Comunidad El Pais - Sexo http://lacomunidad.elpais.com/temas/amor/sexo/rss 60 SEXO, SEXO http://lacomunidad.elpais.com/trasindependiente/2013/6/18/sexo-sexo <p><img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/trasindependiente/SEXOSEXO.jpg" id="img_0" class="imgcen"></p> <p class="MsoNormal" style="margin-top:12.0pt;margin-right:0cm;margin-bottom: 12.0pt;margin-left:0cm;text-indent:35.45pt"><span style="font-size:14.0pt; line-height:115%;font-family:&quot;Times New Roman&quot;">En estos momentos en los que escribo, y en los que tú, amigo, amiga, estás leyendo, hay por el mundo vaginas rezumantes de sensuales fluidos; penes en busca de caricias y huecos a los que acoplarse; pieles cálidas con el vello erizado, acompañadas y solitarias; guiños sensuales e insinuaciones urgentes; turgencias anhelantes y oquedades emergentes; labios convertidos en perfectos succionadores y oferentes entregados; manos que son apéndices indefensos o sabios; palabras nunca dichas en tonos nuevos cuya seducción inflama interiores y exteriores, palabras que olvidan obligaciones y ocupaciones mientras el tiempo desaparece tras la creación de un espacio lúbrico que abre un estado de creación y lujo puro de la existencia. </span></p> <p class="MsoNormal" style="margin-top:12.0pt;margin-right:0cm;margin-bottom: 12.0pt;margin-left:0cm;text-indent:35.45pt"><span style="font-size:14.0pt; line-height:115%;font-family:&quot;Times New Roman&quot;">Siempre hay sexo por todos los lugares y tiempos, como es natural y lógico en mamíferos como nosotros, sexuados y adornados con una mente dicen que evolucionada y seguro que bastante juguetona a pesar de haber dejado atrás la infancia. Los sonidos y aromas del sexo forman la música de fondo de la vida.</span></p> <p class="MsoNormal" style="margin-top:12.0pt;margin-right:0cm;margin-bottom: 12.0pt;margin-left:0cm;text-indent:35.45pt"><span style="font-size:14.0pt; line-height:115%;font-family:&quot;Times New Roman&quot;">Y acompañando a esa celebración, a esa urgencia reproductiva y/o placentera que desborda el pensamiento y la acción, hay leyes, objetos, personas, estados, grupos, facciones y otros elementos que no sé citar ocupados en juzgar, moderar, corregir, evitar e, incluso, castigar, ese ejercicio cotidiano de egoísmo generoso que puede conducir a que los humanos no desaparezcamos de la tierra. Un ejercicio de plenitud que siempre conlleva la auto afirmación y/o el reconocimiento de otro con el que compartir el exterior y el interior de uno mismo, excepto (siempre hay excepciones) cuando se ejerce con violencia; cuestión que no parece preocupar demasiado a los múltiples y variados elementos aparentemente antisexuales que pueblan el mundo, aún a pesar de que ellos también participen de la corriente sexual que lo recorre, tan vivificadora y necesaria como el ciclo del agua, como la masticación de unos animales por otros, como la utilización de todo lo vivo y lo que parece muerto para que la vida siga estando viva.</span></p> <p> <span style="font-size:14.0pt;line-height:115%;font-family:&quot;Times New Roman&quot;; mso-fareast-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language: EN-US;mso-bidi-language:AR-SA">Extraños elementos aquellos que, aún procediendo de la unión sexual de otros, pretenden controlar y desviar el misterio de la unión sexual y de las propias pulsiones con fines que, quizá, tengan algo que ver con el hecho de no aceptar la muerte como único destino posible de todo lo que se encuentra felizmente vivo. </span></span></p> trasindependiente Tue, 18 Jun 2013 14:49:03 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/trasindependiente/2013/6/18/sexo-sexo La idílica fidelidad http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/17/la-idilica-fidelidad <p>Con menos hipocresía y menos eternidades idílicas, la realidad es que la fidelidad de las parejas de enamorados es un trastorno transitorio que dura hasta que se encuentra algo mejor, algo nuevo, algo diferente o algo más grande.<br /> Otras consideraciones son puro romanticismo de literatura facilona.<br /> El Probador de Condones.</p> Iconoclasta Mon, 17 Jun 2013 21:58:22 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/17/la-idilica-fidelidad El Probador de Condones y la 3ª edad. http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/14/el-probador-condones-y-3a-edad- <p class="large"><img src="http://wsc.webaporter.com/extras/public/blog.cls?accountId=AARS20IN31AN&amp;instanceId=5703&amp;action=getImage&amp;img_id=5db945c7972a005fb01e90b2e433724e" alt=""></p> <p class="large">Me encontraba cómodamente sentado en el sillón tras la cena, comiendo pastelillos de crema y fumando. Mi santa se pintaba las uñas sin apenas hacer caso al programa de televisión. Se trataba de un documental de NatGeo Xtreme, la vida de una manada de chimpancés en pleno centro de la selva Lacachondona que queda por el nordeste de México fronterizo con Argentina si no recuerdo mal. De cualquier forma, lo que importa son las emociones, la cultura la uso de lubricante peneano muy a menudo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Lo mejor fue cuando se mostró como el grupo de machos jóvenes, descuartizaba al viejo jefe de la manada. Se me cayó al suelo un trozo de pastelillo en esa escena que me emocionaba vivamente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Mari, se ha caído un trozo de pastel.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Pues que lo recoja tu madre —dijo sin alzar la vista de las uñas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y observando su braguita blanca manchada de rojo, pensé en la menstruación y sus efectos secundarios.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">En el momento en el que uno de los chimpancés jóvenes le devoraba la oreja al viejo, le dije a mi esposa para relajar el ambiente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Mira como se parece a tu padre comiendo con ansia en el bufet libre ese chimpancé.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Y tu madre es puta —me respondió, otra vez, sin dejar de trabajar sus uñas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Tenía mucha regla, era mejor no hablarle.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y me enfrasqué en mis reflexiones, evoqué momentos de mi vida y las escenas de los monos pasaban monótona y aburridamente ante mis ojos y las uñas de mi santa.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Reflexioné sobre la 3ª edad, los jubilados y pensionistas. De cómo se comen con voracidad todo aquello que es gratis y de bufet libre, aunque sea mierda, durante sus viajes baratos a destinos turísticos en temporada baja.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Como es habitual en todas las fábricas, se organizan visitas para promocionar sus productos y demostrar su calidad a la ciudadanía, sobre todo a los colegios.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Debido a la cantidad tan grande que hay de pensionistas que necesitan distraerse y comer barato, muchos no encuentran plazas en las ofertas que la administración pública ofrece en las agencias de viajes. El gobierno español se puso en contacto con las empresas para que ofrecieran a los viejos parte de sus productos caducos y de promoción: baratijas, llaveros, bolígrafos, comida pasada, condones rotos, bolsas de plástico sucias con propaganda de aceites automotrices para llevar el pan, etc…</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">De esta forma la empresas tenían publicidad casi gratis, ya que solo costeaban una parte de los autocares y las bebidas (también caducadas y de oferta) que les ofrecían durante la visita a la fábrica.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y bueno, a los viejos mediocres les das un asiento en algo que se mueve, un poco de pan duro gratis con tocino rancio y algunas baratijas para que se metan en sus bolsos y van más contentos que mierda en bote. Se pelean como niños por conseguir más basura que sus compañeros de viaje y se pasan el día la hostia puta de distraídos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Aquel día recibí la visita en mi departamento de la relaciones públicas (public relations para ser más snob) de la fábrica de condones.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Buenos días, Iconoclasta. Dentro de una hora y media llega de visita un grupo de ancianos para hacer el tour por la fábrica. ¿Podrías hacer unas pruebas de lotes cuando ellos lleguen?</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— Claro, no faltaba más, Marga. ¿Vas a hacer el test del lote conmigo? Hace tiempo que no te apuntas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— No podré, tengo que preparar otras visitas y chupársela a mi jefe dentro de un cuarto de hora para que me apruebe una subida de sueldo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—No jodas… Pues ve con cuidado, porque el otro día Lourdes necesitaba un permiso de dos días y dijo que tenía una llaga purulenta en el glande.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Pues sí, y ya vengo preparada —dijo mostrándome una crema antibiótica que sacó del bolso y subiéndose la falda para mostrar que no llevaba ropa interior.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Yo pensé en la discriminación laboral de la mujer, mientras mi alter ego (mi polla) lo hacía en meterse dentro de aquel apetecible coño.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Entre los ancianos repartiremos boletos para que participen en el test. Pedrito el mongol te traerá un par de cajas con números, deberás sacar ante ellos uno para mujeres y otro para hombres. Los que ganen harán el test contigo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Ah, no… Yo no me tiro a un vejestorio.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Cobrarás las horas a precio de extras —me contestó.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Podríamos dar más oportunidades y que puedan ser cuatro los elegidos —contesté llevado por mi cariño hacia los ancianos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Ya eran las doce del mediodía, cuando escuché alboroto por el pasillo. Vi a una caterva de veinte ancianos y ancianas casi trotando en dirección al ventanal de demostraciones de mi cubículo. O sea, hacia mí, contra mí.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Algunos llevaban andaderas y avanzaban poco a poco obstaculizando el paso a los demás para hacerse sitio ante el ventanal; pero los más ágiles saltaron por encima de ellos y los adelantaron.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El guía (Jenaro, el encargado de la limpieza de los aseos), les decía algo pero nadie le hacía caso, así que enseguida se perdió para fumarse un cigarro. Lo sé porque se estaba sacando el paquete de tabaco del bolsillo. Soy sagaz.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y sentí envidia.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A los pocos minutos llegó Pedrito, el mongol (también conocido como síndrome de Down, tengo cultura) que repartía el correo por las distintas áreas y departamentos de la empresa.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¡Hola Iconoclazzta! Te traigo lozz numedozz para el zzorteo de loz viejozzz.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¿Quieres quedarte? Te dejo que hagas una prueba del smartcondón, cuando llegas al orgasmo envía un estado de felicidad al feisbuk y al tuiter.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Una mied-da a mí no me guz-ztan laz viejaz. Ademáz, me ha pedido Mad-ga que vaya a folladla porque zu jefe le ha dado el aumento, pedo no la ha dejado a guzto y no quiede maztudbadze zola.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Pues vete a la mierda, deficiente mental desagradecido.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Tu puta mad-dre —dijo cerrando la puerta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los viejos ya habían ensuciado el cristal con sus babas y estaban ansiosos por saber quien sería el ganador, me mostraban sus boletos agitándolos en las manos y golpeando la ventana con sus miradas pletóricas de ambición y lujuria.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Sentí un vacío en el estómago al sentirme un hombre objeto, una cosa sexual; pero como soy de naturaleza ególatra me quité los pantalones y los calzoncillos y estimulé el pene para que se pusiera erecto ante el público. Todos sudaban, unos por envidia, otros por deseo. Cuando me unté lentamente el pene con lubricante y descubrí mi glande estratégicamente expuesto bajo el foco de la luz para que brillara como una gema, una mujer de unas dos toneladas de peso tuvo una lipotimia y no se cayó al suelo porque estaba apretada por el resto de cuerpos. Supe de su desmayo cuando acabó la demostración, al ver el cuerpo tendido en el suelo; cuando Jenaro el guía les invitó a que continuaran la visita en el departamento de lubricantes. Allí les entregarían a cada uno un tubito promocional que caducó hace cinco años. Los viejos y viejas corrieron como los niños atletas griegos en las efebías delante de un látigo. Incluso la gorda de la lipotimia, pareció querer incorporarse al oír la palabra “obsequio”.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">En fin, que como tengo mi propio “esclavo” para ciertos trabajos, llamé a Ahmed el mal pagado y sin papeles moro marroquí para que viniera a ayudarme. Él existe y cobra lo poco que cobra para hacer lo que yo no quiero, y esto es: los test anales. En mi culo no entra nada más que mis dedos cuando me limpio después de cagar. Para esto están las razas inferiores, él lo sabe, yo lo sé y todos los sabemos: para que les den por culo. Según lo que haya que llevarse a la boca también están para eso. De vez en cuando, le invito a fumar si noto que se siente muy inferior y aliento su ánimo con una hipócrita cordialidad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cuando colgué el teléfono decidí darle más clase e interés a la demostración: arrastré el glande por la ventana y un viejo con un ya notable alzheimer, pretendía cogerlo con ademanes de subnormal. Me lo pasé un rato bien con aquel idiota.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Acto seguido saqué el número 13 de la caja de mujeres y el 11,5 de los hombres, pensé en Pedrito y sus nuevas clases tardías de números decimales.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los expuse ante la congregación matusalénica y una vieja comenzó a saltar de alegría con su boleto en la mano, parecía un escupitajo en una plancha caliente. Le señalé con el dedo que entrara en el cubículo. El viejo que estaba muy contento también con su número en la mano, se sujetaba algo bajo la camisa mientras recibía las felicitaciones envidiosas de sus colegas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Buenos días, señor Iconoclasta, no sabe lo contenta que estoy.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¿Cómo te llamas?</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Gumersinda Riduarejo de la Paz Santa.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Encantado de conocerte, Gumer. Vamos a empezar el test: primero me has de hacer una mamada, luego te penetraré hasta que tu cuello se ponga tieso como el de una gallina de las de tu pueblo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Me sonrió, pareció no sentirse ofendida por mi forma brusca de hablar, pero vi que usaba audífonos cuando se bajaba las enormes bragas arremangándose el vestido. Era un poco sorda.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El pelo de su coño estaba blanco como el de su cabeza y cerré los ojos para no perder la erección.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La vieja se sacó la dentadura postiza empujándola con la lengua y la metió en el vaso de cerveza que usamos de cenicero yo y mis colegas (creo que su visión tampoco era muy aguda). A pesar de tener unas rodillas artríticas como troncos de olivos, se arrodilló sin titubeos y se tragó mi pene como si fuera el chocolate que les regalan a los jubilados en los viajes baratos de fin de semana a Suiza.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A mitad de mamada, cuando ya me aburría de lo mal que lo hacía, irrumpió en el cubículo uno de los ancianos llevado por el vicio y la avaricia propia de los viejos sin clase que toda su vida fueron unos vulgares, es decir, comérselo todo si es gratis. Era el marido de la mamadora. Llevaba el boleto ganador de su compañero en la mano, ya que éste se había tenido que ir a cambiar la bolsa de la sonda de orina al servicio médico y se lo cedió porque estaba a su lado, no por amistad. El resto de viejos, apretaban sus caras arrugadas contra la ventana para no perder detalle. Había más mocos que narices arrastrándose y a pesar de ser un vidrio grueso, se les oía insultarse los unos a los otros.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Soy su marido y tengo el número ganador de los hombres.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Y a mí me suda la polla —le dije con los ojos entrecerrados de placer.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Déjame un poco a mí —le dijo a su mujer apartándola y ocupando su lugar.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¡Cerdo! —le contestó ella sin cordialidad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El tipo no tuvo tantos miramientos como su mujer, no se sacó la dentadura postiza. Abrió mucho la boca como quien va a comerse un plátano muy, muy, muy, muy gordo y se metió el pene sujetándome los huevos, con maestría y experiencia.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Ante aquella boca recia y temblorosa, eyaculé en dos segundos y le llamé con cariño cerdo de mierda.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El viejo estaba contentísimo de haberse llevado el premio gordo. Su mujer le llamó borde, se metió en el bolso unos condones usados de la papelera (como si no la viera) y muy digna ella, metió la mano en el vaso y se puso la dentadura. Antes de salir por la puerta con aire enojado, escupió una colilla.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El marido se relamió una vez más para recoger unos restos de semen en las comisuras de la boca, rebuscó con la mirada en el cuarto y localizó la papelera. Sacó de allí un trozo de pan con fuagrás que no quise comerme hace tres días y esperó escupiendo migas de pan duras como diamantes, a que empezara el test de los hombres.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¿Cómo te llamas?</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Gumersindo —qué mierda de vida, pensé.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— Muy bien, Gumer —me sentía incómodamente redundante—, ya puedes ir bajándote los pantalones y los calzoncillos. Pronto vamos a por el siguiente test.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Sus cojones eran grandísimos y colgaban mucho, por lo que imaginé que estaban rellenos de intestino por alguna hernia o algo parecido.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El pene sin embargo, era tan pequeño que sentí pena por él. Sería difícil calzarle un condón y que se le aguantara. Ahmed había tenido suerte.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Es bueno que los seres más inferiores gocen de algo de fortuna de vez en cuando.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y Ahmed entró.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¡Hola Iconoclasta!</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— Te presento al ganador del tour de hoy: Gumer el bien dotado.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Ahmed le tendió la mano.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— Yo soy Ahmed. Espero que no empujes mucho con esa bestia que tienes entre las piernas, quiero poder cagar en los próximos quince días.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y nos pusimos a reír como locos mientras encendíamos unos cigarros y el viejo Gumer estiraba el labio inferior demostrando que no acababa de entender la sutileza del comentario de Ahmed.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Yo también fumo —dijo Gumer.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Los invitados no pueden fumar, son las normas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Ahmed, prepárate en el potro sodomita, mientras busco un condón de la medida de este macho man. Imagino que lubricante no vas a querer —le dije en voz alta y clara.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y empezaron nuestras risas de nuevo. Los espectadores nos veían reír y se reían con nosotros a pesar de no entender una mierda.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Así que tomé del brazo a Gumer, y lo coloqué frente al ventanal para que el público pasara un buen rato mirando al bien dotado.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Al final encontré un trozo de film plástico para envolver comida y enfundé el pene de Gumer con media vuelta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Y ahora vamos a por esa erección. Ahmed, tócalo por favor, no quiero estar aquí todo el día.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Ahmed que tenía una tranca que le llegaba casi a las rodillas fue ovacionado por hombres y mujeres cuando se colocó frente al ventanal. Le cogió el pene con la punta de los dedos y lo agitó rápidamente, después de cinco minutos no conseguimos que aquello se pusiera duro y se le cayó la funda de film transparente al suelo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Tomé cuatro viagras del botiquín, las pulvericé y las mezclé con agua, cargué con aquello una jeringuilla y se la inyecté en la vena del brazo a Gumer.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">En dos minutos estaba tiesa como un mástil, aunque seguía siendo ridículamente pequeña.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Ahmed se acomodó de nuevo en el potro, le coloqué media vuelta de film transparente al mini pene y lo llevé hasta el culo de Ahmed.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Venga Gumer, follátelo, machote. Vamos a ver la calidad que tiene este condón.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Solo veo una niebla azul —se quejó.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Los pitufos vendrán luego, por el camino de los champiñones —dijo Ahmed tirándose un pedo y sobresaltando al viejo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Tomé el mini pene otra vez con las puntas de los dedos y lo introduje en el ano de Ahmed, luego con la mano empuje el culo del viejo para que aquella piltrafa no se saliera.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Y ahora dale que te pego, Gumer. Quiero ver como te corres enseguida.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¿Ya me la ha metido? Solo siento que me empuja y es un poco molesto.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Pues sí, la tienes toda dentro</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y nos pusimos a fumar y escuchar música mientras el viejo jadeaba como una cerda pariendo y sus huevos se bamboleaban pesados y tumorales contra los muslos de Ahmed.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Fue una conversación agradable en un ambiente tranquilo, a excepción de los vejestorios de fuera que animaban a su compañero.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A los diez minutos y tras tres cigarrillos, dijo con un hálito de voz mínimo:</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— Ya.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Unas gotitas de semen habían caído en sus zapatos y el trozo de plástico se había quedado en el culo de Ahmed.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Como no lo veía bien debido a tanta viagra, le ayudé a subirse los calzoncillos y los pantalones. Le metí el trozo de plástico del culo de Ahmed en el bolsillo de la camisa junto con otros condones usados que su mujer no había cogido-robado de la papelera.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Aún así, cuando pasamos cerca de mi mesa, cogió un lápiz mordisqueado que exhibía el nombre de la empresa.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cuando se fueron todos por fin hacia la sección de lubricantes y tras despedirlos con hipocresía desde la ventana, salimos yo y Ahmed hacia la máquina del café y allí nos fumamos otros cuantos cigarros.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Nos encontramos con Pedrito el subnormal.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¿Quieres un café, Pedrito? —le invité.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Zí, y bien cargado porque me duelen loz huevoz. La Mad-ga ze ha puesto hiztérica cuando ha vizto loz cojonez que tengo y me loz ha expdimido cuando me cod-día. Es una puta de mied-da.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¿Quieres un cigarrillo? —lo aceptó y se lo fumó sujetándose los cojones y sudando copiosamente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Y la próxima vez que te invite a que te folles a alguien en mi departamento, acepta, no te pasará eso.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—De acued-do Iconoclazta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y así acabó aquella jornada dedicada a la tercera edad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El documental pasaba ahora el rito de apareamiento de dos chimpancés con una chimpancesa, no sabía que pudieran hacer cosas así, tan complicadas y artísticas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Estoy pensando que podría invitar a tus padres para hacer un tour de visita en la fábrica —le dije a Mari.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Pues llámalos, se pondrán contentos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Yo también —pensé marcando el número en mi nuevo smart teléfono con capacidad para dieciocho mil videos pornos y dos canciones.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Pensé en Ahmed y cinco pastillas de Viagra para mi suegro, para que disfrutara de una buena metida anal y en Pedrito para que le comiera el coño a mi suegra, su lengua gorda y siempre burbujeante le encantará.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A la mona la han dejado de joder y se acaricia los pezones tranquilamente mirando la copa de un árbol acostada entre polvos y piedras.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Precioso, pero ya estoy hasta las pelotas del NatGeo por hoy.</p> <p><span class="large">Siempre abundante: El Probador de Condones.</span></p> <p><img src="http://www.iconoclasta.es/mediac/450_0/media/DIR_16801/6189297e23d0e098ffff82b0ffff8709.jpg" alt=""></p> <p><strong><span style="color: #ff0000;">Iconoclasta</span></strong></p> Iconoclasta Fri, 14 Jun 2013 01:36:34 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/14/el-probador-condones-y-3a-edad- El Probador de Condones y la 3ª edad. http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/13/el-probador-condones-y-3a-edad- <p>Viendo por la tele un reportaje de NatGeo Xtreme que mostraba como un viejo macho chimpancé era descuartizado por los más jóvenes de la manada, reflexioné sobre la 3ª edad, los jubilados y los pensionistas. De cómo se comen con voracidad todo aquello que es gratis, aunque sea mierda, en sus viajes en rebaño a destinos en temporada baja.</p> Iconoclasta Thu, 13 Jun 2013 16:37:16 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/13/el-probador-condones-y-3a-edad- Llueve http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/12/llueve <p> <img src="http://wsc.webaporter.com/extras/public/blog.cls?accountId=AARS20IN31AN&amp;instanceId=5703&amp;action=getImage&amp;img_id=012bf84d28db284d0fa81a2689445b08" alt=""></p> <p class="large">Necesito pensar que la lluvia, la que me hipnotiza llevándome a lo más profundo de mí con más fuerza que la heroína o el opio y me da un indefinido consuelo a una indefinida melancolía, no es solo agua.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Debo pensar para evitar una irritación cerebral, que la lluvia es el vapor condensado de los cadáveres, de millones de muertos. Entre esas gotas hay partículas de seres que un día amé y hoy echo de menos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Sé que también forma parte de la lluvia mi sudor, mis lágrimas y mis esperanzas diluidas en la orina; pero puedo discriminar cada gota por su forma y emoción. Sé que gota específica vale la pena observar y escuchar, dejarse mojar por ella… Soy selectivo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No hay gotas malas, o demasiado malas, porque los fracasos y la mala gente no se hacen lluvia, lo dice la religión: los buenos al cielo, los malos al fondo de la tierra, al infierno. Me dejo llevar por una inocencia estúpida de vez en cuando, es una pequeña licencia de hombre adulto: me permito ejercer una ignorancia pueril cuando llueve.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No puede hacer daño.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Nunca rozo las gotas que corren por las ventanas (ya sé que llueve por fuera, es necesario abrir la ventana para ello) porque son frías como los cadáveres que un día fueron. Simplemente me acerco y un tenue vaho, como un amor muerto seguramente, empaña la superficie y oculta mi reflejo. Está bien ser oculto y secreto.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No trasciendo, desparezco por cualquier concepto, no me engaño demasiado.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Las gotas repiquetean en los cristales de la ventana y sin apenas esforzarme imagino que me saludan. Cuando arrecia la lluvia, se forman ríos verticales de irregulares trazados que relajan mis párpados de placer al imaginar que vienen a por mí mis muertos, los que amé.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¡Vamos! Ya has vivido demasiado, no hay nada que aprender o descubrir. Se te ve cansado. Es hora de descansar con nosotros —hay mucha ternura y cariño en como lo dicen, siempre la hubo. No es novedad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Siento hacerme agua, mis entrañas se diluyen con una nostálgica sensación de pérdida, de que algo llega al final. Dentro de mí, en mis intestinos, en mis testículos encogidos se forma un frente de bajas presiones de llantos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Mis tripas se hacen lluvia por las implacables imposibilidades.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Porque las gotas solo caen y se transforman en vapor, no se hacen abrazos, besos ni carne.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Todo ha sido una gran mentira: la resurrección, la vida en otro lugar, el cielo y la bondad…</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Puta mierda.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los que un día amamos, no volverán, serán gotas de lluvia.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y a pesar de la verdad, yo me voy con ellos, tienen razón. Hay viajes largos y la vida se hace interminable. Con la experiencia acumulada la razón dicta que para llegar al mismo destino: la muerte, es mejor ahorrarse dolores. No es necesario sufrir más si no hay nada que ganar ya.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Conforme las gotas resbalan y de algún sitio llega algún tintineo metálico provocado por las gotas amadas como un cántico de esperanza, camino con los ojos cerrados por una estrecha carretera bordeada de enormes plátanos que forman un túnel con sus copas. El agua resbala por sus hojas y ramas para mojarme cálida y serenamente, íntimamente en soledad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y se está bien sin ir a ningún sitio, solo camino.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No hay nada que lograr o vencer ya, solo se trata de llegar sin prisas, pensando que la lluvia son gotas de agua de personas buenas que murieron. Uno necesita engañarse en un mundo hostil.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">En una vida hostil.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">En un planeta de selvática envidia.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El humo del cigarrillo me sigue en la densa atmósfera; camino cómodo, camino suave. Camino contento arropado por la buena lluvia.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los amores son tan sutiles y desprotegidos que nunca se hacen lluvia, simplemente se deshilachan como pequeñas nubes sometidas al viento. Se hacen jirones sin más peso que un recuerdo o lamento inaudible.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Hay muchos amores, hay amor hasta debajo de las piedras (lo esconden los malos). Pero con la lluvia solo me preocupan aquellos irrepetibles, los que están ligados a mis amados muertos. Padres y madres se convierten en amigos cuando ya no los necesitamos y simplemente los queremos. Da miedo que toda esa potente emoción sea un simple jirón de vapor, hay que ser cuidadoso, estarse quieto para que el aire no lo rompa cuando llueve.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Pobres amores que no pueden llover una vez muertos…</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Mi sombrero en mi pecho por su muerte eterna.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cuando llueve, al igual que cuando sueño, no tengo una pierna que no funciona.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Podría ser que sueño que llueve. O tal vez cuando sueño, llueve. O tal vez sea que la melancolía es tan densa que crea una surrealidad de la realidad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No es difícil de entender, solo son opciones que dan todas el mismo resultado, como la muerte es el resultado de la vida.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Si la lluvia es agua de buenos y amados muertos. Los malos se convierten en piedras, en hierro, en minerales. En materiales innobles que serán golpeados, aplastados, triturados, o fundidos. Los malos (porque los hay) son tan densos que no tienen imaginación, no vuelan. Son piedras.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No llueven, son plomos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los malos no pueden ser etéreos y sutiles.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Son inconfundibles a mis ojos: tengo la mala suerte de distinguir las hipocresías todas, las envidias y las decepciones y sé que caen pesadas al suelo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y me hacen daño en los pies al caer.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Demasiados golpes, al igual que los cigarrillos pueden devenir en cáncer. Pues ya tengo mi cáncer en mi pierna. Hace años que comenzó a formarse, la lluvia me ha ido salvando; cuando estoy a punto de ser absolutamente derrotado, llegan mis muertos, llegan los buenos repicando en la plancha de los coches, en los techos de las casas, en las ventanas… Forman sus pequeños ríos hipnóticos en los vidrios y todo está bien, yo viajo por esos ríos de la bondad. Por el camino flanqueado de enormes y tupidos árboles.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Siempre me dejo mojar, aunque me resfríe.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Peligro es mi apellido.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No soy dado a las ilusiones; pero como no me emborracho ni me drogo, me dejo llevar por pequeñas delicias que no provocan cáncer para variar.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Dicen que hay lluvia ácida y radiactiva, yo no lo creo. Lo que pasa es que las pieles de los mediocres es demasiado cobarde y sensible a todo aquello que es sencillo, limpio y puro.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cuando cesa la lluvia mis últimas gotas de ilusión y paz se van con el resto de la bondad llovida a la cloaca.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Deseo que no tarde en llover, las largas temporadas de sequía y calor se comen mi hueso como si una plaga de insectos anidara en la médula.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Como las vacas en las viejas películas de vaqueros, oleré el aire en busca de lluvia cuando el sol aparezca nocivo, cabrón y desecante en el cielo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La lluvia es un estigma para los pusilánimes y ahí radica mi perverso placer entre toda esta melancolía.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El fin no varía, lo importante son los medios para llegar, el destino no guarda secretos. Las conclusiones sin lluvia son más duras, son simplemente vulgares.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Nacemos para ser agua o minerales.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cesando la lluvia los árboles que flanquean el camino se hacen pequeños, el sol levanta vapor de la tierra mojada, huele bien durante un segundo. Siempre huele bien la bondad y el amor evaporados.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Yo también siento que me seco.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Tomo una piedra, la lanzo contra la ventana de una casa abandonada y rompo un vidrio para que no corra por él la lluvia. Para que no se hagan ríos de bondades y melancolías.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Si pudiera, solo permitiría que lloviera sobre mí y a mi alrededor.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Quiero ser único en mi melancolía, en mi amor, en mis recuerdos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Que nadie comparta mis gotas, mis muertos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Enciendo un cigarro para calmar el ansia de esta sequedad. Sé que seré mineral, porque no puedo ser bondadoso ni ofrecer cariño más que ejerciendo la imaginación. Es necesario creer en el ser humano y respetarlo a todo tiempo para ser lluvia.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Yo solo hago de la vida y solo durante unos minutos, un cuento de hadas que no existen.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Yo seré uranio.</p> <p class="MsoNormal"> <p class="MsoNormal"><img src="http://www.iconoclasta.es/mediac/450_0/media/DIR_16801/6189297e23d0e098ffff82b0ffff8709.jpg" alt=""></p> <p class="MsoNormal"><span style="color: #ff0000;"><strong>Iconoclasta</strong></span></p> </p> Iconoclasta Wed, 12 Jun 2013 14:23:38 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/12/llueve La biblia for dummys o la iconoclasta verdad http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/11/la-biblia-for-dummys-o-iconoclasta-verdad <p><a href="http://iconoclasta-telegramas.blogspot.mx/p/la.html">Deuteronomio, capítulo 4, versículos 23 al 27.<br /> La revelación en el Horeb.<br /> 4 últimas páginas.</a></p> <p><img src="http://2.bp.blogspot.com/-yZMyS1So2ag/UbZ-Qk1gyzI/AAAAAAAADYY/lrDTjb6-1B4/s640/Diapositiva1.JPG" alt=""></p> Iconoclasta Tue, 11 Jun 2013 01:45:39 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/11/la-biblia-for-dummys-o-iconoclasta-verdad Tocada por la divina sensualidad http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/10/tocada-la-divina-sensualidad <p><a href="http://realidadestruncadas.blogspot.mx/2013/06/tocada-por-la-divina-sensualidad.html">Tocada por la divina sensualidad.</a></p> <p><img src="http://4.bp.blogspot.com/-uC1I-RulPN8/TwKTqRFWG2I/AAAAAAAAAJ4/3JpOfUTiLII/blog.jpg" alt=""></p> Iconoclasta Mon, 10 Jun 2013 23:24:29 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/10/tocada-la-divina-sensualidad Acentos exóticos http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/7/acentos-exoticos <p>Los acentos lingüísticos que en un principio parecían exóticos, pasan a ser patéticos en poco tiempo (en un tiempo récord, las cosas del ridículo no tienen un desarrollo tan lento como una era geológica) y a ser motivo de refrescante y amena burla por parte de mayores y pequeños.<br /> (Primera ley del hastío, Cuarta ley del inmigrante, Sexta ley del chovinismo)<br /> Ahora me voy a poner a aprender swatzilandio a ver si tengo más suerte y me regalan un pene saltarín en miniatura.<br /> Y ya veréis que pronto me globalizo con todo la humanidad, con lo que yo la quiero (una mierda).<br /> Chingada madre… ¡Ja!</p> Iconoclasta Fri, 07 Jun 2013 20:44:30 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/7/acentos-exoticos En voz baja http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/6/en-voz-baja <p>Las cosas más hermosas se pronuncian en voz baja, en un susurro, con los labios pegados al oído amado; para que el aire y sus seres no tengan tiempo a corromper las palabras creadas en un corazón sellado a prueba de moralidad y falsas bondades.</p> Iconoclasta Thu, 06 Jun 2013 13:34:55 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/6/en-voz-baja La Mente infecta http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/5/la-mente-infecta <p class="large"><img src="http://wsc.webaporter.com/extras/public/blog.cls?accountId=AARS20IN31AN&amp;instanceId=5703&amp;action=getImage&amp;img_id=76c55bdcb918471a9369ac71eaa03334" alt=""></p> <p class="large"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">El verano.</strong></p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Es verano, cosa mala para el trabajo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El viento no trae aromas de esperanza y libertad. En las ciudades no hay de eso. No se puede ser poético e histriónico con este tiempo y lugar.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La ciudad y sus ciudadanos es todo lo contrario a la libertad, es la síntesis de la ganadería.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Es un problema de hacinamiento, el espacio entre las pieles es insuficiente para una existencia relajada. Hace años era más grave, ahora han muerto muchos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El viento corre entre las calles y trae olores de comidas baratas, guisos recalentados y maderas y hierros que se retuercen bajo el sol.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El viento llega sucio a azotarme la cara con toda su pestilencia y calor.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Lo peor son las voces arrastradas desde las ventanas de los apartamentos: mil expresiones urbanas, intrascendentes y molestas, unas de la televisión, otras salen simplemente de bocas idiotas y acobardadas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Las cosas hermosas se dicen con la voz baja y al oído que amas, como confidencias que el viento no tiene tiempo a arrancarnos y arrastrar.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">¡Pobre viento! Corre entre las calles sucias y las pieles de hombres y mujeres que no pesan, no importan. Seres que se hacen más notorios muertos. El viento arrastra la Mente infecta como un esclavo las cadenas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No quisiera que murieran, no con este calor y este viento.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Arrastro los cadáveres que encuentro para ocultarlos en rincones y portales oscuros donde el viento no pueda entrar y no arrastre la fetidez de los muertos; ni que el sol caliente sus carnes.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Una vez los he retirado del sol y el viento, me relajo más para la recogida. Hay que organizarse. Los amontono y apilo siguiendo una ruta para luego cargarlos en la camioneta en un recorrido cómodo y lógico. A veces caen los enfermos con sus ojos casi cubiertos por un velo ponzoñoso delante de mi parachoques y no tengo más remedio que detenerme para recogerlos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Mueren de una infección rápida. Se toman las sienes entre las manos crispadas porque dicen que les parece que les va a estallar la cabeza. No lo dicen, lo gritan desgarradamente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">En ese momento de sus lagrimales mana pus sucio de sangre. Cuando han muerto se les escurre también por la nariz y las orejas. Por el culo no les sale nada, lo sé porque durante un tiempo los desnudaba antes de triturarlos. Si no fuera por esos agujeros naturales, estoy seguro de que estallarían las cabezas por presión. No es agradable.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Una vez muertos se secan las secreciones como si fueran legañas. Tan duras y afiladas que cortan como filos de sílex tallado por antepasados más idiotas que sus descendientes. Si les abres el cráneo, se derrama perezosamente una baba amarillenta. Tras la infección ahí dentro no queda nada sólido, el cerebro se les hace papilla. Literalmente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La mortandad de la Mente infecta, también conocida como peste china por las legañas y el amarillo del pus que segregan los orificios de la cabeza, es del noventa por ciento de individuos infectados. Yo pertenezco al exclusivo diez por ciento de inmunes.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Peste china… “Solo” la llaman así los más ignorantes, el grupo social más nutrido de toda sociedad. Debido su bajo nivel cultural, no saben que significa infecta, posiblemente tampoco sepan lo que es la mente. Mueren muy rápidamente, casi diez segundos antes que los individuos con los que vale la pena hablar. Como tienen menos cerebro, tarda menos en licuarse.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Esas bacterias son amigas mías (cosa que me parece bien y agradezco, ya que el enemigo de mi enemigo es mi amigo) y de unos pocos de miles de inmunes como yo repartidos por el planeta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">De vivir como un obrero, he pasado a ser un hombre millonario. Tengo adjudicada la concesión de recogida de cadáveres en la vía pública desde hace tres años. El año pasado renové el contrato por cinco años por el triple de precio.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No tengo competencia, no hay nadie inmune en varios centenares de kilómetros a la redonda. Tampoco tengo ayuda, no hay inmunes suficientes. Y a pesar de las mascarillas y los trajes herméticos, los contratados mueren en menos de una semana.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los cadáveres infectan a los sanos, mueren familias de hasta diez miembros en menos de dos minutos: tienen esa desagradable costumbre de abrazarse a los muertos. Incluso los besan y les limpian las legañas ensangrentadas que se forman en los ojos de los infectados.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Es algo que todo el mundo calla, pero cuando transportas a una víctima de Mente infecta, su cabeza hace un sonido líquido, como una botella medio vacía. A la gente no le gusta saber ni imaginar que cuando mueren, parecen sonajas de agua.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Primero era embarazoso, ahora se me escapa la risa y la gente gira avergonzada la cabeza cuando se escucha el ruido de los sesos licuados de sus queridos muertos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los inmunes vivimos sin que nos maten para usar nuestra sangre porque no hay tiempo para tomar ningún tipo de antibiótico: cuando la cabeza empieza a doler, la muerte llega a los cuarenta segundos, los hay que duran un minuto, pero no es bueno, porque vomitan su propio cerebro y el resto de tiempo que les queda de vida, parecen gallinas dando vueltas sin cabeza.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No soy demasiado cruel, creo que hubiera bastado con que todos esos muertos hubieran callado en su momento, no era necesario que murieran; pero lo cierto es que la humanidad no calla jamás y lo mismo que la mixomatosis controla la población de conejos, el planeta necesitaba un control de humanos. Y ahí la Mente infecta cumple su labor con una rapidez informática.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Me gustan las marionetas porque son mudas, les encuentro semejanza con los cadáveres “frescos”, porque una vez han pasado veinte minutos ya parecen lo que son: muertos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Hace tiempo, usé el cadáver de una mujer madura de grandes senos para maquillarla como marioneta, le clavé clavos en las manos, muñecas, tobillos, codos y cráneo. Até cuerdas de color negro y las uní a una doble cruz de madera.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Le hice una serie de fotos espectaculares. Luego la metí en el triturador sin limpiarla.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Soy fuerte, alguien tiene que arrastrar a los muertos en días de viento y sol.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Prefiero arrastrar bebés antes que cadáveres adultos, pesan menos. Además, puedo cargar en un solo viaje a tres niños de meses en mis brazos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A pesar de que ya estamos en pleno dos mil cien, muchos familiares meten monedas en mis bolsillos buscando que les proteja con mi inmunidad de una forma mística y mágica.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los hombres y las mujeres son tan cobardes que se aferran a una cochina moneda por evitar el dolor.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No queda dignidad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Nunca la hubo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A mí me está bien, gano más dinero que un presidente de una nación (que todos han ido muriendo y ocupan sus puestos los inmunes que más cercanos estaban a ellos). Me gusta sentirme una especie de gurú para ellos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Odio sudar, el mediodía es una lámina de metal ardiendo en mi espalda; pero cada vez que recojo un cadáver y lo cargo en mis hombros, el frescor de la carne muerta da alivio a mi piel y a mi alma.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Es al mediodía cuando la gente permanece en sus casas, lo que queda de ozono no es suficiente para proteger la piel desde la una del mediodía hasta las cuatro de la tarde. Estas horas son el toque de queda necesario para los que no mueren por la Muerte infecta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Odio el verano y el viento recalentado. Llevo dieciséis cadáveres recogidos en poco menos de tres horas. A la tarde, cuando la gente vuelva a salir a la calle volverán a contagiarse otros cuantos más.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No importa que se pudran en la calle, la gente sabe que estoy solo, son pacientes. Y el olfato se acostumbra con facilidad a la carne podrida, el olor más espantoso que uno pueda imaginar, y que al cabo de dos o tres días, pasa desapercibido.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los insectos mueren también por la Mente infecta, no tengo problemas con esos asquerosos animales.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La ciudad está maravillosamente vacía, de cinco millones, en cuatro años se ha pasado a tres millones de habitantes. Ahora, el número de muertes se ha estabilizado y si mueren dos mil al mes, nacen casi los mismos. La gente pasa tantas horas en casa, que folla más que nunca. Se rocían las casas y calles con un antibiótico específico desde hace un año, eso ha evitado la extinción de los humanos en las ciudades.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A veces pienso que la voz de muertos y vivos se ha quedado incrustada en las paredes, en el asfalto, en las farolas. El viento de verano trae toda esa basura en los mediodías solitarios.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Desde una ventana abierta llega un grito irritante:</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¡Por el amor de Dios…! Me va a estallar la cabeza…</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Escucho golpes, el sonido inconfundible del cuerpo cayendo al suelo y por fin el silencio. Treinta segundos. Hay vecinos que han bajado el volumen de sus televisores y han callado. Es una especie de homenaje a otro infectado.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Miro el cielo insípido y blanquecino en busca de nubes de tormenta, pero no las hay.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Anoto la dirección porque tarde o temprano me llamarán para sacar el cadáver de ese apartamento; seguramente cuando el olor a podrido no deje dormir a algún vecino.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Tengo hambre, me voy a comer.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cuando me meto en el coche, me quito el abrigo anti radiación y dejo que el frío aire acondicionado me erice la piel. No sé si soy inmune a la pulmonía, pero me suda la polla.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">El otoño.</strong></p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El sol ya es más suave, su luz satura los colores azules, naranjas, rosas y morados de algunas casas y las hojas de los árboles contrastan con un verde intenso y potente contra el cielo plomizo. Colores polarizados que hacen de la muerte algo hermoso.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Fotografío un montón de siete cadáveres que he apilado en una esquina, junto a un árbol que ha dejado caer sus hojas secas en ellos. Es precioso.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Hago postales que se venden bien. Se ha hecho tan habitual la muerte en las calles, que la humanidad ha desarrollado simpatía por los cadáveres.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Hace poco más de dos siglos se puso de moda fotografiar a los muertos. Yo he reavivado esa costumbre.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Algunos buscan a sus muertos casi con ilusión entre la colección que les dejo ver y cuando parecen reconocer a algún familiar o amigo saltan de alegría y me entregan el dinero. Y el doble me darían si lo pidiera.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El olor de las carnes muertas se disimula con el de las hojas húmedas en los alcorques de los árboles y los grandes jardines. Trabajo en manga corta, con una deliciosa sensación de frescor. A veces me siento a fumar en los bancos de los jardines observando la cara crispada por el dolor del cadáver. Tomo su cartera y divago con su identificación quién sería y qué tipo de vida llevaría. Imagino su estilo al tomarse las sienes al morir.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A menudo me entrevistan en programas de televisión, el verano pasado me llamaron de un programa nocturno. El periodista y conductor del programa, es inmune como yo. Todos los puestos de relevancia están ocupados por inmunes.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— Nos encontramos con el recolector de cadáveres Neandro Expósito —anunció a la cámara como si fuera el puto delantero centro de un equipo de fútbol.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Neandro: ¿Crees que ya ha empezado a retroceder la Mente infecta en estos últimos meses, tal y como asegura con sus cifras el ministerio de Sanidad? —me preguntó el presentador Oriol Artés.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Yo iba vestido con vaqueros y camiseta, él llevaba un traje de terciopelo auzl de la década de mil novecientos sesenta con una camisa con chorreras en pecho y puños. Me recordaba al detective de aquellas viejas películas: Austin Powers. Su mirada iba siempre hacia mi anillo de oro, una calavera con los ojos de rubí y un gran diamante en la frente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—En absoluto, lleva ya casi dos años matando a un número aproximado de gente, no ha disminuido notablemente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¿Cuántos trituras por semana?</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Entre doscientos cincuenta y trescientos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Y además encuentras tiempo para cultivar tu gran afición: la fotografía.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Es una afición que nació con mi trabajo de recogida de cadáveres. Lo cierto es que antes de la Mente infecta, la fotografía no tenía ningún interés para mí.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">A continuación hubo una pausa para mostrar un breve documental de mi obra. Mientras tanto me saludó informalmente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¡Cuánto tiempo sin vernos! No pasan los años para ti. Parece que tienes aún treinta y cinco.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Nos conocimos hace veinte años. Ambos éramos operarios eléctricos, asistíamos a un curso de programación de autómatas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No deja de ser una broma que los obreros alcanzaran el poder de una forma tan sencilla. Los poderosos morían aferrándose las sienes y unos pocos obreros fuimos más fuertes. Tal vez no fuera casualidad, tal vez la genética de hombres fuertes y de acción estaba predispuesta a que superara a los ricachos y poderosos con demasiada suerte.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Pues ya voy a por los cincuenta y seis. Debe ser porque me paso muchas horas en las cámaras de trituración, el frío conserva bien la piel —le contesté con mi cínico humor negro.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La verdad es que sentía tenía tener setenta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Él se había operado hasta el asco y daba la impresión de ser una caricatura de si mismo con una piel plástica. Indisimuladamente artificial.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Acabó el pase documentado de mis fotografías y volvió a la entrevista.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— ¿Crees que al fin se encontrará algún remedio rápido a la Mente infecta?</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— Seguramente que sí, aunque no sé si lo hallarán antes de que se extinga la humanidad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Mi respuesta no le agradó e improvisó una patética carcajada, mirándome con ira.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">— Ahora en serio —corregí para evitarle un infarto—, las medidas profilácticas funcionan mucho mejor que hace tres años, tengo la esperanza de que pronto pueda jubilarme y dejar este trabajo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Fue una entrevista aburrida y demasiado larga, un lucimiento para Oriol y sus chistes sin gracia para un público inexistente. Él es el dueño de la cadena de televisión.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Dejo la cartera sobre el cadáver después de haber sacado el dinero, no soy maniático, aunque la ley dice que he de triturar toda la ropa y objetos del contaminado.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Yo soy la ley, mi dinero y mi inmunidad lo dicen.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Como hay tanta cantidad de cadáveres, la incineración provocaría una alta contaminación, así que trituro en enormes rodillos dentados los cadáveres, y ese repugnante puré humano se vuelca en una solución ácida durante cuarenta y ocho horas, luego se trata a altas presiones para convertirlo en fertilizante y combustible. Yo me limito a llenar bidones de carne, huesos y ropa. Es otra empresa la que hace los restantes tratamientos, que ya no son tan peligrosos, puesto que los bidones sellados, los abren y vuelcan en la solución ácida los autómatas de la planta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El sol se oculta lentamente y la franja plomiza avanza por la claridad como si fuera la Mente infecta de la atmósfera. Una ligera brisa hace crujir las hojas muertas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El cadáver no cruje, solo se le mueve el cabello.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El otoño es bellamente deprimente, los que mueren y la naturaleza están en sintonía: la tierra desprende un húmedo olor a humus, parece rendir homenaje a los muertos. Es la época del año más hermosa haya muertos o no.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El otoño anticipa melancólicamente un ligero letargo de la Mente infecta, como un amigo que se va por algún tiempo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">El invierno.</strong></p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El invierno es demasiado frío, no permite relajarse en la calle, aunque sigue siendo un millar de veces mejor que el verano.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los colores son demasiado crudos o fríos. Se mueren los matices entre las heladas partículas de aire.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los muertos ganan rigidez rápidamente y se hace difícil manipularlos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Asocio el invierno con la esterilidad: los cadáveres huelen menos y la Mente infecta reduce su actividad, cosa que me asusta porque no sé que haría sin esa plaga. No podría volver a aquella mediocridad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Tengo miedo de que un día, tal como apareció, se marche como una amante despechada.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La trituradora hace otro ruido, funciona más forzada y me duele la cabeza más a menudo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cuando me duele la cabeza, me preocupa. Me hace pensar en qué hubiera sido de mí sino hubiera sido inmune. No quiero dejar de serlo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Incluso los que mueren en invierno, lo hacen más lentamente, tardan casi un minuto en deshacerse los sesos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Por eso llevo un martillo colgado de mi cinturón. Cuando me encuentro con un infectado, le ahorro la agonía destrozándole el cráneo de un martillazo. No lo hago por filantropía, es por mí, porque me irritan sus gritos.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Me estaba limpiando el pus que me salpicó aquel infectado.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Ojalá el día que me infecte, esté usted cerca para ahorrarme la agonía —me dijo un adolescente que observó como golpeé la cabeza de aquel hombre, aferrándome con un cordial apretón el brazo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No olvidaré nunca aquellas palabras, estaba nevando y eran las cinco de la tarde, en la calle solo estábamos yo, el cadáver y el joven.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Pensé con cinismo: ¿Y ahora caminará por encima del agua?</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Qué hijoputa soy.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Apenas tendría dieciséis años; pero su voz parecía la de un hombre ya mayor. El vapor que se escapaba de sus labios al hablar le daba un aura mística.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No le respondí, no tenía nada que decir; pero sentí que me apreciaba. Lo sentí como si una guja se clavara en mi corazón.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Una fría aguja de invierno, si existiera tal cosa.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Al instante sentí una especie de remordimiento porque no supe sacar de mí esa simpatía que él me transmitió.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Se acuclilló ante el cadáver, pasó los dedos pálidos de frío por los ojos legañosos y se los metió en la boca.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">En diez segundos se llevó la mano a las sienes y sus gritos eran los de un joven cualquiera.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Le destrocé el cráneo al instante, hundí el hierro en su frente y plegándose sobre las rodillas murió antes de tocar el suelo con sus nalgas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Hay gente que se cansa de ver tanta muerte, tanto dolor. Yo no.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Era un chico valiente. A veces me sabe mal que alguien muera.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">—Lo siento amigo —dije cargándolo en mi hombro y arrastrando el otro cuerpo más frío por un pie hacia la camioneta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No soy especialmente cursi; pero a finales del invierno, me encuentro esperando con impaciencia la llegada de la primavera. O mejor aún, sueño con que el planeta gira al revés y vuelve a ser el otoño pasado.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Llevé al adolescente al asiento del conductor y lo senté con las manos al volante, giré su cabeza hacia la ventanilla para que se vieran con claridad sus ojos legañosos y su juventud para fotografiarlo. Luego lo metí en el furgón con los demás.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Los cadáveres con este frío no desprenden su característica baba fluida, se les queda la boca llena, como si no acabara de gustarles la gelatina. Cuando los fotografío así, me recuerdan a deficientes mentales. La Mente infecta no se conforma con despojarlos de la vida, les arrebata la dignidad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Aún así, me siento orgulloso de las imágenes que capto.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">La primavera.</strong></p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La considero como un otoño estridente, demasiado ruidosa de luz y sonido; pero preferible al invierno.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Hace once años que murió oficialmente la primera víctima de la Mente infecta.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La tarde de aquel sábado estaba follando en la mesa del comedor con Marisol, mi esposa. Nuestras hijas adolescentes, Liz de diecisiete y Nicole de quince años, se habían ido al cine con sus amigas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Yo pienso que mis hijas y mi esposa debieron de ser las primeras víctimas oficiales de aquel día; pero no me interesa ese honor.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Yo pensé que estaba llegando al clímax cuando se llevó las manos a las sienes y sus muslos se abrieron más dejando ver con toda claridad mi pene hundido en su vagina. Aceleré mi ritmo para eyacular. Cuando gritó a pleno pulmón que le iba a reventar la cabeza, comencé a eyacular brutalmente excitado por la intensidad de su orgasmo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y cuando se formaron por fin las lágrimas de pus en sus ojos y quedó inmóvil, me separé horrorizado de ella dejando caer gotas de semen en la mesa. El mismo semen que su vagina inerte dejaba escurrir como si lo rechazara. Como si ya no fuera necesario.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Mis dos hijas se infectaron tan pronto como llegaron a casa. No se conocía la Mente infecta aún y la ambulancia no se dio demasiada prisa para llegar.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cuando llegaron del cine Liz y Nicole, se cruzaron con el cuerpo de su madre, lloraron a gritos en el portal de la casa. Cuando entraron en el apartamento, se llevaron las manos a las sienes ante mí y murieron sin que las pudiera abrazar.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Allí entendí que esa puta bacteria era como un dios: te jode todo lo que puede, luego te dice que te ama y te da algún regalo. Como hacemos con los perros.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La primavera evoca con serenidad y contundencia recuerdos dolorosos enredados entre el perfume de las flores y en las patas de los insectos zumbando nerviosos e insistentes entre la flora de los parques y las macetas de las ventanas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Perfuma el aire mezclándose con la podredumbre de los cadáveres más que ninguna estación, pero no me gusta esa mezcla, me provoca náuseas.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Cuando no trabajo me entrego a excesos como la prostitución, el juego o la compra de seres humanos sanos para mi servicio. Tengo tanto dinero que no sé que hacer con él. Me acuesto con mujeres a las que infecto para poder repetir aquella última cópula con mi mujer. Me masturbo evocando aquel momento.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">No quiero que acabe, no quiero que la gente deje de morir, no quiero dejar de recolectar muertos. Es mi poder, es mi vida, mi triunfo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Sin la Mente infecta, acabaré abandonado a recuerdos aciagos. Mi vida no tendría sentido, no se diferenciaría de ninguna otra.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Y he de preservar mi estatus.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Sí que hay una tendencia a la baja en cuanto a infectados; el ministerio de sanidad tiene razón. Cuando eso ocurre, derramo la carne triturada de los cadáveres en estratégicos rincones durante mi recorrido por la ciudad.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Levanto un cadáver y mancho suelos, paredes y árboles con carne ensangrentada disimuladamente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">En esas temporadas en las que la infección parece retirarse, me muevo por la ciudad con las manos sucias, rozando personas y animales con ellas. Tocando vasos y tenedores en las mesas vacías de los restaurantes.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">La Mente infecta no desaparecerá jamás si yo puedo evitarlo.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">Mató lo que amé a cambio de darme el poder y una vida diferente.</p> <p><span class="large"> </span></p> <p class="large">El diablo (si existe) compró mi alma (si tenía) sin mi consentimiento, ergo soy su esclavo y el verano es una mierda.</p> <p class="MsoNormal"> <p class="MsoNormal"><img src="http://www.iconoclasta.es/mediac/450_0/media/DIR_16801/6189297e23d0e098ffff82b0ffff8709.jpg" alt=""></p> <p class="MsoNormal"><span style="color: #ff0000;"><strong>Iconoclasta</strong></span></p> </p> Iconoclasta Wed, 05 Jun 2013 23:06:02 +0000 http://lacomunidad.elpais.com/ultrajant/2013/6/5/la-mente-infecta