Una mañana de apartado y enchiqueramiento de los toros es una delicia... ¡si no es San Isidro!
Se pueden ver críos, familias y jóvenes que no irán por la tarde. Aficionados tomando notas y mayorales confiados en sus toros.
Se pueden vislumbrar muchas virtudes y defectos de los toros: cómo toman las puertas, si hermanan, las querencias, la forma de embestir, si atienden a los estímulos. Para el neófito observador es una gran oportunidad de conocer mejor la materia prima: el toro. Para el aficionado, el momento de hacer quinielas y tomar notas.
El problema estriba en la masificación que hay en los corrales durante la feria. Las colas quitan las ganas de todo...
Si alguien lo quiere conocer de verdad, mejor antes o después de San Isidro. Basta con comprar una entrada, de precio simbólico, poco antes de las doce.