Conocí a Diego Puerta poco . Solo durante dos días en un curso de verano en Almería. Ojalá se repitieran aquellos encuentros porque creaban una atmósfera inolvidable, se prestaban a confesiones y fomentaban la afición joven. A todos nos impresionó su entereza, su claridad y su forma de hablar de más de cincuenta cornadas.
El sevillano comentó sus vídeos, su vida, su carrera y no dejó de contestar las preguntas de los alumnos.
Dejó una lección de futuro. Explicó que cuando se fue, con 33 años, sabía que era para siempre. Juntó a la familia y les explicó que, en lo sucesivo, cambiaba el ritmo de vida, tocaba vivir sin que faltase de nada, pero sin derroche, con orgullo pero con modestia, sin ostentación. Inculcó a sus hijos el valor del trabajo y el respeto al mundo del toro. Les queda una excelente educación, unos principios y una ganadería afinada que lidia poquito.
Sin embargo, de nuevo, los toreros de hoy, parte del G10 falló, no estuvo. Siguen sin darse cuenta que no se trata tanto de una relación interpersonal como de algo litúrgico. Dio bastante pena ver una salida a hombros tan poco poblada.
Da la sensación de que muchos de los matadores de hoy viven al margen de la realidad social por un lado, pero también sin ancla con el mundo al que pertenecen. Si entendieran que la decisión de ser torero tiene que ver más con el rito y la liturgia que con la profesión seguramente se habrían portado de otra manera. Seguramente, también, la fiesta atravesaría un momento distinto. Salvar la fiesta también pasa por respetar y sacar brillo a su pasado, por rendir tributo a aquellos que dieron todo lo que tenían por engrandecerla.
- ¿Tú has probado a mojar una galleta en licor de café?
- No.
- Pues vamos a desayunar.
Así empezó uno de los días más locos que recuerdo, el del herradero fallido. Las vacas no subían y nos fuimos al bar, al plan B. El bar no estaba fuera, sino al lado de la placita de tientas. Decidió que así la casa quedaba como casa y el bar como bar. Con fotos de torero, con la barra... con todo lo que se espera de un bar. Incluida la tragaperras.
Chenel podía tirarse horas sin hablar, hasta que arrancaba. Esa mañana, mientras Marco Antonio pinchaba solo los globos amarillos, ahí, heredando las manías del padre, y daba lances con un trapo de cocina empezamos con las galletas Chiquilín y se acabó el género. Y el crío ahí, pidiendo palmas si remataba por bajo o pitos si echaba las
Después, dando tumbos hasta el pueblo a comer chuletas. Rematamos el día de charla a la sombra de un árbol, durmiendo la mona. Como él diría: "con un melocotón".
Solo hubo una queja, la abuela de Marco Antonio se había venido de Francia para cuidarlo durante el herradero.
Las Laderas era ciudad sin ley. Era la casa del toreo, de la pasión, de la entrega, de la tranquilidad y de la sinceridad.
El año 91 volvieron las esencias , se recuperaron las distancias y el toreo de siempre, el clásico, el que no pasa de moda pero en ocasiones se olvida llevó a César Rincón a la cúspide. Quizá fue al contrario, él fue el que no llevó a los demás a los cielos con su colocación y valor, con una entrega sincera como hacía tiempo que no se daba.
Aquella temporada consiguió abrir la Puerta Grande de Las Ventas en cuatro ocasiones. Cuatro de cuatro. Tantos triunfos como paseíllos.
Sus compatriotas se reunieron el viernes para rendirle tributo y reconocer su gesta. Para muchos, el nombre de César Rincón, va unido al de Colombia, su país. Fue conmovedor ver un vídeo de sus inicios, con solo 11 años, entrenando y probándose con una becerra. Rincón es el único ahijado de Antoñete que ha llegado a la altura de su padrino. Antonio, Carine, os eché de menos. El único que tomó su toreo como modelo para dar la vuelta al mundo sin artificios, sin inventos, sin aditivos. Con la colocación, los lances que nunca pasan de moda para llegar a lo más alto. El encuentro fue íntimo, con taurinos, sí, pero sin irse de las manos una atmósfera pensada para que el maestro se encontrara con quiénes han estado a su lado estas dos décadas.
La historia de Rincón es la de la lucha continúa con el toro, al que siempre respetó, y con la vida. Sin perder la sonrisa y la palabra afable. Pocos toreros hablan tan sincero y tan bonito.
En un corrillo durante el homenaje, junto a Juan José Rueda nos comentaba: "El otro día me llamó un amigo desde Estados Unidos. Decía que han encontrado una vacuna para la hepatitis C. Si la hubiera tenía cuando la necesitaba...". Esa fue una de las pruebas, de las cornadas más difíciles de su vida. Una transfusión le tuvo entre la vida y la muerte mucho tiempo. Salió adelante y volvió a los ruedos, como antes de irse.
Como aficionada, estoy en deduda. Uno de mis primeros recuerdos taurinos es la Beneficencia junto a Ortega Cano, la tercera puerta grande de las cuatro consecutivas, la que le hizo ganar dinero ya de verdad. La faena de Bastonito o su despedida en Barcelona dan cuenta de la sinceridad y pureza de este diestro sin igual.
Quince meses después, José Tomás volvió a torear en público. Despejó muchas dudas, casi todas. Pero siembra otra nuevas.
El torero ha vuelto a ponerse en el mismo sitio y con la misma decisión. Sin paso atrás. ¿Los desarmes? Pues eso, que lo mismo, que los hubo. Un par, creo. Una media similar a la de cualquier otro torero del escalafón.
El astro recibió una fuerte voltereta y ahí sí se notó una diferencia. La conmoción duró un poco más de lo habitual en el torero, muy delgado, hasta la bailaba la taleguilla. Le ha cambiado, un poco, el cuerpo, y se le ha marcado el gesto serio en la cara. La nueva figura le da todavía más solemnidad.
Para el que le vea por primera vez puede pasar desapercibido, sin embargo, sí noto un matiz, algo que a primera vista podría ser una sensación. Está un pelín más lento, no tanto de reacción como de movimientos.
A dos asientos del mío tenía a Vicente Ruiz "El Soro", que de lesiones, rehabilitaciones y movilidad, a la fuerza, tiene que saber un rato: "Está mermado de facultades" .
Sí noté alguna diferencias: un quite por delantales que hasta ahora no formaba parte del repertorio habitual y, por encima de todo, un cite más puro y el compás más abierto. Hasta en la manoletina y la gaonera. El resultado me convence: más profundidad, más dominio, más embarcar al toro hasta el final de la embestida.
Antes de la corrida pasé por los corrales. Hubo seriedad en el sorteo, silencio, respeto, y algunas directrices de Joaquín Ramos para enchiquerar la corrida. Quizá bajaba un poco el segundo. De acuerdo, pero menos que el sexto. Para ser Valencia, quizá la más relajada de las plazas de primera categoría el encierro fue más que correcto.
En realidad, esto no es grave. Lo grave sucedió el dia anterior y tiene que ver también con el debate de las orejas y con el reproche anterior de los desarmes. A José Tomás se le exige más porque es diferente y porque juega en otra liga. ¿Qué elige compañeros? Sí, como los demás que quieren mandar en el escalafón.
El viernes, antes de la reaparición del torero de Galapagar se unieron en el mismo cartel, pasado, presente y futuro al mando de la Fiesta. Al menos de la Fiesta que marca el taurinismo oficial: Enrique Ponce, El Juli y Manzanares. Era el momento de dar un golpe de mano, de efecto, de dar la vuelta a la situación, de enseñar que además de José Tomás están ellos. No hubo apuesta, ni gesto, ni gesta, ni intención. Solo una vergonzosa corrida de Garcigrande, bochorno absoluto y esfuerzo de Manzanares. Nueve tardes de José Tomás de aquí a final de temporada que se convierten en nueve citas imperdibles. Igualito que un cartel de tres mandones sin enemigo enfrente, sin un discuros hilvanado, sin un argumento para hacernos creer que los toros tienen un futuro.
¿Que no va a Pamplona (por decir un sitio donde sale el toro? Tampoco han ido Talavante o Manzanares este año. Sin embargo, tienen menos excusas.
Sobre la televisión tengo sentimientos encontrados y pocos datos contrastados para poder tener una opinión formada. Por un lado, su negativa le beneficia para convertirse en mito, también para hacer de cada tarde una ocasión única. Sería bonito que, por una vez, por una ocasión especial (¿quizá en la última tarde de Barcelona?) dejase que se le viese.
¿Merecía las dos orejas? Teniendo en cuenta lo festivalera que ha sido de siempre la plaza de Valencia no parecía el día más adecuado para ponerse rigurosos. En el fondo da lo mismo. O peor aún, la polémica genera todavía más expectación alrededor de José Tomás. Por cierto, Arturo Saldívar estuvo a la altura. Lo difícil es seguir en esa línea, aguantar el tirón.
El gran enigma es por qué ha vuelto. Al margen de su "vivir sin torear no es vivir" , está el amor propio, la expresión artística, la emoción de mandar en el toro, pero también, en el mismo lote va la superación. En ese aspecto es difícil de medir qué le motiva. En Las Ventas, por ejemplo, no puede volver por volver. No es torero de echar las tres cartas, como si nada.
Duele ver cómo mucha gente se queda en la superficie. Como, al margen del mundo taurino, la gente juzga a Ortega Cano por su imagen en programas del corazón.
Peor es cómo se están portando en Twitter, donde se mezcla el antitaurinismo cada vez más extendido, los prejuicios y los supuestos.
Santiago Martín es una persona modesta. Demasiado en el mundo al que pertenece. No tiene motivos para serlo. Al fin y al cabo, Su Majesta El Viti es la persona que más veces ha atravesado la Puerta Grande de Madrid. 14 veces como matador y dos más como novillero.
Este año se cumplen 50 años de su alternativa. Sin embargo, no quiere homenajes, ni nada que le pueda sacar de su rutina diario. Las excepciones son dignas de mención.
Solo ha asistido al acto organizado por la pena de Vitigudino, su pueblo, donde están los que le siguen desde la juventud.
La otra fue este viernes junto a los miembros del Club Taurino de Londres. En su discurso no dejó de hablar del toro, en su opinión el más olvidado de la fiesta y el que da sentido a todo. ¿Por qué los toreros de ahora no siguen esa línea?
Este segundo vídeo es para los más fan, los que no os queréis perder las palabras del Embajador de Reino Unido en España y Andrew Moore, socio fundador del Club Taurino de Londres.
La concesión de una Medalla de Bellas Artes a un matador de toros tendría que ser motivo de celebración por parte del sector. Hace un par de años sembró la polémica. No es lo mismo que la reciba un matador con reconocimiento por parte del público y sus compañeros, que dársela a Rivera Ordóñez. No solo generó las críticas de compañeros, sino también la devolución del galardón por parte de dos toreros al margen del famoseo: Paco Camino y José Tomás.
En 2010, recién retirado, el premiado fue Luis Francisco Esplá. El pasado viernes el consejo de Ministros tuvo a bien darle la medalla que no recibió en vida a Pepín Martín Vázquez, así como al matador de toros, más joven que muchos en activo, José Miguel Arroyo Delgado "Joselito" .
Gestos como el 2 de mayo se guardan en la retina del aficionado venteño con el mismo cariño que su actuación en el festival del Nevado del Ruiz. Lo tacharon de distante y estirado, quizá solo fue un gran tímido con un excelente concepto de sí mismo y su profesión, dispuesto a ayudar. Ahí estuvo, enfundado en una calzona y con figura para volver a los ruedos , en el festival a beneficio de Adrián Gómez, compañero de la Escuela de Tauromaquia de Madrid.
Al margen de las críticas por la forma en que Martín Arranz dirigió su carrera o la elección del ganado, es incontestable su labor actual como ganadero, la capacidad para diferenciarse, desempolvar quites y suertes en desuso.
Su último gesto fue fuera de los ruedos. Retirado del torero y sin ningún interés el juego se cruzó más que todo el negocio, apoderados, ganaderos y empresarios juntos, por la defensa de la fiesta en el Parlamento de Cataluña. ¿Para qué? Para constatar que estaba solo y, estos es cosecha propia, seguramente con la sensación de que no era ni agradecido ni pagado. Puso su tiempo, sentimiento, talento y pasión para hacer entender qué significan los toros en territorio hostil.
Sin este matador de extraordinarias aptitudes y marcada personalidad, la fiesta que hoy pervive sería peor. ¡Enhorabuena y gracias, matador!
Y José Tomás, no estuvo de corto, pero también, a su manera, sin que saliese en los papeles, dio toda su ayuda, en el hospital y en el hogar del torero de plata.
Y, de paso, regaló algunas píldoras que aquella tarde pasaron desapercibidas pero esta tarde de Otoño en la que muchos teníamos el corazón taurino -y un poquito el otro- pachucho, nos lo ha vuelto a ajustar, a poner en órbita.
"Las Ventas es una plaza muy exigente, siempre me ha gustado esa cara de Madrid, esa manera de pedir más a los toreros porque saben que pueden darlo".
"Hace falta recuperar este tipo de ternas; creo que hay público para nuestro toreo"
Terminaba contando que, después de Madrid, no tenía nada más.
Después de esta tarde de recordar esencias, terrenos, formas y medidas no de otro tiempo, sino de siempre, desterradas sin más motivo que la comodidad, Juan Mora se consagra como torero de Madrid.
No hace muchos años que le dio un sonado escarmiento a Juan Mora, dejándolo varias temporadas fuera de circulación. Como es sabido, el año que resultó Mora triunfador absoluto de la feria de Bilbao, al organizar los carteles del año siguiente y siendo Chopera el apoderado del torero, éste se atrevió a pedirle que únicamente lo incluyera una tarde en una de las corridas comerciales de un cartel de figuras. Y la otra corrida como él quisiera. Mora no habló de dinero ni de exigencias cuando merecía buen trato al ser el triunfador de la feria. La respuesta de Chopera fue despótica: "Te voy a quitar de la feria de Bilbao y de todas mis plazas". Y lo dejó en el paro. No toreó en ninguna de las muchas ferias que organiza en agosto y septiembre, y de ser un torero de buen cartel se quedó en el paro más absoluto porque otros empresarios de menos fuerza que el vasco se negaron a contratarlo, incluso en ferias modestas, por miedo a las posibles represalias de Chopera. Juan Mora, como un torero puntero, pasó al calvario de varias temporadas desterrado a las ferias de pueblo, sin gloria y sin dinero.
Mejora Curro Díaz. Enhorabuena a Borja Prado, ganadero de Torrealta. Morenito, bien, pero de vergüenza con el estoque en el sexto.