Dejá en paz a la vaquita
Fuimos a pasear por La Boca. Casitas de colores, turistas a granel y, a pesar de eso, mucho sabor local. Barrio de puerto, algo de miseria, picardía y sol para regalar.
Casi en el estadio de boca, me encontré con una veragüeña. Me cansé de citar, ya, hasta escondí la pierna descargando la suerte.
Se oyó en la tienda: "Ché, dejá en paz a la vaquita". Aquí no embisten. Lo peor es que me querían cobrar un dolar o tres pesos por hacerme una foto con la vaquita de reclamo en una tienda de cueros. Y mi nulo sentido del ridículo, ¿qué? Eso sí que no me lo van a pagar ellos.

Pd.: tengo una exclusiva estrictamente taurina. Me la guardo, creo. La semana que viene se sabrá el pastel.
