Reloj, no marques las horas...
Tengo un reloj que se para
cuando de mi tú te separas...
En Las Ventas, después Morante, subieron a ver qué pasaba con aquel reloj del 30 que se puso en huelga. No era contra Patxi, sino contra la vulgaridad.

El agradecimiento a Morante fue eterno, como su toreo de capote, como el sabor que deja en el paladar de la afición. Esa temida afición de Madrid, esa fiera desbocada que se merienda toreros de peluche y abre su corazón a un estilista con muñecas de terciopelo.


