07 Ene 2009

Qué bello es matar, qué justo morir (Gaza)

Escrito por: tirita el 07 Ene 2009 - URL Permanente

Qué bello es matar, qué justo morir


Tomando como base el contraste de dos imágenes, la de un bombardero israelí y la del entierro masivo de un palestino, el autor desvela con su prosa punzante las razones últimas que explican la justificación por parte de Israel de su «ira divina» contra el pueblo palestino y la complicidad fascinada que ejerce entre los grandes poderes mundiales.

«Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahvé. Y arrasó aquellas ciudades y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. La mujer de Lot miró hacia atrás y se volvió poste de sal».

Génesis 19, 23-26.

La ira de Dios no es sólo justa sino bella, y su belleza misma revela y proclama su justicia superior. ¿Cómo no sucumbir ante este extraordinario cuadro de El Bosco pintado por la aviación israelí? Los cuerpos y las casas que hay debajo, ¿no son derribados precisamente por la hermosura de este fogonazo divino, de este deslumbrante surtidor de luz? Los que no mueren, los que resisten, los que maldicen entre las ruinas, ¿no son por eso mismo culpables y reclaman con su supervivencia misma una nueva eyaculación de azufre y fuego?

Los más viejos atavismos religiosos se apoyan en los más modernos medios de destrucción. Más allá o más acá de las manipulaciones y las mentiras, nos inclinamos fascinados ante la brutalidad israelí porque es brutal y procede del cielo; admiramos su fuerza y no su causa, y es precisamente la verticalidad incontestable de esta fuerza la que la inviste de una legitimidad inalcanzable para la razón: pues es al mismo tiempo, y en el mismo molde, estética y teológica. Antes sólo se podía destruir una ciudad si se era Dios; ahora lo pueden hacer también los israelíes. Del cielo caen únicamente bendiciones milagrosas y castigos merecidos. La superioridad tecnológica de los sionistas -su superior desprecio por la vida humana- activa esta legitimación teológica que sus gobernantes explotan conscientemente, hasta el punto de que es la propia tecnoteología bíblica de los ataques aéreos, como única fuente ya de legitimidad, la que les obliga a repetirlos a una escala siempre mayor. Es tan bonito, tan placentero, tan fácil, tan justiciero, reducir a escombros una ciudad y sería tan difícil, tan feo, tan moralmente degradante tratar de defender racionalmente el sionismo...

El Dios de la Biblia que destruye desde el aire es tanto más justo y tanto más bello cuanto mayor es su poder de aniquilación. Sus víctimas embellecen Su potencia, justifican Su existencia, homenajean Su misericordia; cuanto más aumenta el número de muertos, más culpables son los cadáveres y más sublime el agresor; cuantos más niños y mujeres y ancianos sucumben a esta luz maravillosa más maravillosa es la luz y más merecido el castigo. «Desproporcionado» -fuera de toda proporción- sólo lo es Yahvé y esto es lo que quieren decir los medios de comunicación y los gobiernos cuando califican así -respetuosa y admirativamente- el uso de la fuerza por parte de Israel: quieren decir que es «divino», sobrenatural, sobrehumano, quieren decir que está justificado, que no podemos juzgarlo y mucho menos condenarlo sin cometer un sacrilegio. Los medios (de destrucción) justifican todos los fines. La «desproporción» tecnológica declara su derecho al margen de las leyes humanas y necesita muy poca propaganda para imponerse: basta con que sea capaz de imitar a Dios y «arrasar las ciudades con todos sus habitantes» en medio de un torrente de luz. Hasta los ateos más encallecidos pasaremos por alto los muertos a condición de que sean muchos y de que se usen para matarlos bombas de racimo y fósforo blanco; es decir, a condición de que el asesino sea omnipotente y su potencia de orden religioso y sobrenatural. Israel es un Estado teocrático por su forma de vivir y por su forma de matar. El resto del mundo le admira precisamente por eso. Y cuando volvemos la mirada hacia el espectáculo, como la mujer de Lot, nos convertimos en mudas columnas de sal.

El aire es puro; el cielo es inimputable. El piloto israelí del F-16 no llega a despeinarse; elegante, sofisticado, puntilloso en el cumplimiento de su misión, desinfectado de todos los bajos instintos que podrían empañar su mirada, brillante, irónico, serio, justo, imita a Dios y a El Bosco y vuelve luego a tiempo a Tel Aviv para probar la comida de un nuevo restaurante indonesio y discutir con su novia los detalles del nuevo mobiliario adquirido en Ikea.

¿Y abajo? ¿Qué ocurre entre tanto abajo? ¿Cómo es la gente de abajo?

Aquí los vemos. Son terrestres, primitivos, emocionales, gritones, amenazadores, oscuros, pastosos, supersticiosos, gregarios, andrajosos, feos, pedestres, horizontales, vulnerables, prescindibles: humanos. El artículo de «El Mundo» que ilustraba esta fotografía añadía que son también «exhibicionistas»: al contrario que los dueños del aire, que preferimos enterrar a nuestros muertos en la intimidad, a los palestinos de Gaza les divierte mostrar los cadáveres de sus niños y proclamar obscenamente su dolor. Al fino antropólogo del periódico español se le olvidaba citar otras diferencias igualmente definitivas: mientras que a los dueños del aire nos gusta morir de viejos en un hospital o en la intimidad de nuestras casas, a los palestinos de Gaza les encanta morir en la calle, en público, reventados sin ningún pudor por una bomba bíblica lanzada desde el cielo; y mientras que a los dueños del aire nos gusta matar sin despeinarnos ni alterarnos -para volver a tiempo de cenar en Tel-Aviv sin tener que pasar antes por la peluquería- a los palestinos de Gaza les gusta matar matándose -pues la rabia y el odio no les permitiría hacerlo de otra forma. Si la «desproporción» israelí se justifica a sí misma, las proporciones humanas de los palestinos se eliminan también a sí mismas. Basta la fotografía del bombardeo israelí para convencernos de la justicia sionista; y basta la fotografía del entierro palestino para convencernos de la culpabilidad palestina.

La diferencia entre israelíes y palestinos se resume en estas dos imágenes, en este contraste que los medios de comunicación, interesadamente o no, alimentan sin descanso: la superioridad estética y teológica de los unos, basada exclusivamente en su armamento, y la inferioridad «natural» de los otros, reducidos de antemano -desde siempre- a pura yesca del fuego de Yahvé, a mero combustible de la Luz Divina. Ningún razonamiento, ninguna súplica, podrán anular esta diferencia; tampoco ningún cohete Qassam. Sólo hay dos maneras de corregir este contraste asentado ya en nuestras retinas y sintetizado mansamente en nuestras miradas: o armamos a los palestinos con misiles, bombas de racimo y fósforo blanco o desarmamos a los israelíes y disolvemos el Estado de Israel. Mientras no ocurra una de estas cosas, de nada sirve que la justicia humana esté de parte de los palestinos en un mundo que babea fascinado -los EEUU, la UE, los gobiernos árabes, la ONU, los medios de comunicación- ante los cuadros de El Bosco que pinta la aviación israelí y la bíblica belleza justiciera que los acompaña. Mientras la justicia humana no nos parezca más justa y más bella que un bombardeo israelí, los palestinos -hagan lo que hagan- sólo conseguirán ensanchar la diferencia y dar pretextos a Yahvé para que los mate desde su remota elegancia imperturbable. No les deis pretextos, no, por favor: no lancéis cohetes, no disparéis fusiles, no saquéis los cuchillos, no defendáis vuestras casas, no protejáis vuestros niños, no gritéis, no lloréis, no comáis, no respiréis. Pero si no hay justicia humana y los palestinos son culpables ante Dios de respirar (¡cuánto más de sangrar!), si hagan lo que hagan han sido ya condenados para siempre, sería vergonzoso condenarlos también -hagan lo que hagan- desde nuestras confortables avionetas morales. Hay ocasiones en que más inmoral que asesinar es precisamente moralizar.

Pero ahora la diferencia se ha reducido un poco. A cubierto de los F-16 en mi casa bien caldeada, estremecido y avergonzado, siento la satisfacción de que los israelíes hayan renunciado a su impunidad divina y hayan entrado en Gaza también por tierra. Todavía inconmesurablemente superiores, se mueven en todo caso a ras de suelo y se vuelven por ello un poco palestinos, un poco humanos, un poco vulnerables; quizás esté incluso justificado matarlos. Quizás incluso mueran unos pocos. Quizás -ojalá-, en vez de miedo o admiración, algunos lleguen a inspirarnos también piedad.

Lo «desproporcionado» se llama Dios; lo «proporcionado» se llama justicia humana. Lo «proporcionado divino» es la belleza; lo «desproporcionado humano» es la compasión. Tal vez en los próximos días veamos por fin la imagen de un tanque israelí destruido por los heróicos defensores de Gaza y nos dejemos llevar luego, tras la alegría, por la desproporción de la compasión -inesperada, incomprensible, irracional- frente al cuerpo de un soldado israelí prisionero o muerto. En ausencia de proporciones, en ausencia de justicia, asesinos ahora expuestos al débil, feo y valiente fuego defensivo, quizás los sionistas, muertos, prisioneros o heridos, posados dolorosamente en tierra, nos parezcan por fin -por primera vez- humanos.

Santiago ALBA RICO Filósofo

Artículo Original en Gara

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Israel ataca escuelas de la ONU mientras ésta mira a otro lado

No contento con la sangrante incapacidad de la ONU para forzar el fin de la masacre genocida en Gaza, Israel bombardeó ayer varias de sus escuelas en Gaza, convertidas en improvisados refugios para cientos de palestinos que huyen de la carnicería. Medio centenar de ellos murieron bajo sus escombros. El todopoderoso Ejército israelí muestra con sus bombardeos indiscriminados su temor atávico al cuerpo a cuerpo contra unos «simples terroristas».

Los palestinos no encuentran ya refugio de la despiadada ira israelí ni bajo la bandera de la ONU. Sangrienta paradoja del drama que asola al pueblo palestino, Israel bombardeó ayer varias escuelas de la agencia de la ONU para los refugiados (UNRWA) matando a medio centenar de palestinos que se habían refugiado en sus instalaciones huyendo de las bombas.

40 refugiados murieron en el ataque aéreo contra la escuela de la ONU al-Fajura, en Yabaliya. Al-Aqsa TV difundió imágenes escalofriantes de las consecuencias del ataque.

Horas antes, otros cinco palestinos, tres de ellos primos que habían huido de los bombardeos en el norte, morían en sendos ataques contra escuelas de la ONU en la ciudad de Gaza y en Jan Junes. «Mientras los judíos sigan aquí, la muerte nos perseguirá allá donde estemos», se resignaba Bahjat Sultan, familiar de algunas víctimas. «¿Donde están los árabes y sus misiles? ¿Por qué no bombardean Tel Aviv?», se preguntaba.

«Es una tragedia horrible que empeora a cada instante. La gente afluye constantemente llena de heridas. Es increíble», alertó John Ging, responsable de la UNRWA en Gaza. «No hay lugares seguros para refugiarse. Todo el mundo está aterrorizado porque no hay sitio al que huir de la violencia», añadió.

La UNRWA protestó enérgicamente por estos ataques a instalaciones claramente identificadas como sedes de la ONU y exigió una investigación «inmediata e imparcial». El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, los tildó de «totalmente inaceptables».

Israel justificó los bombardeos como respuesta a ataques de morteros. EEUU llamó a no sacar «conclusiones precipitadas».

Los servicios de la ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja calificaron la situación de crisis humanitaria total, con heridos que mueren en las ambulancias, bloqueadas por los ataques. Unicef exigió a Israel la apertura de todos los accesos a Gaza. La ONU hizo extensiva la petición a Egipto para que abra el paso de Rafah. El Cairo, que esperaba ayer a una delegación de Hamas, respondía con el silencio a la petición. La ONG Oxfam alertó del colapso de los hospitales con civiles heridos.

Los servicios de urgencia palestinos cifraron ayer en 635 los palestinos muertos y en 2.900 los heridos desde el inicio de la ofensiva el 27 de diciembre.

La cifra de civiles muertos no para de crecer. En un barrio de Gaza, los cadáveres de al menos doce miembros de una misma familia -siete de ellos de entre uno y 12 años de edad- fueron hallados entre los escombros de una vivienda bombardeada. Israel aseguró que el objetivo era un comandante de Hamas que, aseguró, habría logrado huir.

Lo mismo ocurrió en Zeitun, donde ocho miembros de una familia, cuatro de ellos menores, murieron en otro ataque. Otros dos palestinos fallecieron en un ataque en el barrio gazatí de Cheikh Radwan mientras un niño de cinco años murió abatido en Jan Junes.

Al menos siete miembros del personal médico palestino han perdido la vida bajo las balas y las bombas israelíes.

Bajas israelíes

El Ejército israelí reconoció cinco bajas mortales entre sus soldados. Afirmó que cuatro de ellos, incluido un oficial, habrían muerto a última hora del lunes «por fuego amigo».

Por contra, Hamas reivindicó haber dado muerte a decenas de soldados desde el inicio de la incursión terrestre el pasado sábado y anunció que cientos de sus combatientes estarían preparados para inmolarse en ataques contra el Ejército israelí.

Al menos uno de ellos habría logrado su objetivo, según la agencia palestina Maan. El primer ataque kamikaze consignado hasta la fecha habría tenido lugar en Beit Lahia, en el norte de la Franja, y tuvo como objetivo un tanque israelí. El Ejército sionista confirmó el ataque aunque se limitó a reconocer un herido leve entre sus soldados.

Por contra, Tel Aviv insiste en que el Tsahal ha matado a 130 combatientes de Hamas desde el inicio de la ofensiva terrestre.

Una ofensiva que no ha logrado su objetivo formal de poner fin al lanzamiento de cohetes artesanales por la resistencia palestina. Fuentes israelíes informaron de 35 impactos sólo ayer. Uno de ellos habría penetrado por primera vez 45 kilómetros en suelo del Estado de Israel, impactando en la localidad de Gedera. Un informe militar israelí ha advertido que la resistencia palestina está en condiciones de seguir lanzando cohetes durante semanas.

En el plano diplomático, mucho ruido pero poca, o nula, determinación frente a Israel. La nota la volvió a dar el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien no condenó los ataques israelíes a escuelas de la ONU y cargó las tintas sobre Siria para que fuerce a Hamas a claudicar.

El Ejército israelí teme caer en la trampa de una guerra urbana en la sitiada Gaza

Los tanques llevan tres días apostados alrededor de los campos de refugiados. Los convoyes siguen horadando los contornos de Gaza capital antes de penetrar.

Los primeros combates entre el Ejército israelí y combatientes de Hamas estallaron a última hora del lunes en los alrededores de Gaza, en zonas de altísima densidad de población donde la resistencia se difumina.

«Es la etapa más difícil y peligrosa de la ofensiva», escribe Alex Fishman, corresponsal militar del diario «Yediot Aharonot». «Lo que nos espera más allá son edificios-trampa, bombas humanas emboscadas, cohetes anticarro y francotiradores. Lo más duro de los combates está por llegar», advierte.

Lo peor para Israel, siempre según este experto, sería la captura por parte de la resistencia de algún soldado israelí al que esperaría el mismo destino de Gilad Shalit, tanquista capturado el 25 de julio de 2006 en el borde fronterizo del territorio de Gaza.

Hamas no oculta que se trata de uno de sus principales objetivos y llegó a asegurar el pasado domingo que lo había logrado, extremo desmentido por Israel.

No estuvo lejos, según reconoce el diario «Haaretz», que informó ayer de un intento frustrado el mismo domingo cerca de la capital gazatí donde operaba una unidad militar que habría descubierto un túnel utilizado por milicianos.

«Volver a entrar en zonas urbanas debe ser el último recurso y con la idea de no permanecer mucho tiempo», explica el general en la reserva Uzi Dayan, antiguo jefe del Estado Mayor adjunto.

Mark Heller, especialista en cuestiones militares de la Universidad de Tel Aviv, coincide en que penetrar en una localidad o en un campo de refugiados «no es una decisión que se pueda tomar a la ligera». El Ejército israelí «tiene todavía en la cabeza los combates en las localidades libanesas» en el verano de 2006.

Pero, recuerda, «para capturar a los jefes militares de Hamas no hay otra opción que entrar (...) En las estrechas calles, en los sótanos de las casas, Hamas tiene sus arsenales de armas y de cohetes. El Ejército tiene que entrar hasta allí si quiere realmente dar un golpe a la capacidad militar de Hamas», insiste.

Optimista, Heller recuerda que el Ejército israelí penetró en 2002 en los campos de Jenin y Naplusa, en Cisjordania, «sin demasiadas pérdidas y con eficacia. No hay razón para no esperar un buen resultado en Gaza».

La prensa israelí asegura que el Ejército se habría entrenado con una maqueta de partes de la ciudad de Gaza erigida a escala en el desierto del Neguev desde hace meses.

Nahum Barnea, periodista estrella de «Yediot», advierte contra «la euforia de los últimos días en Israel. Sería sabio no afrontar el riesgo y empantanarse en Gaza». GARA

Artículo Original en Gara

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

antoniomorenocasero dijo

http://www.haaretz.com/hasen/spages/1061189.html

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