Llamadme nostálgica. Tachadme de sentimental. Si lo preferís podeis decirme sensiblera. Hasta tolero que me digais "mala aficionada" pero nunca me taparé por seguir a Esplá. Es casi una debilidad infantil. Las pocas tardes que pueda, haré el esfuerzo para ver a mi torero vestido de luces clavando rehiletes de fantasía. Sé que de ahora en adelante es muy difícil que le pueda ver andar por la cara de ningún animal bravo, ni siquiera vestido de corto.
Vale, era una mona pero... ¡nadie le hace esto a estos toros!
Nos puso de acuerdo, el temido sector que los taurinos nunca mencionan quedó tan aborregado como la corrida.
Fue de más a menos, no hubo opción casi para torear bien al natural. Poco importa. Si no se crea el precedente de premiar lo que hizo con el capote, tampoco nadie sentiría que "sirve" de algo.
Tengo un reloj que se para
cuando de mi tú te separas...
En Las Ventas, después Morante, subieron a ver qué pasaba con aquel reloj del 30 que se puso en huelga. No era contra Patxi, sino contra la vulgaridad.
El agradecimiento a Morante fue eterno, como su toreo de capote, como el sabor que deja en el paladar de la afición. Esa temida afición de Madrid, esa fiera desbocada que se merienda toreros de peluche y abre su corazón a un estilista con muñecas de terciopelo.
El sábado, además de disfrutar de un momento de comida típica en el campo y folklore sin artificios, tuvimos una pequeña tienta en la ganadería de Rego Botelho a cargo de Ángel Gómez Escorial. Después de torear todo lo bien que pudo a pesar del viento, y de que los más valientes del lugar demostraran su buen hacer y sobre todo valentía con la muleta, tocaba meter la vaca al corral.
El torero se fue a buscar el animal que estaba cerca del caballo. Devolvió la vaca a toriles con un vistoso quite: "La Mariposa". Lo ideó y popularizó Marcial Lalanca (toco madera). Tiempo después, Luis Franciso Esplá volvió a hacerlo, pero no terminaba de perfeccionarlo. Algo fallaba en la manera de coger el capote y Marcial le enseñó a hacerlo.
Este quite apenas se ha visto en las plazas. Gómez Escorial, de variado repetorio y notable conocimiento de las suertes del toreo, quiso hacerlo también. De pequeño veraneaba en Alicante, donde el padre de Esplá tiene una placita que hasta contó con escuela taurina. Allí se dirigió Ángel Gómez Escorial, el último torero de la parte seria del Bombero Torero, para aprender la ejecución de esta suerte.
En plaza no se suele hacer no sólo por su dificultad, sino también por lo que produce. Si es a un toro propio, mal. Si es del compañero, se le hace una putada y uno se arriesga hasta a llevarse unos cuantos palos. ¿El motivo? Muy sencillo. Se le tocan las orejas al animal y termina resabiado, buscando...
En la primera oportunidad que tuvo para hacer un quite, empezó con "la bata de cola" por gaoneras, marca de la casa. La segunda, por chicuelinas. ¿Con cuál te quedas?