San Martín, el sueño de San Pepe Chafik
José Chafik Hamdan Amad es tan libanés como mexicano y, además, católico ferviente.
Peina discretamente su cabello de plata con un pequeño peine que guarda en su chaqueta, para que la onda de su flequillo no desentone con el azul claro de sus ojos y una nariz que hace honor a su origen.
En su infancia la familia emigró a México, donde quiso ser torero. Tras algún revolcón inicial desistió. El mundo de las finanzas se rindió a sus pies pero nunca se alejó de los toros.
Primero como apoderado de Manolo Martínez, considerado primera figura del país azteca, y al mismo tiempo como ganadero de éxito. No es casualidad que cuando José Tomás de novillero se fue a México aterrizase en su casa.
Chafik alcanzó las más altas cotas: se multiplican las ganaderías que proceden de su hierro y era la más demandada por toreros y afición. Difícil conjunción esta. Una vez conseguido todo lo posible en México junto a su socio Marcelino Miaja (descendiente del José Miaja de nuestra Guerra Civil).
Marcó su propio tipo. Cuando aquí vemos un toro agalgadao, vueltecito de pitones de Victorino, decimos que está "asaltillado", en mexico lo definen como "achaficado".
Consiguió más allá de lo soñado: que Victorino, el paleto elevado a mito, le vendiese "pajuelas" y vacas para que su sangre también estuviese en México. Todo el mundo lo sabe, Victorino no vende, pero... Chafik lo consiguió.
Una vez conseguido "todo" en México quiso demostrar su valía también en España. Los Lozano le mandaron vídeos de fincas y compró una en la población minera de Azuaga, en Badajoz, muy cerquita de esa carretera retorcida que llaman "el serpentín".
De sitio en sitio compró lo mejor que encontró del encaste de Santa Coloma, del que sabe todo. Guarda bajo su cama los libros con las reatas históricas de los primeros ejemplares que se enviaron a México y no le harían falta, tiene su ganadería y todo lo que tenga que ver con Santa Coloma en la cabeza.
Se plantó en casa de Arturo Cobaleda y compró un gran lote de Barcial. Si las vacas hablasen, le darían las gracias, se lo comerían a besos y le harían la ola. Ellas, tan acostumbradas a comer de manera imaginaria. Me las imagino viendo a Arguiñano a mediodía mientras se relamen con envidia.
No se conformó con lo mejor de Santa Coloma, quiso dejar patente su valía con lo de Domecq. Compró un semental del Marqués y vacas de Daniel Ruiz. Así nació su otro hierro "La Gloria".
El gran problema de los taurinos es que no se les puede sacar de los toros. Pocas veces me he reído tanto como en la entrega de premios de San Sebastián que organizó Tony con las peñas. Compartíamos mesa con varios toreros y ganaderos y todos con el "monotema" hasta que "San Pepe" abrió la boca:"¿Habeis visto Fahnreheit 9/11 ? Tenemos que correr a ese Bush, qué pendejo". La mesa puso cara de póker y a mi me dio pie a pasar el resto de la velada charlando de cine.
¿Por qué le llamo San Pepe? Motivos múltiples avalan este pagano bautismo. Al conducir besa estampitas y se santigua después de cada adelantamiento. Al término de una conversación telefónica se despide con bendiciones para ti y tu familia.
De cuando en cuando quedábamos a comer en cualquier VIPS (algo muy mexicano, de donde vienen las cafeterías que hoy infectan Madrid) y siempre pedía una pajita para beber su gaseosa. "Manías de soltero viejo", se justificaba. Sólo bebe en un vaso que tiene en la finca. Alguna vez fuimos también al teatro.
Una vez cuajada nuestra amistad, mientras almorzábamos en "La Corralada" exquisitas berenjena rebozadas, muy cerquita del Wellington, San Pepe abrió su cartera y sacó una estampita. "Toma, es una Virgen de Guadalupe, para que la lleves contigo y te proteja". Casi se me atraganta el plato: "San Pepe, sé que tendría que tomarla pero sería una hipocresía por mi parte. No soy creyente; tampoco estoy bautizada". Mientras guardaba la imagen en su cartera, esbozó una sonrisa: "No importa, Rosita, la guardo hasta que reflexiones". Desde entonces, cada vez que sabemos el uno del otro me repite la pregunta: "¿Reflexionaste ya?"
Cansado de andar seis meses en España y seis en México cada año, vendió gran parte de su ganadería a Ignacio Huelva, en su juventud rejoneador y siempre apasionado por el toro bravo.
Lo fácil es hacerse ganadero de nuevo cuño con un lote de domecqs, como hacen todos los ladrilleros (nuevos ricos de la construcción). Así ven pronto su nombre en los carteles junto al de las figuras. Lo difícil es apostar por encastes del gusto del aficionado como ha hecho Ignacio Huelva. El camino será largo y difícil pero es la gran esperanza para los que nos gustaría ver en todo su esplendor ganaderías como Isaías y Tulio Vázquez, Pérez de la Concha, Hernández Pla...
Hoy se lidian toros de San Martín; me conformo con que uno embista, porque se lo merecen.
Sigo reflexionando...

4 comentarios Escribe tu comentario