De novillero prometedor a matador con poco ánimo. Anduvo por debajo de una novilla de Fuente Ymbro en Las Ventas, pero lo bordada en las nocturnas.
Leandro Marcos, ya de matador, con aquella faena a un Cuadri en Sevilla, ilusionó y decepcionó a partes igual. De nuevo, la maldita espada.
Sigue presente el miedo por pasar de joven promesa a vieja gloria. En su mano está cambiar la moneda, mejorar con la espada y mantener el ánimo. Si dejase atrás cierta debilidad podría reivindicarse como un torero diferente.
Gente cercana, a mi y al torero, me dejan claro que ayer mostró su mejor versión en Santander. Pero tampoco mató.
Nunca he hablado con Leandro, sí con su prima Marta, y su hermano Nico. También con Faustino, claro, su gran valedor entre la gente joven. Confío en que no decepcione.
El sábado, además de disfrutar de un momento de comida típica en el campo y folklore sin artificios, tuvimos una pequeña tienta en la ganadería de Rego Botelho a cargo de Ángel Gómez Escorial. Después de torear todo lo bien que pudo a pesar del viento, y de que los más valientes del lugar demostraran su buen hacer y sobre todo valentía con la muleta, tocaba meter la vaca al corral.
El torero se fue a buscar el animal que estaba cerca del caballo. Devolvió la vaca a toriles con un vistoso quite: "La Mariposa". Lo ideó y popularizó Marcial Lalanca (toco madera). Tiempo después, Luis Franciso Esplá volvió a hacerlo, pero no terminaba de perfeccionarlo. Algo fallaba en la manera de coger el capote y Marcial le enseñó a hacerlo.
Este quite apenas se ha visto en las plazas. Gómez Escorial, de variado repetorio y notable conocimiento de las suertes del toreo, quiso hacerlo también. De pequeño veraneaba en Alicante, donde el padre de Esplá tiene una placita que hasta contó con escuela taurina. Allí se dirigió Ángel Gómez Escorial, el último torero de la parte seria del Bombero Torero, para aprender la ejecución de esta suerte.
En plaza no se suele hacer no sólo por su dificultad, sino también por lo que produce. Si es a un toro propio, mal. Si es del compañero, se le hace una putada y uno se arriesga hasta a llevarse unos cuantos palos. ¿El motivo? Muy sencillo. Se le tocan las orejas al animal y termina resabiado, buscando...