Picasso y Luis Miguel
La foto es un préstamo-adelanto de la expo-homenaje en la APM de Enrique Meneses.
(Desde que me adoptó soy mucho más feliz).
De este encuentro en Nîmes vino una idea que dio mucho juego a los detractores del torero, a los que le reprochaban su "saber sin sabor" -como me pille Carlos Abella...-. Picasso le diseñó un traje de luces, de un rosa furcia, digo, fucsia, tan estridente que la afición venteña, con esa acidez que sólo destila Madrid, lo bautizó como "La Pantera Rosa".
Hubo un tiempo en que los taurinos se relacionaban con cierta naturalidad con el mundo de la cultura y las artes. Esa es una de las barreras que en los últimos tiempos sólo ha traspasado el 'clan Corbacho' y de cuando en cuando Simón Casas.
Decía precisamente el hermano del torero, Domingo Dominguín, que el fútbol era "un espectáculo mediocre en manos de gente brillante y los toros un espectáculo brillante en manos de mediocres". Puede que ni una cosa ni otra sea del todo cierta.
