19
Sep
2007
EL RINCÓN DE LOS MUERTOS
Santiago Roncagliolo deja escapar una sonrisa para romper el hielo. Sin dudarlo, se acerca a la ventana de su habitación en un hotel madrileño para mejorar la recepción de la señal telefónica. Es amable, pero se reconoce como un “escritor neurótico” que puede perder la paciencia si alguien lo interrumpe mientras escribe.
Así, con la mirada clavada en la ventana, sonríe y se mofa de su falta de tiempo libre. Ganador del Premio Alfaguara 2006 por su novela Abril rojo, se considera un "obrero de las letras" que busca cumplir sus ocho horas de trabajo diario para que su alma no muera de inanición.
En Abril rojo Santiago Roncagliolo exorciza algunos demonios de su historia personal. Pero existe uno en particular que ha lapidado su memoria por más de dos décadas. Se trata de su primer contacto con Perú: una fotografía que vio a los ocho años en una revista, donde aparecían decenas de perros colgados en los postes de luz en las calles de Perú.
En esa época la familia Roncagliolo vivía en la colonia Mixcoac de la ciudad de México, a causa de la deportación, pero aquella imagen de los perros colgantes les hizo comprender que ese símbolo maoísta de Sendero Luminoso, era la declaración formal de guerra al gobierno de Perú.
Así comenzó el terror de la historia o la historia del terror. Años después la familia Roncagliolo volvió a Perú. Entonces lo primero que Santiago tuvo que aprender fue a identificar el sonido de las bombas, aguardar los apagones en un lugar seguro y poner cinta adhesiva a las ventanas para que las detonaciones no las hicieran añicos.
Frankenstein y la fuente del horror
Santiago Roncagliolo trabajó durante 1999 y 2000 –los dos últimos años del gobierno de Alberto Fujimori– en el Departamento de Derechos Humanos de Perú, donde descubrió la fuente del horror que marcó la creación de Abril rojo.

“Este trabajo me obligó a estar en contacto con los episodios de la guerra contra el terrorismo, de los que en ese momento no se hablaba. No conocíamos las torturas, las desapariciones, lo que ocurría en las cárceles. Fue un trabajo de inmersión en el horror, no sólo del terrorismo, sino del horror que se produjo para defendernos del terrorismo, que al final terminó por no ser muy distinto”.
Roncagliolo ambienta su Abril rojo en Ayacucho. Una hermosa ciudad colonial del Perú que tienen presente a sus muertos y que el autor retrata como “un gran sepulcro de esclavos enterrados vivos”. Así es Ayacucho, una ciudad que concentra al menos tres facetas distintas de la muerte, en esta novela:
Por etimología, Ayacucho significa “rincón de muertos”. Desde la historia se le considera el “epicentro del terrorismo y la guerra contra el terrorismo”. Y su mitología la señala como escenario donde colisionaron los mitos de Semana Santa y del indio incarrí, descuartizado y enterrado por distintos puntos del imperio. Desde entonces los miembros del inca buscan su cabeza, y cuando la encuentren el imperio renacerá de sus cenizas.
Para el también autor de El príncipe de los caimanes, la muerte es relevante porque habla mucho de lo que somos. La redención, por ejemplo, “es producto de nuestro miedo a morir... Creamos religiones que nos prometan que habrá algo después de la muerte porque somos los únicos animales conscientes de que moriremos. Sin embargo, hay momentos como las guerras, en que la muerte se convierte en una forma de vida. Creo que esta novela entra al proceso del tema y oscila entre el atractivo fanático de la muerte como explicación y como generador de toda nuestra vida cultural”.
En Abril rojo Santiago coloca a la soledad como el común denominador de todas las tragedias. Los personajes padecen la injusticia, soportan la impotencia y se acostumbran al sabor de la muerte, mientras las calles se llenan de turistas limeños y extranjeros para celebrar la Semana Santa, adorando la imagen de un Cristo capturado por los judíos, con las manos atadas y signos evidentes de tortura.
Esta novela es un thriller que revela la obsesión creativa del autor por los asesinos en serie, y detalla las pasiones de un psicópata oculto tras el poder: un militar que manipula y descuartiza a sus víctimas, en busca de su propia identidad. Las claves de su demencia están dispersas por toda la obra, pero es hasta su desenlace donde queda claro que cada miembro mutilado, forma parte del “Frankenstein” que lleva dentro.
Su contraparte y cómplice involuntario es un fiscal distrital llamado Félix Chacaltana Saldívar. Un típico funcionario de provincia que está marcado con la estrella de la derrota. “Es un perdedor” que vive el desamor y alivia su nostalgia en la habitación de su madre, el único útero que le da seguridad.
Con la suma de ambos personajes el autor plantea una crítica ácida de la burocracia institucional, pero también una explicación a los conflictos sociales y de Estado, al confrontar la figura del fiscal Chacaltana con el psicópata.
Esa colisión entre barbarie y rigidez es lo que provoca los conflictos de América Latina, explica Roncagliolo. Abril rojo, más que una alusión ficticia al terror de la guerra peruana, es una luz que enciende los focos rojos en la guerra de medio oriente.
La política no es un tema que emocione mucho a Santiago Roncagliolo, pero aún así muestra su descontento porque piensa que “los políticos no han estado a la altura de los sistemas democráticos”.
Las novelas que influyeron en la creación de Abril rojo provienen de “los maestros de la violencia”: Estrella distante de Roberto Bolaño, El inocente de Ian McEwan, y Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi.
“Estos libros retratan de un modo u otro el horror, pero la idea del thriller viene más del cine con películas como Seven y El silencio de los inocentes; incluso de historietas como From Hell de Alan Moore”, donde a partir de la figura de Jack el Destripador, se muestra la sociedad victoriana inglesa de finales del XIX.
A Santiago le gustaría escribir un libro sobre México, aunque reconoce que los recuerdos son insuficientes.
“Mis memorias de México son demasiado infantiles como para poder estructúralas en una novela, pero uno nunca sabe. Las novelas a veces te estallan en la cabeza con los materiales inflamables más inesperados”.
En este momento una interferencia estridente vuelve a sacudir la conexión telefónica. Las palabras del escritor peruano se escuchan aún más lejanas y su voz ahora parece menos amable, hasta que el silencio lo desvanece en uno de sus propios personajes.
Santiago Roncagliolo. Fue el escritor más joven en recibir el Premio Alfaguara. Pronto publicará un libro de cuentos para niños llamado Matías y los imposibles. Es también traductor de literatura y guionista de telenovelas, profesor, periodista y colaborador habitual del diario El País. Sus obras son: Abril rojo (Premio Alfaguara), Pudor (que será llevada al cine), y El príncipe de los caimanes. Escribió el libro de relatos Crecer es un oficio triste. Y es autor de los libros infantiles: La guerra de Mostark y Rugor, el dragón enamorado.
Juan Carlos Rodríguez Talavera
Bienvenido a Clepsidra (RELOJ DE AGUA).
Sólo por decir algo de mí: soy un reportero cultural de origen mexicano como tantos otros, como muchos. He dedicado ya la tercera parte de mi vida al periodismo freelance y desde luego soy amante del ajedrez y un apasionado de la lectura de los clásicos y los contemporáneos.
¿Qué se puede encontrar en este blog? Pues algunas historias periodísticas, comentarios sobre diversos temas y uno que otro desliz literario.
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