La lúgubre hornacina luminosa
Al público de Madrid se le tacha de muchas cosas: insensible, castigador, vocinglero... pero si algo tiene es interés por lo que ocurre en el ruedo y por lo que les pasa a los hombres que se visten de luces.
Cada vez que hay un percance se amontonan los aficionados en la puerta de la enfemería.
Están junto a la ventanita en la que el doctor García Padrós cuelga el parte facultativo con las heridas. No hay un ápice de morbo en todos estos aficionados. Sí hay ganas de conocer el desenlace de un percance. De tener información para volver tranquilos a casa.
