La semana sin toros
Lo escribió Joaquín Vidal en el 83. Contaba el último milagro español: "La corrida de toros sin toros". Seguramente, así será la semana que acaba de comenzar.
Hoy sólo me gustó en el primero Tendero. Cuando todos entraron en "panic mode on", él resolvió la papeleta con profesionalidad, entereza y hasta cierta gracia en los remates. No me lo esperaba de alguien que se estrenaba y no me hubiera importado que le hubiese caído una oreja.
En ocasiones me preocupa que la plaza no sepa entender una lidia, una manera de resolver problemas. Sería importante que entendiesen que hay vida más allá del natural y el derechazo.
La corrida ha sido una basura ganadera. No me creo que no haya mejor en la cabaña brava, pero tampoco lo encuentran. No sé cuánto tiempo durará esto pero dan ganas de borrarse.
El Cid anda fuera. Necesita sentarse, tomar aire, reflexionar, renovar las ilusiones, qué sé yo... Los pases de Castella me aburren. Lamento llevar la contraria a la plaza cuando le aplaude tanto pero me parece un pegapases que cuando hace falta se da un atragantón.

Cuando se pone así la plaza es como si estuviésemos en Benidorm (dicho con todo el respeto a los verdaderos aficionados a los toros de esa ciudad turística).

Rubén Pinar por "hechuras" y maneras recuerda demasido a El Juli. Si él hace estas cosas y es figura por qué yo no, pensará el chaval. Entregado en ambos casos, pecó de ventajista en el quinto y eso en Madrid no se perdona. Los paisanos dirán que el palco le birló una oreja. No sería para tanto, si después de tanto pedirla el premio quedó en ovación tras petición. (Esto sí que es una innovación en reseñas). Teníais que ver lo nerviosa que me ponía con su pegapasismo. Que es como comprar toreo al peso. No es lo mismo tres lonchas de jabugo que una lata de chopped en barra. ¿Quién se traga tres de pecho seguidos con enganchones? Menudo engrudo.