El robot torero
JJ Merelo es un conocido blogger, de los pioneros en a blogosfera hispana . Quizá os suene su nombre porque acaba de ganar un premio de novela con Lujo y Glamour .
No es la primera vez que escribe.
Er Niño Laí
Por El Sobresaliente
1.0El paseíllo lo iniciaron, a las cinco y cinco de la tarde, los tres diestros, Currito el Manchego, Morito del Oriente, y el Niño Laí. El Niño Laí, de cromo y oro, tomaba la alternativa. Lo apadrinaba Morito del Oriente, en realidad Yoshio Morita, de Nara, que vino a España de viaje de novios y ya no volvió. Morito del Oriente miraba de reojo a su apadrinado, con admiración y orgullo. El niño Laí no miraba a nadie. Currito el Manchego, que figuraba en sus carteles de promoción como "la espada más prometedora jamás salida del Campo de Calatrava", no sabía muy bien a qué atenerse, pero su apoderado le había dicho que fuera a la corrida de testigo, y fue. Y bien lejos que había ido, a Alès, en el sur de Francia, que ya podía el niño Laí de los cojones haber tomado la alternativa en, pongamos por caso, Motilla del Palancar, una plaza que, si no renombre, al menos tenía su ruedo, sus burladeros, y todo lo que había que tener. Lo que no tenían, al parecer, es ganas de hacerse famosos con la alternativa del Niño Laí.
Ninguna plaza seria de la península, si consideramos como seria cualquier plaza que permaneciera en su sitio después de los festejos, había querido ser la sede de la alternativa de un robot. Ningún diestro serio, si consideramos como serio cualquier diestro con su taleguilla bien puesta y dos apellidos, quiso tampoco ser su padrino. Así que el apoderado del Niño Laí, Onofre González, había tenido que salir fuera de España por la plaza y fuera de Europa y casi del Universo conocido por un padrino. A Morito del Oriente no le importó en absoluto, es más, le entusiasmó, pues aunaba su vocación sobrevenida en una epifanía en la Maestranza de Sevilla viendo al Juli, y algo que era casi genético en los japoneses, la admiración por un mecanismo bien hecho.
Aunque el primero que dudaba lo bien hecho que estaba el Niño Laí, era el propio Onofre González, que desde el burladero hablaba con el móvil con los padres de la criatura, K1ke y tuktuk.
-Oye, Quique, ¿se torea o no se torea? - decía, masticando un cigarro, y mirando a su pupilo, que se acercaba a los medios y estaba a punto de parar para saludar al público.
K1ke y tuktuk estaban en una furgoneta, aparcada fuera de la plaza. Hablaban utilizando el "sin manos", para no dejar lo que estaban haciendo. K1ke, pegado a un ordenador portátil, miraba la pantalla, y de vez en cuando tecleaba algo, o movía el ratón. K1ke, Enrique Cembreros, con su jersey de pico a rombos, camisa de cuadros, que mirados juntos a cierta distancia producían un patrón de interferencia que provocaba cierto mareo, gafas redondas, en las que se reflejaba la pantalla del ordenador. Sudaba.
-Ehh... bueno, quedan unas generaciones, déjame que lo evolucione unas generaciones más, ya está... ehhh... oye, ¿no puedes hacer que empiece el japonés? - le contestó, mirando los últimos números que aparecían en la pantalla
