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09
Nov 2007

UN LIBRO VESTIDO DE ARTE

Escrito por: carlostalavera77 el 09 Nov 2007 - URL Permanente

Para vestir un libro con ropaje elegante o excéntrico sólo se necesita la mente creativa de una encuadernadora, un amplio conocimiento en pieles y un estilo artístico propio y bien definido. Así lo detalla la exposición Encuadernaciones artísticas de Evelyn Buchdid, una importante muestra del legado que le llevó a la bibliófila franco-mexicana Evelyn Buchdid Marck sesenta años de trabajo.

La exposición, inaugurada en agosto pasado en la Biblioteca de México “José Vasconcelos”, es un homenaje a la mujer que descubrió en la encuadernación de libros la vía para crear arte-objeto, dando cuenta de un arte olvidado y poco valorado en nuestro país, utilizando un estilo de búsqueda ecléctica de diseños, materiales y técnicas para su colección.

La muestra está integrada por una selección de 86 piezas, clasificadas en siete categorías estéticas: relieves, mosaicos lineales de colores, vidrios, animales, frutas, contenedores y autores que ejemplifican la antigua tradición francesa que se remonta a los orígenes de la escritura en la antigua Mesopotamia.

Históricamente, la encuadernación surgió para proteger el libro de una eventual desintegración. Empero, en su sentido más estricto el encuadernado es el arte que tiene por objeto reunir los diferentes componentes de un libro, buscando tres ventajas: su conservación, su fácil manejo y su presentación artística, presuponiendo la creación de nuevas formas expresivas sobre las tapas de los libros, captando un momento, un aliento o un concepto asociado al contenido que atavía.

A simple vista los encuadernados de Evelyn Buchdid son artesanías hechas a mano dotadas de personalidad propia, capaces de evocar lugares y tiempos insospechados. La travesía de esta exposición inicia con el único volumen que la autora elaboró totalmente a mano y lleva por título: Illustrations du livre prophetique de l’apôtre Saint Jean. A decir de la museógrafa y curadora Mirsa Aguirre, en este trabajo “Evelyn Buchdid se tomó la molestia de recuperar la historia de la encuadernación, recordando la importancia del amanuense, el ilustrador, el miniaturista y el encuadernador”.

Este libro tiene las dimensiones de un álbum fotográfico de tamaño familiar, sus páginas son de amate y se desplazan de forma lateral, como si se tratara de un biombo japonés que intenta emular un códice antiguo que, en su interior, resguarda ilustraciones a color de ángeles con las alas extendidas y de 24 reyes posando sus coronas a los pies de Jesucristo, sentado en un trono celestial. Lo peculiar de este volumen con tapas de tela blanca, es que la bibliógrafa no lo concluyó, por lo que no fue sino hasta después de su muerte, en 2006, cuando su hija lo encontró acompañado de una dedicatoria personal.

Este volumen evoca la encuadernación medieval. Sin embargo, la historia del encuadernado, ligada al nacimiento del propio libro, recuerda momentos míticos. Como cuando Cleopatra invitó a Julio César a los talleres de Alejandría, donde se supone que le mostró una nueva forma para conservar los documentos, sustituyendo los rollos de papiro –a menudo guardados en vasijas– por trozos cuadrangulares de papiro, unidos por una costura rudimentaria. Este ladrillo, a la postre se le denominaría codex y se convertiría en el antecedente del libro.

De entre las piezas más bellas de esta exposición, se puede destacar la Antología poética de Guadalupe Amor, un tomo de 23 centímetros de largo, vestido de gamuza color turquesa, adornado en la esquina superior izquierda por un pendiente metálico en forma de triángulo, con las puntas redondeadas, del que penden laberintos retorcidos y claves de Sol. En su parte inferior incluye algunas cuentas matizadas en color azul.

La pieza más vistosa corresponde al encuadernado de El corazón de piedra verde del escritor español Salvador Madariaga. Publicada en 1942, es considerada una de las mejores novelas históricas sobre la conquista del Nuevo Mundo. Sus tapas de ocre claro delimitan hacia el centro del empastado un océano de incrustaciones en vidrio azul y verde claros, simulando el mar, así como tres detalles de vidrio sin color, que simulan las tres carabelas de Cristóbal Colón.

El universo artístico de Evelyn Buchdid recorre autores y latitudes heterogéneas, encuadernando obras tan mexicanas como El llano en llamas de Juan Rulfo, al que vistió con tiras de badana, tafilete y gamuza, simulando un monte incendiado. El viejo y el mar de Ernest Hemingway muestra la incrustación metálica del esqueleto de un pez en su base. Y los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, permanecen abrazados por dos planos de acrílico con transparencias de hojas, flores y ramas secas.

Nombres como los de Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Emilio Carballido, Gabriel García Márquez, William Carlos Williams; Juan Rulfo, Ezra Pound y Antoine de Saint Exupéry, también fueron explorados por la creatividad de la artista franco-mexicana, demostrando que el encuadernado es una técnica que también expresa el alma y el contenido de un libro, arropándolo con una visión muy particular de la artista.

La obra de Evelyn Buchdid, en su conjunto, recurre a materiales tan distintos como el papel de algodón, bond, japonés y amate; pieles de gamuza, badana, cabritilla, tafilete, carnaza o ante; incrustaciones de metales en distintas formas, piedras semipreciosas, vidrios multicolores, y telas de seda y algodón estampado.

Un elemento adicional de estas piezas es que generalmente las guardas de papel, es decir, las dos hojas que los encuadernadores ponen al principio y al final de los libros después de haberlos cosido, fueron producidas generalmente al óleo por las manos de reconocidos artistas como Mayra Landau, Giulio Giannini y Luz María Santoyo.

En palabras de Robert Endean, presidente de la Academia Mexicana de Bibliografía, “Evelyn Buchdid fue una de las precursoras del libro arte-objeto, por sus diseños de cajas contenedoras para resguardar los libros”, tal como lo hizo para las obras de Richard Bach, Juan Somolinos y Juan Rulfo.

Para estos escritores, utilizó una técnica distinta al momento de realizar las cajas contenedoras. Para Bach utilizó un contenedor de tres piezas con apertura de tipo puerta. Para Rulfo, una caja deslizante de papel japonés, y para Somolinos, una variante de caja de almeja.

Evelyn Buchdid siempre pensó en la importancia de la obra, el diseño y la técnica, tal como lo revelan sus propias palabras: “El diseño de los planos que se hacen antes de ejecutar cualquier trabajo debe responder al texto y contexto del libro, por lo que debe leerse, sin importar su tema, para sentirlo, pues lo más importante de este oficio es el uso de la imaginación alrededor del libro, de su época y su contenido”.

Al respecto, Robert Endean opina que si bien “algunas veces la artista presenta ideas muy simples, consistentes en retratar un concepto central del libro, quizá una metáfora de su significado, su afán por vestir los libros la distingue de muchos encuadernadores que buscan ornamentarlos con más sobriedad, utilizando solamente colores y texturas. En cambio, la obra de Buchdid presenta la combinación de tres elementos: el diseño, los materiales utilizados y las guardas, que se conjugan para conformar un todo armonioso y decorativo”.

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La historia de la encuadernación se remonta al nacimiento del libro. Sin embargo su evolución no llegó a concretarse como tal hasta el año 751 de nuestra era, cuando inició la fabricación de papel en mediana escala. Posteriormente apareció la imprenta y la encuadernación comenzó a repuntar, pese a que los libros eran considerados objetos de lujo.

La encuadernación en la Edad Media se caracterizó por la utilización de maderas decoradas con relieves de marfil o cinceladas en plata y oro, engarzadas con piedras preciosas, perlas o esmaltes. Se sabe que a partir del año 1150 los escribanos e ilustradores seculares profesionales comenzaron a tomar el negocio del libro en sus manos. Sin embargo, no fue sino hasta el siglo XIII cuando se fundaron lo primeros talleres de producción librera.

La producción de la época era por demás lenta. Se cuenta que cuatrocientos antes de la aparición de la imprenta, un hombre llamado ‘El Velox’, ganó fama en Italia por lograr terminar un libro completo en un mes. El secreto de su éxito consistía en la división del trabajo, así que el amanuense, el ilustrador, el miniaturista, el grabador y el encuadernador hacían su trabajo individual, y así fue como nació la primera empresa editorial.

Poco después llegaría la imprenta y el trabajo comenzó a simplificarse. Quinientos años después, la producción editorial se ha multiplicado y al mismo tiempo el oficio del encuadernado artístico ha quedado al borde de la extinción, un capítulo que, con el paso del tiempo, podría formar parte de la historia de las Artes Decorativas.

Mirsa Aguirre, curadora de esta exposición, asegura que la idea del libro como un objeto de arte se ha perdido por el monopolio del comercio del libro. “El libro se ha convertido en una actividad más cotidiana. Antes no lo era, se trataba de un objeto de lujo que requería de una persona que escribiera el libro a mano, de otra que lo ilustrara a mano y otro lo encuadernara maravillosamente.

“El libro se popularizó a partir de la imprenta y, posteriormente, se comenzaron a abaratar los costos, lo cual es maravilloso, sin embargo no sólo se disminuyeron los costos para el usuario, sino que también los costos de producción para la empresa. Y peor aún, ahora con los libros digitales, se está disminuyendo los costos y también el sentido del libro de arte”.

Asimismo, Aguirre detalla que en nuestros días la encuadernación comercial utiliza materiales como el keratol o la percalina, los cuales son materiales de tela con una cubierta plástica, lo que ha permitido a los libros ser más accesibles, cómodos, prácticos, sin embargo pierden en calidad.

“Se usan materiales que te hacen la lectura más práctica, que hacen el libro más duradero y resistente, que es en principio el fin de la encuadernación. Sin embargo, también se ha demeritado en su forma de producción. La encuadernación antes era un arte donde no había pegamentos, donde principalmente la costura hacía de unión en las tapas al cuerpo del libro, donde la cabezada era cosida a mano, en cambio ahora sólo es pegada al libro una tirita de tela con un bordecito que simula una cabezada”.

Robert Endean, organizador de la muestra, piensa que “la encuadernación se enfrenta, desde hace algunos años, a los augurios que anuncian y alientan la desaparición del libro. No podemos imaginar que la encuadernación se aplique a la computadora, o a los émulos de los libros (e-books). Tampoco nos imaginamos una encuadernación artística meramente virtual, como un divertimento. La encuadernación artística existe en el mundo del libro, y para el libro”.

Este panorama ha generado en los años más recientes la preocupación de los artistas en torno a este oficio. Al respecto los artistas coinciden en que la única forma de salvar al encuadernado de la extinción es recuperando la tradición del libro, logrando en México un país de lectores, un país de amantes del libro que busque su conservación, pues tal como Evelyn Buchdid sentenció antes de su muerte, “todavía hoy las encuadernaciones especiales resultan más valiosas, en pesos y centavos, que los mismos libros”.


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Evelyn Buchdid Marck. Nació el 24 de octubre de 1921 en París, Francia y murió en Cuernavaca, Morelos, en 2006. Se trasladó con su familia a México poco antes de la Segunda Guerra Mundial. En México cursó la carrera de Filosofía y Letras Hispánicas en la UNAM y en la Academia de San Carlos. Continuó sus estudios en Historia de la Arquitectura Antigua y Moderna. Cursó la carrera de Encuadernación en la Escuela de Artes del Libro y continuó cursos de Grabado, Filosofía del Arte, Cabezadas a mano y estuches, técnica de encuadernación Copta y restauración de papel. Desde 1949 se desempeñó como encuadernadora y restauradora. Trabajó en la Librería y Galería de Arte Misrachi y tuvo una destacada trayectoria como bibliotecaria en distintos centros universitarios.


Juan Carlos Rodríguez Talavera

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Bienvenido a Clepsidra (RELOJ DE AGUA).

Sólo por decir algo de mí: soy un reportero cultural de origen mexicano como tantos otros, como muchos. He dedicado ya la tercera parte de mi vida al periodismo freelance y desde luego soy amante del ajedrez y un apasionado de la lectura de los clásicos y los contemporáneos.

¿Qué se puede encontrar en este blog? Pues algunas historias periodísticas, comentarios sobre diversos temas y uno que otro desliz literario.

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