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    <body>&lt;big&gt;Hola a todos. Las memorias est&#225;n abiertas a todos aquellos que quieran colaborar en ellas con alg&#250;n escrito que tenga relaci&#243;n con el tema. Aquellos que sean ya amigos y conocidos no tienen m&#225;s que dec&#237;rmelo. Y a aquellos que no lo sean, por favor, que me escriban a memoriahistorica@hotmail.es, donde les atender&#233; gustoso. Un saludo a todos y buena memoria.&lt;/big&gt;    JOHNNY SALOMON.</body>
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    <title>"SI QUIERES COLABORAR EN LAS MEMORIAS"</title>
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    <body>&lt;big&gt;	Hay verbos que no se pueden conjugar. O si se pueden, pero, carece de sentido hacerlo. Valga como ejercicio gramatical en todo caso. As&#237; ocurre con el verbo canonizar. Yo canonizo, tu canonizas, el canoniza, nosotros canonizamos, vosotros canoniz&#225;is, ellos canonizan. Es el presente de indicativo. Pero, a quien voy a canonizar, si no tengo ese poder. Son por ello, verbos odiosos, porque solo los pueden ejecutar determinadas personas. O el verbo beatificar. Igual que el verbo reinar. Solo Juan Carlos I Rey de Espa&#241;a lo puede ejecutar. Yo conjugo. 

	Podr&#237;amos decir que son verbos excluyentes. El sujeto es minoritario, limitado, simple. Al igual que el complemento del nombre. No se canoniza a cualquiera, no. Solo determinadas personalidades tienen ese poder de canonizar a quien les de la gana. Doblemente excluyente. Y as&#237; ocurri&#243; en la beatificaci&#243;n de los curas nacionales. Los curas republicanos no son dignos de entrar en la casa del Se&#241;or. Y nosotros seguimos conjugando. Yo me jodo, tu te jodes,&#8230; La muerte de sacerdotes durante la guerra civil espa&#241;ola se debi&#243; al apoyo de la Iglesia Cat&#243;lica al golpe de Estado contra el gobierno establecido. La Iglesia guerrera hizo de aquella guerra civil su cruzada. Venida a menos durante los a&#241;os de la Rep&#250;blica, la Iglesia Cat&#243;lica arrim&#243; su sardina al ascua franquista. No ten&#237;a otra, al parecer. 

	El cardenal Gom&#225;, arzobispo de Toledo y primado de Espa&#241;a, escribi&#243;: "&#191;La guerra de Espa&#241;a es una guerra civil? No; una lucha de los sin Dios [...] contra la verdadera Espa&#241;a, contra la religi&#243;n cat&#243;lica". Dijo que el general Franco, l&#237;der de los insurrectos, era un "instrumento de los planes de Dios sobre la Tierra". &#191;Se ir&#225;n a beatificar, tambi&#233;n, a los sacerdotes asesinados por Franco, el Caudillo Cat&#243;lico? No se ha ejecutado ni conjugado siquiera.
 
&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/tiempos-pasados/hitler5pw9.jpg' id='img_0' class='imgcen'/&gt;

	La guerra civil espa&#241;ola enfrent&#243; a cat&#243;lico contra cat&#243;lico, a sacerdote contra sacerdote. Cuando las fuerzas de Franco por fin invadieron las provincias vascas, del bando Republicano ejecutaron a dieciseis sacerdotes y encarcelaron a muchos m&#225;s. En sus escritos sobre las atrocidades cometidas contra los cat&#243;licos vascos, el fil&#243;sofo franc&#233;s Jacques Maritain dijo que "la guerra santa odia m&#225;s ardientemente que al infiel a los creyentes que no la sirven".
 
	Finalmente la victoria es para el insurrecto Franco, apoyado por la Iglesia Cat&#243;lica y Hitler. El 20 de mayo de 1939, en la Iglesia de Santa B&#225;rbara (Madrid), el general Franco entreg&#243; la espada de su victoria al cardenal Gom&#225;. El Ej&#233;rcito, el Movimiento Nacional y la Iglesia celebraron juntos aquel triunfo al que el Papa se refiri&#243; como la deseada victoria cat&#243;lica.
 
	Hay m&#225;rtires y m&#225;rtires. Hay persecuciones malas y otras buenas. Un doble rasero. Al menos para El Vaticano. &lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/sociedad/somos/nadie/elpepusoc/20071027elpepisoc_13/Tes " title="http://www.elpais.com/articulo/sociedad/somos/nadie/elpepusoc/20071027elpepisoc_13/Tes " id=link_0&gt;Los 16 curas ejecutados&lt;/a&gt;  por Mola en Guip&#250;zcoa por ser nacionalistas vascos no merecen un reconocimiento. &lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Aita/Patxi/primer/santo/republicano/elpdomrpj/20060604elpdmgrep_2/Tes/ " title="http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Aita/Patxi/primer/santo/republicano/elpdomrpj/20060604elpdmgrep_2/Tes/ " id=link_1&gt;Y m&#225;s&lt;/a&gt; . Fusilados por nacionalistas, o para silenciar que en la zona republicana era posible practicar en libertad la religi&#243;n cat&#243;lica. O para eliminar a altavoces que desde los p&#250;lpitos hablaban de los sentimientos del pueblo. La Iglesia Cat&#243;lica es muy libre de beatificar a quien le de la gana. Yo solo conjugo verbos. Yo recuerdo, tu recuerdas, el recuerda,&#8230; Y recordando me viene a la cabeza el p&#225;rroco Enrique de Castro, el cura rojo de Entrev&#237;as en Madrid, a quien el cardenal Rouco Varela, ha cerrado la parroquia de San Carlos de Borromeo. Los enfrentamientos en la Iglesia Cat&#243;lica siguen vigentes, y m&#225;s ahora, cuando el Papa da la espalda al pueblo en se&#241;al de alabanza. ...nosotros recordamos, vosotros record&#225;is, ellos recuerdan.
&lt;/big&gt;
	

JOHNNY SALOMON.

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    <title>"MEMORIA HISTORICA: LOS CURAS ROJOS"</title>
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    <body>&lt;big&gt;Corr&#237;an los &#250;ltimos d&#237;as de la guerra. El estaba destinado en los antia&#233;reos de Reus, y deseando que aquello terminase de una vez por todas, la guerra ya estaba perdida, y aquellos d&#237;as eran solo de agon&#237;a. D&#237;as de m&#225;s. Ten&#237;a pensado regresar a Barcelona, pero esta vez no solo, sino con la familia que hab&#237;a creado en Reus. Su mujer y su hijo. Seguir&#237;a con su trabajo en el almac&#233;n, buscar&#237;a un piso all&#237; en el barrio de Pueblo Nuevo, cerca de su madre y de su hermana. Y ha olvidar todo aquel infierno.

Pens&#243; en que hab&#237;a servido todo aquello, y no lo ten&#237;a nada claro. All&#237; con aquellos medios tan escasos, oteando siempre el cielo en busca de los aviones que llegaban a bombardear las ciudades catalanas, hab&#237;a tenido mucho tiempo para pensar, y demasiado para sentir miedo. La &#250;ltima incursi&#243;n de los aviones italianos, eso se entero despu&#233;s por la carta de su hermana, hab&#237;a destrozado varias casas justo detr&#225;s de de donde  viv&#237;a ella con su madre. Record&#243; que fue &#233;l quien dio el aviso de su llegada, pero eso en aquel ejercito desorganizado y sin material era casi bald&#237;o, terminaban llegando a su destino y bombardeando apenas con oposici&#243;n antia&#233;rea.

La orden de retirada llego despu&#233;s de dos d&#237;as, y para aquel entonces un n&#250;mero importante de soldados republicanos ya estaba cerca de la frontera francesa. El decidi&#243; ir a Barcelona, tal y como ya hab&#237;a pensado, no ve&#237;a que ten&#237;a que temer, nunca hab&#237;a disparado contra nadie, cosa de lo que se alegraba ya que no era amigo de las armas. Recogi&#243; sus cosas y se fue hacia la casa donde estaba su mujer y su hijo, all&#237; termino de hacer la maleta despu&#233;s de convencerla de que lo mejor era partir hacia Barcelona, donde le ser&#237;a f&#225;cil encontrar trabajo o seguir en el antiguo, eso le dec&#237;a mientras pensaba si las bombas habr&#237;an dejado alguna fabrica en pie. Su hermana nunca se lo hab&#237;a aclarado. Aquella misma tarde partieron hacia la ciudad, primero en una tartana, luego en un autob&#250;s y m&#225;s tarde en un carromato que se hab&#237;a aventurado en su mismo camino, lo cual no dejo de ser una suerte. Cuando llegaron a Barcelona ya pasaba del medio d&#237;a estaban exhaustos. Su hijo de apenas un a&#241;o dormitaba en el regazo de su madre que no hac&#237;a otra cosa que mirar desconfiada a un lado y a otro de aquella calle donde les dejaron. Para ella que era la primera vez que estaba en aquella ciudad le resultaba t&#233;trico lo que ve&#237;a, &#233;l ni se par&#243; a pensar en lo que le rodeaba, solo ten&#237;a deseos de llegar a casa de su madre, as&#237; que la cogi&#243; del brazo con cuidado de no hacer da&#241;o al ni&#241;o, y tiro de ella en direcci&#243;n a su destino. Caminaron como dos  extra&#241;os por unas callejuelas casi desiertas y con los adoquines levantados, y atravesaron el parque de La Ciudadela para tomar el principio de la calle en la que estaba la casa familiar. Un piso de dos habitaciones, en el que la cocina estaba dentro del comedor, y un angosto pasillo que recorr&#237;a desde este hasta la puerta toda la casa. Por un momento le pareci&#243; peque&#241;o para tanta gente, pero no ten&#237;a otro lugar donde ir, e interiormente le dio la raz&#243;n a su mujer que no quer&#237;a marcharse de su pueblo.

La fundici&#243;n, los telares y talleres que acompa&#241;aban a la calle estaban parados, y un ni&#241;o escarbaba entre la basura ya escarbada, recogiendo las &#250;ltimas pieles de patatas. Era tiempo de abandono, las tropas nacionales estaban cerca, detr&#225;s del Tibidabo, y casi nadie pensaba en pararlas solo en sobrevivir  mas all&#225; de lo que ya estaban acostumbrados. Otros se hab&#237;an decidido a pasar la frontera con la vana ilusi&#243;n de encontrase a salvo. Pero este tema merece un cap&#237;tulo aparte, ya que como fueron tratados en general los republicanos por los franceses es largo y doloroso de contar. Vio un grupo de falangistas, y empujo a su mujer hacia un portal, aquello no le gusto nada, era un mal presagio. El ni&#241;o empez&#243; a llorar y ella le tapo la boca, y luego le acaricio la mejilla, lo miro y se desabrocho la blusa para darle el pecho pensando que as&#237; se callar&#237;a. Los falangistas recorrieron aquel trozo de manzana pero no parec&#237;an interesados en nada concreto. Y &#233;l pens&#243; que aun no hab&#237;an recibido ninguna orden. Que solo se mostraban triunfantes. As&#237; era. Luego de mofarse del ni&#241;o que corr&#237;a hacia su casa doblaron la esquina entre canticos y bravatas, y sus voces fueron apag&#225;ndose en la distancia. El estaba atento a todo aquello, no quer&#237;a encontr&#225;rselos de cara, ya que sab&#237;a cual podr&#237;an ser las consecuencias, en aquel momento su documentaci&#243;n no le serv&#237;a de nada m&#225;s que de soga al cuello.







&lt;/big&gt;


FERNANDO NAVARRO.

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    <title>LOS UTIMOS DIAS DE LA GUERRA (Primera parte)</title>
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    <body>&lt;big&gt;&#8220;La magia existe. Observa tu mano. &#191;Lo estas haciendo? Su palma, su dorso. Eso que sientes, esa extra&#241;eza al mirarla, eso es magia. No porque no sea tuya, sino porque estas descubriendo cosas nuevas en ella. Ahora cierra tus ojos. Cuando los cierres, pasa las palmas de tus manos por tu cara, como si la estuvieses refrescando, con suavidad y frotate el rostro. &#191;Lo has hecho? Eso que has sentido por todo tu cuerpo, es magia. Todas esas sensaciones, esa sensibilidad de lo cotidiano a lo que no damos importancia, pero, que esta ah&#237;, es magia. Nos olvidamos de la cotidianeidad, sin observar que en ella se encuentra lo m&#225;s maravilloso de la vida. Y hay que aprender a tener en cuenta todos estos detalles que hacen que nuestra sensibilidad, nuestra alma, se muestre a flor de piel. Esto es lo que nos da plenitud. Y si contin&#250;as observando cada gesto, cada cosa que haces con conciencia de ello, observaras que todo t&#250; eres m&#225;gico. Podr&#237;amos decir, que es disfrutar de cada cosa que haces, en cada momento, recre&#225;ndote incluso de tus enfados, tus tristezas, y por supuesto, de tus alegr&#237;as y momentos de felicidad. Vivir la vida al tope, arrancarla la piel, para ir en carne viva.

Esta dimensi&#243;n m&#225;gica de la vida, olvidada por la sociedad occidental, me la trasmiti&#243; mi abuelo. El lo llamaba &#8220;aguzar los sentidos hac&#237;a el mundo&#8221;, tanto el de dentro como el de fuera. Por eso soy mago, pero, no en el sentido art&#237;stico que todos pens&#225;is, sino en el trascendental, el que te lleva a sentirte uno con todo. Mi abuelo, dec&#237;a que hablaba con los p&#225;jaros, que todo viene de la observaci&#243;n m&#225;gica de todo lo que nos rodea, que solo hab&#237;a que aprender sus costumbres, y ellos se comunicaban contigo. Que lo &#250;nico que hab&#237;a que hacer era entregar tu coraz&#243;n a la vida y amar a todo y a todos.

Muri&#243; justo un a&#241;o antes de iniciarse la guerra, el dieciocho de julio de 1935. Toda la familia le rode&#225;bamos cuando le quedaban diez minutos de vida. Me llam&#243;, me tom&#243; la mano y me dijo: &#8220;Ten presente todo lo que te he contado. Vendr&#225;n tiempos muy dif&#237;ciles y solo la magia te salvara la vida&#8221;. Y muri&#243;, placidamente, mir&#225;ndome mientras me sonre&#237;a con ternura y pude sentir a trav&#233;s de su mano la llegada fr&#237;a de la muerte, y una voz en mi interior, que me dec&#237;a: &#8220;Debes de prepararte&#8221;.

No os voy a decir que sent&#237;a la presencia de mi abuelo, porque no le ve&#237;a y porque despu&#233;s de mi dilatada vida todav&#237;a no he visto ning&#250;n fantasma, aunque si he escuchado voces en mi interior. Pero si os puedo decir, que sus palabras, sus sentimientos todav&#237;a me acompa&#241;an desde entonces. Mucho aprend&#237; en aquel a&#241;o. No solo a hablar con los p&#225;jaros, sino a entender el viento, cada ruido que me rodeaba, el calor o el fr&#237;o dependiendo en que parte de mi cuerpo lo sintiera. Y aquellas sensaciones se fueron convirtiendo en mi interior en palabras, porque todo alcanz&#243; a tener un significado.

Podr&#237;a contaros todas mis adversidades en la m&#225;s cruel guerra fraticida del siglo veinte. Sus muertos, su hambre, su odio y su venganza continua. Pero, esto ya lo doy por sentado de que todos lo conoc&#233;is. Y explayarme en ello, solo ser&#237;a recordar lo evidente; lo que todos padec&#237;amos en mayor o menor medida. Por ello, solo os contare dos an&#233;cdotas donde la magia me salvo la vida, a mi y a mis compa&#241;eros. De c&#243;mo esta pudo llegar incluso a materializarse para salvaguardarme.

He de deciros que la magia no tiene nada que ver con dios alguno, ni con nada sobrenatural. Solo hay que afilar los sentidos para llegar a descubrir lo que hay en el mundo que no percibimos. Que esta en nosotros y alrededor nuestro. Y que solo falta abrir los cinco sentidos, para que resurja el sexto, el atr&#243;fico sentido de la unidad con el todo, del que formamos parte.

Camin&#225;bamos en hilera una compa&#241;&#237;a menguada de veinte hombres al mando de un sargento. Nuestra marcha llevaba ya tres d&#237;as en los que apenas hab&#237;amos comido ni bebido, porque no hab&#237;a el que. Destrozados, rotos, caminando a donde supuestamente estaba la retaguardia, despu&#233;s de asistir a una de las refriegas m&#225;s fuertes de las que tome parte en la guerra. Nueve de nosotros iban heridos y ten&#237;amos que llevarlos en volandas para continuar avanzando. Los dem&#225;s se hab&#237;an quedado muertos en barrizales de sangre. Fue entonces cuando el sargento nos mando parar, al borde del camino angosto que segu&#237;amos y que parec&#237;a que no nos llevaba a ninguna parte. Las lenguas herv&#237;an de sed, pegadas al paladar, sin saliva. Fue entonces cuando cerr&#233; los ojos y o&#237; a los p&#225;jaros tomar un primer plano auditivo a m&#237; alrededor. Aquello me reconforto. Y las palabras: &#8220;Toma y bebe&#8221; que tambi&#233;n o&#237;. Abr&#237; los ojos y una gran lata de las que se usaban en el rancho apareci&#243; a mis pies llena de agua. No ten&#237;a fuerzas para levantarla y mi ansiedad hizo que me tumbara en el suelo y volc&#225;ndola bebiera de ella.

&#8220;&#161;Amigos, agua!&#8221;, grite. Y todos sobrecogidos, con cara de extra&#241;eza, pero, demasiados agotados, sedientos y fam&#233;licos para hacer preguntas, bebieron de ella, sin parecer agotarse nunca. Y saciada la sed, al igual que apareci&#243;, desapareci&#243;. Y pensar&#233;is que el propio desmayo nos hizo beber aire y he de deciros que todo puede ser. Pero, tras beber de aquella agua hasta saciarnos y comer lo poco que llev&#225;bamos en nuestros pobres zurrones militares, pudimos escuchar aquellas largas y placidas meadas al borde del camino. Y aquella misma tarde encontramos a nuestro batall&#243;n y nos incorporamos a &#233;l.

No pasaron muchos meses, cuando un peque&#241;o pelot&#243;n de hombres nos encontr&#225;bamos durmiendo en un refugio. Durante la tarde no hab&#237;an cesado de silbar las balas de los morteros del enemigo-hermano, y ca&#237;da la noche, cesaron y pudimos descansar y reponer fuerzas. Fuera, llov&#237;a. El refugio ten&#237;a filtraciones y en una precisa esquina, sobre una piedra, un continuo repiquetear de un goteo de agua llam&#243; mi atenci&#243;n. Con &#233;l me dorm&#237; y con &#233;l me despert&#233;, pero, aquel clas-clas continuo y pausado, ya no era un simple ruido peculiar, sino que empez&#243; a conjugar verbos y palabras.

Y fue cuando surgi&#243; la voz: &#8220;Lev&#225;ntate, avisa a tus compa&#241;eros y salir de ah&#237; o morir&#233;is todos&#8221;. Me sobresalte, y r&#225;pidamente los avise y les dije lo mismo que aquellas gotas cada vez m&#225;s aceleradas me acababan de decir. Salimos todos corriendo, y o&#237;mos el silbido de una bala de mortero, que peg&#243; de pleno contra el refugio haci&#233;ndolo harina. Y para mi sorpresa comprob&#233; que no llov&#237;a desde hac&#237;a horas. &#191;C&#243;mo puede ser que supieras esto?, me preguntaban mis compa&#241;eros una y otra vez. Y mir&#225;ndoles les dije: &#8220;Ha sido la magia, esa que esta en todos nosotros y que no solemos escuchar&#8221;.

Ya soy un hombre mayor. Cuento noventa y cinco a&#241;os. Y se que la muerte esta cercana. Hasta ahora no la hab&#237;a sentido. Y me sonr&#237;o, porque es ese mismo fr&#237;o que sent&#237; a trav&#233;s de la mano de mi abuelo, y cerrando los ojos puedo adivinar su sonrisa con estos cansados ojos que tanto han visto. Buscar la magia y ella os salvar&#225; y dar&#225; a vuestras vidas el sentido que tanto anhel&#225;is. Paz y amor&#8221;.&lt;/big&gt;

JOHNNY SALOMON.
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    <title>&#8220;MEMORIA HISTORICA: LA MAGIA&#8221;</title>
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    <body>&lt;big&gt;Dejar en el olvido de la memoria a todos aquellos exiliados espa&#241;oles que pudieron abandonar Espa&#241;a no ser&#237;a de justicia. A los que viajaron a M&#233;xico, Chile,&#8230;, o los que se exiliaron en una Europa donde en un breve espacio de tiempo se inici&#243; la II Guerra Mundial. Espa&#241;oles que tuvieron que seguir batallando en otro frente contra el Nazismo y el Fascismo. De los ni&#241;os de Rusia, de Francia, Suiza,&#8230;

Y me ha parecido que esta historia, de los exiliados espa&#241;oles en el barco Winnipeg, por haberla organizado Pablo Neruda, puede ser un ejemplo de las muchas cosas que tenemos que rescatar. La Ley de Memoria Hist&#243;rica debe de ser la del olvido, enterrando con ella a los muertos que descansan en fosas comunes por miles, a los miles de exiliados, a los ni&#241;os del hambre y de la miseria, y a todos los herederos de aquella sangrienta contienda, que somos todos. Pero, para olvidar, primero hay que saber.

Fueron cerca de dos mil quinientos los inmigrantes espa&#241;oles, hombres, mujeres y ni&#241;os, que llegaron al puerto de Valpara&#237;so un d&#237;a 3 de septiembre de 1939, despu&#233;s de partir el 4 de agosto del puerto franc&#233;s de Trompeloup-Pauillac, en el carguero Winnipeg, llevados por el gobierno del Frente Popular, gracias a la iniciativa de Pablo Neruda. Eran republicanos, derrotados en la guerra civil, que debieron huir a refugiarse en Francia con la llegada de Franco al poder.

Pocas horas antes del embarque se encuentran los esposos, los padres y los hijos disgregados por la tragedia: "Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconoc&#237;an a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Hab&#237;an estado separados desde el fin de la guerra civil. Y all&#237; se ve&#237;an por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me toc&#243; presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirantes.", escribe el poeta.

Un mes m&#225;s tarde, tras una acontecida navegaci&#243;n, el viejo barco, el m&#225;s grande poema de Neruda, entraba en la bah&#237;a de Valpara&#237;so cargado de sue&#241;os y esperanzas.

El mismo Pablo escribi&#243; estas palabras:

&#8220;Me gust&#243; desde un comienzo la palabra Winnipeg. Las palabras tienen alas o no las tienen. La palabra Winnipeg es alada. La vi volar por primera vez en un atracadero de vapores, cerca de Burdeos. Era un hermoso barco viejo, con esa dignidad que dan los siete mares a lo largo del tiempo...

Ante mi vista, bajo mi direcci&#243;n, el nav&#237;o deb&#237;a llenarse con dos mil hombres y mujeres. Ven&#237;an de campos de concentraci&#243;n, de inh&#243;spitas regiones del desierto. Ven&#237;an de la angustia, de la derrota y este barco deb&#237;a llenarse con ellos para traerlos a las costas de Chile, a mi propio mundo que los acog&#237;a. Eran los combatientes espa&#241;oles que cruzaron la frontera de Francia hacia un exilio que dura m&#225;s de 30 a&#241;os.

Yo no pens&#233;, cuando viaj&#233; de Chile a Francia, en los azares, dificultades y adversidades que encontrar&#237;a en mi misi&#243;n. Mi pa&#237;s necesitaba capacidades calificadas, hombres de voluntad creadora. Necesit&#225;bamos especialistas. Recoger a estos seres desperdigados, escogerlos en los m&#225;s remotos campamentos y llevarlos hasta aquel d&#237;a azul, frente al mar de Francia, donde suavemente se mec&#237;a el barco Winnipeg, fue cosa grave, fue asunto enredado, fue trabajo de devoci&#243;n y desesperaci&#243;n.

Mis colaboradores eran una especie de tribunal del purgatorio. Y yo, por primera y &#250;ltima vez, debo haber parecido J&#250;piter a los emigrados. Yo decretaba el &#250;ltimo S&#237; o el &#250;ltimo No. Pero yo soy m&#225;s S&#237; que No, de modo que dije siempre S&#237;.

Est&#225;bamos ya a bordo casi todos mis buenos sobrinos, peregrinos hacia tierras desconocidas, y me preparaba yo a descansar de la dura tarea, pero mis emociones parec&#237;an no terminar nunca. El gobierno de Chile, presionado y combatido, me instaba en un telegrama a cancelar el viaje de los emigrados.

Habl&#233; con el Ministerio de Relaciones Exteriores de mi pa&#237;s. Era dif&#237;cil hablar a larga distancia en 1939. Pero mi indignaci&#243;n y mi angustia se oyeron a trav&#233;s de oc&#233;anos y cordilleras y el Ministro se solidariz&#243; conmigo Despu&#233;s de una crisis de gabinete, el Winnipeg, cargado con dos mil republicanos que cantaban y lloraban, lev&#243; anclas y enderez&#243; rumbo a Valpara&#237;so&#8221;.

"Que la cr&#237;tica borre toda mi poes&#237;a, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podr&#225; borrarlo nadie", escribi&#243; el poeta acerca de esta haza&#241;a.
&lt;/big&gt;
JOHNNY SALOMON.
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    <title>&#8220;MEMORIA HISTORICA: EL MAS GRANDE POEMA DE NERUDA&#8221;</title>
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    <body>&lt;big&gt;Soy un barrenero asturiano. Preso al finalizar la guerra, que me pill&#243; en la defensa de Madrid, me ofrecieron trabajar en la obra de la &#8220;reconciliaci&#243;n&#8221;, en la obra por los ca&#237;dos en la Guerra Civil. Los de un bando y otro, siempre que los rojos fueran cat&#243;licos. Ni ellos mismos se cre&#237;an sus propias mentiras. &#191;Qui&#233;n entonces pensaron que les iba a creer? Pero, bueno, por cada d&#237;a trabajado me quitaban dos de pena, y en algunos casos hasta cinco, un m&#237;sero salario y un dinero para mi mujer y mis dos hijos, tambi&#233;n m&#237;sero. Pero, &#191;qu&#233; pod&#237;a pedir? Solo recibir aquello que me quer&#237;an dar.

&#8220;El trabajo os har&#225; libres&#8221;. Ese era el lema. Pero, en realidad, fuimos esclavos para alcanzar la libertad. No voy a contar las dificultades del trabajo, y eso que yo era de los privilegiados por ser quien era: un simple barrenero que se hab&#237;a pasado toda la vida, al igual que mi padre y mi abuelo, en la mina dinamitando. Ahora mi trabajo especializado era primordial, necesario. Y por ello estimado. Los dem&#225;s se dejaban la vida en los andamios, moviendo bloques de piedra de hasta cincuenta y cuatro toneladas como las columnas de Juanelo. Otros enfermos de tifus, tuberculosis, y de hambre, se iban quedando tambi&#233;n por el camino. Todos &#233;ramos presos pol&#237;ticos, aunque nadie lo dec&#237;a. Fue m&#225;s tarde, cuando iniciaron la tarea los presos comunes, muchos de ellos adictos al r&#233;gimen, y que eran capaces de matar y robar por salir antes y sobrevivir.

Mi trabajo consist&#237;a en destripar aquella roca donde ir&#237;a situada la Bas&#237;lica. Horadarla, dinamitarla y dejar que los obreros-presos sacasen la piedra. Pico y pala. La gigantesca obra fue tomando forma de la mano de aquellos republicanos que ca&#237;an y eran sustituidos inmediatamente por otros. &#191;Cu&#225;ntos muertos? Nadie lo sabe. No quer&#237;an estad&#237;sticas deshonrosas. Pero, yo vi caer a muchos. Obreros libres y presos unidos en la muerte. Y m&#225;s cuando se construy&#243; la gran cruz. Cada piedra esta ba&#241;ada de sangre. Pero, eso es historia, que no memoria.

Cinco a&#241;os estuve all&#237;. Cinco largos a&#241;os con unos inviernos que congelaban los barrenos, las manos, y hasta las l&#225;grimas. Y unos veranos calurosos como bien sabe la gente de la sierra de Guadarrama. Pero, yo quer&#237;a remontarme en el tiempo y llegar al d&#237;a de la inauguraci&#243;n, 1 de abril de 1940. All&#237; estaban todos: El Gobierno en pleno y los falangistas y los requetes, el clero. Embajadores. El se&#241;or arquitecto, Pedro Muguruza. Varela, Moscardo, Yag&#252;e, Saliquet, Mill&#225;n Astray, Serrano Su&#241;er, y un largo etc&#233;tera, adem&#225;s del Ministro sin cartera Rafael S&#225;nchez Mazas.

Y Franco. Que iba a inaugurar la obra explotando un barreno. En realidad lo explot&#233; yo. Y mirando al cielo ped&#237; a Dios la fuerza de diez hombres, la de Sans&#243;n entre las columnas ante los fariseos, la de H&#233;rcules, la de todos los ca&#237;dos de uno y otro bando, por haber podido lanzar aquel barreno. &#161;Cu&#225;nto no hubiera cambiado la historia!
&lt;/big&gt;
JOHNNY SALOMON.
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    <title>&#8220;MEMORIA HISTORICA: CUELGAMUROS&#8221;</title>
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    <body>&lt;big&gt;No es un bigote casual. Este bigotillo perfilado solo pretende dar un toque de hombr&#237;a y seriedad al que lo lleva. Este desfiladero de hormigas hambrientas de comerse los mocos de esa nariz, que esta justo encima, es una se&#241;a de identidad. Lo lleva Hitler, Franco, &#8230; Este bigote que he decidido dejarme para ahuyentar desgracias, para parecer, que no ser, un camarada. El bigotillo institucional, que no quita el hambre, pero ayuda a tener la comida para no padecerla. El bigote de los vencedores, de los hombres que lucharon contra los maricones de los rojos, como nos llamaba Queipo de Llano.

Con el bigote voy a ir a que me den la cartilla de racionamiento. Un pan para quitar el hambre. Un bigote para conseguirlo. Este bigote reflejo de lo que son y piensan, y que tambi&#233;n dice donde estuvieron. El bigote que da energ&#237;a. Mala leche. Mala sangre. El bigotillo que da derecho a insultar, a transgredir, a elevar a salmo la muerte de inocentes. El bigote de los dictadores, de los tiranos. Y si no se tiene, por imberbe, se pinta a lo Groucho Marx con un corcho quemado.

As&#237; que, aunque nadie lo diga, hay que llevar el bigote pol&#237;tico. Cuidarlo, mimarlo, engordarlo. Para poder tener el sentido racional de la victoria y la seriedad necesaria en el semblante. Una seriedad, que no esta re&#241;ida con la ignorancia, pues tambi&#233;n denota inteligencia; la suficiente para que parezcan intelectuales fascistas. &#161;Con dos cojones! Este bigote que habla y dice: &#8220;Soy un caballero espa&#241;ol, un soldado, un h&#233;roe, un valiente, un vencedor, un hombre&#8221;.
&lt;/big&gt;
JOHNNY SALOMON.
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    <title>&#8220;UN TOQUE HISTORICO: EL BIGOTE&#8221;</title>
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    <body>&lt;big&gt;Juan la ley&#243; una y otra vez hasta que se fue la luz y las palabras de Lola entraron en la penumbra de lo ilegible. Pero, Juan ya se la hab&#237;a aprendido de memoria. Pod&#237;a recitar cada signo hasta con los ojos vendados. Se ech&#243; sobre la cama, tap&#243; su cara con la carta y se durmi&#243;.

Durmi&#243;, durmi&#243; y durmi&#243;; y en el mismo sue&#241;o se gritaba a s&#237; mismo: "&#161;No quiero despertar jam&#225;s!". El tel&#233;fono le sacudi&#243; de nuevo a la realidad. Se frot&#243; los ojos, y alargando el brazo lo tom&#243; de la mesilla de noche. Ya era de d&#237;a.

- Juan, soy Mart&#237;nez. Son la una de la tarde -se oy&#243; decir al otro lado de la l&#237;nea. Era su colaborador.-. &#191;Te encuentras bien? Hoy hay que cerrar a las cinco el negocio con los japoneses.

Juan se qued&#243; en silencio un instante, que fue un siglo de reflexi&#243;n en su mente.

- &#161;Hola, Mart&#237;nez! &#191;Sabes lo que te digo? &#161;Qu&#233; a los japoneses les pueden ir dando por el culo, y al negocio! &#161;No me esperes! &#161;Te acabo de regalar el negocio!

Y no dando opci&#243;n de respuesta colg&#243; el tel&#233;fono. Se sinti&#243; liberado, ligero. Hab&#237;a roto con Lola, y acababa de decidir que con todo lo dem&#225;s. Ya nada le un&#237;a a aquella casa: su hermano Luis ya hac&#237;a a&#241;os que hab&#237;a muerto. Y sus hijos ya no quer&#237;an verle desde hac&#237;a tiempo. Ya no ten&#237;a familia. Lola se hab&#237;a ido, y lo &#250;nico que le ataba a aquella ciudad y al pa&#237;s donde naci&#243;, el trabajo, al que tanta dedicaci&#243;n hab&#237;a dado, acababa de dejarlo. Ya no ten&#237;a obst&#225;culos para cambiar de aires. No se hab&#237;a vuelto loco; se sent&#237;a m&#225;s cuerdo que nunca, y esboz&#243; una sonrisa que le hab&#237;a nacido del alma, de lo m&#225;s profundo.

Y sinti&#243; aquello que ya no sent&#237;a desde que era adolescente. Aquella sensaci&#243;n de ingravidez cuando sal&#237;a de casa de sus padres e iba a reunirse con sus amigos para pasar un rato agradable. Recordaba c&#243;mo sus pies, alocados, iban solos. Volaba y se sinti&#243; capaz de tocar el cielo y la luna y el sol con la punta de sus dedos en un leve salto, sin esfuerzo. Era cierto lo que dec&#237;a Lola. Ahora s&#237; se daba cuenta de que hab&#237;a soltado todo el lastre que durante a&#241;os, ya no sab&#237;a cuando le hab&#237;a atado a la tierra, le hab&#237;a tenido prisionero de sus propias mentiras, de responsabilidades enga&#241;osas, de amores inconclusos.

Tomar&#237;a el primer avi&#243;n hacia Cuba. Siempre hab&#237;a so&#241;ado con ir all&#237;. Aquel clima, aquella vegetaci&#243;n, sus playas, sus mulatas, su ron, las historias de los conquistadores y las de piratas. All&#237; estaba seguro se reencontrar&#237;a consigo mismo. Algo de ropa, su cartera con el pasaporte y las tarjetas, y a volar. Llam&#243; por tel&#233;fono y reserv&#243; billete. No necesitaba nada m&#225;s. Estaba seguro que con el dinero que ten&#237;a ahorrado, casi una fortuna, podr&#237;a emprender en aquel pa&#237;s por muy jodido que estuviera una nueva vida, una nueva identidad. Borr&#243;n y cuenta nueva.

Y tal como lo pens&#243; as&#237; lo hizo. Ya no se acordaba de la carta ni de la foto de &#233;l con Lola, pero al abrir el caj&#243;n de la c&#243;moda all&#237; estaba. Se qued&#243; sorprendido. Todo le volvi&#243; a la memoria. La tom&#243; y la mir&#243; por un instante. "Creo, Lola, que jam&#225;s te olvidar&#233;. Tu tambi&#233;n me has ense&#241;ado tantas cosas...". Y la dej&#243; encima de la c&#243;moda para siempre. La carta se hallaba en el suelo. La cogi&#243; y la deposit&#243; encima de la cama. Tard&#243; diez minutos en hacer la bolsa de viaje y de sentirse dispuesto para salir. Cerr&#243; la llave del gas, la del agua. Volvi&#243; a por la bolsa a la habitaci&#243;n y mirando la carta respir&#243; profundamente. "Adi&#243;s, mi amor. Hasta siempre". Y sali&#243; de la habitaci&#243;n.

Juan se sent&#237;a plet&#243;rico entre la alegr&#237;a y el llanto. Cuando cerraba la puerta tras de si oy&#243; el timbre del tel&#233;fono. "Ya no estoy", pens&#243;. Y haciendo caso omiso baj&#243; las escaleras.

- Se&#241;or Luna, &#161;buenos d&#237;as! -le dijo la portera.

- &#161;Buenos d&#237;as! do&#241;a Luisa. Me voy de viaje. Le dejo la llave de casa. Ya he cerrado el gas y el agua. Recoja lo que haya en la nevera para que no se eche a perder, y cierre la general de la luz, si es tan amable.

- &#191;Va a estar mucho tiempo fuera?

- No lo s&#233;, se&#241;ora. Alg&#250;n tiempo, supongo.

- Pues vaya con Dios, y cu&#237;dese.

En la calle se o&#237;an sirenas de polic&#237;a.

- No s&#233; qu&#233; ocurre que desde hace una hora anda la polic&#237;a por el barrio -dijo la portera al o&#237;r las sirenas-. Dice Goyo, el estanquero, que ha o&#237;do que andan unos terroristas de ETA por aqu&#237;. Da miedo salir a la calle.

- &#161;Oh, vamos, do&#241;a Luisa, que no ser&#225; nada! -intent&#243; tranquilizarla Juan-. Bueno, se&#241;ora, muchas gracias por todo. Y no se olvide de cerrar la general de la luz.

- Descuide. Puede marcharse tranquilo que ya me encargo yo de todo. &#161;Buen viaje y hasta pronto!

- Adi&#243;s, se&#241;ora.

Juan sali&#243; a la calle. Hac&#237;a algo de calor. En realidad el d&#237;a era maravilloso. Apoy&#243; la bolsa en el suelo de la acera y mir&#243; hacia las ventanas de su casa como &#250;ltima despedida. Todas estaban cerradas. Respir&#243; profundamente y tom&#243; la bolsa. Las sirenas de la polic&#237;a se alejaban unas, y otras se acercaban donde &#233;l estaba. Mir&#243; por si ve&#237;a alg&#250;n taxi y al no ver ninguno camin&#243; por la calle hacia el primer cruce. Vio uno que ven&#237;a con el rotulo de libre. Pas&#243; entre los coches que se encontraban aparcados y levant&#243; el brazo. El taxista par&#243; a su lado.

La explosi&#243;n fue como un latigazo enorme, un terremoto en la zona. Juan ni siquiera se enter&#243; de que su cuerpo era alcanzado de lleno por la onda expansiva y que en d&#233;cimas de segundo le hab&#237;a fraccionado en mil trozos. En el coche que hac&#237;a un segundo hab&#237;a tenido a su espalda estaba la caja de la muerte. Un coche bomba. Juan no se enter&#243; siquiera que hab&#237;a muerto. O s&#237;. Luego cristales rotos, escombros, gritos, sangre por todas partes, mutilados, gente corriendo, el taxista que ya no volver&#237;a a bajar bandera. Y una enorme voluta de humo negro proyectaba su sombra sobre la fachada del edificio de enfrente ascendiendo hacia el cielo. Fue una sombra que nubl&#243; toda la calle por un instante. Sirenas. Tras la explosi&#243;n, varios coches ard&#237;an soltando un humo negro, blanco y azul&#243;n que continu&#243; al primero; pero, ya todo hab&#237;a terminado.&lt;/big&gt;


JOHNNY SALOMON.</body>
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    <body>Dedicado a Lola G.J.

&lt;big&gt;Han pasado treinta y un a&#241;os. La vida de algunos, la media de otros, y parte de los que todav&#237;a no hab&#237;an nacido en 1976. No estamos ya en la postguerra, estamos entrando en el postfranquismo, en los inicios de la democracia borb&#243;nica. Justo han pasado cuarenta a&#241;os desde que finalizara la Guerra Civil. Catorce de agosto de 1976. Almer&#237;a. Un estudiante de Biolog&#237;a en la Universidad de Granada, pasa sus vacaciones con su familia, disfrutando con sus amigos, descansando en la tierra que le vio nacer. Como todos los j&#243;venes universitarios de la &#233;poca, pol&#237;ticamente implicado y ahora m&#225;s que nunca, por los cambios pol&#237;ticos y sociales que se estaban produciendo en Espa&#241;a. Javier Verdejo, diecinueve a&#241;os, militante de la Joven Guardia Roja, las juventudes del Partido Del Trabajo de Espa&#241;a.

&#8220;Aquella noche salimos como todas. Hab&#237;a cenado con mi familia y quedado despu&#233;s. Decir que me sent&#237;a especialmente exaltado aquella noche, era poco. Cada d&#237;a o&#237;as y ve&#237;as una infamia nueva en la televisi&#243;n o la le&#237;as en los peri&#243;dicos. Y eso nos cabreaba. Nos sent&#237;amos en parte responsables de ese cambio pol&#237;tico y como se deb&#237;a de hacer, pese a nuestra juventud. As&#237; que decidimos que aquella noche har&#237;amos varias pintadas en la ciudad para seguir d&#225;ndonos a conocer. &#8220;Pan, Trabajo y Libertad&#8221; era nuestro grito de guerra y debajo nuestras siglas PTE. Ten&#237;amos que rivalizar con aquellas que dejaban los de Falange y de las JONS, que llenaban muros y paredes con sus &#161;Viva Franco!, &#161;Viva Jos&#233; Antonio! y &#161;Arriba Espa&#241;a!, como si todav&#237;a siguiesen vivos.

Pretend&#237;an seguir como los cuarenta a&#241;os de dictadura vivida, y ah&#237; est&#225;bamos nosotros para decirles que ya nada iba a ser como antes. Que ahora est&#225;bamos en democracia, que cada hombre y mujer era un voto y que sobre todo, no les ten&#237;amos miedo. Que ya hab&#237;an pasado los d&#237;as de la tortura, del odio contra la izquierda y que ya nada iba a ser como antes. Huelgas, manifestaciones, m&#237;tines pol&#237;ticos se suced&#237;an con hambre atrasada. Ten&#237;amos que ponernos al d&#237;a en el menor tiempo posible y decirle al pueblo, que est&#225;bamos ah&#237;, y darnos a conocer. Decirles que no tuvieran miedo, que hab&#237;a libertad y si no la hab&#237;a, ten&#237;amos que luchar por ella.

Mi madre me dec&#237;a de continuo que no me metiera en l&#237;os. Que no me afiliara a ning&#250;n partido, que las siglas y la ideolog&#237;a se llevaban en el coraz&#243;n. La mujer solo ten&#237;a miedo que aquellos que nos hab&#237;an estado pisando la cabeza durante tantos a&#241;os, volvieran otra vez con las consignas de siempre. Yo estaba convencido de que no. Y sent&#237;a la gran necesidad de estar ah&#237;, de cambiar las cosas y de vivirlas en primera persona.

Anduvimos mis amigos y yo por la ciudad hasta que llegamos al barrio del Zapillo, junto a la playa de San Miguel, donde se encuentra el Balneario. Y vimos propicio escribir en aquellos muros las tres palabras de aliento para un pueblo hostigado por el olvido. Javier cogi&#243; la pluma, que es como llam&#225;bamos a la brocha gorda y se puso a escribir con su buena caligraf&#237;a mural. Nosotros vigil&#225;bamos el horizonte por si llegaba alguien y ten&#237;amos que darnos a la fuga.

Solo hab&#237;a escrito &#8220;Pan, T&#8221; cuando vimos a una pareja de picoletos andando por el paseo, que ven&#237;an en nuestra direcci&#243;n a paso m&#225;s que ligero.

-&#161;Los picoletos! &#8211;llegu&#233; a gritar- &#161;Cada uno por un lado!

Y comenzamos a correr, que nos d&#225;bamos con los pies en el culo. Javier corri&#243; en direcci&#243;n a la arena de la playa pensando que all&#237; estar&#237;a m&#225;s a salvo. Y fueron a por &#233;l.

- &#161;Alto o disparo!

O&#237;mos aquellas palabras con el temor de que algo grave iba a pasar, y mientras corr&#237;a vi como se dirig&#237;an a pie de playa, a por Javier. Par&#233; en mis pasos y les di tres voces.

-&#161;Eh, cabrones! &#161;Venir a por mi!

Ni siquiera me miraron.

-&#161;Qu&#233; se nos escapan todos, co&#241;o! &#8211;grit&#243; uno de los guardias-.
-Ese no. Ese es m&#237;o &#8211;dijo el otro-.

Y parando en la carrera se ech&#243; el fusil a la cara, apunt&#243;, volvi&#243; a dar el alto y dispar&#243; a Javier, que corr&#237;a despavorido mientras miraba hac&#237;a atr&#225;s. Cay&#243; seco de boca en la arena. Le hab&#237;a atravesado el coraz&#243;n de lado a lado. El sonar manso de las olas se vio interrumpido por el trueno del fusil. El eco de aquella bala era un sonido antiguo, ancestral. Era el eco del terror que volv&#237;a a repetirse, o m&#225;s bien como el eco que todav&#237;a no hab&#237;a cesado de rebotar en nuestras almas. Javier yac&#237;a muerto en la playa. Y la impotencia, la rabia, el dolor m&#225;s grande que hasta ahora pude imaginar, fue creciendo en mi como una planta trepadora, desde los pies a mi coraz&#243;n, estrangul&#225;ndome el llanto.
Inici&#233; mi marcha sin dejar de gritar: &#161;Cobardes, asesinos! Y el mar recobr&#243; su sonoridad y ba&#241;&#243; con sus aguas el cuerpo de Javier, llev&#225;ndose su alma.
&lt;/big&gt;
JOHNNY SALOMON.
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    <title>"MEMORIA HISTORICA: JAVIER VERDEJO"</title>
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    <body>No olvid&#233;is la palabra,
que a&#250;n grita su silencio.
Antonio Colinas.

&lt;big&gt;"Me llaman &#8220;Veneno&#8221;, aunque mi verdadero nombre es Paco. Estamos en 1955. Todav&#237;a aguantamos en la serran&#237;a, escondidos de aquellos que no han respetado la legitimidad de la II Republica. Para nosotros la guerra no ha terminado. Si en un principio huimos al monte en un af&#225;n de supervivencia, ahora luchamos por la causa justa del nuevo advenimiento. Somos cinco hombres, ya sin familia. Cinco hombres que asaltan trenes y suministros del r&#233;gimen franquista. Somos su azote, su pesadilla; la sombra de su verg&#252;enza. Soy el &#8220;Veneno&#8221;.

- Si los curas y monjas supieran
la paliza que les vamos a dar,
cantar&#237;an todos a coro:
&#161;Libertad, Libertad, Libertad! &#8211;cantaban cuatro de los cinco hombres, ente risas y bromas-.

- &#191;No cantas Miguel? &#8211;le pregunte al que estaba ya en su manta aislado del grupo-.
- No, porque la paliza nos la han dado a nosotros. &#191;No os dais cuenta? Llevamos casi veinte a&#241;os perdidos de la mano de Dios. Adem&#225;s no tengo ganas de cantar.
- Como quieras &#8211;le conteste-. Si no te duermes podr&#237;as salir a echar un vistazo.
- Si, lo har&#233; &#8211;me respondi&#243;-.

Ahora llevamos una semana instalados en esta cueva. La entrada es peque&#241;a y hay que entrar gateando. La cubrimos de rama para que nadie la vea. Hemos protegido su radio a veinticinco metros aproximadamente con trampas sonoras por si alguien se aproxima. El interior es amplio y confortable. Podemos estar de pie. Pero, lo que m&#225;s me gusta de ella es que podemos hacer fuego para calentarnos y cocinar lo que cazamos; Jajaja, y cantar sin que nadie nos oiga. Para la caza, principalmente conejos, utilizamos cepos y trampas de lazo. No podemos disparar para no ser descubiertos. Y no solemos estar en el mismo sitio m&#225;s de quince d&#237;as.

Al final de la cueva hay un pozo que viene de la superficie, una gatera vertical que utilizamos como salida de emergencia y como punto de vigilancia. La tapamos con una manta llena de hojarasca en la superficie exterior. Por all&#237; subi&#243; Miguel a inspeccionar.

- Esta raro Miguel &#250;ltimamente &#8211;dijo Jos&#233;-.
- Lo que esta es hasta los huevos, como todos &#8211;dijo Arturo-.
- Te mereces que te meta un tiro. As&#237; no conseguiremos nada &#8211;dije mir&#225;ndolos a todos-.
- Pues, yo no me f&#237;o de la actitud de Miguel &#8211;dijo Geremias-. No me da buena espina.
- Piensa mal y acertaras &#8211;sentenci&#243; Jos&#233;-.
- Habr&#225; que observarle &#8211;conclu&#237; yo-.

Nos dispusimos a dormir alrededor de los rescoldos del fuego que todav&#237;a chisporroteaban hac&#237;a la tiznada b&#243;veda de la cueva. El silencio se apoder&#243; de la instancia. Ni un solo ruido que nos llamar&#225; la atenci&#243;n, hasta que Arturo comenz&#243; a hacerse la paja de todas las noches. Y mientras esperaba el regreso de Miguel me venci&#243; el sue&#241;o.

La luz de la ma&#241;ana entr&#243; por la entrada de la cueva para anunciarnos el nuevo d&#237;a. Un d&#237;a prometedor. Ten&#237;amos informaci&#243;n de un convoy del ej&#233;rcito nacional, que pasar&#237;a como a doce kil&#243;metros de nuestra posici&#243;n. Observe a mis compa&#241;eros. Miguel no estaba en su manta. Despert&#233; a todos. &#8220;Miguel no esta&#8221;, les dije. Y entre bostezos y estiramientos pasaron los cinco minutos m&#225;s sombr&#237;os desde que perd&#237; en combate a Juan, mi &#250;ltimo guerrillero muerto. &#8220;Estar&#225; fuera&#8221;, dijo Arturo.

- Me da igual. Coger todas vuestras cosas. Nos vamos ahora mismo.

Protestas, pero, enseguida entendieron a que me refer&#237;a. De un blinco se pusieron todos en pie y los cuatro hombres con sigilo salimos de la cueva. Miguel tampoco estaba fuera. Nos redistribuimos alrededor de la cueva en un radio de cien metros por si pudiera haber una emboscada. No parec&#237;a que as&#237; fuera, pero la incertidumbre de Miguel fue creciendo en nuestros corazones. Silbe como era costumbre para reunirnos en la cima del monte. Y all&#237;, ya todos juntos, les hable.

- Miguel ha desertado. No podemos continuar en la sierra. Estar&#237;amos perdidos si lo hici&#233;ramos. &#201;l conoce todas nuestras guaridas y se conoce esto mejor que nadie. Si nos ha delatado ya estamos en peligro. Se que han sido muchos a&#241;os juntos, pero, ha llegado el momento de que cada uno coja su camino. Yo me ir&#233; a Francia. El que quiera venirse ser&#225; bienvenido.

Hubo un silencio atroz. El silencio callado de la derrota final, del adi&#243;s a las armas despu&#233;s de casi veinte a&#241;os de guerrilla por estos montes. &#8220;Yo me voy contigo &#8211;dijo Arturo-. &#8220;Y yo&#8221; &#8220;Y yo&#8221;, dijeron los otros dos. As&#237; que de inmediato nos pusimos de camino a buscar un refugio donde pasar el d&#237;a, descansando, para iniciar la marcha por la noche. El d&#237;a fue denso, reflexivo, con el olor de la resina de los pinos ambientando el aire. Sin palabras. Vencidos. Con la esperanza de que Miguel apareciera en cualquier momento, y que todo hubiera quedado en un mal entendido.

Al llegar la noche y guiados por la estrella Polar iniciamos la marcha. La &#250;nica cartograf&#237;a que llev&#225;bamos era un mapa de Espa&#241;a arrancado de un libro escolar. Y tras mil aventuras y tras tres meses de andadura, llegamos a Francia sanos y salvos. Soy el &#250;ltimo maqui. Me llaman &#8220;Veneno&#8221;.

Uno de los &#250;ltimos guerrilleros jiennenses, "El Perdiz", qued&#243; oculto en Bail&#233;n, como un topo, hasta 1969. El &#250;ltimo final sangriento de un guerrillero ocurri&#243; en marzo de 1965. Jos&#233; Castro Veiga, "El Piloto", hab&#237;a abandonado la lucha en el verano de 1949 y pas&#243; tambi&#233;n a llevar vida de topo. Permaneci&#243; oculto m&#225;s de 15 a&#241;os. Ten&#237;a ya 50 cuando un antiguo enlace cometi&#243; la villan&#237;a de delatarlo. Tampoco la Guardia Civil le quiso dar, en fecha tan tard&#237;a, ninguna oportunidad: lo ejecutaron en una peque&#241;a aldea de Lugo.
&lt;/big&gt;
JOHNNY SALOMON.
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