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    <body>Strat&#237;s Tsirkas es uno de los mejores narradores griegos de posguerra. Incomprensiblemente sus seis libros de cuentos siguen sin traducirse al castellano. Aqu&#237; os presento una peque&#241;a obra maestra, un cuento perfecto, uno de los mejores que escribi&#243;, en mi opini&#243;n mejor incluso que el que Natividad G&#225;lvez tradujo en su estupenda Antolog&#237;a del cuento griego (Alfaguara, 2005). La traducci&#243;n, in&#233;dita, es de Vasilik&#237; Kanelliadou. Ah&#237; va la segunda parte de "Calles dif&#237;ciles" (1946):

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&lt;STRONG&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3366ff&gt;STRAT&#205;S TSIRKAS - &lt;EM&gt;CALLES DIF&#205;CILES (II)&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/STRONG&gt;

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;As&#237;, a ratos desesperada, a ratos sonriente, llegu&#233; sin darme cuenta a la iglesia del Profeta El&#237;as. Sub&#237; los escalones y encend&#237; una vela grande delante de San Esteban. Por si estuviera enfermo. Me santig&#252;&#233; y sal&#237; afuera. Atraves&#233; el patio, como me hab&#237;a explicado Vula, y encontr&#233; la puerta de atr&#225;s medio abierta.

Pero cuando pis&#233; aquella callejuela, empec&#233; a temblar con sudor fr&#237;o. Como si algo me dijera que iba a salir todo mal. Mi piel, que se hab&#237;a encendido con el sol, ahora se arrugaba. Desde los dos lados de la calle plantas y &#225;rboles sobresal&#237;an por las tapias de las huertas y se inclinaban. Enredaban como trenzas sus ramas arrugadas y formaban una c&#225;mara de hojas verdes y negras. Los gorriones piaban y de pronto se levantaban todos juntos batiendo las alas. La larga callejuela era atravesada por otras peque&#241;as que parec&#237;an alfombras de luz resplandeciente.

Empec&#233; a caminar. A mi izquierda, detr&#225;s de la tapia de un huerto, un perro me ladraba. Sent&#237; mis rodillas temblar. Siempre me han dado miedo los perros.

No me detuve. Cuando estaba ya a punto de llegar a la tercera callejuela a la derecha, vi la casa de la esquina con el tejado hundido. Mi coraz&#243;n lat&#237;a como si fuera a romperse y el perro ladraba detr&#225;s de m&#237;.

Intent&#233; disimular, caminando indiferente. En el balc&#243;n estaba su vieja. Llevaba un pa&#241;uelo nuevo en la cabeza pero sus gafas ten&#237;an un cristal roto de lado a lado. Detr&#225;s se le agrandaba un ojo salvaje, como si me acechara. Si se casa conmigo, pens&#233;, le comprar&#233; unas gafas con su montura de plata y con su funda.

&#161;Evangel&#237;a!, grit&#243; la vieja. Llamaba a su hija mayor, que se hab&#237;a quedado viuda y que viv&#237;a all&#237; con los hijos; St&#233;lena le dec&#237;a a Vula que no se lleva bien con la otra viuda, la nuera, la cotorra. Viv&#237;a all&#237; tambi&#233;n Giorgos, el hermano mayor, el carpintero. Hace a&#241;os eran una familia grande. Pero vino la muerte y seg&#243; a ciegas, desmont&#243; las parejas. &#161;Cuando llega la muerte...!

No sab&#237;a qu&#233; hacer. Detenerme y decir: Buenas tardes, qu&#233; les parece el tiempo, o hacer como que busco una casa. Me conoc&#237;an y les conoc&#237;a; pero hac&#237;amos como que no nos conoc&#237;amos.

Me acobard&#233; y pas&#233; de lejos. Escuch&#233; una ventana cerrarse. &#191;Ser&#237;a Evangel&#237;a?

&#161;St&#233;fanoos!, grit&#243; una voz como si hubiera incendio o se derramara la leche del fuego. Me mare&#233;. Era como si mi coraz&#243;n se hubiera descolgado y rodara por el suelo. Tropec&#233;. &#191;Qu&#233; pasar&#225;? &#191;Se asomar&#225; &#233;l por la ventana?

S&#237;&#237;&#237;, contest&#243; aburrido un chico. Era su sobrinillo, el hijo de Evangel&#237;a, que se llamaba St&#233;fanos. Yo ni siquiera gir&#233; la cabeza para mirar. Mi pierna se arrastraba y levantaba polvo. Y detr&#225;s de m&#237; me parec&#237;a que o&#237;a risas. 

A la izquierda vi una calle que conoc&#237;a. Llevaba a un descampado con edificios. En uno de ellos, en el &#225;tico, viv&#237;a una que antes trabajaba conmigo. Pero no gir&#233;. Pens&#233; ir hasta el final de la calle y volver de nuevo lentamente, para echar otro vistazo.

Un poco m&#225;s abajo hab&#237;a un chalecillo moderno, con rejas de hierro, sin &#225;rboles. S&#243;lo parterres con hierbas y unos pocos rosales, sillas, una mesita y encima un juego de t&#233;. &#191;Y a qui&#233;n veo sentado? Al se&#241;or Dimitris, mi cliente. Ven&#237;a a menudo, y siempre aparec&#237;a con una jovencilla morena, canija, llena de caprichos. Pero ahora estaba sentado all&#237; sin chaqueta, con el chaleco desabrochado, leyendo. Su mujer, una chica modosa, como de treinta y cinco a&#241;os, de brazos blancos, iba y ven&#237;a con el t&#233;. Qu&#233; pareja m&#225;s bonita, dir&#237;a quien no sabe. Me acord&#233; de la colonia que le est&#225;bamos echando aquel d&#237;a que se sinti&#243; mal, de sus tirantes, de su barriguita. Hasta le sacamos un mote. Le cant&#225;bamos:

&lt;EM&gt;No te queda bien el sobrepeso, Dimiiiiitri&lt;/EM&gt;.

Me vio con el rabillo del ojo. Dobl&#243; el peri&#243;dico y se puso a mirarme con la boca abierta. Yo segu&#237; caminando. Llegu&#233; hasta el final de la calle y di la vuelta. Despacio, para no cansar la pierna. Volv&#237; a pasar por delante del chal&#233;. Estaban bebiendo el t&#233; sentados los dos. &#201;l se incomod&#243; al verme. 

&#191;Qui&#233;n es?, o&#237; que le preguntaba a su mujer. Como si me dijera: no vengas. &#191;Ves? Hago como que no te conozco. Ni siquiera hab&#237;a pasado por mi cabeza tal cosa. &#191;Me iba a ense&#241;ar &#233;l mi trabajo? Pero ten&#237;a ganas de hacerle algo para que aprendiera, que parec&#237;a que ve&#237;a al diablo. Pero pens&#233;: ya llegar&#225; su hora.

Llegu&#233; a la casa del techo hundido. Vi al peque&#241;o St&#233;fanos trastear una bicicleta que ten&#237;a en el suelo. &#191;D&#243;nde est&#225; tu t&#237;o, mi vida?, le dec&#237;a en silencio.

El balc&#243;n estaba vac&#237;o, las ventanas cerradas. &#191;Me acechar&#237;a alguien desde dentro?

&#161;St&#233;fanos!, se oy&#243; de nuevo la voz, y volv&#237; a asustarme. Fui como borracha hasta la iglesia. Pero en vez de abrir la puerta e irme di la vuelta en la misma calle, cojeando. Algo me tiraba. Me mor&#237;a por verle, saber c&#243;mo estaba.

El peque&#241;o con la bicicleta hab&#237;a desaparecido. Solamente una ventana quedaba abierta y se ve&#237;a una cama de hierro con unas viejas s&#225;banas y un espejo deste&#241;ido con un marco de madera muy viejo. Pero, de repente, otra vez la voz: &#161;St&#233;fanoos! &#161;Echa a la mendiga que est&#225; sentada fuera!

&lt;/BLOCKQUOTE&gt;.

Strat&#237;s Tsirkas (El Cairo, 1911-Atenas, 1980) era hijo de emigrantes pobres en Oriente Medio. Trabaj&#243; de contable. En 1930 conoci&#243; a Kavafis, sobre el que escribir&#237;a una influyente biograf&#237;a. Fue poeta, ensayista, novelista, cuentista, traductor de Heine, Schiller, Lowry, Stendhal, Pavese. Desde muy joven fue miembro del Partido Comunista de Grecia. Su obra m&#225;s conocida es la trilog&#237;a novel&#237;stica &lt;EM&gt;Ciudades a la deriva &lt;/EM&gt;(&lt;EM&gt;Akib&#233;rnites polit&#237;es&lt;/EM&gt;), sobre la vida de las comunidades griegas en Oriente Medio, traducidas al espa&#241;ol en Buenos Aires, Emec&#233;: &lt;EM&gt;El c&#237;rculo en Jerusal&#233;n &lt;/EM&gt;(1975), &lt;EM&gt;Ariadna en El Cairo &lt;/EM&gt;(1976) y &lt;EM&gt;El murci&#233;lago en Alejandr&#237;a&lt;/EM&gt; (1977). El Partido Comunista lo expuls&#243; famosamente ante su negativa a renegar de la trilog&#237;a. Durante la dictadura de los coroneles (1967-1973) dej&#243; de publicar en protesta contra la censura y s&#243;lo public&#243; traducciones. Uno de sus libros de poemas se llama &lt;EM&gt;Oratorio espa&#241;ol&lt;/EM&gt;, y contiene homenajes a Federico Garc&#237;a Lorca.

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&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;FONT color=#990000&gt;[&#931;&#964;&#961;&#945;&#964;&#942;&#962; &#932;&#963;&#943;&#961;&#954;&#945;&#962;, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&#932;&#945; &#948;&#953;&#951;&#947;&#942;&#956;&#945;&#964;&#945;&lt;/I&gt;. Ed. &#922;&#941;&#948;&#961;&#959;&#962;, Atenas, 2001. Traducci&#243;n de Vasilik&#237; Kanelliadou]&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/SPAN&gt;

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    <title>Un cuento perfecto de Strat&#237;s Tsirkas (II)</title>
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    <body>Strat&#237;s Tsirkas es uno de los mejores narradores griegos de la posguerra. Incomprensiblemente sus seis libros de cuentos siguen sin traducirse al castellano. Aqu&#237; os presento una peque&#241;a obra maestra, un cuento perfecto, uno de los mejores que escribi&#243;, en mi opini&#243;n mejor incluso que el que Natividad G&#225;lvez tradujo en su estupenda &lt;EM&gt;Antolog&#237;a del cuento griego &lt;/EM&gt;(Alfaguara, 2005). La traducci&#243;n, in&#233;dita, es de Vasiliki Kanelliadou. Lo dar&#233; en tres partes porque es algo largo para un blog. Ya s&#233;, ya s&#233;, no es nada ortodoxo partir un cuento en tres y cargarse la sacrosanta unidad de efecto, Poe me perdone. 

Se llama "Calles dif&#237;ciles". Cosecha del 46. 

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&lt;STRONG&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#6633ff&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#6633ff&gt;STRAT&#205;S TSIRKAS&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/STRONG&gt; - &lt;EM&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#6633ff&gt;CALLES DIF&#205;CILES&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/STRONG&gt;





 &lt;BLOCKQUOTE&gt;Poco a poco le dej&#233; que me sacara casi cien liras, por si se decid&#237;a a casarse conmigo. &#161;Con qu&#233; sufrimientos y humillaciones hab&#237;a ahorrado yo el dichoso dinero, en total trescientas liras, mi dote! Puta me llamaban, los de mi familia y los conocidos. Por eso temblaba, por si me sacaba el dinero y lo perd&#237;a para siempre.

Pero aquel maldito domingo se lo regalar&#237;a todo. Llevaba una semana sin aparecer, y yo, acostumbrada como estaba a verle cada dos o tres d&#237;as, me sub&#237;a por las paredes. Dios m&#237;o, dec&#237;a, que venga por un momento solamente, para tomar un caf&#233;, y las cien liras para &#233;l, se las regalo. Tanto me hab&#237;a acostumbrado a &#233;l: le quer&#237;a.

Cada vez que o&#237;a subir el ascensor me daba algo. Se me cortaba la respiraci&#243;n y me temblaban las piernas, como si fueran de tela. La buena y la mala. Me levantaba y me acercaba a la puerta. Pero no ven&#237;an donde nosotras. El ascensor paraba en otra planta y yo volv&#237;a y me sentaba otra vez en la salita, junto a Vula. 

No ten&#237;amos nada para coser y no esper&#225;bamos visitas. Las chicas hab&#237;an salido con sus novios a disfrutar del domingo. Era un d&#237;a soleado. Enero, pero parec&#237;a verano.

Vula y yo nos quedamos en la oscuridad como los murci&#233;lagos. Y ella me hablaba y me hablaba, lo de siempre, sus historias de fantasmas y asesinatos, enfermedades, mal de ojo, magias, y cada dos por tres me sacaba a San Fanurios. Se me encog&#237;a el coraz&#243;n, me desesperaba esta mujer. Nunca se hab&#237;a quitado el negro del luto de encima (que ol&#237;a a muerto). Calla, calla, por lo que m&#225;s quieras, le dije. Quita la pasta del fuego y pon la mesa.

Demasiado le esperamos. En la mesa nos quedamos mudas. La comida bajaba con dificultad. De vez en cuando, Vula levantaba sus ojos estr&#225;bicos del plato y me miraba. Esperaba un pretexto para empezar de nuevo.

Pens&#233; que podr&#237;a llegar para el caf&#233;. Lo ten&#237;a por costumbre. Pero no vino.

A las tres me decid&#237;. Vula, le digo, te dejo aqu&#237;. Yo me voy. Har&#233; como que paso por su casa. Puede que est&#233; enfermo y nosotras no lo sepamos. Al fin y al cabo, es como si diera un paseo, con este sol... Como quieras, me dice. S&#243;lo ten cuidado por si te topas con su cu&#241;ada, porque tiene veneno en la lengua: &#191;te cont&#233; lo que le dec&#237;a el otro d&#237;a a St&#233;lena de ti? Lo s&#233;, lo s&#233;, la interrump&#237;, y me levant&#233; para cambiarme. 

&#201;l viv&#237;a con su familia lejos, en los suburbios, en un barrio pobre lleno de casas de una planta y huertos. En el tranv&#237;a me com&#237;a la cabeza por si me perd&#237;a en las callejuelas y no encontraba su casa. Vula me hab&#237;a explicado por d&#243;nde ir para no dar una vuelta grande. Es muy f&#225;cil, me dijo. F&#225;cil ser&#225; para ti. Pero para m&#237;, que siempre me confundo con las calles, y con esta pierna... Calles dif&#237;ciles, le dije.

Con semejantes preocupaciones no ten&#237;a ojos para ver el d&#237;a soleado. Despu&#233;s mi cabeza se fue a otro lado. &#191;Y si estaba enfermo de verdad? &#191;Y si era seria la cosa? &#191;C&#243;mo me dar&#237;a cuenta? A lo mejor est&#225; su madre en el balc&#243;n y al verme pasar me llama. A veces ocurren cosas as&#237;. Pongamos que yo le diera pena, o que quisiera darle una satisfacci&#243;n a su hijo.

Sonre&#237;a sola. Pero se me ven&#237;a a la cabeza lo que le hab&#237;a dicho la cu&#241;ada a St&#233;lena. La nuera hablaba mal de la suegra: como si ella fuera una santa. &#191;Te lo crees? &#161;Que dios te guarde de esa vieja diab&#243;lica! &#191;Te he dicho lo que me dec&#237;a el otro d&#237;a sobre la jefa de Vula? Preferir&#237;a verle ladr&#243;n y asesino, verle en el cadalso, que dejarle casarse con la coja, la puta. Para pasar el rato, para que tenga un dinerillo, hago como que no me entero. Pero boda... As&#237; me lo cont&#243; Vula, v&#237;a St&#233;lena. Pero, por otro lado, pensaba que quiz&#225; la vieja no hubiera dicho esas cosas y ni siquiera las hubiera pensado, que fuesen palabras de la nuera, que sabe que llegar&#225;n a mis o&#237;dos y me hace la guerra. Como si yo le hubiera hecho algo malo. Ni siquiera la conozco, la muy zorra.

As&#237;, a ratos desesperada, a ratos sonriente, llegu&#233; sin darme cuenta...
&lt;/BLOCKQUOTE&gt;
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Strat&#237;s Tsirkas (El Cairo, 1911-Atenas, 1980) era hijo de emigrantes pobres en Oriente Medio. Trabaj&#243; de contable. En 1930 conoci&#243; a Kavafis, sobre el que escribir&#237;a una influyente biograf&#237;a. Fue poeta, ensayista, novelista, cuentista, traductor de Heine, Schiller, Lowry, Stendhal, Pavese. Desde muy joven fue miembro del Partido Comunista de Grecia. Su obra m&#225;s conocida es la trilog&#237;a novel&#237;stica &lt;EM&gt;Ciudades a la deriva &lt;/EM&gt;(&lt;EM&gt;Akib&#233;rnites polit&#237;es&lt;/EM&gt;), sobre la vida de las comunidades griegas en Oriente Medio, traducidas al espa&#241;ol en Buenos Aires, Emec&#233;: &lt;EM&gt;El c&#237;rculo en Jerusal&#233;n &lt;/EM&gt;(1975), &lt;EM&gt;Ariadna en El Cairo &lt;/EM&gt;(1976) y &lt;EM&gt;El murci&#233;lago en Alejandr&#237;a&lt;/EM&gt; (1977). El Partido Comunista lo expuls&#243; famosamente ante su negativa a renegar de la trilog&#237;a. Durante la dictadura de los coroneles (1967-1973) dej&#243; de publicar en protesta contra la censura y s&#243;lo public&#243; traducciones. Uno de sus libros de poemas se llama &lt;EM&gt;Oratorio espa&#241;ol&lt;/EM&gt;, y contiene homenajes a Federico Garc&#237;a Lorca.

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&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;FONT color=#990000&gt;[&#931;&#964;&#961;&#945;&#964;&#942;&#962; &#932;&#963;&#943;&#961;&#954;&#945;&#962;, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&#932;&#945; &#948;&#953;&#951;&#947;&#942;&#956;&#945;&#964;&#945;&lt;/I&gt;. Ed. &#922;&#941;&#948;&#961;&#959;&#962;, Atenas, 2001. Traducci&#243;n de Vasilik&#237; Kanelliadou]&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/SPAN&gt;

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