Diego Puerta merecía algo más
Ya pasó con 'Antoñete'. La historia se repite con Diego Puerta. El miércoles nos dejó el torero sevillano, miembro del histórico cartel : Camino, Puerta y Viti .
Conocí a Diego Puerta poco . Solo durante dos días en un curso de verano en Almería. Ojalá se repitieran aquellos encuentros porque creaban una atmósfera inolvidable, se prestaban a confesiones y fomentaban la afición joven. A todos nos impresionó su entereza, su claridad y su forma de hablar de más de cincuenta cornadas.
El sevillano comentó sus vídeos, su vida, su carrera y no dejó de contestar las preguntas de los alumnos.
Dejó una lección de futuro. Explicó que cuando se fue, con 33 años, sabía que era para siempre. Juntó a la familia y les explicó que, en lo sucesivo, cambiaba el ritmo de vida, tocaba vivir sin que faltase de nada, pero sin derroche, con orgullo pero con modestia, sin ostentación. Inculcó a sus hijos el valor del trabajo y el respeto al mundo del toro. Les queda una excelente educación, unos principios y una ganadería afinada que lidia poquito.
Sin embargo, de nuevo, los toreros de hoy, parte del G10 falló, no estuvo. Siguen sin darse cuenta que no se trata tanto de una relación interpersonal como de algo litúrgico. Dio bastante pena ver una salida a hombros tan poco poblada.
Da la sensación de que muchos de los matadores de hoy viven al margen de la realidad social por un lado, pero también sin ancla con el mundo al que pertenecen. Si entendieran que la decisión de ser torero tiene que ver más con el rito y la liturgia que con la profesión seguramente se habrían portado de otra manera. Seguramente, también, la fiesta atravesaría un momento distinto. Salvar la fiesta también pasa por respetar y sacar brillo a su pasado, por rendir tributo a aquellos que dieron todo lo que tenían por engrandecerla.








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