Suspensión deseada y maquillada
Antes de que llegue la locura de San Isidro con sus prisas y empujones me gusta llegar a la plaza prontito, charlar con la gente y darme una vueltecita.
Como cayó la tormenta a mediodía quise comprar una almohadilla. Donde me siento no suele pasar el 'hombre-bar', así que conviene llevar la botellita de agua comprada en los bares de la plaza.
A las cinco y media no encontré una sola barra abierta.
Tampoco vendedores de almohadillas en los tendidos altos. Sólo había en las inmediaciones del 7 y 8.
La cosa salía de ojo. Varios operarios de la plaza me contaron que cerca de las tres recibieron un SMS diciendo que era voluntario asistir al trabajo. Es lógico, por 45 euros no merece demasiado la pena ir, y a la empresa menos aún.
Fui a la sala de prensa e hice dos preguntas: "¿Por qué están los bares cerrados? ¿Por qué no hay puestos de almohadillas?".
La contestación fue "no lo sé". Mientras vi indicios de una premeditada suspensión.

Ante mi insistencia fueron a llamar al señor Blanco, gerente de la plaza. Diez minutos después y más conversaciones con los operarios, los servicios de prensa me hicieron saber que no me podía atender.
Fui a mi asiento. Era la única del tendido alto del 3. Se contó por megafonía la suspensión.
Una vez en el patio de cuadrillas el presidente, Manuel Muñoz Infante, me atendió durante un largo rato. Indicó que estuvo hablando con los chavales y que no eran las mejores condiciones para torear. "La ilusión no es suficiente, cuando sale el toro, hay que estar al 100% y el piso no lo está. Sería muy triste echar a perder la oportunidad", indicó.
Entonces comenzó mi persecución a Manuel Martínez Erice, enganchado perpetuo del móvil. Desde el patio de cuadrillas, al desolladero. Del desolladero a la garita que protege el acceso a las dependencias de la plaza. Pasadas las seis y media seguía sin tener noticia. José Ignacio de la Serna me indicó si era necesario hablar con él. "Para mí sí lo es. Si queréis que ponga "la empresa rehusó hacer declaraciones o dar su versión, pues entonces me voy ahora mismo"", expuse.

No pude hablar con ninguno de los actuantes. Por los corrillos supe que salvo Pajares, los otros dos querían torear. Tras dialogar con la empresa y el presidente cambiaron de idea.
Un rato después el empresario nos atendió. Prometió una nueva oportunidad para los chavales. En cuanto a la ausencia de bares abiertos, escasez de porteros o falta de vendedores de almohadillas fue tajante: "Acabo de venir de Sevilla sólo para la novillada, no estoy informado. En cualquier caso se tomarán las medidas oportunas contra los que no han acudido a su puesto de trabajo".
Pasadas las siete de la tarde, cuando estaba dándole a la tecla en la redacción, recibí una llamada de los servicios de prensa de la plaza. Insistían en que la novillada se dará el 20 de junio, pero que era "un nuevo cartel", no un aplazamiento. La corrida del domingo 18 de abril se había suspendido y la del 20 de junio era otra diferente. Algo lógico cuando se pretende cobrar un seguro y cumplir el número de festejos programados que exige el pliego.

De mis fuentes popularecheras llegan varios mensajes: que la taquilla no llegaba a 18.000 euros, que cuando alguien iba a sacar una localidad en las taquillas les decían si estaban seguros, "mira que luego si hay que devolver el dinero se hace mucha cola". Y tanto, cuando sólo dejan una abierta para abonar el precio de la entrada.
Sigo con dudas: ¿Se puso la lona? ¿Saben que iba a llover más? Porque lo daban por supuesto.
Moraleja: Lucrarse es lícito. A costa de la inocencia de los demás, no. Al menos disimulen, que no hacía falta ser Colombo para darse cuenta.








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