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    <message>yo opino  pienso lo mismo que el facismo nos lleva a una sumision masiva subordinandos a un proceso que va a traer consecuencias tragicas ante el alumnado creandose un autoriarimos que lleva a crearce entre la clase un subordinamiento aceptado que los transformara en querer crear un totalitarismo mediatico llevando como fundamento un facismo . que ellos fundamentan y apollan sin tener en cuenta sus resultados crean inesperadamente un totalitarismo en el cual el que se opngoes estertminado sin compasion 'perdiendo la nocion del que se fundamenta .este dramatizacion me a parecido que tiene un buen mensaje hacia la juventud y sociedad en general que un simple experimento no tomandose decisiones apropiadas conyea a un facismo que los unde un profundo arbitrarismo .</message>
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    <message>Hay otra pel&#237;cula interesante en este sentido: El Experimento. Aunque como pel&#237;cula en si misma es realmente mala, puede daros que pensar, especialmente teniendo en cuenta que, como la Ola, est&#225; inspirada en un experimento real (aunque era con estudiantes universitarios): el experimento de Zimbardo para el cual pod&#233;is encontrar una explicaci&#243;n en ingl&#233;s en la p&#225;gina http://en.wikipedia.org/wiki/Stanford_prison_experiment. 

Cost&#225;n Sequeiros Bruna</message>
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    <message>Mario, un amigo m&#237;o, me ha pasado un art&#237;culo en que el profesor de la historia original narra un poco los hechos, tres a&#241;os despu&#233;s. Os lo copio aqu&#237; porque vale la pena.


Durante a&#241;os he conservado un extra&#241;o secreto con 200 alumnos. Ayer me encontr&#233; con uno de ellos y todos los recuerdos volvieron a mi cabeza.

Steve Conigio era un estudiante de segundo a&#241;o de mi clase de Historia. Nos encontramos de casualidad, cuando menos me esperaba que un antiguo alumno se me acercara. Me cost&#243; un minuto acordarme. Steve, para ayudarme a refrescar mi memoria, hizo el saludo de la Tercera Ola con la mano. Ya me acordaba: un chico brillante, le gustaba el teatro y tocar la guitarra. Se sentaba en segunda fila.

Sin pensarlo dos veces, le respond&#237; con el mismo saludo, como dos viejos camaradas que se encuentran a&#241;os despu&#233;s. Steve me pregunt&#243; si a&#250;n me acordaba de la Tercera Ola. Claro que lo recuerdo, fue una de las cosas que m&#225;s me han asustado en mi vida, el origen de un triste secreto compartido con otros 200 alumnos.

Estuvimos charlando unas horas recordando todo aquello. A la hora de despedirse, la habitual sensaci&#243;n de que nunca volver&#225;s a verle, a pesar de que siempre se suele decir lo de mantener el contacto, de llamarse. Nos despedimos de nuevo con el mismo saludo.

Parece que el secreto de la Tercera Ola quiz&#225;s est&#233; perdiendo fuerza. Por fin podemos hablar de ello. Han pasado tres a&#241;os. No es que sea algo que queramos recordar. Todo lo contrario, hemos intentado olvidarlo. Precisamente fue Steve el que lo comenz&#243; todo con su pregunta. Estabamos en mitad de una clase sobre la Alemania Nazi, cuando Steve pregunt&#243; "&#191;C&#243;mo pudo el pueblo alem&#225;n, los ciudadanos de a pie, alegar ignorancia sobre lo que estaba pasando con los jud&#237;os?&#8221; Era una buena pregunta, pero yo no ten&#237;a ni idea de c&#243;mo contestarla.

Como &#237;bamos muy bien con el temario y sobraba tiempo, decid&#237; dedicar una semana a explorar esta cuesti&#243;n.
Fuerza a trav&#233;s de la disciplina

El lunes, ense&#241;&#233; a mis alumnos unas de las experiencias m&#225;s caracter&#237;sticas de la Alemania nazi. La disciplina. Les habl&#233; de la belleza de la disciplina, de c&#243;mo un atleta tiene la satisfacci&#243;n de haber trabajado duro y ser recompensado con el &#233;xito en el deporte, de la dedicada paciencia de un cient&#237;fico. Disciplina, estudio, control, el poder de la voluntad. Las penurias a cambio de la recompensa mental o f&#237;sica.

M&#225;s que invitarles, les orden&#233; experimentar el poder de la disciplina, con el simple ejercicio de cambiar su postura al sentarse, describiendo como una postura adecuada mejora la concentraci&#243;n y fortalece la voluntad. Les instru&#237; en una postura que consist&#237;a en poner los pies en total contacto con el suelo y la espalda completamente recta contra el respaldo, y les preguntaba &#8220;&#191;A que ahora pod&#233;is respirar mejor? Est&#225;is m&#225;s atentos &#191;no os sent&#237;s mejor?&#8221;

Practicamos esta postura una y otra vez, mientras les vigilaba y correg&#237;a cualquier m&#237;nimo fallo. Se convirti&#243; en el aspecto principal del estudio. Luego les daba permiso para levantarse para a continuaci&#243;n volverles a llamar. As&#237; aprendieron a concentrarse en apenas 15 segundos, siendo conscientes de la postura, pies y espalda rectos, rodillas en &#225;ngulos de 90&#186;. En poco tiempo lo hac&#237;an en silencio y en apenas 5 segundos.

Fue extra&#241;o ver como los alumnos r&#225;pidamente adoptaron el c&#243;digo de conducta. Me pregunt&#233; hasta d&#243;nde era posible llevarles. &#191;Se trataba de una manifestaci&#243;n de disciplina moment&#225;nea? &#191;O se trataba de un deseo de uniformidad innato, un instinto humano enmascarado en la progrmacion televisiva o las cadenas de restaurantes?

Decid&#237; poner a prueba la tolerancia de la clase. En los &#250;ltimos 25 minutos introduje algunas nuevas reglas. Los alumnos ten&#237;an que sentarse antes de que sonara la campana y todos deb&#237;an llevar papel y l&#225;piz para tomar notas. A la hora de hacer preguntas deb&#237;an levantarse y ponerse al lado de su mesa. Siempre dirigirse a m&#237; como Se&#241;or Jones. Las respuestas inciertas eran reprendidas. Ante todas estas medidas, la intensidad de la respuesta de los estudiantes creci&#243;, especialmente al recompensar a los alumnos por sus esfuerzos en hacer o contestar preguntas de forma atenta y correcta. Lo curioso es que en vez de los escasos habituales que monopolizan el debate en clase, ahora todos participaban, y se apreciaba una notable mejor&#237;a en la calidad de las respuestas, incluso en alumnos que antes hablaban poco o eran t&#237;midos.

En cuanto a m&#237;, solamente ten&#237;a preguntas. &#191;Por qu&#233; no se me hab&#237;a ocurrido esto antes? Los alumnos parec&#237;an muy implicados. &#191;C&#243;mo era posible? Estaba implantando un entorno autoritario y las cosas parec&#237;an ir mejor y ser m&#225;s productivas. Pero, &#191;c&#243;mo cambiar mis ideas de una clase abierta y un autoaprendizaje aut&#243;nomo? &#191;Se iban a evaporar mi creencia en Carl Rogers? &#191;A d&#243;nde iba a llegar este experimento?
Fuerza a trav&#233;s de la comunidad

El martes, el segundo d&#237;a, entre en la clase y encontr&#233; a todos en la postura del d&#237;a anterior. Algunos de ellos sonre&#237;an por complacer al profesor, pero la mayor&#237;a estaban muy concentrados, con los cuellos r&#237;gidos, sin preguntas, sin hablar. Me dirig&#237; a la pizarra y escrib&#237; "FUERZA A TRAV&#201;S DE LA LA DISCIPLINA." Y despu&#233;s una segunda ley, "FUERZA A TRAV&#201;S DE LA LA COMUNIDAD."

A continuaci&#243;n, empec&#233; a hablarles del valor de la comunidad, mientras por dentro me debat&#237;a entre detener el juego o seguir, ya que no hab&#237;a previsto esta intensidad en la respuesta de la clase. Invent&#233; historias basadas en mi experiencia como atleta, entrenador e historiador. Se trata de ser parte de algo m&#225;s all&#225; de uno mismo, de ser un movimiento, una raza, un equipo, una causa.

Era muy tarde para echar marcha atr&#225;s. Hab&#237;a mucho por ver y entender todav&#237;a. &#191;Por qu&#233; aceptaban los alumnos la autoridad que yo les impon&#237;a? &#191;D&#243;nde estaba su curiosidad o resistencia a este comportamiento marcial?

Prosegu&#237; cont&#225;ndoles como la comunidad, al igual que la disciplina, debe experimentarse si se quiere entender. Para ellos les hice recitar de dos en dos el mantra al un&#237;sono "Fuerza A TRAV&#201;S DE LA Disciplina," "Fuerza A TRAV&#201;S DE LA Comunidad." Los alumnos se miraban y sent&#237;an el poder de pertenecer a algo. Todos eran iguales y capaces. Estuvimos repetiendo estos lemas de forma rotatoria, sin dejar de enfatizar la forma correcta de sentarse, levantarse y hablar.

Empec&#233; a sentirme parte del experimento, disfrutando de la acci&#243;n unitaria mostrada por los alumnos. Era reconfortante ver su satisfacci&#243;n y su excitaci&#243;n por seguir adelante. Cada vez me resultaba m&#225;s dif&#237;cil abstraerme de la atm&#243;sfera que se estaba creando. A pesar de dirigir el grupo, tambi&#233;n lo estaba siguiendo.

Casi al terminar la clase, y sin pensarlo, cree un saludo especial, solo para los miembros de la clase. El famoso saludo en forma de ola con la mano, y le llam&#233; el saludo de la tercera ola, ya que se dice que las olas viajan juntas y que la tercera es la m&#225;s fuerte. Hice obligatorio que todos usaran el saludo, como se&#241;al silenciosa de reconocimiento. Al terminar la clase, todos lo hicieron.

A lo largo de los siguientes d&#237;as, los alumnos de la clase har&#237;an el saludo sin dudar, ya fuera en el gimnasio o en la biblioteca. Esto hizo que el experimento se empezar&#225; a conocer fuera de clase y que otros alumnos ajenos a ella pidieran entrar.
Fuerza a trav&#233;s de la acci&#243;n

El mi&#233;rcoles, decid&#237; darles a todos tarjetas que les acreditasen como miembros del experimento. Nadie quiso quedarse fuera. Incluso vinieron trece alumnos de otras clases para apuntarse. Les di una a cada uno marcando tres de esas tarjetas con una X roja, lo que les acreditaba para denunciar faltas en el cumplimiento de las reglas. Acto seguido, les estuve hablando del significado de la acci&#243;n, explicando c&#243;mo la disciplina y la comunidad no eran nada sin ella. Les habl&#233; de la belleza de ser completamente responsable de las propias acciones, de creer en uno mismo y en la comunidad con firmeza, de hacer cualquier cosa para preservar, proteger y extender esos conceptos, enfatizando c&#243;mo todo esto mejorar&#237;a el aprendizaje y los logros. Les record&#233; el sufrimiento de aquellas clases en las que los alumnos estaban enfrentados, donde no hab&#237;a progreso, donde nunca se lograba nada y faltaba apoyo mutuo.

Llegado este punto, los alumnos comenzaron a dar testimonios espont&#225;neos, del estilo de &#8220;estoy aprendiendo m&#225;s que nunca,&#8221; &#8220;&#191;por qu&#233; no ense&#241;a usted as&#237; siempre?&#8221; Me qued&#233; muy sorprendido, y m&#225;s a&#250;n al ver que hab&#237;an completado sus complejos deberes sobre la vida alemana. El rendimiento mejoraba y parec&#237;an querer m&#225;s. Supuse que los alumnos har&#237;an cualquier cosa que les mandase. Decid&#237; probar.

Para permitirles experimentar la acci&#243;n directa, le di a cada uno de ellos una tarea verbal. &#8220;Es tu tarea dise&#241;ar un estandarte de la Tercera Ola. T&#250; deber&#225;s impedir a cualquiera que no sea miembro entrar en la clase. T&#250; debes recordar los nombres de todos. T&#250; debes repartir panfletos y t&#250; convencer a otros,&#8221; cosas as&#237;. Y para concluir la sesi&#243;n cre&#233; una simple ceremonia de iniciaci&#243;n de nuevos miembros &#8211; que deb&#237;an ser introducidos por miembros existentes &#8211; quienes deb&#237;an conocer las reglas y jurar obediencia. La idea desat&#243; el furor.

Al final del d&#237;a, hab&#237;a 200 nuevos miembros y hasta el director de la escuela me hizo el saludo. Nuestro emblema estaba hasta en la biblioteca. En ese momento me sent&#237; solo y asustado, sobre todo porque comenc&#233; a recibir denuncias de comportamientos que no se ajustaban a lo requerido, como que hab&#237;a gente que no saludaba y gente que hac&#237;a cr&#237;ticas,  lo que indicaba que mucha gente hab&#237;a asumido el papel de vigilantes. Con semejante avalancha de &#8220;chivatos,&#8221; parec&#237;a poderse justificar una conspiraci&#243;n leg&#237;tima...

Tres chicas, de las m&#225;s inteligentes de la clase, de la clase hab&#237;an contado la situaci&#243;n en su casa. Hasta ese momento estas chicas hab&#237;an disfrutado de una seguridad en s&#237; mismas y de un gran liderazgo en la escuela. Yo ten&#237;a curiosidad por saber c&#243;mo reaccionar&#237;an a la transformaci&#243;n igualitaria de la clase, ya que las recompensas a las que estaban acostumbradas no ten&#237;an lugar dentro del experimento.  No hab&#237;a sitio para las respuestas y preguntas inteligentes. Con esa atmosfera marcial, estaban como atontadas, y se resist&#237;an a entrar.

No obstante, al contarle a los padres la idea del experimento, desataron toda una serie de eventos. El rabino de una de las chicas llam&#243; para quejarse. Yo le contest&#233; que simplemente est&#225;bamos estudiando la personalidad alemana, lo que le pareci&#243; estupendo y me dijo que &#233;l mismo tranquilizar&#237;a a los padres. Esto me record&#243; otras situaciones a lo largo de la historia en la que los sacerdotes han tolerado situaciones intolerables, ignorando la represi&#243;n y la violencia. Ni siquiera mont&#243; en c&#243;lera, sino que pas&#243; a ser parte del experimento.

A estas alturas la diferencia entre el experimento y la conducta dirigida era indistinguible. Muchos eran ya miembros reales de la Tercera Ola. Exig&#237;an un comportamiento intachable de otros. Me acuerdo sobre todo de Robert, un chaval grande para su edad y no muy dotado para los estudios y poco popular, siempre com&#237;a solo. La Tercera Ola sin embargo, le dio un lugar en la escuela. Al menos se sent&#237;a igual a los dem&#225;s, pod&#237;a formar parte de algo, tener sentido. Ese fue el d&#237;a que me dijo que quer&#237;a ser mi guardaespaldas. No fui capaz de decirle que no. 
Fuerza a trav&#233;s del orgullo

El jueves comenc&#233; a intentar desmontar el experimento. Me encontraba exhausto y preocupado. El movimiento se hab&#237;a convertido en el centro de sus vidas. Muchos hab&#237;an cruzado una l&#237;nea peligrosa. Yo mismo actuaba inconscientemente como un dictador. Aunque era benevolente, cuanto m&#225;s tiempo pasaba en el papel, m&#225;s olvidaba la motivaci&#243;n racional primera del experimento, cada vez me ajustaba m&#225;s al papel. Me preguntaba si eso es normal en la gente, se nos da un papel y amoldamos nuestra vida a &#233;l. Pronto nos convertimos en el rol, y ese rol es lo que la gente espera de nosotros.

Ante el dilema de seguir o parar, me di cuenta que ambas opciones eran muy complicadas. Si lo deten&#237;a muchos alumnos se quedar&#237;an sin punto de referencia y adem&#225;s hab&#237;an mostrado ante los dem&#225;s un comportamiento radical dif&#237;cil de justificar. Ser&#237;a muy triste para gente como Robert, decirles que todo ha sido solamente un juego. Los alumnos m&#225;s brillantes se burlar&#237;an de ellos por participar tan en serio. No pod&#237;a permitirlo.

La opci&#243;n dos tampoco era planteable, ya que estaban descontrol&#225;ndose. El mi&#233;rcoles por la noche alguien hab&#237;a entrado en la clase y lo hab&#237;a destrozado todo. Luego supe que hab&#237;a sido el padre de uno de los alumnos, que hab&#237;a estado prisionero en un campo alem&#225;n. Me cont&#243; muchas cosas sobre amigos suyos que hab&#237;an muerto en Alemania. Pas&#233; horas hablando con &#233;l y me empec&#233; a preocupar m&#225;s por lo que podr&#237;a pasar en la escuela, y c&#243;mo todo esto pod&#237;a afectar a los dem&#225;s profesores y alumnos de la escuela. Ante esta situaci&#243;n, intent&#233; una vieja estrategia, intentar algo inesperado.

El jueves eramos 80 alumnos en clase. La calma y el silencio de tanta gente esperando mis palabras me permiti&#243; hablarles de forma deliberada. &#8220;El orgullo es algo m&#225;s que pancartas o saludos. Es saber que eres el major. Es algo que nadie te puede quitar."

Y as&#237;, de repente, cambi&#233; la voz y susurrando les anunci&#233; la raz&#243;n real de la Tercera Ola. "No se trata solamente de un experimento o una actividad de clase. Se trata de un programa nacional para encontrar alumnos dispuestos a la lucha pol&#237;tica. Por todo el pa&#237;s profesores como yo hemos estado entrenando a brigadas juveniles para hacer una sociedad mejor a trav&#233;s de la disciplina, la comunidad, el orgullo y la acci&#243;n, y vosotros sois un grupo seleccionado para el cambio. Podemos cambiar el destino de este pa&#237;s." Luego les anunci&#233; que el viernes habr&#237;a una manifestaci&#243;n solamente para miembros en la que un candidato a presidente que anunciar&#237;a el programa a nivel nacional y que estar&#237;a la prensa. Nadie dijo nada. Todos se mostraron entusiasmados.
Fuerza a trav&#233;s del entendimiento

El viernes, el d&#237;a final del ejercicio, pase toda la ma&#241;ana preparando el auditorio para la manifestaci&#243;n. A las 11.30 empezaron a llegar alumnos impacientes. A las 12 en punto cerr&#233; las puertas. Ten&#237;a a varios amigos que hac&#237;an las veces de reportero, sacando fotos y dem&#225;s. Hab&#237;a m&#225;s de 200 alumnos de todo tipo, los populares, los deportistas, los solitarios. Sin embargo, todos parec&#237;an una fuerza unificada. Hab&#237;a una gran atm&#243;sfera de tensi&#243;n y anticipaci&#243;n.

"Antes de la conferencia de prensa nacional, quiero demostrar la fuerza de nuestro entrenamiento.&#8221; A continuaci&#243;n di el saludo y 200 personas me respondieron. Repet&#237; el gesto varias veces y cada vez la respuesta era mayor. Era la &#250;ltima vez que les ped&#237;a recitar nuestro mantra. Doscientas voces respondieron con fuerza gutural &#8220;fuerza a trav&#233;s de la disciplina.&#8221;

A las 12:05 apagu&#233; las luces. El aire parec&#237;a seco, costaba respirar y a&#250;n m&#225;s hablar. Puse la televisi&#243;n. Robert estaba a mi lado, mi guardaespaldas. Le dije que prestara atenci&#243;n los siguientes minutos. Con la sala a oscuras y la &#250;nica luz la de la televisi&#243;n, en blanco, sin mostrar nada, se produjo un combate mental entre &#233;sta y la atenci&#243;n de los estudiantes. Y la televisi&#243;n gan&#243;. El patr&#243;n de conducta de la gente no cambi&#243;. Era como un trance, la televisi&#243;n no mostraba nada, solo una pantalla en blanco, pero a&#250;n as&#237; todos esperaban ver algo, alg&#250;n tipo de programa. Finalmente, a pesar del empe&#241;o, comenz&#243; a surgir la ansiedad y posteriormente la frustraci&#243;n, hasta que alguien se levant&#243; y grit&#243;, &#8220;&#191;No hay ning&#250;n l&#237;der, verdad?&#8221; Todos se volvieron sorprendidos, primero hacia el estudiante que hab&#237;a hecho la pregunta y luego hacia la televisi&#243;n, con caras y miradas de incredulidad.

En la confusi&#243;n de los momentos siguientes, me dirig&#237; lentamente a la televisi&#243;n y la apagu&#233;. Era como si volviera el aire a la sala. Todos permanec&#237;an callados, pero por primera vez pude notar a la gente relajarse. Me esperaba una avalancha de preguntas, pero lo &#250;nico que hab&#237;a era un gran silencio. Comenc&#233; a hablar. Mi p&#250;blico estaba totalmente atento.

"Escuchad con atenci&#243;n, tengo algo importante que deciros. No hay ning&#250;n l&#237;der. No hay ning&#250;n movimiento nacional llamado la Tercera Ola. Hab&#233;is sido usados, manipulados, no sois mejores que los nazis alemanes que hab&#233;is estudiado.&#8221;

&#8220;Pens&#225;bais que &#233;rais los elegidos, que &#233;rais mejores que los que no est&#225;n en esta sala, habiendo cambiado vuestra libertad por la comodidad de la disciplina y la superioridad. Hab&#233;is aceptado la voluntad del grupo por encima de vuestras convicciones. Y sobre todo hab&#233;is cre&#237;do que pod&#237;ais saliros cuando quisi&#233;rais. &#191;Hasta d&#243;nde podr&#237;ais haber llegado? Dejadme que os ense&#241;e vuestro futuro.&#8221;

Encend&#237; el proyector. Ante nuestros ojos, la historia del Tercer Reich. La marcha de la raza superior. Los jud&#237;os retenidos y transportados en trenes. El horror de los campos de prisioneros. Posteriormente los juicios de Nuremberg, las alegaciones de ignorancia, &#8220;yo solo hac&#237;a mi trabajo.&#8221; &#161;Mi trabajo! La proyecci&#243;n se detuvo en un fotograma que dec&#237;a &#8220;Todos deben aceptar su culpa. Nadie puede alegar que no tom&#243; parte de una forma u otra.&#8221;

La sala qued&#243; a oscuras. Me sent&#237;a enfermo y asqueado. Nadie se mov&#237;a, era como si todo el mundo quisiera diseccionar ese momento. Como si hubieran despertado de un sue&#241;o y quisieran saber qu&#233; hab&#237;a ocurrido realmente. Esper&#233; varios minutos a que todo el mundo se recuperase un poco. Poco a poco comenzaron las preguntas. Todas apuntaban a situaciones imaginarias y buscaban descubrir el significado de lo ocurrido.

Con la sala a&#250;n a oscuras, les habl&#233; de mi arrepentimiento, y de que una explicaci&#243;n completa llevar&#237;a tiempo, pero a&#250;n as&#237;, pude notar como volv&#237;a a ser profesor, m&#225;s que participante.

"Con lo que ha ocurrido durante esta semana, hemos podido ver lo que supon&#237;a vivir en la Alemania nazi. Hemos aprendido a crear un entorno social disciplinado, jurar fidelidad a esa sociedad especial y sustituir la raz&#243;n por las reglas. Habr&#237;amos sido buenos alemanes y nos habriamos puesto el uniforme, listos para traicionar a amigos y vecinos. Ahora sabemos lo que es optar por la soluci&#243;n r&#225;pida y quemar las ideas, sentirse fuerte y superior. Conocemos tambi&#233;n el miedo a ser excluido, a quedarse fuera, pero tambi&#233;n el sentimiento de control y el placer de hacer lo correcto socialmente. Hemos visto que el fascismo no es algo que otra gente hace. No, ha estado aqu&#237;, en esta sala, en nuestras conductas y forma de vivir. Basta ara&#241;ar la superficie para que aparezca.  La creencia de que los seres humanos son intr&#237;nsecamente malos y que por tanto son incapaces de actuar bien con su pr&#243;jimo, lo que demanda un l&#237;der fuerte y una disciplina para preservar el orden social. Y adem&#225;s, la apolog&#237;a.&#8221;

"Esta es la lecci&#243;n final. La lecci&#243;n final es quiz&#225;s la m&#225;s importante y responde la pregunta con la que comenz&#243; este experimento. &#191;Record&#225;is la pregunta? La cuesti&#243;n era la sorpresa en el pueblo alem&#225;n ante todo lo ocurrido, alegando ignorancia y desconocimiento. &#191;C&#243;mo el ciudadano alem&#225;n, el trabajador de la calle, pudo, al final del Tercer Reich, alegar ignorancia? &#191;Qu&#233; causa que la gente borre su propia historia? Ahora ten&#233;is la oportunidad de responderos vosotros mismos a esta pregunta."

&#8220;Si el experimento ha tenido &#233;xito de verdad, ninguno de vosotros admitir&#225; haber estado aqu&#237; hoy. Al igual que los propios alemanes, tendr&#233;is problemas para admitir que hab&#233;is llegado hasta aqu&#237;. No querr&#233;is que vuestras familias y amigos sepan que estuvisteis dispuestos a ceder vuestra libertad individual a l&#237;deres invisibles. No admitir&#233;is haber sido manipulados, haber aceptado la Tercera Ola como una forma de vida, haber formado parte de esta locura. Lo guardareis como un secreto, un secreto que yo compartir&#233; con vosotros.&#8221;

Saque la pel&#237;cula de las tres c&#225;maras que hab&#237;a en la sala y expuse a la luz el celuloide. Todo se hab&#237;a acabado. La Tercera Ola hab&#237;a llegado a su fin. Algunos, como Robert, lloraban. La mayor&#237;a fue levant&#225;ndose lentamente y abandonando la sala.

Durante una semana de aquel a&#241;o, hab&#237;amos compartido la vida plenamente. Tal y como predije, aquella experiencia se convirti&#243; en un secreto. En los cuatro a&#241;os que estuve ense&#241;ando en el Instituto Cubberley, nadie admiti&#243; haber sido parte de la Tercera Ola o haber estado en el auditorio el &#250;ltimo d&#237;a. Era algo que todos quer&#237;amos olvidar.&#8221;

Ron Jones (1972) </message>
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