26 Mar 2008

La senda del perdedor 3

Escrito por: errorcaotico el 26 Mar 2008 - URL Permanente

Mi padre fue siempre un hombre abatido por la realidad. Nunca he conseguido saber mucho sobre su infancia y su adolescencia, todo se mueve en un halo de misterio que nadie quiere contarme nunca. Si sé las cosas que él me contaba sobre si mismo, normalmente para darme una lección.

De la escuela de oficios intentó hacer una ingeniería técnica. Las tardes las pasaba en su escritorio estudiando y fumando hachís. Mi padre dejó de ser un hombre de pandilla para volverse un ser solitario, la gran mayoría de sus amigos habían ido desapareciendo poco a poco por que consumían heroína. Mi vecino, amigo suyo, era un dibujante tremendo con una gran afición a los insectos pero la droga le arrastró a aquel arcén de Arganda del Rey donde le encontraron muerto. Siempre había sido un hombre abierto, simpático, leía cómics y cosas de ese tipo que en un pueblo son raras de ver. Cuando yo iba a comprar el pan a veces me encontraba con su madre, parecía siempre cabizbaja. Normalmente se peleaba con la tendera. Ahora que soy mayor entiendo todo aquello. Entiendo porque discutía por un litro de leche, porque discutía por una barra de pan. Al recordar a todos los amigos de mi padre que han muerto pienso que la gente puede huir de todo pero al final no puede escapar de la ignorancia.

En ese sentido creo que mi padre se salvó porque la educación siempre fue lo primero para él. Al nacer yo se hizo totalmente responsable de mí, tuvo que abandonar sus estudios y ponerse a trabajar en cualquier cosa, abrió una pequeña tienda de ropa con su amigo Jesús, incluso viajó a Murcia durante una temporada para vender seguros hasta que termino en una fábrica de soldaduras en Torrejón de Ardoz. Antes de todo lo que voy a decir de él quiero que sepáis que mi padre es la persona más inteligente que conozco después de mi y no porque yo sea muy inteligente sino porque me da pereza conocer a nuevas personas.

Descubrí el lado malo de mi padre una noche con unos tres años a mediados de los ochenta, yo estaba en casa , de noche, cenando en un gran salón del chalet que mi abuelo construyó con cuarenta años y que cedió a mi madre para que vivieramos allí, antes habíamos estado viviendo en una pequeña casa al lado del centro del pueblo. El chalet estaba reformado en la parte de arriba, en la parte de abajo mi abuelo construyo una pequeña piscina, un garaje para dejar el taxi, otra planta que estaba a ladrillo visto y una pequeña granja de gallinas que soltaba un hedor insoportable. La parte de arriba la habíamos apañado para hacerla habitable. El salón era completamente blanco, los muebles eran nuevos, los sillones eran ásperos y de color negro con tiras rojas sin ningún patrón. Toda la reforma y los muebles del salón y la cocina fueron pagados con un préstamo que pidió mi padre al banco.

Una noche estaba cenando con mi madre un lenguado, yo recuerdo no saber utilizar ni un tenedor para pelar un lenguado y ya os he contado sobre mi torpeza natural. Mirábamos en la televisión un programa malo de la primera cuando se oyó la puerta de mi casa. Era de una madera muy gruesa y siempre que se cerraba se oía un gran plom que hacía eco por el pasillo.

-Hola Juanma. Le dijo mi madre. Mi padre la respondió con un pico, se quitó la cazadora y se sentó a comer con nosotros.
-Um que bueno, traigo un hambre que me muero. Se sentó en el sillón y me miró como comía un rato.
Mi madre se fue a preparar el lenguado de mi padre.
-A ver, que no sabes pelar el lenguado. Así no se hace me agarro de las manos y me enseñó a hacerlo. Yo le miré y puse toda la atención que podía en hacerlo bien ,lo intenté una vez. Me volvió a agarrar las manos con más fuerza. Yo grité de dolor, como el buen quejica que siempre he sido y vino mi madre. Lo intenté de nuevo pero no conseguía que el tenedor arrastrara la carne del pescado y dejara solo las raspas como quería él.
-¡Si es que no pones atención en nada! Mi madre guardo silencio.
-Deja al niño Juanma. Creo que la fuerza de mi madre me dio animo para separar las manos de las suyas tirando el tenedor al suelo. Acto seguido me golpeo con el puño cerrado en la nariz y empecé a sangrar. Al ver la situación mi madre me llevo al baño puso el cerrojo y me limpió la cara mientras mi padre golpeaba la puerta. No recuerdo mucho más de aquello porque ya han pasado muchos años.

Fue la primera injusticia que vi en el mundo. Hoy por hoy todavía no le he perdonado, para que luego digan que soy un rebelde sin causa.

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

gilermez04 dijo

Hola,solo pasaba a saludar,y a decirte que no hard feelings por mi parte.
Salud

errorcaotico dijo

Gilermez todos tenemos derecho a que nos den una oportunidad , tu me la has pedido a mi y ahora soy yo el que te pide perdón. Un saludo y todo olvidado.

gilermez04 dijo

Cojonudo,cada uno tenemos nuestros dias malos,y peores.Olvidado pues,all the best

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