26 Feb 2012
Convocatoria: "Cuando nadie Escucha".
Queridos escritores:
Hace ya más de un año que no ejercemos como tales y creemos que es una afición que nos reporta muchas alegrías como para abandonarla
Os proponemos una nueva convocatoria para ir entrando en calor y a partir de ahí volver a dar un impulso a nuestra afición.
Cómo en la ocasión anterior, se trata de escribir un texto breve (entre una línea y 7 páginas) con la siguiente frase:
"Cuando nadie escucha"
El tono del mismo es el que cada uno/a quiera darle: humorístico, dramático, trascendente, poético, ficción, autobiográfico...
Esperamos vuestras aportaciones en: taradurias@gmail.com y vuestros comentarios en el Blog.
La fecha de entrega es el miércoles 15 de Febrero.
19 Feb 2012
Cuando nadie escucha.

¿Acaso pierde el amanecer su color cuando nadie mira?
¿Acaso desaparece de la rosa el olor cuando no hay nariz alguna?
¿Acaso deja de ser suave tu piel si no hay mano que la toque?
¿Acaso para de cantar el ruiseñor cuando nadie escucha?
Entonces ¿porque pierde su valor la libertad cuando nadie la vigila?
-Dulce ¿verdad?
-¿Perdone?
-El canto de la bella dama Libertad, que es muy dulce, digo.
-¿La dama Libertad? suena a cuento infantil inventado por adultos, que ha ido alimentándose de nuestras esperanzas e ilusiones ¿no es así?
-No digas eso pequeña sin Ella estaríamos perdidos, es quien vela por nosotros, de hecho la dama Libertad...
-La dama Libertad no es más que una prostituta que solo pueden costearse las personas bien acomodadas. Una de esas que persiguen el dinero, tan solo una puta cualquiera, una puta sobrevalorada.
Nail
EL ESPEJO DE OBSIDIANA.
Nuestra historia empieza con una chica singular, no era muy popular pero adoraba a sus amigas y ellas la adoraban a su vez. Ella se llamaba de una forma original: Obsidiana. Casualmente su objeto favorito era un espejo hecho con obsidiana que tenía grabado su nombre. Le gustaba observar las cosas que se reflejaban en él.
Ese día su mejor amiga, Katy, no pudo venir porque se puso enferma, así que Obsidiana se entretuvo mirando su imagen en el espejo. Encontró un viejo poema que quizás escribió de pequeña, aunque no lo recordaba. De repente el cristal del espejo desapareció y comenzó a absorberla, haciéndola pasar al otro lado. Allí vio un paisaje precioso, tanto que decidió entrar en ese mundo todas las tardes.
Un día se quedó encerrada, gritaba y gritaba pero ¿qué pasa cuando nadie escucha? Apareció ante ella un breve texto que decía: “cuando nadie escucha te quedas encerrada en tu mente”.
Desde entonces Obsidiana vivió allí y nadie volvió a acordarse de ella nunca más, ya que cuando te quedas encerrada en tu mente te alejas del mundo y se olvidan de ti.
Y así fue como se convirtió en la guardiana del espejo.
LVZ
CUANDO NADIE ESCUCHA.

Cuando nadie escucha
Hablan los fusiles.
Hablan por miles,
Cuando nadie escucha.
En el Tíbet se escucha hasta el silencio. En el Monasterio de Drepung el silencio era parte del paisaje, especialmente desde que el Dalai Lama se marchó, muchos años atrás. De ser uno de los centros más importantes de nuestro pensamiento, pasó a ser, para unos pocos, una pequeña ventana a la espiritualidad. Mi padre me decía que eso no importaba, que había más silencio, que con tanto ruido la gente había dejado de escuchar. A pesar de que el Dalai Lama era nuestro indiscutible líder, se adivinaba alivio en sus palabras.
Aquella mañana de octubre de 1950 yo jugaba con mis montones de arroz, como cada día. Hacía tres montones exactamente iguales, cerraba los ojos, dejaba que el viento me dijera cuantos granos había en cada uno de ellos. Luego yo repetía esos números en voz alta. Más tarde contaba los granos, con la mirada de otros niños, expectante a mi alrededor. Volvía a acertar. Aún no sé como lo hacía. Para mi no tenía ningún mérito, pero se ve que no era tan común escuchar al viento.
Aquella mañana, sin embargo, uno de aquellos montones, de pronto, se deshizo. Fue como si el viento hubiera gritado. No supe entenderlo. Cerré mis ojos, noté cálido el otrora gélido viento del norte. Apreté más mis ojos buscando la oscuridad y las palabras del viento… Pero esta vez hubo luz y silencio. No podía escucharle.
Lejos, más allá de Jizhongxian, un poderoso ejército se ponía en marcha, con dirección a nuestros hogares y a nuestra historia.
Lo intenté por un buen rato. Desolado creí que me había abandonado, que mi Don para escuchar y para adivinar se había ido para siempre. Me levanté y me fui a casa bajo la sorpresa, casi desolación, de mis amigos. Almorcé con mi madre. No pronunciamos una palabra, yo preocupado por ese incidente inexplicable, ella, porque era el último bol de arroz con que alimentarnos ese día. El mercado llevaba unos días inexplicablemente desabastecido.
Me retiré a mi habitación mientras seguía dándole vueltas al misterio del cambio súbito en el viento. No podía entenderlo aunque sabía que aquello no era bueno. Sin darme cuenta me quedé dormido.
Al rato recordé que los monjes ya debían de haber iniciado sus discusiones vespertinas. No solía fallar una sola tarde. Yo sólo tenía 15 años pero ya conocía cada palabra de aquellas sutras escritas miles de años atrás. Nunca antes las había estudiado, pero ya las conocía. Por eso encontraba tan curiosas las discusiones de los mayores. Para mi eran discusiones infantiles. Me fui corriendo hacia la plaza donde ya estaban reunidos. No podía creer lo que estaba viendo. Los monjes, siempre tan pasionales pero tan respetuosos, estaban peleándose entre ellos. Se insultaban y se agredían. Algunos incluso, extraían de sus túnicas unas pequeñas dagas que nunca había visto antes. Sentí un terror que me dejó paralizado. El cielo se había oscurecido y comenzó a llover con furia. Un torrente rojo empapaba los cadáveres y comenzó a mojarme los pies desnudos…
Cuando desperté estaba empapado en sudor. Me levanté, corrí en busca de mi madre y temblando, le dije:
-¡Mamá vámonos, vienen miles de soldados armados! ¡Vienen a por nosotros!
Corrimos hacia la puerta, el viento volvía a ser frío, el sol lucía, los monjes discutían como siempre, respetuosos… Todo aquello terminaría dos días después, cuando el poderoso ejército chino llegó a nuestro pueblo, y se quedó.
Yo me fui, con mi familia. Seguí llamándome Tenzim Gyatso hasta años después, cuando cambié de nombre.
Aún no he vuelto a casa.
Científicos.

Bruselas, octubre de 1927.
Nadie entendía la “Teoría de la Relatividad General” de Albert Einstein (1). Un puñado de científicos como Willem De Sitter o George Friedman habían publicado trabajos al respecto, pero la Comunidad Científica continuaba su vida al margen de ella.
Era impecable pero las observaciones astronómicas no la corroboraban. El espectro luminoso de las galaxias más lejanas se desplazaba hacia el rojo, lo que no sucedería en un Universo en equilibrio estático. El problema tenía solución y Georges Henri la conocía: el Universo estaba en expansión. Publicó sus teorías en un artículo en 1927, pero pasaron desapercibidas.
Georges tenía una oportunidad de oro de hacerse escuchar. Estaba cerca de Einstein en el quinto Congreso Solvay, donde los grandes genios de la nueva física discutían los principios de la física cuántica. Lo veía a cierta distancia, junto a Auguste Piccard, rodeado de jóvenes estrellas emergentes de la física moderna que reían sin recato las frases del premio Nobel. Georges era más joven que la mayoría a pesar de que había dado clase a alguno de ellos en la Universidad de Lovaina.
—Docteur Einstein…
—¿Si?— El genio se volvió sonriendo.
—Soy el professeur Lemaître…— comentó Georges.
—¡Ah! He leído su artículo. Sus cálculos son correctos, pero su física es abominable.(2)
Georges quedó mudo. Auguste Piccard interrumpió la conversación, percatándose de la extraña tensión surgida entre ambos.
—Albert me gustaría mostrarle mi laboratorio. Acompáñenos professeur Lemaître.
Einstein no modificó su ligera mueca de contrariedad en el interior del taxi, es más la acentuó ligeramente cuando Georges comenzó a hablar.
—Verá Docteur, probablemente no conozca mis últimas publicaciones…
Einstein estaba visiblemente incómodo, por lo que Piccard decidió intervenir, hablándole en alemán. Georges no entendía nada, pero el tono de la discusión era evidente. Quería defenderse con ciencia, pero ¿qué hacer cuando nadie escucha? Sólo pudo abandonar el taxi.
California, enero de 1933.
—¡Mi más cordial enhorabuena doctor Lemaître!—Einstein sonreía afablemente— ha sido un excelente seminario sobre la radiación cósmica.
—Muchas gracias doctor Einstein —respondió Georges.
—Ha convencido usted a todo el mundo de sus teorías del “Universo en Expansión”, a partir de un “átomo primitivo” (3). Eddington es un entusiasta y De Sitter no es ningún indiferente. Ahora es usted una eminencia.
—No ha sido fácil, no pusieron grandes objeciones a mis cálculos, pero no simpatizaban con mis conclusiones.
—A mi me sucede lo mismo —reconoció Einstein. —No tengo muchos problemas en aceptar un Universo en expansión, pero esa gran explosión que dio origen a todo… Sabe, viniendo de un sacerdote como usted me recuerda a otras épocas, donde la Iglesia imponía sus tesis a la Ciencia. Esta teoría suya me parece demasiado… creacionista. (4)
—Creo que un científico cristiano va hacia adelante libremente, con la seguridad de que su investigación no puede entrar en conflicto con su fe. Tiene los mismos medios que su colega no creyente. En cierto sentido prescinde de su fe, no porque pueda entorpecer a su investigación, sino porque no se relaciona directamente con su actividad científica. (5)
—No me fío canónigo, no me fío. Me parece usted un hombre inteligente y un gran científico, pero la fe ha nublado el criterio de más de uno.
Bruselas, mayo de 1933.
Einstein acababa de renunciar a la nacionalidad alemana dimitiendo de sus puestos en la Academia de Ciencias y en le Universidad de Berlín, al enterarse del ascenso de Hitler a Canciller de la República de Alemania. Ahora no tenía fuente de ingresos y Georges acudió en su socorro, organizándole la impartición de varios seminarios. De pronto, en medio de la exposición, Einstein anunció:
—La próxima conferencia la impartirá el Doctor Georges Henri Joseph Édouard Lemaître que tiene cosas muy interesantes que contarles…
Georges pasó una semana enloquecedora, preparando aquella conferencia improvisada. Einstein asistió y en sus intervenciones manifestó entusiasmo por las ideas del ponente.
En una de las conferencias de Einstein, un colega le preguntó si todos los oyentes le habían comprendido bien. Respondió: "El profesor De Donder quizás, el canónigo Lemaître sin duda, los demás creo que no".
(1) Einstein recibió sus premios Nobel de Física en 1922, por sus trabajos en Física Teórica y sus aportaciones al conocimiento sobre el Efecto Fotoeléctrico. Se da la curiosa circunstancia de que el premio otorgado correspondía al año 1921, que había sido declarado vacante y preservado para su entrega posterior cuando hubiese más de un candidato con méritos suficientes, conforme a la normativa que regula estos premios. Su aportación más innovadora: “la Teoría General de la Relatividad” era la gran incomprendida por la Comunidad Científica.
(2) La frase es literal.
(3) Conocida actualmente como teoría del “Big Bang”.
(4) Einstein no simpatizaba demasiado con las iglesias organizadas aunque creía en Dios "El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir" "Creo en el Dios de Spinoza, que nos revela una armonía de todos los seres vivos. No creo en un Dios que se ocupe del destino y las acciones de los seres humanos". Pero la frase que resumiría su posición respecto a la Iglesia Católica sería: "Con respecto a Dios, no puedo aceptar ningún concepto basado en la autoridad de la Iglesia. Desde que tengo uso de razón me ha molestado el adoctrinamiento de las masas. No creo en el miedo a la vida, en el miedo a la muerte, en la fe ciega. No puedo demostrar que no haya un Dios personal, pero si hablara de él, mentiría. No creo en el Dios de la teología, en el Dios de que premia el bien y castiga el mal. Mi Dios creó las leyes que se encargan de eso. Su universo no está gobernado por quimeras, sino por leyes inmutables." Tampoco se identificaba con la religión judía, aunque sí lo hacía con la Colectividad judía: "Ni soy ciudadano alemán, ni hay nada en mí que pueda definirse como "fe judía". Pero soy judío y estoy orgulloso de pertenecer a la comunidad judía, aunque no les considero en absoluto los elegidos de Dios."
(5) Palabras tomadas del discurso que Lemaître pronunció el 10 de septiembre de 1936 en Malinas.
Esto no es un cuento, es un análisis de los prejuicios. Como ya he escrito anteriormente, son como las gafas: no los vemos, pero vemos a través de ellos.
Empecemos por hablar de Einstein: Era un hombre excepcional, capaz de ver la realidad desde ángulos que el resto ni siquiera podemos vislumbrar, sin embargo no pudo juzgar las ideas de Lemaître con imparcialidad porque era un sacerdote. Lo más importante es que cambió de opinión. Hay quién afirma orgullosamente “yo no cambio de ideas” o “siempre he pensado lo mismo”. Afortunadamente Einstein no era así, pero él era un genio. No fue sólo un físico, era un auténtico filósofo que dejó centenares de pensamientos agudos y otros que hoy calificaríamos como machistas. Pero pensar que los genios son perfectos o que las buenas personas de todas las épocas tienen los mismos valores no son más que dos prejuicios.
Lemaître no era corriente. Fue nombrado presidente de la Academia Pontificia de Ciencias. Jamás trató de explotar la ciencia en favor de la religión. Estaba convencido de que ciencia y religión son dos caminos diferentes y complementarios que convergen en la verdad. No sabemos cómo llegó a ser así, pero puede que sufrir los prejuicios de otros modelara su carácter. No es habitual, más bien al contrario, quién ha padecido los prejuicios ajenos suele ser incapaz de darse cuenta cuándo es él quien prejuzga. Quizás Lemaître sabía que las teorías son efímeras y que tarde o temprano son rebatidas por otras. Puede que por eso nunca quiso utilizar sus teorías como demostración de la existencia de Dios.
Y ahora nos toca a nosotros. Si nos hablan de prejuicios, de un sacerdote católico y de un científico vanguardista ¿cómo habríamos repartido los papeles? ¿Cuantas veces hemos oído oponer la Iglesia Católica a la teoría del Big Bang? Pues resulta que este paradigma, actualmente en vigor, nació de la mente de un sacerdote católico y fue rechazada por científicos ateos y agnósticos porque les parecía demasiado creacionista. Incluso aquellos cuyas teorías completaba, tardaron en aceptarla.
La ciencia también tiene sus prejuicios. Como dijo Max Plank: “Una nueva verdad científica no suele imponerse convenciendo a sus oponentes sino más bien porque sus oponentes desaparecen paulatinamente y (son sustituidos por) una nueva generación familiarizada desde el principio con la (nueva) verdad.” Einstein no fue así, cambió de opinión, pero él era un genio.
Finalmente quiero dejar claro que este hecho no exculpa la historia de prejuicios contra la Ciencia por parte de la Iglesia Católica (aunque sí ilustra un caso de intolerancia que se le ha atribuido injustamente) sólo enciende una de luz de alarma para cualquiera que piense que está libre de prejuicios.
C.L.
Cuando vence el silencio de la debilidad.

Aun no puedo creerlo, ojalá nada de lo que oí fuera cierto,
Tal vez mis sentidos engañen por un segundo al deseo de que no haya ocurrido.
Mi sueño ayuda para que descansen las razones apoyadas en débiles convicciones.
Oigo su voz y parece más viva que nunca.
Veo su risa y se hace la luz del atardecer más sincero que jamás hubo.
Sus ojos me dicen que solo es amada si su voz suena por encima de las olas,
Y nadie la cree durante años.
Cuando nadie escucha ella llora una vida vacía, y cuando nada cabe a su alrededor, ella canta al amor con tanta fuerza como es capaz un corazón herido y decepcionado, lo envuelve en risa mientras esconde el rubor de la mentira.
Cuando ya solo queda, apenas, la última canción susurrada en el fondo de una bañera, y de nuevo está sola, cansada, sin ganas de gritarle a su propio cuerpo que aún es bella, pasan las horas y amanece en silencio, horas después de acabar la canción de su vida.
¿Y ahora qué?, los mismos que ahora lamentan no supieron escuchar con más atención, los mismos que ahora juzgan, no pudieron pedirle que se alejara de la sombra.
Que fácil resulta escribir desprecios y más aun adornar falsos lamentos.
Qué tarde es para todo lo que no sea recordar una de las voces más profundas del universo.
Adiós Whitney, hasta tu nombre parecía forjado de melodía.
Yo solo escucharé tu voz tantas veces como mis ojos permitan, creeré que la vida no supo contarte una historia más feliz y sobre todo imaginaré por qué no pudiste reírte de ella.
No trataré de juzgarte aunque lo fácil sea eso, ni trataré de olvidarte aunque el orgullo lo reclame, solo escucharé de nuevo, una y otra vez, tu voz en los años en los que ni el clamor de una tormenta hubiera podido competir contigo.
13 Dic 2011
CONVOCATORIA "Cuando nadie escucha"
Queridos escritores:
Hace ya más de un año que no ejercemos como tales y creemos que es una afición que nos reporta muchas alegrías como para abandonarla
Os proponemos una nueva convocatoria para ir entrando en calor y a partir de ahí volver a dar un impulso a nuestra afición.
Cómo en la ocasión anterior, se trata de escribir un texto breve (entre una línea y 7 páginas) con la siguiente frase:
"Cuando nadie escucha"
El tono del mismo es el que cada uno/a quiera darle: humorístico, dramático, trascendente, poético, ficción, autobiográfico...
Esperamos vuestras aportaciones en: taradurias@gmail.com y vuestros comentarios en el Blog.
La fecha de entrega es el miércoles 15 de Febrero
10 Ene 2011
CONVOCATORIA "No sabía que hacer, nunca antes me había desecho de un cadáver"
CONVOCATORIA" "No sabía que hacer, nunca antes me había desecho de un cadáver"
En esta ocasión el relato debe ser de temática navideña y tiene que contener la siguiente frase:
"No sabía que hacer, nunca antes me había desecho de un cadáver"
El tono del mismo es el que cada uno/a quiera darle: humorístico, dramático, trascendente, poético, ficción, autobiográfico...
Esperamos vuestras aportaciones en: taradurias@gmail.com y vuestros comentarios en el Blog.
La fecha de entrega es el lunes 10 de Enero
Cómo en la ocasión anterior, se trata de escribir un texto breve (entre una línea y 7 páginas)
El ñu más valiente de la sabana.
Les sorprenderá oírme decir esto, pero casi siempre veo en gris. No es un defecto de mis sentidos, porque también puedo apreciar los colores, es alguna extraña mutación de mi cerebro, porque sólo veo coloreada la generosidad. Salvo por algún miembro de ONG o una monja que lo ha dejado todo por atender ancianos a cambio de comida y cama, mi mundo es gris.
Y lo más gris de todo es la Navidad. No sé en qué momento de la historia, alrededor del 350 d.C., pasamos del “ama a tu prójimo como a ti mismo” al “gasta en tus próximos y en ti mismo hasta el exceso más impúdico”. A veces el reencuentro de la familia o la ilusión de hacer felices a otros arrancan algún chispazo de color, pero el gris domina el paisaje.
Entenderán que estoy sólo. Con este don es muy difícil encontrar pareja. No se confundan, practico el sexo en compañía con regularidad. A veces el castellano me parece un idioma pobre: ¿cómo se puede utilizar la misma palabra para describir la satisfacción del impulso sexual y para hablar de dedicar tu vida a mejorar las de otros? “Practicar el amor”, una expresión con demasiados sentidos, o sin ninguno, porque tan malo es el exceso como la carencia.
Sigo una religión: soy budista, aunque no creo en ello pero es la que practica mi jefe. Él tampoco cree, pero piensa que mejora su imagen como diseñador de moda excéntrico. Soy el típico lameculos que ha ascendido gracias a esta actitud.
Hace unos meses vi un documental del Serengueti. Una leona había atrapado un ñu. Contraviniendo todas las órdenes del instinto, un segundo ñu aparece en escena agrediendo a la leona y consiguiendo que el animal atrapado huyese. “El ñu más valiente de la sabana…” dijo la voz, yo me reí. Seguro que la selección natural lo eliminó rápidamente, mientras que el primero anda por ahí correteando y reproduciéndose. Es estúpido ser el ñu más valiente de la sabana.
Suena el teléfono, mientras preparo la cena de Noche Buena. Siempre pavo, es lo que más le gusta a mi madre, única persona con la que comparto estas fechas. Ya saben primero se decapita, después se despluma, luego se vacía por dentro y finalmente se llena de ciruelas, introducidas a presión por lo que viene siendo lo que queda del culo.
―¿Diga?
―Hola Mariano ―es el jefe― prepárese… yo, mi guía espiritual y todos los budistas del departamento hemos elegido su casa para cenar esta noche.
―No j… naturalmente jefe, pero es que no he comprado nada…
―No se apure, algo frugal, a base de frutas y verduras. Es lo bueno que tiene ser budista, es fácil improvisar.
―Claro jefe ―mi carrera profesional empezó a pesar más que el resto.
Corrí a ponerme mi túnica de azafrán, mientras cavilaba cómo deshacerme del animal muerto. No sabía qué hacer, nunca antes me había desecho de un cadáver. Llamé urgentemente a la tienda de ultramarinos:
―… mucho arroz, sí seis o siete kilos… verdura ¿Qué no queda verdura… lo que tenga, ya me apañaré y fruta, rara, muy rara… ¿Lichis tiene? En lata, alabado sea Dios, me vale, traiga tres o cuatro.
Comencé a dar paseos por la cocina sin poder apartar los ojos del cuerpo del delito. Me parecía que el pavo me miraba con reproche, a pesar de haberlo decapitado, o quizás precisamente por ello. El timbre de la puerta me sacó de mis pesadillas.
El mozo subió el pedido y se me quedó mirando.
―¿Y tú que quieres?
―El aguinaldo.
―Espera ―se me encendió una luz. ―Toma ―dije poniendo en sus manos el pavo con cazuela y guarnición ―cuarenta y cinco minutos en el horno y ya tenéis cena de Navidad.
El chaval se marchó, dudando entre darme las gracias o mentar el recuerdo de mis muertos. Me lancé frenéticamente a hervir arroz y abrir latas de conserva. Cuando sonó el timbre, tenía una fuente de arroz tristemente adornada con los cuatro restos de verdura que se habían aferrado tenazmente a las cajas del supermecado.
―La felicidad inunda mi hogar, al recibir la luz de la virtud y la sabiduría.
La procesión de grises monigotes, satisfechos de sí mismos, entró ocupando sus asientos.
―Veo con satisfacción que has dispuesto una sencilla comida, carente de lujos, conforme a las enseñanzas de Budda.
“Vaya con el maestro, tira con bala”. El timbre interrumpió la conversación. “¡Mamá! ¡Me había olvidado!” Abrí la puerta. Mamá entró rodeada de color. Siempre la he visto en color, aunque puede que sea gris cuando no está conmigo.
―Hola hijo, aquí te traigo unas yemitas de Santa Teresa, de postre.
―Por favor señora… Mariano no comerá esos alimentos, producto de la barbarie y la ignorancia, fabricados con el sufrimiento de los animales.
“Me cago en el ñu más valiente de la sabana”, pensé.
―Y menos después del bocadillo de mortadela que nos vamos a comer de segundo ―dije.
Los hombres grises se levantaron y se marcharon sin decir palabra, cuando empecé a repartir el embutido.
―Hijo, que Navidad más rara. Tú disfrazado y mortadela en vez de pavo.
Llevo tres meses comiendo arroz con lichis, y me he despedido para siempre de un ascenso, pero mereció la pena. Aquel bocadillo explotaba de colores como fuegos artificiales.
Los gritos y los golpes, a la basura
Tantos días de lágrimas agotadas,
tantas palabras clavadas en la voz ronca y desnuda,
los gritos bailando alrededor de un plato roto,
el miedo sudando la ropa, ancha, oscura, antigua, desapercibida.
La culpa a pocos centímetros de tus ojos,
no importa como sientas, ni el dolor de las palizas,
nada es cierto si lo dices tú, solo cuenta si él lo dice.
No eres hábil ni bonita, no eres joven ni despierta,
no eres digna ni libre para hacer, decir, gozar o romper,
nada vales porque no gritas como él, porque recibes los golpes para que tus hijos no escuchen,
porque sonríes aunque sepas lo que viene a continuación.
Y sigues cada día, preparando su café,
y soñando para que hoy sea el día en el que no te haga daño,
y así sigue tu no vida, y le dejas, y no sabes cómo has llegado hasta aquí,
y no puedes reunir el valor suficiente para escapar, y a dónde y cómo.
Y hoy, cuando has llegado a casa cargada con su comida, estaba callado, sentado y quieto,
no has hecho ruido al recoger, y ahí seguía, sin decir nada, y tu apenas arrastrando zapatillas
para que no te oyera.
Cuando despierte pedirá café a gritos, que no queme demasiado,
porque terminará en tu rostro, y después romperá la taza, como cada vez que se queda
dormido en el sofá en lugar de la cama.
Pero hoy no se despierta, si, descubres que está muerto, y ni siquiera sabes sonreír, no piensas en tu libertad, en el mañana ni en el silencio de una vida suave, solo quedan las palabras huecas, repitiendo una y otra vez, murmurando en el eco del salón, que dirás cuando te pregunten como ha terminado en el cubo de la basura, a trozos.
- No sabía qué hacer, nunca antes me había deshecho de un cadáver, y él no merecía terminar en ningún otro lugar.
Marta
Sobre este blog
TARADURÍAS
TaraduriasTaradurías es un espacio creado por y para personas a las que les gusta leer y ser leídos; sin mayor pretensión que la de pasar un buen
momento, aprender, compartir e impedir la atrofia inducida a la que se ven sometidas nuestras escasas neuronas.
Periódicamente realizamos convocatorias
de relatos - a modo de ejercicios creativos - abiertas a la libre participación de quienes
estén interesados; la única premisa exigible
es el respeto hacia los demás y hacia lo que
se escribe, tanto en los relatos como en los comentarios.
Los textos que aparecen en nuestra portada, corresponderán siempre a la última convocatoria. Los anteriores quedarán almacenados en su sección correspondiente.
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