La corrida de Adolfo decepcionó, no voy a gastar mucho más tiempo en ello. No se protestó demasiado por respeto al hierro, supongo, pero no era para callarse.
Frascuelo quería pero no pudo.
Rafaelillo porfió sin demasiada suerte.
Valverde sólo lució con la estocada al tercero.
Luis Carlos Aranda se llevó por méritos propio la ovación de la tarde. Se la regaló a su padre.
La corrida de hoy, sin El Fundi, podría haber quedado en mano a mano entre El Cid y Diego Urdiales. Finalmente, pusieron a Iván Fandiño. Ojalá me confunda, pero me parece una oportunidad envenenada.
Los toreros, o quizá sea el propio sistema, tienen una manera peculiar de entender el ejercicio del poder. Creen que estar en lo más alto del escalafón es tener derecho a aliviarse, a darse caprichos, a que se haga lo que se quiera.
Madrid tiene memoria, y salvo en el caso de José Tomás por ser una negociación peculiar, no olvida tan fácilmente.
¿Por qué digo todo esto? Porque la liga de fútbol no se concibe sin que el Barça pise el Bernabéu, pero Ponce y Cayetano no han querido venir a Las Ventas y no pasará nada. No creo ni que les toquen el caché. Además, irán con las ganaderías más cómodas por las plazas de provincias.
Sucede además, que se está perdiendo un camino, un conocimiento, un itinerario. Se ha convertido este sistema en dos mundos paralelos que nunca se cruzan. El de los toristas y los toreristas, cuando lo lógico sería no poder entender una cosa sin la otra. Sin toro no hay ni fiesta, ni emoción, no arte posible que tenga un fundamento ético. Sin torero para evidenciar la bravura, hacer arte (si se puede) y escenificar las condiciones del toro, no tiene sentido alguno este espectáculo tampoco. Sin embargo, la brecha entre los dos mundos es cada vez mayor.
Cuando hay toros no hay toreros. Y viceversa.
Así sucede que cuando llegan los toreros conocidos un público entregado les aplaude todo, sin preocuparse por la condición del toro. Da lo mismo. Lo que importa es contarlo al día siguiente en la oficina. Hay que ver que den muchos pases y a ser posible seguidos. No encuentro justificación para la oreja de Capea salvo este argumento. La Puerta Grande de Castella tiene más que ver con la disposición y ambición del torero, algo que, como a los soldados el valor, se les supone, que con el buen toreo. ¿Alguien recuerda una sola tanda de naturales decente de Castella desde su primera actuación en Madrid?
Cuando hay toro, es el mundo al revés. En ocasiones, nuestra imaginación, las ganas de casta, la entrega por unos hierros de leyenda, nos quiere llevar a ver bravura donde ya casi no queda. Atisbos de poder donde sólo sobresale el genio. Somos aficionados, ruego se nos perdone por ello, pero lo hacemos. En estas ocasiones, vamos con la vara de medir, no perdonamos errores, porque esperamos mucho. Y los toreros salen mal parados. Da la casualidad que suelen ser los diestros con menos oportunidades los que "bailan con la más fea". Muchos se saben privilegiados por matar estos hierros y tratan de no perder las buenas formas y clasicismo, como el caso de Fundi o Valverde, también Esplá, pero no es lo usual. Últimamente, Diego Urdiales ha sabido pasar este trago con mérito. Lo usual es que terminen deformados, con la intención de salir de ese circuito, de esa rueda de hámster que les lleva de plaza en plaza, en el mejor de los casos hasta a Francia para vivir día a día "la fiesta del árbol" con toros cuyos pitones ni caben en la muleta.
Entono un mea culpa cuando se nos olvida darles algo más de cariño o reconocimiento por el esfuerzo que hacen. Tampoco les debemos engañar, pero sí valorar la voluntad.
Dicho todo esto, ayer no se dio la lidia correcta a la corrida de José Escolar.
Rafaelillo estuvo por debajo del primero, un buen toro.
Sánchez Vara, un torero desbordado por la exigencia de Madrid, quiso hacer todo lo que en los pueblos le aplauden pero que aquí canta. ¿Por qué con Capea coló con este no? Por el público, el público de la corrida de José Escolar va sabiendo lo que hay, con los deberes hecho, y un nivel de exigencia mayor.
Robleño no tuvo tanta suerte en el sorteo. Me apena, se confirma lo que tanto se dice en el tendido "el valor se escapa por los agujeros". Ha tragado mucho; no puede estar toda la vida así.
La flor y nata del mundo taurino rindió homenaje al banderillero Adrián Gómez
ALBERTO URRUTIA
Conmovía como nada ver a Adrián Gómez, sentado en una silla de ruedas que ya no le abandonará nunca, recibir, primero en los medios y luego, dando la vuelta al ruedo asistido por su mujer, la cariñosísima ovación del público que llenó el pabellón del Vistalegre. Adrián se quedó parapléjico el pasado mes de junio, cuando, tras poner un par de banderillas, un toro le volteó a placer contra las tablas, durante una corrida celebrada en al localidad madrileña de torrejón de Ardoz. El cartel del festival que supo organizar con gran acierto su jefe de cuadrilla, El Fundi, como homenaje de aprecio infinito a su persona, no era para menos Con él se volcó la crema y nata de la torería allí presente. Se comentaba también entre toro y toro el gesto de José Tomás, que, según se ha sabido en contra de su deseo de mantenerlo oculto, donó enteros los honorarios de la corrida que toreó en la pasada Feria de Santander para contribuir a asegurar, al menos económicamente, el futuro de Adrián y su familia. Así que, sólo por esta causa, volvimos a ver ayer de nuevo a Joselito en el albero, acariciando a su novillo con unas verónicas de muchísimos quilates, ganando terreno y templando la embestida con una cadencia inusual. Había abierto plaza el rejoneador Diego Ventura, quien dejó dignamente representado al gremio ecuestre con su actuación. El Fundi no se quedó a la zaga de Joselito en cuanto al empleo del capote y le enjaretó a su enemigo- como todos, donados generosamente para la ocasión por diversos ganaderos- otras verónicas aquilatadas y armónicas. Pena de fuerza del utrero que se quedó sin gas a media faena… Menos fuerza aun parecía tener el que le tocó en suerte a Enrique Ponce, pero el de Chiva supo hacer de enfermero, en el mejor sentido de la palabra. y le aplicó una particular terapia de muleta a media altura y conocimiento de terrenos que acabó por curarlo. Ver eso fue ya toda una lección de tauromaquia. Luego aplicó sus conocimientos de trigonometría sobre el radio que abarcaba el terreno que el animal sentía como propio, para sacarle todo el partido al novillo, logro por el que ni el mas osado hubiera apostado un real.
Morante volvió loco al gentío, desde el momento en que accedió a clavar banderillas a petición del respetable. Sólo al final de la faena pareció surgir su particular duende, pero la gente le arropó durante toda su actuación como si ello hubiera ocurrido desde el principio. El estocadón que cobró El Juli valió por todo lo hecho anteriormente a su enemigo, como su mejor tributo al homenajeado. Finalmente un chaval llamado Cristian Escribano demostró que la Fiesta puede seguir teniendo continuidad, si es que se muestran las maneras que el mostró, tanto con el capote como con la muleta. Ni que decir tiene que hubo orejas sin cuento para todos, y todos las merecieron. Más que nadie, Adrián Gómez, quien, en compensación de su desgracia, se lleva, al menos y para toda la vida, el imborrable recuerdo de este mediodía madrileño, en el que el mundo taurino le rindió tributo por ver de compensar las consecuencias desgraciadas de su esfuerzo y entrega a la profesión que amó.
Un festival especial como el de hoy merecía una crónica especial como esta de Alberto Urrutia, que además es amigo. Ya sabeis que en el blog suelo juguetear con todo, pero no hago crónicas. Este texto es una excepción cuya calidad justifica la decisión.
Valdemorillo ya tiene carteles .
Salvo El Fundi y Curro Díaz me parecen medio de saldo. Quizá vaya a lo de César Jiménez para ver si me trago lo que he puesto y de paso para ver un Victorino. ¿Alguien más irá?
- Miércoles 4 de febrero. Erales de La Laguna para Christian Escribano, Álvaro Montalvo y Raúl Ribera.
- Jueves 5 de febrero. Novillos de Campo Amor para El Sombrerero, Javier Cortés y Pablo Lechuga.
- Viernes 6 de febrero. Toros de Antonio San Román para Curro Díaz, Juan Bautista y Daniel Luque.
- Sábado 7 de febrero. Toros de Victorino Martín, Núñez del Cuvillo, Antonio San Román, Alcurrucén, El Torreón y Luís Algarra para César Jiménez.
- Domingo, 8 de febrero. Toros de Buenavista para El Fundi, Antonio Ferrera y Ángel Teruel.
Tenía curiosidad por ver cómo terminaba la tarde Perera. Cómo se enfrentaría al sexto, sin orejas en el esportón y sus compañeros con la Puerta Grande asegurada.
Me decepcionó. Tampoco demasiado. Sólo que después de leer tanta leyenda, no vi tanta diferencia. El Fundi sí estuvo muy muy bien en el cuarto. Mejor que El Juli con el quinto. La corrida, bueno, la típico novillada (el torito de El Corte Inglés gritaba un aficionado), sospechosa de pitones y de comportamiento teledirigido de Zalduendo. Segundo y sexto tendrían que haberse devuelto sin excusas. En Barcelona, además de ir poca gente a la plaza -con este cartel tan llamativo ni media plaza- son unos benditos.