08 Nov 2013

Mudanza

Escrito por: unadaga el 08 Nov 2013 - URL Permanente

Así es, me temo que este es el último post que habrá del blog en esta encarnación de La Comunidad en El País. La principal razón es, inevitablemente, el mal funcionamiento de la misma, que da problemas a la hora de acceder a los posts, a la hora de escribir, llevar recuento de visitas, o buscar dentro del blog. En general, La Comunidad funciona mal en prácticamente todos los sentidos.

Sin embargo, ni de lejos ello implica el final de las Tribulaciones. Por el contrario, llevo un mes ultimando el nuevo hogar de las mismas, y aunque el nuevo blog todavía no está 100% terminado, si lo está en su mayor parte y toda crítica será bienvenida para hacerlo lo más cómodo posible. No está en La Comunidad, sino que usa una base de wordpress, y a lo largo de las últimas semanas he ido colgando en ella casitodos los posts que se han ido escribiendo a lo largo de estos años, y en ellos sus correspondientes comentarios sacados tal cual para que su autoría se mantenga intacta. Es cierto que algunos posts han caído porque ya no tenía sentido mantenerlos (como las notificaciones de los congresos que se celebraban), y que algunos de los comentarios fueron borrados (en su mayoría por ser ofensivos o simples galimatías), pero la mayor parte de lo que son estas Tribulaciones está allí.

Por tanto, os invito a que os paséis allí, que si tenéis links en vuestros marcadores los actualicéis, y que disfrutéis de los nuevos temas de discusión que surgirán y los nuevos debates a promover. Porque a las Tribulaciones les queda mucho recorrido, aunque sea en un nuevo hogar. De hecho, ya encontraréis un post nuevo en ellas, escrito anoche, para comenzar de nuevo a darle ritmo.

Costán Sequeiros Bruna

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29 Oct 2013

La Historia del Poder Político

Escrito por: unadaga el 29 Oct 2013 - URL Permanente

Que en cualquier sociedad existen débiles y poderosos es algo que todos sabemos. Lo hemos visto en las películas, en los libros de historia, en las novelas… Sin embargo, ese poder no siempre se ha repartido de la misma forma. Si tomamos la visión foucaultiana del poder, este se encontraría repartido en distintas cantidades en todos los miembros de la sociedad, de modo que es de sus continuas interacciones y cesiones de poder de donde surgen las estructuras sociales que reconocemos como poderosas. Por su parte, Bourdieu diría que el se encuentra en cada campo social, donde los distintos actores presentes tienen distintas cantidades de capital y, con ello, una posición más central o menos en la estructura del campo. Pero dejemos de lado, de momento, esas visiones más estructurales y difusas del poder, y centrémonos en la historia del poder político.

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Originalmente, el poder político era unipersonal: un rey, un sacerdote, un emperador. Todos ellos poseían el poder absoluto sobre su pueblo, administraban justicia, gobernaban según su voluntad. Si el rey, por ejemplo durante la Edad Media, no era señor de un territorio, entonces era el noble local o el abad el que poseía ese poder, pero seguía siendo unipersonal. La expresión máxima de esto fueron las monarquías absolutas del siglo XVII.

Pero avancemos un poco en el tiempo y lleguemos al Siglo de las Luces, el XVIII. Con la Revolución Francesa y la Revolución Americana la estructura del poder político cambió. Se negó que todo pudiese encontrarse en las mismas manos, y se dividió en tres: el poder legislativo por un lado, el ejecutivo por otro, y el judicial por su parte. Los tres poseían mecanismos y sistemas para controlarse y balancearse unos a otros, buscando que fuese imposible que todo el poder recayese en las mismas manos y con eso se oprimiese al pueblo. Un pueblo que se colocaba formalmente en el centro de la ecuación, con el establecimiento de las primeras democracias modernas.

Con el siglo XIX y la Revolución Industrial surgió el cuarto poder: los medios de comunicación masivos. La capacidad de crear opinión pública y moldearla se volvió central en la construcción de cualquier democracia, y empezó a funcionar como un nuevo tipo de poder que balancease los otros tres, ya que a los periódicos les interesaban los escándalos políticos para vender más, y estos luego repercutían en los votos que cada partido recibía. La llegada de la radio y la televisión no hicieron más que fortalecer este poder, que comenzó a llegar cada vez a más gente aumentando así su eficacia.

Finalmente, desde mediados del siglo XX estamos asistiendo al surgimiento del quinto poder: la sociedad civil. Aunque los lobbies tengan muy mala prensa porque se asocian habitualmente a la imagen de alguien pasando maletines para comprar políticas, lo cierto es que la participación de las organizaciones no gubernamentales en política puede ser tan beneficiosa como perjudicial, al igual que los otros cuatro poderes. Es cierto, pueden corromperse, pero también pueden servir para defender los intereses de los ciudadanos organizados en torno a alguna idea u objetivo, compatible o no con los de otros ciudadanos organizados, sirviendo así como mecanismo de ampliación de la democracia aunque, todavía de modo cerrado.

Estos cinco poderes, hoy en día, se contrabalancean de modo desigual unos a otros. Cada vez en más países, vemos como a menudo las barreras entre ejecutivo, legislativo, judicial, informativo y social son más tenues de lo que parecen: sindicatos controlados por partidos políticos, jueces elegidos por el Congreso, periódicos con claras ideologías, etc. En cierta medida, esta es la forma en que el sistema se corrompe.

Sin embargo, el hecho de que el sistema no funcione todo lo bien que debería no quita que la dinámica que encontramos en el poder político es clara: a lo largo de la historia el poder ha ido pasando cada vez más, de pocas a muchas manos. Del rey a los tres poderes, de ahí a cuatro, ahora cinco, y quien sabe mañana. En el fondo, esto es la constatación de las tesis de Bourdieu y de Foucault, en la medida en que esta cesión de poder legítimo lo que deja claro es que la sociedad, que antiguamente lo transfería a sus soberanos, cada vez reclama más poder para si misma, más capacidad de movilización, más organización y derecho a voz y voto en los asuntos políticos.

Por supuesto, alguien podría argumentar que esto siempre fue así, y hasta cierto punto tendría razón. Los reyes estaban limitados por los fueros y su nobleza, los césares tenían que equilibrarse con el Senado romano, los faraones con la casta sacerdotal… y todos estaban sujetos a las rebeliones del pueblo, las sublevaciones de esclavos, etc. Como digo, es cierto. Pero esto se debe precisamente a que el poder, como dicen Foucault y Bourdieu, se encuentra repartido entre las manos de todos los habitantes de una sociedad, en diversas medidas. Si los ciudadanos podían rebelarse era porque tenían un poder que permanecía cedido a su rey de modo legítimo hasta que ellos consideraban que el rey había sobrepasado sus límites.

El hecho de que la sociedad cada vez difunda y disperse más su poder obedece precisamente al hecho de que un pueblo cada vez más formado, instruido, y capaz empieza a reclamar para si mismo la legitimidad que antiguamente había cedido a sus gobernantes. Para establecerse los tres poderes del XVIII hicieron falta revoluciones encabezadas por ilustrados y burgueses (que, de aquellas, eran parte del pueblo); la industria masiva y la imprenta masiva fue la que permitió la creación de periódicos, pero mucho hubo que luchar por el derecho a la libertad de expresión y de escritura; y la sociedad civil no reclamó para si el quinto poder sin antes requerir la lucha del movimiento feminista, el de los obreros o el de las minorías, que sentaron las bases para los movimientos pacifistas, antiglobalización, ecologistas… de la actualidad.

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La Historia, es así, un relato que va avanzando de modo convulso y complicado. No defiendo aquí una postura teleológica, sin embargo, no hay un Dios que la dirija hacia un mundo mejor. Bien es posible que regresen los reyes, o que los poderes desaparezcan en tiempos de crisis para no volver. Que el poder se aleje cada vez más de las élites gobernantes y se disperse entre el pueblo y las instituciones que permitan los juegos de equilibrio y control mutuo no es algo que podamos dar por hecho: ya tuvimos democracias en Roma y Grecia y acabaron siendo sustituidas por reyes y césares.

Si queremos que el poder siga alejándose de las manos donde siempre ha residido necesitamos crear estructuras dentro del Estado que permitan controlar esas manos, dar voz a más colectivos y grupos sociales, dar voto a quienes no lo tenían y peso político a los que no tenían suficiente.

Sólo presionando para que el poder continúe difuminándose podremos terminar de dar el power to the people que solicitaba Lennon en 1971. La Historia, de momento, está de nuestro lado, pero sólo en la medida en que generación tras generación ha luchado por ello, tratando de quebrar las barreras que dominaban sus épocas.

Costán Sequeiros Bruna

PD: este post fue publicado originalmente en Ssociologos.com

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22 Oct 2013

Los Hechos Sociales

Escrito por: unadaga el 22 Oct 2013 - URL Permanente

Emile Durkheim fue quien acuñó este término, allá en los comienzos de la sociología como ciencia (no en vano es uno de sus padres fundadores). Un hecho social, por tanto, podría definirse de modo rápido y resumido como "algo externo al individuo e impersonal que condiciona sus acciones". Pero, dicho así, suena muy denso, veamos unos ejemplos, primero para clarificar.

Vas conduciendo tu coche, llegas a un semáforo, y ante la luz roja te detienes. No hay ningún policía a la vista, las calles están desiertas porque son las 4 de la mañana, y la luz en sí no tiene ningún efecto físico que detenga el coche. Y, sin embargo, ahí estás, parado y esperando. Este es un hecho social: algo exterior (la luz, que simboliza una norma o ley en este caso) impersonal (no hay policías ni nadie que nos condicione) y que sin embargo condiciona nuestra forma de actuar.

A menudo, los hechos sociales pueden y suelen darse en las interacciones humanas. Si empiezas en tu nuevo trabajo, tratarás probablemente a tu jefa con respeto, no sólo porque sabes que ella te puede despedir y que te interesa llevarte bien con ella para tener vacaciones, sino también porque existen acuerdos sociales que te impulsan a seguir modelos de interacción concretos como es el de la relación entre jefas y empleados.

Basta con que mires a tu alrededor y verás decenas de formas en que la sociedad condiciona la forma en que nos comportamos e interactuamos unos con otros, aún cuando técnicamente el condicionamiento no venga de la otra persona en sí, o no haya figuras de autoridad a mano.

Estos hechos sociales son parte vital de la estructura de la sociedad, del modo en que esta funciona. No sólo surgen del poder que se encuentra arriba, sino también de los consensos en forma de valores, éticas, modales, etc. que la sociedad se impone a si misma. Su poder no deriva de las leyes en sí, ni del castigo, o de los impactos que puedan tener en nuestras relaciones con los demás, sino que surgen de nuestro propio condicionamiento y voluntad, en uno de los aspectos del policía interior (lo cual, desde luego, no niega el hecho de que violar los hechos sociales suele tener consecuencias de muchos tipos).

Si tomamos esto, y nos vamos al presente, encontramos una analogía muy interesante en la forma en que funcionan los ordenadores. Como Lawrence Lessig señala en "El Código 2.0", la base de funcionamiento de una estructura informática se basa en el código de la misma, que posibilita ciertas acciones y niega otras. Podemos hackear el código para conseguir hacer cosas inesperadas, desde luego, pero requiere esfuerzo y a menudo tendrá consecuencias de distintos tipos.

El conjunto de los hechos sociales durkheimianos es lo que compone el código de una sociedad, lo que decide qué se puede hacer y qué no, y el que impone las consecuencias de dichos actos. El código en si puede ser de muchos tipos, más democrático o menos, más horizontal o vertical, más explícitio o implícito... pero siempre construye el marco de posibilidades legítimas e ilegítimas que se nos ponen delante para nuestras acciones en el mundo.

Es, en gran parte, la infrastrcutrua sobre la que se construye la superestructura, que diría Marx. El poder puede imponer muchos de sus elementos, desde luego, pero a la vez también se ve condicionado por todos aquellas piezas que hayan sido introducidas en el código por otras fuentes como la sociedad civil, el desarrollo tecnológico, o las simples interacciones entre las personas. Es con todas esas piezas que se construye la episteme de cada una de las épocas.

Por tanto, la clave de un futuro mejor o peor yace en qué elementos tomamos para nuestra infrastructura, y qué código construimos. Si hacemos uno que tolere unas acciones, esas tendrán lugar y no otras, y si tomamos otras decisiones serán otras las sociedades que surjan. Debemos tratar de enfrentarnos con los hechos sociales que no queremos para nuestro mundo, y tratar de crear e introducir hechos nuevos que sí creamos beneficiosos. Sólo así, el código de nuestra sociedad comenzará a parecerse un poco más a lo que nosotros queremos que sea.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas del código de nuestra sociedad?

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19 Oct 2013

Interesante Texto Encontrado en Facebook

Escrito por: unadaga el 19 Oct 2013 - URL Permanente

Hoy copio aquí un breve texto que encontré en facebook. Lamentablemente, las redes sociales se han hecho mucho eco del mismo, y no he encontrado la fuente original, pero sea quien sea a él/ella le corresponde el mérito por este breve fragmento sobre la indefensión, el poder, y la violencia.

Rhythm 0, 1974
Esto fue un experimento de Marina Abramovic, le dijo a los espectadores que no se iba a mover durante seis horas, sin importar lo que le hicieran. En una mesa cerca, puso 72 objetos que se podían usar de manera destructiva o placentera, desde flores, plumas hasta cuchillos y una pistola cargada. Entonces le dijo a los espectadores a que usen los objetos como ellos quisieran.
Al principio, los espectadores fueron pacíficos y tímidos, pero escalaron a la violencia rápidamente. En sus palabras:
"La experiencia que aprendí fue que... si se deja la decision al publico, te pueden matar... Me sentí realmente violada: me cortaron la ropa, me pegaron rosas al estomago, una persona me apunto con el arma en la cabeza y otra se la quito. Se creó una atmósfera agresiva. Despues de exactamente 6 horas, como estaba planeado, me puse de pie y empecé a caminar hacia el público. Todo el mundo salió corriendo, escapando de una confrontación real."
Esta obra revela algo terrible de la humanidad, similar a lo que los experimentos de Philip Zimbardo en la cárcel de Stanford (Pelicula "El Experimento") o el de obediencia de Stanley Milgram ("Los peligros de la obediencia"), los cuales también demostraron con que facilidad la gente puede dañarse entre sí, bajo circunstancias inusuales. Esta performance muestra lo facil que es deshumanizar a una persona que no se defiende, y es particularmente fuerte porque desafía directamente lo que pensamos sobre nosotros mismos. Estoy seguro que nadie leyendo esto cree que la gente que lo rodea es capaz de hacer tales cosas a otro ser humano, pero este experimento, demostro lo contrario.

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08 Oct 2013

El Cambio y la Lucha en la Sociedad

Escrito por: unadaga el 08 Oct 2013 - URL Permanente

Heredera de la conversación de anoche, es hora de ahondar en los mecanismos de cambio de la sociedad. Desde el principio de este blog, uno de los temas centrales siempre han sido los mecanismos de dominación y el poder de las élites, que incluso bautizan al blog. Y no es para menos. Pero, ¿cómo puede existir cambio en las sociedades controladas por las élites en el poder? Obviamente, ¡ellas están en contra de todo cambio!

Y, en efecto, así es, pero ellas no pueden controlarlo todo. En las sociedades el cambio viene normalmente de abajo a arriba, de élites que no son y quieren serlo hacia las que sí lo son. Así lo explicó Pareto, por ejemplo, en su teoría cuando dice que "la historia es un cementerio de élites". Y un vistazo a la historia le da bastante la razón: los burgueses lideraron gran parte de los cambios sociales del siglo XVI, los ilustrados lideraron al pueblo francés en el siglo XVIII, etc. Pero, ¿qué es lo que hace que puedan en un momento dado derrotar a la élite en el poder y no en otro?

Para entender eso, hay que bajar más la escala. Foucault ya nos explicó que el poder en una sociedad radica en los miembros de la misma, en la masa que acepta el sistema y entre si lo apoya y transfiere su poder a las instituciones y organismos legitimados. En las sociedades actuales, eso ocurre principalmente mediante el voto, pero también aceptando y acatando las leyes, comportándonos tal como está reglado, etc. Así es como el poder mantiene su control, ya que es más importante cómo conforma nuestras identidades y lo que nos gusta que sus medios de imposición. El poder construye nuestras personalidades a su gusto.

Entonces, ¿cómo llegamos al cambio? Porque el poder no es perfecto a la hora de conseguirlo, sólo lo intenta. Siempre existen rebeldes, antisistemas, opositores. Y, a mayores, existen cambios estructurales de consecuencias imprevistas: cambios en la forma de producción, nuevos modelos familiares, etc. Estos cambios normalmente no aparentan ser contrarios a los poderes establecidos, incluso a menudo son propiciados por ellos mismos (por ejemplo, Internet es un cambio estructural brutal, creado por el ejército norteamericano), sólo que una vez suelta la pelota en la ladera, va cogiendo inercia y fuerza, cambiando la forma de pensar de la gente de formas inesperadas.

Y aquí regresamos a los antisistemas, rebeldes, intelectuales críticos y demás: esos cambios estructurales son los que posibilitan que los discursos calen en la gente, en la medida en que sirvan para explicar y dar salida a las inquietudes de los ciudadanos, y organizarlos. Así, armados con los argumentos necesarios, y la imagen de a dónde quieren llegar, los ciudadanos pueden avanzar.

Pero, hay un último elemento que debe confluir: la deslegitimación del sistema como tal. No vale que no nos gusten los partidos políticos, o los banqueros, o las multinacionales. A la hora de cambiar de modo real, hace falta que el sistema como conjunto comience a deslegitimarse. De no ser así, las alternativas que surgirán para cambiar las cosas tendrán que jugar con las reglas del sistema, lo cual hace que por el camino su potencial revolucionario va a ser truncado: partidos políticos que necesitan financiación para conseguir campañas y que, por ello, deben favores; plataformas de la sociedad civil que necesitan acceso a los medios de comunicación para difundir su mensaje, pero este mensaje es pervertido por dicos medios, etc.

Por tanto, necesitamos la confluencia de las tres cosas: cambios estructurales que ofrezcan la posibilidad y abran la puerta, ideas que sirvan de alternativa y destino a lo que tenemos, y un sistema deslegitimado que la gente crea que debe ser modificado. Ante esas tres piezas, colocadas en su sitio, el cambio social puede alcanzar su máximo exponente, así es cuando cambian sistemas políticos, se producen revoluciones, etc. Si no se consiguen las tres piezas, el sistema seguirá siendo estable, hará modificaciones menores para ajustar una u otra dimensión crítica, pero continuará avanzando tal como lo está haciendo.

Y, hoy día, ¿dónde estamos? Desde luego, está claro que tenemos los cambios estructurales: el mayor acceso que nunca a la información, el crecimiento de la transparencia, medios de comunicación más difíciles de controlar centralmente,... Sin embargo, el sistema aún no está deslegitimado como tal, aún hay gente que cree que es culpa de los políticos o los banqueros, en lugar de un sistema completamente desequilibrado que precisamente da la opción a políticos y banqueros de aprovecharlo a su favor y en contra de los ciudadanos. Lamentablemente, lo que más nos falta es una imagen de a dónde queremos llegar, incluso los sectores más deslegitimizadores no tienen claro a dónde quieren ir, como muestra la falta de un ideario claro en movimientos como el 15-M u Occupy Wall Street. Existen ideas en el aire (democracia participativa, anarquismo en red, etc.) pero, de momento, no han conseguido suficiente poso como para que la sociedad como conjunto las acepte como destinos deseables, en vez de sólo sectores menores dentro de ella.

Por tanto, podríamos decir que tenemos la mitad del camino andado: conseguimos el cambio estructural, tenemos la mitad de la deslegitimación del sistema (deslegitimado está, pero no como conjunto, hace falta la transferencia final) y tenemos un ideario que puede servir pero no ha calado en la población. El resto, trabajo de concienciación de la población, de lucha y oposición con las herramientas de la razón y el convencimiento, deslegitimando al sistema un poquito más cada día y con cada escándalo, resistiendo los intentos del sistema de relegitimarse, y solidificando la ideología a la que queremos llegar.

¿Fácil? Desde luego que no, pero la verdad es que las cosas fáciles no suelen ser las que importan.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas?

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30 Sep 2013

Los Españoles ante las Instituciones, Relaciones Internacionales y Amenazas Externas

Escrito por: unadaga el 30 Sep 2013 - URL Permanente

A la hora de entender las relaciones internacionales, hay dos perspectivas teóricas principales para explicarlas. Por un lado, están los realistas, que creen que el mundo es anárquico y reina el todos contra todos; herederos de la teoría de Hobbes, creen que el Estado es un lobo para el Estado, y como no hay Leviatán por encima del Estado no puede haber orden ni paz, sólo lucha por la hegemonía y la supervivencia. Sin sorpresa, su foco es el hard power, la capacidad militar y económica que permite que un Estado fuerce a otros a hacer lo que desea.

La otra cara de la moneda es la teoría constructivista y su hermana, la liberal-institucionalista. Estas creen que las relaciones internacionales se basan en las percepciones y las construcciones que todos hagan en conjunto: leyes internacionales, instituciones, ONGs, opinión pública global, etc. Como entre las personas, el conflicto es el juego de los Estados, pero también pueden serlo la cooperación y la ayuda. La importancia es la legitimidad, y su foco a menudo es el soft power, la capacidad de un actor global para convencer y seducir a otros para que actúe como él desea que lo hagan.

Así se resumirían, en pocas palabras, los dos paradigmas principales de análisis de las relaciones internacionales, ambos desarrollados por teóricos norteamericanos. Por ello, la división se ajusta mejor a la forma de pensar estadounidense, donde los republicanos se inclinan por el modelo realista y los demócratas por el constructivista. Pero, ¿y los españoles? El Real Instituto Elcano publica tres veces al año un barómetro (el BRIE) que analiza la forma en que los españoles ven las relaciones internacionales, y usando el número 32 vamos a tratar de ver cómo encajan los españoles en la división teórica que expuse al principio.

Empecemos por la pregunta 4, en la cual se preguntó a los españoles cómo valoran diferentes partidas de gasto público. Cuando llegó la parte del gasto en defensa, los ciudadanos que se enmarcan en la izquierda política estuvieron claramente a favor de reducir este gasto (65,7%), mientras los de la derecha abogaban mayoritariamente por mantenerlo en sus actuales niveles (46,7%). En el otro lado de la ecuación, los ciudadanos de izquierdas valoraron positivamente aumentar el gasto en ayuda y cooperación al desarrollo de otros países (49,5%) incluso en la actual situación de crisis económica, mientras que la derecha opinaba que lo mejor era mantenerlo en sus niveles actuales (40,2%). En el resto de partidas de gasto, los dos sectores estaban en acuerdo, mayoritariamente. Ahora, ayuda y cooperación al desarrollo es el principal gasto asociado al soft power, y el militar al hard power, con lo que ya tenemos una primera aproximación a la conclusión: la derecha es realista, la izquierda constructivista.

Pero sigamos paso a paso, en la pregunta 5 se le pidió a los españoles que valorasen una serie de líderes de 1 a 10, y a nadie le sorprenderá que aquellos que la derecha valoró mejor fueran los de derechas, y que los de izquierdas favoreciesen a los de izquierdas. Es lo natural. Así, Cameron y Merkel sacaron mejores puntuaciones con la derecha, Obama con la izquierda; a Chavez se le criticó más seriamente desde la derecha, mientras que el mayor rechazo para Berlusconi y Putin fue entre los de izquierda. Los tecnócratas (como Lagarde y Monti), favorecidos por la aproximación neoliberal (como se nota en las medidas presionadas por el FMI) también fueron más favorecidos por la derecha, igual que los líderes no electos de la Unión (Barroso y Van Rompuy) como reflejo de las políticas neoliberales de la Unión en España... y el neoliberalismo económico es el hermano económico del realismo en política. Sin embargo, sorprende que la figura que más diferencias desate entre los españoles sea la de Benedicto XVI, lo cual se explica porque la izquierda se inclina mucho más hacia el ateísmo o el cristianismo sin Iglesia, que la derecha, Católica clásica.

Avancemos hasta la pregunta 10, donde se pregunta a los españoles que evalúen diferentes instituciones internacionales. Es inicialmente chocante que la derecha valorase mejor que la izquierda todas las instituciones internacionales, teniendo en cuenta que el alineamiento de la derecha es con el realismo, y este no cree en las instituciones internacionales. Sin embargo, el sesgo económico de la mayor parte de ellas a favor del neoliberalismo (FMI, Banco Mundial, BCE, G8 y G20) nos habla del realismo pero aplicado a economía. Especialmente interesante es la figura de la OTAN, con un apoyo del 5,7 entre la derecha y un 4,1 en la izquierda. Es una diferencia grande, lo cual habla directamente de defensa, de necesidad de ejércitos... de realismo. Así que, aunque no sea el modo tradicional, la mayor parte de las votaciones en este campo también encajan de modo claro con el corte realismo/derecha contra constructivismo/izquierda.

Las diferencias también aparecen a la hora de evaluar las amenazas externas, en la pregunta 6. La derecha pone su énfasis en terrorismo internacional (45,5 % de la derecha lo considera "extremadamente importante", mientras que el 47,2 % de la izquierda lo ve como "importante), y también de modo claro en la inestabilidad en el norte de África ("extremadamente importante" para el 50,5% de la derecha, "importante" para el 47,1% de la izquierda); también hay un énfasis ligeramente mayor en la amenaza que creen que supone la posibilidad de que Irán tenga armamento nuclear, pero es una diferencia menor, similar a la que se da en el caso de la migración ilegal. La izquierda está más preocupada por el calentamiento global, pero especialmente en las medidas económicas llevadas adelante por la Unión Europea ("extremadamente importante" para el 51,9% de ellos, mientras que sólo "importante" para el 52,3% de la derecha). Así, las amenazas que preocupan a la derecha son las de corte realista (terrorismo, inestabilidad, armamento nuclear), mientras que la izquierda se preocupa por el lado constructivista de la ecuación (calentamiento global, neoliberalismo).

Una cosa importante sale en la pregunta 31, cuando se pregunta a los españoles si la comunidad internacional debería intervenir en la situación Siria para terminar con el actual régimen y facilitar la transición a la democracia. Ambos lados se mostraron a favor de intervenir, en mayor medida la izquierda (64,2 % frente al 54,5% de la derecha). Esto se debe a los valores de construir un orden global común entre todos, presente de modo fuerte en la visión constructivista del orden internacional. Los realistas, generalmente, ven esto como imposible, y se centran en garantizar su propia seguridad contra aquellas cosas que les amenacen.

Pero España es una nación pacifista en todo su espectro político, como casi toda Europa, de modo que todos se mostraron contrarios a enviar españoles en caso de que se produjese la intervención. Este es un matiz muy importante que hacer aquí al realismo de la derecha española. Así, nuestro realismo no es depredador como el americano (preocupado por conseguir asegurar su país a la fuerza contra cualquier amenaza), sino más bien fatídico, cree en la fuerza de las armas pero no cree en usarlas. Cree que vivimos en un entorno violento, caótico y amenazante, pero que necesitamos paz. El soldado español, podríamos decir, está cansado de la guerra, por mucho que crea que es el idioma de las relaciones internacionales.

En línea con este pensamiento viene la pregunta 34, que pregunta a los españoles cuál sería la mejor solución para la inestabilidad en el norte de África, de cara a salvaguardar los intereses españoles. Ambos lados valoran positivamente la consolidación de la democracia por encima de una estabilidad que garantice nuestra seguridad, pero lo valoran en diferente grado: 61% para los de izquierdas, 48,9% para la derecha. Así, la derecha sigue mostrando el impulso realista que favorece la seguridad y la defensa, aunque de nuevo encontramos fuertes trazos de constructivismo en nuestra derecha.

Cuando valoran el despliegue de tropas españolas en el extranjero en la pregunta 35, las diferencias surgen de nuevo. Los ciudadanos de derechas valoran positivamente el despliegue en Afganistán (52 %), frente a un 43% de la izquierda que lo valora negativamente. Lo cual es una valoración directa de las intervenciones de estilo realista, no en vano fue iniciada por la Administración Bush, llena de águilas realistas como a menudo son llamados en la prensa americana. El resto de los despliegues militares tienen un sesgo mucho más humanitario (como el de Haití) y muestran una aprobación similar de ambos lados de la barrera ideológica.

Así pues, hora de llegar a unas conclusiones que nos permitan trazar un cuadro claro. Lo que vemos es que, como se avanzaba al principio, la derecha se inclina por el lado neoliberal en economía y realista en política; la izquierda, por su lado, se inclina por las versiones opuestas, intervencionismo en economía y constructivismo en política internacional.

Sin embargo, como hemos visto, no son divisiones de blanco y negro, sino que hay muchos más elementos en cada una de las cuestiones concretas. Por ejemplo, la Transición ha hecho que todos los españoles valoren muy favorablemente la democracia y los derechos humanos, y la defenderán independientemente de su orientación política (como se ve en el caso de la pregunta sobre los regímenes del norte de África). España es un país complejo donde las ideologías no tienen límites claros, se mezclan y tienen líneas grises. Así, aunque existan las diferencias, podemos decir que, comparada con la americana, nuestra derecha realista es menos realista que los americanos y bastante más constructivista, aunque no llegue a ser realmente constructivista como la izquierda.

Costán Sequeiros Bruna

PD: este post fue publicado originalmente en ssociólogos.com

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24 Sep 2013

Juego de Tronos y la Sociología

Escrito por: unadaga el 24 Sep 2013 - URL Permanente

A menudo, parece que la sociología sólo sirve para sesudos textos que analicen sistemas políticos, instituciones, dinámicas demográficas, o colectivos desamparados. Sin embargo, hay muchas más caras de la sociología, una por cada faceta que tiene la sociedad. Ya os colgué hace un tiempo un ejemplo de la sociología de la literatura con mi análisis de Neuromante, hoy toca hacer sociología de la televisión y de la literatura a la vez, echando un ojo a Juego de Tronos.

Empezaré admitiendo, para que no haya confusiones, que no soy muy amigo de Juego de Tronos. Dejando de lado su estilo narrativo y otras cosas, una de las razones principales de ello es que sociológicamente es un sistema político imposible. No se ha dado en la historia, y no se ha dado por razones importantes. A primera vista, parece un reflejo más o menos mágico de la Edad Media, pero falta uno de los pilares principales que explica la Edad Media.

Ese periodo histórico se construye, básicamente, sobre dos números: el uno y el tres. Hay un Dios, pero es trino; hay un Reino, pero se divide en tres estamentos. La religión da sentido a la realidad de la época hasta el extremo de que el término Europa se rescató en el siglo XVIII para darle un nuevo nombre, no religioso, al de cristiandad que era el que se usó a partir de la Edad Media. Es más, es una única religión la válida: el catolicismo; las demás, o son herejías, o aún no han surgido, o son paganas.

La Iglesia es un poder central precisamente porque ella da sentido al mundo de la gente que habita en la Edad Media. Ella explica por qué son las cosas, y qué procesos deben seguir, según los misteriosos designios divinos. Y es importante que haya un único Dios, porque implica que sólo hay una verdad: única e indisoluble. Dudar de la verdad de la Iglesia, es enfrentarse a la Inquisición, pero incluso más, es llevarle la contraria al sentir y entender de la gente de tu época. Es ser un paria social.

La sociedad, así, se construye con un pilar de verdad central que es la verdad católica. Y es que toda sociedad constuye unos dioses a su imagen y semejanza, de modo que el dios cristiano medieval (tan centrado en el Antiguo Testamento) es el reflejo de la sociedad medieval. Su voz, temible, es innegable, y llevarle la contraria impensable.

Ahora, regresemos a Juego de Tronos. ¿Dónde está la Iglesia? Básicamente, ausente. La religión principal tiene Siete Dioses, reflejo de los Siete Reinos. Un mundo con más de un Dios, admite más de una verdad, y por tanto es un mundo de relativismo real e ideológico. La monarquía, igual que la mayoría de los imperios, se asientan sobre la no-relatividad, sino en la uniformidad de los súbditos debajo de su Rey. No puede haber siete dioses porque sino, harían falta siete reyes... Y la fé en los Antiguos Dioses socavaría la Autoridad Real, sería un paganismo o herejía inaceptable para un orden donde todo esté guiado por sus patrones establecidos... entre los cuales no se incluye la posibilidad de opiniones alternativas sino es bajo castigo del fuego. ¡Y aún hay más religiones en Westeros que esas dos principales!

El mundo de Juego de Tronos, por tanto, no se sostiene. La Iglesia si aparece, tímidamente en el cuarto y quinto libros. Pero en la edad media, la Iglesia no es un elemento tangencial o pequeño, es un elemento central en la forma de entender la vida de la gente. Cualquier serie histórica de la época, desde los Tudor, a Los Pilares de la Tierra o nuestra propia Isabel cuenta con la Iglesia como uno de los actores principales de modo innegable. Y Juego de Tronos no. Esto hace que, en realidad, mucha de las lógicas por las que los caballeros hacen las cosas, en realidad no tengan sentido en Juego de Tronos. ¿Cómo mantener un Reino unido cuando tus súbditos no entienden el concepto de unidad como central en sus vidas? ¿Cómo construir la legitimidad, cuando no tienes un Papa que de la bendición de los cielos a las acciones de los reyes o de los pretendientes? Y así, hasta el infinito.

Por tanto, un vistazo sociológico a una única de sus dimensiones nos revela que, en realidad, Westeros tiene mucho más de ficción de lo que su carcasa puede parecer. Así la sociología, en este caso con ayuda de la historia, nos permite ver y entender mejor aquello que vemos. ¿Es peor Juego de Tronos porque su mundo social no sea coherente con lo que debería? A mi me lo parece, me lo hace menos realista, pero seguro que hay mucha gente a la que le parecerá fantástica esa "parte mágica" que implica que el mundo funcione con lógica medieval cuando no tiene los engranajes para ello. Eso, como siempre, queda a discreción de cada uno, la sociología lo único que hace es levantar ligeramente la manta para ver cómo funciona la máquina que hay debajo.

Costán Sequeiros Bruna

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18 Sep 2013

¿Tiene Sentido la Independencia en el Siglo XXI?

Escrito por: unadaga el 18 Sep 2013 - URL Permanente

Dentro de un año exactamente, Escocia se enfrentará al referendum para decidir si quiere permanecer o no dentro del Reino Unido. La Diada acaba de fortalecer ese debate en España. Y en otras partes de Europa, discursos similares se reproducen con menor fuerza, desde la Liga Norte italiana a los diversos grupos independentistas de Bélgica.

La cuestión de la independencia es una cuestión especialmente peliagura, porque es una cuestión eminentemente emotiva: sentimientos de pertenencia, de agravio histórico, de inferioridad o superioridad, etc. A menudo, sobre la independencia no habla el cerebro, sino el corazón, y contra eso es difícil argumentar.

Pero, alejemos la cámara y olvidémonos de cada uno de los procesos concretos en los que estamos inmersos, y miremos el mundo en su conjunto. Desde siempre, el proceso de la globalización se ha notado, desde Alejandro Magno o Roma, al Imperio Español o Británico. Sin embargo, a partir de la caída de la Unión Soviética en 1989 y el auge de los nuevos medios de comunicación con Internet a la cabeza, el proceso se ha acelerado inmensamente. Escuchar música africana, mientras revisas un portal de noticias brasileño y comes pasta italiana ya no es nada raro. Ah, y probablemente, el plato y los cubiertos hayan sido hechos en China.

La globalización pone sobre la mesa una serie de virtudes, pero también una serie de problemas: la globalización y fragmentación de la economía, los problemas climáticos, los paraísos fiscales,... Un enorme conjunto de problemas globales que, cada vez, se hacen más numerosos e ingobernables. ¿Por qué? Porque la única forma de solucionar un problema global es con medidas globales, y no hay nadie con el poder para tomarlas: la ONU es ninguneada a menudo, el G-20 tiene una capacidad muy limitada para actuar, y las grandes potencias siguen siendo sólo países grandes a la hora de tratar problemas globales. Y si no ponemos solución a estos problemas globales, se van a ir agravando.

Aquí es cuando regresamos al nacionalismo y al independentismo. El independentismo lo que logra es fraccionar el poder y localizarlo, hacerlo menos global y con menos capacidad de actuación en el gran marco. A cambio, ofrece mayor control del pueblo correspondiente sobre su destino. El problema, es que ese destino sólo va a reconocer que no puede llegar a ninguna solución, porque los riesgos que debe manejar son demasiado grandes para él. Conclusión, es una medida ineficiente para controlar los problemas de la gente.

La solución debe venir por otro camino. Cada una de esas identidades ofendidas y atacadas por sus gobiernos nacionales debe conseguir ser reconocidas e insertadas de maneras eficaces para ellas y para su Estado. Con eso se evita la fragmentación. Pero el Estado debe aprender la lección: a él también le toca aprender a articularse en algo más global y superior. Como los engranajes de una máquina, la política debe globalizarse para poder manejar los problemas globales, dejando los problemas locales a las políticas locales. Hay que glocalizar la política. El modelo federal puede ser una solución para esto, como puede haber otras. Pero, lo que está claro es que este camino hay que recorrerlo, o el mundo seguirá girando fuera de control.

Costán Sequeiros Bruna

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11 Sep 2013

Siria: una Historia desde el Poder

Escrito por: unadaga el 11 Sep 2013 - URL Permanente

Estados Unidos presiona para una guerra que no quiere. La Unión Europea se debate entre el apoyo y la división. Rusia se opone, pero sin razones de peso. Y, mientras tanto, miles de personas mueren o son expulsados de su país en el medio de una larga y dolorosa guerra civil.

Pero centrémonos en el actor principal, Estados Unidos. Desde fuera, lo que más se ve es que está impulsando la guerra en un modelo similar al de Irak, basándose en unas pruebas poco claras o, al menos, poco compartidas con el exterior. En el interior, sus ciudadanos y sus propias instituciones también parecen poco favorables al conflicto, y no parece haber bienes estratégicos como petróleo en juego. El régimen anterior no era el más anteamericano tampoco, ni parece que el rebelde vaya a ser más de fiar para los intereses americanos. Entonces, ¿por qué introducirse en este berenjenal político, con todas las cartas de la baraja en contra?

La clave es, como siempre, el poder. En la arena internacional, donde las potencias están más o menos claras, la clave del poder no es tenerlo... sino cómo ejercerlo. Es una cuestión de legitimidad. Estados Unidos desde siempre se mueve en un continúo en su política exterior, que varía entre el aislacionismo y el intervencionismo. Pero, a medida que ascendía al poder de la única hegemonía mundial, se ha encontrado cada vez más cercano al extremo intervencionista. Para esto, Estados Unidos se ha inventado dos percepciones de su posición en la política internacional que son claves en sus intervenciones, dos discursos enteros y bien articulados.

Primero, está el discurso del "beacon on the hill", o "el faro sobre la colina" en castellano. Según esta mitología, Estados Unidos es el brillante faro que guía a todos los demás hacia un mundo mejor (y americano) liderando con el ejemplo. En gran medida, todo su soft power se basa en esta mitología, reforzada continuamente por su cine, su música, su diplomacia...

El segundo es el de "la policía del mundo", según el cual Estados Unidos a veces se ve obligado a usar la fuerza para corregir injusticias y problemas en el mundo. Atacar dictadores, genocidas, etc. por el bien del planeta y de sus habitantes. Sin sorpresas, el hard power americano se basa normalmente en esta ideología.

Desde el comienzo de deste conflicto, Estados Unidos buscaba mantenerse al margen y, como mucho, usar sus recursos diplomáticos en encuentros a múltiples bandas, temeroso tanto de la continuación del régimen como del ascenso de facciones extremistas dentro de los rebeldes. Sabían que aquello era un polvorín, y la intervención americana podría encender toda la región. Así que esperaban.

Pero hay un límite a lo que se puede liderar con el ejemplo. Cuando Obama amenazó a Siria con que no usase armas biológicas, lo hizo como límite de lo que estaba dispuesto a tolerar. A su manera, estaba situando una "ley internacional" para el caso, una barrera que no podía aceptar sobrepasar. Era una apuesta clara: "si ponemos el listón lo suficientemente alto, El Asad sabrá que puede hacer más o menos lo que quiera si no lo sobrepasa, y nosotros nos podremos mantener fuera".

El problema se trata de que eso le da la llave a El Asad. Y, cuando este decidió cruzar la línea, Estados Unidos fue llamado a actuar como la policía del mundo para castigar al infractor. Si se quedaban cruzados de brazos, años de política exterior construida para poder actuar en esa mitología se irían a la basura, y pronto otros seguirían el ejemplo de Siria. Y eso arriesga destruir el orden internacional construido desde la Segunda Guerra Mundial.

La alternativa, sin embargo, es intervenir en una guerra que nadie quiere, en oposición a su propia población, Congreso y Senado. Obama no debe preocuparse de más elecciones, ya que no puede ser reelegido, pero si que debe gobernar los próximos años, y los miembros de su equipo si tienen interés en trabajar en política en adelante.

Aparece Kerry que, con su error, consigue poner de nuevo sobre la mesa la mitología del liderazgo como ejemplo, y se abre la puerta. Pero, ¿cuánto podrá mantenerse esa historia en su lugar una vez que ha sido invocada ya la policía del mundo? Obama está entre la espada y la pared. Si espera infinito, la gente pensará que es débil y que la policía del mundo no funciona, pero si actúa demasiado rápido no habrá dado tiempo a esta vía diplomática y el ejemplo será el perjudicado. ¿Y dónde está la barrera, el momento adecuado?

Obama se enfrenta hoy a cómo manejar las dos principales formas de poder de su país, y la situación se trata más de elegir un mal menor que un buen camino. 70 años de política exterior lo observan, y la población de todo el planeta.

Costán Sequeiros Bruna

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07 Sep 2013

Critica de Serie: Political Animals

Escrito por: unadaga el 07 Sep 2013 - URL Permanente

Si Aaron Sorkin nos ofreció hace tiempo "El Ala Oeste de la Casa Blanca", Greg Berlanti nos ofrece aquí lo que podría haber sido el Ala Este, osea la parte de la vida personal de la gente metida en alta política. Con un personaje principal con claros paralelismos a Hillary Clinton (sobretodo en su planteamiento, el desarrollo está por ver si coincide tanto, aunque no sería nada sorprendente), en lo que Political Animals se centra es en narrar la vida de esa gente y cómo esta se ve afectada por el poder.

Dejando de lado la parte más de trama y del drama que se nos cuenta, creo que sociológicamente el aspecto más interesante de la historia es el hecho de que muestra cómo, llegado a ciertos niveles y esferas de poder, es imposible disociar este de la vida personal, sino que este se inmiscuye a todos los niveles y los fusiona en uno. Así, el propio título innegablemente hace referencia a cómo hace falta convertirse en un tipo muy especial de animal/persona para poder meterse a fondo en política, aunque personalmente creo que habrían tenido que tomar muchas más decisiones inmorales y duras y tragar mucha más basura de la que se muestra para realmente llegar allí.

Así pues, a aquellos interesados en la política y la vida de la gente metida en política, es un interesante y complementario vistazo al Ala Oeste. No tan profunda, pero a cambio probablemente mucho más emotiva y menos dura para los no metidos a fondo en el tema.

¡Ya me contaréis qué os pareció si la véis!

Costán Sequeiros Bruna

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Tribulaciones de la Clase Ociosa

Tras cinco años de andadura del blog, de nuevo va siendo hora de actualizar la descripción. ¿Qué es este lugar?

Pues, básicamente, mi santuario personal para meditar acerca del mundo que nos rodea. No se trata de filosofía, sino de intentar aplicar la visión sociológica y politológica para explicar el mundo que me/nos rodea. Así que en este lugar cabe un poco de todo, desde críticas de libros, pensamientos que haya tenido, resumenes de teorías que encuentro interesantes, comentarios de noticias... Con ello espero poner en orden mi mente y clarificar mis propias ideas, y con suerte recibir las vuestras y aprender.

Y es que, como segunda parte, también busca ser un poco un lugar de divulgación de algo de sociología para todo el mundo. Acercar una serie de conceptos, ideas y explicaciones a aquellos que no han tenido tiempo, ganas u ocasión de aprenderlos. Conceptos que tienen mucho que ver con nuestro mundo, y que explican todo lo que tiene lugar a nuestro alrededor.

Asi que, más o menos, eso son estas Tribulaciones de la Clase Ociosa. Que haya tenido éxito o no en ello os tocará juzgarlo a vosotros.

Costán Sequeiros Bruna

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