Ahora que inició el caos vial por la construcción de la línea bicentenario, obra de relumbrón preparada para catapultar la hipotética candidatura presidencial de Ebrard en 2012, se comprenden muchas cosas del modus operandi del jefe de gobierno para boicotear a los habitantes de la ciudad de México. Me explico.

Primero, defiende cual Robin Hood moderno que el Metro capitalino es el más barato del mundo, pero por ese precio millones de capitalinos debemos sacrificar millones de horas hombre al no poder calcular nuestros recorridos debido a las constantes fallas del sistema de transporte colectivo, principalmente en las horas pico y en los días de lluvia, al metro le hace falta modernizarse y mucho mantenimiento, pero eso sí, es muy barato. Además, hace un par de días en entrevista (¿pagada?) con Ciro Gómez Leyva en Radio Fórmila minimizó el impacto de esa mafia subterránea conocida como los vagoneros, gente que vive en el subempleo y se dedica a vender pirateria, principalmente, dentro de los vagones del Metro entre el trayecto de una estación a otra. Ebrard dijo que para atenuar ese comercio ilegal va a recompensar a esa mafia con locales establecidos dentro de ciertas estaciones del Metro ¡Bravo! Sólo a él se le puede ocurrir premiar a delincuentes.

Segundo, con la obra pública como pretexto, muchos negocios del centro histórico se fueron a la quiebra. Habrá que ver si dichos negocios estaban ubicados en predios que se resistieron a venderle a Carlos Slim y si el gobierno de la ciudad de México fue cómplice para asfixiarlos. Además de que en ningún caso de la obra pública del gobierno de Marcelo Ebrard ha cumplido con las fechas de incio y finalización proyectadas y ejemplos sobran.

¿Qué aporte tendrá el gobierno capitalino en el deshonroso lugar en el ranking de corrupción dado a conocer el día de ayer por Transparencia Internacional?