03 Jul 2008
Hacia una vida y muerte dignas
La muerte sigue siendo uno de los grandes tabúes de nuestra sociedad, por mucho que con frecuencia prefiramos mirar para otro lado e ignorar que el valor de una vida en algunos lugares es prácticamente nulo, que siempre ha habido guerras injustas y víctimas inocentes.
También en el día a día preferimos mirar para otro lado, apenas sabemos nada del vecino, y la mayoría no se interesa realmente por la gente que le rodea. Esa indiferencia, esa "invisibilidad" también mata, pues al fin y al cabo uno puede existir para sí mismo, pero si no recibe señales de los demás, si no se siente parte de algo, es como mirarse en un espejo y no ver nada.
La señora Shardt, de 79 años y residente en Würzburg (Alemania), no padecía ninguna enfermedad terminal, ni estaba completamente inválida; simplemente, según sus propias palabras "la vida se había vuelto muy dura para ella". No tenía familia, y rara vez abandonaba su apartamento. Añadía que incluso le costaba trabajo levantarse de la cama para hacerse algo de comer, contaba Schardt. Su mayor miedo era terminar sola en un asilo.
Así que Shardt contactó con un activista pro-eutanasia, Roger Kusch , ex ministro de Justicia de Hamburgo, y éste le preparó un "cóctel" letal que ella ingirió por sí sola y que le provocó la muerte. Esto ha desatado una fuerte controversia.
Alrededor de 70 ancianos mueren solos en Madrid, cada año. En ocasiones, cuando los descubren ya han pasado varios días, sin que nadie se haya percatado antes. Los Servicios Sociales aseguran que luchan contra situaciones de aislamiento, pero reconocen que a veces se ven faltos de medios, y en otras ocasiones es el propio anciano el que se "enquista" en su pequeño mundo y se abandona a sí mismo.
Tal vez la ayuda de los servicios sociales pueda resultar efectiva en determinados casos, pero muchas veces esos ancianos ya ni siquiera se reconocen en ese espejo de la nada, caen en el hastío, la depresión y pierden las ganas de vivir. Eso, aunque no sea algo físico, también es sufrimiento, y deberían tener el derecho a dejar de sufrir, si así lo piden.
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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Nire dijo
Es que manda güevos que uno no pueda decidir cómo y cuándo acabar con su propia vida si le da la gana. El Estado no es propietario de las personas así que en teoría debería dar igual que haya leyes sobre la eutanasia o no o que el suicidio sea aceptable o no. Cada uno hace con su vida lo que quiera y si alguien está dispuesto a ayudar, mucho mejor.
Saludos
QUINO Y ANA dijo
Tema complicado porque dónde es el punto en el que ya tienes conciencia propia como para decidir sobre ello? Se deberían de dar una serie de circunstancias en las que lo mismo se podría plantear, pero es que si no, un chaval en plena adolescencia a los 18 con la mayoría de edad y sin ganas de vivir, ¿también le dejaríamos decidir? ¿y a una persona miedosa a la quimio o depresiva en un momento determinado también? Hay casos muy evidentes en los que en su situación estaría de acuerdo, pero regular eso o no regularlo,.. tema complicado, muy complicado. bs. Quino
Nire dijo
Siento decir esto pero... vas a tener razón, Quino. Me he dejado llevar...
Pama dijo
Y yo con mi testameto vital... q a nadie le importa...pq se pueden alegar miles de motivos para no cumplirlo...
werewolf dijo
¿Y cómo es eso, Pama?. ¿No será que en Madrid, en materia de Sanidad, el Gobierno de la Comunidad está propiciando una política restrictiva de los derechos individuales?.
Yo también tengo mi testamento vital y no sabía nada de eso.
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