia hace retornar a los espectadores e impone al sujeto la m&#225;s fan&#225;tica convicci&#243;n de su presencia, aunque los deja permanecer invisibles. Aquello con que el sue&#241;o los sustituye -&#171;mucha gente desconocida&#187; que no presta atenci&#243;n al espect&#225;culo que se le ofrece- constituye la transformaci&#243;n, en su contrario, del deseo del sujeto, orientado hacia la persona, familiar y &#250;nica, a la que siendo ni&#241;o dedic&#243; su desnudez, en sus exhibiciones infantiles. Esta &#171;gente desconocida&#187; aparece tambi&#233;n en muchos otros sue&#241;os e intercala en los m&#225;s diversos contextos, significando entonces &#171;secreto&#187;, siempre como transformaci&#243;n, en su contrario, de un deseo. El retorno de la situaci&#243;n primitiva, que, como antes indicamos, se verifica en la paranoia, queda adaptado asimismo a esta contradicci&#243;n. El sujeto tiene en ella la convicci&#243;n de ser observado, pero los que as&#237; le observan son &#171;gente desconocida, singularmente indeterminada&#187;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;La represi&#243;n act&#250;a tambi&#233;n en estos sue&#241;os exhibicionistas. La penosa sensaci&#243;n que durante ellos experimentamos no es sino la reacci&#243;n del segundo sistema contra el hecho de haber logrado, a pesar de todo, una representaci&#243;n el contenido, por &#233;l rechazado, de la escena exhibicionista. Esta no deb&#237;a haber sido reproducida, para evitar la sensaci&#243;n desagradable. M&#225;s adelante volveremos a ocuparnos de la sensaci&#243;n de hallarnos paralizados, la cual sirve admirablemente en el sue&#241;o para expresar el conflicto de la voluntad, el no. La intenci&#243;n consciente demanda que la exhibici&#243;n prosiga y la censura exige que se interrumpa. Las relaciones de nuestros sue&#241;os t&#237;picos con las f&#225;bulas y otros temas de creaci&#243;n po&#233;tica no son ciertamente escasas ni casuales. La penetrante mirada de un escritor ha observado en una ocasi&#243;n anal&#237;ticamente el proceso de transformaci&#243;n de que el poeta es, en general, instrumento y ha sabido perseguir el desarrollo de dicho proceso remontando su curso, o sea referir a un sue&#241;o la obra po&#233;tica. Aludo con esto a Gottfried Keller, en cuya obra Enrique el Verde me ha se&#241;alado un amigo m&#237;o el siguiente pasaje: &#171;No le deseo a usted, mi querido Lee, que compruebe por propia experiencia cu&#225;l fue la sensaci&#243;n de Ulises al surgir desnudo y cubierto de barro ante Nausicaa y sus compa&#241;eras. &#191;Que c&#243;mo es posible tal comprobaci&#243;n? Helo aqu&#237;. Cuando lejos de nuestra patria y de todo lo que nos es querido vagamos por tierras extra&#241;as, vemos y vivimos todo g&#233;nero de cosas, sufrimos y meditamos o nos hallamos quiz&#225; miserables y abandonados, so&#241;amos indefectiblemente alguna noche que nos acercamos a nuestros lejanos lares. Los anhelados paisajes patrios aparecen ante nosotros con esplendorosos colores, y suaves figuras amadas salen a nuestro encuentro. Pero entonces nos damos cuenta de que llegamos destrozados, desnudos y cubiertos de polvo. Verg&#252;enza y angustia infinitas se apoderan de nosotros. Intentamos cubrir nuestras desnudeces u ocultarnos, y acabamos por despertar ba&#241;ados en sudor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Mientras existan seres humanos ser&#225; &#233;ste el sue&#241;o del desgraciado al que el Destino hace vagar lejos de su patria. Vemos, pues, que la situaci&#243;n de Ulises ante Nausicaa ha sido tomada por Homero de la m&#225;s profunda y eterna esencia de &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Humanidad.&#65467; Ahora"&gt;la Humanidad.&#187; Ahora&lt;/st1:PersonName&gt; bien: esta eterna y m&#225;s profunda esencia del hombre que todo poeta tiende siempre a despertar en sus oyentes, se halla constituida por aquellos impulsos y sentimientos de la vida an&#237;mica, cuyas ra&#237;ces penetran en el temprano per&#237;odo infantil considerado luego como prehist&#243;rico. Detr&#225;s de los deseos del expatriado, capaces de conciencia y libres de toda objeci&#243;n, se abren paso en el sue&#241;o los deseos infantiles, reprimidos y devenidos il&#237;citos, raz&#243;n por la cual termina siempre en sue&#241;o de angustia este sue&#241;o que la leyenda de Nausicaa objetiviza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;El sue&#241;o antes expuesto, en el que la agilidad de que doy pruebas al subir la escalera se transforma a poco en la imposibilidad de hacer movimiento alguno, es igualmente un sue&#241;o exhibicionista, pues presenta los componentes esenciales de los de este g&#233;nero. Por tanto, habremos de poder referirlo a sucesos infantiles, y el conocimiento de estos sucesos habr&#225; de permitirnos deducir hasta qu&#233; punto la conducta de la criada con respecto a m&#237; y el reproche que me dirige de haber ensuciado la alfombra contribuyen a hacerla ocupar un lugar en mi sue&#241;o. No resulta, en efecto, nada dif&#237;cil llegar por este camino a un total esclarecimiento. La labor psicoanal&#237;tica nos ense&#241;a a interpretar la contig&#252;idad temporal como relaci&#243;n objetiva. Dos ideas, faltas en apariencia de todo nexo, pero que se suceden inmediatamente, pertenecen a una unidad que habremos de adivinar del mismo modo que una a y una b, escritas una a continuaci&#243;n de otra en el orden marcado, forman la s&#237;laba ab y han de ser pronunciadas conjuntamente. Esto mismo sucede con respecto a la relaci&#243;n de varios sue&#241;os entre s&#237;. El citado sue&#241;o de la escalera forma parte de una serie cuyos restantes elementos me han revelado ya su sentido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Debe, pues, de referirse al mismo tema. Ahora bien: dichos otros sue&#241;os tienen todos como base com&#250;n mi recuerdo de una ni&#241;era a la que estuve confiado desde el destete hasta los dos a&#241;os, persona de la que tambi&#233;n mi memoria consciente conserva una oscura huella. Por lo que mi madre me ha referido hace poco sobre ella, s&#233; que era vieja y fea, pero muy trabajadora y lista, y por las conclusiones que de mis sue&#241;os puedo deducir, ha de admitir que no siempre se mostraba muy cari&#241;osa conmigo, llegando a tratarme con rudeza cuando infring&#237;a las reglas de limpieza a las que quer&#237;a acostumbrarme. La criada de mi anciana paciente, al tomar a su cargo en la escena real antes detallada la continuaci&#243;n de dicha labor educativa, me da derecho a tratarla en mi sue&#241;o como encarnaci&#243;n de aquella vieja ni&#241;era de mi &#233;poca prehist&#243;rica. Habremos de admitir, adem&#225;s, que el ni&#241;o, no obstante los malos tratos de que le hac&#237;a objeto, la distingu&#237;a con su amor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;











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    <title>EL SUE&#209;O DE AVERGONZAMIENTO ANTE LA PROPIA DESNUDEZ</title>
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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/Deantiguasfragancias.jpg"&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;De antiguas fragancias. Miguel O. Menassa.

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;  &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Cuando el individuo, a medida de su crecimiento, lib&#233;rase de la autoridad de sus padres, incurre en una de las consecuencias m&#225;s necesarias, aunque tambi&#233;n una de las m&#225;s dolorosas que el curso de su desarrollo le acarrea. Es absolutamente inevitable que dicha liberaci&#243;n se lleve a cabo, al punto que debe haber sido cumplida en determinada medida por todo aquel que haya alcanzado un estado normal. Hasta el progreso mismo de la sociedad reposa esencialmente sobre esta oposici&#243;n de las generaciones sucesivas. Por otra parte, existe cierta clase de neur&#243;ticos cuyo estado se halla evidentemente condicionado por el fracaso ante dicha tarea. Para el ni&#241;o peque&#241;o los padres son, al principio, la &#250;nica autoridad y la fuente de toda fe. El deseo m&#225;s intenso y decisivo de esos a&#241;os infantiles es el de llegar a parec&#233;rseles - es decir, al progenitor del propio sexo -; el deseo de llegar a ser grande, como el padre y la madre. Pero a medida que progresa el desarrollo intelectual es inevitable que el ni&#241;o descubra poco a poco las verdaderas categor&#237;as a las cuales sus padres pertenecen. Conoce a otros padres, los compara con los propios y llega as&#237; a dudar de las cualidades &#250;nicas e incomparables que les hab&#237;a adjudicado. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Peque&#241;as experiencias de su vida infantil, que despiertan en &#233;l un sentimiento de disconformidad, lo incitan a emprender la cr&#237;tica de los padres y a aprovechar, en apoyo de esta actitud contra ellos, la ya adquirida noci&#243;n de que otros padres son, en muchos sentidos, preferibles a los suyos. La psicolog&#237;a de las neurosis nos ha ense&#241;ado que a este resultado coadyuvan, entre otros factores, los m&#225;s intensos impulsos de rivalidad sexual. Las ocasiones que los motivan tienen por tema evidente el sentimiento de ser despreciado. Son frecuent&#237;simas las oportunidades en las cuales el ni&#241;o es menospreciado o en que por lo menos se siente menospreciado, en las cuales siente que no recibe el pleno amor de sus padres o, principalmente, lamenta tener que compartirlo con hermanos y hermanas. La sensaci&#243;n de que su propio afecto no es plenamente retribuido se desahoga entonces en la idea, a menudo conscientemente recordada desde la m&#225;s temprana infancia, de ser un hijastro o un hijo adoptivo. Numerosas personas que no han llegado a la neurosis recuerdan a menudo ocasiones de esta especie, en las cuales, influidos generalmente por alguna lectura, interpretaron as&#237; las actitudes hostiles de los padres y reaccionaron en consecuencia. Ya aqu&#237; se evidencia, empero, la influencia del sexo, pues el var&#243;n se inclina mucho m&#225;s a desplegar impulsos hostiles contra el padre que contra la madre, y mucho m&#225;s tambi&#233;n a liberarse de aqu&#233;l que de &#233;sta. A este respecto, la actividad imaginativa de la ni&#241;a tiende a ser mucho m&#225;s atenuada. Estos impulsos ps&#237;quicos de la infancia, conscientemente recordados, nos ofrecen el factor que ha de permitirnos comprender el mito [del nacimiento del h&#233;roe]. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;







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    <title>LA NOVELA FAMILIAR DEL NEUR&#211;TICO. -I- Sigmund Freud 1908 (1909)</title>
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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/296579_goya5.bmp"&gt;El estudio reflexivo de las tendencias sexuales, s&#243;lo anal&#237;ticamente accesibles, hab&#237;a procurado, entre tanto, interesant&#237;simos conocimientos aislados. Lo que se conoc&#237;a con el nombre de instinto sexual era algo muy compuesto y pod&#237;a descomponerse en sus instintos parciales. Cada instinto parcial se hallaba inmutablemente caracterizado por su fuente; esto es, por aquella regi&#243;n del soma de la cual extra&#237;a el mismo su est&#237;mulo. Adem&#225;s pod&#237;an distinguirse en &#233;l un objeto y un fin. El fin era siempre su satisfacci&#243;n o descarga, pero pod&#237;a experimentar una mutaci&#243;n de la actividad a la pasividad. El objeto estaba menos firmemente vinculado al instinto de lo que al principio parec&#237;a, podr&#237;a ser f&#225;cilmente trocado por otro, y tambi&#233;n el instinto que hab&#237;a tenido un objeto exterior pod&#237;a ser orientado hacia la propia persona. Los diferentes instintos pod&#237;an permanecer independientes unos de otros, o -en forma a&#250;n irrepresentable - combinarse, fundirse para una labor com&#250;n. Pod&#237;an tambi&#233;n representarse mutuamente, transferirse sus cargas de libido, de manera que la satisfacci&#243;n de uno quedara sustituida por la de otro. El destino m&#225;s importante de los instintos parec&#237;a ser la sublimaci&#243;n, en la cual son sustituidos por otros el objeto y el fin, de manera que el instinto originalmente sexual encuentra su satisfacci&#243;n en una funci&#243;n no sexual ya y m&#225;s elevada desde el punto de vista social o &#233;tico. Todos &#233;stos son rasgos que no se unen todav&#237;a en una imagen conjunta. &lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;Psicoan&#225;lisis y Teor&#237;a de la Libido. Sigmund Freud, 1923&lt;/SPAN&gt;







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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/296580_goya1.bmp"&gt;Un progreso decisivo result&#243; cuando nos arriesgamos al an&#225;lisis de la dementia praecox y otras afecciones psic&#243;ticas y empezamos con ello a estudiar el yo, al cual hasta entonces s&#243;lo conoc&#237;amos como instancia represora y resistente. Descubrimos que el proceso pat&#243;geno de la dementia praecox consist&#237;a en que la libido era retirada de los objetos y retra&#237;da al yo, siendo los ruidosos fen&#243;menos patol&#243;gicos correspondientes la consecuencia de los vanos esfuerzos de la libido por hallar el camino de retorno a los objetos. Es, pues, posible que la libido de los objetos se transformara en carga del yo, e inversamente. Otras reflexiones mostraron que el yo pod&#237;a ser considerado como un gran dep&#243;sito de libido, del que aflu&#237;a la libido a los objetos y que se hallaba siempre dispuesto a acoger la libido retornada de los objetos. As&#237; pues, los instintos de conservaci&#243;n eran tambi&#233;n de naturaleza libidinosa, eran instintos sexuales que en vez de los objetos exteriores hab&#237;an tomado por objeto el propio yo. Por nuestra experiencia cl&#237;nica conoc&#237;amos personas que se conduc&#237;an singularmente, como si estuvieran enamoradas de s&#237; mismas, y hab&#237;amos dado a esta perversi&#243;n el nombre de narcisismo. Denominamos, pues, a la libido de los instintos de autoconservaci&#243;n libido narcisista y reconocimos una amplia medida de tal amor propio como el estado primario y normal. La f&#243;rmula primera de las neurosis de transferencia precisaba, pues, ahora, no de una rectificaci&#243;n, pero s&#237; de una modificaci&#243;n; en lugar de un conflicto entre instintos sexuales e instintos del yo hablamos mejor de un conflicto entre la libido del objeto y la libido del yo, o, puesto que la naturaleza de los instintos era la misma, entre las cargas del objeto y el yo. &lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;Psicoan&#225;lisis y Teor&#237;a de la Libido, Sigmund Freud - 1923-&lt;/SPAN&gt;









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    <title>TEOR&#205;A DE LA LIBIDO.  - EL NARCISISMO.</title>
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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/294836_GOYA.bmp"&gt;El psicoan&#225;lisis, que no tard&#243; en descubrir que hab&#237;a de fundar todo el suceder an&#237;mico en el dinamismo de los instintos elementales, se vio en p&#233;sima situaci&#243;n, pues no hab&#237;a en &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:PersonName ProductID="la Psicolog&#65517;a" w:st="on"&gt;la Psicolog&#237;a&lt;/st1:PersonName&gt; una teor&#237;a de los instintos y nadie pod&#237;a decirle lo que propiamente era un instinto. Reinaba la arbitrariedad m&#225;s absoluta y cada psic&#243;logo admit&#237;a tantos instintos como quer&#237;a y, precisamente, los que quer&#237;a. El primer objeto de estudio del psicoan&#225;lisis fueron las neurosis de transferencia (la histeria y la neurosis obsesiva). Sus s&#237;ntomas nac&#237;an por cuantos impulsos instintivos sexuales hab&#237;an sido rechazados (reprimidos) por la personalidad (por el yo) y se hab&#237;a procurado indirectamente, a trav&#233;s de lo inconsciente, una expresi&#243;n. Comenzamos, pues, por oponer a los instintos sexuales instintos del yo (instintos de autoconservaci&#243;n), y nos encontramos entonces de acuerdo con la tesis, hecha popular, del poeta que atribuye todo el suceder universal a dos &#250;nicas fuerzas: el hambre y el amor. La libido era en igual sentido la manifestaci&#243;n energ&#233;tica del amor, como el hambre la del instinto de conservaci&#243;n. La naturaleza de los instintos del yo permaneci&#243; as&#237; en un principio, indeterminada e innacesible al an&#225;lisis como todos los dem&#225;s caracteres del yo. Sin que fuera posible indicar si entre ambas clases de instintos deb&#237;an suponerse diferencias y cu&#225;les pod&#237;an ser &#233;stas. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

Psicoan&#225;lisis y teor&#237;a de la libido. Sigmund Freud, 1923





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    <title>TEOR&#205;A DE LA LIBIDO.  - ANT&#205;TESIS DE INSTINTOS SEXUALES E INSTINTOS DEL YO.</title>
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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/psicoanalisis-para-todos/296903_goya5.bmp"&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;Se afirma multilateralmente la existencia de- un instinto gregario especial innato, que determina la conducta social de los hombres e impulsa al individuo a la reuni&#243;n en comunidades m&#225;s amplias. El psicoan&#225;lisis ha de oponerse a esta tesis. Si el instinto social es tambi&#233;n, innato puede ser referido sin dificultad a cargas de objeto originariamente libidinosas y se desarrolla en el individuo infantil como producto de la reacci&#243;n a actitudes hostiles de rivalidad. Reposa en una forma especial de la identificaci&#243;n con los dem&#225;s. &lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: Arial"&gt;Psicoan&#225;lisis y teor&#237;a de la libido. Sigmund Freud, 1923&lt;/SPAN&gt;







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