La historia de Michelito, el niño torero, en EL PAÍS SEMANAL
- ¿Cuáles son tus toreros favoritos?
- Morante de la Puebla y mi papá, señor.
Michel Lagravère apura su lata de cerveza. Dice que sí, que él sabe que mucha gente considera una locura que un niño de 11 años se ponga delante de un bicho que pesa cinco veces más que él, por muy afeitados que tenga los cuernos. "Hasta mis padres, allá en Francia, piensan que estoy loco, pero si yo no viera capaz a Michelito de hacer lo que hace, no lo dejaría". El matador habla y no para de la afición innata de su hijo por el toreo. "Con dos añitos ya toreaba a la perrita. Y ten en cuenta que muchos toreros amigos, en vez de ir a un hotel, se quedaban aquí, y entrenaban en el patio, o en la calle. Como los niños son esponjas, estos cabrones agarraron lo bueno de todo el mundo. Un día, estando en una ganadería, se murió una vaca. Y tenía un becerrito chiquitito. Michelito tenía cuatro años, y Andresito, dos. A un matador español se le ocurrió que lo torearan. Yo pensé: 'En cuanto se arranque la becerra, se espantarán', pero Michelito le pegó cuatro lances y un remate, le hizo una finta como si le pusiera las banderillas y, cuando lo saqué, se puso a llorar. La gente se enteró. Yo ese año toreé 80 corridas por acá por el sur. Y los ganaderos, junto a los toros grandes, embarcaban una vaquita, una becerrita, para que toreara el niño... Así empezó y ahora ya es imposible quitarle la afición...".

