16 Jul 2014

HÚMEDO VIAJE

Escrito por: trasindependiente el 16 Jul 2014 - URL Permanente

Cuando uno emprende un viaje es fácil que reconozca a quien, como uno mismo, se ha convertido en viajero por un tiempo, cuando se cruce con él. Lo que quizá no es tan frecuente o fácil que ocurra es poder vivir en un solo viaje el recorrido que continuamente hace un elemento de la naturaleza como es el agua.

En mi viaje a Portugal he tenido la fortuna de estar acompañado por el viaje del agua. Desde las transparentes gotas de lluvia en el bosque alentejano hasta el sólido color de la mar más allá del estuario del Tajo he podido vivir cómo la benéfica humedad no ceja en su viaje continuo entre mar y montaña transformada en gota aérea, en corriente terrestre, en vapor blanquecino, en ola espumante, en inmensa y salada superficie azul. Y su viaje, además, ofrece algo incuestionable que cuestiona el mío: uno no puede saber dónde empieza y termina el viaje húmedo. ¿Quizá se inicia en la gota que pende de la aguda hoja del árbol, o en la que se desprende, danzante, de la ola marina que espuma inútilmente? ¿Se encuentra su final en los sucesivos azules que refleja en su transparencia o en la falta de color que aparenta blancura cuando descansa en las nubes? ¿Termina o comienza en la inabarcable inmensidad oceánica?

No sé, no sé responder a lo que yo mismo me pregunto o que ella, el agua, me cuestiona levemente, aunque sí sé que el propio viaje visto desde el viaje del agua es un pequeño temblor que intenta imitar lo inimitable, que intenta ser algo más que un paréntesis, que intenta alcanzar una intensidad vital inalcanzable.


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02 Jul 2014

ASOMARSE

Escrito por: trasindependiente el 02 Jul 2014 - URL Permanente

La luz da calor, fabrica o alimenta la vida para todos, animales, plantas y humanos. Esta última especie, la nuestra, cuando ha extraído de la luz todo aquello que cubre sus necesidades comienza a utilizarla como si la inventara, la disfruta como si la fabricara o la reconvierte en símbolo, quizá porque necesita creer en ella. El humano es el único animal simbólico, el único que distingue netamente entre soñar dormido y soñar despierto, el único que puede saber que un sueño es un deseo incumplido, el único que intenta sustituir realidad por sueño cuando necesita expandirse, cuando su mente le indica que puede aspirar a algo más que a lo que la naturaleza proporciona.

El humano, en su evolución mental, ha conseguido iluminar los sueños transformando la materia que encuentra en la naturaleza, así ha inventado dioses, ha inventando historias que parecen imposibles y que él ha transformado en posibles, ha continuado soñando siempre con el fin de que su camino siga teniendo la apariencia de la infinitud.

Un día uno se asoma a una de las galerías de un famoso museo y encuentra allí el rastro de la luz humana transformada en símbolo, y tiene la suerte de poder captarlo con su cámara y de poder ofrecerlo a los amigos que se acercan a los sueños de uno, a sus jugueteos con la luz y las palabras, a sus recuerdos de los símbolos y a su celebración por no saber dónde termina la luz del sol y dónde empieza la luz soñada por el humano.

Y uno termina por creer, como si tuviera fe, que la luz es un regalo recogido por la inspiración de algunos humanos y transformado de generación en generación en recuerdo de lo posible, eso que nos despierta cada día y da sentido a las duras y asépticas llamaradas que el Sol envía a la Tierra.

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25 Jun 2014

HABLA LA TIERRA

Escrito por: trasindependiente el 25 Jun 2014 - URL Permanente

El otro día, antes de que terminara la primavera, fui a pasear por el campo. En mi caso el paseo, tan querido, desea el campo, y cuando llego allí él me dice que desea el paseo. En consecuencia uno mis pasos al transcurrir del campo y éste me habla. Me dice que llega el verano aunque todavía no esté aquí, me lo dice con el color y la forma de las espigas de cereal, con el florecimiento y los aromas del espliego, con el brillo del caballo hambriento, con las flores vibrantes a punto de agostarse.

El campo no sabe de palabras pero se expresa en colores, aromas, brillos y tierras que piden paseo para amarlas, trabajo para quererlas y agua y luz para transformarlas.

Mi carácter y mi trabajo me alejan de él, del campo, pero yo agradezco a otros que lo cuiden y extraigan de sus tierras lo mejor que pueden dar, lo agradezco paseando y admirando una cotidianidad que rezuma vitalidad y transcurrir, como si la vida no fuera compleja y ardua.

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18 Jun 2014

SALVACIÓN HIPERMODERNA

Escrito por: trasindependiente el 18 Jun 2014 - URL Permanente

En los cursos de filosofía actual, o sea, en esos programas de televisión en los que se subastan trasteros cerrados o se arreglan restaurantes que podrían ser llamados respugnantes (sic) o se ordenan casas cuyo nivel de corrupción supera al del panteón del monasterio de El Escorial, está la respuesta a las dudas de los ciudadanos que creen vivir en un sistema democrático.

El sistema (neocapitalista, subdemocrático, transtrascendente) es una bonita casa kitsch llena de trastos por dentro, los trastos son deseos infundados y ricos en posibilidad aunque su acumulación los ha convertido en deformes huellas de lo que pudo ser. Los trastos se sacan fuera y se subastan para terminar redecorando en estilo transkitch el interior de la casa ahora friamente ordenado. La dueña (que suele ser una mujer porque aún subsiste el mito de la madre) ha llorado mucho durante el proceso y ha sido transubstanciada gracias a las artes del conductor del programa, que casi seguro tiene un nombre que empieza por la letra f (Francisco o Felipe…).

Los espectadores de esas metáforas somos los ciudadanos esclavizados ahora por nosotros mismos, gentes o gente facilona y capaz de votar. Eso sí, podemos encomendarnos (aún con nuestra confesada falta de fe sin confesonario) a:

San Aborto (patrón del partido gobernante)

O a la Virgen de los Dolores Neocapitalistas (patrona del principal partido de la oposición)

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11 Jun 2014

LA DANZA DE LAS PALABRAS

Escrito por: trasindependiente el 11 Jun 2014 - URL Permanente

Si las ideas no son justas, las obras no se realizan; si las obras no se realizan, el arte y la moral no prosperan; si el arte y la moral no prosperan, la justicia no es rigurosa, y el país no sabe en qué apoyarse. Por ello no es posible tolerar que las palabras no estén en orden.

Confucio

Volvía el que rubrica de una feria de libros usados, una ocasión única de ojear y adquirir esos libros en los que uno no tuvo ni la ocasión de pensar, o esos otros que se quedaron en alguna celdilla de la memoria esperando su oportunidad de saltar a la cara del lector en alguna ocasión como esa, o incluso algunos otros que nacieron para el lector y ni ellos ni él sabían que eso había ocurrido hasta el encuentro sobre el mostrador provisional de las humildes maravillas bajo la luz primaveral y anhelante.

Volvía yo de tal ocasión y me refugié con mis adquisiciones en la habitación en la que juego con las palabras tanto mías (¿mías?) como de los otros, de los escritores que depositan su amor a través del orden de sus palabras, como si fueran generadores de generosidad, en quien les dedica una atención interesadamente erótica.

Y empezó la danza.

Mi inicial sorpresa se fue poco a poco acrecentando aunque mis manos y mis ojos contribuyeran a aquel espectáculo abriendo por diversas partes los volúmenes adquiridos y pasando de unos a otros sin ningún orden, solo dejándome llevar por el influjo de la pasión.

Las hojas sueltas con las escasas y fructíferas opiniones que dejó el pintor metafísico y abstracto Mark Rothko se pusieron de pie, en formación, y parecían perseguir al denso volumen de la narración de Iris Murdoch quien, indiferente a la persecución, saltaba pesadamente sobre el pequeño ensayo del erotismo en la Grecia antigua que parecía huir de reojo del Prometeo Encadenado; un Esquilo con bastón lo arrastraba hasta convertir en torbellino todas aquellas opiniones y metáforas que se colocaban alrededor de las experiencias madrileñas del pulcro y ácido Josep Pla quien, sentado junto a la chimenea de los adjetivos, se negaba a bailar, pero servía de decorado central a todo aquel movimiento que, en su vorágine, creaba una especie de sinfonía bailable que no se escuchaba, se veía. Yo la contemplaba encandilado, paralizado y encantado, sin saber si deseaba que terminara o mantenerme en una especie de estado de locura que me conduciría al caos pero que me ahorraría el dolor placentero de volver a las concreciones duras y macizas, como si me hubiera convertido en un bivalvo cuyo destino fuera seguir viviendo sin sus partes blandas.

Apareció de la nada entre mis dudas un derviche giróvago danzarín cuya falda estaba hecha de cuentos tradicionales turcos. Con sus giros, con sus rasgos místicos y sus manos vueltas hacia el cielo y la tierra, fue recogiendo sin tocarlos cada uno de los volúmenes danzarines, cada una de las hojas sueltas, cada uno de los ancianos escritores, y los devolvió al orden de las palabras mientras el propio derviche se iba empequeñeciendo y la visión danzante perdía su luz para permitir que la mente volviera del mundo de la metáfora al mundo del realismo, sin negar la palabra, sin perder su libertad pero manteniéndola en un orden que posibilitara volver a respirar como cualquier humano y que las manos fueran capaces de seguir componiendo frases para que algún día, en el hogar de un desconocido, danzaran con las frases de otros y sorprendieran a algún otro personaje ávido de locura y percepción libresca.

Estoy recuperado. La experiencia fue inolvidable y su permanencia me ha obligado a recordarla y transcribirla para todos los amigos lectores que en el mundo son y anhelan continuar siéndolo.

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04 Jun 2014

ANTIGUA MIRADA

Escrito por: trasindependiente el 04 Jun 2014 - URL Permanente

La sencilla vista que se ve en la imagen no tiene gran cosa de especial en sí misma. En muchos pueblos y ciudades de la Península Ibérica se pueden contemplar vistas similares. Esa en concreto está tomada desde la galería exterior del antiguo hospital de Santa Cruz (hoy museo) en Toledo, y lo que la hace especial es que no ha cambiado en casi nada desde hace quinientos años, como puede ocurrir en otras vistas de otros lugares ibéricos. Pero su especialidad actual va más allá porque esa vista es muy posible que se posara en los ojos de un personaje histórico del que celebramos cuatricentenario este año. Ese paisaje fotografiado tiene la pretensión de haber sido hecho con la mirada de El Greco.

La mirada del pintor no es más importante que otras contemporáneas suyas que también existieron, aunque sí tiene una especialidad porque la mirada del artista se transforma a través de sus manos y talento en obras que aún hoy hacen vibrar nuestros sentidos y evocar posibilidades humanas pasadas, presentes y futuras. Aplicar el colorido y la independencia personal y creativa del artista cretense y toledano a lo que puede evocar esa imagen permite acercarse a lo que el tiempo arrebata y la creatividad humana ofrece.

Desde la pasión celebrativa que he inculcado a la imagen me parece que puede ser emocionante en su sencillez, y que puede ser un recordatorio de lo que el pasado es capaz de convocar en el presente o, incluso, que puede ser un llamamiento a considerar que el presente es el único referente posible, un presente inevitablemente cargado de pasado y posible cimiento de futuro.

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28 May 2014

LA VOZ PRESTADA

Escrito por: trasindependiente el 28 May 2014 - URL Permanente

Una de las libertades más emblemáticas, aunque no sea la fundamental, a la que puede aspirar el humano es la libertad de expresión. No es la más directamente relacionada con el desarrollo vital de cada uno y de la sociedad en la que vive, pero sí es el emblema del resto de libertades porque ella expande y propone la libertad real y necesaria alcanzada en el resto de ámbitos.

La libertad de expresión es una libertad individual que se ve enmarcada por la repercusión que pueda tener la voz que la utiliza: el ámbito familiar, de una asociación, de una ciudad, de una institución, de una región, de un país o incluso universal.

Como toda libertad posible va acompañada de un ejercicio de responsabilidad. Hay un ejemplo claro de lo que planteo: un maestro posee, por supuesto, su libertad de expresión, pero la materia sobre la que la ejerce, los niños, conlleva que su responsabilidad se sitúe por encima de su libertad; según los temas que trate y el enfoque que les dé tendrá que tener en cuenta que está formando personas que algún día serán todo tipo de humanos y no puede, cuanto menos, desviarlos de su humanidad con opiniones y enfoques perfectamente asumibles por los adultos que un niño no está capacitado para digerir. En su contexto la voz del maestro es una voz prestada, prestada por los padres y la sociedad que han delegado en él la formación de las personas que pasan por ella y que generan en parte su propio camino gracias a la voz del maestro.

Hay otros casos en democracia en los que la responsabilidad crece frente a la libertad de expresión, y se corresponden con todo representante público elegido por los ciudadanos en cualquier ámbito de mayor o menor extensión y preponderancia. Lo que salga por su boca a partir de ser elegido, su voz, ya no es únicamente propia sino que representa y se dirige a quienes lo han elegido (y a quienes sin haber votado por él lo reconocen como su representante porque esa es una de las bases de la democracia). Esa es la causa de que el elegido no pueda trasladar sus opiniones sin más a su voz prestada, sino que su responsabilidad como representante habrá de corregir cualquier declaración pública por ser la voz de quienes lo han elegido o lo aceptan como representante o gobernante.

Estos principios básicos y evidentes deberían impedir que escucháramos, procedentes de voces elegidas por los ciudadanos, nada que pueda suponer desprecio de nadie, ni siquiera del contrincante político (también votado, elegido, por una parte de los ciudadanos) pero mucho menos de cualquier ciudadano o grupo de ellos que depende de las decisiones y la voz de sus representantes y ha delegado en ellos el poder que les pertenece.

¿Cuántos representantes públicos olvidan a diario estos principios básicos de la democracia? Muchos, demasiados, y demuestran con ello que su democracia es una pose y no una apuesta real y una práctica cotidiana difícil y exigente, tanto como lo es la delegación que los ciudadanos depositan en ellos del poder que les corresponde.

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21 May 2014

INCONFUNDIBLE

Escrito por: trasindependiente el 21 May 2014 - URL Permanente

El yo, ese auténtico y disfrazado personaje que va con cada uno de nosotros, es alguien que puede llegar a ser molesto a pesar del amor que sentimos por él. Es como una novia o un novio a quien amamos más de lo que nunca podríamos haber imaginado, pero que exige estar siempre con nosotros, de día, de noche, cuando nos lavamos, cuando nos sentamos, cuando trabajamos, cuando estamos distraídos, cuando hacemos todas y cada una de las acciones de nuestra vida; vamos a suponer que nuestro amor no disminuyera con esa presencia constante pero seguro que terminaríamos hartos de la otra persona e incluso hartos de nuestro mismo amor si no perdiéramos de vista en ningún momento al ser amado. De similar manera, el yo, nuestro amor insoslayable, es algo o alguien que a veces cuesta llevar con uno aunque es posible que no queramos perderlo nunca como compañero.

A pesar de su compañía ambivalente ese yo, o nuestro amor por él, tiene una potencia tan característica que creemos es alguien muy especial, como cuando nos enamoramos, que es alguien insustituible, único e incluso necesario para la vida. Y nos gustaría creer, y lo creemos, que es tan especial como para ser inconfundible. Entre las peores y más saludables experiencias de la maduración de cualquiera se encuentra la de comprender que tal o cual inclinación, enfoque, actitud o acción personal es una más de entre todas las inclinaciones, enfoques, actitudes o acciones de quienes tenemos cerca, que casi no se diferencia en nada de las características e inclinaciones de muchos otros, que no somos casi nada inconfundibles sino algo mucho peor, que somos bastante intercambiables.

Hay lugares en el mundo que, incluso fotografiados en sus rincones más recónditos y menos conocidos, y ofrecidos en una fotografía retocada según el capricho de quien la tomó (“yo” en este caso) son siempre inconfundibles. Estoy convencido de que cualquiera que se haya fijado en la imagen que encabeza este artículo ha pensado que es Venecia, y no se ha equivocado.

Los humanos, que tenemos una capacidad repetitiva heredada de nuestros ancestros que nos ha llevado, por ejemplo y por desgracia, a construir en la actualidad barrios enteros que no se diferencian en nada unos de otros, por mucho que se sitúen en lugares tan alejados entre sí como Cuenca y Hong Kong, o Bogotá y Jaipur, por poner algunos ejemplos; los humanos, decía, somos capaces de dejar en herencia a las sucesivas generaciones lugares, ideas, palabras o formas inconfundibles, quizá porque atisbamos, aunque nos cueste reconocerlo, que los que somos perfectamente confundibles entre sí somos nosotros mismos y pretendemos corregirlo dejando alguna huella que simule que el yo, que cada yo, ha nacido por necesidad y que su existencia es una aportación definitiva a eso que intuimos, aunque no lo reconozcamos, no se dedica a otra cosa que a jugar con nuestros grupos de células y con el resto de células vivas, a esa inclasificable y juguetona realidad que llamamos vida.

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15 May 2014

EL VIEJO CAMINO

Escrito por: trasindependiente el 15 May 2014 - URL Permanente

Siempre es gratificante lanzarse a un camino nuevo para uno mismo, aunque solo conduzca a una ruina. El camino siempre reserva la sorpresa de su propia existencia y el misterio de descubrir si tiene fin, si se une a otros caminos o simplemente ha de convertirse en necesaria ruta de vuelta. Si el camino tiene algunos siglos de existencia en su clarear entre plantas y montes nos ofrecerá la posibilidad de saber si la Historia ha sido capaz de modificarlo tanto que haya perdido su sentido, o de preservarlo hasta el punto de ahondar el propio sentido gracias al placer sensible que pueda proporcionar.

El camino que aquí muestro, y no desvelo, conduce desde un pequeño pueblo entre montes no demasiado altos y muy vivos con el espino blanco en flor hasta la ruina de un antiguo monasterio medieval que, poco a poco, va perdiendo su rigidez con el abandono y el descuido humanos, y se va incorporando al mundo natural que lo rodea y que parece no haber cambiado su aspecto desde hace mil años.

La ruina del monasterio queda a un lado de lo que solo aparenta ser el final del camino y éste continúa hasta la desembocadura de un riachuelo en un río más amplio y caudaloso que en esta primavera gloriosa corre alegremente y se represa según las rocas y tierras que lo acogen le van abriendo paso con cierta audacia.

El camino continúa en paralelo al río y se pierde entre los bosques que lo circundan. Se pierde porque el caminante no va a proseguir su invitación, quizá otro día… El camino no puede perderse ni aunque termine bruscamente, su esencia es la existencia de los pasos que lo recorren y lo dibujan. El caminante se conforma con sentarse junto al río y escuchar a los pájaros apurando la vida en una sola estación y al agua que canta, indiferente a los hechos y a los pasos, que parece contenta de ser madre y reflejo de vida con sus tenues cambios, allá, en la naturaleza olvidada y algunos días recreada.

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07 May 2014

ANULACIÓN

Escrito por: trasindependiente el 07 May 2014 - URL Permanente

En una encuesta reciente sobre las elecciones al Parlamento Europeo, publicada en un periódico nacional, una de las preguntas era la siguiente:

¿Se siente usted ciudadano europeo?

Dado el contexto en que se formulaba, la pregunta era capciosa. Yo hubiera contestado a esa pregunta descontextualizada con un sí bastante claro o con un “bastante”, pero en el contexto de la encuesta la pregunta debería haberse formulado de la siguiente forma:

¿Se siente usted ciudadano de la Unión Europea?

Mi respuesta hubiera sido muy diferente en ese caso: no, casi nada.

Creo que muchos de los europeos vivos actuales nos sentimos ciudadanos europeos debido a lo que pudo significar Europa desde la Edad Media hasta el siglo XX. En mi caso no me siento ciudadano de la europa colonizadora, aunque sí de la europa civilizadora, de la europa que ha encontrado y ofrecido al mundo caminos integradores de mayorías y minorías. No de la europa violenta y guerrera aunque sí de la europa promotora de las paces que convirtieron sus diversos estados en ejemplos posibles de un funcionamiento social en búsqueda del equilibrio, como antes lo fueron sus ciudades en desarrollo. No de la europa del comercio especulativo aunque sí de la europa del comercio como facilitador del intercambio entre pueblos y de mejora de la vida de sus habitantes. No de la europa tiránica aunque sí de la europa promotora del fin de la pena de muerte. No de la europa explotadora aunque sí de la europa del desarrollo del conocimiento y las artes. No de la europa economicista aunque sí de la europa democrática.

La Unión Europea no es Europa. La Unión Europea es un club económico con adornos sociopolíticos que no responde a las necesidades de la mayoría de sus habitantes, como bien ha quedado demostrado a lo largo de la crisis que la ha asolado y que ha convertido una europa posible en una europa indeseable.

No, no me siento ciudadano de esa institución economicista llamada Unión Europea, una institución que no solo es responsable de no favorecer la unión auténtica de los estados y pueblos que componen este continente, sino que es responsable de haber convertido la posibilidad de esa unión con fundamentos democráticos en imposible.

Bajo este punto de vista realista y alejado de cualquier propaganda de izquierdas y derechas (que siguiendo el ejemplo de EE.UU. hoy solo son, en cuanto representadas por partidos políticos, facciones del club que sigue las indicaciones macroeconómicas procedentes de grandes consorcios financieros y empresariales) propongo como alternativa democrática a las elecciones al Parlamento europeo introducir en el sobre correspondiente la papeleta que se puede ver más arriba.

Mi voto no solo es nulo debido a que su valor ha sido anulado con las actuaciones de la Unión Europea en lo que lleva de existencia oficial, sino que se reconoce como nulo porque, por un lado responde a una reivindicación seria de la coherencia política y, por otro lado, responde a lo que la Unión Europea ofrece: un valor casi nulo para la mayoría de los ciudadanos europeos, esos que vivimos dignamente (los que podemos) gracias a un salario cada vez más escaso y a una capacidad de adaptación y resistencia puesta a prueba a lo largo de los siglos y renovada a partir de la instauración de la moneda putrefacta. Una moneda, el euro, que solo tiene valor en manos de los que acumulan riquezas con las que especular dentro y fuera de Europa, en manos de quienes consideran la Unión Europea no como una construcción posible e incluyente sino como un paraguas económico a utilizar para su propio beneficio con absoluto desprecio de los ciudadanos europeos y no europeos que aspiramos a, y construimos entre todos, una forma de vida que tenga algún valor para la mayoría.

Invito a todos desde aquí a que, por salvaguardar los principios democráticos, votéis y anuléis vuestro voto legítimo en la misma medida en que ha sido anulado su valor democrático y de representación de la ciudadanía por la Unión Europea.

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