Visto desde la barrera es tan tan sencillo. Parece como si con los conocimientos teóricos que todos tenemos esos cuatro trapazos que damos con el mantel, el albornoz o cualquier manta de casa fuésemos a ser capaces de hacerlo ante un animal, pero nos pone en nuestro sitio.
El Coronel José Henriques se nota que tiene nociones y cierto arte, además de mucha afición. ¿Qué pensaría cualquiera que viese con tanta afición a todo un responsable de seguridad -ya no- de la OTAN para Oriente Medio?
Raúl Aramburu, el señor que raptaba mi mac durante casi cuarenta minutos para mandar "un correo urgente", ha sido novillero, periodista y empresario en Perú. Aún así, se notó que esto de ponerse delante tiene su complicación.
Una isla taurina, esa sería mi definición. Nunca pensé que en un lugar en medio del Atlántico se pudiese vivir así la afición a los toros, ni que se criasen. Menos aún que se hiciera con autenticidad, sin estridencias.
A pesar del mal tiempo, fuimos a visitar la ganadería de Rego Botelho, conocimos las expresiones de folklore popular de la isla y Gómez Escorial dio todo en la tienta a pesar del viento.
El sábado, además de disfrutar de un momento de comida típica en el campo y folklore sin artificios, tuvimos una pequeña tienta en la ganadería de Rego Botelho a cargo de Ángel Gómez Escorial. Después de torear todo lo bien que pudo a pesar del viento, y de que los más valientes del lugar demostraran su buen hacer y sobre todo valentía con la muleta, tocaba meter la vaca al corral.
El torero se fue a buscar el animal que estaba cerca del caballo. Devolvió la vaca a toriles con un vistoso quite: "La Mariposa". Lo ideó y popularizó Marcial Lalanca (toco madera). Tiempo después, Luis Franciso Esplá volvió a hacerlo, pero no terminaba de perfeccionarlo. Algo fallaba en la manera de coger el capote y Marcial le enseñó a hacerlo.
Este quite apenas se ha visto en las plazas. Gómez Escorial, de variado repetorio y notable conocimiento de las suertes del toreo, quiso hacerlo también. De pequeño veraneaba en Alicante, donde el padre de Esplá tiene una placita que hasta contó con escuela taurina. Allí se dirigió Ángel Gómez Escorial, el último torero de la parte seria del Bombero Torero, para aprender la ejecución de esta suerte.
En plaza no se suele hacer no sólo por su dificultad, sino también por lo que produce. Si es a un toro propio, mal. Si es del compañero, se le hace una putada y uno se arriesga hasta a llevarse unos cuantos palos. ¿El motivo? Muy sencillo. Se le tocan las orejas al animal y termina resabiado, buscando...