Cornada a destiempo
En el otoño de carrera Frascuelo se ha ido a la enfermería con un buen tabaco. Dos cornalones que le habrán dolido más en su alma de torero romántico que en las carnes rotas.
Quiso hacernos creer que era primavera, con este tiempo tan loco que nos resfría en la plaza. Vio que el toro medio embestía y tras enseñarle a seguir el paño, pronto citó en los medios y ¡a torear! Primero por la derecha y después, de verdad, por naturales. Todo ello impregnado de una torería con sabor añejo que ya no se estila.
Pagó con sangre la osadía y la plaza, entregada entre remates clásicos y cites como mandan los cánones, se quedó sin voz.
Fue un caramelo amargo, difícil de tragar.
Frascuelo, querido por la afición de Madrid, se fue con un percance a destiempo ahora que roza la senectud.
