Recordaba el toreo de Daniel Luque como ratonero. El paso al toro le ha beneficiado sin duda. Me gustó más en el sexto que en el tercero en la Corrida de la Prensa.
Entre sus virtudes estuvo, la capacidad de aguante, improvisación, resolución, temple, valor.
Entre las aspectos que debe mejorar está el cite: pico y colocación. Será mejor para él cuando lo cambie.
Tengo un reloj que se para
cuando de mi tú te separas...
En Las Ventas, después Morante, subieron a ver qué pasaba con aquel reloj del 30 que se puso en huelga. No era contra Patxi, sino contra la vulgaridad.
El agradecimiento a Morante fue eterno, como su toreo de capote, como el sabor que deja en el paladar de la afición. Esa temida afición de Madrid, esa fiera desbocada que se merienda toreros de peluche y abre su corazón a un estilista con muñecas de terciopelo.
No para de sonar el teléfono. Todo el mundo llama para decirme lo malo que es El Capea.
"Ya, pero ha cortado una oreja en Madrid".
Se espera de mi una indignación que ya no me corresponde. Símplemente me da igual. En la plaza la pedían y se la han dado. No sabemos medir, no sabemos calibrar.
El público pasa de todo.
La prensa de toros, con ese ánimo suyo supuestamente naïf pero venenoso se dedica a edulcorar una realidad penosa. El resultado está ahí: indignación generalizada pero que le quiten 'lo bailao' a Pedro "El Capea".
La gente quiere pases, muchos, muchos y, a ser posible, muy seguidos. ¿Qué importa todo lo demás? Nada, pero es culpa de quiénes han justificado todo tipo de desmanes.
El listón está bajo tierra. No hay medida. Todo vale.
Cada año se repite, aunque no tan pronto. Nos da la cosa tonta esa de la pena y bajamos el listón. Lo de esta primera de feria ha sido de escándalo. Vale que cada año nos dé por sentar un pobre a nuestra
Emilio de Justo, que estuvo bien, pero no para cortar un trofeo, por momentos me recordó a Joselito. Después a Javier Conde con los pasitos de "pitiminí". Lo emborronó con enganchones, pero qué más daba. A la mitad de la plaza le habían regalado la entrada y querían pasarlo bien. Querían borrar una corrida floja, con dos sobreros, con un tercero impresentable y con descaste generalizado.
¿Cómo olvidarlo? Premiando al menos conocido del cartel y con mejor concepto, al que puso ganas e ilusión, entrega y por momentos ligazón. Le faltó colocación, algo de temple.
No está mal premiar al que nada tiene, al que expone y muestra buen concepto, pero... ¿qué le vamos a dar al que medio consiga torear? Hay que tener un criterio claro. Y sobre todo no convertir la feria de San Isidro en Operación Triunfo .
Madrid recibió al torero con un minuto de silencio en recuerdo a su padre, todavía de cuerpo presente. Después, se nos fue un poco la mano al hacerle salir a saludar. No digo que me parezca mal, pero me parece mejor usarlo como estímulo a los que vienen de triunfar, vuelven tras una cornada. Lo entendía como una manera de espolear al torero, hoy lo fue para dar calor cuando se hiela el corazón.
Uceda Leal resultó cogido, se negó a ir a la enfermería. La herida era grave, pero se quedó en el ruedo, despachó al toro con una buena estocada y se le premió con una oreja que desprendía cariño y emoción, pero no demasiado toreo. Este espectáculo también es así. Tiene sus valores. De alguna manera mantienen la grandeza y verdad de este rito.
Ahí terminó la tarde. Después llegó el sopor, el evidente descaste de la cabaña brava, los sobreros, la piedra en los tendidos, las cáscaras de pipas en los tendidos...
En mundotoro.com han colgado un vídeo de la faena de Julio Aparicio premiada con una oreja en Fallas. En primer lugar, me alegro. Es personal, sin caer en el histrionismo de Javier Conde. Cuando se confía da gusto verle, tiene gracia. Y vale, lo reconozco, en muchos de los lances del vídeo está dando medio pase pero con bastante temple.
Esto es lo que pude grabar de la faena de José Tomás al segundo de la tarde, un manso de El Puerto de San Lorenzo.
En algunos momentos me recordó a Pepín Liria.