Coronas y cepos
Después de asistir a corridas como esta, con sus grandes luces y alguna sombra, todo hay que decirlo, uno echa la mirada atrás y vuelve a poner en su memoria a los relumbrones del toreo quienes sólo han matado alguna corrida dura alguna vez cuando empezaron. Después, todo ha sido un camino de rosas: aféitame ese toro, esa ganadería no que es muy dura, quiero toros bobones, sin fuerza, a poder ser que se caigan un poco, etc, etc. Pero es verdad que algún día la posteridad les escatimará los favores que muchos de los críticos contemporáneos les dispensaron. Y en alguna ocasión habrá que decirles a esos muñidores: no pongáis a nadie una cororna de laurel demasiado grande, o le caerá en torno del cuello como un cepo.
Sólo un matiz, espero que este "Joselillo, 'la verdad'", no termine como "Rafaelillo, 'la verdad'".

