Tengo cierto cariño a la plaza de Alcalá. (Natalia las vacaciones te salvaron de las cañas ). Fue la última a la que fui con mi viejo Ford Orion y carnet de estreno con mi abuelo Carmelo. Ganamos un concurso de la radio para la inauguración.
Dicho esto, diez años después, he vuelto a la plaza. Ya había ido a alguna corrida y festival. Creo que la de ayer fue la mejor de todas. El palco estuvo quizá demasiado estricto pero no me molesta.
Como sé que estas serán las últimas dosis de Esplá en vena, aprovecho para ir a verlo. Está más ágil y motivado que nunca. El triunfo de Madrid ha sido lo mejor que le ha podido pasar.
Encabo se volcó en el quinto, toro que aparentemente no veía por el pitón derecho. O eso quería que el público pensase, y después se entregó. Sánchez Vara, dentro de su ¿estilo? hizo lo que pudo y estuvo medio bien. Esplá despachó con maestría los dos astados.
La sorpresa estuvo en que me esperaba algo peor la corrida de Baltasar Ibán. Sé que el que tuvo retuvo pero no lo veía demasiado salvable. Lore lleva veinte días de toros. Me dijo que esta corrida era mejor que ninguna de las lidiadas en toda la feria de Málaga y Almería.
Los toreros, o quizá sea el propio sistema, tienen una manera peculiar de entender el ejercicio del poder. Creen que estar en lo más alto del escalafón es tener derecho a aliviarse, a darse caprichos, a que se haga lo que se quiera.
Madrid tiene memoria, y salvo en el caso de José Tomás por ser una negociación peculiar, no olvida tan fácilmente.
¿Por qué digo todo esto? Porque la liga de fútbol no se concibe sin que el Barça pise el Bernabéu, pero Ponce y Cayetano no han querido venir a Las Ventas y no pasará nada. No creo ni que les toquen el caché. Además, irán con las ganaderías más cómodas por las plazas de provincias.
Sucede además, que se está perdiendo un camino, un conocimiento, un itinerario. Se ha convertido este sistema en dos mundos paralelos que nunca se cruzan. El de los toristas y los toreristas, cuando lo lógico sería no poder entender una cosa sin la otra. Sin toro no hay ni fiesta, ni emoción, no arte posible que tenga un fundamento ético. Sin torero para evidenciar la bravura, hacer arte (si se puede) y escenificar las condiciones del toro, no tiene sentido alguno este espectáculo tampoco. Sin embargo, la brecha entre los dos mundos es cada vez mayor.
Cuando hay toros no hay toreros. Y viceversa.
Así sucede que cuando llegan los toreros conocidos un público entregado les aplaude todo, sin preocuparse por la condición del toro. Da lo mismo. Lo que importa es contarlo al día siguiente en la oficina. Hay que ver que den muchos pases y a ser posible seguidos. No encuentro justificación para la oreja de Capea salvo este argumento. La Puerta Grande de Castella tiene más que ver con la disposición y ambición del torero, algo que, como a los soldados el valor, se les supone, que con el buen toreo. ¿Alguien recuerda una sola tanda de naturales decente de Castella desde su primera actuación en Madrid?
Cuando hay toro, es el mundo al revés. En ocasiones, nuestra imaginación, las ganas de casta, la entrega por unos hierros de leyenda, nos quiere llevar a ver bravura donde ya casi no queda. Atisbos de poder donde sólo sobresale el genio. Somos aficionados, ruego se nos perdone por ello, pero lo hacemos. En estas ocasiones, vamos con la vara de medir, no perdonamos errores, porque esperamos mucho. Y los toreros salen mal parados. Da la casualidad que suelen ser los diestros con menos oportunidades los que "bailan con la más fea". Muchos se saben privilegiados por matar estos hierros y tratan de no perder las buenas formas y clasicismo, como el caso de Fundi o Valverde, también Esplá, pero no es lo usual. Últimamente, Diego Urdiales ha sabido pasar este trago con mérito. Lo usual es que terminen deformados, con la intención de salir de ese circuito, de esa rueda de hámster que les lleva de plaza en plaza, en el mejor de los casos hasta a Francia para vivir día a día "la fiesta del árbol" con toros cuyos pitones ni caben en la muleta.
Entono un mea culpa cuando se nos olvida darles algo más de cariño o reconocimiento por el esfuerzo que hacen. Tampoco les debemos engañar, pero sí valorar la voluntad.
Dicho todo esto, ayer no se dio la lidia correcta a la corrida de José Escolar.
Rafaelillo estuvo por debajo del primero, un buen toro.
Sánchez Vara, un torero desbordado por la exigencia de Madrid, quiso hacer todo lo que en los pueblos le aplauden pero que aquí canta. ¿Por qué con Capea coló con este no? Por el público, el público de la corrida de José Escolar va sabiendo lo que hay, con los deberes hecho, y un nivel de exigencia mayor.
Robleño no tuvo tanta suerte en el sorteo. Me apena, se confirma lo que tanto se dice en el tendido "el valor se escapa por los agujeros". Ha tragado mucho; no puede estar toda la vida así.
Maldición, volvemos a los tiempos de Jesulín.
Parecía que las cosas evolucionaban. ¿Qué os voy a decir? Ayer, en el 37 Congreso del PSOE me presentaron a Bibiana Aído, la miembra, y después de leer la noticia que paso a comentar, me temo que tiene más trabajo del que parece y no sólo para cambiar el diccionario...