La hornacina del honor
El doctor García Padrós ha tenido que hacer su quite con el bisturí varias veces y no llevamos ni una semana de feria.
Al término del festejo se mantiene una costumbre que más que morbo lo que tiene es admiración por esos superhombres que se enfundan en la seda del chispeante y se la juegan sin miramientos. Cuando se arrastra al sexto comienza la procesión a la hornacina del honor, donde una luz incandescente ilumina los rostros de la primera fila y el parte facultativo con las heridas del valiente.


Están junto a la ventanita en la que el doctor García Padrós cuelga el parte facultativo con las heridas. No hay un ápice de morbo en todos estos aficionados. Sí hay ganas de conocer el desenlace de un percance. De tener información para volver tranquilos a casa.