19
Jun 2013

REFLEJOS

Escrito por: santullan2006 el 19 Jun 2013 - URL Permanente

Fotografía de Karyn Húberman





REFLEJOS.



Progresión creciente, intensidad.

Sentido latido al verte emerger

en oportuna sensación.



Tu rostro escrito con líneas

substraídas al relámpago

en un afortunado descuido

de la realidad, es caligrafía mágica

en la hora pertinaz; tu rostro,

aflorando lentamente al contraluz

de la mañana, es tersura suave,

es fineza sutil de evidente luminaria.



Verte, tocarte aún soñada;

luego, si es posible, amor,

hablarte…



Elevados sueños me asisten

cuando te haces evidente

intensificación, en claro acto

de entrega.



Si cierro los ojos, te veo;

si los abro, como viajera nube,

te borras al instante.



Contrastes que en ti me reinventan.

Efectos sin control aparente,

fielmente reflejados

en la cámara oportuna del espejo,

me invaden...



Reflejos, sí. Respiraderos

de fe entre hábiles subterfugios

de permanentes destellos

que se pierden con el alba.



Apareces, desapareces.

Fogonazos de optimismo,

objeto huidizo, variaciones…

Vaga inquietud, reposo reflexivo,

realidad o sueño, espejismo

siempre emergente.



Componer el poema de los afectos

regulando igniciones, signos

sorprendentes e impulsos certeros,

en la constelación de asombrosos

mecanismos estelares, confluyentes

en el paisaje reflectado en el espejo

tramposo de una volatinera emoción…





© Teo Revilla Bravo.-2006

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16
Jun 2013

EL HECHO ARTÍSTICO.

Escrito por: santullan2006 el 16 Jun 2013 - URL Permanente

El diseñador gráfico Outmane Amahou creó una serie de carteles minimalistas sobre las principales y movimientos en el arte. Este es uno de ellos.





EL HECHO ARTÍSTICO.

El hecho artístico –formas expresivas, sueños, naturaleza, poesía- intensifica la vida, le ofrece emoción, razón de ser, nos acerca a la esperanza, es el otro camino, la otra dimensión de la vida que al ir recorriéndola nos abre a conocimientos sin límites. En cuanto que el arte se hace necesario y somos conscientes de ello, se crea una adición ineludible en el ser humano; se convierte en una extensión de uno mismo, con visos de fuerte sentimiento; crea un acercamiento vital a las cosas que nos emocionan, las rescata del lado oscuro, nos las muestra, nos las deletrea, nos las hace perceptibles, genera eso que llamamos gnosis. El arte incorpora rápidamente a las emociones personales, esencias éticas de la vida: las anímicas o espirituales, pero también las seculares y sensoriales. No hay sabiduría ni emoción, que no se encuentren en él de una forma u otra reflejadas. El mundo nunca había experimentado como hasta ahora el drama o la trama vital, con tanta intensidad: la radio, el cine, la televisión, el vídeo, los museos, las exposiciones, la prensa escrita, internet…, nos lo acercan hasta niveles antes desconocidos; nos rozan, nos sorprenden, nos invaden, nos lo deforman, nos confunden… Pero nada de todo esto puede ni debe alterar el hecho artístico como esencia en sí misma con capacidad para impresionar, pese a ser elementos (esos medios difusores) de posible manipulación, de alteración significativa de contenidos y hasta de conciencias.

A través de su vacuidad primaria, la obra artística se convierte en algo importante, incorporándose al drama más humano y personal. Entra a formar parte del laberinto de emociones en el que nos perdemos con frecuencia, y lo hace con un cúmulo de movimientos y energías que pueden llegar a ser inquietantes y hasta depresivos por su coste de osadías, por las dudas e inseguridades que genera, por el esfuerzo sobresaliente en querer que todo salga debidamente bien o se acerque a ese sentido de perfección que siempre intuimos, que no nos abandona, y al que no logramos dar pleno alcance, martirizándonos muy posiblemente al comprobar o percibir que nunca, por más que nos lo propongamos, alcanzaremos los objetivos deseados. El hecho artístico, si partimos que nace desde y con la sensibilidad de cada uno, puede suponer para el artista una subida inequívoca a los cielos o un descenso precipitado a los infiernos. Y todo ello, en el trascurso de una misma obra, en breves instantes y sin saber cómo ha sucedido, tan vulnerable a la emoción –decepción- es el artista ante la obra. En muchos momentos y en constante acción, el arte es una forma de atrapar el mundo para permanecer en él e intentar advertirlo -sentirlo- con fuerza. El arte exorciza al universo que nos rodea a través de la fijación de quien lo crea o representa, en ese “jugar” con la realidad desde las inquietudes que alberga su interior por los motivos que estos fueran. El arte acaba por ser de esta forma, no una representación en sí, sino una ficción privativa descubierta a través de las consternaciones y de las necesidades de desahogos, inherentes en todo ser humano, de eso que nos ofrece la realidad inmediata día a día.

Es, a través del arte, que el mundo, nuestro personal mundo, inicia un acto supremo de catarsis, imponiendo ese elemento necesario de ficción o entelequia que libera o ha de liberar energías retenidas, a través de lo que expone e impone una obra. Es como si se respirara de otra manera, como si se latiera bajo efectos diferentes. El objeto artístico acaba siendo así un material indispensable de complicidad entre nosotros y el mundo; un enlace espiritual decisivo; un puente que actúa aunando, nunca competiendo (otro de los grandes riesgos o lastres que suelen aparecer con harta frecuencia y que lo contaminan), siendo un continuo movimiento, preciso e imprescindible, para que se complemente el destino humano por su lado más bienhechor y necesario. Por tanto, el arte aparece como una forma dramática y connatural de la propia existencia; una forma de llamar la atención, un grito desgarrado, un gozo o un lloro; aparece como un acto de exteriorización con anhelos redentores que han de gestionar e impulsar el proceso vital, influyendo concluyentemente en él.

Hay muy pocas obras que puedan escapar al deseo de su significación; muy pocas obras que no sean forzadas para provocar un alcance vinculado a intereses convenientes; o muy pocas, en tal caso –perdóneseme-, que no hayan llegado a través del filtro de una idea específica interesada, cualquiera que esta pudiera ser y que aparezcan real y completamente libres, novedosas, mágicas, originales, invitando a desentrañar sus misterios, marcando nuevos horizontes sin la ayuda de muletas oportunas y conjeturadas. Estas son las imprescindibles. “El mejor juicio, es el que dicta el tiempo”, diría el escritor Ernst Jünger.

Una verdad antropomórfica ha sido ya intervenida en cuanto entra en un circuito, sea del tipo que sea. Es inevitable. Aparece, ante previa incubación o combinación inconsciente, el conocimiento. Un discernimiento que se desborda a través de nuevos símbolos que van surgiendo y que han de ser procesados en la mente del creador debidamente estimulados, generando una especie de embarazo –proceso de creación- que al cabo nos dejará la brillante transformación como componente mágicamente individualizado ante lo otro, los otros. La razón prima (pasajes, enseres, conveniencias y esencias diversas) fue depositada siempre atendiendo a un estricto orden compositivo, como si de una necesidad ineludible y vital se tratara. El objeto creado, se convertirá en objeto encontrado. Algo que se ha modificado o se sigue modificando –como sucede en la escritura, en la poesía, en la partitura, etc. La obra siempre está abierta -o debería estarlo- a esos necesarios desarrollos, avances que han de adaptarse a las necesidades comunicativas del autor y de la sociedad que le asiste, esas que surgen en cada momento con cada circunstancia. A veces es el propio azar quien actúa o dejamos que actúe sobre nuestra conciencia, al menos aparentemente, ya que no sabemos cómo finalizará o finalizaría con todo detalle eso en lo que nos hemos metido, sin saber con frecuencia cómo ni por qué, y que llamamos arte porque sentimos que nos produce emociones, reacciones, desahogos, magnetismo, encantamientos. Posiblemente nunca finalice la obra: el artífice -o la misma obra- decide cuándo ha de ser temporizada. Y, desplegando alas, dejada a su valiosa suerte, a su vital autonomía.





Septiembre.-2012.

ÓRBITA LITERARIA

©Teo Revilla Bravo.

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12
Jun 2013

ERES.

Escrito por: santullan2006 el 12 Jun 2013 - URL Permanente

File:Maino Magdalena penitente (cerca 1615), atribuido a Juan Bautista Maíno.jpg

Cuadro atribuido a Juan Bautista Maino "Magdalena penitente" Cerca de 1615.




ERES…



Buscar entre emociones desalentadas tu sonrisa

espontánea musical y peregrina, tu sombra

al viento atravesada por una profunda nostalgia

en este cruel invierno donde permanece el alma

sosegada. Sentir susurrar mensajes sublimes, voces,

melodías armoniosas galopantes por tu cuerpo

transcendido, mediador entre el cielo y la tierra

como reclamo esplendente bellamente encendido.


Ígneas imágenes. Hilos conductores de un recorrido

poemario febril y emocional manifiesto en ti y en mí

como nudo de amor inextricable, nos conducen...


Eres, entre los matices atmosféricos imaginables

en que me afano y te busco, memoria y testimonio;

eres viento asolanado inscrito en una bella nota

de nostalgias musicales y románticas, que mira

al infinito del poniente amorosamente…


Formas los bellos colores de la tarde, la esencia plástica

del universo, la hermosa acuarela alentada

en el espacio de todo cuanto hoy en ti respiro.


En ese enjambre de confusas sensaciones -milagro

de amor en ausencia que es permanencia en ti-

de melancolías que me invaden agitan y deprimen

entre las luces declinantes de la tarde, te escribo

-máscara sollozante- versos a veces incongruentes

e irrelevantes, acelerados y a contracorriente, ajeno

al dolor insolente que produce este mar de melodías

insistentes que nacen casi imperceptibles

en el imaginario permanente nostálgico sinfónico

abrazo declamado en mitad del rumoroso océano

de los silencios adyacentes.


Eres el sueño gratificante, amor, la balada donde

pueden materializarse rítmicamente todos los deseos.


O simplemente eres, en esta tarde que se altera

al socaire del encuentro, un destello evanescente…






"Lo fugaz retenido"

ÓRBITA LITERARIA

Teo Revilla Bravo.-2006

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05
Jun 2013

EL COMPONENTE EMOCIONAL EN EL ARTE.

Escrito por: santullan2006 el 05 Jun 2013 - URL Permanente

Obra del escultor Román Hernández. Tenerife 1963.



EL COMPONENTE EMOCIONAL




El hombre ante sus propios misterios. El hombre situado ante un espejo que le restablezca la propia efigie emocional más humana y en lo posible más desnuda; el hombre interrogándose, buscando eternales explicaciones y respuestas; gravitando sobre una suerte de anexo o reflejo fiel que le ayude a comprender la magnitud o significancia del existir, mediante expresiones más o menos gratificantes. Cuando estos enunciados se convierten en obras de arte, nos permiten anhelar la perfección latente a través de la misma mirada, en un acto afortunado proveniente de lo que sentimos como inspiración o transfiguración estética, filtrada desde esa identidad emocional interior donde nace y se hace necesaria. La mirada ha de ser fotográfica, no tanto en la forma de captación vehemente como en la de la misma esencia; ha de recoger, como lo hace la lente de la máquina, esa especie de serenidad que capte la aparición de la idea, del objeto o la obra idealizada a crear, sin artilugios ni engaños, lo más fiel a nosotros mismos. El arte, aún inconscientemente, nace como una búsqueda necesaria, un poner a prueba o analizar la realidad que nos pueda ayudar a canalizar la propia vida y situarnos ante ella. Su función es llegar, es transformar, es ser reflejo de continuado avance, y sobre todo es desahogar y es conmover. Cuando nos impresionamos o emocionamos, todo se revoluciona dentro de uno. Así nace o cobra valor el arte -que está en las obras del hombre, pero sobre todo en la naturaleza de donde recogemos sus fuentes esenciales-. Para ello, ha de tocar las fibras más sensibles del artista al realizar su obra y por ende las del potencial receptor cuando la contempla. Como si uno y otro lo hicieran a través de una trascendente respiración comunicativa, producida milagrosamente en las entrañas vitales del hermoso pulmonar del alma, ese propulsor que junto al corazón nos mantiene vivos.

La herramienta del arte pictórico, la produce esencialmente la luz (capítulo anterior). La luz sirve como medio para la omisión de significados en su revelación experimental, formando el lenguaje universal que permite conocer los aspectos más positivos del alma humana. En las obras teóricas, es la expresión lo que funciona como filtro simbólico del pensamiento y es el acto de fe –poesía- lo que permite rendir culto a los más altos valores. En arte, los personajes, sus rostros, los paisajes, las formas abstractas, el barro, la palabra, la nota musical, etc., son proyectados hacia una luminiscencia que les es inherente; son violentamente iluminados en el exterior –acto creativo proveniente de lo interno-, bañados por una luz que anuncia el evento inesperado, aquello sutilmente recogido que de otra forma inevitablemente se perdería –esto se da muy bien en fotografía, pero también en toda obra artística, musical o literaria-. Todo ello queda aislado en una especie de aura, que es al mismo tiempo un hálito extremadamente fluido y sensible. Sin arte, la humanidad, espiritualmente, se asfixiaría. O como diría el genio de Nietzsche: “sin el arte –música- la vida sería un error”. El hombre ha de experimentar –crear- para intentar comprenderse y entender el entorno en que vive, a través de la callada tortura o goce que es obrar y es existir. Nada, nadie responde claramente a esa llamada de auxilio vital que lanzamos desde bien temprano. Lo creado debe de sobrevivir y establecer una situación poética de transferencia, pócima, elixir, cura, que nos ayude a situarnos ante la savia emocional de la vida, y comprenderla. En esa correspondencia, uno podría encontrar, quizás, el principio a la solución del problema que se genera con la ansiedad que el hombre tiene de avanzar: las obras han de tender a no significar más allá que el propio momento que vive el artista en su creación y luego del mismo momento que siente el espectador cuando las contempla, sin tener que crearse esa sensación de ansiedad que generalmente trata de conjurarse forzando significados –crítica-, que debieran permanecer libres y sin condicionantes hasta del propio creador. Quizás todo sea más simple y nos compliquemos más de lo necesario perdiéndonos en valoraciones. La ansiedad es mala compañera, genera siempre exigencia, rápidas expectativas y posiblemente malos resultados y por ende malas referencias y peores explicaciones.

Es a través de las obras de arte que se puede uno avenir con la existencia, atravesando órbitas, abriendo caminos, confinando pesadumbres, aliviando ansiedades, liberándonos en lo posible mientras sondeamos ese viaje interminable. EL anhelo del artista es crear ámbitos atemporales que sean integradores; es lograr la comunión con los otros; producir la armonía en la personalidad; es el placer de reflejar la vida y la realidad estructurando –a su modo- la moral de cada época; expresar conflictos internos y externos, denunciar; es ayudar a satisfacer y mejorar la subsistencia, desplegando las imágenes o las sensaciones, dejando sus silencios guardados en esos universos, yendo tras lo mitológico donde el presente transformado se convierta en un todo o absoluto integrador, eternidad habitable real y soñada. Y todo, a través de una obra bruñida con esa luz dirigida directamente al corazón, a los procesos comunicativos, a fortalecer los valores de la humanidad y sus necesidades estéticas y de conocimientos, estableciendo una visión novedosa de la realidad y optimizando en lo posible sus procesos de comunicación y de integración en lo social transformable.

El componente afectivo en el arte, ha de estar explícito e implícito, coronando la obra con una poderosa carga emotiva de la índole que sea; ha de convertirse en un sonoro grito de libertad, rabia, gozo o expectativa. Sin corazón, no hay obra. En tal caso, es una necesidad esencial para la propia marcha de la existencia; es un grito libertario, desgarrador, emocional, turbador, que nace de las fibras más sublimes de la conciencia transgresora y sensible. Si esto no se produce, la obra es obra muerta, obra ya realizada o simplemente no es. El arte y el hombre son indisociables. No hay arte sin hombre pero tampoco habría hombre sin arte. Es así de sencillo desde que la humanidad comenzó a utilizar las manos y generar un complejo lenguaje. Todos sabemos que el mundo se hace más inteligible a través de las distintas facetas artísticas desarrolladas a lo largo de los tiempos. Aún la labor provocadora en arte, ha de tener un lirismo innato, un latigazo esclarecedor, una alerta o emoción poética que impulse sensaciones, aunque éstas sean encontradas. La obra de arte, cualquier obra (englobándolo todo: pintura, escultura, música, literatura, etc., etc., ha de convencer, ha de hacernos descubrir el soplo de la creación, el Aleph, el deseo de partir desde el mismo origen tras la exploración de los ricos enigmas que atesora el universo que encierra la grandeza del propio ser. La obra de arte (verdadero lujo de la existencia), es el logro, es la bondad de sentir lo asequible necesario desafiado y desafiando, investigándose, deteniéndose a escuchar el murmullo de los pensamientos, el rumor de los pasos y el susurro del aire, el latir de la sangre, el hálito vital enriquecedor, la vida, la muerte, los ritmos cardíacos y circulares...

Agosto del 2012.

ÓRBITA LITERARIA

©Teo Revilla Bravo.

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01
Jun 2013

BREVES PARAISOS

Escrito por: santullan2006 el 01 Jun 2013 - URL Permanente

Auguste Rodin, Le baiser (1890, detalle)


BREVES PARAÍSOS.

( A K. Húberman)



Entrelazar los brazos, proyectarlos hacia lo azul

del cielo infinito, afanarse por el aire captando

insomnios como evanescentes antesalas del ensueño,

ahí donde amanecemos suavemente velados

sobre el mar aquietado que platea amplios horizontes

de inmensidad y calma, es un día más, amor, amarte...


Bracear, extender los cuerpos. Agitar los brazos

y las piernas hasta hallarte enredada entre sutiles

temblores –agua, vela, surco, remo, aluvión de sal

y espumas mágicas- de aires, de mar o poesía

entre lluviosas altitudes de olas que se van

desvaneciendo a capricho rumoroso

como en una reabsorción cósmica y marina,

lentas, estremecidas en la emoción del paisaje,

entre las manos alocadas de un dios indeciso,

a veces irresponsable e irrefrenable, a veces bueno.

Este sentir de verdad que te toco y tocarte;

este sentir que te beso y besarte ahí donde

las palabras se hacen imágenes veraces envueltos

en el misterio protector de un goce sin medida

ni tiempo, es, amor, ámbito atemporal; es mítico

atisbo de infinito, es éxtasis recuperado,

eternidad habitable, palafrén ideal de los alados

bipolares soles que hoy, como perpetuos amaneceres,

nos forman, nos alientan y nos pueblan…




(Recitado en el VI festival de poesía. Catrillón Asturias)

Del poemario "Lo fugaz retenido. -2006."





ÓRBITA LITERARIA

Lo fugaz retenido.-2006

©Teo Revilla Bravo.

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26
May 2013

LA LUZ. ALGO MÁS SOBRE LA OBRA ARTÍSTICO-LITERARIA

Escrito por: santullan2006 el 26 May 2013 - URL Permanente

San Sebastián curado por Irene
Hacia 1630. Kimbell Art Museum, Fort Worth, Texas.
La luz se genera de manera natural a partir de un foco tangible y visualizable. es el caso de Georges de La Tour y los llamados Caravaggistas del Norte o escuela de Utrecht. El resultado es efectista y sirve al pintor para definir los contornos de cada uno de los elementos del cuadro. Podríamos definirla como una luz formal adecuada a planteamientos plásticos especulativos.



ALGO MÁS SOBRE LA OBRA ARTÍSTICO-LITERARIA:


LA LUZ



La luz es signo de trascendencia y atavismo, el universo vital hacia el que todo artista se orienta, o mejor aún, a través del que es orientado. La luz es una energía totalizadora que no necesita más apoyaturas ni sostenes especiales porque es y circula libre, ajena a toda cábala o intento de manejarla. La luz es la inconcreción misma que se transforma en presencia propagada, destello y ejemplo de la incondicional unidad de todo lo abarcable, la representación y presencia misma de la vida. Hacia ese estado luminario y ubicuo se encamina el artista aún sin ser consciente de ello, en una atomización de todo su ser en ese deseo de hallar la esencia de lo que quiere en todo momento expresar. El tiempo en el artista, no es; el tiempo en el artista actúa simplemente y está convertido en esa sensación de éxtasis o vacío que se experimenta cuando creamos, cuando intentamos lo imposible olvidados de todo elemento distorsionador exterior, envueltos en un trance o punto mágico, magma vertiginoso que nos conduce, irremediablemente obsesivos, hacia la obra considerada intuitivamente perfecta, esa obra inalcanzable e inabarcable que siempre se nos escapa aún teniéndola casi entre los dedos y rozarla.


La luz amplifica el concepto de la ilusión que se crea y el de las formas visuales que nos llegan con confianza, formando una complicidad real entre el sujeto y el mundo que se grafía o se crea, ese que vamos considerando en lo posible como forma artística a tratar. La luz es el poder de lo realizable y se muestra a través de las técnicas objetivas que convergen sobre el artista y lo experimentado. El acto artístico consiste en entrar en ese espacio de luminaria complicidad y atemporalidad -comunión innata e íntima-, no para dominarlo, que es algo imposible como apuntábamos y todo artista sabe bien, pero sí para utilizarlo desde el esfuerzo y visión de cada cual en querer demostrar que nada ha sido decidido todavía en cuanto a logros, que la verdadera obra está siempre en un posible alcance latente y por llegar, que es un objetivo posible (aunque sea inabarcable en su totalidad ya que siempre se nos acaba escapando en algo fundamental que no sabemos bien qué es, y que lo que queda, admirable o no, son pequeñas secuelas de bondad o estelas llegadas a través del trabajo constante y a las que llamamos obras artísticas). La idea es resistir a todo tipo de inconvenientes, al ruido que se forma a nuestro alrededor, al discurso supuestamente pedagógico o crítico de los otros, a los rumores de dentro y de fuera alterando el silencio privilegiado y obligado de quien intenta un acto único de creación, que no deja de ser tiempo místico y necesario para el artista, catarsis, desahogo o sana obsesión. Hay que resistir a los movimientos exteriores a la contra, al imperativo moral que lastra condiciona o coacciona, y entrar en esa luminiscencia creativa libres de pesos contaminantes. Las imágenes representadas, han de ser debidamente transformadas en el papel, en el lienzo, en la madera, en la piedra o en lo que sea; han de conmover, destellar, transformar esa realidad de la que salen, mediante el prodigio asombroso de la emisión mágica de la luz, esa emisión que nos convierte en pequeños hijos de las estrellas.


La efusión visual sólo conoce la permuta en el arte, sólo atiende a su transformación. La imagen o contenido que se nos proyecta, bien desde fuera, bien desde dentro, es luz captando realidad. Y esa luz no depende ni requiere del tiempo para crearse a sí misma, sino de la visión del hombre transformándola como imagen. Para crear a través de una imagen, debe de haber un momento de intrusión, que solo puede suceder cuando los procedimientos habituales del mundo reconocible son interrumpidos y ordenados (o desordenados) para bien de aclarar o concebir un mosaico de luces vehementes, esa quintaesencia a la que denominamos destreza transformadora o ausencia de lo existente, algo tan obvio y tan fácilmente aceptable cuando adquirimos el sentimiento -como en Borges-, de que nada a nuestro alrededor es ya real. Esa es la acción subversiva y maravillosa del arte: una operación mágica que se da en muy pocos quizás por falta clara de preparación y fortaleza de la sensibilidad, la desaparición de la propia realidad y la aparición de otro universo paralelo que nos permite cierta salvación, cierta entrada en la gloria: la fenomenología de la ausencia de la realidad, algo imposible de lograr, pero a lo que nos acercamos a través del acto creativo, quizás encandilados u obnubilados por los objetos de luz excesivamente cegadores que lo distorsionan y nos lo atraen como imanes.


Las iconografías, los escritos, las obras, todo arte posible, nos hablan, nos cuentan historias, nos substraen de la inercia y del acomodo rutinario. Ese sonido que producen las obras al hablar, una vez captado, ya no puede ser sofocado ni censurado como no sea por nosotros mismos. Hemos de deshacernos de todo lo que interfiera y cubra la manifestación de la evidencia silenciosa que filtra el impacto del sujeto, facilitando la exposición de la magia, que no es otra cosa que aquello sustancial que toda obra ha de tener y mantener para serlo. Y no importa qué técnica o estilo o formas empleemos, porque siempre hay una idea que persiste: la de la luz. La escritura con luz, los sonidos de la luz, el dibujo con luz, la escultura y su luz, la persistencia de la luz, la armonía de la luz, la imaginación en esencia, el propio pensamiento imaginado, elaborado, hermoseado... La luz subordina al hombre fisiológicamente y psicológicamente, es el fundamento principal de la obra que se realiza, es el sentimiento y es la sensación; es el componente que otorga volumen y definición al acto creativo llenándonos de realidad, es la vida. Platón dijo: “La imagen se mantiene en la intersección entre la luz –la cual viene del objeto o sentimiento a expresar o tratar- y lo otro que viene de la mirada –sea ocular, sea del alma-. Ahí el arte.


Del tratamiento que el artista haga de la luz depende el logro de la obra, de cómo ha moldeado los espacios y las formas con más o menos aciertos. La luz, como diría el poeta Gabriel Celaya, “Es como un pulso que golpea las tinieblas”. La creación tiene siempre un componente nostálgico, algo que araña al artista por dentro y hasta por fuera; algo que quiere salir como sea traducido en belleza o en concepto artístico: todo arte es un desahogo, es un torrente de luz captado –la gran obsesión de los grandes artistas-, ojalá que felizmente conquistado, para hacer de la humanidad algo más bueno y avanzado...





(Estos ensayos -con mucha humildad y respeto- son siempre y ante todo, una modesta opinión o visión sobre el tema. No pretenden nada más. Saludos amigos)




Agosto. -2012

ÓRBITA LITERARIA


.

Teo Revilla Bravo

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18
May 2013

COMPLICACIÓN

Escrito por: santullan2006 el 18 May 2013 - URL Permanente


Complexism or Networkism



COMPLICACIÓN

(Del poemario "Lo fugaz retenido")



Núcleo amplio latiendo sin cesar,

vida propiciada en la intensa

marea que nutre nuestros ánimos,

pálpito de memoria, testimonio,

retentiva. Un sentido continuado

que dar, un lamento alargado

que escuchar. Aguas de arroyos

que gritan mares en el esquife

de un pescador. Tras el abrazo,

claustros fecundos a punto

de estallar. Sendas bipolares.

Gran patria abierta donde aguarda

un futuro multicolor en un todo

engarzado, en una nada,

en la entereza pétrea de ese todo

por el todo que es la nada por la nada

que se convierte en ese todo

que por nada de nada forma un todo

en el todo de la nada, ¡ay, señor,

qué confusión u obsesión

para acabar todo esto en nada!


Cabezonería: tú y yo, aeda

displicentes en navegación

estática –viento, tempestad,

ciclón o céfiro apacible-,

acoplados a un firme principio

de amor latente –y eterno-,

en la vedada llama del sol

entre olas bulliciosas

que nos recogen, nos llevan

insistentes, nos traen, nos dañan

y machacan, nos marean.



Tú y yo, de todo a nada…



Una renta atenuada

de efectos somos;

una errata de la creación

mal calculada creando luz,

derritiendo melancolías

en el fuego de la quiebra

particular de cada uno,

o en riqueza de dimensión

existencial adquirida dentro

de este armazón o cascote

coloreado, a menudo

desentonado y yermo,

que es el mundo reflejado

hoy como ayer en ese todo,

en esa nada por el todo

de la nada, alboreado

-deja de complicarte ya,

Teo, la existencia,

¡qué extravagante eres!-,

como un sutil temblor

de aires navegantes

que estremecen -magma

imparable que avanza-

el cielo impecable, bello

y asombroso de la media

tarde, ahí donde ruge

sorprendente a nuestro

alrededor, todo ese estruendo

que produce la totalidad

de la nada...





Lo fugaz retenido.-2006

©Teo Revilla Bravo.


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12
May 2013

IRIDISCENCIA O LOCURA

Escrito por: santullan2006 el 12 May 2013 - URL Permanente

Salvador Dali. "El Corazón de la Locura"




IRIDISCENCIA O LOCURA




El mar, ayer, hoy, emanación cósmica,

misterio entre penumbras, dulzor de paz

enmascarando turbulentos bramidos,

plomo de recónditos corales donde ayer ponías

tus ojos y todos tus sentidos.

Viejas tapas de coral envejecido, cuaderno

que da idea de los versos que leímos…

Lisa piel de agua, regia altivez de reflejos

encrestándose a impulsos de las fuertes

mareas que hubimos. Mar azul, verde o gris,

te describe como imagen luminosa hoy.

Líquidos filtrando cauces, mástiles de puro

humo, fantasmales barcos bravíos.

Bajel a la deriva envuelto en brumas

entre atormentadas algas, definitivamente

volteado, desecho, perdido, desagregado

de la armonía universal que irradió –feliz

acoplamiento- nuestros sentidos.


Iridiscencia de las ondas acuáticas cuando

las aves se buscan al sol declinante de la tarde…


Hoy es ayer, ayer es hoy, y hoy, amor,

no te he visto; mañana, entrañas dolientes

de un niño -nauta de plata y oro-, para la ocasión

revestido. No hay ninguna razón para estar

triste ni alegre ni resentido; pero hoy

ni te advierto ni te noto, ni te adivino.

El problema es no encontrarte. Hipnosis

de la fe y de la luz reticular, abarcando

travesías del lento alocado sino sin destino...

Retina lírica. Azul o añil. Albura. Negro o gris.

Infante que mece su muerte dormido.

Estado sucesivo. Espacioso mar sin límites.

Faro oportuno en la noche, hermosa

observancia de lo irreal fugitivo…


Me haré roca en el infinito de esa luz que asoma.


Quería verte pronto. Quería encontrarte,

poseerte, retenerte… Aunque fuera

con la última luz de la tarde, letargo

en tus ojos hoy adivinados e idealizados,

hoy seguramente bellísimos, mas solamente

presentidos. Es menester que vengas,

que estés, que liberes y lideres el rumbo.

Visión inerme. Magia o señuelo. Somnolencia

de nauta primerizo. Quimera solemne cual

estupidez o grieta clandestina que por el espacio

se agranda. Poeta o muerto que camina

entre odas fragosas de inciertos desatinos,

transcritos en libros ominosos de versos

omitidos. Y, todo ello, ay, amor, eufónicas

florituras entre diversidad de ejes o reflejos

que la mar dibuja, yendo, como siempre fui,

de tumbo en tumbo -ya sabes, no espabilo-,

en la lenta dualidad de los espacios

hoy yertos, hoy marchitos, hoy retenidos.

Viajando con un mapa sin ruta ni geodesia,

sin sismógrafo ni posible auxilio,

tras el exorbitante descubrimiento alborear,

envuelto o protegido por brumas fantasmales

que hilan fino hilo, abrumado, intransferible,

a continuum...





ÓRBITA LITERARIA

Lo fugaz retenido.-2006

©Teo Revilla Bravo.

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08
May 2013

LO NOVEDOSO (algo más sobre la obra artístico-literaria)

Escrito por: santullan2006 el 08 May 2013 - URL Permanente



Composition No.7 1913

600 × 399 - Composition No.7 1913 Painting by Wassily Kandinsky | Oil Painting



LO NOVEDOSO.


Lo novedoso, aquello que va rubricado por un marcado carácter y que se nos presenta desde unas coordenadas artísticas distintas a las habituales, atraen poderosamente la atención enseguida: somos seres, por encima de otras consideraciones, curiosos. Investigar, descubrir, topar con la sorpresa e inquirir, es parte de la riqueza y de la conquista de la vida. Cuando es así, cuando nos encontramos ante una obra altamente concentrada, de gran poder de inventiva y bien resuelta a nuestros ojos, sentimos que el hombre y con él la sociedad, avanzan un poquito más por el buen camino, contrarrestando aspectos sombríos. El artista intenta crear, con su obra, acercamiento a su realidad esencial, a sus últimos elementos integradores, a esa alma virtuosa e inquieta en búsqueda permanente de la realización y de la mejora, a través de esa obra que se va generando poco a poco sin mucho ruido, a veces con toques iconoclastas, ojalá que con mucho acierto y valentía.


Somos curiosos, sí, pero también debemos ser aventureros, viajeros que prescinden de lo asombroso aparencial y de lo repetitivo y aburrido que roza o cae directamente en lo superficial o en el fácil engaño. Quizás por eso el artista, el verdadero artista vocacional, es un inconformista, es un inadaptado que lo pasa mal en ese intento por pretender aclarar los estímulos que salen de su alma a borbotones: siempre tiene una meta a la que llegar, una idea entre ceja y ceja que desarrollar, un objetivo inmediato por cumplir, un mandato metal que obedecer, una obra nada o poco entendida aún que emprender... Y lo intenta vitalmente obsesivo, a través de la motivación, del trabajo y de la exigencia; si estos fallan, el artista decae, el artista muere, deja de obrar como tal, entra en crisis. Para que esto no suceda hay que desprenderse constantemente de lo banal y de lo postizo, de todo aquello inservible a lo que nos enganchamos sin darnos cuenta y que tiran de nosotros de una manera poderosa y cruel, limitándonos, entorpeciéndonos, impidiendo que avancemos. Debemos prescindir de todo lo que resulte artificial, fingido, interpuesto o de algún modo manejado o manipulado desde las esferas del poder, cualquier poder.

Hay que mutar, extender el radio de acción, contemplar todo el vasto dominio de la situación; hay que penetrar en esa realidad que pretendemos transformar en algo mejor y sublime que dé sentido a la existencia para oírnos y olernos vivir y amar, para oírnos y olernos morir tal vez. ¿Cómo lograrlo? Existe, en todo ser perceptivo y concienciado, una alquimia personal, unos efectos mágicos que trasmutan, unos valores que con poca frecuencia se ponen -por comodidad o descreencia- en práctica. El artista asume esa labor con ilusión rompiendo la opacidad y la rigidez que se nos echa encima a cada instante que respiramos: la sociedad envenena, ata, va en contra con frecuencia de los propios intereses netamente humanos que necesita para sobrevivir, ya que nos esclaviza o nos convierte en miembros férreamente vigilados, en mecanismos fieles colocados en el engranaje que mejor le cuadre en cada momento a sus fines. Es el artista quien tiene la facultad de romper ese estado de cosas, esa dinámica machacona, mecánica y dictatorial que nos anula en lo fundamental, para intentar hacer, de la realidad, algo más traslúcido, más libre y solidario, más expansivo, sorprendente, descontaminado, y a la vez más personalizado y por supuesto creativo. Así avanzamos. A contracorriente generalmente. Con mucho esfuerzo y poco ruido. Abriéndonos a los sueños (algunos pensarán que a la locura) que alientan novedades y expanden espacios. El artista es el mago que nos abre los ojos a la luz. No lo entorpezcamos, dejemos que entre esa luz y nos envuelva..








Barcelona.- ​Julio.-2012

​Teo Revilla Bravo.





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04
May 2013

IRREALIDAD

Escrito por: santullan2006 el 04 May 2013 - URL Permanente

La Tormenta. Obra de Pierre Cot. Pintada en 1880.



IRREALIDAD.



Irrealidad, locura o sueño.

Ciclos irreversibles.

Tiempo diferente e imaginario.

Diminutos astros voraces

en los dormidos ojos,

desperezándose.

Sollozos rosas o azules

Como ritmos candentes

circulando por la noche,

cargan enfebrecidos delirios.

Sombrío, diminuto detalle

natural de tu cuerpo,

sembrado o aletargado

en el mío.



El día -versos-islas,

función transicional-,

asomando va

tras los espejos marinos.

Carencias o desvelos.

Soñar, soñar tus ojos aún

despiertos, aún dormidos.

Anónima, anómala,

envolvente poesía que aviva

las impresiones más irregulares

e inconformistas.

Desiguales versos

fraguados en distancias y olvidos.

Versos que surgen

tenaces e inflamados,

desde lo profundo de un volcán

existencial, como flores

expandiéndose en el nocturnal

silencio diletante

de ardores enardecidos.



Hontanares de existir…

Exploración de los misterios del ser.



En el río de la sangre

donde naufrago entorpecido

por la corriente del extravío,

proyectada sobre mi ánimo,

tu alargada sombra navega.

Me detengo.

Irrealidades, vaguedades,

deslumbramientos,

locuras de amores encontrados

y luego perdidos,

destellos del ser

que quise ser contigo.

Sol, ensueños, bondades

de luces fugaces

que en lontananza aparecen

y desaparecen disipándose.

Océanos abisales, vergeles

escondidos, períodos

irreversibles de radiales

equilibrios.



Sorprendente misterio

eres, alma rota que gira

a contracorriente

entre las sombras

voraces de los paraísos idos.



Extraviados pasantes…



Eres…

humilde violeta oculta,

rendida a la ley de la fragilidad,

en limbos desconocidos…





ÓRBITA LITERARIA

Lo fugaz retenido.-2006

©Teo Revilla Bravo.

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