24 Sep 2007

SERRAT, EL NOBEL PARA UN POETA HISPAÑOL

Escrito por: termitavirtual07 el 24 Sep 2007 - URL Permanente


SERRAT, EL POETA QUE HERMANA A LOS PUEBLOS CON LA LIBERTAD



EN TORNO AL ESCRITOR COMO SUMA DE VOLUNTADES.

Gracias a Serrat tuve consciencia, por primera vez, de que el castellano era sólo una de las lenguas de España. Vivía en Calarcá, un pueblo blanco con cura, alcalde y policía de esquina incluído. En el enorme televisor de tubos de la Tía Fanny vimos a un joven con cuatro lunares en el rostro que disminuían como galaxias de cielos distantes. Su voz cantaba poemas esenciales acompañados de una guitarra consentida.

(Ver video Meditarráneo)

http://es.youtube.com/watch?v=GcEiwtCvi10


Pudo haber sido, la memoria no es fiable, en el Show de las estrellas, programa de Jorge Barón que contactaba a los colombianos con los protagonistas de la canción iberoamericana. Para finalizar el concierto, el joven que ya nos había sembrado calles anheladas: “Escapad gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer”, cantó en catalán una canción sobre un niño que le pregunta a su padre por la muerte progresiva del río. En ese entonces la palabra ecología no hacia parte del léxico de los colombianos; pero ya el cantautor nos alertaba sobre un desolador peligro. Nosotros no entendíamos; y no sólo porque lo cantara en ese idioma de suavidad y de arrullo donde toda pasión es posible y tan ajeno a la cotidiana forma de entendernos; sino porque los ríos corrían cercanos, diáfanos y generosos en esos años de infancia. Canción que recupero reactualizada en Youtube, para saldar una deuda de la memoria.


Canción Pare:

http://es.youtube.com/watch?v=EiSnNccSHeI


Fue quizás el cantor que ayudó a la transición de las calles heredadas a las calles construídas, con una música diferente de los bambucos de Garzón y Collazos tarareados por Doña Graciela, de los tangos y la milongas que azotaban los cafetines del pueblo; o de las rancheras repetidas en la radio, en "mañanitas quindianas", para acompañar los afanes de prepararse para ir al colegio. Una música distinta a la balada latinoamericana; música que apareció en las notas de los cuadernos escolares cuando nuestros corazones adolescentes se agitaban con Sandro de América, indiscutible inventor del Rock en Español. Y con las canciones de los argentinos Sabú, Palito Ortega, Leonardo Favio y de los españoles, Rafaél y Camilo Sexto. Música para los enamorados del amor; para ausencias irreales y pasiones abruptas que aún no padecíamos. Lloros de un alma que se afanaba al encuentro.

(Ver video Sandro)

http://es.youtube.com/watch?v=IVY-6lkVAz8

Serrat llegó a nosotros con otra dimensión. La dimensión del cantautor, que no es otra cosa que un poeta que le pone música a sus palabras. Serrat llegó en forma de literatura sonada. De poema auténtico, sentido, trasmutado. Serrat no era un cantante, un histrión sin pensamiento. Y eso hacía la diferencia. Serrat era, es y continúa siendo un poeta que se vale de la música para integrarse a sus contemporáneos para compartir con ellos la alegría que le inunda. Sus canciones son versos que vuelan, buscan oídos y nidos donde belleza y esencia anudan, se entrelazan, liberan. Palabra y música, alas de un pájaro que permite que el espíritu sonría, se emocione, vuele, trascienda.

Poeta sin igual que se afirmó en su propia lengua, el catalán (Ara que tinc vint anys y Cançons tradicionals Poemarios de 1967; así como Con ho fa el vent poemario de 1969), antes de lanzarse en un vuelo definitivo sobre el continente iberoamericano. No sin antes incursionar en el portugués, ese otro sonoro idioma de la tierra iberoamericana, -como los son también el quechua y el aimará-, en el que escribe para consentirse y consentir a los suyos.

(Video palabras de amor):

http://es.youtube.com/watch?v=GBnBCsKo6lY


La academia -tradicional, adocenada y resistente al cambio-, se ha negado a mirar y analizar desde la perspectiva literaria el aporte de Serrat a la poesía hispañola. Hija de la modernidad, la académica es incapaz de entender como producción poética, cualquier cosa que esté fuera de los libros, del impreso. Pero si hiciera el esfuerzo necesitaría al menos dos buenos volúmenes para editar la poesía completa escrita por Serrat. Poesía, señores académicos, así en ese término inconfundible, limpio, irrevocable.

Es posible, que sólo viéndola editada los críticos se animen a considerar la creación de Joan Manuel Serrat, al lado de nombres como los de Antonio Machado, Miguel Ángel Hernández, Rafaél Alberti, Mario Bendetti, Joan Salvat-Papassiet. Poetas grandes por su poesía a ambos lados del atlántico, a quienes les ha prestado alas con su música y su interpretación. Sin embargo, pocos conocerían a Machado, Alberti o Hernández, incluso no los hubieran llegado a oír mencionar a menos que pertenecieran a círculos de estudiosos de la literatura. Serrat por el contrario los hizo visibles y los puso en boca de millones de hispanoparlantes que tararean sus versos, a veces, sin conocer la historia de sus autores. El nombre de Serrat y los versos rescatados por sus canciones les basta para saber que caminante no hay camino, se hace camino al andar; desdecir con fuerza la soberbia de los oscuros pedantones al pañío, frente a la transparencia de las buenas gentes que viven, laboran, pasan y siembran y que un día como tantos descansan bajo la tierra; o apreciar la España multicultural que vibra, llena de contradicciones, en la saeta que le canta al Cristo que anduvo en la mar. Su voz le presta dolor a la imagen del niño yuntero, agudiza la tristeza del hombre preso que canta para su hijo recién nacido la nana de las cebollas, y se levanta insumisa y beligerante para recalmar la libertad. Canción que, además, fue censurada en el programa: A su aire emitido por la televisión española en 1974.

Para la libertad VIDEO:

http://es.youtube.com/watch?v=MIZbHR3VB7w


Serrat, el poeta, es uno de los ejemplos del escritor como suma de voluntades.

Su voluntad de sentir, -extrañamiento de lo cotidiano que permite re-presentar el mundo mirado con asombro-, se traduce en una serie de poemas donde las cosas pequeñas, cotidianas, pedestres si se quiere, retornan al lector transmutados en epifanías: “uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia, pero su tren tomo boleto de ida y vuelta”. O en la historia personal del ser humano que crece, con la posibilidad del infante normal, en su mundo de ensoñación: “Tenía diez años y un gato peludo, funámbulo y necio, que me esperaba en los alambres del patio a la vuelta del colegio. Tenía un balcón con albahaca y un ejército de botones y un tren con vagones de lata, roto entre dos estaciones.” Voluntad de sentir con intensidad y de reinventar el recuerdo con la tesitura poética de las cosas simples: “Barquito de papel, sin nombre, sin patrón y sin bandera, navegando sin timón donde la corriente quiera. Aventurero audaz, jinete de papel cuadriculado, que mi mano sin pasado sentó a lomos de un canal. Cuando el canal era un río, cuando el estanque era el mar, y navegar era jugar con el viento, era una sonrisa a tiempo, fugándose feliz de país en país, entre la escuela y mi casa, después el tiempo pasa y te olvidas de aquel barquito de papel”. Metáfora de la vida que como los ríos de Manrique van a dar al mar; que es el morir. Carga existencial que tampoco es ajena al poeta SerratSi la muerte pisa mi huerto ¿quién firmará que he muerto de muerte natural? ¿Quién lo voceará en mi pueblo? ¿quién pondrá un lazo negro al entreabierto portal? ¿Quién será ese buen amigo que morirá conmigo, aunque sea un tanto así?”

Serrat, es igualmente el escritor con una voluntad de pensar y pensarse. Sus poemas no son simples entretenimientos o nostalgias inanes; tienen un propósito, una ética y una estética particular que no le hace concesiones al statuo quo. Romances citadinos que se oponen a la mezquindad de la ética deontológica como máscarada: “Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal la zorra pobre al portal la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas. Se acabó, que el sol nos dice que llegó el final. Por una noche se olvidó que cada uno es cada cual.” Procesos urbanos que el poeta retoma con ironía en “la aristocracia del barrio”, “yo me manejo bien con todo el mundo” “Señora”, para evidenciarnos que esos jóvenes -mal mirados por los adultos amnésicos-, envejecerán, con el paso del tiempo, horneando pan o construyendo mundos mejores. Siempre al filo del escándalo en los gallineros de las "señoras bien", los poemas de Serrat obligan varias lecturas. Como el vino, sus letras añejan con calidad y tienen mejor sabor con el tiempo. Esa voluntad de pensarse universal, libre, anárquico, cosmopolita, hispañol, cósmico y ecologista; de ser consecuente con sus posiciones políticas ha repercutido en su vida personal y artística. Vetado en Televisión Española por el régimen franquista hasta 1974, tuvo que exilarse en México al año siguiente por sus declaraciones públicas. Sus versos siembran pavor entre los poderosos, entre los farsantes, entre los seguidores de Escrivá de Balaguer. La facilidad que les brinda la música para insertarse en la memoria colectiva, ha sido considerada subversiva, no sólo en su tierra natal: el genocida chileno Augusto Pinochet censuró su música en 1983. Y no es gratuito que Serrat celebrara con un concierto apoteósico en el Luna Park de Argentina, el regreso de este país iberoamericano a la democracia, después de un regimen del terror que aún hoy sacude con historias siniestras a los coterraneos de Borges, ese otro poeta universal.

La voluntad de crear, que demanda capacidad para trasmutar lo sentido y lo pensado en una obra concreta, en objeto que otro disfruta asombrado, también es una condición presente en la trayectoria artística del poeta catalán. Su dilatada discografía, en la que a veces figuran dos volúmenes por año, casi en su totalidad poemarios propios, lo demuestra: Ara que tinc vint anys (1967); Con ho fa el vent (1969); Dedicado a Antonio Machado, poeta (1969);…e as suas cançoes (1969) La paloma, (1969); Mi niñez (1970); Serrat/4 (1970); Mediterráneo (1971); Miguel Hernández (1972); Per el meu amic (1973); Para vivir (1974); Para piel de manzana (1975); Res no es mesquí (1977); 1978 (1978); Tal com raja (1980); Encontre (1980); En tránsito (1981); Cada loco con su tema (1983); Serrat al grec (1983); Serrat en directo (1984); Fa vint anys que tinc vin anys (1984); El sur también existe (1985); Sinceramente teu (1986); Bienaventurados (1987); Material sensible (1989); Utopía (1992); Nadie es perfecto (1994); Sombras de la china (1998); Canciones (2002); Versos en la boca (2002); Mo (2006). Y esto sin contar la extensa lista de producciones colectivas en colaboración con otros artistas.

A quien le interese profundizar en el tema le recomiendo visitar su nombre en Wikipedia y la página de Cancioneros.Com.

http://www.cancioneros.com/cc.php?NM=10.

A esta voluntad para crear del poeta Serrat, está íntimamente ligada la voluntad de crear del Serrat compositor. Una voluntad que le obliga a conocer los ritmos y los más variados instrumentos de esa Iberoamérica intercontinental, para incorporarlos con intención ecuménica en la rica musicalización de sus poemas. Son legendarios sus desplazamientos a cualquier país de América, sólo para encontrar al ejecutante apropiado de un instrumento insólito, que pueda matizar la calidad del paisaje sonoro de su próxima grabación. Como ningún embajador español, Serrat evidencia las esencias que trascendiendo el lenguaje nos hacen un solo continente, nos hermanan, nos invitan a la solidaridad, a la creación conjunta.

Y por último, la voluntad de persistir. Condición sin la cual el hecho de escribir no pasaría de una intención, un prurito, un deseo, una pose insignificante que amilanarían con facilidad los constantes embates del infortunio, o las incesantes llamadas de otros intereses. Voluntad de persistir, demostración de coraje y conquista de un espacio propio que encarna Serrat con suficiencia: Dejó atrás a muchos de los escritores que iniciaron carrera a su lado, a muchos de los cantantes que fueron estrellas de la música Pop y con la energia del creador continúa abriendo espacio a las nuevas generaciones.

(Ver video con Alejandro Sanz)

http://es.youtube.com/watch?v=0Gxt2C47RbE

Por la calidad de sus poemas, de una poesía desenfadada y coherente con su forma de sentir y mirar el mundo, que indubablemente ha evolucionado enriqueciéndose, Serrat puede figurar con todo el mérito literario en cualquier antología de la poesía iberoamericana. Fiesta, Mediterráneo, Cuando me Vaya, Mi niñez, De cartón piedra, La mujer que yo quiero, El titiritero, Palabras de amor, Lucía, Tu nombre me sabe a yerba, Cuando me vaya, Pueblo blanco, Sombras de la china, Que va a ser de ti, Vagabundear, Barquito de papel, Si la muerte pisa mi huerto, aquellas pequeñas cosas, Pare, Helena, Penélope, Romance del curro “El palmo”, Los macarras de la moral, Esos locos bajitos, De vez en cuando la vida, Princesa, son sólo la enunciación de algunos títulos de esos poemas antológicos. Imposible que esa enumeración la memoria no evoque la músicalidad que ellos conllevan. Como todo poeta que se respete no podía faltar entre sus poemas el “arts poética”, poema autocontenido en el cual el poeta hace consciencia y trasmite los códigos de su proceso creativo: “No hago otra cosa que pensar en ti”.

Un poeta que presiste porque se siente comprometido con el idioma de su pueblo, un pueblo que extiende sus límites desde la barcelona catalana hasta la mítica Tierra de Fuego. Un escritor que responde a un autentico deseo a una vocación esencial; porque Serrat es un ser humano que no sabría hacer otra cosa que ser poeta cantor. Excelente poeta que comparte sus sentimientos en la mejor forma que alcance para todos: las notas de una canción moderna. No se le debe negar a Serrat su esencia de poeta, como nadie le negaría a Pablo Neruda tal condición, sólo porque Serrat lo interpretara.

(ver video: Puedo escribir los versos más tristes esta noche)

http://es.youtube.com/watch?v=-yecG-Tk1aI

Porque encarna al escritor como suma de voluntades, pero sobre todo porque es uno de los poetas contemporáneos de mayor trascendencia popular, quiero pedir para Serrat El premio Nobel de Literatura. Y levanto tienda de campaña en estos desérticos parajes para desfacer el entuerto de su olvido, para que no muera sin recibirlo como le sucedio a Borges, su colega. Claro, a ninguno de los dos les importa, ni les importó el Nobel. Pero creo que le debe ser concedido, como le debió ser otorgado al más significativo de los escritores hispañoles.


Para empezar, España le debería otorgar a Serrat el Premio Principe de Asturias de Literatura en reconocimiento a su condición de Poeta. El Premio Príncipe de Asturias, considerado por algunos críticos como antesala del Nóbel. Y hacerle una edición de lujo de sus poemas y de los de los poetas cantados por él, como lo hiciera con Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. De paso saldaría una deuda que tiene con muchos poetas hispañoles.

El Nobel para Serrat, el nobel para un poeta hispañol que hermana a los pueblos con la libertad.


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17 Sep 2007

BOLAÑO, LA DIMENSIÓN SÍ IMPORTA

Escrito por: termitavirtual07 el 17 Sep 2007 - URL Permanente

BOLAÑO, PREFIERO EL LECTOR AL ESCRITOR

En torno al escritor como suma de voluntades


Fernando Noreña es uno de los quindianos que han buscado en España horizontes para su futuro. Nos conocimos en la, entonces, Escuela Atanasio Girardot en 1972, cuando terminábamos la primaria y concluimos bachillerato en el Colegio Robledo de Calarcá, ciudad de poetas, según la imaginación legendaria de sus pobladores. Alguien creó un hermoso mito que las generaciones repiten como hecho fundacional, como explicación cosmogónica a su prurito escritrural: son poetas (escritores) quienes han bebido agua del rio Santo Domingo. Y el acueducto municipal surte sus aguas de esa corriente.

Por esa bella y mitómana razón, los calarqueños somos malhechores. En los respetables términos en que Roberto Bolaño define a tanto constructor de camuflaje que tiene por propósito ocultar la verdadera obra maestra. Bolaño es un escritor iberoamericano. Su narrativa vital escanció en muy variadas latitudes y longitudes del territorio donde se habla el hispañol. Para algunos, un escritor menor cuya dimensión, paradójicamente, crece con mayor fuerza después de su muerte.


Noreña por el contrario, es un calarqueño atípico. Tal vez porque intuía desde muy joven esta pretendida verdad de Bolaño. Noreña nunca ha querido escribir una sola línea. Al extremo de escoger una profesión de números. Es Contador titulado. Sin embargo, desde temprana edad lo he reconocido como deleitante de lecturas paradojales. Un gran lector, no por la cantidad de textos devorados sino por la rareza de los textos elegidos y por el disfrute de las lecturas que comparte con muy escasas personas. Pareciera, continuando con la parábola de Bolaño, un ingeniero forestal encargado de señalar en el bosque frondoso, las obras que merecen ser leídas.

Ahora, que conoce mi tarea de reflexionar en torno al escritor como suma de voluntades, me ha arrojado desde la ciudad de Valencia, como extraño salvavidas, una reflexión de Roberto Bolaño. Texto que transcribo para los improbables lectores de este blog:

“Pobre padre mío. Fui escritor, fui escritor, pero mi indolente cerebro voraz me comía las entrañas. Buitre de mi propio Prometeo o Prometeo de mi propio buitre, un día me di cuenta de que podía llegar a publicar excelentes artículos en las revistas y periódicos, e incluso en libros que no desmerecían el papel en que estaban impresos. Pero también supe que jamás lograría acercarme o internarme en aquello que llamamos una obra maestra. Me dirá usted que la literatura no consiste solo en obras maestras, sino que está poblada de, así llamadas, obras menores. Yo también creía eso. La literatura es un vasto bosque y las obras maestras son los lagos, los inmensos y extrañísimos árboles, las elocuentes flores preciosas, o las escondidas grutas, pero un bosque también está compuesto por árboles comunes y corrientes, por yerbazos, por charcos, por plantas parásitas, por hongos y por florecillas silvestres. Me equivocaban. Las obras menores en realidad no existen. Es decir: el autor de una obra menor no se llama fulanito o zutanito. Fulanito o zutanito existen, de eso cabe duda, y sufren y trabajan y publican en periódicos y revistas, y de vez en cuando publican un libro que no desmerece el papel en que está impreso, pero los libros o los artículos, si usted se fija con atención, no están escritos por ellos.

Toda obra menor está escrita por un autor secreto, y todo autor secreto, es por definición, un autor de obras maestras. ¿Quién ha escrito tal obra menor? Aparentemente un autor menor. La mujer de este escritor lo puede atestiguar, ella lo ha visto sentado a la mesa, inclinado sobre las páginas en blanco, retorciéndose y deslizando la pluma sobre el papel. Parece un testigo irrebatible. Pero lo que ha visto es solo la parte exterior, el cascarón de la literatura. Una apariencia – le dijo el viejo ex escritor a Archimboldi y Archimboldi recordó a Aski-. Quien en verdad está escribiendo esa obra menor es un autor secreto que sólo acepta los dictados de una obra secreta. Nuestro buen artesano escribe. Está ensimismado en aquello que va plasmando bien o mal en el papel. Su mujer, sin que él lo sepa, lo observa. Efectivamente, es él quien escribe. Pero si su mujer tuviera una vista de rayos X se daría cuenta de que no asiste a un ejercicio de creación literaria, sino más bien a una sesión de hipnotismo. En el interior del hombre que está sentado escribiendo no hay nada. Nada que sea él, quiero decir. Cuanto mejor haría ese hombre dedicándose a la lectura. La lectura es placer y alegría de estar vivo o tristeza de estar vivo y sobre todo es conocimiento y preguntas. La escritura, en cambio, suele ser vacío. En las entrañas del hombre que escribe no hay nada. Nada, quiero decir, que su mujer, en un momento dado, pueda reconocer. Escribe al dictado, su novela o poemario, decentes, decentitos, salen no por un ejercicio de estilo o voluntad, como el pobre desgraciado cree, sino gracias a un ejercicio de ocultamiento. ¡Es necesario que haya muchos libros, muchos pinos encantadores, para que velen de miradas aviesas el libro que realmente importa, la jodida gruta de nuestra desgracia, la flor mágica del invierno!

Disculpe las metáforas. A veces me excito y me pongo romántico. Pero escuche. Toda obra que no sea una obra maestra es, como se lo diría, una pieza de un vasto camuflaje. Usted ha sido soldado me imagino, y sabe a lo que me refiero. Todo libro que no sea una obra maestra es carne de cañón, esforzada infantería, pieza sacrificable, dado que reproduce de múltiples maneras, el esquema de la obra maestra. Cuando comprendí de verdad dejé de escribir. Mi mente, sin embargo, no dejó de funcionar. Al contrario, al no escribir funcionaba mejor. Me pregunté; ¿por qué una obra maestra necesita estar oculta? ¿Qué secreta fuerza la arrastran hacia el secreto y el misterio?

Ya sabía que escribir era inútil. O que sólo merecía la pena si uno está dispuesto a escribir una obra maestra. La mayor parte de los escritores se equivocan o juegan. Tal vez equivocarse y jugar sea lo mismo, las dos caras de la misma moneda. En realidad nunca dejamos de ser niños, niños monstruosos llenos de pupas y de varices y de tumores y de manchas en la piel, pero niños al fin y al cabo, es decir nunca dejamos de aferrarnos a la vida puesto que somos la vida. También se podría decir que somos teatro, somos música. De igual manera, pocos son los escritores que renuncian. Jugamos a creernos inmortales. Nos equivocamos en el juicio de nuestras propias obras y en el juicio siempre impreciso de los demás. Nos vemos en el nobel dicen los escritores, como quien dice: Nos vemos en el infierno.

Una vez vi una película de gánsters norteamericana. En una escena el detective mata un malhechor y antes de disparar el balazo mortal le dice: nos vemos en el infierno. Está jugando. El detective está jugando y equivocándose. El malhechor, que lo mira y lo insulta antes de morir, está jugando y equivocándose, aunque su campo de juego y su campo de equívocos se ha reducido casi hasta el cero absoluto, porque en el próximo plano va a morir. El director de la película también juega. Y el guionista, lo mismo. Nos vemos en el Nobel. Hemos hecho historia. El pueblo alemán nos lo agradece. Una batalla heroica que será recordada por las generaciones venideras. Un amor inmortal. Un hombre escrito en el mármol. La hora de las musas. Incluso una frase aparentemente inocente como decir: ecos de una prosa griega, no contiene más juego y equivocación.

El juego y la equivocación son la venda y son el impulso de los escritores menores. También: son la promesa de su felicidad futura. Un bosque que crece a una velocidad vertiginosa, un bosque al que nadie le pone frenos, ni siquiera las Academias: al contrario, las Academias se encargan de que crezca sin problemas, y los empresarios y las universidades (criadero de atorrantes), y las oficinas estatales y los mecenas y las asociaciones culturales y las declamadoras de poesía, todos contribuyen a que el bosque crezca y oculte lo que tiene que ocultar, todos contribuyen a que el bosque reproduzca lo que tiene que reproducir, puesto que es inevitable que así lo haga, sin revelar nunca qué es aquello que reproduce, aquello que mansamente refleja.

¿Un plagio se dirá usted? Sí, un plagio, en el sentido de que toda obra menor, toda obra salida de la pluma de un escritor menor, no puede ser sino un plagio de una obra maestra. La pequeña diferencia es que aquí hablamos de un plagio consentido. Un plagio que es un camuflaje que es una pieza en un escenario abigarrado que es una charada que probablemente nos conduzca al vacío”.

A los interesados en conocer más acerca de las obras de Roberto Bolaño, les recomiendo esta página.

http://www.deriva.org/monograficos/monograficos.php?ID=12

No dudo que a mi amigo Fernando Noreña se le ilumine la mirada de forma perversa y sonría malicioso ante mi tozudez. Seguro piensa igual que Bolaño: la dimensión si importa.

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10 Sep 2007

CORTAZAR, VUELTA AL DÍA EN 80 COMPROMISOS

Escrito por: termitavirtual07 el 10 Sep 2007 - URL Permanente

CORTÁ-ZAR, POEMA PARA A(R)MAR

En torno al escritor como suma de voluntades.

Sus ojos despiertos eran más grandes que los de su gato Teodoro y sus manos enormes parecían la inspiración de los cuadros del pintor ecuatoriano Guayasamín. Con unos miraba el mundo cotidiano como un acontecimiento fantástico, con las otras golpeaba rítmicamente su máquina de escribir para producir asombros o para desfacer entuertos, mientras consumía o lo consumían, uno tras otro, sus cigarrillos Galoise.



Como el mundo le quedaba pequeño a su catadura de armatoste y a su voluntad de escritor; un día viajó de Argentina donde trabajaba como traductor oficial y se autoexilió en París. Su propósito: enterrar para siempre la condición de burócrata que le impedía ser y darle rienda suelta al escritor desbocado que lo habitaba. Ya de niño había escrito a los nueve años una novela y sentidos poemas de amor que sus cercanos imaginaban como plagios. Hizo una primera tentativa. Un viaje de turismo lo llevó por las principales ciudades europeas y le sembró la irrevocable decisión de conquistar París. A su regreso a Argentina buscó en una beca del gobierno francés el pasaporte de salida. Sus maletas, organizadas con neurótica precisión de fama, incluían la discreta edición del poemario Presencia, publicado bajo el seudónimo de Julio Denis; su poema dramático Los Reyes firmado con su nombre; Bestiario, su primer libro de cuentos editado por Suramericana; ejemplares de revistas donde había publicado sus primeros trabajos y cartapacios debidamente marcados con novelas aún no publicadas. Una de ellas Divertimento, premonición de Rayuela; y El Examen, escrito en un lenguaje vulgar, según la ortodoxa mirada de Guillermo de Torre, el ultraísta cuñado de Borges quien trabajaba para editorial Losada. Ambas editadas en 1986, dos años después de su muerte.


La beca lo instaló inicialmente en los campos de la Sorbona donde sus compatriotas bebían mate y lloraban mares. Desde esa cabeza de playa París fue una casa tomada centímetro a centímetro. En las calles anheladas Cortázar ejercitaba una voluntad de sentir que vibraría con intensidad en Rayuela, novela paradigmática en la que Horacio Oliveira, su alter ego, todavía busca con desesperación a la Maga. Los rincones de la Ciudad Luz fueron, para sus ojos de cronopio, espacios significativos convertidos en avíos de presencias. Imagenes que incorporaría con la misma voluntad de sentir que Rilke le sugiere al joven poeta de sus epístolas:



“Si su cotidianidad le parece pobre, cúlpese a si mismo, dígase que nos es lo suficientemente escritor para hacer que sus riquezas vengan a usted; pues para los creadores no hay pobreza ni lugares pobres, comunes. Incluso si estuviera en una cárcel cuyas paredes no dejarán llegar los ruidos del mundo hasta sus sentidos, ¿no tendría usted aún su niñez, esa deliciosa, magnífica posesión que son los recuerdos? Vuelva hacia allá su atención, intente recuperar las sensaciones hundidas de ese amplio pasado; su personalidad se consolidará, su soledad se ampliará y se convertirá en una habitación a media luz frente a la cual pasa, a lo lejos el ruido de los demás. Una obra de arte es buena si nace de la necesidad. Entre en usted mismo y examine las profundidades de las que brota su vida. Admítala como suene, sin interpretarla. Asuma su destino y sopórtelo, con su peso y magnitud, sin pedir jamás una recompensa que pudiera venir del exterior. Pues quien crea debe constituir un mundo para sí mismo y encontrarlo todo en sí mismo y en la naturaleza a la que se ha integrado”. (Cartas a un joven poeta. J.M.Rilke).



En esa suma de voluntades que hacen al escritor; la voluntad de sentir es el cántaro de las resonancias, el agua trasmutada y fresca de la que beberán los otros en sus escritos. Cortazar lo sabía, tenía la certeza de ello. Pero además ejercitaba, con esos ojos que miraban mundos paralelos, la capacidad para descubrir el otro lado de las cosas cotidianas. Un pez: la excusa que entreteje lo profano y lo sagrado en una nueva experiencia para el lector. Alguien que cuida temporalmente una habitación para una señorita de Paris: el punto de quiebre para la fantasía tragicómica de un hombre que vomitaba conejitos. Una pieza de museo: la posibilidad de tiempos imbricados para un asesinato pasional. El arrobamiento del público ante una ejecución musical: la justificación surrealista de un inexplicable canibalismo. O un reloj, un pedestre reloj, la vuelta de tuerca que nos enseña que la realidad no es como nosotros la pensamos

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de a atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”.


Pero la necesidad de Ser del escritor -la suma de voluntades que responde a la Verdadera Voluntad-, no se explica sin los otros. El viaje a Cuba en 1961, dos años después de la revolución le descubre "el gran vacío político que había en mí, mi inutilidad política. Desde ese día traté de documentarme, traté de entender, de leer".


El escritor tímido y romántico que llegó a París en 1951, empieza un despertar político que lo obliga a pasar al frente. Su palabra se hace compromiso y lucha concreta contra los que abusaban del poder. En 1967 matan al “Ché” Guevara. La muerte del revolucionario será traumática para su Ser de escritor, evidenciándole su clara diferencia con el escritor mercenario. La esencia del escribir no se explica sin una ética, sin una mirada estética, sin una ideología que la sustente. El escritor es un ser cultural; incluso cuando hace contracultura.

En carta a su amigo Roberto Artl expresa: Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto. No soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible.”


Cortázar no admiraba al Che Guevara, lo amaba filialmente: “Yo tuve un hermano/ No nos vimos nunca/pero no importaba./Yo tuve un hermano/que iba por los montes/mientras yo dormía. /Lo quise a mi modo,/le tomé su voz /libre como el agua,/caminé de a ratos/cerca de su sombra./No nos vimos nunca/pero no importaba,/mi hermano despierto/mientras yo dormía,/mi hermano mostrándome/detrás de la noche/ su estrella elegida.


El mismo icono romántico y bélico que sustentará la pasión de resistencia de los estudiantes del Mayo Francés en 1968, imagen que, junto con la de un Cristo revolucionario, vivo, joven, resucitado, lejano de la estóica propuesta del Cristo crucificado, avivará el surgimiento de la Teología de la Liberación en la II Conferencia General del Consejo Episcopal (CELAM), ese mismo año en Medellín. Año de revueltas y estallidos que apagará también la vida de Martin Luther King; promotor de la igualdad de derechos civiles de los negros en Estados Unidos. Año del despertar político del planeta en favor de los pobres, los marginados, los excluidos.


Córtazar fue consecuente con ese despertar político. Su opción de batalla fueron los derechos humanos, la lucha contra un imperialismo que tenía una contraparte idealizada en aquellos tiempos: La Unión Soviética.


Debo hacer un paréntesis personal en esta historia porque implica mi narrativa vital. Inicié muy niño la lectura de historietas en la librería Darling de Calarcá. Mi amor por la mitología griega la acuné en el ejemplo de Pedro Nel Uribe, mi abuelo, y en las viñetas de Joyas de la Mitología y Leyendas de América. Y tuve mi primer contacto con la historia del arte y la literatura en las viñetas de Fantomas, el Ladrón de Guante Blanco. Frases y versos de Rimbaud, Baudelaure, Víctor Hugo, eran las claves que este Robin Hood tecnológico daba a sus voluptuosas colaboradoras zodiacales para entrar en su guarida. Tiempo después supe que Cortázar había sido guionista de esa historieta y lo admiré mucho más. Mi pasión por la gráfica y la palabra escrita se fundían en su trabajo. Por mis investigaciones en risa y caricatura, descubrí después que el texto heterodoxo que combinaba letras e historieta: Fantomas contra los vampiros multinacionales (1977) era un informe realizado por él para el Tribunal Russell; organismo internacional constituido con el propósito de examinar la situación política de América Latina, en especial la violación de derechos humanos. http://www.literatura.org/Cortazar/Fantomas/f1.html.

La necesidad de ser un escritor politicamente comprometido y reconocerse con generosidad en el otro, llevó a Cortázar a visitar a muchos escritores latinoamericanos que padecían la inequidad y la injusticia en las dictaduras de aquellos tiempos. Dictaduras que a diferencia de las de actuales no eran, paradójicamente, elegidas por el propio pueblo. La estulticia progresa.



Cortázar parecía participar de la proverbial enseñanza: “No puedo hacer todo, pero puedo hacer algo”.

Para fortuna de los estudiosos del escritor argentino, su colega ecuatoriano Jaime Galarza Zavala registró un testimonio de ese acto concreto para construir un mundo mejor.


"Hace (…) años, el 20 de enero de 1973, una enorme humanidad trasponía la estrecha puerta de una celda del Penal García Moreno, tenebrosa prisión de Quito, la capital ecuatoriana. Era Julio Cortázar, el celebrado escritor argentino. Al día siguiente, el diario El Comercio informaba que la razón de esta visita consistía en su voluntad de solidarizarse con el autor de estas líneas, preso a raíz de la publicación de su libro El Festín del Petróleo. Regía los destinos del país la dictadura militar presidida por el General Guillermo Rodríguez Lara.

Debo rememorar esta historia por Julio Cortázar, por nuestra América Latina, por mí mismo. Las declaraciones del inmenso escritor conmueven y vibran (…) décadas después. Dijo Julio: “Estuve a verlo en la medida que se trata de un escritor que viene a visitar a otro que admira. Estaba al tanto de quien era Galarza Zavala en París, pues allí conocí su obra poética y especialmente su libro sobre el petróleo, que me conmovió, porque es una defensa de la soberanía ecuatoriana. Leyendo ese libro le admiré. Por eso, de paso por Quito, me pareció elemental conocerlo y establecer un contacto personal con él, estrecharle la mano”.


Sin duda, el lector atento señalará que no se conoce ninguna visita del escritor argentino a las prisiones de Cuba donde Reinaldo Arenas padecía el vejamen castrista. No encontré ningún registro al respecto. No tengo otra respuesta: siempre se corre el riesgo de ceguera cuando se milita ideológicamente. Por esa misma razón es más difícil aún el ejercicio escritural independiente. Sin embargo, es posible alegar en defensa de Cortázar que siempre trazó una línea tajante entre su quehacer literario y su compromiso político. La literatura de Cortázar no se puede calificar de panfletaria.

Finalmente es preciso señalar, también en su defensa que, si volviera a vivir, aún estaría golpeando las teclas de un ordenador ante la horrorosa cifra de 224 millones de latinoamericanos que viven en absoluta pobreza. Habría participado en una comisión de la Unesco para constatar las barbaridades cometidas en contra de la población civil por los "paras", la "guerrilla" y el propio y exiguo sistema democrático que aún queda en territorio colombiano. Hubiera sido uno de los primeros en marchar en contra del negociado de la invasión a Irak. Y no porque creyera que Hussein no merecìa la condena de una corte penal internacional. Cómo tampoco dejaría de denunciar las torturas y los atropellos en Guantánamo y Abu Ghraib, y la insenbilidad de los países poderosos frente al drama de los hambrientos y los desplazados por la guerra.

Pero también nos hubiese construido ya un maravilloso, múltiple, interminable libro de puertas giratorias donde fuera posible buscar la utopia realizadora y encontrar en cada una de ellas a las Magas ideales que habitan nuestra memoria. Y es posible incluso que, aupados por las teclas de su ordenador, ya hubiesemos pasado del hispañol integrador al uso poético y multisémico del Glígligo. Recordemos que Cortazar siempre escribió en Hispañol, esa lengua que supera al castellano y es enriquecida por la diversidad de hablantes iberoamericanos. Incluido el catalán. También por el lunfardo y las cotidianas formas de decir de los argentinos, donde ese vos sonoro de esssess silibantes tiene un sabor a mate, a tango, a callecita de Buenos Aires.

Volví a encontrarme con Córtazar -con la literatura de Córtazar es necesario precisar-, en la Universidad del Quindío. Por ese tiempo realizaba con Humberto Senegal un intento de revista monográfica: "Hermes"; mientras participaba en la realización de TERMITA; una revista comarcal hecha a pulso por la voluntad creadora del profesor de diseño gráfico Álvaro Nieto Cárdenas; con la complicidad del fantasma Taller Literario del Quindío. Un grupo de jóvenes convencidos cada uno de su indiscutible capacidad para ganarse el Nobel, algún premio de Cannes o la Bienal de Venecia (Martha Lucia Usaquen, Luz Amparo Palacios, María Cristina Ceballos, José Nodier Solórzano Castaño, Aviecer Agudelo, Jorge Hernando Delgado, Javier Moscarella, Fabio Osorio Montoya, Humberto Senegal, Elías Mejía, Orlando Montoya y Jorge Ramos, entre otros). La aventura de "Hermes" nos permitió encontrarnos con Elías Mejía, el más representativos poeta quindiano de las nuevas generaciones. Conocido por los nadaistas sobrevivientes como "El Profeta Elías"; epíteto que Elmo Valencia "El monje loco" repite con sonoras exclamaciones en cómplice saludo de cofradía. Admirado también por la poeta Maria Mercedes Carranza, ya fallecida, quien lo invitó a presentar en la Casa de Poesía Silva la traducción de Istmenia y El muro en el espejo, obras del poeta griego Yannis Ritsos. En la conversación fluida y versada de Elías, arribamos a Cortázar, a las posibilidades visuales de la poesía concreta y a las playas caribes de Cabrera Infante. Por esta razón traigo hoy a este blog, el poema que le publicamos en "Hermes" del cual mi me memoria conserva sólo algunos jirones. Mi gratidud y expresa admiración para ese creador y amigo que facilita ahora el texto completo del poema que bien podría llamarse: CORTA-ZAR, POEMA PARA A(R)MAR.




RETRUÉCANO


Corta Zar a ras las taras

piensa que si cortaras

nadie te miraría como a una zorra

con corazón de roca.

Serías la paloma torcaz

capaz de trocar el azar

de esta raza tan rara

que hasta ahora

poco da para envidiar a la rata.


Corta Zar.

No importa que cortes en Julio

o en agosto.

No te pongas fechas

porque te harás un lío.

Di solamente

lo lijo, lo lijo, lo lijo,

y

como haciendo un hijo

no por lujo,

tu sarta de buenas nuevas

será bien recibida para rato.

Se apoyará en los tarsos,

en los metatarsos

y en los dedos.

A ras de suelo.

Y no habrá carrera rara

porque todo quien corra entonces

tendrá poca traza de craso.


Será el rasar la zarza,

el dejar de croar,

el beber en buena taza

un arco iris.

No habrá Saras de sal

por quien orar

en torno a los tabúes.

La vida será corta,

como siempre.

Pero, ¡arza!,

dirán todos en coro

sin quererla acortar más.


Corta, Zar.

No importa que cortes en Julio

o en agosto.


Elías Mejía

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03 Sep 2007

LE PERA, EL ESCRITOR QUE SE CANTA

Escrito por: termitavirtual07 el 03 Sep 2007 - URL Permanente

La memoria como acto de justicia con el creador.

En torno al escritor como suma de voluntades.

(Haga clic para navegar desde la palabra subrayada y utilice flecha de retroceso para regresar a esta página)

Regresó Bel Ruthé de Argentina y pasó por la calle de Treviño, en Madrid. Además de un buen vino y un grato reencuentro que no obliga la obsecuencia, charlamos sobre su su poema "Bocanada"; publicado en la TERMITA CARIBE de agosto de 2007. También hablamos sobre el tema que motiva estas páginas: el escritor -el artista, el creador- como poseedor de un Don o como el oficiante de una suma de voluntades.

Nuestras posiciones, aunque no son irreconciliables, son distantes. Ruthé desde su orilla agustiniana y tomasina aboga por el Don, yo desde mi orilla volteriana, insisto en el escritor como suma de voluntades. La risa, conciliando los extremos y poniendo humanos puntos de contacto, no faltó a la cita.

Argentina transitó por la charla, con su arrabal y sus escritores, Cortázar, sin duda, fue el eje de nuestro interés, y claro, el tango. El tango, Gardel y Le Pera. Le narré entonces el descubrimiento de la injusticia histórica cometida con Alfredo Le Pera, uno de los letristas inmortales del tango. Y prometí hacerle llegar el texto publicado en la TERMITA VIRTUAL de 2005.

No se puede hacer una antología del Tango sin la presencia voluminosa de las letras de Le Pera. Y un “top ten” de la música ciudadana, incluye, por lo menos, dos de sus letras cantadas por Gardel. Sin embargo, cada año que en Colombia o en Argentina se conmemora la muerte del Zorzal, Criollo los comunicadores olvidan o ignoran que Le Pera, también falleció en el trágico accidente de Medellín el 24 de Junio de 1935.

Le Pera le aportó al hispañol, como el Borges joven, un caudal de palabras que dejaron los estrechos callejones de Buenos Aires y pasearon el lunfanrdo por el mundo, acompañando el baile airoso de las parejas de tango en los titilantes salones europeos.

En homenaje al tango como cocreador del Hispañol y a Lepera como el escritor que se canta, transcribo el artículo de la TERMITA VIRTUAL de 2005, enriquecido ahora con las posibilidades de navegación por internet.

Invitamos a nuestros lectores a que se tomen su tiempo, lo acompañen de un trago fuerte y se dejen acunar por los acordes de la canción ciudadana que encontrarán en las palabras subrayadas. Maravillas de la tecnología. El tiempo, en estas épocas vertigonosas (no hay error), es la mayor riqueza y signo de la posibilidad de disfrute. El que tenga tiempo que lea.

A quien quiera navegar con nosotros en el tempestuoso mar de sílice, le recomendamos no olvidar la FLECHA DE RETROCESO, para que termine la historia sobre ALFREDO LE PERA y no acabe extraviado en deliciosos zargazos. La posibilidad de perderse en este mundo es infinita. Aunque no importa, perderse para encontrar no es perderse. Y si se pierde a lo mejor nada pierde, ah, de los laberintos borgesianos.

Madrid, septiembre de 2007

ALFREDO VIVE, CARAJO

Parece cuento, pero la historia de esa noche rarísima empezó por un placero insolente de ruedas coloradas, lleno hasta el tope de hombres, que iba a los barquinazos por esos callejones de barro duro, entre los hornos de ladrillos y los huecos, y dos de negro, déle guitarriar y aturdir, y el del pescante que les tiraba un fustazo a los perros sueltos que se le atravesaban al moro, y un emponchado iba silencioso en el medio, y ese era el corralero de tantas mentas, y el hombre iba a peliar y a matar”

El hombre de la Esquina Rosada.

Jorge Luis Borges.

Historia Universal de la Infamia (1953)

El mito tiene una historia paralela que se sienta a su lado. Para valorar su real significado es preciso superar los acumulados culturales que la osifican y la convierten en leyenda. Coordenadas de sueños y esperanzas no razonadas a las que una y otra vez regresan los hombres para nutrir sus creaciones, para prolongarlo.

Para ser comprendido en su totalidad, el mito, con su carga arquetípica de historia filogenética del ser colectivo, demanda también la voluntad de explorador para navegar río arriba y encontrar, en el principio de los tiempos, los sucesos reales que lo alimentan y lo prolongan.

Gardel es un mito fundador que le brindó al tango su condición de epopeya citadina que merece ser contada, filmada, pintada, poetizada.

Una historia de compadritos y cuchilleros de carne y hueso, que se ennoblecen en las toponimias de Buenos Aires, (Corrientes, Trianon de Villa Crespo, Maldonado, Abasto, La Chacarita, Balvanera), con sus danzas de muerte, sus arrestos varoniles y sus mujeres legendarias que esperaban a su bacan bajo la inquieta luz de un farol (Rosa, la milonguita, era rubia Margot, y en la primer cita, la paica Rita me dio su amor).

No se le puede desconocer a Gardel su aporte al tango. Casi podríamos afirmar que cuando el gurú de las comunicaciones, Marshall McLuhan hablaba proféticamente del fenómeno planetario que hoy conocemos como globalización, ya el tango, ese sentimiento de desarraigo que se baila, se canta o simplemente se escucha acompañado de un trago fuerte, había conquistado el corazón de la aldea global.


Alguien, creo que el musicólogo Ariel Ramírez (la frágil memoria también nutre el mito) me contaba alguna vez que el tango llegó a nuestra tierra en los espacios de los discos que los empresarios mandaban a grabar a la Argentina con música colombiana. En los retazos de los acetatos que a veces sólo alcanzaban una cara, los argentinos, con una buena dosis de colonización cultural, los completaban con tangos bravos y nostalgias milongueras. Esos ritmos de 2 por 4 tocaban muy bien el alma y mitigaban el ansia arrabalera y el sentimiento campesino de nuestra Colombia rural en tránsito. Todavía no se hablaba en estos pagos de la angustia existencial, ni de la malparidez cósmica y aún Baudilio Montoya, con dipsomanía de payador, le cantaba con una poesía auténtica a su muchachita del campo o clamaba por José Dolores Naranjo, en los entonces bucólicos, aunque atormentados por la violencia partidista, parajes del Quindío.

Pero Gardel tomó su puesto definitivo como el mayor mito en la historia de ese ritmo que la UNESCO declaró patrimonio de la humanidad, el día en que Alfredo Le Pera falleció en un trágico accidente en la ciudad de Medellín el 24 de junio de 1935. Alfredo Le Pera había llevado al Morocho del Abasto a una gira por América pero, al parecer, una rivalidad entre los pilotos de Scatta y Saco en los inicios de la aviación comercial provocó el fatal accidente en el que también falleció Carlos Gardel. Desde entonces todos los diarios del mundo se dedicaron a conmemorar sólo la muerte de Gardel.

Para dar testimonio de la injusticia con el nombre de Le Pera, basta recordar que los tangos antológicos que Gardel canta cada vez mejor, gracias a la magia de la tecnología, son los de este letrista argentino.

No es necesario ser tangófilo para que un íntimo sentimiento regocije el espíritu al escuchar:

El día que me quieras
la rosa que engalanas
se vestirá de fiesta

con su mejor color.

Al viento las campanas

dirán que ya eres mía

y locas las fontanas

me contarán tu amor.

Tampoco hay que ser un tahúr consumado para estremecerse al escuchar:Por una cabeza, letra que los investigadores encontraron en hojas chamuscadas entre los escombros del avión de SACO.

Ni es necesario vivir lejos de su tierra natal para comprender que: Mi Buenos Aires querido/ cuando yo te vuelva a ver,/ no habrá más pena ni olvido” trasciende la nostalgia para convertirse en el canto arquetípico del hombre y la mujer que padecen el desarraigo y le insuflan valor a la vida con el recuerdo de la patria chica y su honda significación en la construcción de identidad y de sujeto histórico.

Pero, Le Pera va más allá y en “Volver” -otra letra antológica- nos enseña ese miedo de regresar al paraíso soñado, sentimiento de temor e impotencia que -como lo señala Olivier Longué en su texto “Huir para vivir”- padecen hoy una parte exigua de los 22 millones de refugiados del siglo XXI que logran retornar a sus lares:

Volver

con la frente marchita,

las nieves del tiempo

platearon mi sien.

Sentir, que es un soplo la vida,

que veinte años no es nada,

que febril la mirada

errante en las sombras

te busca y te nombra.

Vivir,

con el alma aferrada

a un dulce recuerdo,

que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro

con el pasado que vuelve

a enfrentarse con mi vida.

Tengo miedo de las noches

que, pobladas de recuerdos,

encadenan mi soñar.

Pero el viajero que huye,

tarde o temprano detiene su andar.

Y aunque el olvido que todo destruye,

haya matado mi vieja ilusión,

guarda escondida una esperanza humilde,

que es toda la fortuna de mi corazón.”

Así como no fue ajeno a ese natural sentimiento de incomprensión frente a la muerte de los seres queridos, y entre ellos, la mujer amada, definitivamente ausente:


Sus ojos se cerraron...

y el mundo sigue andando,

su boca que era mía

ya no me besa más,

se apagaron los ecos

de su reír sonoro

y es cruel este silencio

que me hace tanto mal.

Le Pera tiene la dimensión humana y artística para figurar con grandeza al lado de Gardel en la construcción de la saga tanguera. No sólo por la calidad de las canciones que compuso para El Zorzal Criollo, sino porque era un artista integral -poliexpresivo, como le encanta decir a nuestro codirector-: escritor, periodista, letrista, libretista, guionista, autor teatral, traductor de subtítulos, productor cinematográfico. Cuando en 1932 Gardel se lo encontró en París, sellaron una amistad que le abriría al Jilguero de Balvanera las puertas definitivas del éxito.

Ese mismo año, Le Pera le escribió en la Ciudad Luz los diálogos para la película Espérame, dirigida por Louis Gasnier. En 1933 escribe los libretos de La Casa Es Seria, un cortometraje de 25 minutos actuado por Gardel bajo la dirección de Jaquelux. En 1934, Gardel actúa en una película de Louis Gasnier que tendrá el título de una de las más apreciadas letras de Le Pera: Melodía de Arrabal en la que el polivalente Alfredo, será, también, libretista. Ese mismo año, pero ya como productor cinematográfico, Le Pera llevará a Gardel a filmar una película con el título de otra de sus recordadas canciones: Cuesta Abajo.

Estados Unidos, específicamente la Paramount, les abrirá las puertas a los Batmán y Robin del tango, para que filmen en 1935 con la dirección de Louis Gasnier: Tango en Broadway, película en la que Le Pera será nuevamente el libretista. Le Pera volverá a realizar ese mismo año la producción y el guión de la película El día que me quieras, esta vez con la dirección de Jhon Reinhardt. También en 1935 (vaya ritmo de trabajo) la Paramount filma en Nueva York, la ultima película de El Francesito: Tango Bar basada en un libro de Le Pera, film del cual, sin duda, el creador del mito de Gardel también fue libretista.

En un reciente documental Jack Perkins revela en la personalidad de Le Pera a un creador-empresario adelantado a su tiempo, con la capacidad para entender los modos de representación del siglo XX y la producción de imágenes globales y artífice tan eficaz del mito Gardel, que la imagen creada lo ha ido borrando paulatinamente de la memoria de los hombres

Cuando iniciamos la planeación de la TERMITA VIRTUAL de agosto, propusimos como tema la conmemoración de los setenta años de la muerte del Gardel -como todos- sin embargo, en el camino nos encontramos con una historia que el mito reiterado y reiterativo ha sepultado en el olvido. Una historia que comulga bien con los propósitos de nuestra tarea editorial: abrirle ventanas a las creaciones de calidad de quienes no tienen cabida en los círculos de la cultura oficial. (Bogotá, agosto de 2005)

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27 Ago 2007

PAZ DE NUEVO NINGUNEADO

Escrito por: termitavirtual07 el 27 Ago 2007 - URL Permanente

Paz para la comprensión integradora

Inicié este blog con el propósito de realizar una reflexión sobre el escritor como suma de voluntades. Pero también con la intención de evidenciar el puente de diálogo entre la península Ibérica y el continente americano porque considero que debemos avanzar en un proceso que nos acerque y teja redes solidarias entre los pueblos iberoamericanos. Propuesta que no excluye a lenguas distintas al castellano.

Considero al Hispañol como una herrmienta valiosa para ese propósito integrador. Mas allá de una denominación formal, una comprensión de esta esta lengua como un idioma vivo que trasciende el castellano. Una realidad que se vive en el ámbito de las comunicaciones con la denominación de "español neutro"; pero que se impone con la creciente movilidad de los seres que habitamos el siglo 21. Realidad materializada en la avasallante producción cultural de los escritores Hispañoles. Hombres y mujeres que han conquistado premios nóbeles con la calidad de su lenguaje y su capacidad para poetizar y narrar ese territorio común que borra fronteras y nos llena de orgullo. Hispañol: econocimiento e inauguración en el nuevo milenio de un lenguaje que, a partir de una raíz histórica común, celebra la diversidad de ramas y frutos. Forma de comunicación humana que asombra en por lo menos dos connotaciones: maravilla y da cobijo. Instrumento del pensamiento que facilita el entendimiento con algunos cambios y usos semánticos pero que, sin embargo, demanda una voluntad política que conjugue dialéticamente los polos antitéticos de la diversidad y la unidad.

Una denominación que pretende crear conciencia sobre la fuerza del flujo constructor de realidad de ese idioma que emerge como un iceberg potente. Un continente lexical que históricamente ha desbordado los cauces restrictivos de la gramática castellana, para incorporar los aportes vivos de las múltiples etnias que lo moldean y lo enriquecen en su uso cotidiano.

Sin embargo, la posibilidad de avanzar en este camino demanda que nos fijemos en en los hitos comunes que nos identifican, para superar desde allí aquellas diferencias que puedan dividirnos. Mirada propositiva que apuntala el diálogo intercultural y subraya la necesidad de acordar metas de integración. Muchos han avanzado en esa tarea constructora. Sólo voy a mencionar aquí al pensador colombiano Otto Morales Benítez y sus comprensiones históricas y sociales en la busqueda de una identidad que nos hermana con el continente europeo, especialmente con la penímsula.

Mirada que, sin embargo, no es sumisa u obsecuente y reclama con la valentía de los corteses, el derecho de ser y de estar hombro a hombro, en igualdad de condiciones. Que no niega la historia, sino que la critica, la reevalua y la redirecciona. Y Paz, ha sido, dentro de los escritores que han conquistado cumbres, quien quizás. con mayor propiedad ha transitado estos propósitos. Su "Laberinto de la soledad", es el punto nodal de referencia para este tipo de comprensiones sinérgicas.


Razón por la cual quiero hoy señalar de nuevo que Paz está siendo condenado a padecer el nefasto "Ninguneo" que el condenó como lesivo para el avance de los pueblos de América y el ensayo del Damían Pachón Soto: "Modernidad, Eurocentrismo y Colonialidad del saber" parece reconfirmarlo. Las siguientes acotaciones, no pretenden por tanto invalidar de plano el serio y responsable ensayo del Abogado de la Universidad Nacional y estudiante de la Maestría en Filosofía Latinaomericana de la Universidad Santo Tómas (Colombia), sino evidenciar los elementos paradojales. La crítica entendida aquí como un diálogo colaborativo que no aniquila sino que evidencia y ayuda a contraargumentar para fortalecer las razones de la mirada, pero sobre todo para encontrar la verdad detrás de las posiciones y perspectivas.

1. En las primeras líneas del trabajo, Damian Pachón declara que "El objetivo de la presente ponencia es realizar una deconstrucción crítica de la visión tradicional de la Modernidad". Si mi información no falla, la deconstrucción es un instrumento de lectura crítica que proviene del europeizado argelino Jaques Derrida. He aquí la paradoja básica del ensayo: se quiere combatir la colonización mental recurriendo a una herramienta producida en las propias entrañas del colonizador pensamiento europeo (Perspectiva del autor del ensayo, vale aclarar). La premodernidad, la modernidad y la posmodernidad además de corrientes de pensamiento son modos de habitar la realidad, condicionados por factores de orden individual (memoria, subjetividad, discurso), social (economía, política, teleología) mediático ( uso de codigos y extensiones del ser humano). La modernidad, especialmente, es un fenómeno del que regresan los europeos -los dedicados a metacomprender los fenómenos antropológicos por lo menos- y que aún no alcanza con plenitud los países latinoamericanos. En nuestro continente las carencias son tantas que todavía son no sólo posibles, sino necesarias, las utopías. Ese desgano por la civilización en unos pueblos que aún no hemos salido de la barbarie es un pensamiento prestado. -sin desconocer las barbaries actuales de Europa con un desarrollo vertiginoso- ¿Cómo, entonces, se puede llegar a pensar desde la perspectiva latinoamericana reproduciendo formas de pensamiento gestadas en el corazón de Europa, con mirada y racionalidad onfálica? ¿Cómo es posible criticar la “colonialidad del saber” utilizando una herramienta de colonización? Utilizando una analogía, tan poco propias para la lógica de la modernidad, ese intento equivale a utilizar un destornillador para clavar una puntilla: Si bien puede hacerse, demanda un desgaste demasiado grande, que agota inútilmente e invita abortar rapidamente la tarea. En este caso el intento de pensar con una racionalidad propia, no colonizada.

2. Aunque discute las bases de la modernidad y el progreso fustigando el cartesianismo (posición que comparto) el discurso de análisis es absolutamente cartesiano. Ni el más mínimo asomo de poesía, ni la más leve posibilidad polisémica que descentre el pensamiento. Razón, pura razón que no da cuenta de lo mítico maravilloso que nos habita como continente. Ni siquiera en los epígrafes que anteceden los acápites. ¿Acaso la liberación de la colonización cultural no debería incluir otros usos del lenguaje divergentes a la demandante racionalidad imperante en el discurso filosófico eurocentrista?. El texto podría ser caricaturizado con la imagen del académico que da una conferencia sobre la libertad llevando a cuestas un grillete que no lo deja escapar de la penosa situación.


3. La anterior paradoja explica con suficiencia porque el discurso que critica el eurocentrismo no tenga asomos de las comprensiones de Carlos Castaneda -con seguridad un anatema para el pensamiento eurocentrista-. Sin embargo no explica ni justifica la ausencia, en las fuentes de autoridad citadas por Pachón, de la voz de uno de los pensadores más grandes de latinoamérica: Octavio Paz. Valga recordar que Paz construyó, mucho antes que Foucault, Lyotard, Derrida, las bases para pensar la premodernidad, la modernidad y la posmodernidad como categorías de análisis -sin pelear con la tradición occidental que no podemos negar ni borrar de un plumazo-. Paz, mucho antes que los teólogos de la liberación y la Universidad Santo Tomás hablaran de una Filosofía Latinoamericana ya andaba construyendo un andamiaje serio para comprender a los méxicanos y por extensión a los latinoamericanos. No sobra recordar la calidad de premio Nobel de Literatura del Méxicano. Condición que hace más ostensible su ausencia en el aparato crítico del abogado colombiano.

4. Ante esta lamentable ausencia en un ensayo valioso, lo repito, que quiere liberarnos de la “colonialidad del saber” sin tocar sin embargo la “colonialidad del pensamiento”; cabe preguntarse: ¿Será que las visionarias y acertadas críticas de Paz al totalitarismo comunista, aún no le han sido perdonadas y pasaran muchos años, décadas quizás, antes de que los académicos que nos quieren enseñar a pensar por cuenta propia, vuelvan a reencontrarse con este verdadero pensador latinoamericano? ¿No fue suficiente que la historia le diera la razón y demostrara que sus argumentaciones estaban fundamentadas en un proceso de análisis que revelan su independencia de criterio y su libertad de pensamiento, virtudes indispensables para la fiesta del pensar? –la expresión es de Heiddegger, y perdonarán la fuente que además de eurocentrista, algunos calfican de nacionalsocialista-

5. Si este Paz que piensa desde la cultura occidental pero que bucea con propiedad en las culturas cosmogónicas de mesoamérica para comprender nuestra innegable hibridación como seres contemporáneos no es considerado en “Modernidad, Eurocentrismo y Colonialidad del saber”; es entendible con mayor razón que el ensayo racionalista de Damian Pachón - y por ello más eurocentrista que cualquier planteamiento de Foucault, Lyotard o Derrida-, no tenga ni siquiera asomos de la corriente místico religiosa que ahora construye comprensiones de lo americano desde los códices aztecas. Y no la señalo para validar o justificar esta alternativa de lectura de la realidad, de la cual sólo tengo vagas nociones, sino para evidenciar que hay posiciones divergentes que tienen el propósito de ayudar a pensarnos desde lo propio. Y que, sin embargo, aún no son consideradas por la academia (seria y racional), ni siquiera para descalificarlas desde el pensamiento cartesiano que la caracteriza; es decir desde la esencia que fundamenta a las instituciones de educación superior latinoamericanas; las universidades: productos exclusivamente europeos.

Señalo que las presentes consideraciones las hago a vuelo de tecleado y que debo regresar sobre ellas, tanto como sobre el texto para reafirmarlas y corregirlas.

Estas acotaciones al ensayo de Damian Pachón Soto, tiene como propósito fundamental, señalar el ninguneo de quienes queremos construir visión de mundo desde América. Y más allá de desligitimar el esfuerzo de un académico, pretende sobre todo motivar el regreso a uno de los pensamientos que nutieron en la segunda mitad del siglo 20 las reflexiones de los latinoamericanos.


Reitero también que quien se acerque al texto de Pachón no perderá su tiempo. Y como todo diálogo colaborativo debe ser abordado desde la fuente que lo propicia y a la cual se responde, transcribo para mis probables lectores la totalidad del ensayo que animan las glosas.



Universidad Nacional de Colombia

Facultad de Derecho y Ciencias Políticas

Escuela Filosófica del Vitalismo Cósmico

Modernidad, Eurocentrismo y Colonialidad del saber[1].

Por: Damián Pachón Soto.

Estudiante de la Maestría en Filosofía Latinoamericaa, Universidad Santo Tomás. Abogado, Universidad Nacional de Colombia.

“El problema de América no es, evidentemente, un problema del hombre americano, o el de su pueblo, sino también, en gran medida, el de su clase media intelectual y el de los criterios utilizados por ésta. Progreso, causalidad, racionalidad, ciencia, son las obsesiones de una inteligencia desorientada que no logra aprehender una realidad. Y esto es alienación”.

RODOLFO KUSCH[2].

Presentación

El objetivo de la presente ponencia es realizar una deconstrucción crítica de la visión tradicional de la Modernidad. Para llevar a cabo tal tarea, dividiré la ponencia en cinco partes. En la primera, se expondrá la visión comúnmente aceptada de los aspectos que engloba el concepto de Modernidad; en la segunda, y siguiendo especialmente las contribuciones de Enrique Dussel[3] y de algunos miembros del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), mostraré por qué la visión tradicional es unilateral, parcializada y, en últimas, es una lectura eurocéntrica de ese proceso; en la tercera parte me centraré en la forma como el eurocentrismo construye el concepto de Modernidad, excluyendo la periferia o el hoy llamado Tercer Mundo. Mostraré cómo el concepto de raza, la creación de las ciencias sociales en Europa, el proceso de formación del estado-nación europeo, sustentan el colonialismo, justificando, a la vez, el capitalismo que le permitió finalmente a Europa erigirse como modelo único de toda civilización. En una cuarta parte, se señalará cómo la idea de progreso invade la filosofía y la economía y, por último, indicaré las posibilidades que se desprenden para América Latina de una deconstrucción tal del concepto de Modernidad.

1. Visión tradicional de la Modernidad[4].

Comúnmente se acepta que la Modernidad es un proceso que tiene sus fundamentos en el siglo XVII con Descartes, Galileo, Bacon, etc., y que se consolida en el siglo XVIII con la Ilustración. La Modernidad es vista como la superación del mundo medieval y la recuperación del poder del hombre y su capacidad transformadora de la naturaleza y la sociedad. La Modernidad también es, principalmente, el despliegue del individuo y su poder de organizar el mundo guiado por la razón. Asimismo, la razón aplicada a la ciencia y a la técnica crea la idea de un progreso ilimitado de la humanidad, una visión donde el hombre es perfectible por naturaleza.

La Modernidad engloba el proceso de la consolidación del capitalismo en Europa, especialmente en Inglaterra, con la ayuda del Estado moderno, el cual se fundamentó desde el siglo XVII con las teorías contractualistas, entre otros, de Tomas Hobbes y de Jhon Locke. Esta visión de la Modernidad incluye el auge de la democracia liberal en Europa y el nacimiento de la categoría de ciudadano y la noción de soberanía popular que se van imponiendo lentamente en las democracias occidentales.

En esta lectura, es común también ver la Modernidad como un proceso lineal que tendría como fundamento de la civilización la cultura griega, luego la romana, después la Edad Media (vista como un periodo oscuro que retrasa el modelo civilizatorio iniciado por Grecia y Roma), posteriormente el Renacimiento (que recupera la tradición greco-romana) y, por último, el siglo XVII, la Ilustración y las revoluciones burguesas.

Es esta misma visión de Modernidad la que se pone en entredicho en el siglo XX, donde se habla del incumplimiento de sus promesas emancipatorias y del hundimiento de sus principios fundacionales: la crisis de la razón, el descrédito de las visiones unitarias de la historia, como las de Hegel y, a pesar de muchos, la de Marx; la crisis del concepto de progreso y las promesas incumplidas por el mito de la economía, etc. Uno de los primeros en plantear la crisis de la civilización- que incluía por supuesto la crisis de la Modernidad-, fue Oswald Spengler en el primer tomo de La decadencia de occidente, publicado en 1918. Fue este desencanto de la Modernidad (el segundo en verdad, porque el primero es el que Weber y Habermas describen como el desencantamiento frente a las formas tradicionales del mundo medieval, proceso que da origen a la racionalización y secularización modernas) el que llevó a partir de los años 70, en especial con la publicación de La condición posmoderna de Lyotard en 1976, a hablar de Posmodernidad, concepto que se utilizaba para describir procesos generados en el arte desde los años 50 y no para describir fenómenos propios del mundo técnico-científico, económico, político y social. Finalmente, como es bien sabido, El fin de la historia y el último hombre de Francis Fukuyama decreta el fin de las utopías y expide el certificado de defunción del socialismo real, a la vez que canta el triunfo definitivo de la sociedad liberal y su constitucionalismo. Con Fukuyama la filosofía posmoderna se convirtió en la filosofía del neoliberalismo y del pensamiento conservador. Ésa es la triste historia de eso que se llama Modernidad y que autores como Habermas consideran aún un proyecto inconcluso o inacabado.

En síntesis, cuando hoy hablamos de Modernidad en su visión tradicional tenemos que pensar en el individuo, la razón, la ciencia, la técnica, el progreso, el desarrollo, el capitalismo moderno, el contractualismo, la formación del estado nacional y la democracia liberal y social, así como en su presunta o real decadencia y el nacimiento de una nueva era: la Posmodernidad.

2. Reformulación de la concepción tradicional de “Modernidad”.

Es preciso decir de una vez que la concepción de la Modernidad que ve su proceso de culminación como producto de la línea Grecia- Roma- Edad Media- Renacimiento- Ilustración, etc., es una invención ideológica de la Europa moderna, en especial, de los románticos alemanes (entre ellos, Schlegel), que a finales del siglo XVIII y principios del XIX ven los orígenes de su filosofía representada en la línea Grecia- Descartes- Kant, y su cultura en la antigüedad griega[5]. Pero esta visión es eurocéntrica y en estricto sentido no tiene fundamento histórico. Sostiene el filósofo argentino Enrique Dussel, el mayor exponente de la llamada Filosofía de la liberación surgida en Morelia en 1975: “Denominamos a esta visión <eurocéntrica> porque indica como punto de partida de la <Modernidad> fenómenos intra-europeos, y el desarrollo posterior no necesita más que Europa para explicar el proceso”[6].

Decimos que esta visión no tiene fundamento histórico, porque, en primer lugar, la línea Grecia, Roma- Europa moderna, rapta a Grecia, la cual, en estricto sentido, no perteneció a Europa sino hasta bien entrada la Modernidad. Grecia se constituye como cultura en relación con los fenicios (que aportaron el alfabeto con el que escribió posteriormente toda Europa) que habitaron en la Península de Anatolia (hoy Líbano, Turquía, etc.,) y que fue vencida ya por Alejandro Magno en el periodo helenístico. También una cultura como la egipcia influyó notoriamente en el desarrollo filosófico griego. Grecia no es pues resultado de un proyecto autopoiético, es decir, producto de sí misma. Por otro lado, hay que recordar que Grecia pasa a ser provincia romana en el año 146 antes de nuestra era[7]. Aquí debe tenerse en cuenta que su influencia sobre Roma no fue tan profunda. Grecia fue adalid de la meditación, los problemas metafísicos, esto es, la filosofía, mientras Roma tuvo un genio eminentemente práctico. De hecho la filosofía griega que más influyó en Roma fue el estoicismo, precisamente por ser una filosofía moral práctica alejada de la especulación. El epicureismo influiría también en Lucrecio. A este respecto sostiene R.H Barrow en su clásico libro Los romanos: “...el romano no se interesaba mucho por la coherencia de un sistema, ni por investigar las cuestiones fundamentales de la metafísica. Le interesaba más que nada la acción y los móviles y justificación de ésta. De aquí que la filosofía romana sea principalmente ecléctica, que lo que más le interesase fuese la moral [..] la filosofía específicamente romana fue el estoicismo”[8].

La filosofía griega tuvo su recepción y difusión en Roma con Cicerón (106-43 a.c), en la época republicana, pero perdió su impulso con el advenimiento del cristianismo, tan es así, que ya en el año 529 d.c, cuando el Imperio Romano de Occidente (recordemos que Teodosio I lo había dividido en el año 395 d.c) había caído en manos bárbaras (476 d.c), Justiniano, el emperador del sobreviviente Imperio Romano de Oriente, prohibió la enseñanza de la filosofía. Dice Danilo Cruz Vélez: “A causa de ésta persecución muchos de los textos filosóficos griegos se perdieron, pero otros se salvaron en las bibliotecas sirias, adonde fueron llevados por los filósofos que habían huido de Atenas”[9].

Todo esto permite decir, que la influencia de Grecia sobre Europa no se da por la vía romana, se da por vía árabe. De todas formas Grecia siempre fue más oriental que europea. El helenismo (que permitiría posteriormente la expansión del cristianismo) que destruyó con su pretensión universalista la polis griega, fue una mezcla de ideas orientales con ideas griegas. Por otro lado, el Imperio Bizantino, que cae en 1453 en mano de los otomanos, era mezcla también de ideas helenísticas, cristianas y orientales. En el Imperio bizantino existían formas de la tradición oriental, donde, por ejemplo, el emperador era a la vez una especie de rey-sacerdote. Dice Christopher Dowson: “Si queremos entender la cultura bizantina y apreciar sus realizaciones no sería apropiadas juzgarlas según criterios modernos europeos, o bien de Grecia o Roma clásicas. Más bien debemos relacionarlas con el mundo oriental y ubicarla en su cotnexto propio, colocándola al lado de las grandes civilizaciones contemporáneas de Oriente, tales como las de Persia sasánica y de los califatos de Damasco y Bagdad”[10]. Entre tanto, la Europa Latina, descendiente del Imperio Romano de occidente, se mezclaba con las tribus bárbaras y no constituía en verdad el centro del mundo ni de la historia moderna.

Desde el siglo VIII con el florecimiento del mundo árabe se sientan las bases filosóficas del Occidente y del cristianismo escolástico. “En Bagdad, convertida entre tanto en la capital del califato y en el centro cultural del Islam, surgió después una gran escuela de traductores de los textos griegos al árabe, iniciándose así una recepción de la herencia griega, quizás más fecunda desde el punto de vista de la historia de las ideas que las que habían llevado a cabo los romanos en los tiempos de Cicerón”[11].

Como es sabido, los árabes invaden España en el año 711 y permanecen allí hasta 1492. Es por ésta vía como Platón, Aristóteles y Plotino, junto con los comentarios de los filósofos árabes que los habían traducido, llegan a Occidente, especialmente, gracias a la labor de la Escuela de Traductores de Toledo, fundada en el siglo XII. La Escuela traducía estos textos del árabe al latín, reincorporándolos así a Occidente. Sin este hecho, no hubiera sido posible un Santo Tomás de Aquino, en últimas, la escolástica que tanto influyó en la Europa moderna y en América. A este proceso contribuyeron de forma decisiva Avicenas (filósofo y médico del siglo X), Averroes (que escribió Comentarios a la metafísica de Aristóteles) y Maimónides, filósofo y médico aristotélico.

Esto nos permite llegar a una primera conclusión. La línea Grecia-Roma-Europa Moderna, es eurocéntrica porque invisibiliza el papel jugado por los árabes, en especial, en los campos de la medicina y la filosofía, en la Europa moderna. Asimismo el papel jugado por el Norte de África que como ente espacio-temporal también es sacado de la historia gracias a un reduccionismo histórico. Es, pues, una línea falsa de desarrollo cultural, porque pone a Grecia en un lugar que no le corresponde o, por lo menos, donde su influencia no fue de la magnitud que se le asigna.

En el año 1071 se da la derrota bizantina en manos de los turcos selyúcidas, lo que le da el dominio a éstos últimos de la península de Anatolia. Este es el origen de las cruzadas que se inician en el año 1099, hecho que ayudó a resquebrajar el feudalismo en Europa y que contribuiría a que Occidente iniciara una arremetida para controlar el Mediterráneo oriental. La recuperación de Jerusalén y los lugares santos no fueron el único móvil de los cruzados. Existieron otros móviles, entre ellos, el deseo de poder de las noblezas y el deseo de controlar el mercado asiático.

Las cruzadas, como lo ha puesto de presente Henry Pirenne, el famoso historiador belga (1862-1935) de la Edad Media, tuvieron como resultado el “haber dado a las ciudades italianas, y en menor grado a las de Provenza y Cataluña, el dominio del Mediterráneo [...] cuando al menos las cruzadas permitieron al comercio marítimo de la Europa Occidental, no sólo monopolizar en provecho todo el tráfico desde el Bósforo y Siria hasta el estrecho de Gibaltrar, sino desarrollar una actividad económica y, para emplear la palabra exacta, capitalista, que debía comunicarse poco a poco a todas las regiones situadas al norte de los Alpes”[12]. En palabras de Ernesto Sábato: “Así comenzó el poderío de las comunas italianas y de la clase burguesa”[13]. Con las cruzadas nació una nueva mentalidad amante del dinero y la eficiencia que irá dando paso progresivo a una racionalidad más moderna; un espíritu comercial que posibilitaría el Renacimiento y los cambios de toda índole que éste trajo.

En esta época, según Enrique Dussel, la Europa Latina es periférica y secundaria. No ostenta ninguna posición privilegiada en el panorama mundial. Las cruzadas crearon un comercio en el Mediterráneo que llevó al florecimiento de las ciudades italianas, especialmente, Venecia y Génova. Florencia, por su parte, sería el gran centro cultural que inicia el Renacimiento. Ese comercio en el Mediterráneo, por donde llegaban a Europa especias (canela, pimienta, clavo, sólo para las clases nobles) y telas, paños, algodón, dio sin duda, un impulso a la naciente mentalidad capitalista y agrietó los viejos estamentos feudales de la Europa Occidental, pero este proceso no hubiera sido posible, de nuevo, sin el concurso del mundo árabe y judío.

Aquí llegamos a una segunda conclusión. El Renacimiento tampoco es, en lo económico y lo cultural, un fenómeno intra-europeo. Afirmar esto es invisibilizar las relaciones con el Oriente[14]. Además es preciso recordar- y es algo que reforzó la visión eurocéntrica del mundo-, que el Renacimiento reivindica para sí el legado del mundo antiguo greco-romano y que son precisamente los humanistas quienes crearán la línea Grecia-Roma-Renacimiento, catalogando el medioevo como oscurantismo. Sin embargo, la Europa moderna, aún cristiana, seguirá reivindicando la Edad Media como parte de su pasado fundamental. A esa tradición medieval occidental latina perteneció un hombre como San Agustín (que indudablemente mantuvo viva la tradición platónica y parte de la filosofía clásica en Occidente) que producirá sus frutos en Martín Lutero, el creador, en estricto sentido, de una ética secular que influirá en Calvino y que según la tesis de Max Weber, en la Ética protestante y el espíritu del capitalismo de 1905, será fundamental para el desarrollo del capitalismo moderno. Por eso Agustín y su tradición mantenida en los monasterios medievales son fácilmente actualizables en la tradición eurocéntrica.

En ésta época no hay, pues, ninguna historia mundial. Hay, en el siglo XV, una Europa Latina y un extinto Imperio Romano de Oriente que fenece con la invasión turca de 1453. Hasta el siglo XV se había dado una coexistencia de culturas, donde ninguna era central. En estricto sentido, sólo fue central el imperio otomano que llegó a dominar el Este de Europa, el Medio Oriente y el Norte de África. Su apogeo se da en los siglos XIV, XV y XVI. Los turcos son vencidos en Lepanto en 1571, gracias, entre otras cosas, a las riquezas de América. Allí comienza su declive como imperio.

En el siglo XV los turcos sitian a Europa. Llegan a los Balcanes, se toman el Mediterráneo, cortan las vías a Oriente y el comercio de especias, paños, linos, piedras preciosas, etc., se interrumpe. No debe olvidarse que fue el cerco que los turcos le tendieron a Europa lo que desembocó en los grandes descubrimientos ibéricos de los siglos XV y XVI: “el avance de los turcos estaba dificultando a los europeos el acceso a los lugares de producción y distribución de la especiería. Así que uno de los objetivos de la expansión a ultramar fue el de llegar a las islas situadas al sur de China y a las costas de la India para no tener que recurrir al intermediario musulmán en procura de las mercaderías del Lejano Oriente.

La búsqueda de metales preciosos fue otra motivación de la expansión europea de finales del siglo XV”[15].

Con los descubrimientos portugueses y españoles la historia cambiará para siempre. La historia de ese ente imaginario (porque hasta ese momento no fue real) llamado Europa será otra.

Es el momento histórico del descubrimiento de América- hecho que se da por razones especialmente económicas, religiosas y científico-técnicas, gracias a los avances en cartografía y navegación de la época, desarrollados, principalmente, por italianos-, que los intelectuales del CLACSO- Edgardo Lander (Venezuela), Anibal Quijano (Perú), Walter Mignolo (Argetina), entre otros- han tomado como verdadero inicio de la Modernidad. En ese proceso crítico han estado acompañados por intelectuales como Arturo Escobar (Colombia), Fernando Coronil (Venezuela), Santiago Castro-Gómez (Colombia) y el mayor representante de la Filosofía de la liberación, Enrique Dussel. Así surgió, según Santiago Castro-Gómez, una Teoría crítica latinoamericana; ellos han recibido influencias intelectuales de Edward Said (Palestina) e Inmanuel Wallerstein (EE.UU) y se constituyen en una alternativa verdadera, crítica y emancipadora para repensar hoy- en la edad poscolonial, posmoderna, pos-industrial o como quiera llamársele- a América Latina.

Veamos, pues, en qué consiste el nuevo concepto de Modernidad que propone, especialmente, Enrique Dussel.

Sólo en 1492 inicia la Modernidad. En este año la historia se torna mundial. Nace con los descubrimientos ibéricos lo que Dussel llama Sistema-mundo, término que toma de Inmanuel Wallerstein. El sistema-mundo ahora abarca todos los extremos de la tierra, de oriente a occidente, de norte a sur. Es en este nuevo sistema, donde el Mediterráneo es sustituido por el Océano Atlántico, en el que la Europa Latina se impondrá como “centro” del mundo. “Para nosotros, la “centralidad” de la Europa Latina en la Historia Mundial es la determinación fundamental de la modernidad. Las demás determinaciones se van dando en torno a ella (la subjetividad constituyente, la propiedad privada, la libertad del contrato, etc.). El siglo XVII (p.e. Descartes, etc.) son ya el fruto de un siglo y medio de “Modernidad”: son efecto y no punto de partida. Holanda (que se emancipa de España en 1610) Inglaterra y Francia continuarán el camino abierto”[16].

Este es un punto fundamental. Como se mostró al principio, normalmente se ponen los pilares de la modernidad en el siglo XVII, sin embargo para Dussel el siglo XVII ya es un producto moderno, no un comienzo. Un Descartes, un Bacon, un Galileo, un Hobbes, etc., en ésta nueva lectura, sólo son posibles por los cambios introducidos por <La primera Modernidad> inaugurada por España y Portugal. En este sentido, el nacimiento de la ciencia moderna tendría una profunda relación con todos los cambios que los descubrimientos ibéricos, y la mentalidad naciente desde el siglo XIV con el Renacimiento, introdujeron en Europa. Así, los siglos XVII y XVIII constituirán para el filósofo argentino lo que él denomina <La segunda Modernidad>, la cual es una síntesis de procesos anteriores. Esto lleva al filósofo de la liberación a decir acertadamente que primero fue el yo conquiro (yo conquisto) que el cogito cartesiano.

La posición de Dussel subvierte así una vieja visión donde España y Portugal aparecen por fuera de la Modernidad debido al carácter medieval de sus instituciones sociales y su estructura religiosa. Pero lo que no se entiende aquí es- recalca Dussel- que “La segunda etapa de la “Modernidad”, la de la Revolución Industrial del siglo XVIII y de la Ilustración, profundizan y amplían el horizonte ya comenzado a finales del siglo XV”.

Sólo, como ya dijo, a partir de 1492 Europa logra ponerse como centro y constituir discursivamente a las demás culturas como periferias[17]. En la lectura tradicional el mundo hispanoamericano aparece invisibilizado como si el descubrimiento de América por España o los descubrimientos portugueses nada tuvieran que ver con la Europa moderna. Pero esa visión es eurocéntrica y falsa porque la “Europa moderna, desde 1492, usará la conquista de Latinoamérica (ya que Norteamérica sólo entra en juego en el siglo XVII) como trampolín para sacar una “ventaja comparativa” determinante con respecto a sus antiguas culturas antagónicas (turco-musulmana). Su superioridad será, en buena parte, fruto de la acumulación de riqueza, experiencia, conocimientos, etc., que acopiará desde la conquista de Latinoamérica”. Sin embargo, y a pesar de esto, “América Latina entra en la Modernidad (mucho antes que Norteamérica) como la “otra cara” dominada, explotada, encubierta”[18]. Por esa razón, un verdadero reconocimiento de América Latina y su papel en la constitución de la segunda Modernidad europea debe tomar como paradigma: Renacimiento- Conquista de Latinoamérica- Reforma, Ilustración, etc.

El eurocentrismo de Europa, pues, está basado en un etnocentrismo, la superioridad de una tradición cultural que ha invisibilizado el aporte, primero del mundo oriental; después, de América Latina. Ese eurocentrismo ve la modernidad como un fenómeno intra-europeo, autogenerado, autoconstituido o autopoiético, que nada tiene que ver con las demás culturas. Europa confundió la universalidad abstracta con la mundialidad concreta. Sin embargo, existe una consecuencia (que trataremos mejor en la tercera parte) peor: con la eliminación de Hispanoamérica como fundadora de la primera Modernidad, se invisibiliza y se oculta el colonialismo a que fue sometido el hoy llamado Tercer Mundo.

El colonialismo será fundamental para entender el proceso de la acumulación capitalista en Europa, así como el nacimiento del Estado-nación y el surgimiento de las ciencias sociales (al servicio del Estado) con sus nociones de progreso y desarrollo.

3. Eurocentrismo e invención del Otro.

“Antes de que el conde de Gobineau decretara en su Ensayo sobre la desigualdad de las razas (1853-1855) la superioridad de la raza arquetípicamente blanca, aria, los españoles educados en la custodia de la pureza de sangre habían elaborado un catálogo de los diversos cruces de razas en el Nuevo Mundo: era tan diferenciado como los catálogos de pecados que habían elaborado los párrocos de la España contrarreformista. Todos los productos de esos injertos eran natural y necesariamente inferiores”.

RAFAEL GUTIÉRREZ GIRARDOT[19].

En 1958 Edmundo O’Gorman publicó su polémico libro La invención de América, donde sustentaba la tesis, siguiendo el concepto de intencionalidad de Husserl, que Cristóbal Colón en estricto sentido no había descubierto América, puesto que nunca tuvo idea que había llegado a un “Nuevo Mundo”. Para O´Gorman ésa interpretación era a posteriori y le atribuía un sentido y un significado erróneo a un hecho, obviando que para la cosmovisión cristiana de la época el mundo era tripartito y que la entrada de América como ente continental e histórico más bien había sido una invención[20]. En efecto, América fue “creada”, y “acuñada” por los Españoles (recordemos que América sólo apareció con ese nombre en una cartografía de 1507, un año después de la muerte de Colón) y también por los europeos.

Es claro que esa invención de América y de sus habitantes, es decir, la invención del Otro, es un mecanismo que hace parte de un discurso colonial. Discurso basado en un imaginario que produce o reproduce una visión del sí mismo e instituye una visión del Otro. Es preciso aclarar que por imaginario aquí entendemos: “construcción simbólica mediante la cual una comunidad (racial, nacional, imperial, Sexual, etc.) se define a sí misma” y en la medida en que se define a sí misma, excluye al Otro, o traza una línea divisoria entre lo que considera su ser y su no-ser. En este caso, según Walter Mignolo, el imaginario está basado en el nuevo paradigma que surge en 1492: el <Sistema-mundo moderno/colonial>[21].

A partir de 1492 se da lo que Aníbal Quijano denomina la Colonialidad del poder. Ésta consiste “en primer término, en una colonización del imaginario de los dominados. Es decir, actúa en la interioridad de ese imaginario [...] La represión recayó ante todo sobre los modos de conocer, de producir conocimientos, de producir perspectivas, imágenes y sistemas de imágenes, símbolos y modos de significación [...] Los colonizadores impusieron una imagen mistificada de sus propios patrones de producción de conocimientos y significaciones”[22].

Todo este proceso de producción de un imaginario se da en el siglo XVI cuando los viajeros, cronistas, evangelizadores, empiezan a describir al Otro. En esa descripción se establecerán términos comparativos donde la cultura española empezará a delimitar al Otro o a constituirlo en contraposición de sus propias formas de ser y sus modos de vida. Al español de la época le interesó resaltar que el indígena era sucio, vicioso, depravado, no católico, andaba desnudo, carecía de organización social y política civilizada, era idólatra, salvaje, primitivo y, en algunos casos, caníbal. Hubo una construcción moral del indio con miras a justificar los procesos de civilización. Esto puede corroborarse en las descripciones que Fray Pedro de Aguado hizo de los indígenas. Una descripción donde la comparación con el propio ser español es el canon[23]. Es así como se construye ante los ojos de Europa la categoría indio, más precisamente, indígena. Recordemos aquí un texto clásico de Juan Ginés de Sepúlveda, el contradictor de Fray Bartolomé de Las Casas, en su libro Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios: “...con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo é islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores á los españoles como los niños á los adultos y las mujeres á los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles á los continentes y templados, y estoy por decir que de monos á hombres”[24].

Recordemos que el debate entre Las Casas y Sepúlveda, que se dio en la Universidad de Salamanca, tenía como antecedentes el debate sobre la animalidad o no de los aborígenes y su correlativo problema, si tenían o no alma. Como es sabido, España tuvo que aceptar que eran hombres para así poder justificar la empresa evangelizadora.

El problema de la constitución del indio como el Otro, está relacionado con un imaginario fuerte presente en España desde el siglo XIV: el de la pureza de sangre. Cuando España se unifica, convirtiéndose en la primera monarquía de Europa, a través de la política de la fe y su arma, la inquisición, aplica el esquema de la pureza de sangre para excluir a moros y judíos (expulsados ambos en 1492). Ésta política se reafirmó en el Concilio de Trento (1545-1563) y perduraría durante gran parte de su vida colonial.

Aníbal Quijano y Walter Mignolo dan suma importancia al discurso de la limpieza de sangre en el proceso de construcción del imaginario moderno. Con este discurso opera la primera forma, según ellos, del colonialidad del poder en los términos descritos arriba. Ese discurso permitirá por primera vez clasificar jerárquicamente todas las poblaciones de la tierra. Cada una de esas jerarquías, como se desprende del epígrafe citado del erudito maestro Rafael Gutiérrez Girardot (colombiano, Profesor Emérito de la Universidad de Bonn, fallecido en mayo de 2005) representa un grado superior o inferior de civilización.

Según Aníbal Quijano, si bien es posible rastrear categorizaciones raciales en la Edad Media, es en el siglo XVI cuando aparece el problema en primer plano. “La idea de raza, en su sentido moderno, no tiene historia conocida antes de América. Quizá se originó como referencia a las diferencias fenotípicas entre conquistadores y conquistados, pero lo que importa es que muy pronto fue construida como referencia a supuestas estructuras biológicas diferenciales entre estos grupos”[25]. Para Quijano es claro que la idea de raza fue aplicada primero a los indios que a los negros y que el concepto de <blanco> es tal vez una invención británica o norteamericana puesto que no hay registro, según él, de esos usos en el siglo XVI. Es claro, por demás, que el concepto de raza es una abstracción, una invención, que nada tiene que ver con procesos biológicos, que no da fe, por ejemplo, de una mayor o menor inteligencia. En el siglo XVI se crea, pues, la unión de color y raza.

Lo verdaderamente relevante aquí, es mostrar cómo el concepto de raza juega un papel fundamental en el desarrollo del capitalismo moderno. “En América, la idea de raza fue un modo de otorgar legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista”. Fue una forma de justificar las viejas nociones de inferioridad y superioridad. Con el concepto de raza unos grupos humanos aparecen como inferiores, no sólo fenotípicamente, sino que igualmente son inferiores sus producciones culturales y sus conocimientos. Y esta clasificación de la población mundial va a desempeñar un papel clave en el capitalismo en ciernes. Pues gracias a tal concepto se va a producir una división racial del trabajo. La esclavitud, la servidumbre, la relación salario-raza, etc., van a ingresar al nuevo sistema de relaciones productivas.

El comercio de esclavos, especialmente africanos, llevaba cuatro siglos cuando se produjo el descubrimiento. Según Abel Ignacio Forero en su Europa en la época del descubrimiento, “los esclavos capturados se intercambiaban por oro en polvo o por productos llevados de Europa: baratijas, tejidos, caballos [...]; los portugueses acostumbraban a recibir quin

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20 Ago 2007

JOYCE, EVEREST LITERARIO

Escrito por: termitavirtual07 el 20 Ago 2007 - URL Permanente

JOYCE, MÁS ALLÁ DEL ULISES

imagen tomada de http://www.ibercampus.es/imagenes/fotosdeldia/pq__joyce.jpg

En torno al escritor como suma de voluntades

James Joyce pertenece a ese amplio número de nombres literarios sobre los que se asiente vacunamente, pero cuyas obras de frontera muy escasos lectores tienen la valentía de enfrentar. El mito literario como paga irrisoria a la férrea voluntad de instaurar universos insospechados. La angustiosa soledad de los demiurgos que anhelan ojos para sus palabras y aventureros en sus fabulosos territorios. Pero también la solidez de una obra escrita con voluntad de trascendencia reservada para los lectores del futuro.

Antes de continuar, debo declarar, para no imponerle al lector falsas comprensiones, que apenas me inicio en la obra de Joyce. Llego a ella con la reverencia que su grandeza impone. La abordo progresivamente en sus primeras obras narrativas “Dublineses” en la traducción de Cabrera Infante y “Retrato de un Artista Adolescente” en la traducción de Damaso Alonso. Subrayo las traduccciones en mi deseo de evidenciar los puentes que tendieron los escritores iberoamericanos para acercar los lectores hispañoles a la propuesta revolucionaria del creador irlandés. Sin embargo, aún me acerco a obras posteriores desde la lejanía de un mapa trazado por otros, porque ayudan a explicar al escritor como suma de voluntades.

Una de las voluntades esenciales del escritor –y del artista en general- es sin duda su Voluntad de poder. No entendida desde la falsa propuesta Netzscheana que cambiaba cielos inexistentes por retornos improbables -propuesta mesiánica que justificó de alguna forma los horrores de los hornos de gas, desenmascarada ya por Jorge Luis Borges en 1944-, sino como una Verdadera Voluntad entendida desde Michel Ende en su “Historia Sin Fin”. La Voluntad creadora del demiurgo capaz de superar las dificultades existentes en el entorno, conjurar los elementos y dar vida a una obra que instaura mundos. Una actitud retratada en la sentencia de Gabriel García Márquez: “Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad”. Una voluntad inclaudicable que hace parte de la mitologia del Nobel colombiano, ratificada en "Tras las claves de Melquiades", del periodista y escritor Eligio García Marquez. Según Eligio su hermano Gabriel le contaba a sus amigos cercanos Mutis, Buñuel, Fuentes, antes de dar a luz a "Cien Años de Soledad, que estaba escribiendo un libro más grande que la Biblia. Esa voluntad de escribir El Libro -así, con mayúsculas-, que encarna quizás como ninguno el autor de “Ulises” y “Finnegans Wake”.

En un lejano ensayo de la "Revista Iberoamericana" (Vol XXXVI, número 72, julio septiembre de 1970) Guillermo Sucre subrayaba la admiración de Borges por ese enorme prestidigitador de signos, confesada en su poema “Invocación a Joyce”: “En ese poema recordamos, Joyce, el verdadero solitario, el desterrado, el hombre de los “infiernos espléndidos”, es el gran símbolo de la aventura creadora del arte contemporáneo. Por ello Borges dice no poder escribir ya “El libro que lo justificará ante los otros”. Ese libro es de alguna manera el Libro, pero quedará siempre inconcluso. Cada hombre, cada generación asume incesantemente la tarea de escribirlo o reescribirlo. La muerte no lo detiene. Pero la muerte es también un comienzo. Ese libro es circular como el universo”. Y allí radica la esencia del acto escritural, una demanda filogenética que se perpetua de generación en generación, signo tras signo. Una exigencia que no se agota en la palabra escrita, que concita e involucra la narrativa vital de cada ser humano como escritor y como lector de historias únicas e irrepetibles. Ningún “Ulises” es igual a otro.

Aunque la novela “Ulises” es un referente del imaginario del hombre ilustrado de nuestro tiempo, en pocas mentes la mención de "Finnegans Wake" crea la huella acústica que el arduo trabajo de Joyce pretendía. Francisco García Tortosa, catedrático del la Universidad de Sevilla, en el Departamento de Filogía Inglesa, con especialidad en Literatura Inglesa y Norteamericana, dirigió, a principios de la década del noventa, la traducción de un fragmento de “Finnengans Wake”: "Ana Libia Plurabelle". Una obra que sin duda hubiese ocupado un lugar de excepción en los anaqueles hexagonales de La Biblioteca borgesiana. Libro de culto que no tiene lectores sino estudiosos. García Tortosa enfatiza que es tal la pretensión de totalidad de Joyce en esta obra que para abordarla se requiere una preparación previa, una vocación y un carácter determinado. Y recupera la anécdota de uno de sus fanáticos (freakis o frikis, los llaman ahora los jóvenes madrileños) que confesaba con cierta desesperación y desengaño, en un simposio celebrado en la Universidad de Sevilla en 1982, que después de 20 años de dedicación exclusiva a interpretar "Finnengans Wake" seguía sin saber de que se trataba.

Contra viento y marea y con una firme voluntad de poder, Joyce creó dos obras monumentales, dos Everest literarios reservados a muy pocos, valientes y bien dotados expedicionarios. Luego de su arduo esfuerzo de traducción, que considera realmente un acto de creación, Garcia Tortosa, otro iberoamericano que tiende puentes de acercamiento a los lectores hispañoles con las creaciones del “Cervantes Irlandés”, declara: “Finnegans Wake" continúa representando el desafío ante el que se estrella nuestra vanidad, pero a la larga dará lugar a un nuevo lector y, por consiguiente a una nueva crítica capaz de explicar el vacío, o el silencio, en la plenitud de la lengua”.


El trabajo serio, juicioso, responsable de Garcia Tortosa, impensable en una sociedad que sólo se dedicara a cuestiones pragmáticas, nos deja al final un texto musical que sino reproduce las significaciones originales de "Finengans Wake", si nos devuelve la esencia de la voluntad creadora de Joyce: llevar al límite su experimentación lingüística; escribir una obra con un lenguaje de umbral superior sustentado en el ingles pero enriquecido eufónicamente con imbricaciones de otros varios idiomas. Esta traducción nos deja finalmente a las orillas del "Glígligo", idioma patentado en “Rayuela”, que sin duda escancia en los directos alambiques de este irlandés sin fronteras.

Para provocar el encuentro de los lectores hispañoles con la traducción de Garcia Tortosa de "Finnengans Wake", recupero las eróticas sugerencias del único texto de "Glígligo" conocido hasta ahora, consignado en su totalidad en el capítulo 68 de la obra del franco-argentino Julio Cortazar:

"Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."

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12 Ago 2007

GARCIA MARQUEZ, LA PALABRA MÁGICA

Escrito por: termitavirtual07 el 12 Ago 2007 - URL Permanente

GABO, EL PAPA GRANDE DEL HISPAÑOL

En torno al escritor como suma de voluntades.

Ilustracíón Elena María Ospina

más trabajos en:

http://elenaospina.blogspot.com/

Gabriel García Márquez ha dejado la impronta de sus pasos de animal grande en la narrativa vital de Iberoamérica. Cien años de soledad se ha convertido en el segundo libro más importante de nuestra lengua después de El Quijote. La participación protagónica del escritor en el Segundo Congreso Internacional, realizado en abril de 2007, con la presencia de los reyes de España y el cubrimiento noticioso del planeta entero, ha ratificado la primacía de los escritores como creadores de lenguaje sobre los gramáticos como normalizadores del mismo. «El deber de los escritores no es conservar el lenguaje sino abrirle camino en la historia. Los gramáticos revientan de ira con nuestros desatinos pero los del siglo siguiente los recogen como genialidades de la lengua. De modo que tranquilos todos: no hay pleito. Nos vemos en el tercer milenio». Había sostenido en una entrevista como respuesta a la escalada de críticas a su discurso en el I Congreso Internacional de la Lengua Española: Botella al mar para el dios de las palabras, pronunciado en Zacatecas, México. Profecía cumplida efectivamente en los albores del tercer milenio en Cartagena de Indias.

La parafernalia, pompa y enormidad del evento de abril de 2007 recobró para la memoria de sus lectores la megalomanía mágico-fantástica de Los Funerales de La Mama Grande e instituyó, de paso, la fecha de la definitiva consolidación del Hispañol. La concepción de un idioma integrador que sobrepasa al castellano y enriquece, sin tanto trámite burocrático, su universo lexical con los aportes de lenguas aún ignoradas en iberoamérica. Una apuesta literaria y política que debería ser examinada y debatida como posibilidad para renombrar nuestra condición de pueblos hermanos. Propuesta para superar las diferencias y encontrar la potencialidad que brinda el ser herederos de una amplia rica y extensa lengua común. Una visión comprehensiva de la lengua donde la portuguesa, la catalana o la valenciana no pueden sentirse extranjeras y donde los aportes de las aborígenes americanas puedan incorporarse sin traumatismos.

Gabo es uno de los escritores más conscientes del acto de escribir como suma de voluntades. “Las aptitudes y las vocaciones no siempre vienen juntas. (…) Sólo cuando las dos se juntan hay posibilidades de que algo suceda, pero no por arte de magia: todavía falta la disciplina, el estudio, la técnica y un poder de superación para toda la vida” (Manual para ser niños). Y aunque señala la necesidad del esfuerzo sostenido para lograrlo y poder sobrevivir para contarlo; se declara platónico y reconoce el Don de la escritura como algo inscrito en el alma de los hombres. “Lo que quiero decir es que el cuentero nace, no se hace. Claro que el don no basta. A quien sólo tiene la aptitud pero no el oficio, le falta mucho todavía: cultura, técnica, experiencia..” Afirmación discutible e internamente incoherente, en contradicción con sus ideales políticos pero afín con las creencias mágicas que alimentan su imaginación desbordada. El Don como una cosa dada a los hombres que se tiene o no se tiene (gracia del Espírtu Santo), además de ser profundamente religiosa y prácticamente católica; es excluyente, medieval y contraria a las comprensiones contemporáneas de la ciencia. Tomas de Aquino, en Summa Theologiae, retomando a Agustín de Hipona, reafirma que “Por el Don que es el Espíritu Santo se distribuyen muchos dones particulares entre los miembros de Cristo”

Garcia Marquez, aprendió tarde el concepto de taller, pero se fascinó con ese espacio donde las personas interesadas en crear apropian las herramientas y los instrumentos para volar. “Lo que sí puede hacer uno es compartir experiencias, mostrar problemas, hablar de las soluciones que encontró y de las decisiones que tuvo que tomar, por qué hizo esto y no aquello, por qué eliminó de la historia una determinada situación o incluyó un nuevo personaje... ¿No es eso lo que hacen también los escritores cuando leen a otros escritores? Los novelistas no leemos novelas sino para saber cómo están escritas. Uno las voltea, las desatornilla, pone las piezas en orden, aísla un párrafo, lo estudia, y llega un momento en que puede decir: 'Ah, sí, lo que hizo éste fue colocar al personaje aquí y trasladar esa situación para allá, porque necesitaba que más allá...' En otras palabras, uno abre bien los ojos, no se deja hipnotizar, trata de descubrir los trucos del mago. La técnica, el oficio, los trucos son cosas que se pueden enseñar y de las que un estudiante puede sacar buen provecho” (Contar un Cuento).

Podemos o no estar de acuerdo con los conceptos de García Márquez o con su forma de trepar la cuesta de la fama, pero no podemos desconocer la grandeza de su obra y el aporte fundamental al hispañol, una lengua que “tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo” (Zacatecas, México, 7 al 11 de abril de 1997)


Vinculo recomendado HUMORISMO MÁGICO homenaje de los caricatógrafos del mundo al Nobel de Literatura en conmemoración de los 40 años de Cien Años de Soledad
http://humorismomagico.blogspot.com/

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06 Ago 2007

BORGES, DÉDALUS INMORTAL

Escrito por: termitavirtual07 el 06 Ago 2007 - URL Permanente

BORGES Y EL ULTRAÍSMO

Aportes para comprender el hispañol y la narrativa vital iberoamericana.

Ilustración Elena María Ospina

Ver más trabajos en:

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Jorge Luís Borges es otro de los literatos que ejemplifican la escritura como una suma de voluntades, cuya historia de formación da cuenta de la fecunda relación literaria entre España y América. La invaluable recopilación de Jaime Alazraki, en torno a la crítica literaria del hacedor de laberintos permite visualizar esa compleja relación creativa interoceánica. En el libro Jorge Luis Borges (Taurus, 1976), correspondiente a la serie: El escritor y la crítica, dirigida por Ricardo Gullon, Alazraki rastrea y pone en valor los comentarios en torno a la prosa y el verso del latinoamericano que habría de influir con mayor fuerza en el pensamiento y la literatura europeas de la segunda mitad del siglo XX y, sin duda, del siglo XXI.

Ya en 1924, en fino juego literario, Ramón Gómez de la Serna deja el testimonio de un viaje futuro a Buenos Aires donde se acercará juguetón a la casa del poeta rioplatense. Evidencia de la voluntad de sentir del madrileño. Con su prosa medida, propia de las Greguerías que lo consagran como uno de los grandes caricalomistas[1] hispañoles; Gómez de la Serna nos describe el trabajo de Borges en su libro inicial: Fervor de Buenos Aires. Es inevitable para él comparar al poeta austral con su coterráneo que, desde la poesía, dio tanto lustre y grandeza al español como Cervantes: “Un Góngora más situado en las cosas que en la retórica retiembla en la copa de Borges”.

“Cuando Borges tenga ya las casa definitiva en Buenos Aires, llegaré a saludar al gran poeta. La casa llena de remanso y siempre con el carácter encortinado y con las incrustaciones de concha de la primera casa de los Borges, y los cien cajones de los bargueños se apretarán en sus nichos como labios que se pliegan con fuerza:

-No está- me dirá la doncella vestida de beguina.

- Pues hágame el favor de dejarle esta tarjeta cuando vuelva- y le dejaré una tarjeta, queriendo alcanzar la gloria de quedar en el tarjetero de bronce de los Borges, el tarjetero que, como un dulceo de antiguo día de santo, tiene tarjetas en sus tres conchas superpuestas, tarjetas que quedan como pajaritos alegres en las tazas de una fuente.

Ya en correspondencia siempre con esa tarjeta mía, disfrutaré del aire sutil y poético que trasciende este verdadero poeta”.

Esta irónica relación entre dos grandes de la literatura hispañola tiene su explicación en las andanzas de Borges en los tiempos iniciales de su carrera literaria. Guillermo de Torre, poeta y escritor español, nacido en Madrid en 1900 y fallecido en Buenos Aires en 1971, casado con Norah, la hermana de Borges y ultraísta consagrado, testimonia las veleidades creativas en la España de los primeros años del siglo XX.

Cuenta el literato en el artículo: Para la prehistoria ultraísta de Borges, publicado en Washington en la revista Hispania (1963) que el escritor argentino fue un asiduo tertuliano del Café Colonial, “nada específicamente literario” donde el “maestro” Cansino-Anssens había instalado el autodenominado “Divan Lírico”. Las comillas son del propio Guillermo de Torre y expresan su difícil relación con el fundador del ultraismo. Relata que su cuñado frecuentaba también la tertulia del “Oro del Rhin”, bar de tapas ubicado por aquella época en la Plaza de Santa Ana. Allí se reunían los más importantes colaboradores de las revistas Grecia y Ultra: Pedro Garfias, Isaac del Vando Villar, Adriano del Valle, Luis Mosquera, Humberto Rivas, J. Rivas Panedas, César A. Comet, Eugenio Montes, Tomás Luque, Antonio M. Cubero, entre otros que De Torre no registraba ya con demasiada propiedad en 1963. La memoria ha sido un comodín a la hora de reescribir la historia. Pero son estos hechos imprecisos los que se objetivan y la consolidan como verdad irrefutable.

Guillermo de Torre enfatiza que gracias a él Borges conoció la “Sagrada Cripta Pombiana” de Ramón Gómez de la Serna. Es altamente probable que los fugaces encuentros y la legendaria enemistad entre el creador de las ingeniosas Greguerías y el “maestro” ultraísta, autor del Candelabro de los siete brazos, le hayan dejado a Gómez de la Serna la imagen de un Borges lejano, “Huraño, remoto, indócil, (que) sólo de vez en cuando soltaba una poesía, que era un pájaro exótico y de lujo en los cielos del día”. Borges lejano a quien castigó con aire zumbón al comentar Fervor de Buenos Aires; libro de versos con el que inauguraba su inmortal carrera literaria. Visión muy diferente de la de Cansinos-Anssens, cuyo aprecio y admiración por el muy joven conquistador de continentes literarios, el incruento Alejandro de las letras hispañolas. El maestro subraya en la revista madrileña La Nueva Literatura (1927) el caracter humano y literario de su discipulo: “Pasó entre nosotros como un nuevo Grimm, lleno de serenidad discreta y sonriente. Fino, ecuánime, con ardor de poeta sofrenado por una venturosa frigidez intelectual, con una cultura clásica de filósofos griegos y trovadores orientales que le aficionaba al pasado, haciéndole amar calepinos e infolios, sin menoscabo de las modernas maravillas”.

Otro español que sostuvo una fecunda relación con las letras hispanoamericanas fue Amado Alonso (España, 1896- USA,1952), filólogo y crítico literario que gozó del afecto de tres suelos. Alonso participó del comprometido grupo de escritores (Victoria y Silvina Ocampo, Bioy Casares, Enriquez Ureña, y el propio Borges, entre otros) que en torno a Sur nutrieron la suma de voluntades que los consolidarían como uno de los grupos más importantes de las letras hispañolas del siglo XX. El español, nacionalizado argentino, que escribiría en compañía de Enriquez Ureña una de las más importantes gramáticas castellanas (1938), futuro autor del Ensayo sobre la novela histórica (1942) y posterior traductor del revolucionario Curso general de lingüística de Saussure (1945), descubre en el primer libro de narraciones del hasta entonces reconocido poeta argentino, un lugar que se ha vuelto tópico de tanto señalarlo: el humor en Borges. Un tema que aún merece regresos con otros paradigmas de lectura. En el ensayo de la revista Sur: Borges, Narrador, Amado comenta el primer libro primer libro de cuentos de su compañero de aventuras literarias: Historia Universal de la Infamia. La obra es realmente una compilación de las narraciones que aparecieron en el suplemento literario: Revista multicolor de los sábados, del diario Crítica, de la cual sólo El Hombre de la Esquina Rosada, Borges reconoce como cuento de personal y auténtica factura.

Como lo cuenta magistralente Marcos Ricardo Barnatán, en la que considero la más lograda biografía sobre el boanerense, Borges, Biografía Total; cuando el joven escritor regresó a encontrarse con su Buenos Aries querido, llevaba inflamado el espíritu por el ideario estético acendrado en España. No importa que después abjurara de este movimiento y molestara a Guillermo de Torre, su narrativa vital y su voluntad de escritor ya estaba tocada por el imperativo de la perfección en el ritmo y las imagenes; en la búsqueda de la palabra precisa para describir los hechos y suscitar resonancias trascendentes y arquetipicas: Aquellas huellas acústicas que conectan con la historia filogenética de la humanidad.

Podríamos extendernos en esta revisión de los autores aparecidos en el trabajo de Alazraki que comentan críticamente la obra de Borges (Sábato, Casares, Reyes, etc) pero nuestra intención en esta oportunidad es evidenciar el diálogo sostenido entre América y España en el proceso de construcción de un fenómeno que ahora mismo, a vuelo de teclado, deriamos denominar: El siglo de Oro de la Literatura Hispañola. Una expresión integradora de los esfuerzos creativos de Iberoamérica, que escapa a la excluyente y reduccionista expresión de "Boom latinoamericano".

Siglo XX que inicia con la voluntad revolucionaria de Rubén Darío, considerado el fundador del modernismo y la mirada iluminada de los ensayistas Unamuno (1864-1936), y Ortega y Gasset (1883-1955) y concluye, apoteósico, con un número sustancial de premios Nóbel iberoamericanos: La ternura inaugural de la poeta y pedagoga Gabriela Mistral (Chile, 1889-1957); la valentía contestaria del novelista y poeta Miguel Angel Asturias (Guatemala, 1899-1974); la comprometida mirada y la voz continental de Pablo Neruda (Chile, 1904-1973); la enormidad narativa y mágica de Gabriel García Márquez (Colombia, 1928), el naturalismo del novelista Camilo José Cela (España, 1916-2002); la intención comprehensiva del poeta y ensayista Octavio Paz (México, 1914-1998); y el rojo fundamental de la literatura universal José Saramago (Portugal, 1922). Un premio que le fue esquivo a Julio Cortazar y, por paradoja, al escritor Jorge Luís Borges, el hispañol que iluminó la filosofía y la literatura europea (Foucault y Calvino lo testimonian), pero que por fortuna no le fue birlado al más grande narrador de nuestros tiempos, autor de Cien Años de Soledad, considerado en nuestro idioma, el libro literariamente más significativo después del Quijote.

Bien apertrechada se prepara Iberoamérica para enfrentar los retos de un hispañol trimilenista que la integre y la potencie.



[1] En un nuevo paradigma; Caricalomía es el ejercicio particular de la caricatura (in latu sensus) que utiliza volitivamente el lenguaje escrito (calamus) para recargar (caricare) la realidad, con el proposito producir risa en el lector. Mayor información en la revista Especulo de la Universidad Complutense de Madrid, http://www.ucm.es/info/especulo/numero35/caricatu.html

[2] La culpable y magnifica existencia del espantoso y redentor Lazarus Morel

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01 Ago 2007

REGRESO A PAZ

Escrito por: termitavirtual07 el 01 Ago 2007 - URL Permanente

PAZ Y REYES

APORTES PARA COMPRENDER LA NARRATIVA VITAL DE IBEROAMERICA

En torno al escritor como suma de voluntades.

Por Carlos Alberto Villegas Uribe

Para comprender las imbricadas y enriquecedoras relaciones entre España y América –subrayo que no me refiero a los estadounidenses- es necesario regresar a Octavio Paz. Su ejercicio hermenéutico se nutre del psicoanálisis, de Freud y Yung, tanto como de la sociología de Toynbee y de pensadores de su propia tierra. Desde estos lindes, Paz brinda claves necesarias para comprender tres complejas caracterizaciones de la humanidad: la premodernidad, la modernidad y la postmodernidad. Aún cuando él no las maneje bajo estas denominaciones, sus tempranas comprensiones ya prefiguraban a los pensadores europeos que en la segunda mitad del siglo XX las desarrollarían a profundidad, Foucault, Lyotard, Berman, hasta convertirlas en herramientas de lectura de la sociedad contemporánea. Estas categorías antropológicas, sociológicas y filosóficas vibraban ya con la fuerza atávica de una taxonomía propia en la obra paradigmática de Paz: El laberinto de la soledad.

Ahora que medito sobre el proceso escritural como una suma de voluntades, distinto a la concepción mesiánica y excluyente de la escritura como un don de privilegiados; es grato reencontrarse con Paz. Encuentro en su ejercicio de imaginación activa, la recuperación de los aportes de los españoles a la construcción del México actual. Balance positivo, luego de la dolorosa conquista de la cruz y la espada, que si bien, no arrasó con los nativos, como la anglosajona, si los convirtió en la clase paria de América. Con la ecuanimidad que caracteriza a Paz, y su mirada holística de los fenómenos socioculturales, el escritor mexicano brinda un testimonio de invaluables aportes de los librepensadores españoles desplazados por la guerra a la tierra tolteca. Rescato, además, las demandas de Alfonso Reyes, sintetizadas por Paz, para quienes quieran trasegar las sendas de la literatura.

Recupero, como un guiño cómplice con los lectores de la TERMITA VIRTUAL, las palabras del más grande pensador mexicano:

“245 “No pretendo justificar a la sociedad colonial. En rigor, mientras subsista esta o aquella forma de opresión, ninguna sociedad se justifica. Aspiro a comprenderla como una totalidad viva y, por eso, contradictoria. Del mismo modo me niego a ver en los sacrificios humanos de los aztecas una expresión aislada de crueldad, sin relación con el resto de esa civilización: la extracción de corazones y las pirámides monumentales, la escultura y el canibalismo ritual, la poesía y la “guerra florida”, la teocracia y los mitos grandiosos son todos indisolubles. Negar esto es tan infantil como negar el arte gótico o la poesía provenzal en nombre de la situación de los siervos medievales, negar a Esquilo porque había esclavos en Atenas. La historia tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en hacer obras hermosas y durables con la sustancia real de esa pesadilla. O dicho de otro modo: transfigurar la pesadilla en visión, liberarnos, así sea por un instante, de la realidad disforme por medio de la creación”. 246

308. “Cárdenas abrió las puertas a los vencidos de la guerra de España. Entre ellos venían escritores, poetas, profesores. A ellos se debe en parte el renacimiento de la cultura mexicana, sobre todo en el campo de la filosofía. Un español al que los mexicanos debemos gratitud es a José Gaos, el maestro de la joven “inteligencia”. La nueva generación está en aptitud de manejar los instrumentos que toda empresa intelectual requiere. Por primera vez desde la época de la independencia la “inteligencia” mexicana no necesita formarse fuera de las aulas. Los nuevos maestros no ofrecen a los jóvenes una filosofía, sino los medios y las posibilidades para crearla. Tal es precisamente, la misión del Maestro.

Un nuevo elemento de estímulo es la presencia de Alfonso Reyes. Su obra, que ahora podemos empezar a contemplar en sus verdaderas dimensiones, es una invitación al rigor y a la coherencia. El clasicismo de Reyes equidistante del academicismo de Ramírez y del romanticismo de Sierra, no parte de las formas ya hechas. En lugar de ser mera imitación o adaptación a las formas universales, es un clasicismo que se busca y se modela a si mismo, espejo y fuente, simultáneamente, en los que el hombre se reconoce, sí, pero también se sobrepasa.

Reyes es un hombre para quien la literatura es algo más que una vocación o un destino: una religión. Escritor cabal para quien el lenguaje es todo lo que puede ser el lenguaje: Sonido y signo, trazo inanimado y magia, organismo de relojerías y ser vivo. Crítico y ensayista, es literato: el minero, el artífice, el peón, el jardinero, el amante y el sacerdote de las palabras. Su obra es historia y poesía, reflexión y creación. Si Reyes es un grupo de escritores, su obra es una literatura. ¿Lección de Forma? No, lección de expresión. En un mundo de retóricos elocuentes o de reconcentrados silenciosos, Reyes nos advierte de los peligros y las responsabilidades del lenguaje. 309

309 El primer deber del escritor, nos dice, estriba en la fidelidad al lenguaje. El escritor es un hombre que no tiene más instrumentos que las palabras. A diferencia de los útiles del artesano, del pintor o del músico, las palabras están henchidas de significaciones ambiguas y hasta contrarias. Usarla quiere decir esclarecerlas, purificarlas, hacerlas de verdad instrumentos de nuestro pensar y no máscaras y aproximaciones. Escribir significa una profesión de fe y una actitud de fe que trasciende al retórico y al gramático; las raíces de las palabras se confunden con las de la moral: la crítica del lenguaje es una crítica histórica y moral. Todo estilo es algo más que una manera de hablar: es una manera de pensar y, por lo tanto, un juicio implícito sobre la realidad que nos circunda. Entre el lenguaje, ser por naturaleza social, y el escritor que sólo engendra en la soledad, se establece así una relación muy extraña: gracias al escritor el lenguaje amorfo, horizontal, se yergue e individualiza; gracias al lenguaje, el escritor moderno, rotas las otras vías de comunicación con su pueblo y su tiempo, participa de la vida de la ciudad. 310

310. De la obra de Alfonso Reyes se puede extraer no sólo una Crítica de la Filosofía y una Ética del Lenguaje. Por tal razón no es un Azar que, al mismo tiempo que defiende la transparencia del Vocablo y la universalidad de su significado, predique una misión. Pues aparte de esa fidelidad al lenguaje que define a todo escritor, el mexicano tiene algunos deberes específicos. El primero de todos consiste en expresar lo nuestro. O para emplear las palabras de Reyes “buscar el alma nacional”. Tarea ardua y extrema, pues usamos un lenguaje hecho y que no hemos creado para revelar a una sociedad balbuciente y a un hombre enmarañado. No tenemos más remedio que usar de un idioma que ha sufrido ya las experiencias de Góngora y Quevedo, de Cervantes y de San Jan, para expresar a un hombre que no acaba de ser y que no se conoce a sí mismo. Escribir equivale a deshacer el español y recrearlo para que vuelva a ser mexicano, sin dejar de ser español. Nuestra fidelidad al lenguaje, en suma implica fidelidad a nuestro pueblo y fidelidad a una tradición que no es nuestra totalmente, sino por un acto de violencia intelectual. En la escritura de Reyes viven los dos términos de este extremoso deber. Por eso, en sus mejores momentos, su obra consiste en la invención de un lenguaje y de una forma universales y capaces de contener, sin ahogarlos y sin desgarrarse, todos nuestros inexpresados conflictos.

Reyes se enfrenta al lenguaje como problema estético y ético. Su obra no es un método o una lección, sino un estímulo. Por eso nuestra actitud ante el lenguaje puede ser diversa a la de nuestros predecesores: también a nosotros, y más radicalmente que a ellos, puesto que tenemos menos ilusiones en unas ideas que la cultura occidental soñó eternas, la vida y la historia de nuestro pueblo se nos presentan como una voluntad que se empeña en crear la Forma que la exprese y que sin traicionarla, la trascienda. 311”

(Paz, Octavio (2003) El Laberinto de la Soledad. Edición crítica de Enrico Mario Santí.Cátedra Letras Hispánicas, Madrid)

Lástima. El pensador que denunció el “Ninguneo” como una forma de expresión de la intelectualidad hispánica, ha sido victima propiciatoria de esta lesiva actitud que retarda, al desconocer los aportes de sus creadores, el progreso de la inteligencia. Los iberoamericanos comprometidos con la construcción de puentes entre los continentes hermanos, debemos volver a Paz, debemos revisitarlo para beber en esa fuente de sabiduría y lograda expresión literaria las claves para fortalecer el Hispañol como tradición y ruptura, creación y recreación de una realidad conjunta. No hacerlo constituye una prolongación del ninguneo, una inexcusable injusticia y un imperdonable olvido.

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*Carlos Alberto Villegas Uribe. Calarcá, Quindío, Colombia. Licenciado en Educación con especialidad en Tecnología Educativa, Magíster en Comunicación Educativa, artista, escritor y gestor cultural. Ha sido asesor del ICFES, la Alcaldía Mayor de Bogotá y el SENA en procesos de comunicación y educación. Docente de pregrado y postgrado en las Universidades del Quindío, Javeriana y Antonio Nariño. Miembro fundador de la Asociación Colombiana de Caricaturistas: "El Cartel del Humor" y Gerente de Cultura del Departamento del Quindío. Secretario del Consejo Directivo del Instituto del Pensamiento Liberal, y catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana de la asignatura: Psicogénesis de la risa, y director de las revistas electrónicas Termita Virtual y del Boletín de la Red de Estudios Interdisciplinarios sobre la Risa REIR. Actualmente reside en Madrid, España, en calidad de Becario ALBAN del Doctorado: La Lengua, La Literatura y su relación con los medios de comunicación, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

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