¿Será la despedida en Salamanca? Al menos, ese deseo expresó en la rueda de prensa.
Ayer salió esta entrevista en El Adelanto .
El bambino dice adiós
"Me voy en la época de toreo épico"
Texto: Javier Hernández Fotos: Archivo
"El Viti era la sobriedad llevada al límite. No necesitaba ni puesta en escena, ni simulaciones"
"José Tomás no es flexible. Impone terrenos y planteamientos a todas las formas de embestir"
Ha pasado todo el día en el campo, en familia, en su finquita pegada al Mediterráneo. Luis Francisco Esplá hoy (por ayer) lo ha apartado todo, los pinceles, los capotes, los libros. Lo ha dejado todo porque es puente y le gusta estar en familia. Cuando llega la noche, el maestro Esplá atiende la llamada de El Adelanto.
PREGUNTA- Maestro, llega la hora del adiós. Han pasado cuatro días desde que lo anunció. ¿Ya le ha dado tiempo a arrepentirse, aunque sea por un segundo?
RESPUESTA - ¡No, por Dios! Si me arrepiento ya, qué será cuando lleve retirado tres o cuatro años. No, es una decisión firme, meditada.
P - A falta del último año, ¿qué se lleva Esplá del mundo del toro?
R - Todo. Mi profesión... He hecho lo que me gustaba y eso es vital. Otro de mis grandes premios es no haber imitado a nadie, haber crecido con mis armas, con mis defectos y virtudes. Me he llevado el respaldo del aficionado, de los compañeros, amén de una solvencia económica necesaria, claro está.
P - ¿Y que se deja en el mundo toro?
R - Me dejado la piel a girones por las plazas, que al fin y al cabo es lo que es el toreo. Porque, mire, el torero, mejor dicho, el artista, tiene y siente la necesidad de compartir su realidad, su concepto, su estétita... Compatir y proyectar lo que siente en su interior. Y así también se deja uno la piel a girones, no sólo con las cornadas.
P - Ha hecho distinción entre toreros y artistas ¿no?
R - Hombre, yo considero artistas a los toreros, pero sí, también los hay que son unos farsantes.
P - Usted se ha inspirado constantemente en suertes, hábitos y formas del pasado... ¿Cuando se inspiren en usted otros toreros, qué rescatarán?
R - No lo sé.. El toreo es cíclico, el público es el que marca las modas. Yo he visto varias épocas... Ahora estamos en la del toreo épico. Yo he seguido fiel a mí mismo, a lo que mamé de las gentes del toro, a mi escuela, a banderilleros vetustos. Para mí imitar es algo que no tiene sentido.
P - Siempre habla del diálogo con el toro... De los de hoy ¿Quién es el que mejor dialoga con el toro?
R - Cada torero tiene una forma de entender, de entablar un diálogo técnico con él. Hay toros y toreros. Hay toreros que no son flexibles, que imponen terrenos y planteamientos a todas las formas de embestir, caso de José Tomás. Mi diálogo, sin embargo, era ir por donde él quería, hacerle creer que el que gobernaba aquello era él para, luego, hacer presente la realidad de llegar al fin que yo deseaba.
P - ¿Con qué tipo de toro se dialoga mejor ¿Con el de Victorino, con el de Cuadri o con el de Domecq?
R - Con el bravo. El toro bravo propicia todo. Da lo mismo la ganadería. El toro bravo y noble es el ideal para el diálogo diáfano. Y, sobre todo, saber dónde y cómo lleva la cabeza. A mi, lo que enturbiaba mi relación con el toro, era la cabeza suelta. Es como el caballo... Si un toro o un caballo llevan la cabeza a su aire, sin someterla, por muy nobles que sean ya no facilitan la relación.
P - El Viti siempre habla de adaptarse al medio para poder triunfar. Usted esa máxima la llevó a rajatabla, se adaptó a cada plaza, a cada tipo de toro, a cada momento personal ¿no?
R - Adaptarse al medio es algo totalmente necesario para el artista, porque cada plaza es mundo y para llegar a todos públicos el artista tiene que cambiar su forma de expresarse, porque no todos los públicos entienden igual. Fíjese, y es curioso, que donde más le cuesta a un artista hacerse entender es en los pueblos, porque es un público cargado de prejuicios.
P - ¿Quién era el mejor cuando usted empezó?
R - ¡Puff! Había un plantel tremendo. Lo bonito es que ninguno se parecía entre ellos. Todo estaba mucho más abigarrado. Y había públicos para todos. Era muy difícil abrirse un hueco. Yo siempre he sido de El Viti. También estaba Camino... Muchos, en mi primer año de alternativa casi pierdo el tren de la cantidad de competidores que había.
P - ¿Y en los años 70-80, en su apogeo?
R - El cotarro estaba dominado por El Niño de la Capea y por Manzanares. Los dos tuvieron su momento, porque hasta había alternancia. Luego llegó Paquirri, que también...
P - ¿Y en la actualidad?
R - José Tomás.
P - ¿Es el mejor que ha visto?
R - De los mejores, sí, de los que he visto, sí. No he visto a Ordóñez, sólo en películas y las películas son algo muerto, sin ambiente, por mucho que muestre la imagen y el sonido.
P - Pero usted dijo que cuando el toreo de José Tomás tomaba tintes de inmolación comenzaba a tener problemas.
R - Sí, ahí empieza a no interesarme. Hay dos José Tomás. Uno se entrega a su técnica, a su sentimiento. El otro se entrega a todo, a la suerte, a la... No sé. Y eso sólo me produce angustia. Y yo no voy a los toros a pasar angustia.
P - Háblemos de Salamanca, pues se le ve poco por aquí.
R - Sí, las empresas y esas cosas.
P - De joven sí que venía por aquí. Un colega cuenta que hasta levantó un nido de águila y amaestró a los aguiluchos.
R - He dejado los tentaderos y ya sólo tiento entre amigos. Sí, lo quité en Salamanca y los tenía por casa. No eran águilas sino milanos. Luego comprendí que la condición es para estar libres. Comían de la mano, pero fueron desapareciendo.
P - Toreó con los tres reyes del toreo charro. ¿Qué le inspiraba El Viti?
R - La sobriedad llevada al límite, un torero que no necesitaba nada más, ni puestas en escena, ni simulaciones. Con su pureza le sobraba. Su temple, su forma de torear era tan auténtica que no necesitaba de ningún aditivo.