José Tómas en Valencia: igual pero diferente

Quince meses después, José Tomás volvió a torear en público. Despejó muchas dudas, casi todas. Pero siembra otra nuevas.
El torero ha vuelto a ponerse en el mismo sitio y con la misma decisión. Sin paso atrás. ¿Los desarmes? Pues eso, que lo mismo, que los hubo. Un par, creo. Una media similar a la de cualquier otro torero del escalafón.

El astro recibió una fuerte voltereta y ahí sí se notó una diferencia. La conmoción duró un poco más de lo habitual en el torero, muy delgado, hasta la bailaba la taleguilla. Le ha cambiado, un poco, el cuerpo, y se le ha marcado el gesto serio en la cara. La nueva figura le da todavía más solemnidad.
Para el que le vea por primera vez puede pasar desapercibido, sin embargo, sí noto un matiz, algo que a primera vista podría ser una sensación. Está un pelín más lento, no tanto de reacción como de movimientos.
A dos asientos del mío tenía a Vicente Ruiz "El Soro", que de lesiones, rehabilitaciones y movilidad, a la fuerza, tiene que saber un rato: "Está mermado de facultades" .
Sí noté alguna diferencias: un quite por delantales que hasta ahora no formaba parte del repertorio habitual y, por encima de todo, un cite más puro y el compás más abierto. Hasta en la manoletina y la gaonera. El resultado me convence: más profundidad, más dominio, más embarcar al toro hasta el final de la embestida.
Antes de la corrida pasé por los corrales. Hubo seriedad en el sorteo, silencio, respeto, y algunas directrices de Joaquín Ramos para enchiquerar la corrida. Quizá bajaba un poco el segundo. De acuerdo, pero menos que el sexto. Para ser Valencia, quizá la más relajada de las plazas de primera categoría el encierro fue más que correcto.
En realidad, esto no es grave. Lo grave sucedió el dia anterior y tiene que ver también con el debate de las orejas y con el reproche anterior de los desarmes. A José Tomás se le exige más porque es diferente y porque juega en otra liga. ¿Qué elige compañeros? Sí, como los demás que quieren mandar en el escalafón.
El viernes, antes de la reaparición del torero de Galapagar se unieron en el mismo cartel, pasado, presente y futuro al mando de la Fiesta. Al menos de la Fiesta que marca el taurinismo oficial: Enrique Ponce, El Juli y Manzanares. Era el momento de dar un golpe de mano, de efecto, de dar la vuelta a la situación, de enseñar que además de José Tomás están ellos. No hubo apuesta, ni gesto, ni gesta, ni intención. Solo una vergonzosa corrida de Garcigrande, bochorno absoluto y esfuerzo de Manzanares. Nueve tardes de José Tomás de aquí a final de temporada que se convierten en nueve citas imperdibles. Igualito que un cartel de tres mandones sin enemigo enfrente, sin un discuros hilvanado, sin un argumento para hacernos creer que los toros tienen un futuro.
¿Que no va a Pamplona (por decir un sitio donde sale el toro? Tampoco han ido Talavante o Manzanares este año. Sin embargo, tienen menos excusas.
Sobre la televisión tengo sentimientos encontrados y pocos datos contrastados para poder tener una opinión formada. Por un lado, su negativa le beneficia para convertirse en mito, también para hacer de cada tarde una ocasión única. Sería bonito que, por una vez, por una ocasión especial (¿quizá en la última tarde de Barcelona?) dejase que se le viese.
¿Merecía las dos orejas? Teniendo en cuenta lo festivalera que ha sido de siempre la plaza de Valencia no parecía el día más adecuado para ponerse rigurosos. En el fondo da lo mismo. O peor aún, la polémica genera todavía más expectación alrededor de José Tomás. Por cierto, Arturo Saldívar estuvo a la altura. Lo difícil es seguir en esa línea, aguantar el tirón.
El gran enigma es por qué ha vuelto. Al margen de su "vivir sin torear no es vivir" , está el amor propio, la expresión artística, la emoción de mandar en el toro, pero también, en el mismo lote va la superación. En ese aspecto es difícil de medir qué le motiva. En Las Ventas, por ejemplo, no puede volver por volver. No es torero de echar las tres cartas, como si nada.








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