16 Abr 2014

ALGUNAS EXPERIENCIAS HÚMEDAS

Escrito por: trasindependiente el 16 Abr 2014 - URL Permanente

La primavera no surge en todos los lugares al mismo tiempo, y uno agradece tanto esa falta de orden, o el orden supino y natural que refleja esa realidad, que no puede por menos que dedicarle unas palabras mientras recuerda un paseo que dio por una comarca del centro de la Península que se conserva casi igual que hace décadas, con su ruralidad casi intacta y nada impostada, con su belleza escasamente fulgurante aunque sencillamente serena, hija de la variedad orográfica y del agua.

Hace pocos días había llegado escasamente la primavera a La Alcarria, solo se apreciaba en el brillo del sol, en algunas matas floridas y en el cereal que apuntaba su corto verdor apegado a la tierra, que deseaba espigar pero que aún esperaba para ello a que los árboles que todavía casi no tenían brotes ni hojas comenzaran a verdear, a que las retorcidas encinas comenzaran a brillar con sus duras hojas nuevas, a que los bosques de robles perdieran su aire siniestro e invernal, un tanto romántico, y se reconviertieran sus ramas en acariciadoras techumbres lobuladas que ofrezcan sus frutos a los animales salvajes que aún recorren los rincones más alejados de la labor del humano. Una labor que ha hecho de esa comarca un lugar que ahora se llama sostenible pero que siempre ha sido sencillamente productivo; una labor humana que arranca a la tierra, gracias al agua escondida entre sus piedras que un día fueron mar, todo tipo de alimentos animales y vegetales.

Frutas, ganado, cereal, caza, miel, hierbas aromáticas… Todo lo que necesitamos para sobrevivir e incluso para vivir, ese pequeño lujo al alcance de cualquiera que tenga oportunidad e imaginación suficientes para dejarse morir un poco cada día mientras intenta depositar algo de amor en lo que recibe y en lo que ofrece.

Y a pocas jornadas de ese sencillo paseo campestre tiene uno la fortuna de asistir a una representación músico-teatral que combina pasado y presente sin cuestionar el origen de lo representado pero con plena consciencia de que el presente no es aquel pasado del momento de la creación de la obra, sino un privilegio al que la música y un conjunto de artistas unidos sin cortapisas nos permiten acceder.

Es la historia del caballero del Grial que ayuda a la inocente y le ofrece su amor pero no puede revelar su nombre, un nombre que le llevará a separarse de la amada en pro de que lo sagrado se mantenga incólume y lejano mientras lo cotidiano continúa desarrollándose.

En Lohengrin, de Richard Wagner, hay un gran río, el de la música unida al relato que narra y recrea, en el que confluyen multitud de afluentes: el del amor, el de la revolución, el de la unión de un país, el del romanticismo por superar, el de la recuperación de la tragedia clásica, el de la sinfonía, el de la mujer, el del guerrero, el del pueblo, el del ideal, el de la muerte, el de la magia.

Un espléndido río que desde su nacimiento fluye entre remansos, cascadas y roquedales sin dejar de ofrecer un agua cristalina que alimenta las flores de la imaginación, los árboles del pensamiento y la fertilidad del valle del disfrute constructivo, nada evasivo. Desde ese valle se divisan las montañas de la historia que alimentan las aguas con las nieves de los recuerdos, y se puede ver el mar al que inevitablemente abocarán las humedades aunque no se llegue a tocar, el mar de lo deseado y el mar del destino inelegible.

El agua y la imaginación han unido la pequeña comarca castellana y el gran drama romántico de la misma forma que la primavera asoma sus querencias fragmentariamente, con una vocación y una creatividad tan particulares como la que cualquiera puede encontrar en los amables valles de La Alcarria y en el fluir musical de la cuenca teatral de Lohengrin.

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09 Abr 2014

EL PERSEGUIDOR

Escrito por: trasindependiente el 09 Abr 2014 - URL Permanente

Hoy quiero imaginar que en mi camino vital y en el de cualquiera que no esté paralizado, que continúe caminando, que no sea un moribundo personal, estoy perseguido por un personaje de aspecto agradable, nada molesto, que cuando me vuelvo a mirarle desvía su mirada por educación y que se mantiene a prudente distancia sin perderme de vista. Cuando me cruzo con otros caminos vitales de otros errantes de la vida, como yo, noto que también son perseguidos por un personaje que tiene el mismo aspecto que el que considero mío y que se comporta de la misma forma prudente y testaruda. Ese personaje puede tener muchos nombres y apellidos, yo lo voy a llamar sencillamente arte.

El arte nos persigue de lejos e influye sin tocarnos en nuestra forma de caminar y en nuestra mirada, esa ventana del pensamiento que nunca nos informa de si nos asomamos por ella hacia fuera o hacia dentro.

Nuestra mirada no es la misma tras la invención del cine, tras reconstruir en nuestra mente una historia compuesta de fragmentos de luz y hecha con unos rostros y paisajes a los que damos vida en nuestro interior, como hacemos con los sueños.

Nuestra mirada no era la misma tras ser contemplada por los ojos de las figuras de los frescos de las iglesias o por los de las figuras esculpidas recubriendo los templos hindúes, esos ojos que pretendían trascender en apariencia nuestra terrenalidad pero que la llenaban de colores bien terrenos con vocación de paraíso.

La relación con nuestro cuerpo y con los cuerpos de los otros (con nuestro propio existir) no fue la misma tras habitar los templos góticos, tras habitar las termas romanas, tras no poder habitar los templos griegos porque allí residían dioses y penetraban sacerdotes, tras no poder vivir en la orilla izquierda del Nilo pero sí permanecer muertos en ella, tras la transformación de la naturaleza que supuso en otros tiempos la contemplación de las pirámides de Guiza interrumpiendo el horizonte, tras ver reflejado el sol en el lago de mercurio que los califas dispusieron ante su salón de verano en Medina Azahara, tras la prohibición de penetrar en la Ciudad Prohibida y esperar que el ave del emperador llevara al pueblo sus leyes desde el balcón al que el hombre de amarillo se dignaba asomarse, tras contemplar las escaleras relucientes de sangre de los templos mayas, tras no poder ver a los budas escondidos bajo las stupas de Borobudur, tras ver coronada la entrada del Bósforo con la gran cúpula de Santa Sofía, nueva montaña sobre el monte que acogía los esplendores imperiales del oriente mediterráneo, tras pasar entre las piernas del coloso que daba acceso al puerto de Rodas, tras ver representado Edipo Rey, con el Etna humeando sobre la costa recortada al fondo de la escena en el teatro de Taormina…

Somos algo nuevo respecto a nuestros desnudos e inteligentes antepasados tras tanto color, forma y narración que nos convierte en otros, en algo diferente a un producto de músculos, huesos y vísceras lleno de curiosidad y de alternativas para la defensa, la construcción y el cambio, que nos convierte en esculturas móviles pintadas por nuestra propia mano y capaces de protegerse en espacios generados por nosotros mismos que, a su vez, son como variadísimas pieles que pueden incluir a otros o expulsarlos.

Quiero a mi perseguidor y sé que su destino es cuidarme y mantenerme vivo en un estrato diferente al de la supervivencia. No puedo darle las gracias mirándole a los ojos porque él no me lo permite, pero he visto su mirada cuando persigue a otros al volverse para no ver sus ojos, y sé que su mirada blanca agradece que sigamos inventando historias, formas y productos de colores a los que damos nombres y significados que le agradan aunque no los comprenda.


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02 Abr 2014

VIDA

Escrito por: trasindependiente el 02 Abr 2014 - URL Permanente

¿Se inventará la muerte,

la humana,

alguna otra muerte?

¿Ya pasaron todas las muertes,

las muertes inventadas,

las muertes renegadas,

las muertes avergonzadas,

las dulces muertes?

Queda algo de muerte

por inventar.

Queda algo de esperanza

en que la muerte

nunca muera.

Si la muerte pierde

su muerte

¿quién la sustituirá?

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26 Mar 2014

PARADOJAS VIVAS

Escrito por: trasindependiente el 26 Mar 2014 - URL Permanente

El otro día me refería a cómo el gusto barroco recubrió la catedral de Santiago de Compostela salvándola de su destrucción y regalándonos, por ejemplo, los restos de color que aún hoy se pueden ver en el Pórtico de la Gloria, una de las obras maestras del arte universal. Esos hechos históricos me han conducido hacia sucesos similares que se han producido en diversos lugares y tiempos en el mundo.

No está claro que el recubrimiento de la catedral de Santiago tuviera la pretensión de preservar lo que hoy tanto apreciamos, su interior románico, sino que es posible que pretendiera conseguir un nuevo empaque para el edificio que, por sagrado que no por apreciado artísticamente, no se destruyó.

La Historia está llena de hechos paradójicos parecidos al que he relatado, hechos que sin pretender un fin concreto que, con el paso del tiempo se ha hecho evidente, han promovido un fin nuevo que ha superado en ocasiones al objetivo inicial que se pretendía. Vamos a ver algunos ejemplos.

La construcción del canal de Panamá, además de expulsar de sus tierras a multitud de aborígenes y cercenar la continuidad de la selva que atraviesa de costa a costa, ha supuesto que, a la larga, y debido a la necesidad de agua dulce que el funcionamiento del propio canal requiere, una parte de la selva panameña haya sido preservada puesto que es la única forma de que la potencia de las lluvias tropicales continúen alimentando el caudal del río Chagres que aporta sus aguas al canal.

El abandono de la antigua Roma tras la caída del imperio ha permitido que hoy podamos acceder a sus ruinas casi vivas desde el Campidoglio a las termas de Caracalla, aún a pesar de haber sido cantera para los palacios e iglesias romanos.

La larga existencia de una tiranía como la que gobernaba la antigua civilización china, nos permite hoy disfrutar de uno de los lugares únicos por extensión, riqueza y detalles, que existen en el mundo junto a una de las más grandes plazas que se abren en el interior de sus ciudades: la Ciudad Prohibida de Pekín.

La cristianización de la mezquita de Córdoba o la conversión en mezquita de Santa Sofía de Constantinopla nos han legado la actualidad de dos edificios asombrosos que aún hoy nos interpelan con su milenaria existencia.

La colonización americana por parte del imperio español puesta en manos de la orden jesuita en algunos territorios (y terrible en muchos aspectos) nos ha legado el guaraní como lengua viva de Paraguay y los países limítrofes.

Y tantos jardines europeos que hoy sirven pare el recreo de ciudades y ciudadanos democráticos son herederos de las propiedades de monarcas absolutos y por ello, intrínsecamente injustos.

Hay tantos ejemplos en la Historia de destrucción constructiva que ésa parece ser la especialidad humana desde antiguo. No pretendo con el comentario de estos ejemplos defender las incongruencias humanas a lo largo y ancho de civilizaciones y culturas, sino subrayar cómo no podemos evitar ser paradójicos en nuestras acciones, e intentar asumir que nuestra pretendida racionalidad o trascendencia no es tal frente a la marcha general del mundo o, incluso, del universo.

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19 Mar 2014

BAJO EL BAOBAB

Escrito por: trasindependiente el 19 Mar 2014 - URL Permanente

- ¿Hoy qué nos vas a contar, Haminiaina? – pregunta Rafanoharana con su sonrisa inocente y sus ojos llenos con el brillo de la sorpresa que será colmada poco después por el anciano.

- Hoy no os voy a contar una historia, os voy a contar una visión que tuve la otra noche.

Bajo el baobab se encuentra Haminiaina, como cada día en que Ravolana, con su brillante y blanca redondez, va a iluminar la noche. Está rodeado de niños, hombres y mujeres, unos acuclillados, otros medio tumbados, apoyados con deleite en un codo y algunos sentados. Los difusos ruidos y chillidos de los seres del bosque parecen poner música de fondo a la voz firme y dulce del anciano.

Estamos en un momento y un lugar sin espacio y sin tiempo. Para los que vivimos en el mundo de la medida esta historia sucedió hace un siglo aproximadamente, para sus protagonistas sucede, como todo, en moramora, algo parecido a lo que se suele llamar el presente, el único tiempo existente. Para quienes creemos haber dejado de ser una parte más de la Tierra, el lugar se llama Madagascar, para el sabio cuentista y su grupo de oyentes no es más que su tierra, la única concebible

Con el tono solemne y claro que en aquella tierra se emplea para los discursos importantes, los kabary, el magro anciano comienza a contar acompañando las palabras con sus gestos breves y serenos, inconfundibles, y que parecen corporeizar lo que sus palabras nombran siempre que narra sus historias.

Vi un árbol solitario, con la copa redonda y el tronco desnudo, como el hongo que los lémures nunca comen, el que siembra Angat para atraparnos, pero mucho más grande. El árbol estaba vivo aunque el suelo sobre el que se alzaba parecía muerto. No me extrañé de ese suelo reseco y triste porque al fondo de la visión se veía un humo espeso y gris que cambiaba el brillo de Ramasoandro sin ocultarlo, que transformaba su benéfica luz en una niebla del color de las hojas muertas que parecía iba a acabar con el aire que nos alimenta. No, no era un incendio en la selva, era un humo que salía de unas cabañas altas y estrechas, como baobabs sin ramas, un humo que parecía querer abrazarlo todo, querer acabar con los colores, matar el árbol por ser lo único vivo que aún quedaba allí.

Los infantiles ojos de Rafanoharana están abiertos como nunca y en ellos se ve que no puede creer que exista un lugar tan extrañamente desolado. Pero los serenos ojos de Haminiaina no reflejan tristeza sino aceptación de aquello que cuenta, como si a su pueblo no pudiera afectarle.

Yo pensaba que aquel humo era Taivadu porque no podía imaginar nada peor que aquello. Mi visión me acercó hasta el pie de las altas cabañas y vi que allí había hombres y mujeres cubiertos con extrañas vestimentas que se afanaban frente a árboles brillantes que parecían moverse por efecto del humo. Esos hombres y mujeres no recogían frutos ni raíces, ni parecían poner trampas para animales o tejer redes para pescar, pero su actividad era incesante entre un ruido que les impedía hablarse unos a otros.

La visión me hizo salir corriendo de allí y acercarme al árbol pensando que quizá él me protegería. Cuando llegué a su pie noté que el tronco estaba húmedo y que sus hojas ardían. No era fuego lo que las atacaba sino un calor que me impedía tocarlas y que supe que hacía llorar al árbol.

Una voz melancólica, una voz que recordaba a la nuestra cuando se nos quiebra porque sabemos que el pescador tarda demasiado en regresar de su tarea y puede que nunca le volvamos a ver, una voz como esa me dijo: “regresa a de donde has venido y cuenta lo que has visto, aquí ya nada es para el hombre, todo es del hombre; la destrucción ha hecho presa en él, el humo es su ceguera”. El estremecimiento que sentí, como cuando el rinoceronte parece fijar la vista en ti y todo queda en silencio, me transportó de nuevo junto a mi cabaña. Tuve que hacer un fuego e invocar a Yachar (oh, dios que todo lo donas) hasta que noté que podía olvidarme de mi respiración de nuevo.

Haminiaina calla suavemente, dejando que la paz que su tono proporciona se diluya en el aire, iluminado por el disco brillante de Ravolana, y termine de depositarse en su pueblo, un poco confundido con la visión que les ha narrado. Ahora se sienten purificados, con una lejana consciencia de que no están solos y que en otras dimensiones del mundo hay amenazas a las que no están sometidos. Su realidad es otra.

Al dulce rostro del pequeño Rafanoharana asoma la sombra de la curiosidad, una sombra que se transformará con el sucederse de las lunas en la presencia amenazante del tiempo.

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13 Mar 2014

CLASICISMO MODERNO

Escrito por: trasindependiente el 13 Mar 2014 - URL Permanente

El siglo XIX es el siglo del arrebato tecnológico y vital de los humanos sin pensar en sus consecuencias, incluso confiando en las mismas, incluso esperando esperanzadoramente (sin tener en cuenta al conjunto de humanos del mundo) que la mejora de la condición humana europea y norteamericana estaba servida y que la tierra era una pelota inagotable al servicio del animal de los inventos, de nosotros mismos. El siglo XX quiso sentirse más importante que su padre con sus extremos tecnológicos y su liberalización de conductas y economías. La perspectiva del tiempo nos ha enseñado que solo superó a su predecesor en violencia y falta de soluciones para lo que se empezó a comprender que era la esperanza: un absurdo impostado.

El arte muestra y transfigura las bondades y maldades humanas, tanto como es seguidor de las mismas, del tiempo en que se ofrece o incluso va más allá: muestra, sigue y funda las “malbondades” que el humano va recreando con sus acciones torpemente imitadas y supuestamente evolucionadas desde las ejecutadas por termiteros y manadas de mamíferos.

Un artista singular, como es Cézanne, representa con su obra los avatares y posibilidades del siglo XIX, al mismo tiempo que abre sin saberlo el camino del orgulloso siglo XX.

Una sola obra de Cézanne es un mundo, es un alma hecha color y un paseo por la sensación de estar vivo, como si eso pudiera ser contemplado desde la muerte. Y aún, con todo, una sola obra de Cézanne no es nada comparada con el conjunto de sus pinturas, tan inútiles como el arte pueda llegar a ser, tan seductoras como la intimidad de cualquier humano está llena de un interés inabarcable. El conjunto de la obra de Cézanne es como el extraordinario baile de un solitario expuesto a las miradas indecentes de quien lo contempla sin haber sido convocado para ello.

¿De dónde brotan estas palabras que se desbordan por el acicate de óleo, acuarela y lápiz aplicado sobre papeles y telas de una forma solo comparable a la libertad de otro solitario muy diferente y contemporáneo suyo, de aquel que fue loco oficial, de Van Gogh? Brotan de los verdes con vocación de azules que invaden todas sus obras, del irracional racionalismo que desprende cada uno de los árboles de Cézanne, cada una de sus manzanas, cada uno de sus desnudos, cada una de sus casas, cada una de sus montañas; brotan de que cada uno de esos objetos o visiones no es nada sin el encaje imperfecto con el resto de objetos, aires y cuerpos que lo acompañan.

Cézanne, al final de su vida tenaz y trabajadora, tras pasar por todos los procesos posibles de búsqueda y encuentro con la luz, el color y la forma, tras empeñarse en ser un clásico sin dejar de ser moderno, en superar el impresionismo y asumirlo, tras caminar y pintar día tras día, sin desmayo, y justo en los años primeros del siglo XX (murió en 1906) nos ofrece un cúmulo de colores que son forma de la naturaleza, permite que nuestras retinas dancen entre azules, verdes, rojos, amarillos y tierras como si inventar el colorido fuera algo por hacer, algo posible e inalcanzable, como si la forma se disgregara en planos de color que piden ser leídos como jeroglíficos, llenos de sentido y misterio. Su invitación a ser sensible sin dejar de pensar, a tener los pies en la tierra con la mente en el cielo y sus reflejos en esta fina capa habitada por los humanos continúa abierta en el conjunto de su obra, en cada una de sus obras, en cada detalle de su obra inabarcable.

Complemento mis palabras con la palabra íntima y valiente que en sus cartas el poeta Rainer Maria Rilke dedica a la obra de Cézanne tras contemplarla día tras día en la exposición que se le dedicó en París tras su muerte:

Hoy he vuelto a contemplar sus cuadros: increíble el ambiente que crean. Sin examinar ninguno en particular, cuando se sitúa uno entre las dos salas, se percibe su presencia fundiéndose en una realidad colosal. Como si aquellos colores me liberaran de una vez por todas de cualquier duda. La conciencia de aquel rojo, de aquel azul, su sencilla veracidad me educan; si me sitúo entre ellos con entera disponibilidad parece como si hicieran algo por mí. Se comprende también cada vez un poco mejor cuán necesario era rebasar el amor mismo; es natural amar cada una de estas cosas cuando se están haciendo; pero si esto se muestra, ya no está tan bien: esto se ve en lugar de decirlo. (...) Así, sin dejar resto, el amor se consume en el acto de pintar. Esta consumación del amor en trabajo anónimo, de la que nacen cosas tan puras, quizá nadie lo ha logrado aún tanto como nuestro Viejo; ayudado en esto por su natural interno, que se hizo hosco y desconfiado. A nadie ya le hubiera mostrado su amor, aunque tuviera que sentirlo; pero con esta disposición, desarrollada enteramente por su aislamiento y su manía, se volvió hacia la naturaleza y supo reprimir su amor por cualquier manzana, y lo depositó para siempre en la manzana pintada.
(Carta del 13 de octubre de 1907)

...Pero de Cézanne aún quería decir que nunca había visto antes hasta qué punto la pintura acontece en los colores, cómo hay que dejarlos solos para que se expliquen recíprocamente. Su trato mutuo: eso es toda la pintura. Quien se entromete, quien ordena, o hace intervenir de una u otra manera su superioridad humana, su ingenio, su destreza abogacil, su agilidad mental, perturba y confunde su acción. El pintor no debería llegar a percatarse de sus intuiciones (como el artista en general); es preciso que sus progresos, para él mismo enigmáticos, se trasieguen tan rápidamente a su obra, sin el rodeo de la reflexión, que en el momento en que aparezcan no pueda reconocerlos. Quien en aquel instante los espíe, los observe, los detenga, los verá metamorfosearse como el oro de los cuentos de hadas, que por culpa de un mínimo detalle no puede seguir siendo oro.
(Carta del 21 de octubre de 1907)

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05 Mar 2014

CATEDRALES Y POLÍTICA

Escrito por: trasindependiente el 05 Mar 2014 - URL Permanente

Los humanos sentimos la necesidad de la renovación, del cambio, y luchamos para ello con la permanencia y la tradición. Todas las civilizaciones han seguido el camino de la renovación y del cambio salvo, quizá, la antigua civilización egipcia, que se mantuvo durante casi tres mil años fiel a sí misma, y la antigua civilización china que hizo lo propio durante casi dos milenios.

Las catedrales medievales europeas son un buen ejemplo de esas inclinación y realidad humanas en un momento de la Historia especialmente constructivo, el momento en que la ciudad toma cuerpo y pasa a ser referencia ineludible de la vida en sociedad. La catedral se convierte en causa y consecuencia del desarrollo urbano en la Baja Edad Media.

El afán de renovación de los humanos se encuentra bien reflejado en las decisiones que se tomaron en las ciudades en desarrollo respecto a las catedrales que ya existían en ellas. En Burgos, un ejemplo entre otros, se optó por destruir la antigua catedral románica del siglo XI y levantar en su lugar la modernidad gótica que a partir del siglo XIII constituyó la edificación actual. Lo mismo ocurrió en Palencia así como en otras antiguas ciudades de toda Europa.

En cambio, en otro lugar castellano se optó por conservar la antigua catedral románica mientras se construía la nueva. Es el caso de Salamanca; tanto tiempo transcurrió hasta la terminación del nuevo lugar de culto ciudadano que nunca se destruyó la vieja catedral y hoy conviven ambas para deleite de todos, apoyadas en un muro común que parece representar la esencia de lo que la Historia ofrece y destruye, quita y construye, hace sucederse y abre al camino de la convivencia. No es el único caso curioso respecto a la renovación de ese tipo de construcciones. En Santiago de Compostela se optó por recubrir la vieja catedral románica con una capa barroca, y moderna en su momento, que la renovaba a la vez que la protegía.

Todos esos casos son solo algunos antiguos ejemplos de enfrentamiento al paso del tiempo, los cambios de gusto y el afán de renovación en un tipo de sociedad muy centrada en la religión, pero vital y en pleno desarrollo. Ejemplos que podrían servir de base para la reflexión respecto a la posibilidad de cambio del hoy y sus avatares.

El sistema político y social que se fue imponiendo como hegemónico a partir del siglo XVIII, el sistema democrático, parece haber llegado en la práctica, que no en su posibilidad, al agotamiento. Algo hay que hacer para que continúe funcionando o se renueve en el sentido que sea sin perder su vocación inicial de favorecer la vida de la mayoría o, incluso, de ensanchar esa mayoría cada vez más con la inclusión de nuevos colectivos.

Hemos dado más arriba un somero repaso a la forma en que a lo largo de los siglos las ciudades del pasado que quisieron mantener su identidad y su unidad a través de un edificio singular que todos sentían como suyo optaron por construir (siempre construir) en ocasiones destruyendo lo viejo y sustituyéndolo por lo nuevo, en otras ocasiones manteniendo lo viejo y recubriéndolo con algo nuevo, y en otras haciendo convivir lo viejo y lo nuevo.

Son tres opciones posibles para el sistema en que vivimos, y se puede plantear la pregunta de cuál será la mejor opción para poder renovar lo que sentimos como viejo y en malas condiciones, lo que ya no responde a nuestros afanes de renovación aunque su espíritu de convivencia y posibilidad incluyente siga siendo apreciado por la mayoría de los sufridos ciudadanos del mundo, hoy aparentes habitantes de una única ciudad que no encuentra el símbolo, el edificio político y social, en que reconocerse, a cuya construcción todos puedan aportar algo, como en los viejos edificios catedralicios, para poder sentirlo como suyo y utilizarlo para un posible desarrollo de todos que facilite la convivencia y la vida de cada uno de los ciudadanos implicados. Bendita implicación que renovaría la que efectuaban nuestros antiguos antepasados en un sentido ahora laico, pero igual de constructivo.

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26 Feb 2014

ARTE PARA TODOS

Escrito por: trasindependiente el 26 Feb 2014 - URL Permanente

Arte, arte… ¿Qué será el arte? ¿La vieja casa madrileña, añejamente urbana, que rezuma adorno hasta convertirse en una digna parodia de lo que puede ser habitable? ¿O ese cielo azul que con su transparencia y leve consistencia permite que se recorte la casa, la vejez, el adorno y el hábitat sin asustarlo, sin apenas arrebatarle su limpidez y honestidad?

En la imagen, poniéndonos un poco platónicos, la casa sería el cuerpo y el azul del cielo sería el alma. La casa se siente perecedera y el cielo se percibe incólume, con vocación de infinito. Es fácil soñar que ese mismo azul de febrero sería el cielo de los osos que allí habitaban cuando nadie había inventado febrero, ni los meses, ni los años. Es difícil aceptar que un día no estará ni la casa ni la ciudad a la que pertenece y que el cielo seguirá allí, sin lugar, sin palabra que lo ciña, sin perfil que lo enmarque, sin arte que lo defina.

Bajamos del cielo a la tierra y a pocos pasos de la casa que encabeza estas palabras, en una valla de obra casi eterna debido a la crisis, se exponen fotografías de unas obras que quizá puedan ser arte, que incluso tengan esa vocación sin el deseo de ser valoradas con dinero sino con la luz que el cielo les regala y la pretensión de que quien lo desee, a su vez, se las lleve de recuerdo o le sirvan para construir su propia obra de arte. Señalo una de ellas porque es mi pequeña aportación a esa valla que quiere ser de todos y que no es de nadie, como el azul del cielo, como las estrechas calles del centro de la urbe, como la posibilidad de ser y permanecer, como la luz.

http://lacomunidad.elpais.com/trasindependiente/2012/11/15/otra-favorita-la-tercera-

http://lagaleriadearcotangente.tumblr.com/

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19 Feb 2014

AMPLIA REALIDAD

Escrito por: trasindependiente el 19 Feb 2014 - URL Permanente

Hace tiempo que llevo publicando textos y fotografías en este espléndido espacio que es de todos, aunque hoy se encuentre en decadencia como tantas otras cosas interesantes y constructivas. Creo que, en ese tiempo, se ha podido constatar parte de lo que pienso y siento o, al menos así lo espero porque yo procuro jugar con honestidad a través de las palabras y la luz.

También quiero pensar que se nota que la realidad, lo que se suele llamar así, me resulta un poco estrecha y demasiado ajustada, por eso considero que la realidad es o puede ser algo no tan evidente como podría dar a entender su propia definición. Y no me refiero a que la realidad pueda ser subjetiva, que lo es, sino a que la realidad es algo más que su evidencia (y por supuesto mucho más que los que pretenden sacar partido económico de ella dicen que es). La realidad es más ancha y profunda que plana y recta, adopta muchas formas y es más plástica que lo que se puede constatar observándola y viviéndola rutinariamente. Pero sobre todo es mucho más de lo que vemos, pensamos y sentimos en cada momento. En cada momento y lugar solo somos capaces de ver, oír, tocar, algunas de sus facetas y creo que es bueno que seamos conscientes de que siempre existen otras facetas, que el mundo cerrado solo vale para dar explicaciones parciales de él mismo que nos ayudan a sobrevivir, pero que para vivir hay que conocer que la realidad es mucho más de lo que sabemos en cada momento, que posee más caras y formas de las que podamos imaginar y que, incluso, si quisiéramos acercarnos a ellas en su conjunto necesitaríamos de otras personas para poder ver facetas de la misma que se nos escapan a cada uno de nosotros, hijos de nuestras capacidades, situaciones, lugar de nacimiento, etc.

Un ejemplo de esta cuestión que planteo podría encontrarse en la fotografía mía que os dejo más abajo. Tenéis que creer que ese soy yo. Una parte de mi, claro, como en cualquier fotografía, aunque esta haya sido tomada con un aparato especial, quizá tan especial como es eso tan normal que llamamos cámara fotográfica y que consideramos que nos proporciona copias realistas de lo que nos rodea. Esa fotografía de mi intimidad creo que puede ser un buen ejemplo de que bajo la realidad evidente hay otras que la sustentan, y que sobre la evidente realidad (como ocurre con los huesos) hay otra realidad que a su vez se aparece como evidente y que no lo es tanto desde fuera o desde dentro de la misma.

Pido disculpas por esta versión anatómicamente pornográfica que ofrezco de mi mismo; creo que solo es justificable por la ocultación galopante de la realidad en que vivimos. Una ocultación denunciable y que se basa, paradójicamente, en un desvelamiento acumulativo de realidades que se utiliza para que nuestra capacidad de pensar se vea desbordada y, en consecuencia, inutilizada.

Dejo aquí el deseo de que no se nos oculte la realidad y su amplitud, que no nos quedemos ciegos ante el cúmulo de estrechas realidades que se nos proponen como evidentes. Propongo el deseo de que cada uno de nosotros siga ampliando la realidad, ese lugar sin acabar en el que vivimos y que siempre está por descubrir y por construir.

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12 Feb 2014

DETALLES QUE SALEN AL PASO

Escrito por: trasindependiente el 12 Feb 2014 - URL Permanente

Cuando uno va de visita a una ciudad monumental como es Salamanca, una ciudad atacada por la Historia y acostada por la misma en la piedra del pasado, no puede dejar de recorrer los lugares que le dan el adjetivo, como su plaza, la catedral o la universidad, entre otros muchos. Y, mientras sus pies le llevan por los hermosos caminos del pasado que son irremediablemente presente, aparecen detalles que se ocupan de transformar en algo nuevo y sorprendente lo evidente de la belleza y la huella que el humano ha sabido dejar con sus andanzas cargadas de ciencia y religión. Esos detalles subrayan y transforman lo que uno se ve empujado a visitar, y convierten el viaje en algo único e irrepetible por mucho que las evidencias parezcan negarlo.

El verde camino verde se convierte en una alfombra de esperanza que sustituye al pétreo paseo duro y rígido.

El sol juega con la obra humana que quiso ser divina y que de alguna forma atea lo es. Se produce un regalo pasajero para los ojos y la piel que calienta la mirada sensible e incluso abre la puerta del sueño.

La campana se sitúa en la escalera de la sabiduría para encauzarla hacia una organización que aproveche lo mejor de la inventiva individual. De esa forma el conjunto de individuos llamados sociedad parecen poder crecer en compañía sin rabia ni violencia alguna.

Los colores inventados por el humano extraen del esquivo sol invernal y la benéfica lluvia unos matices que parecen hacer la competencia a la naturaleza sin atacarla.

Y qué sabios son los huecos de las puertas que ofrecen la entrada hacia nuevas puertas. A cada quien le toca una ración de puertas entre nacimiento y muerte, algunas compartidas, otras reservadas a cada individuo; todas abiertas.

En un viejo espejo se refleja una antigua silla y el conjunto se transforma en una obra hiperrealista o surrealista que sugiere el paso del tiempo y coloca al presente como única forma de enfrentar la realidad que heredamos sin poder renunciar a ella.

Y dos detalles pequeños, muy pequeños, que parecen lejanos entre sí y que no lo están tanto. Letras escritas a mano con tesón y cariño que ofrecen mucho de lo que fuimos y algo de lo que somos.

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