29 Oct 2013

La Historia del Poder Político

Escrito por: unadaga el 29 Oct 2013 - URL Permanente

Que en cualquier sociedad existen débiles y poderosos es algo que todos sabemos. Lo hemos visto en las películas, en los libros de historia, en las novelas… Sin embargo, ese poder no siempre se ha repartido de la misma forma. Si tomamos la visión foucaultiana del poder, este se encontraría repartido en distintas cantidades en todos los miembros de la sociedad, de modo que es de sus continuas interacciones y cesiones de poder de donde surgen las estructuras sociales que reconocemos como poderosas. Por su parte, Bourdieu diría que el se encuentra en cada campo social, donde los distintos actores presentes tienen distintas cantidades de capital y, con ello, una posición más central o menos en la estructura del campo. Pero dejemos de lado, de momento, esas visiones más estructurales y difusas del poder, y centrémonos en la historia del poder político.

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Originalmente, el poder político era unipersonal: un rey, un sacerdote, un emperador. Todos ellos poseían el poder absoluto sobre su pueblo, administraban justicia, gobernaban según su voluntad. Si el rey, por ejemplo durante la Edad Media, no era señor de un territorio, entonces era el noble local o el abad el que poseía ese poder, pero seguía siendo unipersonal. La expresión máxima de esto fueron las monarquías absolutas del siglo XVII.

Pero avancemos un poco en el tiempo y lleguemos al Siglo de las Luces, el XVIII. Con la Revolución Francesa y la Revolución Americana la estructura del poder político cambió. Se negó que todo pudiese encontrarse en las mismas manos, y se dividió en tres: el poder legislativo por un lado, el ejecutivo por otro, y el judicial por su parte. Los tres poseían mecanismos y sistemas para controlarse y balancearse unos a otros, buscando que fuese imposible que todo el poder recayese en las mismas manos y con eso se oprimiese al pueblo. Un pueblo que se colocaba formalmente en el centro de la ecuación, con el establecimiento de las primeras democracias modernas.

Con el siglo XIX y la Revolución Industrial surgió el cuarto poder: los medios de comunicación masivos. La capacidad de crear opinión pública y moldearla se volvió central en la construcción de cualquier democracia, y empezó a funcionar como un nuevo tipo de poder que balancease los otros tres, ya que a los periódicos les interesaban los escándalos políticos para vender más, y estos luego repercutían en los votos que cada partido recibía. La llegada de la radio y la televisión no hicieron más que fortalecer este poder, que comenzó a llegar cada vez a más gente aumentando así su eficacia.

Finalmente, desde mediados del siglo XX estamos asistiendo al surgimiento del quinto poder: la sociedad civil. Aunque los lobbies tengan muy mala prensa porque se asocian habitualmente a la imagen de alguien pasando maletines para comprar políticas, lo cierto es que la participación de las organizaciones no gubernamentales en política puede ser tan beneficiosa como perjudicial, al igual que los otros cuatro poderes. Es cierto, pueden corromperse, pero también pueden servir para defender los intereses de los ciudadanos organizados en torno a alguna idea u objetivo, compatible o no con los de otros ciudadanos organizados, sirviendo así como mecanismo de ampliación de la democracia aunque, todavía de modo cerrado.

Estos cinco poderes, hoy en día, se contrabalancean de modo desigual unos a otros. Cada vez en más países, vemos como a menudo las barreras entre ejecutivo, legislativo, judicial, informativo y social son más tenues de lo que parecen: sindicatos controlados por partidos políticos, jueces elegidos por el Congreso, periódicos con claras ideologías, etc. En cierta medida, esta es la forma en que el sistema se corrompe.

Sin embargo, el hecho de que el sistema no funcione todo lo bien que debería no quita que la dinámica que encontramos en el poder político es clara: a lo largo de la historia el poder ha ido pasando cada vez más, de pocas a muchas manos. Del rey a los tres poderes, de ahí a cuatro, ahora cinco, y quien sabe mañana. En el fondo, esto es la constatación de las tesis de Bourdieu y de Foucault, en la medida en que esta cesión de poder legítimo lo que deja claro es que la sociedad, que antiguamente lo transfería a sus soberanos, cada vez reclama más poder para si misma, más capacidad de movilización, más organización y derecho a voz y voto en los asuntos políticos.

Por supuesto, alguien podría argumentar que esto siempre fue así, y hasta cierto punto tendría razón. Los reyes estaban limitados por los fueros y su nobleza, los césares tenían que equilibrarse con el Senado romano, los faraones con la casta sacerdotal… y todos estaban sujetos a las rebeliones del pueblo, las sublevaciones de esclavos, etc. Como digo, es cierto. Pero esto se debe precisamente a que el poder, como dicen Foucault y Bourdieu, se encuentra repartido entre las manos de todos los habitantes de una sociedad, en diversas medidas. Si los ciudadanos podían rebelarse era porque tenían un poder que permanecía cedido a su rey de modo legítimo hasta que ellos consideraban que el rey había sobrepasado sus límites.

El hecho de que la sociedad cada vez difunda y disperse más su poder obedece precisamente al hecho de que un pueblo cada vez más formado, instruido, y capaz empieza a reclamar para si mismo la legitimidad que antiguamente había cedido a sus gobernantes. Para establecerse los tres poderes del XVIII hicieron falta revoluciones encabezadas por ilustrados y burgueses (que, de aquellas, eran parte del pueblo); la industria masiva y la imprenta masiva fue la que permitió la creación de periódicos, pero mucho hubo que luchar por el derecho a la libertad de expresión y de escritura; y la sociedad civil no reclamó para si el quinto poder sin antes requerir la lucha del movimiento feminista, el de los obreros o el de las minorías, que sentaron las bases para los movimientos pacifistas, antiglobalización, ecologistas… de la actualidad.

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La Historia, es así, un relato que va avanzando de modo convulso y complicado. No defiendo aquí una postura teleológica, sin embargo, no hay un Dios que la dirija hacia un mundo mejor. Bien es posible que regresen los reyes, o que los poderes desaparezcan en tiempos de crisis para no volver. Que el poder se aleje cada vez más de las élites gobernantes y se disperse entre el pueblo y las instituciones que permitan los juegos de equilibrio y control mutuo no es algo que podamos dar por hecho: ya tuvimos democracias en Roma y Grecia y acabaron siendo sustituidas por reyes y césares.

Si queremos que el poder siga alejándose de las manos donde siempre ha residido necesitamos crear estructuras dentro del Estado que permitan controlar esas manos, dar voz a más colectivos y grupos sociales, dar voto a quienes no lo tenían y peso político a los que no tenían suficiente.

Sólo presionando para que el poder continúe difuminándose podremos terminar de dar el power to the people que solicitaba Lennon en 1971. La Historia, de momento, está de nuestro lado, pero sólo en la medida en que generación tras generación ha luchado por ello, tratando de quebrar las barreras que dominaban sus épocas.

Costán Sequeiros Bruna

PD: este post fue publicado originalmente en Ssociologos.com

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22 Oct 2013

Los Hechos Sociales

Escrito por: unadaga el 22 Oct 2013 - URL Permanente

Emile Durkheim fue quien acuñó este término, allá en los comienzos de la sociología como ciencia (no en vano es uno de sus padres fundadores). Un hecho social, por tanto, podría definirse de modo rápido y resumido como "algo externo al individuo e impersonal que condiciona sus acciones". Pero, dicho así, suena muy denso, veamos unos ejemplos, primero para clarificar.

Vas conduciendo tu coche, llegas a un semáforo, y ante la luz roja te detienes. No hay ningún policía a la vista, las calles están desiertas porque son las 4 de la mañana, y la luz en sí no tiene ningún efecto físico que detenga el coche. Y, sin embargo, ahí estás, parado y esperando. Este es un hecho social: algo exterior (la luz, que simboliza una norma o ley en este caso) impersonal (no hay policías ni nadie que nos condicione) y que sin embargo condiciona nuestra forma de actuar.

A menudo, los hechos sociales pueden y suelen darse en las interacciones humanas. Si empiezas en tu nuevo trabajo, tratarás probablemente a tu jefa con respeto, no sólo porque sabes que ella te puede despedir y que te interesa llevarte bien con ella para tener vacaciones, sino también porque existen acuerdos sociales que te impulsan a seguir modelos de interacción concretos como es el de la relación entre jefas y empleados.

Basta con que mires a tu alrededor y verás decenas de formas en que la sociedad condiciona la forma en que nos comportamos e interactuamos unos con otros, aún cuando técnicamente el condicionamiento no venga de la otra persona en sí, o no haya figuras de autoridad a mano.

Estos hechos sociales son parte vital de la estructura de la sociedad, del modo en que esta funciona. No sólo surgen del poder que se encuentra arriba, sino también de los consensos en forma de valores, éticas, modales, etc. que la sociedad se impone a si misma. Su poder no deriva de las leyes en sí, ni del castigo, o de los impactos que puedan tener en nuestras relaciones con los demás, sino que surgen de nuestro propio condicionamiento y voluntad, en uno de los aspectos del policía interior (lo cual, desde luego, no niega el hecho de que violar los hechos sociales suele tener consecuencias de muchos tipos).

Si tomamos esto, y nos vamos al presente, encontramos una analogía muy interesante en la forma en que funcionan los ordenadores. Como Lawrence Lessig señala en "El Código 2.0", la base de funcionamiento de una estructura informática se basa en el código de la misma, que posibilita ciertas acciones y niega otras. Podemos hackear el código para conseguir hacer cosas inesperadas, desde luego, pero requiere esfuerzo y a menudo tendrá consecuencias de distintos tipos.

El conjunto de los hechos sociales durkheimianos es lo que compone el código de una sociedad, lo que decide qué se puede hacer y qué no, y el que impone las consecuencias de dichos actos. El código en si puede ser de muchos tipos, más democrático o menos, más horizontal o vertical, más explícitio o implícito... pero siempre construye el marco de posibilidades legítimas e ilegítimas que se nos ponen delante para nuestras acciones en el mundo.

Es, en gran parte, la infrastrcutrua sobre la que se construye la superestructura, que diría Marx. El poder puede imponer muchos de sus elementos, desde luego, pero a la vez también se ve condicionado por todos aquellas piezas que hayan sido introducidas en el código por otras fuentes como la sociedad civil, el desarrollo tecnológico, o las simples interacciones entre las personas. Es con todas esas piezas que se construye la episteme de cada una de las épocas.

Por tanto, la clave de un futuro mejor o peor yace en qué elementos tomamos para nuestra infrastructura, y qué código construimos. Si hacemos uno que tolere unas acciones, esas tendrán lugar y no otras, y si tomamos otras decisiones serán otras las sociedades que surjan. Debemos tratar de enfrentarnos con los hechos sociales que no queremos para nuestro mundo, y tratar de crear e introducir hechos nuevos que sí creamos beneficiosos. Sólo así, el código de nuestra sociedad comenzará a parecerse un poco más a lo que nosotros queremos que sea.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas del código de nuestra sociedad?

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08 Oct 2013

El Cambio y la Lucha en la Sociedad

Escrito por: unadaga el 08 Oct 2013 - URL Permanente

Heredera de la conversación de anoche, es hora de ahondar en los mecanismos de cambio de la sociedad. Desde el principio de este blog, uno de los temas centrales siempre han sido los mecanismos de dominación y el poder de las élites, que incluso bautizan al blog. Y no es para menos. Pero, ¿cómo puede existir cambio en las sociedades controladas por las élites en el poder? Obviamente, ¡ellas están en contra de todo cambio!

Y, en efecto, así es, pero ellas no pueden controlarlo todo. En las sociedades el cambio viene normalmente de abajo a arriba, de élites que no son y quieren serlo hacia las que sí lo son. Así lo explicó Pareto, por ejemplo, en su teoría cuando dice que "la historia es un cementerio de élites". Y un vistazo a la historia le da bastante la razón: los burgueses lideraron gran parte de los cambios sociales del siglo XVI, los ilustrados lideraron al pueblo francés en el siglo XVIII, etc. Pero, ¿qué es lo que hace que puedan en un momento dado derrotar a la élite en el poder y no en otro?

Para entender eso, hay que bajar más la escala. Foucault ya nos explicó que el poder en una sociedad radica en los miembros de la misma, en la masa que acepta el sistema y entre si lo apoya y transfiere su poder a las instituciones y organismos legitimados. En las sociedades actuales, eso ocurre principalmente mediante el voto, pero también aceptando y acatando las leyes, comportándonos tal como está reglado, etc. Así es como el poder mantiene su control, ya que es más importante cómo conforma nuestras identidades y lo que nos gusta que sus medios de imposición. El poder construye nuestras personalidades a su gusto.

Entonces, ¿cómo llegamos al cambio? Porque el poder no es perfecto a la hora de conseguirlo, sólo lo intenta. Siempre existen rebeldes, antisistemas, opositores. Y, a mayores, existen cambios estructurales de consecuencias imprevistas: cambios en la forma de producción, nuevos modelos familiares, etc. Estos cambios normalmente no aparentan ser contrarios a los poderes establecidos, incluso a menudo son propiciados por ellos mismos (por ejemplo, Internet es un cambio estructural brutal, creado por el ejército norteamericano), sólo que una vez suelta la pelota en la ladera, va cogiendo inercia y fuerza, cambiando la forma de pensar de la gente de formas inesperadas.

Y aquí regresamos a los antisistemas, rebeldes, intelectuales críticos y demás: esos cambios estructurales son los que posibilitan que los discursos calen en la gente, en la medida en que sirvan para explicar y dar salida a las inquietudes de los ciudadanos, y organizarlos. Así, armados con los argumentos necesarios, y la imagen de a dónde quieren llegar, los ciudadanos pueden avanzar.

Pero, hay un último elemento que debe confluir: la deslegitimación del sistema como tal. No vale que no nos gusten los partidos políticos, o los banqueros, o las multinacionales. A la hora de cambiar de modo real, hace falta que el sistema como conjunto comience a deslegitimarse. De no ser así, las alternativas que surgirán para cambiar las cosas tendrán que jugar con las reglas del sistema, lo cual hace que por el camino su potencial revolucionario va a ser truncado: partidos políticos que necesitan financiación para conseguir campañas y que, por ello, deben favores; plataformas de la sociedad civil que necesitan acceso a los medios de comunicación para difundir su mensaje, pero este mensaje es pervertido por dicos medios, etc.

Por tanto, necesitamos la confluencia de las tres cosas: cambios estructurales que ofrezcan la posibilidad y abran la puerta, ideas que sirvan de alternativa y destino a lo que tenemos, y un sistema deslegitimado que la gente crea que debe ser modificado. Ante esas tres piezas, colocadas en su sitio, el cambio social puede alcanzar su máximo exponente, así es cuando cambian sistemas políticos, se producen revoluciones, etc. Si no se consiguen las tres piezas, el sistema seguirá siendo estable, hará modificaciones menores para ajustar una u otra dimensión crítica, pero continuará avanzando tal como lo está haciendo.

Y, hoy día, ¿dónde estamos? Desde luego, está claro que tenemos los cambios estructurales: el mayor acceso que nunca a la información, el crecimiento de la transparencia, medios de comunicación más difíciles de controlar centralmente,... Sin embargo, el sistema aún no está deslegitimado como tal, aún hay gente que cree que es culpa de los políticos o los banqueros, en lugar de un sistema completamente desequilibrado que precisamente da la opción a políticos y banqueros de aprovecharlo a su favor y en contra de los ciudadanos. Lamentablemente, lo que más nos falta es una imagen de a dónde queremos llegar, incluso los sectores más deslegitimizadores no tienen claro a dónde quieren ir, como muestra la falta de un ideario claro en movimientos como el 15-M u Occupy Wall Street. Existen ideas en el aire (democracia participativa, anarquismo en red, etc.) pero, de momento, no han conseguido suficiente poso como para que la sociedad como conjunto las acepte como destinos deseables, en vez de sólo sectores menores dentro de ella.

Por tanto, podríamos decir que tenemos la mitad del camino andado: conseguimos el cambio estructural, tenemos la mitad de la deslegitimación del sistema (deslegitimado está, pero no como conjunto, hace falta la transferencia final) y tenemos un ideario que puede servir pero no ha calado en la población. El resto, trabajo de concienciación de la población, de lucha y oposición con las herramientas de la razón y el convencimiento, deslegitimando al sistema un poquito más cada día y con cada escándalo, resistiendo los intentos del sistema de relegitimarse, y solidificando la ideología a la que queremos llegar.

¿Fácil? Desde luego que no, pero la verdad es que las cosas fáciles no suelen ser las que importan.

Costán Sequeiros Bruna

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30 Sep 2013

Los Españoles ante las Instituciones, Relaciones Internacionales y Amenazas Externas

Escrito por: unadaga el 30 Sep 2013 - URL Permanente

A la hora de entender las relaciones internacionales, hay dos perspectivas teóricas principales para explicarlas. Por un lado, están los realistas, que creen que el mundo es anárquico y reina el todos contra todos; herederos de la teoría de Hobbes, creen que el Estado es un lobo para el Estado, y como no hay Leviatán por encima del Estado no puede haber orden ni paz, sólo lucha por la hegemonía y la supervivencia. Sin sorpresa, su foco es el hard power, la capacidad militar y económica que permite que un Estado fuerce a otros a hacer lo que desea.

La otra cara de la moneda es la teoría constructivista y su hermana, la liberal-institucionalista. Estas creen que las relaciones internacionales se basan en las percepciones y las construcciones que todos hagan en conjunto: leyes internacionales, instituciones, ONGs, opinión pública global, etc. Como entre las personas, el conflicto es el juego de los Estados, pero también pueden serlo la cooperación y la ayuda. La importancia es la legitimidad, y su foco a menudo es el soft power, la capacidad de un actor global para convencer y seducir a otros para que actúe como él desea que lo hagan.

Así se resumirían, en pocas palabras, los dos paradigmas principales de análisis de las relaciones internacionales, ambos desarrollados por teóricos norteamericanos. Por ello, la división se ajusta mejor a la forma de pensar estadounidense, donde los republicanos se inclinan por el modelo realista y los demócratas por el constructivista. Pero, ¿y los españoles? El Real Instituto Elcano publica tres veces al año un barómetro (el BRIE) que analiza la forma en que los españoles ven las relaciones internacionales, y usando el número 32 vamos a tratar de ver cómo encajan los españoles en la división teórica que expuse al principio.

Empecemos por la pregunta 4, en la cual se preguntó a los españoles cómo valoran diferentes partidas de gasto público. Cuando llegó la parte del gasto en defensa, los ciudadanos que se enmarcan en la izquierda política estuvieron claramente a favor de reducir este gasto (65,7%), mientras los de la derecha abogaban mayoritariamente por mantenerlo en sus actuales niveles (46,7%). En el otro lado de la ecuación, los ciudadanos de izquierdas valoraron positivamente aumentar el gasto en ayuda y cooperación al desarrollo de otros países (49,5%) incluso en la actual situación de crisis económica, mientras que la derecha opinaba que lo mejor era mantenerlo en sus niveles actuales (40,2%). En el resto de partidas de gasto, los dos sectores estaban en acuerdo, mayoritariamente. Ahora, ayuda y cooperación al desarrollo es el principal gasto asociado al soft power, y el militar al hard power, con lo que ya tenemos una primera aproximación a la conclusión: la derecha es realista, la izquierda constructivista.

Pero sigamos paso a paso, en la pregunta 5 se le pidió a los españoles que valorasen una serie de líderes de 1 a 10, y a nadie le sorprenderá que aquellos que la derecha valoró mejor fueran los de derechas, y que los de izquierdas favoreciesen a los de izquierdas. Es lo natural. Así, Cameron y Merkel sacaron mejores puntuaciones con la derecha, Obama con la izquierda; a Chavez se le criticó más seriamente desde la derecha, mientras que el mayor rechazo para Berlusconi y Putin fue entre los de izquierda. Los tecnócratas (como Lagarde y Monti), favorecidos por la aproximación neoliberal (como se nota en las medidas presionadas por el FMI) también fueron más favorecidos por la derecha, igual que los líderes no electos de la Unión (Barroso y Van Rompuy) como reflejo de las políticas neoliberales de la Unión en España... y el neoliberalismo económico es el hermano económico del realismo en política. Sin embargo, sorprende que la figura que más diferencias desate entre los españoles sea la de Benedicto XVI, lo cual se explica porque la izquierda se inclina mucho más hacia el ateísmo o el cristianismo sin Iglesia, que la derecha, Católica clásica.

Avancemos hasta la pregunta 10, donde se pregunta a los españoles que evalúen diferentes instituciones internacionales. Es inicialmente chocante que la derecha valorase mejor que la izquierda todas las instituciones internacionales, teniendo en cuenta que el alineamiento de la derecha es con el realismo, y este no cree en las instituciones internacionales. Sin embargo, el sesgo económico de la mayor parte de ellas a favor del neoliberalismo (FMI, Banco Mundial, BCE, G8 y G20) nos habla del realismo pero aplicado a economía. Especialmente interesante es la figura de la OTAN, con un apoyo del 5,7 entre la derecha y un 4,1 en la izquierda. Es una diferencia grande, lo cual habla directamente de defensa, de necesidad de ejércitos... de realismo. Así que, aunque no sea el modo tradicional, la mayor parte de las votaciones en este campo también encajan de modo claro con el corte realismo/derecha contra constructivismo/izquierda.

Las diferencias también aparecen a la hora de evaluar las amenazas externas, en la pregunta 6. La derecha pone su énfasis en terrorismo internacional (45,5 % de la derecha lo considera "extremadamente importante", mientras que el 47,2 % de la izquierda lo ve como "importante), y también de modo claro en la inestabilidad en el norte de África ("extremadamente importante" para el 50,5% de la derecha, "importante" para el 47,1% de la izquierda); también hay un énfasis ligeramente mayor en la amenaza que creen que supone la posibilidad de que Irán tenga armamento nuclear, pero es una diferencia menor, similar a la que se da en el caso de la migración ilegal. La izquierda está más preocupada por el calentamiento global, pero especialmente en las medidas económicas llevadas adelante por la Unión Europea ("extremadamente importante" para el 51,9% de ellos, mientras que sólo "importante" para el 52,3% de la derecha). Así, las amenazas que preocupan a la derecha son las de corte realista (terrorismo, inestabilidad, armamento nuclear), mientras que la izquierda se preocupa por el lado constructivista de la ecuación (calentamiento global, neoliberalismo).

Una cosa importante sale en la pregunta 31, cuando se pregunta a los españoles si la comunidad internacional debería intervenir en la situación Siria para terminar con el actual régimen y facilitar la transición a la democracia. Ambos lados se mostraron a favor de intervenir, en mayor medida la izquierda (64,2 % frente al 54,5% de la derecha). Esto se debe a los valores de construir un orden global común entre todos, presente de modo fuerte en la visión constructivista del orden internacional. Los realistas, generalmente, ven esto como imposible, y se centran en garantizar su propia seguridad contra aquellas cosas que les amenacen.

Pero España es una nación pacifista en todo su espectro político, como casi toda Europa, de modo que todos se mostraron contrarios a enviar españoles en caso de que se produjese la intervención. Este es un matiz muy importante que hacer aquí al realismo de la derecha española. Así, nuestro realismo no es depredador como el americano (preocupado por conseguir asegurar su país a la fuerza contra cualquier amenaza), sino más bien fatídico, cree en la fuerza de las armas pero no cree en usarlas. Cree que vivimos en un entorno violento, caótico y amenazante, pero que necesitamos paz. El soldado español, podríamos decir, está cansado de la guerra, por mucho que crea que es el idioma de las relaciones internacionales.

En línea con este pensamiento viene la pregunta 34, que pregunta a los españoles cuál sería la mejor solución para la inestabilidad en el norte de África, de cara a salvaguardar los intereses españoles. Ambos lados valoran positivamente la consolidación de la democracia por encima de una estabilidad que garantice nuestra seguridad, pero lo valoran en diferente grado: 61% para los de izquierdas, 48,9% para la derecha. Así, la derecha sigue mostrando el impulso realista que favorece la seguridad y la defensa, aunque de nuevo encontramos fuertes trazos de constructivismo en nuestra derecha.

Cuando valoran el despliegue de tropas españolas en el extranjero en la pregunta 35, las diferencias surgen de nuevo. Los ciudadanos de derechas valoran positivamente el despliegue en Afganistán (52 %), frente a un 43% de la izquierda que lo valora negativamente. Lo cual es una valoración directa de las intervenciones de estilo realista, no en vano fue iniciada por la Administración Bush, llena de águilas realistas como a menudo son llamados en la prensa americana. El resto de los despliegues militares tienen un sesgo mucho más humanitario (como el de Haití) y muestran una aprobación similar de ambos lados de la barrera ideológica.

Así pues, hora de llegar a unas conclusiones que nos permitan trazar un cuadro claro. Lo que vemos es que, como se avanzaba al principio, la derecha se inclina por el lado neoliberal en economía y realista en política; la izquierda, por su lado, se inclina por las versiones opuestas, intervencionismo en economía y constructivismo en política internacional.

Sin embargo, como hemos visto, no son divisiones de blanco y negro, sino que hay muchos más elementos en cada una de las cuestiones concretas. Por ejemplo, la Transición ha hecho que todos los españoles valoren muy favorablemente la democracia y los derechos humanos, y la defenderán independientemente de su orientación política (como se ve en el caso de la pregunta sobre los regímenes del norte de África). España es un país complejo donde las ideologías no tienen límites claros, se mezclan y tienen líneas grises. Así, aunque existan las diferencias, podemos decir que, comparada con la americana, nuestra derecha realista es menos realista que los americanos y bastante más constructivista, aunque no llegue a ser realmente constructivista como la izquierda.

Costán Sequeiros Bruna

PD: este post fue publicado originalmente en ssociólogos.com

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17 Jul 2013

World War $

Escrito por: unadaga el 17 Jul 2013 - URL Permanente

A menudo, se escucha el argumento de que, cada vez más, la política importa poco; así, el argumento continúa, en lugar del peso de esta, cada vez más la que manda es la economía. Los centros de decisión políticos se inclinan ante las bolsas, ante las primas de riesgo y las agencias de rating, que cada vez más dominan el mundo, desdemocratizándolo en el camino. Y todo con el simple objetivo de aumentar sus ganancias privadas y enviarlas a paraísos fiscales por todo el mundo.

Aunque hay mucho de cierto en el argumento que acabo de resumir, lo que no es cierto es el modo en que este mecanismo funciona o, lo que es similar, el por qué.

Por tanto, cambiemos un poco el prisma. Vamos a jugar al juego de "dónde se deciden las cosas". La respuesta tradicional desde el siglo XVI en adelante es que la decisión se toma en el seno del Estado (monárquico o democrático), y que es el poder político el que decide cómo y cuando actuar. Si observamos el hoy en día, lo que encontramos es que, en efecto, el poder político sigue siendo el que decide, el que hace las leyes, el que aprueba medidas. Sin embargo, si comparamos las medidas que se toman con su efectividad, lo que vemos es que existe un abismo: las medidas de reforma del mercado laboral, por ejemplo, siguen sin reducir el paro, ni las medidas económicas están paliando la crisis. Se deciden cosas, pero estas son incapaces de detener o modificar la voracidad de los mercados financiero, del poder económico desatado que ha iniciado esta crisis. Así que, si se decide, pero importa poco.

¿Por qué existe esta brecha? Es hora de mencionar a la manida globalización. Esta es, en resumidas cuentas, el proceso por el cual todos los ámbitos de una sociedad (economía, política, cultura, etc.) se mundializan, y surge en gran medida como respuesta a la aparición de riesgos globales (ecológicos, pero también políticos, tecnológicos o demográficos). Todos estos riesgos aparejan con ellos nuevas fuentes de poder, nuevos centros de decisión, nuevas oportunidades. Sin embargo, para poder aprovechar todo esto, hay que actuar de modo global.

Las empresas han sido las primeras en ver esto con claridad: producir bienes se ha convertido en una larga cadena de piezas fabricadas en distintos sitios, con campañas publicitarias diseñadas en otros, y con sedes y cuentas bancarias vinculadas a otros. Operan, compiten, luchan y crecen globalmente, aprovechando las opciones y oportunidades que mejor les convienen independientemente de dónde se encuentren.

Así, aunque sus decisiones a menudo son menos importantes que las tomadas por los centros políticos, son mucho más eficaces. Y, con ello, el mundo empresarial y financiero va desarmando al político y cultural.

La respuesta, para poder rearmar a la política y la sociedad frente a la economía, requiere que estas se globalicen. Sin embargo, si echamos un vistazo a las instituciones de gobernanza globales de corte político (la ONU, la Unión Europea, etc.) lo que vemos es que siguen sin funcionar. Esto se debe a que todas ellas siguen basándose en el pacto Westphaliano que consagró la soberanía estatal como la mayor de las virtudes. Al hacerlo, al ser cada país el centro de decisión, todos ellos se quedan pequeños para actuar globalmente, y se obstaculizan unos a otros buscando defender sus propios intereses... lo cual, por cierto, beneficia enormemente al mundo económico.

Es por todo ello, que en la actualidad se está viviendo un conflicto sin igual entre las esferas económica y política, para determinar a cual pertenecerá la élite dominante del mañana. Y mientras los países sigan pensando y actuando de modo local, centrados en sus propios intereses, las empresas y las bolsas seguirán jugando con ellos como quieran, acrecentando su poder e influencia frente a una sociedad política incapaz de defenderse contra ella.

Costán Sequeiros Bruna

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09 Jul 2013

Subculturas, Ideologías, Valores y Adhesión Individual

Escrito por: unadaga el 09 Jul 2013 - URL Permanente

Hace un par de semanas ya hablamos de subculturas, pero tras una interesante conversación con Diego de Haro ayer, creo que es momento de retomar el tema. Volvamos al punto de partida original: en cada tiempo y lugar, hay una cultura dominante. Esta es sutil, y se extiende por un espacio, dotándolo de sentido, limitando lo que es posible pensar o las formas en que se entienden las cosas. Es lo que Foucault llamó una episteme. En el mundo habría una serie limitada de epistemes en cada momento histórico, a menudo consideradas por muchos autores como civilizaciones, por ejemplo Huntington (por poco que me guste).

Cada una de esas epistemes se construye en una forma de entender el mundo, una cosmología. Determina los valores principales, los métodos legítimos de operar dentro de esa área, los espacios abiertos a la innovación y el cambio, etc. Cosas como el imperio de la ley, el derecho, la democracia, los derechos humanos, el respeto, etc. son valores propios de la episteme occidental/democrática/capitalista/cristiana en la que vivimos.

Esa episteme se rompe en diversas culturas, cada una de las cuales modifica parcialmente esa episteme para ajustarla a sus peculiaridades históricas e idiosincráticas específicas. Por ejemplo, si bien ni la cultura española ni la francesa muestran la menor oposición al valor del derecho, a la propiedad privada, o a la importancia del voto, ambas si muestran diferencias en aspectos como la forma de conducir la vida en sociedad, la etiqueta, lo que es deseable, la estética, etc. Así, ninguna cultura perteneciente a una episteme cuestionará los pilares fundamentales de esa episteme, pero si construirá modificaciones en lo que no se considera imprescindible, y que constituyen su particular "way of life".

Las subculturas son el equivalente dentro de las culturas: concreciones específicas de esa cultura dominante, en aspectos concretos. Los bakalas, los nacionalistas, etc. no cuestionan valores centrales de la cultura española, como pueden ser el derecho de voto o la importancia de la igualdad. Sin embargos, unos y otros si cuestionarán y construirán sus identidades en abse a elementos colaterales: formas de rebeldía reconocidas y aceptadas, la importancia de la unidad territorial, el peso del castellano, o los estilos de música considerados como "mejores" pueden ser ejemplos de ello. Sin embargo, al ser parte de la cultura española (no en sentido estatal/país, sino cultural/identitario, por supuesto) y esta ser parte de la episteme occidental, las subculturas de España mostrarán diferencias con respecto a sus homónimos de otras partes (no es lo mismo un heavy español que uno sueco, por ejemplo), pero todas ellas no cuestionarán los preceptos básicos de la episteme global que los vincula a todos.

Al menos, esa es la base de la mayor parte de las subculturas en términos identitarios y de valores. Pero hay unas pocas, muy concretas, que no siguen esas pautas. Al contrario, se construyen en contra de ellas. Los anarquistas (los de verdad, no sólo aquellos que repiten sus eslóganes) ponen en tela de juicio una enorme parte de la episteme dominante, rechazando las estructuras de poder tradicionales, los roles, la propiedad privada, el derecho, etc. Los comunistas también, desde otro ángulo. Incluso movimientos como los hippies de los años 60, o los punk de los 80 planteaban a menudo cuestionamientos muy importantes a preceptos básicos de las ideologías y epistemes dominantes. Esto es muy importante, porque es a menudo a partir de estas culturas (no todas las culturas son de base nacional/estatal, al fin y al cabo) y subculturas que se producen los cambios en las culturas/epistemes dominantes, al verse el conflicto entre ambas resuelto a favor de las percepciones inicialmente minoritarias pero que, sin embargo, se van volviendo mayoritarias.

Dentro de este esquema "jerárquico" de las epistemes>culturas>subculturas, cada persona se mueve libremente. Normalmente, cada persona pertenecerá a una única episteme a lo largo de toda su vida, y sus enseñanzas le acompañarán desde las primeras palabras a lo largo de todas sus interacciones, y hasta su muerte; a veces hay excepciones, gente que por una u otra razón abandona su mundo conocido y se une a uno de los desconocidos que lo rodean, pero son poco frecuentes. Sin embargo, al mismo tiempo que pertenecen a esa episteme, las personas transitan con frecuencia por diferentes culturas y subculturas, perteneciendo a todas ellas en base a su identificación con ellas, y actuando conforme una u otra según el rol que quieran adoptar en cada momento. Así, en la vida política una persona puede ser nacionalista, llegar a tomar una cerveza con sus amigos y comportarse como hipster, y luego reunirse con su familia dentro de los patrones generales de la cultura española.

Todo ello no significa que la persona deje de ser una cosa u otra de cada vez, ni que unas culturas sean más importantes que otras. Al contrario, las personas son todo ello a la vez, y simplemente remarcan más el énfasis en unas cosas u otras según corresponde. Y las culturas y subculturas no son unas más importantes que otras en base al principio jerárquico de área de influencia o cantidad de miembros, sino que importan en diferente manera en base a lo fuerte que cada uno sienta la pertenencia a cada una. Puede haber gente que no se sienta española sino europea, por ejemplo, o que valore más su identidad como anarquista que como nacionalista. Sin embargo, por mucho que ponga más el énfasis en unas que en otras, todas las que siga jugarán equilibrios dentro de esa persona, permitiéndole explorar diferentes facetas de si mismo y buscar las explicaciones que mejor le interesen para cada fenómeno del mundo social en el que vive.

Así, las culturas y subculturas son un elemento central del mundo social actual, caracterizado por la construcción de una identidad personal a la carta, donde cada persona escoge los elementos que quiere para si mismo de entre un amplio menú de opciones, en lugar de tener que escoger en bloque todas las del "mismo tipo" (pensemos, por ejemplo, en la identidad total propia del cristianismo en la Edad Media).

Costán Sequeiros Bruna

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21 Jun 2013

¿Qué son las Subculturas?

Escrito por: unadaga el 21 Jun 2013 - URL Permanente

Una subcultura es, como su nombre indica, un subconjunto dentro de otro mayor, en este caso un subconjunto cultural. Y, todo esto, ¿cómo se come? Básicamente, hay una cultura general que tiene una serie de ideas, valores, problemas, objetivos, etc. Podemos poner como ejemplo a la cultura española (aunque podría bien argumentarse que esta es, realmente, una subcultura de la cultura occidental/capitalista/demócrata).

Dentro de ese conjunto cultural, hay grupos concretos que tienen sus propios valores, idearios, imágenes, etc. Estos normalmente son variantes de la principal, más o menos ajustadas a lo común pero con diferencias. Y cada uno de estos grupos es una subcultura. Hay subculturas más abiertas, más cerradas, más populares, más extremas, más mainstream... pero todas tienen una cosa en común: el sentimiento de pertenencia.

Así, una subcultura es una comunidad imaginaria, que define un "nosotros" y un "ellos". No importa como sean las personas que integren la subcultura (los habrá majos, carismáticas, bordes, guapos, listas, tontos, repipis, y sabihondas...), lo que importa es que todos ellos se definen como parte de ella: se sienten góticos, heavies, frikis, skins, o lo que sea. Y, en respuesta, los miembros del grupo los reconocen como uno de los suyos. No importa lo que digan los de fuera del grupo, el reconocimiento que importa es el de dentro: así, que tus padres crean que eres muy heavy por escuchar a Ramoncín no te hace un heavy.

Una vez que ya tenemos un colectivo de gente que se identifica con ese mismo, y que reconoce a sus miembros, este empieza a evolucionar. Surgen looks asociados al grupo, temas de conversación, imagenes compartidas, valores específicos, mensajes de calado, símbolos comunes... Y, lentamente, el grupo pasa a constituirse en una comunidad completa, en la que sus miembros son capaces de reconocerse, y que establece mecanismos de relación con los demás grupos que la rodean. Se convierte en una microsociedad dentro de la exterior.

Llegado a este punto, inevitablemente la subcultura se estructura y solidifica. Aparecen nichos de poder en forma respetada o seguida por sus miembros, gente rechazada, amigos y enemigos estructurales. Y en torno a ellos se estructuran todas las dinámicas sociales habituales de cualquier grupo social (como una empresa) aunque con las particularidades culturales propias de esa subcultura.

Pero las subculturas no necesariamente están unidas en base a hobbies comunes. Aunque ocurre a menudo en torno a géneros musicales como el punk, o en torno a clubes de fútbol o movimientos artísticos, no son los únicos tipos de subculturas que existen. Los nacionalistas de cualquier bandera son una subcultura política, por ejemplo. Así, cualquier cosa que pueda generar esa adherencia y sentimiento de pertenencia es susceptible de, con tiempo y profundización, ir evolucionando por el camino de convertirse en subcultura. Muchas se quedan por el camino por ser incapaces de solidificarse lo suficiente (por ejemplo, en una empresa hay símbolos, jerga específica, bromas compartidas, pero no llega a generar suficiente sentimiento de pertenencia), otras se van construyendo sobre la marcha, o existen un tiempo y luego desaparecen fruto de modas o problemas internos. Pero, sea como sea, mientras sus miembros se consideren parte de ella, funcionará como una réplica en miniatura de la sociedad.

Costán Sequeiros Bruna

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03 Jun 2013

La Sociología y la Mirada al Futuro

Escrito por: unadaga el 03 Jun 2013 - URL Permanente

El post de hoy es en respuesta a la Carta Abierta a los Sociólogos, publicada por Justo Serna.

En su texto, parte de una premisa que considero errada. Considera que la ciencia surge para perdecir fenómenos, en el sentido de que tiene que decir lo que va a venir. Y eso, en mi opinión, no es el caso. Cuando la teoría cinética newtoniana predice que una bola lanzada al aire a determinada velocidad tardará cierto tiempo en caer no está prediciendo el futuro, no dice si habrá bola o no, sólo que si la hubiese y esas fuesen las condiciones tardaría ese tiempo en caer. La sociología es igual.

Cuando la sociología analiza la sociedad, su objetivo es alcanzar la mayor profundidad posible en el entendimiento de la misma, ver en sus mismo código genético social, en las reglas normas y regularidades que la constituyen. Pero eso no implica que pueda adivinar con una bola de cristal lo que va a venir después. Hasta que Seldon invente la psicohistoria (como narra Asimov en Fundación), ese seguirá siendo el reino de los adivinos. Las razones de esto son dos.

Por un lado, vivimos en una sociedad que conocemos imperfectamente, de modo que demasiadas cosas son todavía desconocidas. Y esta sociedad además cambia a toda velocidad y se encuentra interconectada a nivel global con otras sociedades conocidas imperfectamente. Cuando algo inesperado ocurre en una, de pronto eso tiene consecuencias de distinto grado por todo el globo, distorsionando el cuadro y llevando la historia por derroteros imposibles de prever. La Primavera Árabe es un buen ejemplo de ello.

Y lo segundo, relacionado con su cuestión sobre la visibilidad de los sociólogos y la sociología, es que la sociedad cambia cada vez que la sociología hace una afirmación porque hay gente que lee lo que dice. Al leerlo, reaccionan en consecuencia, y al hacerlo cambian sus patrones de comportamiento de modos completamente imprevisibles cuando se hizo el estudio, llevando con ello a resultados diferentes de lo predicho. Es el problema de la reflexividad de la sociología.

Así pues, los sociólogos nunca hemos predicho (excepto, acaso, Marx y ya se ve lo cerca que estuvieron sus predicciones de la realidad), sino que siempre hemos dicho lo que vemos y observamos. Opinamos, desde luego, pero con fundamento científico y base analítica, y al hacerlo condicionamos lo que ocurre de modo consciente e inconsciente. Valoramos, porque seguimos siendo personas por muy objetivos que tratemos de ser, y en muchas de las corrientes y ámbitos también prescribimos lo que creemos que puede ser el camino más beneficioso (políticas públicas, por ejemplo). En cuanto a qué decimos tras el desorden, la respuesta es la misma que siempre: muchas cosas, sobre rutinas, prácticas sociales, instituciones, relaciones de poder, cambio, permanencia, luchas sociales, globalización, riesgos, economía, influencia, relaciones humanas, y un sinfin de otras cuestiones. Porque una lección básica que se sabe con la sociología o la historia es que el desorden actual sólo es el germen del orden futuro, de la clase que sea, igual que lo fueron los pasados.

Por tanto, si quiere saber qué decimos, no pregunte en vacío qué decimos: decimos de todo, en todo lugar y de todo ámbito. Por el contrario, mire las publicaciones que surgen, siga las revistas académicas, mire lo que analizan los think tanks o las tesis que se publican. Como verá, la sociología está muy lejos de estar callada, por mucho que la gente tienda a prestarla poca atención.

Atentamente,

Costán Sequeiros, doctorando de sociología de la Universidad Complutense de Madrid

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24 May 2013

¿Por qué Rajoy Sigue en el Poder?

Escrito por: unadaga el 24 May 2013 - URL Permanente

A menudo, mis amigos y conocidos de fuera de España me hacen esta pregunta. No lo ven posible, con la oposición civil que tiene, las continuas manifestaciones y movilizaciones, y la lucha opuesta de sectores clave como los médicos o los jueces. Ante una situación así, un gobierno democrático, ¿no debería dimitir? A menudo, su opinión se debe a que no son conscientes de que España no es una democracia, sino una partitocracia disimulada mejor o peor... pero a veces, hay que ir más allá. Si ninguno de los partidos principales tiene el apoyo ciudadano, ¿qué partitocracia puede funcionar?

A menudo he hablado de que la sociedad actual se encuentra en un punto de inflexión, en el punto de nacimiento de un nuevo mundo, un orden social distinto. Estamos en esa zona desconocida donde el futuro está en un eclipse phase, término con el que se define a los periodos de incubación de las enfermedades durante los cuales es imposible saber si estamos o no afectados, y que a mayor escala se utiliza cuando no es posible prever los efectos o los resultados de una invención o un momento histórico; ahí es donde estamos, el futuro es una incógnita mayor de lo que era hace seis o siete años. A grandes rasgos hay dos caminos:

Por un lado, un futuro cyberpunk donde las megacorporaciones manden, los gobiernos y estados de bienestar estén debilitados, y las fuerzas de unión sociales hayan perdido frente a las de competencia del todos contra el todos. Ese es el futuro que quiere el neoliberalismo que se viene imponiendo desde hace años y que llegó a Europa en 2008, el mundo hiper-competitivo donde cada uno deba luchar por si mismo y todos estemos solos, y donde los poderosos vivan y los débiles se sometan. Desaparición de la sanidad pública (ya la están desmantelando), de la educación pública (otro tanto), mayor libertad de despido (lo mismo), etc. Cada cosa, para quien pueda pagarla, el resto que sobrevivan como puedan.

La alternativa no está clara, y los anteriores querrían hacernos creer que son "pajas mentales de cuatro perroflautas". Pero no lo son. Democracia participativa, Estados de Bienestar transparentes, medidas de control de la población sobre el poder, etc. Todo ello no son sólo quimeras en la mente de unos pocos idealistas, los presupuestos participativos ya han demostrado que son viables en Porto Alegre, y Julian Assange ya demostró a dónde puede llegar la transparencia con Wikileaks,... Si es cierto que, como ideario, está más disperso, es más difícil de entender, tiene menos publicidad, pero no por ello no existe.

Esta es una de las razones de que Rajoy siga en el poder. Mientras le diga si a todo lo que dice Merkel apoya el primer modelo para el futuro y los que están por encima de él (Merkel, BCE, etc.) están contentos. Pero no es el único. Hay otra razón, quizás más poderosa.

A menudo se habla de que la sociedad está dormida, o de que los que protestan son cuatro. Algo de eso hay, y la razón no es que los otros estén de acuerdo o no con el Gobierno (hay que ver los bajísimos porcentajes de aprobación que recibe en cualquier encuesta para saber que no es así). Lo que pasa es que lo nuevo da miedo. Si le preguntas a la gente, verás que muchos estarían encantados con volver a cómo eran las cosas en los 90 o a principios de los 2000, volver a ponerse la venda y dejar que el progreso hecho por la burbuja y la comodidad pseudo-democrática hicieran el resto. Gran parte de España no quiere o está lista para elegir uno de los futuros o construir un tercero que yo no haya listado, gran parte de España querría dar un paso atrás y volver al pasado. E imagino que lo mismo podría decirse de Grecia, Portugal, Irlanda e Italia, y probablemente otros sitios que a menudo no son mencionados pero que deberían serlo.

El problema de esto es que es una quimera. La historia raramente vuelve de modo tan claro sobre sus pasos, y menos en plazos tan cortos. Además de que nadie en el poder quiere regresar a ese camino. No, si ellos eligen, nos toca cyberpunk. Cada persona que sueña con el pasado es un soñador más que legitima el Gobierno, porque el pasado es eso: un Gobierno que decidía lo que quería pasase lo que pasase. ¿O hemos olvidado que Aznar, que tan bien simboliza esa época, nos metió en la Guerra de Irak con un 91 % de la población española en contra?

Los sistemas sociales se sostentan porque los ciudadanos que viven en ellos los legitiman. En el nuestro, entre los pro neoliberalismo, y los retro-soñadores, desgraciadamente tienen demasiado apoyo. Y, así, Rajoy seguirá cortando de aquí, quitando de allá. Si el otro día hablaba de la guerra por las mentes de las personas, estas son las personas por cuyas mentes hay que batallar.

Costán Sequeiros Bruna

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21 May 2013

¿Cómo se Combate el Sistema?

Escrito por: unadaga el 21 May 2013 - URL Permanente

Fruto de una de las muchas interesantes discusiones con Lucas, hoy toca abordar el tema de la lucha contra el sistema. Después de haber hablado sobre alternativas políticas y económicas al mundo en que vivimos, ¿cómo se llega a ellas?

Lo primero que suele salir a relucir a la hora de que la gente proteste contra el sistema es la clásica "hay que acabar con todos los banqueros", o "una bomba en el Parlamento y se soluciona todo esto rápidamente". Estas visiones, fruto de la frustración en la que vivimos al ver cómo opera el poder, son típicas desde hace muchos siglos: el señor feudal nos sube los impuestos y nos rebelamos, el Rey se impone y le cortamos la cabeza, etc. Sin embargo, el sistema ha evolucionado mucho en este tiempo, de modo que las antiguas recetas hoy en día ya no valen.

Con el tiempo, el Sistema ha ido perfeccionándose infinitamente, mejorando, aprendiendo. Y la lección más importante es que ha aprendido a absorber a sus oponentes e integrar sus críticas en su interior como mecánicas normales. Los trabajadores protestaron a finales del siglo XIX por las condiciones laborales, y el capitalismo no acabó sino que surgió la socialdemocracia. El Che se levantó en armas, y lo que consiguió en gran medida es que hoy vendan camisetas con su foto para todos "los jovenes rebeldes" que creen que luchar contra el sistema es llevar la foto del ídolo y decir sus consignas, sin pensar que la compraron en tiendas perfectamente establecidas por el sistema, dentro de la lógica capitalista que perpetúan mientras creen luchar contra ella.

Oponte al sistema, crea una revolución, cambia un poco algo... y, al final, el sistema se reapropiará de ti, retorcerá tus ideas, y encajará de nuevo de vuelta a lo más parecido a lo que era. No nos equivoquemos, nunca vuelve a donde estaba, y muchas de estas luchas han conseguido avances muy significativos para todos nosotros, pero el sistema es lo suficientemente flexible como para minimizar su impacto en la medida de lo posible.

Pero hay otra mecánica, mucho más lenta y, sin embargo, mucho más poderosa. Ya he expuesto cómo la sociedad es intersubjetiva, fruto de las relaciones entre todos los habitantes y sus puntos de vista. Las estructuras reaccionan a sus cambios tanto como tratan de condicionarlos. Por tanto, es a través del trabajo en este sentido que se consiguen los cambios de verdad, producto de trabajar mucho y muy lentamente entre todos para cambiar las perspectivas sobre las cosas que de verdad importan. Podríamos decir: "Cambia la percepción del mundo y cambiarás el mundo".

Así, la lucha contra el sistema no es una lucha con armas y cañones, sino una lucha por las mentes de las personas. El sistema, durante años, nos tuvo convencidos con sus historias: ¡seremos todos estrellas del rock y modelos, ricos y famosos, queridos por todos y con casas de ensueño! Luego creces y ves que eso no es así, pero en el camino te has quemado, has contraido una hipoteca, has consumido como forma de luchar contra el hastío, has ido al cine a ver las historias de aquellos que si lo han logrado para imaginar que tú también podrías haberlo hecho... y te has dormido. La sociedad entera durmió en su precioso sueño socialdemócrata de crecimiento y bienestar.

Lo que ahora vemos es que las élites se han aprovechado de nuestro sueño, y cuando ha llegado la hora de mirar hemos visto la pesadilla que se ocultaba tras el bonito fondo proyectado por ordenador. ¿Cómo se lucha contra el sistema y se lo cambia, pues? Levántate, piensa, lee, escribe, habla con amigos, cambia tu forma de pensar, piensa de forma crítica sobre nuevos temas, busca nuevas perspectivas... Es el camino de Martin Luther King, o de Gandhi, que no triunfaron por el uso de las armas, sino porque su ejemplo sirvió para que la gente cambiase su forma de pensar las relaciones, el sistema, el equilibrio.

Y, una vez hayas pensado en todas esas cosas, hayas visto todos los errores y aciertos... entonces estarás listo para tomar la píldora roja, y comenzar la lucha de verdad por un nuevo mundo.

Costán Sequeiros Bruna

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Tribulaciones de la Clase Ociosa

Tras cinco años de andadura del blog, de nuevo va siendo hora de actualizar la descripción. ¿Qué es este lugar?

Pues, básicamente, mi santuario personal para meditar acerca del mundo que nos rodea. No se trata de filosofía, sino de intentar aplicar la visión sociológica y politológica para explicar el mundo que me/nos rodea. Así que en este lugar cabe un poco de todo, desde críticas de libros, pensamientos que haya tenido, resumenes de teorías que encuentro interesantes, comentarios de noticias... Con ello espero poner en orden mi mente y clarificar mis propias ideas, y con suerte recibir las vuestras y aprender.

Y es que, como segunda parte, también busca ser un poco un lugar de divulgación de algo de sociología para todo el mundo. Acercar una serie de conceptos, ideas y explicaciones a aquellos que no han tenido tiempo, ganas u ocasión de aprenderlos. Conceptos que tienen mucho que ver con nuestro mundo, y que explican todo lo que tiene lugar a nuestro alrededor.

Asi que, más o menos, eso son estas Tribulaciones de la Clase Ociosa. Que haya tenido éxito o no en ello os tocará juzgarlo a vosotros.

Costán Sequeiros Bruna

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